May 3, 2022
De parte de Portal Libertario OACA
206 puntos de vista

Leer el texto “La teoría queer y el anarquismo” subido el 2021 a la web del Grupo Moiras[1] provoca una mezcla curiosa de risa, asco y bastante vergüenza ajena. Quienes formamos parte del activismo feminista desde el anarquismo hemos tenido que lidiar una y otra vez con disolver tergiversaciones burdas que provienen de la alianza de acero entre grupos conservadores y grupos de “feministas radicales” (como se hacen llamar). Lamentable ha de resultar, por lo mismo, que una agrupación que se identifica como anarquista y feminista encarne también estos vicios, reproduciendo sus añejos lugares comunes. El texto que las compañeras del Grupo Moiras ha puesto a disposición del público es una serie de demostraciones de falta de lectura de textos fundamentales, de aferrarse con uñas y dientes a pensamientos trasnochados que hoy pertenecen más al museo que al activismo, de una mala fe ponzoñosa y de una grosera deshonestidad intelectual. A raíz de esto, y lamentablemente, no queda otra alternativa sino reaccionar con contundencia ante él.

El texto tiene la finalidad de partir aguas. De sugerir que la teoría queer debe estar lo más lejos posible del anarquismo, porque aquella sólo puede resultar perjudicial para éste. ¿Pero por qué las compañeras podrían creer tal cosa, cuando la alianza de la teoría queer y el anarquismo, es decir, el anarquismo queer, ha sido tan fructífera tanto en producción intelectual como en praxis durante los últimos 15 años en el mundo anglosajón? Lo resumiré con puntos breves todos los problemas que las compañeras tienen con esta posición. 1) El texto remarca la heterogeneidad de tendencias dentro de la teoría queer, cuestión que, por alguna razón, la invalidaría. 2) Por otra parte, se queja de que la teoría queer surge de “universidades del centro mismo del mundo capitalista”. 3) Además, reclama que la teoría queer favorece “el borrado de mujeres”, tanto de las cis como de las trans. 4) Le preocupa, por otra parte, que la teoría queer esté entrando al anarquismo “sin debate” y teme que ello trastoque las “prioridades” y los “valores” del anarquismo. 5) La teoría queer sería, además, un fruto del posmodernismo y, por consiguiente, estandarte de todos sus vicios. 6) Por otro lado, se asevera que la teoría queer considera que cualquier práctica contrahegemónica es liberadora (en este sentido, prácticas como el BDSM serían “emancipadoras”). 7) El texto además considera que la teoría queer privilegia las acciones individuales mientras que desprecia la acción colectiva. 8) En la línea del punto (3), la teoría queer tendría pretensiones de “disolver la categoría ‘mujer’, complejizándola y problematizando su definición”, siendo esto, aparentemente, un problema. 9) La teoría queer, además, promovería el relativismo moral. 10) Llegando hacia el final se estipula que lo queer “no transgrede: el desarrollismo, el consumismo, la gran industria farmacéutica, la explotación sexual, la urbanización y turistificación del mundo, y la devastación completa de las comunidades humanas, todo lo que el capitalismo protege con leyes, armas y teorías de colores”. 11) Por otra parte, el anarquismo para las compañeras se concentraría en los aspectos llamados por ellas “materiales”, es decir, el Estado y el capitalismo, que serían sus “ejes de lucha”, por lo que “el amor libre” y otros asuntos, pese a ser de su preocupación, serían secundarios.

El error fundamental que atraviesa todo el texto radica en una grosera doble vara de medir que es propia también del así llamado feminismo radical. ¿Cuál es la típica respuesta que solemos dar quienes militamos en distintas tendencias revolucionarias cuando alguien asevera que el feminismo significa que necesitamos más mujeres presidentas, gerentas de grandes empresas y multimillonarias? Aseveramos, con buenas razones, que eso es un falso feminismo, un feminismo pervertido: decimos que es feminismo liberal, uno que entiende erróneamente el patriarcado y, por consiguiente, no aspira a desbaratarlo. Hacer esto es correcto. Sin embargo, ¿por qué no sería admisible decir que también hay falsificaciones liberales de la teoría queer? De hecho, si admitimos que la teoría queer nace a partir de tendencias intelectuales que se fraguaban en Estados Unidos, habría que admitir que en su origen ella es muchísimo más radical que el temprano feminismo, que reclamaba, precisamente, aspiraciones liberales (como el voto femenino). Bastaría, en efecto, con leer meramente el texto más famoso adscrito a la teoría queer, El género en disputa de Judith Butler de 1990, para observar que nada de las calumnias que se le atribuyen en el texto de las compañeras es defendido allí. ¿Existe una versión liberal, inútil y descafeinada de las ideas queer? Por supuesto, igual como lo existen en el feminismo y lo existen también en el anarquismo, cuando por anarquista alguien entiende a punk borrachos durmiendo en el parque. Pero aquí nos interesa hablar desde la tribuna seria: la tribuna que asume que la teoría queer sí que tiene que aportar al anarquismo. Habrá que responder a las inquietudes de las compañeras como lo que defendemos nosotrxs que somos anarcofeministas queer.

