May 28, 2021
De parte de Indymedia Argentina
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Recuerdos del Cordobazo. Entrevistas a Abel Bohovslasky, Cristina Martín y Soledad García (protagonistas), Daniel Omar de Lucía (historiador) y Silvio Schachter (ensayista)

“Luche, luche, luche no deje de luchar por un gobierno obrero, obrero y popular”

Mario Hernandez

 

A.B.: Yo he recorrido mucho América Latina y tuve la oportunidad de escuchar a muchos dirigentes obreros, campesinos, populares y revolucionarios. A Tosco lo conocí personalmente en 1966. Antes del golpe militar que precedió a nuestra gran sublevación. Era vibrante. Nunca pensé que iba a hablar en su funeral. Yo lo comparaba, cuando fui por distintos lugares de América escuchaba por radio a Salvador Allende, muchísimo a Fidel Castro, menos al Che Guevara porque no lo difundieron tanto, y en México tuve la oportunidad de conocer a Juan Mari Bras, el líder del Partido Socialista puertorriqueño que era un brillantísimo orador, en un congreso.

Para mí los tres mejores oradores de Nuestramérica fueron Fidel Castro, Juan Mari Bras y Agustín Tosco y si tengo que elegir, sigo eligiendo a Agustín Tosco.

M.H.: Hiciste una reseña sobre el Cordobazo, me gustaría que la compartas.

A.B.: Sí, hice varias reseñas. El Cordobazo se inicia como una huelga general convocada por reivindicaciones inmediatas, fundamentalmente la eliminación del sábado inglés, que intentó la dictadura, y la vigencia de las quitas zonales metalúrgicas.

El sábado ingles era una modalidad de trabajo, una conquista obrera en la cual se trabajaban 44 horas semanales pero se cobraban 48, aunque en la gran industria de la época fordista/taylorista, como era la automotriz cordobesa, en realidad no se trabajaba el sábado, se trabajaba de lunes a viernes 8 horas y 40 minutos y así se completaban las 44 horas semanales. La dictadura eliminó eso.

Esa fue una de las grandes reivindicaciones que motorizó a los compañeros automotrices del Smata. Recién lo escuchábamos a Tosco, ¿cuándo escucharon a un dirigente sindical que además de hablar así diga que los compañeros de otro gremio son la vanguardia? Y acababa de decir que los obreros automotrices, que no eran de su gremio que era electricista, eran la vanguardia.

Estaban las quitas zonales por las cuales, para simplificar, a los obreros de las metalúrgicas de Córdoba y otras provincias se les hacía una quita de acuerdo a una escala que se había inventado desde el punto de vista empresarial y con la dictadura. Esas eran las reivindicaciones económicas inmediatas.

Hay también un componente político anti dictatorial que es fundamental, porque más allá de las urgencias económicas de las conquistas que la dictadura estaba quitando, el componente político no puede ser dejado de lado y tiene antecedentes en Córdoba desde la resistencia al golpe gorila de 1955 hasta 1966 con la primera gran rebelión universitaria, que en la víctima de Santiago Pampillón simboliza la unión obrera estudiantil, porque Pampillón era estudiante de ingeniería, obrero de Kaiser y subdelegado de Smata.

Pero este es el programa de la huelga, como generalmente lo tienen, las huelgas son políticas como todas las huelgas generales. Pero se había decretado un paro nacional de 24 horas para el 30 de mayo y las dos CGT de Córdoba acuerdan hacerlo de 37 movilizando desde las 11:00 del día anterior y parando. Después se suceden las movilizaciones.

El lema fundamental que se canta en la calle es “Abajo la dictadura” y un estribillo que era de unos pocos pero que se masificó, el famoso “luche, luche, luche no deje de luchar por un gobierno obrero, obrero y popular”. Ese estribillo le dio el sentido histórico que tuvo esa sublevación.

Nosotros nos criamos políticamente en esa época. Quiero recordar que hubo consejos de guerra, que eran tribunales militares. Tosco y un montón más fueron a parar a las cárceles con sentencias militares. Esto había ocurrido dos semanas antes en Rosario. Y toda la política de la dictadura instalada en el 66 se dirigía en ese sentido.

Hay un reciente libro que se llama El torno y la molo que recoge un montón de testimonios y yo voy a publicar otra reseña dentro de poco y empiezo con un parte de un teniente después de las 17:00 cuando empieza a intervenir el Ejército. Traigo estas anécdotas para decirles que el Cordobazo y la lucha sindical reivindicativa la tuvimos que hacer en condiciones de guerra. No pierdan esta perspectiva, porque cuando se analiza el Cordobazo muchas veces se oculta. Había una guerra civil.

 

“Lo importante es que la acción haya tenido lugar mientras que todo el mundo la creía impensable. Si tuvo lugar esta vez, puede volver a producirse” (Jean Paul Sartre)

 

M.H.: Podríamos decir: cuando obreros y estudiantes desafiaron al poder.

D.O.dL: Sí, en distintos contextos. Hay un momento mundial en 1968, que de alguna manera el Cordobazo de Argentina un año después lo integra. Es un momento donde la ofensiva revolucionaria toma características planetarias, en los países desarrolladas en huelgas generales de tipo primavera democrática que se expresa en el Mayo francés fundamentalmente, pero no exclusivamente; lo que serían los países del este, los regímenes de Estado obrero, movimientos como los de ese año en Checoslovaquia, como desafío a la burocracia en el poder y la modalidad con características según sus contextos en el mundo subdesarrollado, que puede ir desde la guerra abierta en el caso de Vietnam, los levantamientos urbanos de obreros,  estudiantes y otros sectores que también tomaron características cuasi bélicas. Como señalaba Abel, yo soy un poco más cuidadoso en la caracterización, no me refiero a guerra civil pero, evidentemente, había una conflictividad que excedía lo tradicional en ese contexto.

