September 5, 2022
De parte de Indymedia Argentina
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Ra煤l Zibechi: Mundos otros y pueblos en movimiento

por Gilberto L贸pez y Rivas
jornada.com.mx

Ra煤l Zibechi, en su reciente libro: Mundos otros y pueblos en movimiento. Debates sobre anticolonialismo y transici贸n en Am茅rica Latina (Libertad Bajo Palabra, 2022), provoca una perturbadora reflexi贸n sobre certidumbres pol铆ticas, referentes anal铆ticos y perspectivas te贸ricas basadas, incluso, en el pensamiento cr铆tico anticapitalista. A partir de un conocimiento directo de procesos y movimientos sociales, por el acompa帽amiento del autor de m煤ltiples resistencias, en la obra se cuestionan conceptos y propuestas nacidas en otro periodo hist贸rico, anterior al estallido del campo socialista y, en particular, a la idea de revoluci贸n centrada en la conquista del poder estatal, a la construcci贸n de partidos y organizaciones jerarquizadas, a la planificaci贸n de los pasos a dar (estrategia y t谩ctica) por un peque帽o grupo de varones blancos ilustrados, a la separaci贸n de la 茅tica de la pol铆tica para darle prioridad a los fines por sobre los medios, a la acci贸n p煤blica por sobre el crecimiento interior.

El texto se conforma de una did谩ctica introducci贸n y siete cap铆tulos, cuyos t铆tulos tienen la virtud de servir de gu铆a metodol贸gica para una lectura comprehensiva: 1) Los pueblos en movimiento como sujetos anticoloniales; 2) El pensamiento cr铆tico ante los desaf铆os de abajo; 3) Apostar a la diversidad supone rechazar la unidad y la homogenizaci贸n; 4) Los pueblos necesitan defender la vida y el territorio; 5) Repensando la transici贸n con los pueblos en movimiento; 6) Di谩logos imaginarios con 脰calan. Actualizando el pensamiento cr铆tico, y 7) La Guardia Ind铆gena: motor de los cuidados y las transformaciones.

Fundamental es su planteamiento te贸rico-pol铆tico de que los pueblos organizados como sujetos de la resistencia al capitalismo neoliberal, son a la vez creadores de mundos nuevos y la br煤jula para la reflexi贸n te贸rica y para proyectar el tipo de transici贸n que estamos viviendo hacia los mundos otros que se est谩n construyendo y los modos como cada pueblo los est谩 defendiendo.

Presenta media docena de dificultades que se enfrentan para mover el pensamiento cr铆tico y alentar la experimentaci贸n rebelde por caminos a煤n poco transitados: la primera de ellas es el apego a certezas que impregnaron el imaginario de la izquierda con tal intensidad, que consiguieron desafiar tanto el paso del tiempo, como realidades geogr谩ficas y los evidentes fracasos de las revoluciones, para convertirse en dogmas instalados anulando la posibilidad de reflexi贸n autocritica. La segunda radica en los problemas que se derivan de la conversi贸n de una teor铆a, siempre inacabada y aproximativa, en doctrina con certezas absolutas. La tercera es que los grupos antisistema se parecen cada vez m谩s al sistema, y en esta direcci贸n es evidente que las izquierdas est谩n muy lejos de romper con el patriarcado y el colonialismo. La cuarta es que la izquierda elude el conflicto, con lo que deja de luchar por las transformaciones, que s贸lo pueden hacerse a costa de los intereses del 1% m谩s rico, pero adem谩s deja a la poblaci贸n a expensas de los medios del sistema. La quinta 鈥渆s que persiste el deseo de gobernar a otros, que se ha convertido en moneda corriente en las izquierdas [鈥.