Antes de comenzar, habría que invitar a las compañeras a tener un poco de decoro cuando hablamos de los orígenes de los movimientos como algo que podría invalidarlos. La teoría queer recoge discusiones que provienen tanto desde la academia como desde los movimientos de disidencias, así como amplias camadas de feministas (sobre todo racializadas) que consideraron que los análisis del feminismo radical llegaban a homogeneizar ilegítimamente la experiencia diversa de las mujeres. El anarquismo, por otra parte, es un fenómeno, por qué no decirlo, europeo. Tuvo sus antecedentes en los tempranos socialistas franceses e ingleses. Adquirió más forma de la mano de un francés famoso por su misoginia, que alababa el mercado y proponía hacer bancos (“populares”). Posteriormente adquirió mayor forma de la mano de un ruso que participó de la primera Internacional (que no se realizó ni en Filipinas, ni Honduras, sino en Inglaterra). Y siguió avanzando y perfeccionándose durante el siglo XIX e inicios del siglo XX, ¿dónde?, ¿en Ecuador?, ¿en Malasia?, ¿en Senegal? ¡No! En los países más desarrollados de Europa, en la parte occidental: Italia, Francia, España, Alemania, Inglaterra, Holanda, etc. Y esto en realidad no tiene nada de malo. El anarquismo es correcto y es la forma en la que la humanidad debe organizarse. Su origen no lo invalida; y lo mismo pasa con la teoría queer.

En otra parte del texto se defiende que el anarquismo siempre reivindicó a los trabajadores y su origen está en los movimientos de clase, de los oprimidos. Y está bien que las compañeras, que se enmarcan en una pequeña tendencia que respira con tanques de oxígeno como el anarcosindicalismo, quieran hacer revisionismo histórico e ignorar que el anarquismo tiene una deriva individualista que fluye con bastante coherencia desde Proudhon hasta Stirner, y después llega a Estados Unidos, y nos ofrece los trabajos de Lysander Spooner, Benjamin Tucker, del hiperconservador Henry George, y ello todo como antecedentes del anarcocapitalismo. Nada de esto es un problema, porque lo que importa para defender un movimiento político no son las presuntas intenciones de sus presuntos fundadores, sino en qué medida él refleja un modo ético de organizar la vida social. Quienes somos comunistas libertarixs no hemos de temer de que exista una franja equivocada del anarquismo, nuestra crítica siempre será contundente. Estoy segura que las compañeras no lamentarán la falta en su caja de herramientas argumentativa si les quitamos las falacias ad hominem. Ahora sí, podemos entrar en materia.

1. Con peras y manzanas

Creo que la frase del texto que mejor sentencia la actitud conservadora de las compañeras es cuando consideran que la introducción de la teoría queer a nuestra lucha puede eclipsar “consensos antaño indiscutibles en el seno del anarquismo”. El texto presenta al pensamiento anarquista como una posición fija en el tiempo y que ya ha concluido: no hay nada nuevo que decir sobre el anarquismo porque nuestros mejores teóricos de hace 90 años ya pensaron todo de una vez para siempre. Esto, obviamente, representa algo que es un peligro gigantesco para el anarquismo: la pereza intelectual y la obsesa obstinación de  resguardar las tesis de “nuestros clásicos”, como si ellos se asemejaran más a Dios dictándonos la verdad desde monte Sinaí que compañeros que compartían sus ideas. Esta actitud, por cierto, pasa por alto que toda la tradición escritural del anarquismo ha sido una seguidilla de controversias, una tras otra. Las críticas que Malatesta hizo contra Kropotkin (tildándolo de anarcochovinista) y contra el anarcosindicalismo son vivo testimonio de ello. Habría que preguntarse cuáles son esos preciados consensos que las compañeras están buscando preservar y en qué medida no sería necesario someterlos a nueva crítica, inspeccionarlos con más detención, exprimirlos para ver la calidad de los jugos que desprenden y ver si debemos dejarlos tal cual están o, por el contrario, reemplazarlos por unos mejores.

