April 24, 2021
De parte de El Topo
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El desalojo del Espacio Vecinal de Arganzuela (EVA) en Madrid pone en evidencia una dualidad muy sencilla: la pol铆tica de tierra quemada del Ayuntamiento de Almeida frente a los centros sociales, las asociaciones vecinales y cualquier atisbo de espacio o estructura de organizaci贸n fuera del marco de la ciudad-mercado. Esta dualidad polarizante derecha pol铆tica/comunes urbanos podr铆a parecer obvia, pero no ha sido as铆 siempre en la ciudad de Madrid; hemos visto a Gallard贸n y a Manzano ceder espacio a asociaciones vecinales e incluso a centros sociales okupados.

El verdadero cambio en las inercias de relaci贸n entre lo comunitario y lo municipal tuvo lugar en Madrid durante el mandato de Manuela Carmena, que se empe帽贸 junto con las diversas facciones de la izquierda que la acompa帽aron en la locura de gobernar la ciudad renegando de su programa pol铆tico y de las bases que impulsaron la candidatura, en las que los diferentes tejidos comunitarios se volcaron en gran medida. Las timoratas cesiones de la pasada legislatura y la negaci贸n de un estatuto propio para los centros sociales son una explicaci贸n fundamental de la historia reciente de estos espacios. Para colmo de desinformaci贸n, se suele nombrar a estos espacios 芦los espacios de Carmena禄. Curioso, fueron y son de los pocos lugares desde los que se ha hecho oposici贸n al urbanismo neoliberal de los ayuntamientos de Madrid de ayer, de hoy y de siempre.

As铆 pues, la explicaci贸n pol铆tica del ciclo de desalojos de espacios cedidos y okupados en Madrid durante el Almeidato se encuentra en la polarizaci贸n de todo de hoy y en la emergencia fascista en las instituciones, pero no solo. Tambi茅n se encuentra en la instrumentalizaci贸n y posterior abandono de estas experiencias por parte de eso que se llam贸 municipalismo en Madrid.

Al desaparecer espacios como EVA o La Ingobernable no desaparecen las comunidades que los impulsan, sostienen y cuidan. Sigue latiendo en los barrios la necesidad de espacios para la vida que les niega el urbanismo 芦democr谩tico禄 de la ciudad europea contempor谩nea, que privatiza cada vez m谩s servicios p煤blicos y que preserva el vac铆o urbano como bien escaso para futuros momentos de emergencia especulativa. Vivir y sobrevivir en la ciudad es cada vez m谩s dif铆cil y m谩s precario para muchas personas. Vemos en estos meses que el capitalismo despliega sus estrategias pand茅micas y que derechos como el alimento, el aire, el agua, la comida y el techo est谩n cada vez m谩s cuestionados, aun consider谩ndolos formalmente fundamentales. El derecho a la ciudad y al territorio cobran un sentido especial en los tiempos que corren, el deseo de juntarse se torna en necesidad de organizarse de formas diversas en los territorios urbanos y, sin duda, buscar谩 formas de expresi贸n en los repertorios y en la imaginaci贸n radical posible ante las m煤ltiples realidades urbanas de una ciudad que se permite cortar el suministro el茅ctrico en la Ca帽ada Real en los meses m谩s fr铆os que ha conocido nadie por aqu铆, que especula con el suelo p煤blico all谩 donde hay posibilidad, que desahucia y que golpea sin cesar a cada forma de denuncia o de lucha.

La caracter铆stica desigualdad socioecon贸mica entre los barrios de Madrid se acrecienta, al tiempo que las luchas urbanas y la organizaci贸n popular busca formas de reinventarse y de afrontar nuevos retos. Multiplicidad de repertorios de acci贸n y de posibilidad de an谩lisis, pero tambi茅n intentos metropolitanos de estructuras de apoyo mutuo y enunciaci贸n colectiva. As铆 muchos espacios (okupas, alquilados, cedidos, incluso otros) mantienen conversaciones en la actual REMA (Red de Espacios Madrile帽os Autogestionados) con el deseo de reencender la mecha y la pr谩ctica cotidiana del entendimiento y el respeto a pr谩cticas no alineadas. Federaciones de deseos y necesidades, apoyo en convocatorias de cada espacio y entendimiento entre pr谩cticas y ret贸ricas diversas son los mimbres de una resistencia popular en tiempos dif铆ciles, tambi茅n en lo que al territorio se refiere.

Volviendo a EVA, ha sido un espacio intensamente usado, muy disfrutado, que ha servido de cobijo a innumerables acciones y eventos de todo tipo, muy conectados con la realidad del barrio y del distrito que les rodea, pero tambi茅n con pr谩cticas metropolitanas que lo han convertido en un referente para gente de toda la ciudad. Esta intensidad afectiva se hizo bien visible en la manifestaci贸n que precedi贸 a su desalojo; masiva, alegre y diversa. No en vano el proceso es m谩s antiguo que el espacio y que el carmenismo. Surge con el desalojo de La Traba, un CSO (Centro Social Okupado) de larga trayectoria que contaba con un descomunal espacio en Arganzuela. La conversaci贸n abierta entre personas vinculadas a La Traba, a organizaciones vecinales, sociales, culturales, etc., es la chispa constituyente del proceso que reclamaba, y reclama, la totalidad del mercado de frutas y verduras de Legazpi. El mercado queda ahora, de nuevo, totalmente abandonado y destruido por la piqueta municipal que demoli贸 todos sus cerramientos al tiempo que lo considera, iron铆as de la nueva vieja pol铆tica, patrimonio.

La posibilidad de desarrollo de centros sociales autogestionados en Madrid est谩 muy limitada a d铆a de hoy. Sigue la inc贸gnita de si surgir谩 un nuevo ciclo de okupaciones y si perdurar谩n. Tambi茅n de si aparecer谩n nuevos repertorios de acci贸n. Ha habido otros periodos de dificultades en las 煤ltimas d茅cadas, periodos de desalojos encadenados y decaimiento de las pr谩cticas. La ciudad no es ni ser谩 la misma, algunas cosas ser谩n diferentes, m谩s dif铆ciles; otras parecen nunca cambiar.

Se respira solidaridad entre espacios en esta 茅poca extra帽a de desalojos y pandemia; puede que la acogida a la gira zapatista de 2021, las redes de solidaridad ante la pobreza y la precariedad, o simplemente la emergencia de la primavera sirvan para tejer redes y apoyo mutuo. Puede que saque del centro de los imaginarios al infierno faccional de la pol铆tica parlamentaria y deje espacio para la imaginaci贸n y para una nueva materialidad. El reconocimiento de la diversidad en este 谩mbito, entre los centros, es importante y viene de una d茅cada de aproximaciones, planteamientos en com煤n. La fragilidad que nos atraviesa no es hegem贸nica, es solamente el camino por andar.

Madrid es un espacio de deseo para personas que venimos de otros territorios. El trabajo es uno de los motivos, pero no el 煤nico. El car谩cter de ciudad abierta y de acogida es real para muchas personas. Ese car谩cter necesita territorio y en ese equilibrio podremos medir la resiliencia de las pr谩cticas y de las comunidades, que tienen mucho por hacer e inventar.

Por

Pablo Garc铆a Bachiller

Arquitecto de La L铆nea de la Concepci贸n, afincado en Madrid desde 2010, ha colaborado en los 煤ltimos a帽os, como uno m谩s, en diversos centros sociales autogestionados




Fuente: Eltopo.org