Es un momento en el que la revolución es mundial y tiene este triángulo de características, la huelga tipo primavera democrática en los países desarrollados capitalistas, el movimiento antiburocrático de masas en los países de Estados burocráticos y en el Tercer Mundo la huelga antiimperialista, anti dictatorial, insurreccional como guerra abierta en países como Vietnam, etc., y con características un poco más difusas en una sociedad como la nuestra que es semicolonial.

M.H.: Un filósofo que está muy de moda, Zizek, dice que en realidad el 68 es el punto de partida de una contrarrevolución que anunciaba la era del individualismo y la dictadura del mercado.

D.O.dL.: Eso es tomar la parte por el todo. Esta es una vieja discusión. Es un hecho concreto que en el 68 los movimientos perdieron empuje y mirando una perspectiva de 10/20 años hay un retroceso revolucionario. No sé si corresponde decir que la responsabilidad de esto son los movimientos del 68.

Los movimientos fueron derrotados, de ahí a ser la causa de ese rebrote es muy exagerado. Insisto con lo de tomar la parte por el todo, porque si vamos a hacer un análisis simplista y empirista, se puede decir que la mayor parte de esos dirigentes juveniles terminaron en cualquier cosa. Centrarse en eso es muy pobre, le da alguna entidad empírica qué grado de claridad había al hacer política en esa época pero me parece que no sirve para juzgar al movimiento en su conjunto. Es pobre y, por otro lado, no es inocente ese planteo.

M.H.: Voy a citar a Sartre. “Lo importante es que la acción haya tenido lugar mientras que todo el mundo la creía impensable. Si tuvo lugar esta vez, puede volver a producirse”.

D.O.dL.: Ese es un concepto muy interesante, porque justamente el 68 es algo que en el contexto del Estado de bienestar de posguerra no era lo que se suponía que iba a pasar y pasó. Muestra que nadie tiene comprada la historia ni cerrados los discursos. Decir que va a pasar de vuelta sería caer en un ultimatismo sin base, pero lo interesante es que si un sistema y una realidad tan sólida como la del Estado de bienestar de la posguerra a la que los países desarrollados tuvieron que enfrentarse por diferentes contradicciones y se vieron de esa manera, quiere decir que no hay nada que no pueda llegar a ser contestado.

Sin caer en el determinismo, si se trabaja, si se lucha y se crean las mejores posibilidades para que eso pueda ser contestado. En ese sentido creo que la frase de Sartre, si bien no hay que tomarlo como una profecía ni mucho menos, es evidentemente algo que tiene una entidad.

A.B.: Dicen que Sartre se refiere a la Francia del 68 y el contexto que le daba el compañero que me parece acertado, esta rebelión que el capitalismo llamó Estado de bienestar en aquella época, en Europa.

Hace 10 años cuando se cumplieron los 40 años del Cordobazo me invitaron a la televisión en Canal América. Estábamos haciendo esta descripción a dos periodistas bastante ignorantes y muy prejuiciosos. Yo iba relatando esto y me preguntó dos cosas, primero, si los obreros de la Kaiser y los de las automotrices no eran los mejor pagos, a lo que respondí que sí y que precisamente por eso el Cordobazo pudo ser lo que fue, porque la parte de mejor empleo y de mayor proximidad con la tecnología de la producción de aquel momento, a lo que Tosco se refiere en su discurso, que los compañeros de las automotrices eran la vanguardia.

La ideología, la politiquería y la publicidad burguesa suelen decir que la izquierda dice que cuanto peor, mejor. Eso es lo que dicen ellos que decimos nosotros, y es parte de la lucha ideológica permanente. Una clase obrera en mejores condiciones materiales tiene mejores condiciones para la lucha, que no quepa la menor duda. El sector de Luz y Fuerza también era un sector de buena remuneración. Entonces son muchas falacias, el famoso Estado de bienestar o las mejores condiciones no eximen, pero además explican la contundencia, la virulencia de este sector obrero que cuando le vienen a arrebatar una parte, reacciona como reacciona y se la vienen a quitar no con mecanismos legislativos como se está haciendo ahora que estamos perdiendo hace rato, sino con dictaduras y además con una dictadura que se instala con una estrategia contrainsurgente. Estrategia que por otra parte es internacional.

A ese contexto que el compañero señaló, haría falta agregarle un poquito más, la Revolución cubana, que fue apenas 10 años antes del Cordobazo, provoca un impulso, una expectativa, independientemente de cómo iba la revolución internamente porque de eso sabíamos poco, pero el impulso de que la revolución era posible. Y cabe aclarar que cuando hablamos de revolución, lo hacemos de revoluciones socialistas, no de caricaturas de revolución.

En ese contexto internacional se presenta una estrategia contrainsurgente de una dictadura que se propone conculcar derechos con métodos mucho más violentos que los que usó la del 55. Pero es una continuidad.

