June 16, 2021
De parte de Lobo Suelto
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Visitamos la muestra Terapia del MALBA. Fuimos listas. Atentas. Sab铆amos que, siendo el MALBA un museo, pod铆a haber habilitaciones e inhibiciones. Conversamos entre nosotras, nos repartimos las fotos y las tareas. Una parte por semana, compartida en nuestras redes sociales. Esto es lo que qued贸. Pregunta-pregunta y respuesta-respuesta. Un di谩logo ping-pong en cuatro partes. Filos punzantes para caminar en la paz del museo. Concientizaciones no siempre recibidas. Hilos de poder. Invisibles.

Parte 1

Por Ruth Rajchenberg

En el a帽o 2019, defend铆 mi tesis de Doctorado en Teor铆a comparada de las Artes en la UNTREF, con un trabajo de investigaci贸n en arte y salud mental. Me dedique a indagar los cruces entre estos dos campos, buscando echar luz sobre la historia en la que se asienta el Arte Terapia en nuestro pa铆s, afectada por la inserci贸n del psicoan谩lisis en la cultura y del arte en los hospitales y servicios de psiquiatr铆a.

De ah铆 se derivan dos claras l铆neas: por un lado, la de lxs artistas que se sienten convocados e inspiradxs a crear obra por la psicolog铆a, el psicoan谩lisis, los hospitales y sus usuarixs. Por otro lado, la de lxs usuarixs de los servicios de salud mental, que producen arte, desde un 谩mbito no legitimado por los c谩nones, pero sobre el que recae un fetiche, una etiqueta: la de la inspiraci贸n art铆stica y la locura. No son lo mismo los artistas locos, que los locos que hacen arte.

Mientras lxs te贸ricxs del arte se siguen preguntando acerca del lugar de las producciones art铆sticas de los 鈥渓ocos鈥 dentro de las categor铆as del arte contempor谩neo, lo que sucede en los talleres de arte adentro de los hospitales es una pena. Estos est谩n siempre desfinanciados, por el hecho de que la hegemon铆a m茅dico-f谩rmaco-c茅ntrica no deja espacio institucional validado para aquello que es considerado una terapia complementaria: la expresi贸n art铆stica.

Parece haber vac铆os de significaci贸n y de sentido en ambos campos, lo cual no ser铆a un problema si la pregunta reflexiva llevara a la reconstrucci贸n en la acci贸n. Sin embargo el resultado es, como siempre, la deflaci贸n y el abandono de las personas que padecen etiquetas diagn贸sticas en el terreno psiqui谩trico.

El Arte Terapia contin煤a denigrada y lo que es peor, desfinanciada. 驴Qui茅n pone plata para comprar materiales art铆sticos de calidad y pagar sueldos a lxs coordinadorxs de talleres en las instituciones de salud mental p煤blicas? Nadie. De todos modos, el museo de Arte Contempor谩neo en esta ocasi贸n muestra sus producciones, les otorga un lugar junto a artistas legitimados que se dedicaron a esta tem谩tica en su obra.

Parte 2

Por Caro Wajnerman

INCREPARON A MI AMIGA. 

Parec铆a una charla amable.

驴En qu茅 se parece la terapia con ir un museo? 驴De qu茅 buscan diferenciarse tanto el territorio de la terapia como el del museo?

Con m煤sica funcional y aires palermitanos, la muestra 鈥淓n Terapia鈥 del MALBA evoca en su inicio a los aires de 鈥淰illa Freud鈥, armando una sala de espera de terapia. Fuimos con mi amiga Ruth Rajchenberg, y entramos r谩pidamente en la l煤dica sobre ese c贸digo, diciendo al chico que nos recib铆a que est谩bamos all铆 por turno de terapia. 

(Quiz谩 es el esperar en la sala, el inicio del artificio que produce una suspensi贸n de la realidad鈥)

Unos minutos despu茅s de entrar a la primera sala de exposiciones, me doy cuenta que detr谩s, una mujer le estaba hablando a mi amiga con un tono amable, explicativo. Me dio curiosidad y me acerqu茅 a escuchar. Llego a la parte final de la charla: 

鈥 鈥淭e lo digo para concientizarte鈥. 

Ruth responde: 鈥 鈥淕racias por concientizarnos鈥. 

Fin de la charla. 