Gobernar es un modo de oprimir, de tomar decisiones que afectan a otras personas, sustituy茅ndolas como sujetos colectivos. Implica tambi茅n dejar de lado el autogobierno o, mejor, la necesaria multiplicaci贸n de autogobiernos (en barrios, poblados, ciudades y en todos los espacios de la vida) que supone el conjunto de los procesos emancipatorios鈥. Destaca una sexta dificultad, 鈥渃onsistente en la p茅rdida de la hondura hist贸rica que ha contaminado la pr谩ctica pol铆tica de las izquierdas, la falta de una visi贸n de largo plazo [鈥 de quienes se han rendido a la cultura y el modo de hacer pol铆tica dominante en este periodo鈥. Zibechi advierte que estas izquierdas 鈥渘o son capaces de aceptar el fracaso de las revoluciones socialistas y el papel del centralismo estatal en su nefasta deriva; pero tampoco pueden abrevar en otras fuentes que no sean la lucha de clases, como el feminismo y las resistencias de los pueblos originarios, algunas de ellas enfocadas en la construcci贸n de autonom铆as colectivas. [鈥 Reaparece as铆 un marxismo dogm谩tico, profundamente patriarcal y colonial, creyente del progreso y en buena parte de las doctrinas que mostraron su monumental fracaso鈥.

Ante la crisis sist茅mica, el creciente poder dictatorial del 1% y las respuestas dogm谩ticas al capitalismo, Zibechi considera que s贸lo pueden superarse 鈥渃on el estrecho contacto con los movimientos m谩s din谩micos y la predisposici贸n de aprender junto a los diversos abajos [鈥. Seguir las huellas y las inspiraciones de los pueblos en movimiento, de las mujeres y los j贸venes antipatriarcales y anticapitalistas que mientras resisten, crean los mundos nuevos que necesitamos para seguir siendo, seguir viviendo鈥.

Al finalizar su lectura, 隆nada es lo que parece!

Introducci贸n

Uno de los hechos m谩s desconcertantes que afrontamos quienes formamos parte del campo anti-capitalista, proviene de la siguiente paradoja: aceptamos que el mundo ha cambiado y que las experiencias de toma del poder han fracasado, pero nuestro pensamiento cr铆tico ha seguido apegado a conceptos y propuestas nacidas en otro per铆odo hist贸rico, anterior incluso al estallido del campo socialista.

Este desfasaje entre el mundo real y nuestras opciones te贸ricas y pol铆ticas es, probablemente, una de las mayores fuentes de frustraciones y debilidades que afrontamos. En efecto, seguimos apegados a la idea de revoluci贸n centrada en la conquista del poder estatal, a la construcci贸n de partidos y organizaciones jerarquizadas, a la planificaci贸n de los pasos a dar (estrategia y t谩ctica) por un peque帽o grupo de varones blancos ilustrados, a la separaci贸n de la 茅tica de la pol铆tica para darle prioridad a los fines por sobre los medios, a la acci贸n p煤blica por sobre el crecimiento interior, entre los m谩s evidentes.

Buena parte de las ideas que siguen moldeando la pr谩ctica anti-sist茅mica, se han convertido en barrotes que encierran la lucha en una c谩rcel pol铆tico/conceptual que impide desplegar las energ铆as emancipatorias. La centralidad de la lucha por el poder, por ejemplo, supone que todas las movilizaciones y luchan deben apuntar en esa direcci贸n, subordinando las peleas concretas al objetivo 鈥渇inal鈥. El mismo concepto de 鈥渓ucha final鈥, como reza la letra de La Internacional, que no puede sino estar ligado a la toma del poder, es quiz谩 el entramado de ideas m谩s longevo y menos creativo que se pueda imaginar.

La pregunta que nos asalta, es 驴porqu茅 personas dispuestas a dar la vida por una causa, tienen tanta dificultad para poner en cuesti贸n certezas m谩s que cuestionadas por la vida? Parece evidente que no hay una sola raz贸n para ese comportamiento, ya que el empe帽o en continuar la senda de la vieja pol铆tica responde tanto a limitaciones conceptuales como a psicol贸gicas, ya que revisar certezas implica entrar en el terreno de la inseguridad personal, en el desasosiego y la angustia que produce la falta de respuestas contundentes ante situaciones complejas como las que vivimos en este per铆odo. Quiz谩 por esa raz贸n, los fracasos y los errores propios suelen camuflarse culpando al imperialismo y a las derechas de todos nuestros problemas, lo que de paso nos permite eludir la autocr铆tica para corregir el rumbo.

Como invitaci贸n al di谩logo y a la reflexi贸n colectivas, quisiera colocar media docena de dificultades que enfrentamos para mover nuestro pensamiento cr铆tico y para alentar la experimentaci贸n rebelde por caminos a煤n poco transitados, saliendo del trillado sendero de la movilizaci贸n para conseguir demandas que acerquen a los trabajadores al poder, por la v铆a que sea.

