November 27, 2021
De parte de Amor Y Rabia
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SORPRESA, SORPRESA: El an谩lisis molecular de una prote铆na demuestr贸 que las gallinas y los avestruces comparten m谩s rasgos gen茅ticos con el Tyrannosaurus Rex que los reptiles. Por tanto, las aves son los parientes m谩s cercanos de los dinosaurios (FUENTE)


por Stephen Jay Gould

Revista Algo (1987)

Nada consolida tan bien un argumento como una justa indignaci贸n. Cuando ten铆a yo diez a帽os, me enzarc茅 en una intensa discusi贸n con un compa帽ero, en una colonia de verano, sobre si los dinosaurios y los seres humanos hab铆an convivido en el pasado. El pensaba que s铆; yo sab铆a que no (y por una diferencia de 60 millones de a帽os). Apostamos una barra de chocolate (dinero circulante en la colonia) y nos sometimos (con habitual y tonta buena fe) a la opini贸n de alg煤n chico mayor. Pero nadie en todo el campamento ten铆a idea de la respuesta, de forma que tuvimos que esperar al d铆a de visita de los padres. Los m铆os no se presentaron aquel fin de semana; su padre insisti贸 en que la gente y los dinosaurios hab铆an vivido juntos. 芦驴O es que no has visto los dibujos de Los Picapiedra?禄, argument贸. Tuve que pagarle la apuesta a su hijo. Varias centenas de barras de chocolate despu茅s, mi indignaci贸n continuaba inc贸lume.

Semejante parodia de la justicia no ser铆a posible en la actualidad (salvo entre los fundamentalistas norteamericanos, que ahogan a los dinosaurios junto a la pecadora especie humana en el diluvio que sobrenad贸 No茅). El conocimiento sobre los dinosaurios es bueno y bien extendido, y pocos adultos elegidos al azar podr铆an estar tan informados como el padre de mi amigo. Los dinosaurios inundan la cultura infantil y avanzan sobre la adulta. Los tiranosaurios han desplazado a los flamencos en las camisetas estampadas. Hay mu帽ecos, miniaturas, relojes e incluso portarrollos de papel higi茅nico con forma de dinosaurio, mientras que libros, juegos y esqueletos de pl谩stico anat贸micamente correctos saturan el mercado de los llamados juguetes educativos.

Este 茅xito popular va acompa帽ado de un renovado inter茅s entre los profesionales, motivado esencialmente por la nueva y coherente interpretaci贸n que sostienen Bakker y Horner, revisando nuestros conceptos sobre la vida y ventura de las m谩s prominentes bestias prehist贸ricas. La denominada Era de los Mam铆feros ha persistido, hasta ahora, durante los 60 millones de a帽os desde la extinci贸n de los dinosaurios. Ellos, tan desde帽ados, fueron sin embargo los animales mayores dominantes sobre el planeta a lo largo de m谩s del doble de tiempo.

Pese a este comprobado 茅xito, el enfoque tradicional ten铆a a los dinosaurios por reptiles tontos, ineficaces, torpes y lentos, de sangre fr铆a y cerebro peque帽o, tan pasados de peso que los m谩s grandes s贸lo pod铆an sobrevivir en las aguas estancadas de ci茅nagas y pantanos. Pero los mam铆feros no evolucionaron al final del reino de los dinosaurios, aprovechando sus reci茅n desarrollados trucos y pelajes para precipitar a esos reptiles grandullones en el camino de la extinci贸n (comi茅ndose sus huevos, o cosas as铆). Mam铆feros y dinosaurios evolucionaron al mismo tiempo y los primeros vivieron durante m谩s de 100 millones de a帽os (dos veces su actual reinado) como peque帽as criaturas refugiadas en los rincones y grietas de un mundo dominado por los dinosaurios.

Bakker y Horner han llegado a una soluci贸n elegante y racional a esta paradoja. Est谩bamos equivocados. Los dinosaurios fueron seres m谩s listos, con una anatom铆a muy eficaz, probablemente sangre caliente, una compleja conducta social y cerebros adecuados a reptiles de su envergadura. Sin duda este nuevo modelo de dinosaurio promovi贸 su actual 茅xito popular (todo el mundo admira a los ganadores, pese a los t贸picos sobre la atracci贸n de los desvalidos), pero sus verdaderas consecuencias 鈥攖an inquietantes como reveladoras鈥, a煤n no han sido debidamente asimiladas.

Los dinosaurios torpes y est煤pidos encajaban perfectamente con nuestra acariciada idea de la Evoluci贸n como un constante progreso que lleva inevitablemente a nosotros mismos. Pero en su nueva versi贸n, los dinosaurios son tan meritorios como los mam铆feros (s贸lo que diferentes) y su 茅xito, por encima de la capacidad de desaf铆o de los mam铆feros, implica que la Naturaleza no procede por pasos que son hitos hacia la eficacia y la inteligencia que finalmente (e inevitablemente) conducen al hombre. La propuesta de Bakker y Horner supone tambi茅n el reconocimiento de que la extinci贸n no es un signo de ineptitud, sino la inexorable consecuencia de vivir en un planeta inestable. Tanto Bakker como Horner suscriben este criterio sobre la extinci贸n, pero rechazan un apreciable argumento en su favor, como es la idea de que un impacto extraterrestre desencaden贸 la extinci贸n coordinada de los dinosaurios, junto al 50% de las especies marinas. (Debo decir que disiento de ellos en este asunto.)

De modo, querido lector, que tienes ante ti las dos cosas. Todo descubrimiento y novedad tiene su precio. Tienes un nuevo y brillante dinosaurio como icono de la cultura de consumo, pero tambi茅n debes aceptar sus consecuencias para la historia de la vida y de nuestra propia especie. Nosotros no ten铆amos que aparecer necesariamente. La vida evolutiva es una serie de hechos complejos e impredecibles, no un angosto y recto camino hacia el progreso. Si rebobinamos la cinta de la vida hasta el centro de la hegemon铆a de los dinosaurios, no veremos a un tiranosaurio ilustrando una camiseta. Pero s铆 a uno de sus bisnietos mirando intrigado a un peque帽o mam铆fero, pregunt谩ndose c贸mo esos diminutos y extra帽os seres peludos se las arreglan para seguir sobrellevando una vida tan marginal en su glorioso mundo.

Este texto es parte de el n煤mero 48 de la revista Desde el Confinamiento, que contiene un dossier sobre la teor铆a evolutiva que puede descargarse gratuitamente aqu铆. Una introducci贸n puede leerse aqu铆.



Fuente: Noticiasayr.blogspot.com