January 22, 2022
De parte de La Peste
298 puntos de vista

A partir del 1 de enero de 2022 el Estado argentino impuso el 鈥減ase sanitario鈥, similar al que ya viene aplic谩ndose en diferentes partes del mundo. A煤n es pronto para determinar cu谩l ser谩 su impacto local. Por el momento, contin煤a desviando la atenci贸n social principalmente hacia el coronavirus, y en particular hacia el abordaje que los Estados proponen: aislamiento, desconfianza ciudadana, control estatal y vacunaci贸n semiobligatoria.

De este modo, a su vez, se opta deliberadamente por responsabilizar a los no vacunados del nuevo pico de contagios. La frustraci贸n producto de esta nueva ola, que se desarrolla a pesar del alto nivel de vacunaci贸n y el largo acatamiento de medidas de confinamiento, no ha suscitado un pensamiento cr铆tico, sino todo lo contrario.

Ante el empeoramiento de nuestra supervivencia los gobiernos proponen m谩s control y mayor disciplina de la poblaci贸n. Desplazando discursivamente el enfrentamiento al terreno entre vacunados y no-vacunados. Parecieran querer decir que nuestros problemas no se deben a una sociedad dividida entre explotadores y explotados, sino a una nueva y democr谩tica grieta: el esquema completo de vacunaci贸n.

Nuevas restricciones鈥

Seg煤n la reciente normativa nacional, mayores de 13 a帽os deber谩n acreditar esquema de vacunaci贸n completo contra covid-19 para asistir a eventos masivos y viajes grupales, dejando abierta la posibilidad de extenderlo en cada provincia a otras actividades, ya sea gastronom铆a, gimnasios, centros comerciales, realizaci贸n de tr谩mites en organismos p煤blicos o entidades privadas, etc. De hecho, varias provincias comenzaron con su aplicaci贸n algunas semanas antes y ampliaron su utilizaci贸n, como es el caso de la gastronom铆a y entidades bancarias en provincia de Buenos Aires, o para la realizaci贸n de diferentes tr谩mites en las localidades de Santa Fe. Aunque la vacunaci贸n contra la covid-19 no es obligatoria en Argentina, comienza a darse una obligatoriedad de facto.

A煤n no sabemos cu谩l va a ser el efecto de la medida en esta regi贸n en torno a cuestiones laborales, pero ya supone un problema en los sectores donde se aplica, como es el caso del gastron贸mico en provincia de Buenos Aires, donde no hay claridad sobre las exigencias de vacunaci贸n de los propios trabajadores, que incluso en algunos casos deben ser los encargados de exigir el pase a los clientes. Esta situaci贸n genera conflictos, con la vulnerabilidad caracter铆stica de aquellos empleados de manera informal. Dirigentes sindicales junto a un grupo de empresarios plantearon, en una reuni贸n realizada la primera semana de enero junto al ministro de econom铆a y la ministra de salud, entre otros, la necesidad de un 鈥減ase sanitario laboral obligatorio鈥 con el objetivo de no frenar la producci贸n a causa de los contagios.

El chantaje que se impondr谩 a los trabajadores de los sectores p煤blico y privado sin esquema de vacunaci贸n completo ya ha comenzado en algunos pa铆ses de Europa, donde existe la obligatoriedad en diferentes sectores, seg煤n el pa铆s, afectando principalmente a la sanidad y educaci贸n, aplicando sanciones, traslados forzosos e incluso despidos. Las empresas pretenden introducir despidos sin indemnizaci贸n si se considera que un empleado no vacunado perjudica la rentabilidad, y el pase ya es un requisito de ingreso a diversos trabajos.

Mientras la obligatoriedad de la vacunaci贸n parec铆a imposible en un primer momento, ya se est谩 barajando como posibilidad en la Uni贸n Europea. Austria ya la anunci贸 para el 1 de febrero y en Alemania se avanza en ese sentido. En Italia, por mencionar un ejemplo, se est谩n aplicando multas de hasta 1000 euros a quien viole las normativas de utilizaci贸n del pase, y las restricciones incluyen la utilizaci贸n del transporte p煤blico. All铆 donde se ha aplicado, no ha ido sino profundiz谩ndose. Creemos importante destacar una vez m谩s c贸mo a partir del coronavirus se han globalizado ciertas medidas, perdiendo de vista cualquier especificidad regional y dejando de lado cualquier an谩lisis social. Poco o nada se habla de lo estacional, de las condiciones de vida como la alimentaci贸n y lo habitacional, de la salud en un sentido amplio; si no de vacunas, aislamientos, estad铆sticas y responsabilidad individual.

En el caso de Argentina, al igual que en el resto de los pa铆ses que han implementado la medida, se registra una alta tasa de vacunaci贸n completa, m谩s del 70% (mayor a煤n si solo tenemos en cuenta la poblaci贸n adulta). El pase sanitario no es necesario para que la gente se vacune, sino que pareciera ser al rev茅s. Como se帽al贸 Giorgio Agamben, frente a la aplicaci贸n del 鈥green pass鈥 en Italia, la vacuna es en realidad un medio para obligar a la poblaci贸n a tener un pase sanitario. Lo cual, cabe aclarar, afecta a la gran mayor铆a que est谩 vacunada. En paralelo a la aplicaci贸n de la medida, los gobiernos de algunos pa铆ses como Espa帽a eval煤an comenzar a tratar la enfermedad como una gripe end茅mica m谩s.