La primera consiste en el apego a certezas que permitan creer, como sostiene Cornelius Castoriadis en su an谩lisis del marxismo como doctrina. 脡ste ha mostrado su capacidad para sostener la lucha, durante largo tiempo y en circunstancias muy adversas. Esta doctrina que se reclama marxista, se ha conformado mediante la combinaci贸n de la ciencia econ贸mica, una metaf铆sica racionalista de la historia que se concreta en las c茅lebres 鈥渓eyes de la historia鈥, que avalan tanto el 鈥渋nevitable鈥 triunfo proletario como la milenaria 鈥渆speranza de una salvaci贸n garantizada鈥 (Castoriadis, 1997: 55-56).

Centrando el an谩lisis en el sujeto anti-capitalista, la clase obrera, el fil贸sofo grecofranc茅s nos recuerda c贸mo durante el siglo XIX 鈥渟e autoconstituye, se alfabetiza y se forma por s铆 misma鈥, dando vida a individuos que conf铆an en sus fuerzas, piensan por s铆 mismos, estudian bajo el resplandor de las velas luego de jornadas extenuantes de 14 horas y no abandonan nunca la reflexi贸n cr铆tica. Cuando el marxismo doctrinario acapar贸, seg煤n Castoriadis, el movimiento obrero, aparecieron sus efectos devastadores:

(鈥) reemplaza este individuo por el militante adoctrinado en un evangelio, que cree en la organizaci贸n, en la teor铆a y en los jefes que la poseen y la interpretan, militante que tiende a obedecerle incondicionalmente, que se identifica con ellos y no puede, la mayor parte del tiempo, romper con esta identificaci贸n si no destruy茅ndose a s铆 mismo (铆dem: 56-57).

Algunas de esas certezas impregnaron el imaginario de la izquierda con tal intensidad, que consiguieron desafiar tanto el paso del tiempo, como las realidades geogr谩ficas y los evidentes fracasos de las revoluciones, para convertirse en dogmas instalados anulando la posibilidad de reflexi贸n autocr铆tica. El apego a una teor铆a simplificada de corte evolucionista, la exigencia de que existan dirigentes en los que depositar confianza casi absoluta, la centralidad de la econom铆a para explicar cualquier proceso social y un concepto de revoluci贸n centrado en la construcci贸n de un poder centralizado, siguen siendo ideas vigentes tanto en las fuerzas que apuestan a la toma del poder como en las que optaron por incrustarse en la institucionalidad a trav茅s del camino electoral.

En realidad, buena parte de este imaginario proviene de culturas muy anteriores a la socialista y se remiten a las tradiciones milenaristas de la humanidad, actualizadas por el imaginario capitalista de corte cientificista. Como sostiene el espa帽ol Eugenio del R铆o, el pensamiento socialista tiene 鈥渞a铆ces multiseculares鈥, que abarcan desde el Renacimiento y la Reforma hasta el cristianismo, siendo 鈥渦n eslab贸n de la cadena de la modernidad鈥 (Del R铆o, 334). Sin embargo, es posible que la herencia m谩s da帽ina cobijada en el marxismo, sea su confianza ciega en el progreso, como destaca Benjamin de modo punzante al denunciar el conformismo de la izquierda de la 茅poca: 鈥淣o hay otra cosa que haya corrompido m谩s a la clase trabajadora alemana que la idea de que ella nadaba con la corriente鈥 (Benjamin, 2010: 25).

En efecto, la socialdemocracia durante las tres primeras d茅cadas del siglo XX fue creando una escuela que todo lo apostaba al desarrollo t茅cnico y cient铆fico, haciendo del trabajo fabril, como materializaci贸n de ese desarrollo, una acci贸n pol铆tica por s铆 misma. 鈥淓n esta escuela, la clase desaprendi贸 lo mismo el odio que la voluntad de sacrificio. Pues ambas se nutren de la imagen de los antepasados esclavizados y no del ideal e los descendientes liberados鈥 (铆dem; 27).

A lo anterior habr铆a que agregar un sentido de superioridad moral de buena parte de los militantes, por sentirse parte de una clase que triunfar铆a y poseedores de una doctrina infalible. Es enteramente cierto, como apunta Castoriadis, que bajarse de semejante conjunto de certezas ha sido extremadamente dif铆cil, en gran medida porque cuestionarlas ser铆a tanto como poner en duda la propia identidad y el sentido de vidas talladas en torno a ella.

