March 3, 2023
De parte de Portal Libertario OACA
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Pensar siquiera por un instante que el concepto de revoluci贸n es transparente y de un sentido un铆voco es err贸neo y est谩 a la vista: por un lado vemos a los historiadores burgueses referirse a la 鈥渞evoluci贸n americana鈥 cuando una casta privilegiada de esclavistas se hizo con el poder de un futuro imperio; por el otro lado, vemos a otros historiadores, tambi茅n burgueses pero de izquierda, llamarle 鈥渞evoluci贸n鈥 a la toma del poder pol铆tico por parte de un partido pol铆tico de vanguardia. En la medida de que es un concepto, el 茅xito al definir qu茅 ha de entenderse por revoluci贸n debe medirse respecto de en qu茅 medida 茅l nos permite comprender nuestros objetivos y los medios para llevarlos a cabo. Es por eso que he querido proceder en este escrito. No s贸lo para describir un cambio de tendencias dentro del pensamiento anarcocomunista, sino tambi茅n en el esp铆ritu de renovar nuestra propia tradici贸n, 煤nica forma de evitar el dogmatismo y la fosilizaci贸n de las ideas.

La tesis del escrito es, en realidad, sencilla: progresivamente, con el transcurso del siglo XX e inicios del XXI, hemos observado el agote del concepto de revoluci贸n propio de nuestros cl谩sicos para ser reemplazado por otro. Es decir, que el comunismo libertario, como pensamiento pol铆tico, se renov贸 y ahora piensa las cosas de una manera diferente. Sin embargo, hay que entender esto con matices. No es que el concepto actual que presentar茅 haya sido inaudito a inicios del siglo XX ni que el viejo, en todas sus dimensiones, haya sido arrojado a la basura. Una historiograf铆a que pueda sistematizar todas las concepciones de revoluci贸n habidas en el pasado y el presente en las distintas tendencias anarquistas es algo que requerir铆a las herramientas de una investigaci贸n acad茅mica y, por tanto, excede el inter茅s de este escrito.

驴En qu茅 consiste el concepto antiguo de revoluci贸n? Primero d茅mosle un nombre, nada m谩s para entendernos. Denomino al concepto antiguo de revoluci贸n el concepto insurreccional, catacl铆smico o explosivo de revoluci贸n. De forma resumida, este modo de abordarla la piensa como una rebeli贸n o insurrecci贸n de car谩cter general 鈥搈谩s o menos extendida en el tiempo鈥 donde las masas 鈥揳 veces 鈥渆l proletariado鈥, 鈥渓os explotados鈥, etc.; y, en nuestro caso, sin l铆deres ni partidos鈥 derrocan, destruyen y acaban con las estructura de dominaci贸n, permitiendo el asentamiento de formas de organizaci贸n no jer谩rquicas basadas en la solidaridad, el apoyo mutuo y los acuerdos voluntarios. Este modo de ver el asunto lo hallamos en textos como 鈥淟a anarqu铆a鈥 de Malatesta, 鈥淐oncepci贸n anarquista de la revoluci贸n鈥 de Fabbri o 鈥淓l esp铆ritu revolucionario鈥 de Kropotkin.

Sabemos que nuestros cl谩sicos no eran unos ingenuos y ten铆an 鈥揳 veces m谩s, a veces menos鈥 nociones acerca de cu谩l es el problema de pensar las cosas del modo anteriormente expuesto. Resulta, ciertamente, misterioso el c贸mo y el por qu茅 se constituir铆a tal movimiento masivo que no s贸lo se rebela contra la sociedad jer谩rquica sino que adem谩s con la finalidad, no s贸lo de obtener reformas inmediatas, convertir a los dominados en dominadores o 鈥渄erechos sociales鈥, sino para 鈥渋nstaurar鈥 un orden completamente nuevo radicalmente horizontal y comunista. Malatesta y Fabbri nos hablan, por ejemplo, de la necesidad de proceder intensamente en propaganda. Kropotkin conf铆a en el poder enaltecedor incluso de un cartel burlesco pegado en una ventana, etc. Otros en cambio, que asumieran un punto m谩s determinista-econ贸mico (mal llamado 鈥渕aterialista), podr铆an haber asumido la teor铆a de la pauperizaci贸n que se reproduce en textos como el Manifiesto comunista de Marx: el capitalismo acabar铆a por deteriorar tanto la vida de los individuos que ellos proceder铆an a rebelarse contra sus asesinos explotadores, derrocando el capitalismo y el Estado (algunos textos de Fabbri coquetean con esta idea).

