April 1, 2021
De parte de Amor Y Rabia
57 puntos de vista


por Juan Manuel Blanco

Muchos gobernantes aprovechan esta coyuntura de miedo, indefensi贸n y credulidad para impulsar su agenda a una velocidad que hubiera resultado imposible sin el concurso de la pandemia

El pasado 17 de marzo fallec铆a el presidente de Tanzania, John Magufuli, un personaje muy pol茅mico por su singular modo de afrontar la covid-19. En mayo de 2020 ordenaba suspender las pruebas de detecci贸n del virus SARS-COV-2, un paso que implicaba la desaparici贸n oficial de la covid-19 en Tanzania: en adelante, los casos registrados ser铆an siempre cero. Y, no existiendo epidemia, cualquier medida era innecesaria.

Se ha acusado a Magufuli de negacionista, un t茅rmino hoy viciado, convertido en mero insulto o descalificaci贸n. As铆, se tacha impropiamente de negacionista a quien mantiene posturas o criterios distintos a los oficiales, como poner en tela de juicio la idoneidad de los confinamientos o la eficacia de las mascarillas en espacios abiertos. Sin embargo, este t茅rmino s铆 puede aplicarse apropiadamente al presidente tanzano pues la negaci贸n consiste en cerrar los ojos ante una parte de la realidad, pretendiendo que no existe. Naturalmente, la desaparici贸n estad铆stica de la enfermedad no implica su erradicaci贸n, buen ejemplo de que la verdad oficial y la realidad suelen seguir caminos muy dispares.

Ahora bien, no es probable que Magufuli actuara movido por superstici贸n, mucho menos por ignorancia cient铆fica pues era doctor en Qu铆mica. Se trataba, m谩s bien, de una posici贸n pol铆tica enfocada exclusivamente en una vertiente del problema: los enormes perjuicios que la suspensi贸n de la actividad econ贸mica causar铆a en una poblaci贸n que mayoritariamente se gana la vida en actividades informales, callejeras. La prohibici贸n de salir a la calle implicaba unos costes sociales enormes, seguramente hambre generalizada, incluso mortalidad por inanici贸n.

El enfoque era negacionista porque olvidaba la otra cara del problema: la propia enfermedad. Es cierto que, en comparaci贸n con otros pa铆ses, la covid-19 ocasionar铆a menos muertes en una poblaci贸n muy joven como la tanzana. Aun as铆, Magufuli pod铆a haber buscado un mejor equilibrio entre los dos males, una postura que, sin impedir a la gente ganar el sustento, contribuyera a mitigar la incidencia de la epidemia: informar correctamente a la poblaci贸n, recomendar medidas de higiene voluntarias y proteger a los vulnerables.

OCCIDENTE MIR脫 HACIA OTRO LADO

Pero Tanzania no era el 煤nico pa铆s que enfocaba la pandemia desde una sola vertiente: casi todos los gobiernos occidentales practicaron el negacionismo con la misma intensidad鈥 pero a la inversa. Si un negacionismo consiste en considerar solamente el da帽o causado por los encierros, olvidando la propia enfermedad, otro mucho m谩s com煤n es justo el contrario: incidir en el peligro de los contagios pero despreciar, pretendiendo que no existen, los enormes perjuicios sanitarios, mentales, sociales, econ贸micos y pol铆ticos que los confinamientos y las medidas restrictivas causan a la sociedad.

Con pocas excepciones, Occidente mir贸 hacia otro lado ante el notable aumento de la mortalidad por c谩ncer e infartos, ante el avance imparable de las enfermedades mentales, del n煤mero de suicidios, ante el colosal incremento del abuso de alcohol y drogas, ante la generalizaci贸n de la pobreza, el desempleo y la quiebra de peque帽as empresas. Tampoco repar贸 en el profundo deterioro de la democracia causado por las prolongadas vulneraciones, te贸ricamente 鈥渆xcepcionales鈥, de los derechos y libertades.

Se ha escrito que la pandemia pill贸 a los Estados desprevenidos, algo que no es del todo cierto. Desde hac铆a un par de d茅cadas, muchos pa铆ses pose铆an planes estrat茅gicos para actuar en caso de pandemia, unos documentos generalmente bien elaborados y bastante sensatos, con una estrategia integral que atend铆a a todos y cada uno de los aspectos del problema. Los informes hac铆an gran hincapi茅 en que, para aplicar una medida no farmac茅utica, antes deb铆an sopesarse beneficios y perjuicios. Estos planes priorizaban las recomendaciones sobre las medidas coactivas y no contemplaban en modo alguno confinamientos, cierres perimetrales o suspensi贸n de actividades econ贸micas, ni siquiera para pandemias mucho m谩s graves. Porque algunos remedios pod铆an causar m谩s da帽o que la enfermedad.

