October 22, 2021
De parte de Lobo Suelto
306 puntos de vista


El circo de la eliminaci贸n

鈥淓st谩 mirando el pa铆s entero鈥, dice Marley antes de anunciar que 煤ltimo el ganador de La voz argentina recibi贸 鈥渦nos dos millones de votos鈥. Dentro de la cuesta descendente que sufre el rating de la televisi贸n abierta en lo que va del siglo (de 34 a 19 puntos cay贸 el encendido entre 2000 y 2020), la importada nueva generaci贸n de reallity shows parecen resultar un basti贸n de resistencia, que no solo capta y sostiene audiencia, sino que, adem谩s, logra producir una corriente de atenci贸n m谩s all谩 del tiempo en que les espectadores miran la tele. Tele que genera tele, programas que hablan de otros programas, tele que genera posteos, comentarios y discusiones. Las noticias y an谩lisis y debates sobre los acontecimientos grabados en un estudio se instalan como parte de la Actualidad -esa agenda de asuntos productores inquietud, ansiedad, expectativa o alarma con la que, seg煤n Peter Sloterdijk, los medios reproducen un lazo social estresado. 

鈥淢e encanta la publicidad porque me encantan las mentiras; yo s茅 que el producto no me har谩 feliz cuando lo tenga, s茅 que no es cierto lo que muestran, pero me encanta ser feliz por esos treinta segundos en que todo se ve perfecto鈥, brome贸 Jerry Seinfeld cuando le dieron un premio Clio honorario. La intensidad tersa y plena que ofrecen las pantallas no necesita que se les crea. Por eso los 鈥渟hows de realidad鈥 implementan el falso vivo. Funciona, y no importa. Las plataformas de streaming acaparan por lejos las ficciones puras; la tele abierta se queda el espect谩culo sacrificial. El deseo de saber  que motorizan las series (propio de sujetos inf贸manos, como dice Chul-Han) puede organizarse personalizadamente, con cuidado del pecado spoiler: cada cual mira la serie cuando quiera. En cambio, el deseo de saber qui茅n es eliminadx, qui茅n es humilladx, y qui茅n pasa a la siguiente pantalla, necesitamos verlo en vivo, porque la suerte de alguien real est谩 en juego. Y porque luego qui茅n gana y qui茅n pierde ser谩 noticia. Es algo que est谩 pasando.  

驴Qu茅 es lo que pasa en un cuerpo social? Una lectura muy b谩sica se帽ala que, del conjunto de lo real, se produce un recorte que separa lo visible de lo invisibilizado. Los medios, entonces,  comunican para mostrar cosas y para no mostrar cosas. Pero adem谩s de un recorte, los medios producen, tambi茅n, su propia realidad -y, ac谩, la noci贸n misma de 鈥渞eallity鈥, es bien significativa: un show de vida real, pero de la realidad inventada por el show-. Ahora bien, 驴qu茅 necesita tener, la producci贸n de una realidad-show, para constituirse como parte de lo que pasa en un cuerpo social? Acaso necesita engarzar con algo del estado actual del cuerpo real y concreto de la poblaci贸n. M谩s all谩 de las denuncias cl谩sicas de manipulaci贸n y hegemon铆a, 驴qu茅 caracter铆sticas necesita tener en nuestra 茅poca un suceso comunicacional para hacerse un lugar reproducido en la exprimida atenci贸n de los cerebros multiudinales?

El p谩ginas c茅lebres, Michel Foucault afirm贸 que el dispositivo clave de la instituci贸n de encierro disciplinaria (la escuela, el hospital, etc) era el examen. Porque el examen reun铆a los dos procedimientos fundamentales del tipo de producci贸n subjetiva espec铆fica de dicha institucionalidad: la inspecci贸n jer谩rquica y la sanci贸n normalizadora. El sujeto es visible por y para la autoridad en tanto est谩 dentro de la instituci贸n; y se le subrayan sus faltas respecto del ideal debido, al que debe orientarse. Los reallitys de nueva generaci贸n, m谩s all谩 de inscribirse en la 鈥渋nversi贸n del pan贸ptico鈥 (donde la dominaci贸n no solo 鈥渕ira鈥 a la poblaci贸n sino que sujeta mediante centros que acaparan las miradas masivas), hacen algo distinto con la escena del juicio y castigo: la inspecci贸n es jer谩rquica pero abierta al p煤blico, y la sanci贸n no tanto -o no solo- 鈥渘ormalizadora鈥 sino eliminatoria. Esa agon铆stica produce una implicaci贸n afectiva fuerte con el programa. 

Pero los espectadores no nos identificamos solo con los aspirantes, que cocinan o cantan, sino incluso m谩s a煤n con los jurados: los jurados est谩n ah铆 para ser juzgados por lxs espectadores, lo cual es f谩cil de ver y o铆r en los foros y comentarios que pululan por internet, repletos de opiniones -muchas indignadas- sobre si est谩 bien o mal lo que hizo tal o cual jurado鈥 Porque la intensidad libidinal movilizada apunta a lo que har铆a uno, espectador, como jurado; lo que har铆a, uno, si adem谩s de mirada tuviera poder. El show de realidad, o la realidad-show, ofrece crispar el nervio del juez -y del verdugo- que llevamos adentro. 