Es necesario abordar este optimismo con herramientas que nuestros cl谩sicos no ten铆an; pero tambi茅n con el conocimiento de que el capitalismo no se ha mantenido est谩tico durante el paso del siglo XX. Si nuestros autores, sugiero, eran portadores de un optimismo tal, de creer la posibilidad de una revoluci贸n de esas caracter铆sticas, se habr铆a fundado sobre algo real en aqu茅l momento, pero no real en el nuestro (es decir, como mostrar茅 m谩s adelante, la sociedad del capitalismo tard铆o en que vivimos, y en el que no viv铆an Kropotkin o Malatesta, nos ha arrebatado cualquier posibilidad de esa c谩ndida esperanza).

El concepto de cultura de las ciencias sociales es clave para entender el fen贸meno del optimismo de los cl谩sicos. El optimismo del temprano movimiento anarquista se sostendr铆a sobre un hecho antropol贸gica e hist贸ricamente constatable: el capitalismo comenz贸 una expansi贸n desenfrenada en el mundo desde Inglaterra en el siglo XVIII. Pero esa expansi贸n ascelerada no significa que sus tent谩culos hayan podido abrazar pl谩cidamente cada regi贸n, cada pa铆s, cada pueblo. El proceso fue lento e irregular. Y he ah铆 lo importante: individuos de sociedades precapitalistas, con ciertos h谩bitos tradicionales solidarios en un respecto u otro, con estilos de vida donde la l贸gica del mercado no era universal, vieron ingresar, con el fin de asentarse, un modo de vivir ajeno y extra帽o para ellos[1], acompa帽ado de nuevos c贸digos jur铆dicos que los respaldaban. La explosi贸n de m煤ltiples movimientos pol铆ticos a inicios del siglo XX que buscaban resistirse al capitalismo ha de ser vista como la resistencia de una cultura precapitalista que se rehusaba a morir. El cambio cultural, seg煤n sea el caso, toma much铆simo tiempo, y no siempre basta con cambios pol铆ticos y econ贸micos; muchas veces se requiere el ejercicio de un sinn煤mero de maniobras, desde la represi贸n hasta el adoctrinamiento, continuado y por generaciones[2].

Es por esto que quiz谩 nuestros cl谩sicos al momento de interpelar a las masas para rebelarse contra las jerarqu铆as que las explotan y humillan, exponiendo con bella prosa la situaci贸n de los oprimidos y de la tiran铆a, se esperaban m谩s reacciones de ilusi贸n y esperanza (por muy templadas que hayan sido) y no expresiones ap谩ticas y rid铆culas del orden de 鈥渟iempre ha sido as铆鈥, 鈥渆l pobre es pobre porque quiere y no se esfuerza鈥, 鈥溌縫ara qu茅 me meto en pol铆tica si igualmente ma帽ana tengo que salir a trabajar?鈥, etc., que son comunes como r茅plica a las propuestas que provienen de la pol铆tica radical actualmente.

Este optimismo de los promotores tempranos del concepto insurreccional de revoluci贸n, a ra铆z de lo anterior, ten铆a un fundamento. Era, no obstante, dig谩moslo con la altura de mira de la historia, excesivamente optimista, pues deposita sus esperanzas en costumbres precapitalistas cuyo fundamento no jer谩rquico podr铆a ser, de plano, falso (鈥渃omparto, porque de lo contrario dios me va a castigar鈥) o que ten铆an por contrapartida una serie de otros h谩bitos jer谩rquicos, desde patriarcales, capacitistas hasta gerontocr谩ticos (el dominio de los ancianos sobre los j贸venes). All铆, donde una cultura tiene pr谩cticas productivas no totalmente mercantilizadas, puede existir fuerte divisi贸n sexual del trabajo, explotaci贸n dom茅stica, tiran铆a de los padres sobre los hijos, de las 鈥渁utoridades tradicionales鈥 sobre el resto de la poblaci贸n, etc.[3] Esta es la raz贸n por la que Murray Bookchin enfatizar谩 la necesidad de que nuestra pol铆tica no est茅 orientada solo por un esp铆ritu prejer谩rquico sino que no-jer谩rquico (o antijer谩rquico)[4].

