September 23, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
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Autor: Ramzy Baroud

Las escenas de miles de afganos inundando el aeropuerto internacional de Kabul para huir del país mientras los combatientes talibanes consolidaban rápidamente su control sobre la capital, suscitaron muchas preguntas.

La principal: ¿quiénes son estas personas y por qué huyen?

En los medios de comunicación estadounidenses y otros occidentales, las respuestas eran fáciles de encontrar: eran en su mayoría “traductores” afganos que “colaboraban” con Estados Unidos y otros países de la OTAN; “activistas” que escapaban de la brutalidad que les esperaba una vez que los estadounidenses y sus aliados abandonaran el país, etc.

En realidad, la respuesta es mucho más compleja que la ofrecida por los

funcionarios y los medios de comunicación occidentales, que en última instancia -aunque de forma inexacta- transmitieron la impresión de que los ejércitos de la OTAN estaban en Afganistán para salvaguardar los derechos humanos, educar a las mujeres y llevar la civilización a una cultura aparentemente bárbara.

Aunque la disidencia política es un derecho humano básico, existe una línea clara y definitiva entre el derecho legítimo a desafiar al propio gobierno/régimen y colaborar voluntariamente con otro, especialmente cuando esa colaboración puede tener consecuencias nefastas para el propio pueblo.

En Estados Unidos y Europa hay miles de disidentes políticos de muchas partes del mundo -de América del Sur, Oriente Medio, Asia Oriental y otros- que, lamentablemente, son utilizados como animadores de intervenciones políticas y militares, ya sea directamente por determinados gobiernos, o indirectamente, a través de grupos de presión y lobbies, círculos académicos y medios de comunicación dominantes.

Estos individuos, a menudo promocionados como “expertos”, aparecen y desaparecen cuando son útiles y cuando su utilidad caduca. Algunos pueden incluso ser sinceros y bienintencionados cuando denuncian, por ejemplo, las violaciones de los derechos humanos cometidas por determinados regímenes en sus propios países de origen, pero el resultado de sus testimonios se traduce casi siempre en políticas interesadas.

Miles de afganos -disidentes políticos, colaboradores de la OTAN, estudiantes, deportistas y trabajadores en busca de oportunidades- han llegado ya a varias capitales occidentales. Como era de esperar, muchos están siendo utilizados por los medios de comunicación y diversos grupos de presión para justificar retrospectivamente la guerra contra Afganistán, como si fuera una guerra moral.

Desesperados por estar a la altura de las expectativas, los “activistas” afganos ya están apareciendo en las plataformas políticas occidentales, hablando del pésimo historial de los talibanes en materia de derechos humanos y, especialmente, de derechos de las mujeres.

Pero ¿qué sentido tiene apelar a la conciencia moral occidental después de 20 años de una invasión mortífera dirigida por la OTAN que ha costado a Afganistán cientos de miles de inocentes?

En Afganistán se está desarrollando una narrativa alternativa.

El 11 de septiembre cientos de mujeres afganas protestaron en la Universidad de Kabul, no contra los talibanes, sino contra otras mujeres afganas que pretenden hablar desde las capitales occidentales sobre todas las mujeres afganas.

“Estamos en contra de esas mujeres que protestan en las calles, diciendo que son representantes de las mujeres”, dijo una de las oradoras, informó la Agencia France Press. (AFP)

Aunque AFP se empeñó en repetir que las manifestantes habían “prometido” su compromiso con “todas las políticas de línea dura de los talibanes en materia de segregación de género”, haciendo hincapié en que todas estaban cubiertas “de pies a cabeza”, el acto fue significativo. Entre otras muchas cuestiones, plantea la pregunta: ¿quién representa a las mujeres afganas, las que se fueron o las que se quedaron?

Una gran pancarta sostenida por las manifestantes en Kabul decía: “Las mujeres que se fueron de Afganistán no pueden representarnos”.

La verdad es que nadie representa a las mujeres afganas, excepto aquellos que son elegidos democráticamente por la sociedad afgana para representar a todos los sectores de esa sociedad, incluidas las mujeres. Hasta que no se practique la democracia real en Afganistán, la lucha continuará por la libertad real, los derechos humanos, la igualdad y, obviamente, la representación.

Esta lucha sólo puede tener lugar en un contexto afgano orgánico y de base -ya sea en Afganistán o fuera del país-, pero desde luego no a través de Fox News, la BBC o las audiencias del Senado estadounidense.

El profesor Edward Said, ya fallecido, advirtió en repetidas ocasiones de la pseudo realidad pintada por los “informantes nativos”, supuestos disidentes políticos reclutados por los gobiernos occidentales para ofrecer una descripción conveniente de la realidad en Oriente Medio y en otros lugares, como justificación moral para la guerra. Las consecuencias, como demostraron la guerra y la invasión de Irak en 2003, pueden ser terribles.