Contradictoriamente la dictadura de 1955 se inicia con bombardeos, fusilamientos,  y la dictadura de Onganía debuta con una aparente pasividad y con el contexto en el que no solamente apoyaban la Unión Industrial, la Sociedad Rural, la Confederación General Económica de un tal José Ber Gelbard. Lo menciono porque ahora está de moda evocarlo. Gelbard estuvo en la jura de Onganía junto con toda la burocracia sindical, no solamente Augusto Vandor, de la 62 Organizaciones, sino también José Alonso de la 62 de Pie, estuvo todo el secretariado de la CGT, Prado que era de Luz y Fuerza, la Federación que desafilió al sindicato de Tosco de Córdoba, Taccone, Rogelio Coria, Cavalli el petrolero de la huelga del 68 de Ensenada, Armando March el predecesor de Cavallieri con quien se educó, Gerónimo Izeta de los municipales.

En ese contexto de alianza empresarial, burocrática, militar, fue cuando se empiezan a atacar las conquistas obreras y se las ataca con ferocidad militar. En otro momento discutimos qué pasa cuando la clase capitalista, para resolver sus problemas tiene que recurrir a este tipo de políticas, no a leyes y qué significa una política que es más que represiva, por eso digo que es una política contrainsurgente, es que se había dado una política de guerra.

D.O.dL: Esto que señala el compañero de los trabajadores bien pagos también se da un poco en el contexto internacional. En el 68 francés y las huelgas italianas del 69 son los trabajadores de la línea de producción que salen desde el conflicto de la fábrica al conflicto de la calle. Eso se ha dado acá, en el caso de las automotrices, por ejemplo, que dicho sea de paso eso lo trabajó James Brennan, que muchas de las fábricas que había en el parque industrial cordobés estaban casi copiadas del molde que tenían en Italia la Fiat y otras empresas, usando la mano de obra de los trabajadores del sur de Italia migrantes, como para reproducirlo acá.

Ese contexto se da en los países más industrializados, donde la vanguardia ante estos conflictos se da no precisamente desde los trabajadores más precarizados.

M.H.: Estamos hablando con Daniel Omar de Lucía, autor de Del sueño a la vigilia. Estudios sobre los movimientos en torno a 1968 que no solamente aborda el conflicto internacional sino que también tiene un capítulo dedicado a los comuneros de San Telmo.

D.O.d.L: Lo que era la vanguardia artística de la época en la Argentina que no se relaciona tanto con el movimiento de clases, pero hace a una nueva mentalidad, cierto movimiento de nueva izquierda no autoritaria que se dio acá.

M.H.: Luego dos temas, uno muy poco conocido, que es el 68 yugoeslavo y lo que considero un gran trabajo que es el análisis del mayo japonés. Ahí hay un cruce muy interesante que aborda la lucha pero cruzada con la literatura, el cine.

D.O.dL.: Hablando de una sociedad como la japonesa que tiene otro tipo de modernidad y otro tipo de relaciones. Todo lo que estábamos hablando del fordismo y el contexto, en Japón es otro modo de acumulación el que entra en conflicto. No es tanta la presencia obrera en Japón, más bien la estudiantil. No obstante, el toyotismo, que se estaba formando también, se enfrentó con sus contradicciones y más de una vez.

El sindicalismo clasista y la insurgencia armada estaban incubándose

 

A.B.: Soledad García, la compañera cordobesa explicó muy bien que el Cordobazo abrió una época. Con las características que decimos, quiero señalar que el sentido de la época es el del estribillo que mencionamos antes, no nos debemos cansar de repetir, porque las historias oficiales lo ocultan.

No van a ver ninguna reivindicación formal burocrática del Cordobazo, porque es el que le dio la perspectiva histórica, la lucha por un gobierno obrero y popular. Abrió la época de una revolución social, con ese contenido de clase del que estamos hablando, y esto es lo principal para tenerlo como perspectiva histórica, la época, el 69 abre una época, cambia la relación de fuerzas, permite desenvolver dos fenómenos incubados, digo incubados porque antes del Cordobazo existía el sindicalismo clasista, pero era muy incipiente, poco desarrollado, estaba más desarrollado en la FOTIA, en la industria tucumana azucarera, en los sindicatos de base.

Siempre recordamos eso porque cuando la dictadura de Onganía sube al poder, previo, desarrollaron por los medios de propaganda de esa época, sobre todo las revistas, los semanarios y los diarios, había dos caballitos de batalla, uno era “el polvorín tucumano” que era la lucha de los obreros azucareros, y allí había sindicatos clasistas o sindicatos conducidos por dirigentes clasistas. Leandro Fote, poco conocido y poco mencionado, era dirigente del ingenio San José y además era militante revolucionario desde muy joven.

Leandro Fote fue el primer diputado trotskista de América, no fue Luis Zamora. Leandro Fote surge como diputado provincial en 1965, poco antes de que conculque la democracia formal y lleva adelante un proyecto de ley que se llamó la Ley Fote, que es una ley de reivindicaciones del campesinado azucarero pobre, cañero. Estos son antecedentes. Además Fote era militante desde muy joven de Palabra Obrera que en Tucumán se fusiona con el Frente Revolucionario Indoamericano y Popular y fundan el Partido Revolucionario de los Trabajadores.

D.O.dL.: ¿Por qué lista fue diputado?

A.B.: Por la Alianza Provincial que era un sello neo peronista donde se colaban los candidatos obreros. Fueron elegidos en asamblea de los sindicatos como candidatos y entraban en la lista de un partido provincial que combinaba elementos populares con elementos muy  reaccionarios como Riera.

Más allá de esto y lo que pueda analizarse críticamente, el hecho ocurrió y Fote era un sindicalista clasista que se estaba incubando. Después podemos hablar de la Felipe Vallese en Córdoba y cómo estaba compuesta, que fue otra de las agrupaciones clasistas previas al Cordobazo. Y en la misma figura de Leandro Fote, así como en la figura de Pampillón yo resumo la unidad obrera estudiantil. Fote además fue precursor de la insurgencia armada.

