December 3, 2022
De parte de Asociacion Germinal
5 puntos de vista
Ra煤l Zibechi: Ser diferentes, para cambiar el mundo
02 des 2022
Ra煤l Zibechi: Ser diferentes, para cambiar el mundo
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Ra煤l Zibechi: Ser diferentes, para cambiar el mundo

鈥溾i no existen modos de vida, culturas y cosmovisiones diferentes a los hegem贸nicos, es imposible cualquier resistencia duradera.鈥

Ra煤l Zibechi
La Jornada
18.11.2022

Todo el empe帽o de la clase dominante est谩 puesto en eliminar o achatar las diferencias en los modos de vida, en las pr谩cticas cotidianas de los pueblos, las clases y las personas, respecto de la cultura dominante. Para eso se militarizan regiones enteras, se producen genocidios y exterminios de poblaciones, desde hace cinco siglos.

La evangelizaci贸n forzada promovida por los conquistadores se propuso destruir la autonom铆a pol铆tica y cultural de los pueblos originarios, anclada en modos de vida comunitarios y en espiritualidades diversas pero irreductibles al despojo del naciente capitalismo. No se trataba de una cuesti贸n de religiones, de dioses verdaderos o falsos, sino de que los pueblos no deb铆an seguir viviendo a su modo, seg煤n sus costumbres.

La destrucci贸n de los modos de vida de los campesinos ingleses fue clave para la implantaci贸n y expansi贸n del capitalismo, como analiza Karl Polanyi en La gran transformaci贸n. Para eso se aplic贸 la violencia de arriba, despojando a los campesinos de las tierras comunales para convertirlos en vagabundos que terminar铆an como trabajadores encarcelados en los satanic mills (molinos del diablo), piezas claves de la revoluci贸n industrial.

La ofensiva contra las tabernas y otros espacios de los trabajadores a comienzos del siglo XX persigui贸 destruir los espacios donde los obreros utilizaban su tiempo libre para relacionarse de modos distintos a los que impon铆a la l贸gica capitalista, convirti茅ndolos tambi茅n en territorios de autonom铆a cultural y de organizaci贸n de sus resistencias, como explica James Scott en Los dominados y el arte de la resistencia.

Podemos remontarnos a los d铆as de la esclavitud (cuando quilombos y palenques eran espacios de libertad y revuelta), o aterrizar en nuestros d铆as (cuando los estadios de futbol, que fueron espacios diferenciados de la clase obrera, se convierten en mecanismos de acumulaci贸n por despojo y de la especulaci贸n financiera), para comprobar que la historia de las luchas es, tambi茅n, la de la destrucci贸n y la reproducci贸n de las diferencias de clase, color de piel, g茅neros y diversidades sexuales.

La guerra que hoy sufren los pueblos originarios y negros de todo el continente, los campesinos, las mujeres y los j贸venes que luchan, tiene por objetivo despojarlos de sus modos de vida y convertirlos en dependientes del capital. Para forzarnos a servir. Para convertirnos en esclavos asalariados, que por menos de un salario m铆nimo dedicamos nuestras vidas a lubricar la acumulaci贸n capitalista.

La brutal ofensiva contra los pueblos originarios, desde Chiapas y la sierra Tarahumara hasta el sur de Chile, se propone expulsarlos de sus tierras para convertirlas en mercanc铆as, ciertamente; pero tambi茅n porque en sus territorios los pueblos viven de modo heterog茅neo respecto del capitalismo. En este caso, territorio y diferencia est谩n anudados, y son los que permiten la continuidad de la resistencia.

En su 煤ltimo trabajo ( Ir m谩s all谩 de la piel, Tinta Lim贸n, p. 51), la feminista Silvia Federici destaca que durante la Gran Depresi贸n 鈥渟e esterilizaba a mujeres blancas de clase obrera cuando se las consideraba d茅biles mentales, categor铆a que empleaban los trabajadores sociales y los m茅dicos para etiquetar a las mujeres consideradas promiscuas y propensas a tener hijos fuera del matrimonio鈥. O sea, por ser diferentes respecto al modelo capitalista de mujer.

La diferencia, las diferencias, son potencialmente anticapitalistas, pero no de forma mec谩nica. En el mismo sentido, podemos asegurar que si no existen modos de vida, culturas y cosmovisiones diferentes a los hegem贸nicos, es imposible cualquier resistencia duradera, toda aspiraci贸n a cambiar el mundo y superar el capitalismo construyendo mundos-otros, nuevos y, sobre todo, diferentes.

Este punto ha sido enfatizado suficientemente por el Ej茅rcito Zapatista de Liberaci贸n Nacional.
La segunda cuesti贸n es que la diferencia no cae del cielo, no es un dato de la realidad, heredado o inamovible. Debe ser cultivada, defendida, profundizada, cada d铆a, cada hora, en resistencia contra quienes quieren eliminarla. El sistema lo hace de varios modos. Uno de ellos es la violencia y el cerco, como el que sufren tantas comunidades y bases de apoyo, como pudimos comprobar en Nuevo San Gregorio, en territorio del caracol 10.

De modo m谩s sutil, el capitalismo suele neutralizarnos con la tentaci贸n del consumo, que es una poderosa fuerza de atracci贸n de los j贸venes. El impulso a la migraci贸n, a dejar que de ser quienes somos, es un modo de suprimir las diferencias de abajo, complementario de la violencia descarnada.

Por todo esto, la lucha se produce en m煤ltiples frentes: en la defensa del territorio, en la afirmaci贸n de la cultura propia, en el empe帽o por no dejarnos arrastrar a modos de vida que nos quieren imponer para desfigurarnos como pueblos y como personas.

A mi modo de ver, la diferencia es el fuego sagrado que debemos proteger, cuidar, profundizar y multiplicar, cada d铆a de nuestras vidas.

fuente:
https://www.jornada.com.mx/notas/2022/11/18/politica/ser-diferentes-para/

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Fuente: Asociaciongerminal.org