February 22, 2021
De parte de Nodo50
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Lo que comenz贸 el 5 de febrero como un rifi-rafe de pol铆tica exterior europea, la tensa visita de Borrell a Mosc煤 como Alto Representa de la Uni贸n Europea, ha acabado como un debate hegeliano sobre la 鈥減lenitud democr谩tica鈥 del R茅gimen del 78.  Tras cinco d铆as de manifestaciones en defensa de la libertad de expresi贸n y contra el encarcelamiento del rapero Pablo Has茅l, la explosi贸n social de Linares, las declaraciones anti-semitas en la conmemoraci贸n fascista de la Divisi贸n Azul, la absoluci贸n de la expresidenta de la Comunidad de Madrid Cristina Cifuentes en el caso de los masters fraudulentos, el sorpasso de Vox en las elecciones catalanas al PP y Ciudadanos, las nuevas declaraciones del extesorero del PP, B谩rcenas, sobre la corrupci贸n de su expartido, la continua exposici贸n p煤blica de las cloacas del estado por el expolicia Villarejo, las maniobras para la venta de Naturgy a un fondo buitre por la Caixa, que acaba de deglutir a una Bankia a煤n p煤blica, la victoria independentista en las elecciones catalanas y las diferencias abiertas entre los dos socios del Gobierno de Coalici贸n Progresista (GCP) -jaleadas por una prensa financiada por grupos de presi贸n y fondos buitres- hay todav铆a qui茅n se asombra que no sea obvia la completa 鈥渘ormalidad鈥 y 鈥減lenitud鈥 de la democracia espa帽ola. Una democracia que est谩, no faltar铆a m谩s, en el lugar 23 de una lista elaborada por una serie de sesudas instituciones cuya metodolog铆a no es teol贸gica, pero si teleol贸gica.

Para aclararse un poco en medio de esta avalancha, capaz de perturbar la ecu谩nime serenidad de cualquier ciudadano, es imprescindible tratar de encontrar las causas comunes de todo ello. Y dada la altura de los debates de estos 煤ltimos d铆as, quiz谩s conviene aplicar a la idea del R茅gimen del 78 como plenitud de la democracia espa帽ola -concreci贸n de los valores universales en esta fase hist贸rica- el viejo m茅todo feuerbachiano de la cr铆tica transformativa, que un joven Karl Marx aplic贸 con tanto 茅xito a la Filosof铆a del Derecho de Hegel en 1843. Como es popularmente conocido, el m茅todo consisti贸 en sustituir el sujeto por el predicado y en poner boca abajo la dial茅ctica hegeliana del estado para hacer de 茅l el reflejo alienado de las contradicciones de la sociedad civil (1).

Al hacerlo as铆 y colocar en primer plano no las virtudes ideales de la Constituci贸n de 1978 como 鈥渄emocracia plena鈥, sino las contradicciones sociales y econ贸micas que atenazan a la sociedad espa帽ola, los acontecimientos vividos en la 煤ltima quincena, y sus precedentes hist贸ricos, cobran sentido y pueden ser entendidos l贸gicamente. Pero tambi茅n el propio debate sobre la plenitud democr谩tica, como la justificaci贸n ideol贸gica de la utilizaci贸n del estado para mantener e imponer intereses particulares y minoritarios en nombre de la universalidad de las leyes del mercado que hegemonizan los intereses de las clases dominantes.

El PRR y las condiciones de su gesti贸n

Volviendo al principio de esta historia, Borrell viaj贸 a Mosc煤 para encontrar los elementos de la nueva 鈥渁utonom铆a estrat茅gica鈥 de la UE, antes de que la nueva administraci贸n Biden imponga su propia orientaci贸n de contenci贸n sin concesiones de la Federaci贸n Rusa, principal aliado geopol铆tico de China y 鈥減rincipal competidora estrat茅gica鈥. Como es conocido, la UE se encuentra dividida en su actitud ante la administraci贸n Putin, entre los estados miembros orientales fronterizos, que la consideran una amenaza existencial, y el n煤cleo franco-alem谩n para el que su propia autonom铆a geopol铆tica exige una cierta entente con la Federaci贸n Rusa. Con el trasfondo de una menor dependencia energ茅tica del gas ruso, la permanente crisis ucraniana y la nueva bielorrusa, Borrell puso sobre la mesa el espinoso tema del opositor Navalni. La respuesta inmediata, como es conocido, de Lavrov fue recordar la situaci贸n de los dirigentes independentistas catalanes presos y las contradicciones de los estados de derecho de los miembros comunitarios. Tras las replicas diplom谩ticas obligadas, el debate sobre la 鈥減lenitud democr谩tica鈥 estaba servido, aunque no introduc铆a ning煤n elemento nuevo en la crisis del R茅gimen del 78 desde 2015.