Pero he dicho que el capitalismo tard铆o ha hecho su propio trabajo para desbaratar la posibilidad de seguir pensando el concepto insurreccional de revoluci贸n. Estas son observaciones h谩bilmente descritas por autores como Herbert Marcuse en El hombre unidimensional. Con el avance del capitalismo despu茅s de la segunda guerra mundial, presenciamos en los pa铆ses occidentales la proliferaci贸n de m煤ltiples bienes de consumo, cuyo p煤blico eran tanto las capas medias como la clase obrera. Con esto se generan dos fen贸menos interrelacionados. Uno, que revela el car谩cter eminentemente totalitario del capitalismo, que tiene que ver con vincular nuestra supervivencia con un determinado estilo de vida basado en el consumo de ciertos bienes: si no tenemos un smartphone con internet, con correo electr贸nico, sino sabemos utilizar los programas de Microsoft Office m谩s actuales, sino tenemos un traje con camisa y corbata, con tacones, si no tenemos el lenguaje que ense帽an en las escuelas estandarizadas, si no poseemos los est谩ndares de higiene y presentaci贸n, no es posible siquiera acceder a un trabajo. Lo que genera esto es que quien quiera trabajar deber谩 adaptar su forma de vida a lo que el mismo capitalismo proscribe, siendo lo m谩s ir贸nico que esos bienes que son exigidos por el sistema para trabajar son tambi茅n bienes de consumo que el mismo capitalismo produce y nos obliga a comprar con el dinero que nos paga. El paso de las generaciones enfrentadas a este totalitarismo capitalista permanente genera el segundo fen贸meno. La cultura es modificada por el capitalismo en un sentido profundo y fundamental. Los valores propios de la l贸gica del mercado y del trabajo, la competencia, el individualismo, la desconfianza en el otro, el arribismo, el narcisismo, etc., son tomados como valiosos por los individuos, y son reproducidos al interior del seno familiar, de la naci贸n, de la escuela, de la universidad y la cultura popular. El mito (o m谩s bien la mentira) del hombre que se hace a s铆 mismo (self-made man), que los soci贸logos de los a帽os 80鈥 denunciaron por su car谩cter ficticio[5], es lo que provoca que actualmente se sigan tomando a los millonarios extravagantes como ejemplos a seguir. Pero, en realidad, esto 煤ltimo est谩 lejos de ser lo verdaderamente nocivo de generaciones y generaciones expuestas a la proliferaci贸n de bienes de consumo. Lo grave tiene que ver con c贸mo el estilo de vida que queremos tener, la vida que deseamos, la sociedad que buscamos, se sustenta sobre la posesi贸n y consumo de determinados bienes, hasta el punto que no podemos concebir una forma de habitar que est茅 desconectada del consumo de esos bienes. En efecto, el tener tantos bienes a disposici贸n que efectivamente deseamos nos provee un nuevo temor: el temor de ya no poder tener acceso a esas cosas tan deseables. Nos aterra la posibilidad de no poder tener acceso inmediato a cosas que hoy en d铆a, si tenemos el dinero, podemos ir a comprar en el momento鈥 ya nos enfada encontrar un restaurante cerrado cuando quer铆amos comer una hamburguesas a las 3 de la ma帽ana. Si hab铆a vestigios de h谩bitos precapitalistas (parcialmente) no jer谩rquicos cuando el capitalismo comenz贸 a asentarse en nuestras sociedades, est谩n reducidos casi completamente en cenizas hasta el punto que no falte mucho tiempo que nos preguntemos por qu茅 no cobramos cuando nos preguntan qu茅 hora es.