La segunda dificultad radica en los problemas que se derivan de la conversi贸n de una teor铆a, siempre inacabada y aproximativa, en doctrina con certezas absolutas. Es uno de los temas que desarrolla la feminista negra bell hooks en su extensa pol茅mica con el feminismo acad茅mico blanco, hegem贸nico durante largo tiempo.

Hooks sostuvo que 鈥渓as pr谩cticas excluyentes de las mujeres que dominan el discurso feminista, han hecho pr谩cticamente imposible que surjan nuevas y variadas teor铆as鈥 (Hooks, 2020: 38). De modo que la existencia de un 煤nico discurso leg铆timo, sofocaba la diversidad de voces e imped铆a que mujeres de los sectores populares se incorporaran al movimiento, con el resultado de que el feminismo se estaba convirtiendo en una ideolog铆a burguesa.

Considera que la tendencia al dogmatismo anula la teor铆a feminista que naci贸 de un sentimiento de opresi贸n, pretendiendo colocarse por encima de la experiencia viva, descartando los afectos para priorizar un supuesto car谩cter cient铆fico. Cita el libro 鈥淓l camino de toda ideolog铆a鈥 de la fil贸sofa feminista Susan Griffin, quien considera que 鈥渃uando una teor铆a se transforma en una ideolog铆a empieza a destruir su ser y su autoconocimiento鈥, se atribuye 鈥渓a鈥 verdad y tiene por objetivo 鈥渄isciplinar a la gente鈥 detr谩s de quienes detentan el saber/poder. 鈥淭odo aquello que no consigue explicar se convierte en su enemigo鈥, se帽ala Griffin en una frase que nos conecta con gran parte de nuestra experiencia en el debate con la vieja cultura pol铆tica (Hooks, 2020: 39-40).

Del debate que plantea Hooks, me interesa destacar c贸mo la conversi贸n de ideas y teor铆as en ideolog铆a sirve a los intereses de una capa social privilegiada que, dominando el arte del discurso leg铆timo, perpet煤a y ampl铆a sus privilegios, a la vez que excluye y margina a quienes pueden amenazarlos. Quienes cuestionan este discurso son demonizados porque estar铆an poniendo en cuesti贸n privilegios dentro del campo emancipatorio, sean las feministas blancas, los dirigentes pol铆ticos y sindicales o los revolucionarios de los pa铆ses dependientes formados en universidades.

Las formas que reviste la ideolog铆a son muy alejadas a los modos con los cuales se expresan los pueblos y los grupos sociales oprimidos, en cuyo nombre hablan unas y otros. Esa elite que detenta el patrimonio del pensamiento cr铆tico, es inherentemente conservadora, tiene mucho que perder, estatus, comodidades y reconocimiento que le dan un insoportable sentimiento de superioridad. Por eso se aferra a una pr谩ctica doctrinaria alejada de la realidad, tomando de rehenes ideas y pensamientos nacidos en un abajo que prefiere no volver a pisar, si es que alguna vez lo hizo.

La tercera dificultad es que los grupos anti-sistema se parecen cada vez m谩s al sistema. Para decirlo con las sabias palabras de Fernand Braudel, cuando reflexiona sobre la derrota que infligieron los pueblos b谩rbaros a la Roma imperial: 鈥淪iempre que triunfan los b谩rbaros es porque est谩n ya medio civilizados鈥 (Braudel, 1984, t. 1:66). Del mismo modo que 鈥渓a civilizaci贸n se cierra sobre el b谩rbaro鈥, cuando el otro es convertido por una cultura que cree ser superior, la condici贸n del triunfo de la revoluci贸n, del ingreso de los rebeldes en el palacio de Invierno, es que se hayan impregnado de los modos que predominan murallas adentro.

驴No ha sido acaso la intenci贸n de la revoluci贸n cultural china forzar a sus cuadros administradores del Estado, a romper con la cultura pol铆tica que interiorizaron durante la gesti贸n? Por cierto, Lenin reflexion贸 de modo similar al de Mao, aunque 茅ste forzara hasta lo inaudito ese proceso, pretendiendo que la violencia y la humillaci贸n  puedan ser instrumentos para modificar culturas y h谩bitos.

