November 10, 2020
De parte de Briega
192 puntos de vista


Los duelos forman parte fundamental de los feminismos que se consideran pensamiento-acci贸n para lograr una estructura que ponga la vida y los cuidados en el centro de manera equitativa. 驴Qu茅 ocurre cuando el sistema invisibiliza el dolor y destruye los espacios para los duelos?

鈥楧e duelo鈥, de V铆ctor. / Foto: Flickr.

Unas sillas dispuestas en el patio de una casa, la persona difunta dentro y la vecindad acompa帽ando el duelo. Esta escena, en plena pandemia, parece impensable. Sin embargo, reflexionar sobre los espacios y los tiempos que reservamos para el dolor y la muerte 鈥搃ncluso en circunstancias consideradas excepcionales- es hablar tambi茅n de c贸mo estamos estructurando la vida.

En aquellas casas, muy en el imaginario de identidades andaluzas empobrecidas, la vecindad no acud铆a 煤nicamente porque el rito estuviera as铆 dispuesto sino porque conoc铆an a la persona que viv铆a a su lado. Porque la colectividad era importante a un nivel muy consciente y tambi茅n los espacios para hacerla posible. Hoy, cuando un familiar se queja de la cantidad de personas que han ido al duelo de su madre, su padre, su abuela鈥 olvida que quienes acuden est谩n despidiendo a una amiga, a una vecina, a un ser querido. Que 芦vecina禄 ten铆a un significado afectivo concreto y que, por tanto, el duelo tambi茅n se convert铆a en algo m谩s extenso. Olvida tambi茅n, cuando se trata de una persona mayor, la dimensi贸n humana de la persona fallecida y que esta fue tambi茅n amiga de, hermana de, compa帽era de鈥

Pensar en los espacios y los tiempos que reservamos para el dolor y la muerte es hablar tambi茅n de c贸mo estamos estructurando la vida. 锘Clic para tuitear

Este derecho que creemos tener sobre el entorno de quienes quisieron a las personas mayores o sobre c贸mo deber铆an ser sus despedidas est谩 intr铆nsecamente relacionado con el terrible lugar de dejadez y abandono que el Estado espa帽ol les est谩 otorgando: un confinamiento que es constante. Personas mayores a quienes, en la mayor铆a de los casos, se les elimina de la esfera social a medida que se prioriza el consumo y la producci贸n capitalista en detrimento de los espacios para la sostenibilidad de la vida y de las vidas sostenibles.

De la privatizaci贸n a la expropiaci贸n e institucionalizaci贸n del duelo

Esta necropol铆tica y el abordaje de las vidas con las que empatizamos y las que no, las que merecen llanto y las que no, las que se quedan dentro y fuera de las fronteras, ha sido abordada de manera colectiva desde algunos espacios feministas que empiezan a tener la necesidad de poner el duelo y la intergeneracionalidad en el centro de forma vinculada. Uno de ellos, el que se produjo en La Casa Encendida el pasado 29 de junio. De la mano de la Asociaci贸n de Mujeres de Guatemala se inici贸 un conversatorio titulado El duelo: estrategias para colectivizar el dolor鈥. Se abord贸 el duelo desde diferentes cosmovisiones y significados: v铆nculos, desprivatizaci贸n y resiliencias; sin olvidar el protagonismo que la muerte y sus procesos tienen para poner en evidencia la direcci贸n de las pol铆ticas actuales.

Al proceso constante de privatizaci贸n de los duelos, evidente en cualquier mancomunado que hace de este tr谩nsito emocional una pr谩ctica de compra-venta y un mero tr谩mite, se ha unido durante la pandemia el intento de institucionalizar tanto al dolor como a las v铆ctimas y el af谩n por instrumentalizarlas pol铆ticamente.

As铆 lo afirmaba en el conversatorio la psic贸loga y docente en la Escuela de Salud Mental de la Asociaci贸n Espa帽ola de Neuropsiquiatr铆a, Susana Navarro. Experta en el apoyo psicosocial a supervivientes y familiares durante procesos de exhumaci贸n de v铆ctimas de violencia pol铆tica, pon铆a el acento en las pol茅micas fotograf铆as de la presidenta de la Comunidad de Madrid, la 鈥榩opular鈥 Isabel D铆az Ayuso, en las que aparec铆a encarnando el imaginario de 芦la viuda de Espa帽a禄.

Para la Susana Navarro, esta acci贸n expropi贸 el dolor de las v铆ctimas y reforz贸 un estereotipo que traza un camino concreto en la exigencia de derechos de las v铆ctimas reales: 芦Algo que es importante son las narrativas para que no invisibilicen o victimicen. Se me viene a la cabeza la imagen de Ayuso como la Dolorosa de todas las v铆ctimas. Ah铆 me parece que ella expropi贸 un sentimiento de las personas que estaban viviendo ese dolor. Invisibiliz贸 a las personas v铆ctimas ante la p茅rdida de familiares. Ayuso se coloc贸 como la megav铆ctima禄.

Para la psic贸loga hay que hacer justo lo contario si lo que queremos es dignificar los procesos de duelo: 芦Que visibilicen a las distintas personas que quieran mostrarse, pero no en esa imagen de v铆ctima sufriente que es un concepto hegem贸nico. El concepto de que la v铆ctima tiene que mostrar su dolor para que pueda obtener el apoyo social, pol铆tico y jur铆dico. Cuando una v铆ctima no se muestra as铆 y se muestra exigente en sus derechos y dem谩s, la imagen de Ayuso choca con esa exigencia. Es muy f谩cil que en poco tiempo se genere la idea de la mala y la buena v铆ctima. La buena es la que llora y aguanta pero no exige. La idea del dolor compartido hay que hacerlo sin expropiar la vivencia de las personas, no como lo hizo Ayuso禄.