Altas paredes, espacios amplios impolutos, suelen caracterizar a los museos de arte en todo el mundo. Un espacio de paz y abstracci贸n de las l贸gicas urbanas. Los techos de los consultorios no s茅 si siempre suelen ser tan altos. Sin embargo, la distancia de la cabeza al techo se ampl铆a cuando la t茅cnica utilizada incluye acostarse en un div谩n. Hay dispositivos terap茅uticos que traen consigo una operaci贸n, desde antes de la impronta del corona: mantener cierta distancia entre los cuerpos, y de las situaciones que se nos impregnan. Y vienen con m煤sica 鈥渇uncional鈥, para que acompa帽e las abstracciones del caos. 

Ruth me cont贸 que la increpaci贸n que realiz贸 la mujer en esa voz tan calma sosteniendo el autocontrol, consisti贸 en decirle que, cuando la sobrepas贸 en el camino desde la sala de espera 鈥渄e terapia鈥 del museo hacia la primera sala de exposiciones, Ruth hab铆a avasallado el espacio individual de la mujer. Un espacio que, seg煤n esta 煤ltima, deb铆a respetarse, considerando especialmente que se trataba de un espacio como el museo. Es que la mujer hab铆a ido a buscar all铆 justamente una paz que proviene de mantener esa distancia, esa abstracci贸n, que en la ciudad no se alcanza. Por suerte, pudo atajar los caballos de su furia para dirigirse a Ruth en voz amable y pedag贸gica, y evangelizarla.

Pero Ruth no se qued贸 nada calma ni tranquila cuando la mujer se fue. Le dije a Ruth cuando me explic贸 la situaci贸n: 鈥淵a est谩 sucediendo鈥. Es que este hecho nos estaba mostrando lo que sab铆amos que encontrar铆amos: una determinada lectura sobre lo terap茅utico. Se trata de la est茅tica palermitana institucionalizada de lo terap茅utico. Una quir煤rjica del ascetismo social. 

No apoyarse. No tocar. Barbijo colocado en todo momento en su lugar. Clasificaciones entre salud y enfermedad mental (ver Reflexiones N掳 1 de Ruth Rajchenberg). 

Lo sano y lo enfermo, lo movido y lo quieto, lo social y lo individual, lo ca贸tico y lo 驴ordenado? Hay terrenos que pretenden abstraerse y abstraernos, como l贸gica de salud. Una distancia que no siempre se trata de promover una perspectiva que nos mantenga en contacto, que nos interpele, nos sane. Por eso, las increpaciones son tales, aunque se realicen en voz amable onda museo.

Parte 3

Por Ruth Rajchenberg

El hecho de que los textos curatoriales de la muestra, se den el lujo ling眉铆stico de nombrar a los sujetos involucrados en estas pr谩cticas como 鈥淓nfermes mentales鈥, es un detalle que merece atenci贸n. La escritura inclusiva en clave de g茅nero, aplicada a la, ya en desuso, nominaci贸n de enfermedad mental, pone en evidencia el terreno pantanoso entre quehaceres y decires en el campo de intersecci贸n del arte y la salud mental.

La nominaci贸n expone de manera grotesca, la controvertida cuesti贸n de la inclusi贸n. Estamos de acuerdo en que siempre hay que trabajar para evitar las pr谩cticas que excluyen ciertas identidades de los espacios compartidos, en este caso del museo. Sin embargo la controversia se plantea en relaci贸n a qui茅nes son los excluidos que necesitan ser incluidos mediante acciones concretas. Sabiendo que diversxs somos todxs nos preguntarnos 驴c贸mo son las maneras de incluir? Tanto las identidades no masculinas (evidenciada en el remplazo de las vocales por la letra 鈥渆鈥), como de las personas neurodivergentes, pujan por sostener un espacio especial para la diversidad en la sala de exhibici贸n.

Esto se hace evidente cuando nos encontramos con una habitaci贸n especial para obras producidas por los usuarixs de la Colonia Oliveros de Rosario. El montaje de estas im谩genes es llamativamente diferente a las del resto de la muestra. El cuarto, con paredes pintadas de azul y el piso alfombrado, recuerda a las habitaciones acolchadas de los neuropsiqui谩tricos que representan en las pel铆culas. Las obras, colocadas una junto a otra a la misma altura de la vista, en contraste con el damero de im谩genes que interact煤an en otras secciones de la exhibici贸n, expone una lectura lineal y unidireccional de esta parte del relato.