La salud es un concepto cada d铆a m谩s extra帽o. La covid-19 (con las sucesivas variantes del virus) contin煤a desplazando la prevenci贸n y el tratamiento del resto de las enfermedades. La vacunaci贸n, seg煤n se asume oficialmente, no previene las nuevas cepas, ni el contagio, ni la enfermedad; aunque aseguran s铆 disminuye el n煤mero de internaciones y muertes. Quienes intentan debatir seriamente acerca de los efectos secundarios y a largo plazo de las vacunas, las nuevas tecnolog铆as implementadas en muchas de sus versiones, su efectividad y la relaci贸n entre riesgos y beneficios, son censurados y amalgamados al conspiracionismo. No tenemos el conocimiento espec铆fico sobre vacunas para debatir sobre dichos aspectos, pero s铆 nos interesa remarcar que en tanto mercanc铆a vinculada a la reproducci贸n de la fuerza de trabajo y la 鈥渧uelta a la normalidad鈥, es necesario poder abordarla desde un panorama m谩s amplio.

Ya hemos recibido otras vacunas, as铆 como tambi茅n empleamos dispositivos que permiten controlar y rastrear nuestros movimientos tanto f铆sicos como virtuales. No se trata de paranoia, sino de una reflexi贸n sobre las nuevas obligaciones y restricciones que nos imponen. Este sanitarismo punitivista se alimenta del miedo y la confusi贸n reinantes, de la delegaci贸n y el individualismo. La historia nos demuestra que es muy posible que las medidas anunciadas como temporales est茅n ac谩 para quedarse. Cabe recordar, como ejemplo m谩s brutal y reciente, la lucha antiterrorista a nivel internacional. Esta trajo aparejada una serie de innovaciones en materia represiva y control social que se aplicaron sobre el conjunto de la poblaci贸n; las cuales, en su mayor铆a, son constitutivas de la normalidad actual.

鈥 viejas desorientaciones

La falta de respuestas, o siquiera un debate profundo acerca de los avances en el control social y las medidas pand茅micas tras estos casi dos a帽os, no pueden comprenderse sin atender el nivel de integraci贸n pol铆tica del proletariado en esta regi贸n, inseparable de la forma que ha adquirido la reproducci贸n de gran parte de la fuerza de trabajo, que depende cada vez m谩s del Estado para subsistir cada vez peor, y que a su vez crece continuamente. Duro contraste con la lucha social de hace dos d茅cadas, mientras nos aproximamos cada vez m谩s a los niveles de desocupaci贸n y pobreza de aquellos a帽os. Los sueldos y jubilaciones contin煤an disminuyendo brutalmente frente a la inflaci贸n, que en 2021 cerr贸 con m谩s de un 50% anual seg煤n datos oficiales. El aumento de los alquileres, por ley, incluso supera dicha cifra en muchos barrios de las principales ciudades del pa铆s, y lo mismo ha ocurrido a lo largo del 2021 con los alimentos de primera necesidad. Como siempre, los n煤meros no dan cuenta de la disminuci贸n de la calidad de los alimentos que producimos y consumimos masivamente, ni de los lugares que habitamos.

Como ya hemos se帽alado, las medidas tomadas a partir del coronavirus no fueron el origen sino el catalizador de una crisis anunciada tanto en Argentina como a nivel internacional. No es la intenci贸n aqu铆 profundizar al respecto, pero cabe remarcar el car谩cter c铆clico de la econom铆a mundial, as铆 como la tendencia, al menos localmente, a analizar la situaci贸n econ贸mica y social a muy corto plazo, sin poder evidenciar c贸mo tras cada crisis nunca se alcanzan los niveles econ贸micos del ciclo anterior. Esto contribuye a la l贸gica del mal menor y las alternancias en el poder, como ocurri贸 con la gesti贸n de Macri en el per铆odo 2015-2019, que le permiti贸 al oficialismo desligarse de ciertas responsabilidades y recuperar circunstancialmente algo de credibilidad.

Amplios sectores del espectro de izquierda y el progresismo se hallan presos de lo pol铆ticamente correcto y el oportunismo. Se pretenden ecologistas pero participan, o as铆 lo pretenden, de la gesti贸n de una econom铆a basada en la explotaci贸n de la naturaleza (ver texto Chubut: no es no). En lo relativo al coronavirus se olvidaron s煤bitamente sus lecciones foucaultianas en materia de biopoder o las c谩tedras de relativismo epistemol贸gico. Dec铆an querer criticarlo todo, y combatir al poder en sus m铆nimas expresiones, pero acabaron aceptando sin m谩s un dogmatismo cient铆fico y estatal con pocos precedentes.