Estos dos fenómenos, el sindicalismo clasista y la insurgencia estaban incubándose, había proyectos, acciones, desarrollo de ambas cosas en forma muy incipiente, sin estrategia clara.

El Cordobazo, esta movilización, esta sublevación permite aflorar estos dos fenómenos. Otro tema, habitualmente se habla del Cordobazo como una insurrección, es un error conceptual bastante serio a mi criterio porque confunde las perspectivas de la historia y enmascara lo que es una insurrección.

El Cordobazo no fue una insurrección porque una insurrección es un movimiento de masas que está dirigido a la toma del poder, sino no es una insurrección. El Cordobazo aunque se pareció mucho, no fue una insurrección, fue una sublevación obrera y esto quiero dejarlo conceptualmente aclarado.

La radicalización de la juventud y la unidad obrero-estudiantil

También la unión obrera estudiantil. En 1955 el estudiantado, de absoluto predominio de la pequeña burguesía de aquel entonces, es gorila, se alza contra el peronismo que era expresión de la clase obrera y hubo enfrentamientos armados en el 55. En el 66 el fenómeno se da al revés, el estudiantado, que en Córdoba es mayoritariamente proveniente de la pequeña burguesía, pero tenía un 20/30% de composición obrera, se alía a la clase obrera, y no solamente eso, la clase obrera tiene la capacidad de conducirlo, y tiene esa capacidad porque la clase obrera en el Cordobazo, más allá de la convocatoria sindical, actúa fuera de la tutela burocrática y es la primera acción independiente de masas.

Después algunos dirigentes le dan continuidad, se pliegan y otros de la burocracia, como Elpidio Torres que al año siguiente, en una huelga con masiva toma de fábricas automotrices, traicionó y desapareció de la vida sindical en 1970. Después en 1972 el sindicato es recuperado por una lista clasista, la Lista Marrón.

La unión obrera estudiantil provoca en la calle una alianza de clases que es entre la clase obrera y la pequeña burguesía y esa alianza de clases, en los hechos, que estaba conformada por una estructura, es lo que hace temer a la dictadura. La dictadura se había alzado como un partido político, los justicialistas y los radicales estaban ninguneados en el 69/70 después del segundo Cordobazo o Viborazo que fue mucho menos masivo pero cualitativamente muy distinto porque la presencia clasista y la insurgencia armada ya es importante. La dictadura retrocede y llama al Gran Acuerdo Nacional.

En 1966, ya conté a la burocracia con las empresas avalando la jura de Onganía. Y me olvidé de mencionar al Cardenal “satanás” Caggiano, de la Iglesia Católica, bendiciendo siempre. Perón, que era el dirigente popular más prestigiado del país y estaba forzado al exilio dijo “desensillar hasta que aclare”. En 1971, Lanusse, el jefe de los gorilas, dice que no hay forma de parar esto si no es con un acuerdo con el peronismo, ahí es cuando aparece la propuesta del Gran Acuerdo Nacional.

M.H.: Daniel, Abel hace referencia al tema del estudiantado, vos prestas especial atención al tema de la juventud y el estudiantado. ¿Qué visión tenés?

D.O.dL.: Sin dudas es muy importante en el Cordobazo. Estamos hablando de la composición social del estudiantado cordobés pero, por otro lado, hay una historia muy fuerte en Córdoba. Estamos en el cincuentenario de la Reforma universitaria, que en 1968, aún en la clandestinidad, tuvo una expresión en tomas en universidades en La Plata, Buenos Aires y Córdoba también. Y aparte otro tipo de participación de vanguardia, está la famosa insurrección estudiantil de Corrientes, que fue bastante atípica. Y la participación estudiantil en el tucumanazo y los rosariazos.

A.B.: Y al primer Rosariazo, se le llama a posteriori, “Rosariazo estudiantil” porque fue predominantemente estudiantil

D.O.dL.: Estamos hablando de una atmósfera de radicalización mundial. Podríamos agregar la ofensiva del Tet. Hay una impronta y una subjetividad que pone a la juventud en un corte generacional como en un plano importante. Objetivamente todos sabemos que lo generacional se cruza con lo clasista y que no hay que darle un estereotipo. No obstante esa subjetividad en ese momento es importante.

A.B.: Quiero aclarar, la ofensiva del Tet es una ofensiva insurreccional militar del Frente de Liberación Nacional en Vietnam del Sur que despliega inmensas movilizaciones masivas y todo su ejército popular contra la intervención yanqui y llegan a volar la mitad de la embajada yanqui. Una ofensiva militar guerrillera vietnamita. Cuando nosotros escuchábamos eso, de lo poco que se podía escuchar por las radios de onda corta y la poca información de la televisión, para nuestra generación internacionalmente se gestó como el Vietnam heroico.

Entrevista a Cristina Martín

Había una fuerte convicción que iba a pasar algo espectacular y sólo había que ponerle el cuerpo

M.H.: Estamos dialogando con una compañera que tenía 23 años cuando se produjo el Cordobazo, militante, delegada de ATE durante muchos años. Te tocó vivir esa jornada.

C.M.: Sí, y realmente a la distancia aparece muchísimo más importante de lo que parecía en ese momento. Al año siguiente del Cordobazo yo me vine a vivir a Buenos Aires y me sorprendía de que todo el mundo me hablara del Cordobazo como algo espectacular y sensacional, que lo fue, pero el Cordobazo fue el resultado de muchos meses de movilizaciones.