El texto se queja permanentemente de que la teoría queer complejiza los asuntos. Y es efectivo. La teoría queer aborda el concepto de patriarcado, meramente entendido como la dominación de los hombres sobre las mujeres, y muestra que las cuestiones son muchísimo más complejas. La definición inicial escasamente puede abordar fenómenos como la homofobia, la transfobia, los ataques a hombres no normativos, las mujeres reivindicando la dominación masculina, la crianza bajo tales o cuales estándares, etc. Esta es la razón por la que entendimos que el patriarcado es una estructura que intenta estabilizar estilos de vida y modos de ser, y que impone estándares y normas a los individuos a través de mecanismo coercitivos de todo tipo (legales, físicos, psicológicos, sociales, etc.). Esto permite explicar todo fenómeno patriarcal desde el marido que golpea a su esposa porque no hace lo que “debería hacer” hasta al hombre que le dicen maricón porque no “tiene los modos que debería tener”. En este sentido, efectivamente, la teoría queer muestra que las materias que nos interesan tienen más capas de profundidad, y esto sólo puede ser una ganancia cuando hablamos de entender la opresión que intentamos destruir.

Ahora bien, creo que no es impertinente sugerir que quien escribe en contra de algo deba entenderlo, aunque sea mínimamente. Sencillamente no se puede decir, como asevera el texto, que la teoría queer se vincula en algún sentido con las políticas de la identidad cuando no será otro sino su texto más conocido, El género en disputa, el que explícitamente reniega de ellas. La teoría queer es una teoría antiidentitaria, precisamente porque parte de la eliminación de los estándares que constriñen los estilos de vida radica en dejar de catalogarse y de dejarse catalogar bajo criterios ajenos. Las políticas de la identidad buscan la integración de grupos marginados al sistema patriarcal: buscan estirar las normas para que las distintas identidades dejen de ser oprimidas (cosa absolutamente imposible en la medida que existan las normas). La teoría queer busca algo distinto: busca destruir del todo las identidades, las categorías, de modo de que cada individuo pueda vivir acorde a criterios propios.

¿Pero destruir los estándares significa también eliminar la categoría de mujer? Efectivamente. La  teoría queer descubre que la existencia de “las mujeres” es el resultado de distintas prácticas que dentro de nuestra cultura dan origen a la categoría. El concepto de mujer no es transtemporal y ahistórico, su existencia tiene un origen y una finalidad: la de oprimir. No existen las mujeres (ni los hombres) fuera del régimen patriarcal. Y es necesario eliminar todas las categorías creadas por el patriarcado (mujer, hombre, homosexual, monógamo, heterosexual, etc.) si queremos lograr la liberación total de los estilos de vida. La aspiración de la teoría queer radica en una profunda eliminación de los estándares que son impuestos a todas las personas, en vistas de que todos puedan tener el estilo de vida que deseen. Esto es lo que solemos llamar a la abolición del género. En este sentido, la teoría queer tiene una aspiración antijerárquica en un ámbito concreto: abolir las jerarquías vinculadas al género, eliminando lo que las hace posibles: el género. Con esto, ya vemos que lo que es realmente liberador no es la transgresión, como dice el texto. El texto confunde la praxis política de la teoría queer (de la que hablo a continuación) con el objetivo. Lo que es verdaderamente liberador, es decir, el cómo luce un individuo que vive en un mundo sin patriarcado, es él viviendo tal cual le acomoda, sin intermedio de ninguna coacción. Será más bien el feminismo radical, famosamente transfóbico, el que pondrá la “transgresión” en su centro, al momento en que se procede a acosar mujeres que buscan ajustarse más o menos a las pautas de la feminidad.

Las aspiraciones de la teoría queer, entonces, son colectivas. ¿Pero qué pasa con los métodos?, ¿es acaso que la teoría queer en términos de praxis, es decir, en términos de los métodos para lograr su objetivo, ha privilegiado la acción individual? No realmente. Han existido distintas propuestas. Judith Butler sugerirá al final de El género en disputa que actos públicos disruptivos respecto de los estándares existentes pueden tender a desnaturalizarlos frente al resto, invitando al cuestionamiento, y que ello sea conducente a cambios en la cultura. No es que tales actos sean per se liberadores para el individuos, sino más bien que son pensados como algo que puede contribuir a poner en duda la obligatoriedad de las normas sociales en vistas de la liberación de todos. Esos actos, por cierto, tienden a ser obras colectivas de grupos más que de individuos aislados. Pero esa es sólo una propuesta. Desde la pedagogía queer se ha discutido muchísimo respecto de cómo avanzar en el desmantelamiento del patriarcado dentro y fuera del aula, y estas prácticas han sido muy nutritivas para la actual pedagogía libertaria. Por otra parte, el anarquismo queer, en debate con las discusiones contemporáneas en torno a la praxis del anarquismo, también ha discutido sobre estos temas, por ejemplo, mi propia propuesta de política prefigurativa anarquista queer desarrollada en otro trabajo[2].

