February 7, 2023
De parte de Asociacion Germinal
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Recensi贸n-res煤men 鈥淒inero sucio. El poder real de la cleptocracia en el mundo鈥 Tom Burgis

La lucha entre el dinero sucio y el limpio la ha ganado el dinero sucio. Esta obra trata sobre el crimen financiero global y las alianzas entre clept贸cratas.

Hay dos mundos que coexisten gracias a la fuerza de lo secreto: uno ficticio, en el que los gobiernos intentan defender los valores de los ciudadanos y los derechos democr谩ticos, y otro real, en el que se mezclan los intereses del Estado y de las 茅lites econ贸micas. Este libro es una ventana al mundo real, aquel en que los pol铆ticos y los servicios de inteligencia y seguridad nacional se4 codean con organizaciones criminales, y en el que las agencias de control financiero contribuyen a la opacidad de cuentas de multimillonarios, dictadores y mafiosos cuyo dinero corrupto est谩 socavando las instituciones. Esta obra nos  muestra no solo los entresijos del dinero turbio, sino tambi茅n los nexos entre quienes operan y se enriquecen con ese capital il铆cito. Hay una red de dinero negro que inunda la econom铆a mundial, una lectura imprescindible en tiempos de evasi贸n fiscal, blanqueo de capitales y tr谩fico de influencias.

Las actividades de los bancos suizos consiguen que los atracos a bancos resulten delitos menores. El llamado secreto financiero estaba ocultando la mayor estafa del mundo. Los banqueros que ofrec铆an ese secretismo estaban propiciando el expolio de las arcas p煤blicas en todo el mundo. Ese expolio, con su origen borrado, estaba entrando en aquel momento a espuertas en las econom铆as occidentales, donde gozar铆a de la protecci贸n de los derechos de  propiedad y del Estado de Derecho. Ya en 1999, el senador Carl Levin hab铆a publicado una estimaci贸n de la suma total del dinero que era producto de un delito- los beneficios de cualquier cosa, desde el robo a un banco a un soborno- y que se blanqueaba en todo el mundo: ascend铆a a un bill贸n de d贸lares al a帽o. La mitad de ese lavado se llevaba a cabo en Estados Unidos y equival铆a al doble del presupuesto de la organizaci贸n m谩s poderosa de la tierra, el ej茅rcito de estados Unidos. Por mucho que algunos de los expoliadores se hundiera,, por mucho que algunos de ellos permaneciera, exist铆a una maquinaria que garantizaba que ellos, o quienquiera que los sucediera , pudieran seguir transformando el poder en dinero y largarse con 茅l. La maquinaria estaba corrupta y, al mismo tiempo, corromp铆a. La pieza maestra de su mecanismo se encontraba en la City de Londres.

Las autoridades fiscalizadoras bancarias no estaban  vigilando a los financieros, sino protegi茅ndolos. Estaba financiada por los bancos, su sede se encontraba rodeada de las de ellos. La mayor铆a de la gente en estas organizaciones est谩 en contacto con la industria. Y toda esta gente est谩 buscando trabajo en la industria. Los trabajadores consideran que su  trabajo consist铆a en eliminar  los obst谩culos para el traslado y la multiplicaci贸n del dinero. Se colabora con las firmas para sacarlas de situaciones dif铆ciles. Los bancos pod铆an gestionar los beneficios del crimen y esto no era considerado  una conducta impropia para la City de Londres. Lo importante era el relato de lo que se contaba, el relato que se proyectaba al mundo. Eso era lo que marcaba la diferencia de humor, lo que determinaba qui茅n era Jekyll y qui茅n era Hyde. El vocabulario de las historias sobre el dinero serv铆a a aquellos que lo ten铆an en cantidad: el monto se describ铆a como su 鈥渕茅rito鈥. Y las historias sobre el dinero, las importantes, no eran en realidad historias sobre el dinero. Eran historias sobre el poder. Pero el dinero era algo que se permit铆a coger sin m谩s, mientras que el poder se supon铆a que era conferido. Uno no quer铆a ser un personaje que acumulara poder. En cambio, el que acumulaba dinero鈥 Eso hac铆a de ti una estrella. Eso demostraba que el dinero era poder disfrazado. Muchos de los clientes de los bancos suizos eran  etiquetados como 鈥淧EP鈥, 鈥減ersonas expuestas pol铆ticamente鈥. Adem谩s de unos cuantos brit谩nicos, hab铆a europeos, rusos, libaneses, centroasi谩ticos y la realeza 谩rabe. Algunos eran 鈥渙ligarcas鈥, otra palabra para alguien que es muy rico gracias  a que goza del favor de un gobernante. En los bancos suizos se da servicio a oligarcas,  a 鈥渇uncionarios federales y municipales, oficiales del ej茅rcito, 贸rganos de seguridad, etc茅tera鈥, que tienen una 鈥済ran dependencia de una red pol铆tica personal鈥 y que requieren un 鈥渆levado grado de confidencialidad(鈥) para evitar la publicidad negativa y evitar presiones鈥. En este mundo,  las disputas no se libraban entre religiones , sino por el poder econ贸mico, entre el corrupto y el no corrupto.