Es evidente que las izquierdas est谩n muy lejos de romper con el patriarcado y el colonialismo. La b煤squeda de caudillos y su devoci贸n acr铆tica hacia ellos (Evo Morales, Lula, Rafael Correa, Hugo Ch谩vez鈥), encarna la continuidad de una cultura pol铆tica que, un siglo despu茅s del triunfo de la revoluci贸n rusa, deber铆a haber dado paso a otras variables m谩s horizontales y menos jer谩rquicas. La izquierda latinoamericana es profundamente machista, mucho m谩s all谩 de los discursos, como lo ense帽a su negativa a condenar a violadores tan conocidos como Daniel Ortega, actual presidente de Nicaragua.

La izquierda de la regi贸n es tambi茅n colonial. La actitud paternalista con los pueblos originarios y negros, a los que se considera objetos de 鈥渁yudas鈥 sociales pero nunca sujetos en pie de igualdad, o la actitud del Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia hacia las organizaciones ind铆genas Cidob y Conamaq1, no deja lugar a dudas. Como se帽ala la feminista Mar铆a Galindo, con la excusa de la plurinacionalidad se est谩 construyendo en ese pa铆s una 鈥渉egemon铆a quechua-aymara鈥 ligada al MAS, que se construye sobre la base de acallar 鈥渓as voces de los pueblos del Oriente boliviano鈥 (Galindo, 2022).

La izquierda electoral ha asumido de forma 铆ntegra el marketing capitalista creado para fomentar el consumismo. Un caso elocuente es la campa帽a electoral de 2016 en Espa帽a, donde Podemos present贸 un programa que en su formato imita el cat谩logo de la empresa de muebles y decoraci贸n Ikea, con la excusa de que ser谩 el programa 鈥渕谩s le铆do de la democracia鈥 (Otero, 2016). Inspirarse en el marketing empresarial es mucho m谩s que una cuesti贸n de formatos ya que interioriza los valores de la publicidad y termina emparejando la pol铆tica conlas t茅cnicas de venta y al electorado con comportamientos similares a los del consumidor.

El soci贸logo Marcos Roitman considera que la izquierda est谩 siempre buscando lo nuevo, reinvent谩ndose detr谩s de la 煤ltima moda en lo que denomina como una actitud 鈥渞esultadista鈥, empe帽ada en buscar resultados que la justifiquen a煤n al predio de vaciar los contenidos. Por eso concluye que 鈥渄esea ganar el poder a toda costa, pero sin proyecto鈥 (Roitman, 2022).

La cuarta dificultad es que la izquierda elude el conflicto, con lo cual deja de luchar por las transformaciones, que s贸lo pueden hacerse a costa de los intereses del 1% m谩s rico, pero adem谩s deja a la poblaci贸n a expensas de los medios del sistema. El conflicto social genera conciencia, ya que permite a los diversos sectores identificar los problemas que los afectan y reconocer qui茅nes son los responsables.

El psicoanalista e investigador Miguel Benasayag y la fil贸sofa Ang茅lique del Rey, defienden que el conflicto configura nuestra civilizaci贸n y que su ausencia 鈥揺n sociedades que aspiran a su desaparici贸n- nos coloca ante una situaci贸n dram谩tica, de autodestrucci贸n: 鈥淟a negaci贸n del conflicto puede producir la barbarie. Por eso es importante negarse a pensar por separado el conflicto y la civilizaci贸n鈥 (Benasayag y Del Rey, 2018: 4).

En efecto, el conflicto es por un lado la potencia colectiva capaz de poner freno, o limitar, las tendencias a la barbarie a la que nos llevan el desarrollo y el progreso; por otro, sin conflicto no puede emerger lo nuevo, ni los sujetos colectivos capaces de engendrarlo. Hacia el final de su obra, sostienen que el conflicto es 鈥渇undamento de la vida鈥, la fuerza capaz de ejercer los cuidados y a la vez crear nuevas relaciones sociales, los mundos nuevos a los que aspiramos quienes seguimos siendo anticapitalistas. Sin embargo, las izquierdas electorales vienen sucumbiendo ante la tendencia social y cultural que reh煤ye el conflicto, al cual temen porque supone que dejan de controlar a sus bases sociales.