MARZO DE 2020, 驴EL MUNDO ENLOQUECI脫?

Pero este enfoque racional y equilibrado desapareci贸 s煤bitamente en marzo de 2020, en uno de los episodios m谩s ins贸litos de la historia moderna. Occidente qued贸 paralizado, congelado, arrincon贸 al instante los planes elaborados y comenz贸 a improvisar. Ofuscado por el contador oficial de contagios, y siguiendo la estela de China, se dispuso a aplicar cualquier medida, por draconiana, opresiva y peligrosa que fuera, con tal de reducir la cifra. No repar贸 siquiera en que el n煤mero total de casos refleja mal la gravedad de la pandemia pues existe un abismo de peligrosidad entre el contagio de personas j贸venes con buena salud y el de personas de avanzada edad con dolencias previas.

De un plumazo se ocult贸 que las medidas adoptadas no solo eran poco eficaces para reducir los contagios; tambi茅n causar铆an a la larga m谩s muertes de las que evitaban. La estrategia no resist铆a una rigurosa comparaci贸n de beneficios frente a perjuicios pero Occidente hab铆a ca铆do en una peligrosa ceguera, en un cortoplacismo extremo. La cifra de contagios era ya la 煤nica gu铆a que impregnaba las decisiones pol铆ticas, la comunicaci贸n e, incluso, la propia estrategia de vacunaci贸n. Nadie record贸 que los planes anteriores recomendaban adaptarse a la pandemia, minimizar sus da帽os, nunca acometer un est茅ril intento de suprimir el virus a cualquier precio. Presa del p谩nico por las alarmantes noticias, la mayor铆a de la poblaci贸n acept贸, incluso alent贸, esta ins贸lita l铆nea de actuaci贸n de sus gobernantes.

Aunque no existe a煤n una explicaci贸n completa de lo ocurrido, todo apunta a que, a pesar de los avances cient铆ficos, el mundo actual se encuentra mucho peor preparado para afrontar una pandemia que el de nuestros antepasados. Y no solo por el miedo; sobre todo por la enorme debilidad de nuestras convicciones. Las 煤ltimas d茅cadas han contemplado indiferentes c贸mo se difuminaba la racionalidad, el valor de la objetividad, c贸mo se convert铆an en verdaderos dogmas lo que no eran m谩s que opiniones y criterios muy discutibles y c贸mo se calificaba como herej铆a a cualquier desviaci贸n de esa ortodoxia del pensamiento. Las sociedades actuales, vac铆as de principios y valores, han perdido la capacidad de gestionar el miedo y se muestran especialmente proclives a creer cualquier disparate鈥 siempre que lo diga la televisi贸n.

La covid-19 no ha hecho m谩s que exacerbar las tendencias de los 煤ltimos tiempos hasta el extremo de que ahora se descalifica como herejes, incluso asesinos, a quienes abogan por un planteamiento m谩s equilibrado de la pandemia, un enfoque que pondere ventajas e inconvenientes de cada medida. La enfermedad surgi贸 en un entorno social y cultural propicio para una visi贸n unidireccional, negacionista, apocal铆ptica, que asigna invariablemente la culpa a un segmento de los ciudadanos y busca la redenci贸n en la intervenci贸n de unos gobernantes empe帽ados crear una nueva sociedad. De ah铆 ese peligroso mensaje de que, tras la pandemia, se construir谩 鈥渦n mundo mejor”.

MUCHO M脕S DEPENDIENTES DEL ESTADO

Aunque no exist铆a una estrategia consciente, muchos gobernantes y ciertos grupos de presi贸n aprovecharon esta coyuntura de miedo, indefensi贸n y credulidad para impulsar su agenda a una velocidad que hubiera resultado imposible sin el concurso de la pandemia. Percibieron r谩pidamente la facilidad de pescar en r铆o revuelto, de avanzar hacia una 鈥渘ueva sociedad鈥 m谩s dependiente del Estado, con mayor regulaci贸n de la vida privada, incluso del pensamiento. Y hacia una econom铆a menos competitiva, con acrecentado predominio de las grandes empresas tecnol贸gicas. En definitiva, hacia un mundo con menguante democracia, decreciente autonom铆a y libertad individual.

Ya comienza a o铆rse que las medidas de distancia social permanecer谩n durante a帽os, incluso con la mayor铆a de la poblaci贸n vacunada y los colectivos vulnerables a salvo. Y todo con el pretexto de que el virus seguir谩 aun circulando. Desgraciadamente, no hay vacuna para esa obsesiva fijaci贸n en el n煤mero de contagios; mucho contra esta pandemia ideol贸gica, pol铆tica y social que nos atenaza.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com