Si no teníamos convocatoria para movilizar íbamos a la plaza para ver si había alguna movilización. Esa era la consigna para todos los estudiantes y la que los dirigentes gremiales llevaban a sus bases. Realmente en ese aspecto en ese momento yo y muchos compañeros con los que hablé después, no teníamos noción del significado histórico del Cordobazo y de la trascendencia que tuvo.

En realidad si tengo que describirlo tengo que decir que yo estuve en un par de refriegas, no muy violentas, y sí recuerdo los negocios que rompíamos y que nadie se robaba nada. Y recuerdo que del Círculo de Oficiales se tiraban los televisores a la Cañada y tener un televisor en Córdoba en el 69 era un lujo que pocos se podían dar.

Teníamos una sensación de unidad, de objetivos comunes y había una discusión muy fuerte en la izquierda pero era una discusión positiva. Además estaba el entorno de la CGT de los Argentinos y la presencia de dirigentes gremiales en Córdoba más allá de su extracción política, como puede ser la diferencia entre Elpidio Torres, Agustín Tosco, Salamanca o Atilio López.

M.H.: Que fue tu amigo.

C.M.: Atilio López era parte de un grupo de amigos. En realidad yo era muy amiga de un compañero que es a quien mataron con él, que se llamaba Juan José Varas que no era peronista pero fue funcionario del gobierno de Obregón Cano.

Nosotros teníamos un grupo de compañeros y amigos con los que nos juntábamos y discutíamos de política. Cuando me iba a venir a vivir a Buenos Aires, Atilio me dijo “afiliate a ATE”. Yo ni sabía qué era. Busqué ATE en la guía telefónica y fui para afiliarme y me dijeron que no me afiliaban porque era contratada, cuando hoy casi el 90% de afiliados de ATE son contratados precarios, 50 años después. Finalmente me afiliaron.

Ese es el recuerdo, sobre todo del gordo Varas y de Atilio López. Atilio era un tipo muy curioso, era parco en sus apariciones públicas, pero muy divertido en lo privado. La verdad que no parecía peronista, no sé si como estaba con nosotros, que éramos todos de izquierda, lo disimulaba o qué, pero no parecía.

M.H.: Era titular del gremio del transporte.

C.M.: De la UTA. Él vino a Buenos Aires en 1974, cuando ya lo habían sacado a Obregón Cano, para hacer un convenio con el ministerio de Bienestar Social para la UTA. Y ahí es donde fue a mi casa y cuando salieron los mataron, a él y al gordo Varas. Habían ido a la cancha de Ríver a ver a Talleres de Córdoba.

M.H.: ¿Cómo se daba la unidad entre peronistas como Atilio López o Elpidio Torres con Agustín Tosco?

C.M.: Esa unidad era expresión de la unidad de abajo. Sobre todo porque la clase obrera cordobesa en ese momento no tenía tradición peronista. La creación de la clase obrera en Córdoba es posterior al primer gobierno de Perón. No digo que no hubiera peronistas, pero no tenían la importancia relativa que tenían acá en Buenos Aires. Por eso las corrientes de izquierda y progresistas tenían más lugar entre los trabajadores. Aparte era una clase obrera muy estructurada porque no había prácticamente desocupación, entonces los lugares en donde todos circulábamos eran la fábrica, la Universidad y casi nada los barrios.

Yo no recuerdo experiencias barriales en Córdoba en esa época. Excepto la del Clínicas pero eran todos estudiantes. Siempre fue un bastión el barrio Clínicas, en el 66 y en el 76 muy poco porque lo desmantelaron. El barrio Clínicas es donde funciona el Hospital de Clínicas y la Facultad de Medicina, a la que iban estudiantes de Perú, Bolivia, Venezuela, todos venían a Córdoba porque era una universidad con mucho prestigio, y lo sigue siendo a pesar de todo lo que pasó.

Se formaban grupos importantes de extranjeros. Había una fuerte convicción de que iba a pasar algo espectacular y que estaba a la vuelta de la esquina, que sólo había que ponerle el cuerpo. Debates teóricos pocos, por lo menos en los grupos en los que yo participaba. El debate teórico fundamental seguía estando en los partidos de izquierda con mayor tradición. Y en algunos grupos trotskistas.

M.H.: ¿Cómo se daba ese fenómeno de la unidad obrero estudiantil?

C.M.: Los trabajadores venían a las asambleas que hacíamos los estudiantes. Y muchos compañeros estudiantes iban a las asambleas de fábricas e intentaban militar en el movimiento obrero y algunas agrupaciones lo conseguían, desde afuera del movimiento obrero, pero la politización de los trabajadores de Córdoba tenía más que ver con una visión gremial, salvo los militantes de izquierda que tenían otra visión y otra concepción más avanzada y menos retrógrada que la del peronismo.

M.H.: ¿Lo conociste a Agustín Tosco?

C.M.: Lo conocí como público y lo vi un par de veces en el sindicato de Luz y Fuerza, pero en reuniones donde había mucha gente, porque el sindicato de Luz y Fuerza era muy convocante, todo se hacía ahí. Muestras de arte, obras de teatro, asambleas.

No personalmente, no tuve vínculo, una lástima porque me hubiera gustado. Era un tipo muy carismático con un medio tono de los que saben que dominan aunque sea hablando bajito, con mucha ascendencia sobre la gente y muy honesto. Nadie jamás pudo manchar la imagen del gringo Tosco.

M.H.: Han pasado 50 años de aquellos sucesos ¿qué pensás hoy?