Said desafió a un “informante nativo” en particular, el difunto Fouad Ajami, un académico libanés, cuyas ideas sobre el entusiasmo iraquí por la guerra de Estados Unidos, aunque se demostró que eran desastrosamente erróneas, fueron utilizadas por George W. Bush y otros como prueba de que la guerra inminente estaba destinada a ser un “paseo”.

Las ideas de Ajami quedaron desacreditadas hace tiempo, pero siguen vigentes las maquinaciones políticas que siguen prefiriendo los “informantes nativos” a los auténticos defensores de los derechos humanos y los buenos estudios. Seguro que muchos de los fugados afganos se colocan estratégicamente a través de los mismos canales que siguen promoviendo las intervenciones y las sanciones como políticas acertadas.

La guerra en Afganistán ha terminado, esperemos que para siempre, pero el conflicto sobre quién representa al pueblo de ese país desgarrado por la guerra sigue sin resolverse. Corresponde a los talibanes cumplir sus promesas sobre la igualdad de representación y la pluralidad política, pues de lo contrario hay muchos otros en el extranjero que estarán dispuestos a reclamar el papel de la representación política.

En Oriente Medio, en particular, ya hemos sido testigos de este fenómeno de las representaciones democráticas “legítimas” basadas en Occidente. En última instancia, estos “gobiernos en el exilio” no han hecho más que aumentar el engaño político, la división, la corrupción y la guerra continua.

El Afganistán devastado por la guerra -exhausto, herido y necesitado de un respiro- se merece algo mejor.

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Apéndice para animadores de acoger a espabilados, por ejemplo pero no solamente el gobierno, aunque como el extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde deje morir a solicitantes de asilo y protección africanos en el mar o les dispare balas de goma en aguas territoriales españolas.

Acto I: El típico y sufrido afgano musulmán implora de rodillas caridad al católico Rey.

“A pesar de que el miedo es generalizado en el país, no hay duda de quiénes son las más vulnerables: mujeres y niñas. Este régimen fundamentalista religioso se basa en la llamada ley ’Sharia’. Una ley que acabará con todos sus derechos. Por ello, algunas de las mujeres más influyentes del territorio, como Nilofar Bayat, baloncestista afgana, han pedido ayuda directamente a España. “España, necesitamos ayuda”, dijo la deportista en el programa de Onda Cero ’El Transistor’.”

www.ondacero.es/noticias/espana/lle…

Acto II: San Chez desciende del cielo para aparecerse a la doliente muchedumbre muy española y mucho español (por lo visto no hay sitio en países fronterizos: Pakistán, Irán, Uzbekistán, Tayikistán… en China tampoco caben) y anuncia que ahí está España para salvar a los afganos (siempre y cuando vengan recomendados por Estados Unidos).

“A los que vengan aquí y a los que se han quedado allí. A todos esos hombres y mujeres que están otra vez encerrados en un muro de fanatismo. La sociedad afgana debe continuar, pese a los actuales obstáculos, su camino hacia la democracia, y la comunidad internacional debe emplear todos los medios a su alcance para ayudar a que así sea.

España recibe a quienes dejan atrás la violencia. Los miles de mujeres y hombres que han llegado a España y al resto de Europa desde Afganistán buscan un nuevo futuro. Debemos dárselo.”

www.lamoncloa.gob.es/presidente/int…

Acto III: El desenlace, un suceso histórico inimaginable, inesperado, sorprendente y portentoso:

“2.181 personas que llegaron en 17 vuelos a Afganistán durante 9 días.

El ministro ha explicado que 1.672 refugiados afganos ya se encuentran en centros de acogida de todas las comunidades autónomas de España, salvo Canarias, y ha indicado que las derivaciones se han hecho tras realizarse entrevistas a las familias evacuadas para ubicarlas en los recursos más adecuados.”

www.antena3.com/noticias/espana/cua…: :text=El%20ministro%20ha%20explicado%20que,en%20los%20recursos%20m%C3%A1s%20adecuados%22.

“Curiosamente, el grupo más numeroso de mujeres está empadronado en Madrid, con un total de 61; seguido de Cataluña, con 49 y Comunidad Valenciana con 34.”

www.europapress.es/epsocial/migraci…

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Ramzy Baroud es periodista y director de The Palestine Chronicle. Es autor de cinco libros. Su último es These Chains Will Be Broken: Palestinian Stories of Struggle and Defiance in Israeli Prisons (Clarity Press). Baroud es investigador senior no residente en el Centro para el Islam y Asuntos Globales de la Universidad Zaim de Estambul (IZU). Lea otros artículos de Ramzy, o visite el sitio web de Ramzy.

Fuente:

http://dissidentvoice.org/2021/09/w…

Traducción realizada por Agustín Velloso mediante la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator


Crédito de la fotografía:

www.freejpg.com.ar/istocksim/525497…




Fuente: Grupotortuga.com