Ese enano verdugo, ese goce verdugueante, tiene una genealog铆a larga y ancha; pero tambi茅n tiene su forma y cauce actual. Con la televisi贸n se forj贸, a帽os ha, una operaci贸n constitutiva de la subjetividad contempor谩nea, el zapping. El zapping, una deriva descomprometida, permit铆a 鈥渆liminar鈥 un canal: adi贸s. Un sujeto formado ante la tele puede, en un teatro por ejemplo (o en una pareja, o鈥), sentirse aprisionado; porque las operaciones y movimientos forman subjetividad, modos de hacer, de pensar, de percibir. Las redes sociales, la virtualidad y el regimen de conectividad en general, dan lugar a sus propias operaciones y reglas vinculares, donde se puede directamente bloquear a alguien -no solo a un canal-, o mutearlo, o eliminarlo de mi scroll (de mi recorte de 鈥渓o que pasa鈥), en fin, hacer que deje de existir para m铆 en esa esfera de existencia. Cancelar, suprimir, eliminar: operaciones de la vida digitalizada, que, como toda operaci贸n t茅cnica multitudinal y sostenida, forja subjetividad; de all铆 que se hable de 鈥渓a cultura de la cancelaci贸n鈥. Extendemos al plano vincular y social lo que incorpor贸 el cuerpo adiestrado en las diversas formas de presionar delete, as铆, sin m谩s.

Por otra parte, particularmente los shows de enjuiciar gente cocinando, introducen una gama de personajes, competidores, m谩s amplia que la del juvenilismo m谩s o menos can贸nico que ten铆a por ejemplo Gran hermano. Esto expande el rango dram谩tico: se escenifica la fragilidad, la pedanter铆a, la ternura, la picard铆a, el arribismo, el talento, el esfuerzo, la violencia propietarista (el caso de Caniggia hijo), el cinismo, etc茅tera. Desplegada la tipolog铆a, adherimos a quienes m谩s nos gusten, tomamos partido -juzgamos-, con la l贸gica binaria de lo medi谩tico: s铆-o-no. Sin ambivalencias, ni complejidades. Zarathustra dec铆a que 鈥渟olo en el mercado le exigen a uno que responda 鈥榮铆 o no鈥欌. En la velocidad medi谩tica tambi茅n. Es elemental observar que en la experiencia, en el territorio propio de la experiencia subjetiva, en las situaciones y proceso donde alguien est谩 implicado, involucrado, las complejidades son mayores y no es tan f谩cil tomar partido limpiamente. Uno se enoja con alguien, despu茅s se acerca, hay motivos de disgusto, tambi茅n de afecto; un vecino que te cae mal despu茅s te da una mano impensada, etc茅tera. La vida como experiencia es compleja, 驴verdad de perogrullo? Pero la industria de la realidad show y el juicio binario ofrecen un descanso. Nos relajamos en el juicio binario, en la simplificaci贸n de los r贸tulos. En la sencilla eliminaci贸n de lo que no va. As铆, ofreciendo la realizaci贸n en show de los sue帽os y los pavores, el circo de virtudes y sacrificios organiza un descanso nervioso, el descanso propio de la subjetividad vertebrada por el estr茅s. 

El final se sabe de antemano; se sabe lo que va a pasar, aunque no exactamente a qui茅n. Un final hecho de final, o sea de muerte, o 鈥渆liminaci贸n鈥, y de un cuerpo exceptuado de ese destino com煤n, un cuerpo que recibe la consagraci贸n. Pero la con-sacraci贸n tambi茅n es la salida de un cuerpo del plano com煤n de los mortales, solo que no cayendo al pozo sino ascendiendo al cielo estrellado. Llegaste. Por supuesto, su rutilancia obnubilante no escapa a la obsolescencia programada: las estrellas fugaces deben pasar para que quepan nuevas. El olvido es una operaci贸n necesaria para habitar el ambiente medi谩tico en que vivimos: la saturaci贸n desbordante de novedades, mensajes, noticias, solicitudes de atenci贸n, es una fuerza efectiva de olvido, porque necesita lugar disponible. Pero el destino de olvido no desmiente el cumplimiento de los sue帽os (la ret贸rica de los 鈥渟ue帽os鈥, y cumplirlos, est谩 muy presente en La voz argentina). El sue帽o es estar ah铆, y quiz谩 la plata que se lleva quien gana un reallity le paga el olvido que tiene pr谩cticamente asegurado. Como una indenmizaci贸n por su retorno a la condici贸n de los mortales, de los comunes.  

A lo que estos programas mantienen de espec铆ficamente televisivo y, adem谩s, le a帽aden, pues, a la tele algo bien propio de la subjetividad medi谩tica contempor谩nea formada en los patrones conectivos. Shows de la cancelaci贸n, de la eliminaci贸n, donde la c煤spide del goce y la intensidad est谩 en la expulsi贸n de alguien, suprimirlo de la -esa- realidad. En el medio, canciones, entretenimiento, platos de comida (el fetiche de la imagen de comida gourmet en tiempos de emergencia alimentaria), conductores simp谩ticamente autoritarios -coordinadores del tiempo, al fin-. Horacio Gonz谩lez se帽al贸 que la mal llamada caja boba es heredera del circo: diversi贸n estridente con un elenco de cuerpos m谩s o menos freaks (por alguna virtud especial o por el devenir-mu帽eco que la tele produce en el cuerpo), un animador que conduce, un pulgar que puede virar hacia abajo y chau. La decisi贸n siempre es motivo de ulteriores debate. Porque la decisi贸n de los jueces, esos rostros impert茅rritos -Dolli Irigoyen, German Martitegui-, esos primeros planos que subrayan caricaturalmente lo que no se ve -el pensamiento, la deliberaci贸n intra craneana-, en ese instante de misterio, o m谩s prosaica expectativa, previo al veredicto, espectacularizan el fondo arbitrario -terror铆fico y fascinante- de todo poder establecido. 




Fuente: Lobosuelto.com