Ahora bien, debería resultar algo irónico que quienes lloriquean ante la amenaza del lenguaje inclusivo, como hacen las compañeras al inicio del texto, puedan atribuir a la praxis queer algo tan falso como que el problema de la opresión que combatimos es meramente lingüístico, en contraste con la lucha anticapitalista y antiestatal que tiene una “base material”. Habría que determinar qué concepto de materialidad se está utilizando aquí para dar cuenta de en qué medida se podría sostener algo tan insensato. La imposición de estándares mediante distintas formas de coacción es un fenómeno absolutamente palpable. La discriminación, maltrato, amedrentamiento, marginación, vejación, exclusión, insultos, condescendencia, palizas y asesinatos y toda forma de violencia que se vierte sobre los individuos para obedecer a estándares preexistentes impuestos por la sociedad es algo tangible, palpable y real. Los méritos de la tradición posestructuralista de la que sí bebe la teoría queer ha sido mostrar cómo esas coacciones ocurren no sólo en niveles macro, sino también en niveles micro. Los mecanismos de disciplinamiento, para usar un término de Foucault, autor que ahuyenta a las compañeras, son efectivos y empíricamente constatables. Y el fin de esa opresión no ocurrirá con lo que decrete uno u otro individuo, sino con un profundo y radical cambio en los modos en los que nos relacionamos: con un revolucionar de la cultura. Habría que tener un concepto de “materialidad” sumamente estrecho y arbitrario para creer que la opresión patriarcal adecuadamente pensada es algo que carece de algún tipo de entidad para ponerse como algo secundario frente a la lucha antiestatal y la lucha anticapitalista. Y es aquí donde notamos cómo la tradición teórica del anarquismo posterior a la Segunda República española les pasa a las compañeras por encima, a la luz de su resistencia a aceptar cualquier forma de innovación dentro de la teoría anarquista. El anarquismo con el tiempo se dio rápidamente cuenta que sus aspiraciones no solo eran anticapitalistas y antiestatistas, que era mucho más que un movimiento de clase. El anarquismo es un movimiento antijerárquico, y su lucha es por la humanidad, en la construcción de un mundo donde ella pueda habitar con toda plenitud. Esta es la razón por la que buscamos la abolición de toda forma de opresión, y ello incluye la opresión económica, política, patriarcal, especista, racista, etc. Quien esté privado de comprender que el eje de la causa anarquista es la abolición de toda forma de jerarquías, en vistas de crear una sociedad antijerárquica, está privado de entender el anarquismo.

2. Para ir concluyendo

Con lo dicho, creo que he podido mostrar cómo el texto de las compañeras es un estandarte más de la desinformación que circunda a la teoría queer. Lo importante ya ha sido dicho, así que me remitiré a responder las acusaciones menores que aún no han recibido réplica.

Contrario a lo que las compañeras dicen, realmente la teoría queer no entró “sin debate” en el activismo anarquista. Después de que en los 70 Peggy Kornegger escribiera “Anarquismo: la conexión feminista”, sintetizando y sistematizando lo que había sido el anarcofeminismo desde hace décadas, se entró en una inercia teórica donde no pasó prácticamente nada. Faltaría la llegada de los nutritivos debates que se fraguaban desde los movimientos de disidencias, del feminismo negro, del transfeminismo y del feminismo interseccional para que a inicios del siglo XXI viéramos un boom de trabajos que dieron al anarcofeminismo una necesaria bocanada de oxígeno: nacía así el anarcofeminismo queer. Remito al final de este trabajo un syllabus, donde las compañeras puedan informarse sobre este debate que, aparentemente, desconocen del todo. En todo caso, el activismo anarquista queer ha mostrado ser lo suficientemente combativo como para tener su propia célula junto al ejército kurdo, el Ejército de liberación e insurrección queer (TQILA, por sus siglas en inglés), en la lucha contra ISIS.