Acompa帽adas por las descripciones psicopatol贸gicas en primera persona de lxs artistas, las obras del cuarto azul, nos relatan una sola cosa: la obra visual de una persona con diagn贸stico en salud mental, ser谩 siempre primero 鈥渓ocura鈥 y luego arte. 驴Acaso el color elegido para las paredes sea una referencia a El dormitorio en Arl茅s, de Van Gogh, el artista en el puesto uno del ranking del estigma arte-locura?

No debemos olvidar que, m谩s all谩 de toda romantizaci贸n del loco como genio creador, locura es sin贸nimo de marginalidad y precariedad de recursos. Este modo de exhibici贸n hace referencia al 鈥淎rte de los enfermos mentales鈥 de Hans Prinzhorn, el psiquiatra alem谩n que en 1900 conform贸 la emblem谩tica colecci贸n de obras de internos de instituciones psiqui谩tricas de encierro, retomada luego por los artistas surrealistas. Parece un homenaje anacr贸nico, que nos exige la pronta problematizaci贸n de las categor铆as de an谩lisis y sobe todo, de los 鈥渕odos de mostrar鈥 tanto a las obras como a quienes las producen.

Parte 4. Dilemas del poder en el museo.

Por Caro Wajnerman 

Lo que se respira en la muestra 鈥淭erapia鈥 del MALBA, es uno de los halos posibles de lo terap茅utico. Esto es lo que sospech谩bamos con Ruth antes de ir al museo -emplazado en una de las zonas donde se ubica la clase alta en la ciudad-. Las terapias, es decir, las formas espec铆ficas y organizadas del cuidado m谩s institucionalizadas, se condicen con roles y modos particulares. Hay una cultura de 鈥渓a鈥 terapia, asociada a determinados rituales y mitos fundantes, una institucionalidad en versi贸n hegem贸nica. El inicio de la muestra, la sala de espera instalada por Marisa Rubio, nos permit铆a saber a qu茅 terap茅utica se remit铆a la propuesta. Invit谩ndonos a una calma de m煤sica funcional con sala para esperar en la comodidad de muebles lustrados. Pero no todas las terapias tienen la misma impronta. Los dispositivos terap茅uticos se despliegan en diversos escenarios, y es por eso que actualmente contamos con gran variedad de territorios que podemos concebir como terap茅uticos.

En las partes anteriores de este escrito, pudimos desplegar diferentes aspectos que hacen a dilemas del poder en relaci贸n a la muestra: concepciones sobre el arte y lo art铆stico, el lugar de la diversidad mental o neurodiversidad, cruces con el g茅nero, la dimensi贸n cultural, entre otras.

Pero no todo es hegemon铆a terap茅utica en la muestra. Nos llam贸 la atenci贸n especialmente descubrir que se organiz贸 una Marcha contra los psicoanalistas, 鈥Contra la represi贸n, por el delirio鈥. Dicha marcha se organiz贸 porque 鈥estamos en contra de todas las formas de la represi贸n mental, se extiende en las familias y en la informaci贸n y culmina de adultos sobre un div谩n repleto de p谩jaros que concurren diariamente a castigarse e inmolarse en la culpa que los pari贸鈥.  Esta marcha fue organizada por Los Tolchokos (Helmostro y Gusano), un martes 13 (de mayo). Sin dudas, esta manifestaci贸n tuvo que partir de una cr铆tica a un aspecto nodal de poder en juego. Cabe destacar que en la muestra aparecen, aunque en un popurr铆 mixturado, referencias a terap茅uticas como el psicodrama o la psicolog铆a social, as铆 como lecturas cr铆ticas acerca de la relaci贸n entre arte y locura. 

En la salida del museo 鈥搊 la entrada misma, es decir, por fuera de la muestra, en el espacio callejero- hab铆a una instalaci贸n muy interesante. Una especie de sube y baja con la particularidad de que de un lado hab铆a una silla para una persona y del otro -por una compensaci贸n producida entre un lado y el otro- pod铆an sentarse unas 11 personas. Probamos y comprobamos que era posible un sistema equilibrado especialmente para que el peso de 11 personas fuera equivalente al de una sola. 驴Alguna semejanza con la realidad? Ninguna coincidencia.




Fuente: Lobosuelto.com