July 21, 2021
De parte de Briega
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RACISMO SOCIAL ¿QUÉ ES LO QUE IMPIDE ROMPER EL CERCO?

 

El otro día me llega un wasaap dentro del grupo de la pandilla del instituto. Aunque no me hiciera ninguna gracia, el meme trataba de ser un chiste. En la imagen salía una piedra de hachis y ponía “Boicot a los productos marroquíes” Sí, acababa la “broma“. Demasiado simple como para soltar una parrafada del por qué semejante racistada era especialmente insultante en el mismo momento en que estaban muriendo chavales al llegar a Ceuta.

Concretamente uno de ellos intentando saltar un muro. Así que pensé en devolver la gracia con otro meme. Se me ocurría mostrar “un arma” y poner “boicot a los productos españoles“.

Esto me daría pie a explicar que el estado español no sólo utiliza el estado marroquí como socio matón europeo externalizando fronteras – a su vez presionado por la UE bajo una lógica Norte-Sur por escalas-, sino que también es experto en vender armas a Marruecos con las que éste ejerce la represión dentro de sus fronteras y sobre el pueblo saharaui, garantizando la extracción de recursos que a su vez son necesarios para el continente europeo.

Pero lo cierto es que al final no hice nada. Me conformé con que no hubiera ningún tipo de acogida positiva a dicho mensaje. ¡Ay! ¡El humor! Arma de doble filo amada por las clases populares para defender su dignidad frente a los poderosos. Pero a la vez, correa de transmisión social donde el patriotismo y su adn xenófobo y racista corre como la pólvora entre las poblaciones sujetas a la precarización de la vida. Es decir, las nuestras.

Con “romper el cerco” me refiero a dejar de adoptar las preocupaciones de las autoridades que gestionan las políticas migratorias como si fuesen las nuestras. Por “nuestras” me refiero a la gente de a pie, la sujeta a las condiciones de explotación a través de curros precarios y miedo a perder los ingresos que reciben a costa de la vida que cuesta su salario. Es verdad que esta categoría es una abstracción, pero me ayuda a explicar lo que quiero decir. Hablo de la gente de cada lugar donde sale tan barato opinar sobre la vida de los demás a través de posturas mediatizadas hasta la médula.  La gente que habita lugares como Murcia, donde Younes Bilal murió asesinado el pasado 12 de Junio . A quienes habitan lugares como Canarias, donde el gobierno ( el estado) se ha esmerado en crear “la cárcel más grande de Europa“. A quienes viven en Ceuta, donde las decisiones de estado abren o cierran las puertas a su antojo. A quienes residen en cualquier lado del estado español, donde el racismo social, producto consecuente del racismo institucional, se percibe en las conversaciones cotidianas.

¿Cómo explicar tanta fidelidad ciudadana a las preocupaciones de los dirigentes de un estado-nación como en este caso es “España“?. El lubricante inmediato para que ésta ficción consensuada funcione es el periodismo y sus simulaciones varias. Sin embargo, a largo plazo y más allá de los momentos puntuales en que los mass media deciden que vamos a hablar sobre un lugar y/o acontecimiento concreto como es Ceuta en el mes de Mayo, la pregunta es ¿de dónde nace tanto racismo social? Creo que la raíz está en el nacionalismo español. Un amor incondicional que se traduce en una identidad nacional como lupa para ver el mundo.

A principios de Mayo de 2021,  Andrea Ropero viaja hasta el punto álgido de la crisis migratoria en Canarias para analizar cómo están viviendo los vecinos la llegada de migrantes dentro de un reportaje para El Intermedio -La Sexta-. En dicho reportaje, una señora entrevistada ejemplificará muy bien lo que quiero decir. Hablando sobre la supuesta delincuencia y peligrosidad de los chavales migrantes no acompañados, la reportera le dice algo así como; “Pero los chavales de aquí también la lían y tiene peleas entre ellos” A lo que ella contesta algo parecido a “sí pero ellos son de aquí y tenemos que aguantarlos, pero los que vienen de afuera?” Es decir, el problema no reside tanto en el hecho del delito o el conflicto, sino en quienes son los que lo llevan a cabo, qué legitimidad social tienen para ser perdonados y qué predisposición colectiva hay para afrontarlo y abordarlo.  La capacidad de permanecer indiferentes ante actos como los de Murcia es el verdadero problema.