La v铆ctima tiene que mostrar su dolor para que pueda obtener el apoyo social, pol铆tico y jur铆dico. Esto lleva a que cuando una v铆ctima se muestra exigente en sus derechos, se la considera mala v铆ctima. 锘緾lic para tuitear

La directora de la Asociaci贸n de Mujeres de Guatemala, Adilia de las Mercedes, apunt贸 en el conversatorio a este expolio de la representaci贸n de las v铆ctimas se帽alando la importancia de que se use este concepto: 芦Es muy pertinente que hablemos de v铆ctimas, no s贸lo de personas fallecidas porque hay much铆simas personas que no fallecieron solamente por la enfermedad y por la vulnerabilidad humana. Fallecieron porque fueron expulsadas de un sistema de derechos que estaba obligado a protegerlas. Que no las protegi贸, que las desampar贸 y esto lo hemos visto en much铆simos lugares del mundo禄.

Para la directora de la Asociaci贸n de Mujeres de Guatemala, 芦en el Estado espa帽ol hemos asistido a una nueva expulsi贸n de derechos cuando vemos que el Ingreso M铆nimo Vital no se autoriza para las personas en situaci贸n irregular. Cuando vemos que la mayor铆a de personas en Estados Unidos que mor铆an a causa de esta enfermedad mor铆an tambi茅n por un sistema sanitario que no era capaz de protegerlas. Y mor铆an las personas inmigrantes y siguen muriendo en mayor cantidad las personas afroamericanas.  La necropol铆tica est谩 ah铆 y es parte de eso expropiadores de la representaci贸n del dolor禄.

Institucionalidad para la vida

En palabras Adilia de las Mercedes se trata de recuperar la institucionalidad para la vida sin que el estado caiga en esa expropiaci贸n. Colectivizar los duelos desde bases comunitarias que pongan el acento en esta necropol铆tica.

Para Susana Navarro, esto tiene que pasar por un proceso colectivo consciente en el que se ponga sobre la mesa las diferentes desigualdades. No es espont谩neo, dice, tiene que haber una intencionalidad. Asegura que bajo estructuras racistas y otros ejes de opresi贸n, hay que trabajar para que el sentimiento de dolor sea compartido y forme parte de todo un estado, independientemente de cu谩les son las vidas que est谩n 鈥渆n juego鈥.

Hablar como se est谩 haciendo desde el Gobierno de Espa帽a de 芦nueva normalidad禄 bajo las mismas estructuras anteriores a la aparici贸n de la Covid-19 sin que haya una m铆nima intencionalidad de repensar el sistema que ha llevado a este desenlace es una negaci贸n interesada de dolor colectivo. Como apunta Susana Navarro, afirmar sin m谩s que 芦de esta situaci贸n vamos a salir siendo mejores禄 sin que haya una intencionalidad estatal no va a hacer que ocurra.

El ritmo deshumanizado de los intereses mercantiles, ha convertido de un d铆a para otro la reciente alarma sanitaria, que nos invitaba a guardarnos en casa, en una oda al turismo que fue prioridad nacional y al consumo con gira mon谩rquica incluida. Se pas贸 de la alarma y el luto a la calma del ocio en cuesti贸n de d铆as. Sin tr谩nsitos ni duelos para quienes han perdido tanto, nuestras pantallas televisivas nos mostraban escapaditas alegres desde tonos pastel con mascarilla incluida.

Las invitaciones a parar que desde todos los frentes institucionales y sus medios aliados se hac铆an a toda la poblaci贸n nunca tuvieron en cuenta las circunstancias particulares de quienes no pod铆an hacerlo. Tampoco la oportunista filosof铆a del stop escond铆a prop贸sitos profundos y transcendentales. Lejos de hacerlo, serv铆an de prop贸sito al mismo sistema de siempre. No era un 芦parar transformador禄. Era un 芦parar hasta que鈥β. Un parar anormal frente al no parar normalizado que hace la normalidad m谩s deseable que nunca. Un 芦parar禄 que solo era bueno porque era transitorio. Un parar que es otredad del 芦no parar禄 y que cumpl铆a su papel dentro de este binomio extenuante e insostenible en el que nos quieren telem谩ticas, productivas, tur铆sticas perd铆as y sin duelos.

Los procesos de dolor 鈥揺ntendidos de una manera extensa- son transformadores y necesarios en la medida en que tambi茅n hacen que, durante un tiempo, la vida conocida se detenga junto a los tiempos de la productividad. Es reconocer espacios que ponen la emocionalidad (no interesada) en el centro de nuestras vidas y forma parte de la estructura de cuidados que parte de los feminismos exigen. Vivencias que reconozcan tiempos que el sistema capitalista y sus m煤ltiples aliados quiere hace desaparecer, convirti茅ndolas en indeseables.

La imposici贸n de un duelo institucionalizado desde la hegemon铆a y la dificultad para colectivizarlo est谩 redirigi茅ndonos cada vez m谩s a una sociedad de pantallas donde los algoritmos premian y visibilizan las caras sonrientes pero en la que tambi茅n se capitaliza la tristeza. El dolor solo puede darse bajo los l铆mites interesados que marcan los discursos hegem贸nicos y como parte del juego de la oferta y la demanda, mientras que el verdadero dolor encuentra cada vez menos espacios para ser expresado y politizado.

En este perc谩, se invisibilizan las estructuras colectivas de quienes lo generan: dolor estructural; convirtiendo a quienes se duelen en responsables de una verg眉enza que siempre es privada y que hist贸ricamente ha imposibilitado generar alianzas y denuncia p煤blica.




Fuente: Briega.org