C.M.: Pienso que hemos retrocedido 50 años. Este es un momento bisagra en la política del mundo. En esa época no mirábamos mucho el mundo, nos llegaban algunos datos del Mayo Francés, pero era una cosa más folclórica. Existían la URSS, la joven Revolución cubana que era un lugar al que todos los militantes de izquierda mirábamos con mucho interés y envidia.

La historia del capitalismo contemporáneo, el globalizado que llegó a todos los rincones del mundo, inclusive a los países que se decían o dicen socialistas, era algo que no preveíamos que iba a pasar. Era la época de la gran expansión capitalista después de la guerra.

En Córdoba salías a buscar trabajo y conseguías. Ya se empezaban a conocer algunas prácticas de la URSS a través del PC, pero eran círculos muy reducidos. Muchos de mis compañeros y compañeras después pasaron a las organizaciones armadas, sobre todo después de Trelew.

Ahora pienso, como dice Andrés Rivera en el libro La revolución es un sueño eterno, cuando Castelli dice: “Si ves el futuro, decíle que no venga”.

Este futuro más inmediato me parece que va a ser mucho más terrible que el nuestro. Si es que no pasa algo en el mundo, que no va a ser en Argentina solo, si no es en el mundo la próxima revolución no va a ser. Los sistemas de dominación ideológica, ahora con las redes sociales, la informática, las armas, es una escalada a nivel mundial.

Yo hace mucho tiempo que miro con mucho interés las noticias internacionales. Los que no se asoman a ver lo que pasa en Medio Oriente, América Latina y EE UU se pierden el 90% de lo que pasa, cómo repercute en nosotros. Esta es una mirada un poco pesimista, pero creo que los años me enseñaron a tener un pensamiento más crítico y relativo, ni bueno ni malo, es.

Entrevista a Soledad García

El Cordobazo de las mujeres

M.H.: Soledad García compañera de la Unión de Educadores de la provincia de Córdoba. Comentános el papel de las mujeres en el Cordobazo. Hay una foto donde aparece la columna precedida por Agustín Tosco y hay un montón de mujeres llevando las pancartas y carteles, incluso con minifaldas.

S.G.: Se usaban en esa época. Durante mucho tiempo estuvo tapado que las mujeres participamos del Cordobazo. No sé si te estás refiriendo al libro El Cordobazo de las mujeres o si la foto circuló más, pero fue toda una búsqueda de la autora, Bibiana Fulchieri, saber qué pasaba con esas fotos, hasta llegar a los negativos y ver que estaban cortados los bordes.

Había un formato cuadrado, cuando ya había fotos rectangulares.

Las mujeres no existíamos en las fotos. Bibiana investiga en los sindicatos y el archivo de La Nación, era muy difícil encontrarnos, éramos anónimas, se hablaba de “la señora de”, no se conocían los nombres.

En Luz y Fuerza que había mujeres en el edificio principal, se las llamaba por los sobrenombres. Si nadie te nombra sos anónima. En SMATA había mujeres, en mi sindicato en la Unión de educadores de la provincia de Córdoba, donde milité siempre, si bien ahora estoy en la CTA y en la Asociación de ex presos políticos, ha sido un gremio de mujeres, pero tampoco aparecíamos. Era casi un misterio encontrar mujeres y mucho más detrás de los carteles en primera línea.

M.H.: Quiero nombrar a algunas: Otilia Lescano de Argañarás, Lucy Nieto de Boca, Blanca Claudina Díaz, María Dela Rodríguez, María Elena Cavanillas, Cristina Cárdenas, Teresita Malena de Federico y también las que estuvieron en la conformación del sindicato de educadores privados y particulares de Córdoba.

S.G.: Teresita Malena de Federico es la que estuvo con mi compañero Eduardo Requena y tantos otros compañeros más porque los desapareció la dictadura, y que formaron desde las bases en 1972/3 un sindicato de educadores privados y hasta lograron un estatuto.

Pero eso fue consecuencia del Cordobazo. Porque el Cordobazo no puede ser remitido a uno o dos días, el Cordobazo empieza mucho antes y sigue hasta en las coordinadoras de gremio del 75. El Cordobazo tiene algo de mito pero mucho de real, que hay que recuperar, como hoy resignificamos el Cordobazo, no sólo desde las mujeres, que fuimos muchas.

Las que mencionaste, en su mayoría son de mi sindicato, casi ninguna está viva, excepto Cristina Cárdenas que está en el exilio y mataron a su compañero. Las otras fueron muriendo. Eran todas luchadoras. Otilia Lescano de Argañarás compañera nuestra de la delegación Capital de UEPC, secretaria de Finanzas, luego fue fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo de Córdoba. Esa era la calidad de militantes que teníamos y a esa militancia no se la nombraba, no solo en los libros, tampoco en el sindicato.

Yo colaboré con este libro y sigo colaborando con su difusión en todo el país, porque ha sido un boom porque visibiliza la participación de las mujeres y algo que en la historia oral empezó a destaparse en 2006 cuando sacamos un primer libro, Las mujeres desde el Cordobazo a la actualidad, pero desde el movimiento de mujeres, hoy ya se instala en la CGT, en la CTA, en los distintos gremios del país, lo presentamos en Buenos Aires dos veces. Se instala que las mujeres éramos una realidad, que tuvimos participación incluso en lugares importantes de conducción.

M.H.: ¿Cuál es tu recuerdo del Cordobazo?