Para ello, sin duda, el nacionalismo de esta ficción contruida históricamente con dosis de sangre y tolerancia arrogante llamado “España”, es crucial para entenderlo. Si apuntáramos al individualismo creciente de la sociedad neoliberal como característica fundamental del modelo actual capitalista, para entender la reacción popular generalizada estaríamos viendo sólo una parte. La cooperación y la ayuda mutua se puede practicar perfectamente en términos exclusivos y excluyentes; entre españoles, entre gentes consideradas de bien, entre blancos, entre personas que tengan su vivienda en regla etc. De hecho en pueblos y barrios, pese a todo, el apoyo mutuo se sigue practicando y dichas dinámicas se combinan con lógicas racistas, clasistas y patriarcales.

Por eso veo necesario entender que el problema también está en la adopción de una identidad nacional, ya que dicha creencia borra las huellas colonialistas y el presente extractivista colonial. Ya que otorga una superioridad y una legitimidad mayor a los ciudadanos nacionales. Sea su actitud la de dar una abrazo o una patada.

De esta manera, cuando se persigue y acosa a los chavales migrantes no acompañados se están preocupando por la seguridad ciudadana. Pero cuando acogen, integran y premian el correcto comportamiento individual de la persona – cuyos requisitos suelen ser el aislamiento y la soledad, la aceptación de condiciones laborables hiperprecarias y grandes dosis de paciencia burocrática- son buenos ciudadanos demostrando las virtudes de vivir en una democracia avanzada y tolerante. Ambos polos son dos caras de la misma moneda y coinciden en una cosa; la prioridad nacional, ciudadana y moral para articular el rechazo o la acogida condicionante. ¿Qué le tiene que decir un ciudadano cualquiera a una persona que se salta la legalidad cuando las barritas de pescanova que se ha cenado la noche anterior esquilman las posibilidades de supervivencia del antiguo hogar de dicha persona? Por supuesto, cientos de ejemplos podríamos poner para hacer mención de la lógica neocolonial de nuestros actos cotidianos y ninguno por separado podría escapar a ser tildado de simplista y demagógico. Sin embargo, si no transmitimos el mensaje de que nadie que viene le debe absolutamente nada a quienes ya vivimos por aquí, me parece bastante dificil combatir el racismo social impulsado por la razón de estado y sus políticas migratorias.

¿Romper España para crear otras identidades nacionales con tan sólo una diferencia cuantitativa en el dolor que produzcan y repartan al gestionar las políticas migratorias? No.

Dos cosas muy concretas.

La primera; para llevar a cabo políticas de calle en pueblos y barrios a favor de la vida y contra el racismo, es necesario abandonar los recursos patrióticos, la identidad nacional y la ficción territorial que nos hace pensar geográficamente en clave de país y no en clave de territorio. También está bien coger fuerzas para responder al wasaap. Entiéndase esto, no como una apología tecnofila, sino como un ejemplo de echarle valor a la hora de visibilizar nuestras posturas y hacerlas reales en todos los ámbitos sociales. Más grave que sean tildadas de delirantes, extremas y/o criminales, es que no se conozcan, que no se propaguen, que no se discutan.

La segunda es preocuparnos de las cosas que realmente afectan a las nuestras. Si el estado marroquí abre las fronteras como forma de atacar al gobierno español dentro de su juego macabro para gestionar una de las puertas de Europa a costa de miles de vidas, es problema de sus gestores. El ciudadanismo nos hace responsables de cuestiones sobre las que no tenemos ni voz ni voto. Incluso queriendo, no hay nada que hacer. “Los de arriba con sus marrones, no hace falta que les salvemos en sus desaveniencias y contradicciones“. Nuestra preocupación es cómo acoger a quienes consiguen cruzar, cómo evitar que mueran por saltar un muro, como evitar que se queden atrapadas al intentar retornar tras haber contribuido a la economía sumergida española, cómo llevar a cabo maneras de solucionar nuestros problemas cotidianos sin recurrir a la guerra entre pobres, cómo….

Hay un montón de cosas bellas en este planeta sobre las que forjar nuestras identidades colectivas -siempre que sea necesario- y ninguna es España. Yo propongo que, compatibilizando el apego a la tierra,  abandonemos  toda coordenada nacional, por cuna del racismo y enemiga de la diferencia y la vida.

 

Anais Lhira

 

 

 




Fuente: Briega.org