September 28, 2021
De parte de SAS Madrid
235 puntos de vista


Reino Unido raciona su gasolina. La razón, en cualquier caso, no tiene nada que ver con la crisis climática. Lo que ocurre es que, tras el Brexit, el país se ha quedado sin camioneros que lleven el combustible hasta las estaciones de servicio. Falta mano de obra y los visados para dejar entrar a los trabajadores extranjeros no son suficientes. Ante la perspectiva de quedarse sin gasolina, miles de británicos y británicas se han lanzado a llenar sus depósitos en previsión de un desabastecimiento severo. Las colas de coches registradas el pasado fin de semana fueron kilométricas. Esa reacción de miedo ha empeorado el problema. Muchas gasolineras han tenido que cerrar.

Las rutas de abastecimiento más baratas para las empresas de carburantes son las de las gasolineras situadas en mitad de las autopistas, lo que ha vaciado literalmente las estaciones más cercanas a las ciudades y las de las zonas rurales. La otra prioridad de estas empresas son los supermercados. Las gasolineras independientes están a la cola y, por consiguiente, están prácticamente secas.

El ministro de Empresas, Energía y Estrategia Industrial, Kwasi Kwarteng, aseguró que hay suficiente combustible en las refinerías pero reconoció que hay «algunos problemas con las cadenas de suministro». Mientras el Gobierno británico ha expedido 5.000 permisos temporales para que conductores extranjeros puedan trabajar en Reino Unido, la patronal considera esa cifra claramente insuficiente. Piden poder contratar, al menos, a 100.000 transportistas. Pero el país abandonó el mercado único europeo y la unión aduanera el pasado 1 de enero. La libre circulación de personas, mercancías, servicios y capitales se acabó, y ahora la burocracia amenaza el bienestar de la población. La misma que, en junio de 2016, votó sí a la salida de la Unión Europea.

Kwarteng, en cualquier caso, es fiel a su ideología. Conservador del ala dura del partido y seguidor de las teorías de Margaret Thatcher, en 2012 participó en un libro colectivo llamado Britannia Unchained en el que calificaba a sus compatriotas como los «peores holgazanes» del mundo. «Demasiadas personas en el Reino Unido prefieren quedarse en la cama a trabajar duro», añadía el hoy ministro en un volumen en el que se ensalzaba la ética asiática de trabajo. Así pues, si quieren gasolina los británicos tendrán que llevarla por sí mismos hasta las gasolineras y los depósitos… o que los tories hagan algún tipo de concesión temporal que ponga en suspenso su ideología.

Un ensayo para el racionamiento

La primera medida del gobierno de Boris Johnson ha sido, de momento, suspender las leyes de competencia para que las empresas suministradoras puedan compartir información y facilitar el suministro. La palabra mágica es «optimización», lo que también puede traducirse por «racionamiento»: que lo poco que se pueda transportar se reparta racionalmente para que llegue al mayor número de personas. Este tipo de políticas se ha revelado eficaz a la hora de regular el mercado en una coyuntura de crisis. Y en algún momento, en un futuro no muy lejano, habrá que tomarlas, pero no para que todo el mundo pueda conducir su coche, como ocurre hoy en el Reino Unido, sino todo lo contrario: para que no lo haga a causa de la emergencia climática. ¿Servirá esta crisis de los combustibles como lección para el futuro? Tras lo ocurrido con la pandemia de la COVID-19 parece poco probable.

El gabinete de Johnson piensa a corto plazo. Necesita solucionar la crisis ya. Tras la suspensión de las leyes de competencia (que permite a las empresas de hidrocarburos pactar los precios de la gasolina sin necesidad de guardar las apariencias), la segunda medida de urgencia que planea su Ejecutivo es poner al ejército a conducir esos camiones que, por el momento, carecen de conductor. Han bautizado el plan como «Operación Escalin».

En Downing Street culpan de todo a los medios de comunicación. Si no hubieran dado tanta importancia al tema, dicen, se habría evitado el pánico y la escasez de combustible habría afectado a los conductores de vehículos pesados de forma muy marginal. Ahora, «la situación en Inglaterra es muy mala», admiten. Cientos de soldados están ya siendo sondeados para hacerse cargo de la situación. Desde la industria automovilística observan la maniobra con inquietud. No confían en que todos los soldados reclutados tengan las habilidades necesarias para manejar un camión cisterna.

A la falta de manos que manejen el volante de esos vehículos se une la subida del precio de los carburantes, lo que empeora la situación de forma alarmante. El ministro de Energía expresó hace unos días su preocupación y anticipó «un invierno duro» para muchos británicos y británicas.

Enlace relacionado LaMarea.com (27/09/2021).




Fuente: Sasmadrid.org