October 26, 2021
De parte de Nodo50
170 puntos de vista


Investigador y ensayista gal茅s, fue uno de los fundadores de
la Escuela de Birmingham, que renov贸 las miradas sobre la cultura.

Raymond Williams naci贸 hace cien a帽os y del otro lado del
oc茅ano atl谩ntico. En apariencia, su mundo, el de la clase obrera en la
Inglaterra de comienzos del siglo XX gestado bajo el humo de las chimeneas y
las locomotoras, poco se parece al nuestro. Sin embargo, aunque su muerte se
produjo hace m谩s de treinta a帽os, en 1988, basta con recorrer algunos de sus
trabajos para advertir que las preocupaciones no son tan distintas, o que es
posible trazar una l铆nea de conexi贸n entre ese y este.

Si nuestro medioambiente se caracteriza por ser uno
hiperconectado, donde proliferan m煤ltiples miradas y opiniones sobre cualquier
tema, esto no garantiza su trato igualitario en el campo de la cultura. El
eurocentrismo, propio de la Ilustraci贸n, fue mutando en los 煤ltimos siglos
hasta encontrar su forma actual, algo que podr铆a definirse como urbanocentrismo
y que referir铆a al modo en el que ciertos intelectuales se endilgan saberes
acerca de los gustos y los consumos de las clases subalternas.

Este modus operandi se advierte cuando se analiza las
maneras en las que estas minor铆as suelen ser representadas en los medios de
comunicaci贸n. Las alternativas se presentan en forma de estereotipo o de
romantizaci贸n.

El 22 de marzo de 1895 Louis y Auguste Lumi猫re proyectaron
sobre una pantalla gigante el momento en el que los obreros sal铆an de la
f谩brica. Aunque la proyecci贸n dur贸 exactamente 46 segundos, ese acto dio origen
a uno de los fen贸menos t茅cnicos y culturales m谩s importantes de la contemporaneidad:
el cine.

Si los antecedentes t茅cnicos ya estaban en la fotograf铆a de
mediados del siglo pasado y en el praxinoscopio de Emile Reynaud (un carrousel
compuesto de dibujos que al moverse generaban la ilusi贸n de movimiento) los
culturales, en cambio, fueron m谩s novedosos.

Preguntas

As铆 como la imprenta posibilit贸 la impresi贸n de diarios,
revistas y fanzines, a lo largo de los siglos XVIII y XIX, el siglo XX permiti贸
el desarrollo de toda una tecnolog铆a puesta al servicio de un actor nuevo: las
audiencias. 驴Qu茅 y c贸mo comprender a un grupo reunido alrededor de una pantalla
o un parlante? 驴Qu茅 papeles cumplieron la pol铆tica, la publicidad y la ficci贸n
en la conformaci贸n de estos grupos de consumo?

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La historia de los medios, que tambi茅n es la historia de los
dispositivos, fue contestando estas preguntas de distintas maneras y en funci贸n
del contexto. Al fin y al cabo, su influencia no podr铆a pensarse de la misma
manera en el contexto de la crisis del 29 en Estados Unidos que en los albores
del nazismo en Alemania de la d茅cada del 30.

Sin embargo, a mediados de los cincuenta, en Inglaterra, una
cosa estaba clara: los medios de comunicaci贸n no pod铆an pensarse por fuera del
conglomerado maqu铆nico sobre el que se hab铆a gestado la revoluci贸n industrial
un siglo antes.

Los estudios culturales brit谩nicos, fueron iniciados en
Cambridge por, justamente, los hijos y los nietos de los obreros que hab铆an
podido acceder a la educaci贸n superior. Raymond Williams junto a Richard
Hoggart, Eduard Thompson y Stuart Hall sentaron las bases para un nuevo enfoque
en el an谩lisis medi谩tico a partir de sus propias experiencias y biograf铆as.

En The uses of literacy, traducido al espa帽ol con el
equ铆voco nombre de La cultura obrera en la sociedad de masas o en
franc茅s como La culture du pauvre (La cultura del pobre) y publicado
el mismo a帽o en el que los televisores empezaron a formar parte de la
arquitectura hogare帽a, Hoggart resaltaba los modos en los que las clases
populares resist铆an por medios de tradiciones, los embates de los mensajes
medi谩ticos, reinterpret谩ndolos desde sus propias pr谩cticas.

Al a帽o siguiente, Williams public贸 Culture and Society,
un trabajo donde opon铆a dos modos de vida: el abocado a la productividad y a la
adecuaci贸n del hombre a la m谩quina frente a uno m谩s artesanal asociado a las
costumbres y tradiciones del campesinado. A su manera, anticipaba las
preocupaciones actuales relacionadas con el cuidado del medioambiente y la
producci贸n a peque帽a escala.

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As铆, el trabajo ligado a la cultura no pod铆a, mejor dicho,
no deb铆a, perder de vista la escala humana que le hab铆a dado origen. Unos a帽os
m谩s tarde, Thompson publicar铆a The making of the English Working Class y
Stuart Hall har铆a lo propio con The popular arts donde se insistir铆a
en los lazos entre sociedad, cultura y pr谩cticas. Estos libros ser铆an los
pilares de la biblioteca del Centre of Contemporany Cultural Studies (CCCS) con
sede en la Universidad de Birmingham.