Sin embargo, el cuestionamiento externo de la 鈥渋magen de Espa帽a鈥-aunque por un estado tan poco democr谩tico y tan corrupto como la administraci贸n Putin- abr铆a una crisis m谩s amplia sobre la gesti贸n de Borrell al frente de la diplomacia europea. La prueba fue el duro debate en el Parlamento Europeo que agrav贸 los peligros de divisi贸n comunitaria que hab铆a querido prevenir el viaje a Mosc煤. Y debilitaba el papel de Borrell en la Comisi贸n y el propio peso como estado miembro de Espa帽a en la UE, a dos meses de tener que presentar los proyectos del Plan de Reconstrucci贸n y Resilencia (PRR), del que Espa帽a debe ser el segundo beneficiario europeo por el volumen de los cr茅ditos y las subvenciones.

De esos fondos y de su gesti贸n depende el futuro pol铆tico del GCP, del R茅gimen del 78 y las condiciones de vida de sus gentes. Lo que la UE exige es estabilidad pol铆tica y capacidad de gesti贸n. Y cuando estas faltan, como en el caso de la 鈥渄emocracia plena鈥 italiana, se orquesta una crisis pol铆tica y se sustituye la democracia soberana por la meritocracia comunitaria, en un r茅gimen bonapartista en el que el presidente de la rep煤blica sit煤a al primer ministro por encima de su propio gobierno de 鈥渦nidad nacional鈥 y subordina a este el parlamento y la sociedad civil: la f贸rmula Draghi.

El GCP al tim贸n del PRR

Las clases dominantes espa帽olas han visto llegar a Draghi con envidia malsana. Tras las elecciones catalanas, la proyecci贸n de sus resultados en la pol铆tica estatal es la impotencia de construir una alternativa pol铆tica a partir del PP y Ciudadanos, con una existencia testimonial en Catalu帽a y el Pa铆s Vasco. Los n煤meros para gobernar, como ya ocurre a nivel auton贸mico, solo cuadran con la extrema derecha franquista de Vox. Y la crispaci贸n pol铆tica y social que implicar铆an unas nuevas elecciones en estas condiciones, de ser posibles, ser铆an un obst谩culo casi insalvable para el acceso a los fondos europeos del PRR. La patronal bancaria, reforzada por las fusiones, la CEOE y la CEPYME, optaron desde el comienzo de la crisis pand茅mica por hablar directamente con el GCP y reforzar sus posiciones apoy谩ndose en el sector socio-liberal del PSOE, enfrent谩ndolo a Unidas Podemos.

Ello tuvo dos consecuencias inmediatas. 1) Oblig贸 al PP de Casado a mantener a distancia a Vox y a la defensa melanc贸lica del bipartidismo, exigiendo derecho de veto externo sobre la acci贸n del GCP -especialmente en la renovaci贸n del Poder Judicial y en lo referente a la monarqu铆a. 2) Y convirti贸 a la coalici贸n del PSOE y de Unidas Podemos -en el gobierno, el parlamento y en la sociedad civil-, en terreno privilegiado de la disputa pol铆tica, sometiendo el bonapartismo inicial de Pedro S谩nchez, su 鈥渕onclovismo鈥, a las tensiones de parte y haci茅ndole responsable final de toda disputa. Todas las crisis estructurales y coyunturales del R茅gimen del 78 pasan ahora por el GCP y la mayor铆a parlamentaria escasa que lo sostiene.

Los otros pilares constitucionales del R茅gimen del 78 tampoco ayudan a la estabilidad pol铆tica y su propia independencia 鈥 la defensa de sus intereses corporativos- es causa de inestabilidad.

1) Un poder judicial y una administraci贸n de justicia desprestigiadas y obsoletas, capaces de condenar a los intermediarios, pero no a los beneficiarios en el caso de los masters falsos, cuestionando las bases morales de una meritocracia basada en la inversi贸n econ贸mica educativa; la represi贸n judicial y policial de la libertad de exprimir la indignaci贸n moral -con independencia del contenido- frente a la permisividad con los actos delictivos que la generan.

2) Una jefatura del estado mon谩rquica deslegitimada por su propio legado, que le impide jugar un papel aut贸nomo a favor de las clases dominantes, como en el caso del Presidente Mattarella en Italia o de Rebelo de Sousa en Portugal y que se convierte en una carga pol铆tica para la presidencia del gobierno.

3) Un sistema auton贸mico disfuncional, convertido en una nueva estructura caciquil de intereses locales; sin capacidad financiera para hacer frente a sus competencias en el terreno social ni administrativa para gestionarlas; que alimenta en vez de suavizar las disputas territoriales y radicaliza las cuestiones nacionales democr谩ticas que ten铆a que encauzar.