Esta dependencia entre pensar un estilo de vida 鈥渄eseable鈥 y los bienes de consumo ha generado una serie de efectos que son perjudiciales para el movimiento anarquista. Esto, que llamar茅 provocativamente un 鈥渂ookchinismo vulgar鈥 sostiene que no tenemos que pensar un estilo de vida demasiado distinto del que tenemos actualmente, solo tenemos que hacernos con los medios de producci贸n para que produzcan de forma 茅tica. En nuestra 茅poca razonar as铆 se torna especialmente tentador por los efectos que la robotizaci贸n, la automatizaci贸n y las inteligencias artificiales podr铆an tener a la hora de hacer que los individuos dejemos de trabajar y nos dediquemos al ocio. El libro de Bastani[6] que habla de un 鈥渃omunismo lujoso completamente automatizado鈥 es la c煤spide de esta idea, y es, en buena medida, una interpretaci贸n posible de los escritos de Bookchin en torno a la posescasez y la tecnolog铆a. Pero razonar de este modo es venenosamente ingenuo, incluso m谩s ingenuo que cualquier defensor del concepto insurreccional de revoluci贸n. Un comunismo lujoso completamente automatizado presupone una especie de ficticia revoluci贸n mundial donde todos los medios productivos existentes pasan a manos de una sola entidad (ya sea una persona o una colectividad) que puede llevar a cabo un comunismo planificador con alto grado de racionalidad t茅cnica y eficiencia (el mercado y la competencia generan, en efecto, ineficiencia). De esta forma podr铆amos seguir teniendo smartphones hechos con tierras raras del territorio chino, aluminio australiano y bater铆as de litio bolivianas, porque todo ser谩 cuidadosa y racionalmente planificado: seguir铆amos teniendo nuestros queridos tel茅fonos m贸viles, pero ahora gratuitos y producidos 鈥溍﹖icamente鈥.

Razonar as铆 tiene una pseudoventaja adicional en la medida que pasa por encima de un problema vital cuando hay una econom铆a de planifaci贸n colectiva, pero donde s铆 hay recursos escasos: tener que ponernos de acuerdo como comunidad sobre qu茅 priorizar[7]. Es una pseudoventaja porque, a menos de que queramos ignorar que el mundo es mucho menos rosa de lo que realmente es, una colectivizaci贸n mundial de los medios de producci贸n que nos permita llegar a algo siquiera remotamente parecido a la posescasez o al comunismo lujoso completamente automatizado es un presupuesto absolutamente arbitrario y que cae quiz谩 en las formas de utopismo m谩s absurdas jam谩s pensadas. Es por esto, aunque solo lo tocar茅 tangencialmente m谩s adelante, que la democracia (directa) s铆 que es un tema a la hora de pensar una salida del capitalismo.

El escenario en que nos encontramos, donde vemos emerger el concepto nuevo de revoluci贸n, nos obliga a plantarle cara a una pregunta que muchos no querr谩n esbozar: la pregunta radical sobre la viabilidad de nuestro estilo de vida o, lo que es lo mismo, la desnaturalizaci贸n de aquellas pr谩cticas de consumo que hoy damos por sentada. 驴Pero qu茅 caracteriza a este nov铆simo concepto de revoluci贸n? Para decirlo de forma sint茅tica, entendemos por revoluci贸n un proceso continuado en el tiempo, compuesto por acciones violentas y no-violentas, donde los individuos constituyen modos permanentes y semipermanentes de operar y que sean conducentes a provocar un cambio tanto a nivel individual, como a nivel social y cultural. Ya no se piensa que todas las acciones que har谩n quienes promueven una sociedad sin jerarqu铆as ser谩n meras preparaciones para una gran explosi贸n destructora de las jerarqu铆as, porque hoy las jerarqu铆as viven en nuestras mentes y nuestros cuerpos; el capitalismo, el Estado, el patriarcado y todas las formas de dominaci贸n no tiene ya la forma de un drag贸n que est谩 frente a nosotros, sino la de un par谩sito que extraer de nuestro interior y pisar en el exterior. Revisemos brevemente algunos conceptos fundamentales de este concepto de revoluci贸n.