De ese modo, anulando el conflicto, van decayendo hasta diluirse en la corriente dominante en la sociedad, perdiendo la capacidad de cr铆tica porque temen el aislamiento, el nadar contra la corriente que siempre fue una se帽a de identidad de los movimientos emancipatorios.

La quinta dificultad es que persiste el deseo de gobernar a otros, que se ha convertido en moneda corriente en las izquierdas. Esta opci贸n pol铆tica conlleva varios problemas. Gobernar es un modo de oprimir, de tomar decisiones que afectan a otras personas, sustituy茅ndolas como sujetos colectivos. Implica tambi茅n dejar de lado el autogobierno o, mejor, la necesaria multiplicaci贸n de autogobiernos (en barrios, poblados, ciudades y en todos los espacios de la vida) que supone el conjunto de los procesos emancipatorios. Por 煤ltimo, en la medida que se pretende gobernar sobre una totalidad social, se da por supuesto un concepto de totalidad de car谩cter euroc茅ntrico que no contempla realidades complejas como las latinoamericanas (Quijano, 2014).

Para Quijano, la visi贸n euroc茅ntrica supone que 鈥渆n una totalidad el todo tiene absoluta primac铆a determinante sobre todas y cada una de las partes鈥 y por lo tanto 鈥渉ay una y s贸lo una l贸gica que gobierna el comportamiento de todas y cada una de las partes鈥 (铆dem: 296). Sin embargo, en Am茅rica Latina en el todo y en las partes encontramos l贸gicas completamente diferentes y divergentes, lo que hace imposible que existan procesos de transici贸n homog茅neos. A mi modo de ver, este hecho debe llevarnos a reflexionar de manera totalmente distinta a como el socialismo europeo teoriz贸 el concepto de transici贸n.

Las diversas 鈥減artes鈥 en Am茅rica Latina, son cada una de ellas unidades totales con sus propias configuraciones lo que supone que pueden tener autonom铆a relativa, tanto por su heterogeneidad hist贸rica como estructural. La totalidad existe pero es diferente, no org谩nica, de modo que el conjunto no podr谩 moverse 鈥渄e manera unilineal, ni unidireccional, ni unidimsensional, porque est谩n en acci贸n m煤ltiples, heterog茅neas e incluso conflictivas pulsiones o l贸gicas de movimiento鈥 (铆dem: 299). Las heterogeneidades que analiza Quijano las encontramos en los espacios de los pueblos originarios, negros, campesinos y mestizos, en sus comunidades, quilombos/palenques y en los territorios de la agricultura familiar; pero tambi茅n en las periferias urbanas donde se instalaron, fruto de las migraciones, los diferentes pueblos. En estos espacios las relaciones salariales conviven con la reciprocidad, los diversos tipos de servidumbres y la peque帽a iniciativa mercantil/familiar, en las que las relaciones de trabajo tienen caracter铆sticas diferentes a las del trabajo asalariado.

Por eso Quijano concluye que los procesos de cambio no pueden consistir 鈥渆n la transformaci贸n de una realidad hist贸ricamente homog茅nea en otra equivalente, sea gradual y continuamente, o por saltos y rupturas鈥 (铆dem). Es imposible que realidades tan diversas y abigarradas puedan salir, todas ellas al mismo tiempo, de un escenario hist贸rico para dar paso a otra que ocupe su lugar. Debemos considerar que ya existen pueblos que est谩n saliendo del sistema capitalista y est谩n formando mundos otros muy distintos al a煤n hegem贸nico. En ellos, los valores de uso predominan por sobre los valores de cambio, ya que no se producen mercanc铆as sino aquellos bienes que las comunidades necesitan para cuidar la vida en colectivo. Es la realidad de las bases de apoyo zapatistas, pero tambi茅n de otros pueblos y barrios, a煤n de modo parcial, precario e incipiente. Identificar estos procesos ha sido el objeto de mi trabajo en las tres 煤ltimas d茅cadas, orientado en gran medida por la revoluci贸n zapatista.