S.G.: Yo planteo esto de la invisibilidad porque aunque nosotras nos rebelamos contra eso en ese momento, en el cotidiano y en el Cordobazo no aparecíamos. Sublevarse para nosotras fue un signo de resistencia y de esperanza, porque para muchas de nosotras, fue el lanzamiento, para mí no tanto porque ya militaba hacía bastante; pero desafiábamos a una dictadura, la de Onganía que vino con su plan económico de terror y que generaba una situación de vaciamiento de la economía.

Hay muchos motivos que nos movilizaron en ese contexto nacional e internacional, por supuesto de Vietnam, Cuba, las luchas del Mayo Francés, Tlatelolco y la represión; y la propia represión en Córdoba de unos días antes.

Yo el recuerdo que tengo más claro es la represión en el Córdoba Sport, que fue el 13 o el 14 en una asamblea de SMATA. Todos los activistas estábamos ahí y lo vivimos como algo inaugural de otro momento.

El Cordobazo fue eso, rompió con una lógica de negociación sindical, estábamos en contra de la burocracia, nosotras militábamos en la CGT de los Argentinos, obviamente que era un sindicalismo de liberación al que aspirábamos.

El recuerdo concreto que tengo es que sabíamos que iba a haber algo importante pero no el salto de calidad que tuvo el Cordobazo en cuanto a participación popular cuando tuvo que retroceder la policía y recién a la tarde recuperó la ciudad el Ejército.

Pero nosotras sí sabíamos que era algo importante y que rompía casi con una lógica de poder. Obviamente contribuyó fuertemente a la caída de la dictadura. Nosotras estábamos tan claras de que teníamos que avanzar y si nos reprimían retroceder y nuclearnos de nuevo, que bordeando la Cañada que es característica de Córdoba, avanzábamos y nos metíamos en el sindicato municipal si la policía avanzaba mucho, tirábamos bolitas a los caballos y así estuvimos gran parte de la mañana y la tarde.

Costaba mucho rebelarse, nosotros éramos un sindicato mal pago pero los que hicieron el Cordobazo eran trabajadores bien pagos, entonces costaba rebelarse por las condiciones de trabajo, porque de eso se trataba, querían liquidar el sábado inglés, de que cada vez venían por más flexibilización en las condiciones de trabajo, en muchas fábricas comían sobre las máquinas o en el baño, etc.

El que no apareciéramos en ningún lado se terminó, porque nosotras nos instalamos con esta re lectura del Cordobazo, que no hace solamente una lectura del feminismo sino más compleja de qué quedó del Cordobazo y cómo nos interpela hoy. Esto creo que es lo que hay que mostrarle a las generaciones nuevas, no serviría de nada llenar una efeméride hay que interpelar a la lucha. Esto es lo que quiero dejar muy presente.

 

A.B.: En esa foto, la que sostiene el palo en el margen derecho, ¿no es Susana Funes?

S.G.: Están Susana Funes, la Negrita (que ahora se me fue su apellido), la señora de Ortiz, todas eran anónimas. Susana era la compañera de Tosco. Yo compartí la cárcel con ella además de la militancia. Sufrió mucho con este ninguneo machista.

A.B.: Tendrían que hacer un pie de foto y nombrarlas.

S.G.: Ese es el paso siguiente porque el libro hizo que aparecieran más mujeres que participaron. Incluso tenemos el nombre de la primera mujer registrada como muerta. La hieren el día anterior y la encuentran en un barrio alejado del centro de la ciudad. Para demostrar cómo participaron los barrios también en esa tarde de sublevación popular. No sabemos de dónde era militante, si es que lo era o si era un ama de casa.

Entrevista a Silvio Schachter

El cine político en América Latina tuvo realmente un espíritu militante

 

M.H.: Escribiste un artículo referente a los 50 años de “Queimada”. Allí hacés todo un raconto de lo que fuera el cine de aquellos años tanto nacional como internacional.

S.S.: En realidad escribí el artículo porque volví a ver después de mucho tiempo “Queimada” y recibí la inquietud de alguna gente que vio la película, que yo suponía que la había visto, que no se acordaba mucho de la película y también una joven generación que no tenía ni idea de que la película existía.

A partir de eso me pareció importante revalorar lo que fue toda una época, fundamentalmente los 60, a pesar de que hay un antecedente, pero sobre todo esa década a partir no sólo de la calidad de la película sino del contexto en el que se desarrolló y lo que significó para la sociedad el compromiso de aquellos que la realizaban.

Me parece que eso marca un punto de distancia respecto a ciertas corrientes intelectuales que han tomado distancia del compromiso militante de su parte. Calificándola como propagandística, etc. “Queimada” es un punto importante, como expreso en el artículo, hay un antecedente del mismo director que es la presentación de lo que fue la “Batalla de Argel”, de Gillo Pontecorvo, que además era un militante con una historia de lucha en la resistencia al nazismo y al fascismo, después de la invasión a Hungría se unió al Partido Comunista, pero siguió siendo un hombre militante, marxista, un intelectual orgánico.

Me parece que es importante rescatar esta imagen tantas veces repetida del modelo y el concepto gramsciano del intelectual colectivo, que me parece que tenía mucha fuerza en ese momento y, sobre todo, en nuestro país en particular.

Hay un hecho que me sorprendió buscando anexos, es que 1969 fue un año excepcional en cuanto al auge y a la presentación de películas de contenido político, un género polémico porque hay quienes dicen que toda obra de arte o toda expresión artística tiene un contenido político en tanto expresa la opinión o posición del creador, o aquellos que niegan el sentido porque lo enmarcan solo en un hecho agitativo y propagandista.