De este modo, Williams, Hoggart, Thompson y Hall no solo
fueron los padres fundadores de esta corriente, sino que ellos mismos encarnaron
las ideas. Despu茅s de todo demostraron, en carne propia, la posibilidad del
ascenso social y la evidencia de que la cr铆tica literaria deb铆a ocuparse
tambi茅n de producciones menos elitistas como el follet铆n, la historieta y otros
contenidos similares que hab铆an consumido a lo largo de su vida.

La televisi贸n est谩
aqu铆

La llegada de la televisi贸n 鈥揷omo s铆mbolo y como artefacto鈥
hizo m谩s evidente las relaciones ambiguas entre audiencias y contenidos. No
solo porque el modo de recepci贸n, ante un mismo mensaje, podr铆a despertar
reacciones contradictorias 鈥搎ue ir铆an desde la aceptaci贸n, hasta el rechazo,
pasando por la indiferencia鈥 sino que estas maneras de consumir no podr铆an
explicarse desde relaciones lineales entre clase social y gustos predeterminados.

Esta perspectiva intentaba cumplir con dos objetivos
relacionados: por un lado, diferenciarse de las tendencias norteamericanas que
le daban todo el poder al televidente y, por el otro, se hac铆an eco de las
lecturas marxistas dentro del continente.

Al igual que los herederos de la Escuela de Frankfurt en
Alemania o la corriente estructuralista en Francia, sosten铆an que para
comprender los fen贸menos sociales era necesario abandonar una perspectiva
determinista entre la base econ贸mica y los fen贸menos sociales de la
superestructura. La inadecuaci贸n entre ambas instancias no pod铆a ser pensando
como un problema a superar sino m谩s bien el modo de existencia de lo social.

El desajuste constitutivo entre las condiciones econ贸micas y
los fen贸menos sociales era el 煤nico modo de entender las din谩micas cambiantes,
la indeterminaci贸n y, por qu茅 no, la irrupci贸n de los acontecimientos. Este
punto de vista no solo pon铆a el acento en las condiciones reales de existencia
de las distintas clases sociales, lejos del idealismo, sino que adem谩s, les
otorgaba cierta autonom铆a de acci贸n.

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De alguna manera, la clase social no determinaba el destino,
solo suger铆a una trayectoria que pod铆a o no cumplirse. En el mejor de los casos
balizaba el punto de partida.

En esta l铆nea, Williams public贸, a mediados de los 60, The
long revolution. All铆 reafirmaba a la cultura como 鈥渆se proceso global a trav茅s
del cual las significaciones se construyen social e hist贸ricamente; la cultura
y el arte no son m谩s que una parte de la comunicaci贸n social鈥. As铆, se
advierten dos movimientos en simult谩neo: por un lado, desliga de manera
definitiva a la cultura de su definici贸n restringida a un consumo de elite y
por el otro reafirma su 鈥渕arxismo dislocado鈥.

La cultura no puede concebirse m谩s que como pr谩ctica anclada
y comprometida con un presente hist贸rico que, no obstante, carece de
determinaci贸n. Los sujetos sociales pivotear铆an entre su realidad hist贸rica y
su conciencia situada. El espacio que quedar铆a entre ambas instancias abrir铆a
un juego que explicar铆a la irrupci贸n del acontecimiento 鈥揷omo lo sucedido en
mayo del 68, por ejemplo鈥 as铆 como tambi茅n los movimientos sociales de largo
alcance.

De manera temprana, Williams advirti贸 que temas, en
apariencia diversos, como el feminismo, la ecolog铆a o el cambio clim谩tico
pod铆an formar parte de una agenda compartida, din谩mica y cambiante. No solo
porque los mismos interpelaban supuestos intereses subalternos, especialmente
cuando estos no formaban parte de casi ninguna agenda, sino porque evidenciaban
el agotamiento de un modelo tecnoc茅ntrico asociado con la fe en el progreso
ilimitado y la imposici贸n de un pensamiento hegem贸nico al que le dio el nombre
de 鈥渕odernismo鈥.

Si en la segunda mitad del siglo XX, los medios de
comunicaci贸n se desarrollaron conforme a un modelo hiperproductivo, si
contribuyeron a crear contenidos uniformes desconociendo las diferencias y
acoplando mensajes dentro de una enorme m谩quina de entretenimiento constante y
repetitiva, el retorno al pensamiento williamsiano adquiere el valor de rescate.

Y lo hace no solo porque insiste en la especificidad de los
consumos, en la recuperaci贸n de las tradiciones y el arte como pr谩ctica
pol铆tica, sino porque, y especialmente, le otorga voz propia a los que, en
general, no est谩n acostumbrados a hacerse o铆r. Desde esta perspectiva, las mal
llamadas minor铆as silenciosas, podr铆an alzar la voz por sobre quienes se han
arrogado el derecho de hablar por ellas.




Fuente: Contrahegemoniaweb.com.ar