April 6, 2022
De parte de Asociacion Germinal
298 puntos de vista

鈥淗ay una larga historia en la ultraderecha de alistarse de boquilla en el desprecio a la gran ciudad, mientras apoya medidas favorables a caciques y grandes propietarios e ignora las necesidades de la mayor铆a de la poblaci贸n rural鈥, reflexiona Ovejero.

Campos reci茅n cosechados durante una fuerte sequ铆a en Teba, M谩laga. REUTERS / JON NAZCA

Vivo en un pueblo en el que no hay tienda. Cada dos d铆as, en verano a diario, viene el panadero con su furgoneta. Seg煤n va subiendo la carreterita que lleva al pueblo, toca el claxon anunciando su llegada. Quienes vivimos m谩s retirados  nos acercamos ya a la plaza cuando se acerca la hora. Somos tan pocos que, de esperar a o铆r el claxon, para cuando lleg谩semos ya habr铆a terminado la venta, la furgoneta estar铆a de camino al siguiente pueblo y nos quedar铆amos dos d铆as sin pan.

All铆, en la plaza, nos reunimos tres o cuatro personas, rara vez cinco. Salvo en verano, cuando la poblaci贸n se multiplica por seis y se quedan en el pueblo algunas mujeres solas, viudas casi todas, no es infrecuente que seamos solo hombres quienes salimos a por el pan. Esta semana ha sido as铆, y el panadero, al bajarse de la furgoneta, nos ha echado una mirada socarrona y ha dicho: tendr铆an que venir los de Madrid, que luego dicen, pero aqu铆 son los hombres los que hacen la compra.

Seg煤n bajaba de regreso a casa, con una hogaza de pan en la bolsa, pensaba en ese malestar frecuente en el mundo rural, y que me he encontrado muchas veces en distintas manifestaciones, hacia quienes, desde la capital o la gran ciudad, creen que pueden decir a los del campo c贸mo pensar y actuar.

Podr铆amos achacar la desconfianza hacia los urbanitas a que el campo vive aferrado a valores superados, a opiniones retr贸gradas 鈥揺l antifeminismo, la homofobia, una religiosidad elemental鈥, a estructuras socioecon贸micas de otros tiempos que se resisten a ser reformadas. Pero culpar del desencuentro al conservadurismo rural es lo f谩cil; porque tambi茅n podr铆amos achacar esos recelos y animadversi贸n a que los habitantes urbanos han tendido siempre a mirar a los del campo por encima del hombro.

Las palabras 芦r煤stico禄 y 芦pueblerino禄 no son meramente descriptivas, expresan ese menosprecio hacia una cultura y una visi贸n del mundo supuestamente tosca y obsoleta, como si a煤n crey茅semos que la civilizaci贸n es un proceso de avance lineal. Aunque hoy consideramos euroc茅ntrico llamar primitivas a las civilizaciones que no han vivido los procesos de industrializaci贸n y las transformaciones sociales de Occidente, nos cuesta m谩s respetar las costumbres y tradiciones de gente que vive a pocos kil贸metros de distancia. Nos escandaliza que se llame salvaje a un miembro de una tribu amaz贸nica pero podemos llamar paleto a alguien que se dedica a la agricultura o la ganader铆a y vive en una poblaci贸n peque帽a.

Hace poco particip茅 en una encuesta lanzada por las Asociaciones Culturales de Gredos Norte para comunicar a las autoridades de la Uni贸n Europea, que iban a visitar la zona, cu谩les son nuestras prioridades para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes. Los prioridades que salieron de la encuesta fueron, con pocas variaciones, las mismas que yo, urbanita reci茅n instalado en el campo, hab铆a se帽alado en mis respuestas: mejora del transporte p煤blico; favorecer la rehabilitaci贸n y la compra de viviendas y el alquiler prolongado (frente al incremento del alquiler tur铆stico); mejoras en los servicios de salud para que lleguen tambi茅n a las peque帽as poblaciones (m谩s ambulancias, m谩s consultas m贸viles); crear bolsas de empleo; descenso en las ratios de los centros escolares y medidas para ayudar a los profesores a instalarse cerca de ellos; aumentar las conexiones de Internet y tel茅fono para atraer el teletrabajo; plan de prevenci贸n de incendios; fomento de las energ铆as renovables; plan de lucha contra la soledad no deseada; igualdad de oportunidades para la poblaci贸n rural鈥

Al parecer, en esos temas esenciales, poco distingue a los nativos de la regi贸n de los reci茅n llegados. Pero nos empe帽amos en subrayar las diferencias, como si estas no existiesen de la misma manera dentro de un mismo pueblo y dentro de una misma ciudad. Es verdad que la izquierda ha pecado a menudo por omisi贸n, fiel a sus or铆genes marxistas, viendo en el proletariado urbano el motor de la historia, y en el campesinado un lastre que hab铆a que arrastrar; como es verdad que hay una larga historia en la ultraderecha (y cada vez m谩s en la derecha sin prefijos) de alistarse de boquilla en el desprecio a la gran ciudad 鈥揷osmopolita, decadente, multicultural, corrupta鈥, mientras apoya medidas favorables a caciques y grandes propietarios e ignora las necesidades de la mayor铆a de la poblaci贸n rural.

Y ah铆 seguimos, en ese enfrentamiento entre campo y ciudad, en la desconfianza alimentada por la desidia o por la manipulaci贸n o por las dos cosas. En el orgullo herido de quienes piensan que nadie cuenta con ellos y en la arrogancia de quienes se consideran m谩s avanzados, m谩s cultos, m谩s modernos. Me consta que hay gente trabajando por colmar esa brecha, por recuperar el di谩logo y la escucha. Pero por ahora no parece que el esfuerzo haya dado suficientes frutos.

Share



Fuente: Asociaciongerminal.org