El problema fundamental persist铆a. La globalizaci贸n  significaba la coexistencia del Gobierno por medio del robo con el Estado de derecho. Era como china y Hong-Kong:  un pa铆s, dos sistemas, s贸lo que a nivel mundial. Semejante tensi贸n no pod铆a sostenerse indefinidamente. Uno de los sistemas tendr铆a que prevalecer, dejando al otro en mera fachada. Enn la d茅cada del diez del siglo XXI hab铆a occidentales del nivel de los dictadores que compart铆an con ellos su gran empresa: la privatizaci贸n del poder.

Unos a帽os despu茅s de la crisis de 2008 la l贸gica de la City estaba regresando: impunidad para todo. En Washington la comisi贸n de investigaci贸n del senador Levin  hab铆a proclamado que lo que el llamaba una cultura 鈥減enetrantemente contaminada鈥 en el HSBC hab铆a permitido a los banqueros blanquear dinero de los carteles de la droga, terroristas y d茅spotas. La magnitud del lavado de dinero y la evasi贸n fiscal que facilitaban los bancos suizos a nivel mundial convierten a esta actividad en el crimen financiero m谩s grande, de lejos, del que jam谩s se haya tenido noticia.

Con Trump en la Casa Blanca la genialidad que ten铆an los nuevos clept贸cratas era que hicieron un uso muy avezado de la 鈥減resunci贸n de regularidad鈥. Si un Estado actuaba o hablaba, ese acto se presum铆a leg铆timo, una expresi贸n de la soberan铆a, como si los propios pa铆ses fuesen personas irreprochables. Pero los nuevos clept贸cratas estaban socavando el Estado, usando sus instituciones contra s铆 mismo, para quedarse con aquello que pertenec铆a por derecho propio  la comunidad. La corrupci贸n ya no era un s铆ntoma de un Estado fallido, sino de un Estado que lograba el 茅xito en su nuevo objetivo. El orden p煤blico, la pol铆tica exterior, la seguridad nacional: estas eran para  los clept贸cratas lo que las sociedades pantalla eran para el blanqueo de dinero.

La 煤nica clase de justicia permitida en las cleptocracias era la selectiva. Los acusados eran chivos expiatorios, sacrificios necesarios para que las cleptocracias mantengan la ilusi贸n de que cumplen su funci贸n de servir a cualquier inter茅s distinto del de quien se hace cn el poder por la fuerza. En todo el mundo, la corrupci贸n se ha convertido en el mecanismo principal que da impulso al poder.

A d铆a de hoy, los clept贸cratas del mundo se estaban uniendo. A medida que acaparaban secretismo, los clept贸cratas se dispusieron a cosechar privacidad. La covid-19 les cay贸 del cielo. Era el pretexto perfecto para atribuirse facultades arrolladoras, expandir los estados de la vigilancia y vaciar erarios p煤blicos con menos escrutinio a煤n del habitual. Estos clept贸cratas internacionales  formaron unas nuevas cinco familias: los nacionalistas, los brit谩nicos, los espigantes, los petroleros y el partido.