Por este motivo, la visi贸n de la historia atribuida a Marx (que 茅l mismo rechaz贸 en su correspondencia con Vera Z谩sulich), consistente en la secuencia de modos de producci贸n (sociedad primitiva, esclavista, feudal, capitalista y comunista), corresponde a una teleolog铆a hist贸rica que supone que el todo y cada una de sus partes salen 铆ntegramente de un sistema para ingresar en otro. Al resultar impracticable esta idea de totalidad, lo hace tambi茅n el concepto de hegemon铆a (tema que no aborda Quijano), que presupone la existencia de una totalidad homog茅nea y que con raz贸n los zapatistas consideran una forma de opresi贸n, en mundos en los que predomina la heterogeneidad que es irreductible a la unidad homogeneizante. En la nueva concepci贸n del cambio que va ganando forma, la autonom铆a y el autogobierno desplazan a la vieja dicotom铆a entre reforma y revoluci贸n. 

Quisiera destacar una sexta dificultad, consistente en la p茅rdida de hondura hist贸rica que ha contaminado la pr谩ctica pol铆tica de las izquierdas, la falta de una visi贸n de largo plazo; me refiero al inmediatismo caracter铆stico de quienes se han rendido a la cultura y el modo de hacer pol铆tica dominante en este per铆odo. El papel destacado que atribuimos a los pueblos originarios, pero tambi茅n negros y campesinos, est谩 estrechamente vinculado a la conservaci贸n en su seno de un concepto otro del tiempo, circular y no lineal, donde la idea de progreso resulta ajena. En su lugar, los sujetos colectivos siguen empe帽ados en vivir en armon铆a con el medio, en conservar y no depredar, en cuidar y no acumular, en no convertir la naturaleza en mercanc铆a.

Por 煤ltimo, quisiera destacar la relaci贸n entre el caos sist茅mico que vivimos, un per铆odo de honda incertidumbre que ha cegado el futuro de millones de personas y en particular de las y los j贸venes, con el resurgir de cierto milenarismo (no encuentro mejor vocablo), laico y revolucionario, que ofrece certezas como tablas de salvaci贸n cuando todo lo s贸lido se hunde a nuestro alrededor. Es probable que la tendencia a una suerte de neo-estalinismo entre un sector de j贸venes universitarios, est茅 creciendo durante la pandemia. Conozco s贸lo dos casos, el de Ecuador y el de Euskal Herr铆a, pero seguramente no sean los 煤nicos ya que estamos ante tendencias globales.

Estas tendencias presentan dos grandes problemas adicionales: no son capaces de aceptar el fracaso de las revoluciones socialistas y el papel del centralismo estatal en su nefasta deriva; pero tampoco pueden a abrevar en otras fuentes que no sean la lucha de clases, como el feminismo y las resistencias de los pueblos originarios, que proponen un camino pavimentado por las autonom铆as colectivas. Un siglo despu茅s de que comenzara a imponerse el estalinismo en el movimiento comunista internacional y a medio siglo del crecimiento del feminismo y de los pueblos originarios, el reloj de la historia vuelve a detenerse鈥.en Mosc煤 en 1930, digamos. Reaparece as铆 un marxismo dogm谩tico, profundamente patriarcal y colonial, creyente en el progreso y en buena parte de las doctrinas que mostraron su monumental fracaso.

Creo firmemente que la crisis sist茅mica, el creciente poder dictatorial del 1% y las respuestas dogm谩ticas al capitalismo, s贸lo pueden ser superada con el estrecho contacto con los movimientos m谩s din谩micos y la predisposici贸n de aprender junto a los diversos abajos. Por eso buscamos seguir las huellas y las inspiraciones de los pueblos en movimiento, de las mujeres y los j贸venes anti-patriarcales y anticapitalistas  que mientras resisten, crean los mundos nuevos que necesitamos para seguir siendo, seguir viviendo.

* * *

Este libro es la recopilaci贸n de varios art铆culos que abordan un mismo tema: los pueblos organizados como sujetos colectivos de la resistencia al capitalismo neoliberal y a la vez como creadores de mundos nuevos. En los siete trabajos que siguen, la experiencia viva de los pueblos es la br煤jula para la reflexi贸n te贸rica y para proyectar el tipo de transici贸n que estamos viviendo hacia los mundos otros que se est谩n construyendo y los modos como cada pueblo los est谩 defendiendo. 

1 La Confederaci贸n de Pueblos Ind铆genas del Oriente Boliviano y el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu fueron intervenidas por la polic铆a del gobierno de Evo Morales para expulsar a los dirigentes leg铆timos e imponer los afines al MAS.
Montevideo, febrero de 2022

Bibliograf铆a

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Fuente: Argentina.indymedia.org