Hay tres conceptos que me parecen centrales a la hora de pensar la dimensi贸n social de nuestro concepto de revoluci贸n. El primero es el concepto de prefiguraci贸n (o pol铆ticas prefigurativas). Hay que decir, antes que todo, que la idea de prefiguraci贸n dentro de la tradici贸n anarquista tiene antecedentes en autores como Landauer[8] (con la Sozialitischer Bund), quien enfatiz贸 fuertemente la necesidad de no esperar a la destrucci贸n espont谩nea del capitalismo por un movimiento insurreccional general, sino que comencemos a vivir de otra manera aqu铆 y ahora. Con prefiguraci贸n se enfatiza la necesidad de no dejar nuestro anhelo en un futuro ut贸pico infinitamente lejano, sino que hagamos lo que sea en cada caso posible para empujarlo en el tiempo y lugar presentes de forma progresiva: prefigurar ese futuro en la actualidad. En este sentido, el comunismo y la anarqu铆a no ser铆a algo que describe un determinado sistema acabado y delimitado a por implantar por parte de un conjunto de individuos en una extensa cantidad de terreno, sino diversas acciones donde se opera fuera de la l贸gica del mercado y el Estado. 驴Pero qu茅 formas toman esas pr谩cticas de prefiguraci贸n? Aqu铆 aparece el segundo concepto, que est谩 presente el pensamiento de autores como Murray Bookchin: las instituciones revolucionarias[9]. Por una instituci贸n se puede entender una serie de pr谩cticas que tienen continuidad en el tiempo y cuyos miembros se orientan conscientemente a la realizaci贸n de fines concretos. Una instituci贸n revolucionaria consiste en pr谩cticas permanentes o semipermanentes donde se empujan pr谩cticas prefigurativas de todo tipo, donde comienzan a constituirse peque帽os islotes dentro de la sociedad jer谩rquica que ya est谩n operando de otra manera, de formas basadas en la horizontalidad y la solidaridad, donde prime la l贸gica de la democracia directa y el regalo. Ejemplos de instituciones revolucionarias se condicen con un haz de pr谩cticas que ya son patrimonio del movimiento anarquista y antifascista: equipos de f煤tbol[10], dojos y gimnasios antifascistas, ollas comunes, redes de mujeres y disidencias contra la violencia machista, grupos de estudio, sindicatos, talleres de artes y oficios, ateneos y escuelas libertarias, etc., etc., etc. El operar de estas instituciones revolucionarias tiene dos efectos: en primer lugar, comienzan a consolidarse din谩micas en la poblaci贸n ajenas a la l贸gica jer谩rquica y, por consiguiente, que permiten reeimaginar formas de vida distintas a las del totalitarismo capitalista. Estas din谩micas, si quieren seguir avanzando la causa de la anarqu铆a y el comunismo deber铆an adem谩s tener una aspiraci贸n expansiva, tanto a trav茅s del enrolamiento de nuevos miembros a su operar, como a trav茅s de establecer redes entre ellas. En segundo lugar, comienza a hacer proliferar el tercer concepto con el que pensar la din谩mica social de nuestro concepto de revoluci贸n: la idea de una cultura revolucionaria. La cultura revolucionaria fue tambi茅n teorizada, aunque superficialmente, en escritos tard铆os de Bookchin. De acuerdo a 茅l, podemos pensarla como una cultura 鈥渜ue abrace nuevas formas de pensar y sentir, y nuevas interrelaciones humanas, incluyendo la manera en c贸mo experimentamos el mundo natural鈥[11]. Para 茅l, ser铆a la cultura revolucionaria la que puede llevar al 鈥渃ambio revolucionario hasta llegar a una plena conformidad con los objetivos del anarcocomunismo鈥. Pero esto a煤n es demasiado vago. Creo que s贸lo puede entenderse adecuadamente la idea de una cultura revolucionaria si antes abordamos el 谩mbito individual del concepto de revoluci贸n que aqu铆 estamos revisando.

Hay que decir que la tradici贸n anarquista ha estado hist贸ricamente privada de una correcta teor铆a de la subjetividad. Pese a que en la tradici贸n marxista esto es a煤n m谩s grave, el comprender adecuadamente el devenir revolucionario del sujeto es algo que a煤n requiere de sus propias descripciones extensas. El concepto central de la idea de revoluci贸n que aqu铆 se presenta es el concepto de autonom铆a. El concepto de autonom铆a, como t贸pico central de una teor铆a del sujeto, m茅rito de Bookchin enfatizarlo en textos como Anarquismo social o anarquismo personal, es el verdadero v铆nculo entre la tradici贸n anarquista y el pensamiento racionalista-ilustrado-humanista que tiene como su primer antecedente a S贸crates. La idea es relativamente sencilla: los individuos no s贸lo podemos ser esclavos y estar coaccionados por agentes externos (como el Estado) sino que tambi茅n de nosotros mismos. Las personas somos portadoras de una serie de fuerzas y tendencias innatas y adquiridas que movilizan nuestra acci贸n y que, la mayor铆a del tiempo, act煤an sin mediaci贸n de nuestra reflexi贸n o voluntad. Los individuos no siempre somos aut贸nomos; muchas veces somos heter贸nomos: nos mueve la tradici贸n que hemos adquirido en la escuela, la televisi贸n, de nuestras familias; ah铆 aprendemos normas patriarcales y jer谩rquicas que reproducimos sin cuestionarlas. Los valores nacionales que se enaltecen en el folclore y los mitos de nuestro territorio implican muchas veces concepciones supremacistas, racistas, clasistas que damos todo el tiempo por sentado. No es que estas fuerzas constantemente equivoquen su objetivo o que su contenido sea inmoral; el punto no es ese. El punto tiene que ver con que los individuos ejecutamos acciones muchas veces inconscientes de c贸mo ellas se alinean con la sociedad jer谩rquica. Y es ah铆 donde aparece la idea de un sujeto aut贸nomo. Hay que enfatizar lo que precisamente es: una idea. Los seres humanos tenemos capacidades limitadas y como tales no podemos actuar con absoluta autonom铆a. Muchas veces sabremos qu茅 es lo correcto, pero nuestra voluntad se doblega frente a los impulsos y las tentaciones. Otras veces aspiraremos a hacer un cuidadoso escrutinio de nuestros valores y a煤n quedar谩n vestigios de elementos jer谩rquicos e inmorales que escaparon a nuestro an谩lisis. La autonom铆a es un ideal al que ha de aspirarse siempre en la vida diaria. No tiene que ver con comportarse como arc谩ngeles habitantes de un mundo humano, sino como individuos cr铆ticos y reflexivos que, de acuerdo a lo que es posible en cada caso, intentan hacer lo mejor posible para que las consecuencias de sus acciones sean previsibles para ellos. En otras palabras, intentar todo el tiempo ser responsables de nuestra propia vida.