Los nacionalistas se proclaman salvadores  de las naciones asediadas mientras supervisan  el expolio de dichas naciones. Hay que limpiar la casa, a煤llan, mientras se revuelcan en la mugre. Han arraigado en Europa Central, Europa del Este y Rusia, con imitadores en todos los continentes: Bolsonaro en Brasil, Duterte en filipinas, Erdogan en Turqu铆a, Netanyahu en Israel, Maduro en Venezuela, Trump en EEUU. Izquierda y derecha: eso es solo su disfraz. La mafia quedar铆a admirada ante la lealtad que inspiran. Los que se resisten a ellos creen que, cuando se vayan, las instituciones que han distorsionado recuperar谩n inmediatamente su forma original. Pero al igual que un par谩sito modifica la c茅lula que invade , as铆 es como el poder cleptocr谩tico transforma a su hu茅sped. Aquellos que utilizan su cargo p煤blico para robar deben aferrarse  a 茅l no s贸lo para tener ocasi贸n de  seguir acumulando riqueza, sino para mantener la inmunidad frente a las acciones legales que de 茅l pueden derivarse.

Los brit谩nicos contin煤an con su prolongado  desvanecimiento del poder imperial y su fusi贸n con la red global del secreto financiero vinculado a la City de Londres, y poni茅ndose al servicio de nuevos poderes privados. Sus nuevos gobernantes populistas obtienen dinero  e inspiraci贸n del Mosc煤 postsovi茅tico.

Los espigantes-esp铆as y mangantes en una uni贸n indistinguible- tambi茅n tienen a M9osc煤 como base. No obstante, estos espigantes son verdaderos globalistas. En Washington, en Londres, en Par铆s, el esp铆ritu de seguridad nacional ha cedido el paso al principio del beneficio. Algunas veces los agentes de inteligencia  ni siquiera esperan a su jubilaci贸n anticipada para aceptar clientes privados.

Los petroleros cuentan con un mecanismo para decretar el precio que cobran por el petr贸leo que les roban a los pa铆ses que han invadido  desde dentro: lo llaman OPEP.

El partido Comunista Chino es insaciable. Dinero, territorio, tecnolog铆a, sus l铆deres en Pek铆n lo quieren todo, no habr谩 tolerancia con la resistencia, desde luego no para los hongkoneses pintorescamente apegados a nociones antiguas de libertad.

El partido, los nacionalistas,  los brit谩nicos, los petroleros y los espigantes son como los clanes de la Cosa Nostra  que vinieron antes que ellos. A primera vista son rivales. Pero en el fondo est谩n embarcados en una empresa com煤n; hacerse con el poder vali茅ndose del miedo y de la fuerza del dinero, para despu茅s privatizar ese poder. Como se ha afirmado de la clase dirigente brit谩nica,  forman un comit茅 que nunca tiene necesidad de reunirse. Tienen a sus 鈥渙tros鈥, en contra de los cuales unen a una poblaci贸n de  cuyos intereses no pueden decirse representantes. Les vale con los uigures, los mexicanos, los musulmanes, los refugiados, los jud铆os.

Quiz谩 lo que los mueva a todos es el miedo: el miedo a que de pronto no haya suficiente para seguir en pie, a que en un planeta en ebullici贸n se acerque el momento en que aquellos  que han cosechado todo lo que han podido para s铆 mismos se liberen de los muchos, de los otros. Solo puedes estar en un bando si quieres salvarte de la destrucci贸n;  el suyo. O est谩s con los cleptonianos o en contra de ellos. La tierra no puede mantenernos a todos. Estamos aprovision谩ndonos, estaremos listos. 驴Quieres comenzar a amar la cleptop铆a y que te acoja intramuros? 驴O prefieres estar fuera, en los campos que antes llam谩bamos 鈥渆l com煤n鈥, indefenso cuando suban las aguas? Elige.

Alfredo Velasco

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Fuente: Asociaciongerminal.org