Sobre la crisis estructural del R茅gimen del 78, la crisis del covid-19

Sin estas mediaciones, la acumulaci贸n de las contradicciones sociales desde la Gran Recesi贸n de 2008-2010, la d茅bil recuperaci贸n y la tormenta perfecta de la crisis del Covid-19, empiezan a no tener salida pol铆tica para sectores significativos de la sociedad. Los ERTEs han limitado por el momento la explosi贸n de desempleo, aunque ya ha superado oficialmente el 14,2% para los varones, el 18,4% para las mujeres (una media del 16,2% a finales de 2020, cuando el pico super贸 el 25% en mayo de 2013, que dobla la tasa media de la UE). La deuda empresarial se ha reducido al 73% del PIB (desde su pico del 120) y gracias a las pol铆ticas de 鈥渇lexibilidad cuantitativa鈥 del BCE, los cr茅ditos baratos del ICO y las transferencias p煤blicas directas, el n煤mero de empresas zombies se sit煤a entre el 8% y el 10%, seg煤n el BdE, en el momento en que el PRR plantea te贸ricamente un cambio sustancial de modelo productivo. Pero los primeros balances sobre el ingreso vital m铆nimo confirman un fracaso, que a帽ade la frustraci贸n del derecho adquirido. Como en el caso de los pensionistas, el futuro a corto plazo de la mayor铆a de los asalariados adultos depende de como se resuelva la redistribuci贸n social de los fondos europeos del PRR y de la recuperaci贸n de la capacidad de negociaci贸n sindical.

Pero en el caso de los j贸venes, la tasa de paro es 22 puntos por encima de la media europea: el 40,13% a comienzos de 2021. Que en Ceuta y Melilla llega al 65%, en Canarias al 57,7%, en Andaluc铆a el 52,21%, en Madrid el 34,2% y en Catalu帽a el 27,3%. Unos j贸venes que tienen una tasa de acceso a la educaci贸n superior del 64,8% (frente al 48,3% de la UE) y de titulaci贸n del 52% (35,7% en la UE). Pero la media de paro de los j贸venes sin educaci贸n secundaria es del 37%.  Estos datos califican el paro juvenil en un continuo de frustraciones, pero con perspectivas y comprensi贸n social de su situaci贸n distintas que se escenifican en la din谩mica de las protestas de estos d铆as.

Lejos de ayudar a comprenderlas y permitir dise帽ar respuestas espec铆ficas, la antinomia 鈥渧iolencia callejera鈥 versus 鈥減lenitud democr谩tica鈥 pretende criminalizar al conjunto de los j贸venes y convertir en una cuesti贸n de orden p煤blico la gesti贸n de su frustraci贸n social y pol铆tica. La analog铆a con la kale borroka les coloca por definici贸n patol贸gica fuera del sistema y no como una consecuencia del mismo. La necesaria condena democr谩tica de la violencia no puede ser al mismo tiempo la raz贸n de la represi贸n del derecho democr谩tico de la protesta. El intento de la derecha de identificar a Unidas Podemos a la vez con la violencia minoritaria y con la protesta juvenil m谩s amplia, busca deslegitimarla por sus or铆genes en el 15-M y su cr铆tica original de la Transici贸n, de la que habr铆a surgido la 鈥渄emocracia plena鈥 y su gesti贸n bipartidista, hoy cuestionada por la propia existencia del gobierno de coalici贸n 鈥渟ocial-comunista鈥.

Las tensiones del GCP son las de la 鈥渄emocracia incompleta鈥

Frente a ello, el PSOE responde exigiendo someter a su hegemon铆a pol铆tica institucional no solo la interpretaci贸n del programa pactado de gobierno con Unidas Podemos, sino tambi茅n las tensiones sociales existentes. Y Unidas Podemos convertir en terreno de disputa y de co-gesti贸n la defensa de ese mismo programa com煤n, argumentando la necesidad de dar una respuesta positiva a las tensiones sociales acumuladas, no negarlas como anti-sistema o limitarse a placebos program谩ticos, como en el caso del ingreso m铆nimo vital.

A medida que la crisis social y econ贸mica se acent煤e en los pr贸ximos meses, en la perspectiva del giro anunciado por la Comisi贸n en 2023 hacia el ajuste fiscal, los debates en la sociedad civil se trasladar谩n cada vez m谩s a la disputa en el seno del GCP y la coalici贸n parlamentaria que lo apoya. Para que no sean manipulados por la derecha social y las derechas pol铆ticas, las izquierdas necesitar谩n tambi茅n un horizonte unitario de participaci贸n social y pol铆tica m谩s amplio que, por su incapacidad estructural de reforma, apunta m谩s all谩 del propio R茅gimen del 78.

La democracia plena, lejos de ser una excusa para justificar el estado de cosas, es la mediaci贸n que permite convertir a la sociedad civil en sujeto y al estado en su predicado, al servicio de los intereses mayoritarios. Es el objetivo de una estrategia republicana y socialista.

Nota:

(1) Los lectores perdonar谩n esta pedanter铆a que viene exigida por la altura, que ellos tambi茅n habr谩n percibido, de los debates en medios, prensa y en las sesiones de control parlamentarias. De hecho, como es conocido, las revoluciones democr谩ticas europeas de 1848 respondieron en buena medida a la incomprensi贸n plebeya del ideal hegeliano del estado que encarnaban las monarqu铆as absolutistas. Cabe preguntarse si no hay tambi茅n un punto de incomprensi贸n popular de la gesti贸n ilustrada comunitaria de los actuales gobiernos europeos en la peor crisis econ贸mica, social y sanitaria de los 煤ltimos cien a帽os. En cuanto a la filosof铆a pol铆tica del joven Marx, Shlomo Avineri, The Social and Political Thought of Karl Marx, Cambridge University Press 1968.




Fuente: Sinpermiso.info