Creo que más allá de este debate que es pertinente y que se puede desarrollar, las películas, por lo que han significado en cada época y lo que han dejado como huella en la historia del cine y del arte, se han impuesto por peso propio.

Buscando, voy descubriendo que en ese año es enorme la cantidad de películas que se producen en simultáneo, muchas de las películas que se estrenaron en el 69 empezaron a pergeñarse o pensarse o filmarse en el 68, en la época del Mayo francés, de la rebelión de los estudiantes en México y en Praga; contextuaban eso con la lucha de los vietnamitas, recientemente había sido la muerte del Che en Bolivia y de alguna manera Pontecorvo le realiza un homenaje a él también.

Y en América Latina se vivían momentos de gran ebullición política, que tuvieron un epicentro muy importante también en el 69 en el Cordobazo. La lista de los directores es muy larga, es muy difícil sintetizar a todos aquellos que de alguna manera tuvieron algún compromiso con su arte, como los cineastas que se expresaron políticamente a través de su arte. Es muy interesante ver cómo en América Latina a diferencia de los europeos, como el caso de Costa Gavras, Pasolini, Luchino Visconti, Godard, los directores checos, en otro contexto como Chris Marker productor de cine documental, o los norteamericanos John Schlesinger con “Cowboy de Medianoche” y “El calor de la noche”, o ese film épico que marcó toda una época, “Busco mi destino” con Dennis Hooper y Peter Fonda.

Me parece muy importante encontrar la diferencia que hubo con el cine político en América Latina, porque aquí tuvo realmente un espíritu militante. Tanto los grupos argentinos que se crearon a través de manifiestos, declaraciones, que presentaban la idea de un cine que saliera de los ámbitos comerciales, un cine que no fuera solo espectáculo, que se nutriera de los movimientos sociales y políticos y a la vez contribuyera. Una especie de heterotopía, salir de los lugares tradicionales del cine para llevarlo a los lugares donde estaban los conflictos, con una cuota de riesgo muy importante.

Hay que pensar que el cine de Solanas y Getino cuando ellos crean el Grupo Liberación y producen “La hora de los hornos” lo hacen en un momento que en Argentina estaba la dictadura de Onganía y después la de Levingston y, sin embargo, producen esta película en condiciones precarias. Me parece muy importante rescatar ese nivel de compromiso y de riesgo

M.H.: Ir a verla era un riesgo. Se daba en las facultades, en la clandestinidad.

S.S.: Así es. Ver la película ya era un acto militante y de resistencia. Y ellos lo entendieron de esa manera. Lo mismo ocurría con el Cine de Base de Raymundo Gleizer. Hay un hecho muy particular, una de sus películas emblemáticas es “Los traidores” que la filma en condiciones de máxima precariedad y tiene un elemento personal muy fuerte para mí porque mi mamá trabajó en esa película. Hacía el papel de la mujer del burócrata traidor, el protagonista de la película. Y se filmó en condiciones muy precarias.

M.H.: Una película excelente.

S.S.: Es muy audaz, incisiva, cuestionadora de las burocracias sindicales. Muy relacionada con los movimientos obreros de resistencia, obviamente con Tosco y todo el movimiento clasista con el cual Gleyzer tenía un enorme compromiso.

M.H.: También de esa época es la película de Gleyzer sobre la revolución mexicana.

S.S.: Claro, él la empieza a filmar en 1968, a partir de la masacre de Tlatelolco y se empieza a difundir en 1969. Coincide también con todo este movimiento. Filma “Los traidores” un poco después pero se da a conocer en el mundo del cine con “México la revolución congelada” que es todo un manifiesto sobre la postura del reformismo y la traición del PRI a la Revolución mexicana.

También hay que tener en cuenta, yo esto no lo digo en el artículo por un tema de espacio, pero hay vertientes que alimentan este cine, pero también hay otros niveles de desarrollo de los sectores culturales e intelectuales en relación de su producción con la sociedad.

En ese momento también se vive el auge del teatro independiente, donde muchas de las obras de teatro eran llevadas a los lugares marginales del circuito teatral, yo recuerdo haber ido con mi madre a hacer obras de teatro en las villas, la obra “Nosotros no usamos smoking” de origen brasilero, que después se filmó la película. Muchos grupos de teatro salían al encuentro de los problemas sociales y políticos y llevaban el teatro a lugares donde la gente nunca había podido acceder al teatro.

Ese fenómeno también se expresa musicalmente, con el Nuevo cancionero aquí en Argentina, Zitarrosa, Gilberto Gil en Brasil, la Peña de los Parra en Chile, el nacimiento de la Nueva trova es de ese momento. Estaba el “boom” de la literatura latinoamericana. Había una conjunción donde se pensaba lo artístico, cultural e intelectual comprometido con las ideas que se expresaban en las películas, pero también con el desarrollo, en alimentarse con lo que pasaba en la sociedad con un nivel de riesgo muy alto.

Me parece importante rescatar este cine y el papel de los intelectuales y artistas de la época, ante lo que fue la caída del llamado socialismo real, cierta derrota para las ideas de la izquierda y el fin de la ideología, un sector importante de intelectuales se refugiaron en la academia o en otros espacios para pensar sobre sí mismos y producir para sí mismos, alejados de la realidad y de los problemas concretos de la sociedad, con esta idea de eludir el compromiso y tomar partido porque eso significa un límite para su creatividad y su pensamiento.

Creo que es importante rescatar esa otra historia, obviamente en otro contexto, para darle una proyección al presente, que significa una revalorización de aquellos que en ese momento se jugaron por sus ideas.




Fuente: Argentina.indymedia.org