Por otra parte, habría que determinar cuál es la definición que las compañeras tienen de “posmodernismo”. Nosotrxs, anarquista queer, somos férreos creyentes de la anarquía y el comunismo, como modos auténticamente éticos bajo los cuales la humanidad debe organizarse. Nadie podría tildarnos de relativistas morales porque precisamente creemos tan férreamente en nuestra racionalidad, que estamos abiertxs a que nuevas evidencias, que antes no eran tan visibles, refinen nuestras posiciones y las perfeccionen. Esa es una muestra de confianza en la razón bastante más constructiva que una posición que entiende los ideales como ideas platónicas fijas e incorruptibles, y que admite que el pasado ya resolvió todas las cuestiones y, por consiguiente, a las personas del presente no nos hace falta reflexionar en torno a nada, solo repetir el dogma. Además, dado que el anarquismo queer no es otra cosa que anarquismo y comunismo libertario, no podría acusársenos de no combatir todos aquellos males como la industria farmacéutica, el problema ecológico y todos los otros males que están asociados a la sociedad jerárquica.

Finalmente, no será posible hacerse cargo del problema de la prostitución y de cómo la posición de las compañeras sólo puede significar la marginación de las trabajadoras sexuales, tanto por su negativa a la sindicalización, como por favorecer la abolición por vías estatales. Aquí notamos los sesgos propios del sindicalismo que cree en la existencia de trabajos dignos, y que nuestra lucha no está orientada a la abolición del trabajo, sino sólo de liberarlo del capitalismo. Esto tendrá que ser materia de futuros escritos.

3. Syllabus de textos de anarquismo queer

Para alivio de las compañeras, hemos promovido en los últimos años que se realicen traducciones de textos fundamentales de esta tendencia, así que pongo a vuestra disposición las que ya hemos realizado. Hay, en todo caso, muchísimo más en inglés de estos y otros autores que las compañeras pueden buscar por cuenta propia.

  • Stacy aka Sallydarity. “Anarcafeminismo y la nuevísima ‘cuestión de la mujer’. Bugambilia n°1.
  • Stacy aka Sallydarity. “El género es un arma: coerción, dominación y autodeterminación”. Bugambilia, n° 4.
  • Stacy aka Sallydarity. “Cuando el feminismo es repugnante: pensamientos iniciales sobre la abolición del género”. Bugambilia, n° 5.
  • Pizarra Libertaria. “Apuntes sobre las lecciones del anarquismo y pedagogía queer para la pedagogía libertaria”. Bugambilia, n°1.
  • Tía Akwa. “Anarcofeminismo y separatismo. ¿Cuál es el lugar de los hombres (cis-hétero) en la lucha anarcofeminista?”. Bugambilia, n°1.
  • Tía Akwa. “La orientación sexual como categoría patriarcal. Notas desde el anarquismo queer”. Bugambilia, n° 4.
  • Zicqua, Madelyyna. “Lucha trans y anarquismo queer. Desbaratando dogmas (trans)feministas por la liberación total”. Bugambilia, n° 4.
  • Zicqua, Madelyyna. “Praxis prefigurativa anarquista queer”. Disponible aquí: https://www.portaloaca.com/pensamientolibertario/textosanarquismo/praxis-prefigurativa-anarquista-queer/
  • Jamie Heckert, Deric Michael Shannon, Abbey Willis. “Amando-Enseñando: Notas para una pedagogía anarquista queer”. Bugambilia, n° 2.
  • Abbey Volcano y J. Rogue. “Insurrecciones en las intersecciones. Feminismo, interseccionalidad y anarquismo”. Bugambilia, n° 3.
  • Rogue. “Desesencialización del feminismo anarquista: lecciones del movimiento transfeminista”. Disponible aquí: https://es.theanarchistlibrary.org/library/j-rogue-desesencializacion-del-feminismo-anarquista-lecciones-del-movimiento-transfeminista
  • Phil. “Identidad, política y antipolítica: una perspectiva crítica”. Bugambilia, n° 3.
  • Andrade Rodrigues, Gabriela “Pedagogías queer y libertarias para la educación en cultura visual”. Bugambilia, n° 3.

El acceso a todos los números del fanzine Bugambilia es a través del siguiente enlace: https://editorialiskra.wordpress.com/fanzine-bugambilia-colectiva-brotar/

Madelyyna Zicqua

[1] https://grupomoiras.noblogs.org/post/2021/03/02/la-teoria-queer-y-el-anarquismo/

[2] Zicqua, Madelyyna. “Praxis prefigurativa anarquista queer”. Disponible aquí: https://www.portaloaca.com/pensamientolibertario/textosanarquismo/praxis-prefigurativa-anarquista-queer/

¡Haz clic para puntuar esta entrada!

(Votos: 0 Promedio: 0)




Fuente: Portaloaca.com