El 鈥渘o al pago de la deuda鈥 parece ser la consigna elegida para mantener las apariencias, mientras se contin煤a apoyando al gobierno y amplios sectores de la burgues铆a local en el mantenimiento del orden. El vaciamiento discursivo poco tiene que envidiarle a las movilizaciones en defensa de la 鈥渓ibertad鈥. Se trate de la OMS o el FMI, nos enfrentamos a simplificaciones abrumadoras que no contribuyen a la comprensi贸n y el enfrentamiento del orden social.

Paranoia y movimientos sociales

Una ola de paranoia azota al planeta, unos se sienten rodeados de enemigos, posibles contagiadores por todas partes; otros ven conspiraciones cuasiextraterrestres, chips en las vacunas. Unos temen el advenimiento de dictaduras fascistas y los otros de dictaduras comunistas. Un fantasma reaccionario recorr铆a las redes: 鈥淟a 煤ltima variante se llamar谩 comunismo鈥.

En nuestro medio, e incluso m谩s ampliamente, es com煤n escuchar personas que le llaman fascismo a casi cada cosa que les desagrade pol铆ticamente o como insulto gen茅rico. Los hay tambi茅n quienes lo hacen con la palabra comunismo, lo cual para ellos puede representar Marx, Maduro o Bill Gates. Los segundos son ahora quienes, en general, protagonizan globalmente las manifestaciones contra las medidas de los gobiernos.

Nada muy diferente de las t铆picas manifestaciones de izquierda y progresistas: banderas nacionales, interclasismo, defensa de alg煤n genocida, alguna que otra incoherencia, as铆 como tambi茅n un descontento bastante amplio sobre las condiciones de vida en el planeta.

Aquellos que llaman altruismo a su p谩nico y ya ten铆an ciertas tendencias agoraf贸bicas y disgusto por vincularse con seres humanos de carne y hueso no comprenden la desconfianza de grandes sectores de la poblaci贸n respecto de los organismos oficiales, los gobiernos y los medios masivos. Tal desconfianza tiene sus fundamentos, pero el problema no es ese, sino las conclusiones absurdas que en general suelen alcanzar. Conclusiones que, ante la ausencia de expresiones de lucha que permitan dinamizar otras discusiones, son r谩pidamente instrumentalizadas por la 鈥渘ueva derecha鈥.

Como se帽ala el colectivo italiano Wu Ming en una entrevista titulada Conspiraci贸n y lucha social: 芦Nos oponemos al enfoque t铆pico del conspiracionismo, es decir, al enfoque idealista, liberal y cientificista. En este marco, desaparecen las clases sociales, las relaciones sociales, las estructuras de poder, las contradicciones del sistema (鈥) El efecto del conspiracionismo es desviar el descontento y canalizar las energ铆as potencialmente revolucionarias hacia lugares donde se disipan o, peor a煤n, acaban alimentando proyectos reaccionarios.禄

Lo que est谩 ocurriendo con las manifestaciones contra el pase de movilidad puede ser un ejemplo de lo que pueden ser las futuras movilizaciones. A los Chalecos Amarillos en Francia tambi茅n se los acus贸 de fascistas o reaccionarios. 芦Bello como una insurrecci贸n impura禄 escrib铆an en las paredes de aquel pa铆s.

Siguiendo con Wu Ming: 芦Las luchas ser谩n impuras porque los sujetos que las iniciar谩n carecen de los antecedentes con los que nos sentimos c贸modos: memoria de las luchas obreras y de los movimientos sociales, conciencia de clase, tradici贸n de conflicto social en la familia, etc. Sin embargo, parad贸jicamente, la falta de memoria tambi茅n eximir谩 a esas luchas de seguir patrones preestablecidos (鈥) La mayor铆a de los miembros de la clase media precarizada, empobrecida y atemorizada nunca dominaron el lenguaje de la lucha social, no son herederos de tradiciones pol铆ticas con vocabularios establecidos, y esto tiene mucho que ver con la raz贸n por la que articulan su ira por su propia degradaci贸n social en t茅rminos de 鈥渓ibertad鈥, o la injusticia que sienten que han sufrido por la forma en que se manej贸 la pandemia. Una cosa es el individualismo y el ego铆smo, y otra la esfera de autonom铆a de la que debe gozar cada ser humano. Sobre todo, es importante decir que la gesti贸n capitalista de la pandemia atac贸 toda la dimensi贸n colectiva, la sociabilidad, las relaciones entre las personas, etc. En este contexto, 鈥渓ibertad鈥 puede significar tambi茅n la libertad de estar juntos, de actuar colectivamente, de manifestarse. Descartar todo esto como simplemente 鈥渇ascista鈥 es, como m铆nimo, una muestra de torpeza ideol贸gica.禄

Es necesaria una cr铆tica de los derechos y libertades burguesas, defendidos a su manera tanto por socialdem贸cratas como liberales, lo que no se puede es criticar la sed de quien exige su 鈥渄erecho al agua鈥.

Publicado originalmente en Bolet铆n Oveja Negra. A帽o 11, N潞80, enero 2022


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Fuente: Lapeste.org