Esto 煤ltimo, evidentemente, no es f谩cil. La pedagog铆a libertaria desde Ferrer Guardia hasta Mart铆n Luengo, en su vertiente sociopol铆tica y anarcocomunista, ha sido siempre una gran reflexi贸n sobre c贸mo podemos generar espacios para que las personas, desde la infancia hasta la adultez, podamos hacernos cr铆ticas, reflexivas, racionales, en una palabra, aut贸nomas. Josefa Mart铆n Luengo enfatizaba la necesidad de que la actividad pedag贸gica en el aula (de una escuela libertaria preferentemente) se ocupe de 鈥渃ontramanipular鈥[12] a los j贸venes, a la luz de que la sociedad jer谩rquica est谩 todo el tiempo intentando implantarse en ellos de la mano de valores, costumbres, h谩bitos, tradiciones e ideas jer谩rquicas. La sociedad jer谩rquica, y aqu铆 sirv谩monos de conceptos 煤tiles que vienen del pensamiento poestructuralista, se expresa desde ideas err贸neas y concepciones supremacistas del mundo, hasta en el dominio de los cuerpos, de sus pulsiones e impulsos, que se expresa sutilmente al moldear el comportamiento desde el aula de clases hasta la ciudad llena de c谩maras de vigilancia. La sociedad jer谩rquica promueve permanentemente que los individuos no sean aut贸nomos: no cuestionen, no critiquen, no piensen, no sue帽en, no inventen. Estamos en una lucha: la lucha por arrebatar de los tent谩culos de la sociedad jer谩rquica las conciencias de los seres humanos.

La idea de una cultura revolucionaria comienza a tomar forma, pero para describirla en toda su extensi贸n debemos derribar un par de nociones bien asentadas en el pensamiento pol铆tico anarquista. Observaremos, sugiero, que cultura revolucionaria, movimiento revolucionario y comunidad anarquista-comunista son, en verdad, la misma cosa. El modelo cl谩sico es bien conocido: el movimiento pol铆tico hace una revoluci贸n y, con ella, da origen a una comunidad donde se ha instaurado el comunismo y la anarqu铆a. Pero comunismo y anarqu铆a, como vimos antes, son, en verdad, acciones institucionalizadas, din谩micas, es decir, verbos. Con lo visto hasta ahora podemos reformular el asunto de la siguiente forma: los individuos aut贸nomos, comprometidos con la expansi贸n de un mundo de individuos aut贸nomos, descubren que tienen poca efectividad al momento de hacer praxis cuando la hacen solos. En ello, se toma conciencia que si se uniesen, si actuasen en conjunto, es decir, si deviniesen movimiento, podr铆an aumentar su efectividad a la hora de expandir la l贸gica de la autonom铆a, precisamente de la mano de actividades permanentes y semipermanentes promotoras de la autonom铆a, en otras palabras, a trav茅s de instituciones. Y dado que ese movimiento de individuos aut贸nomos comienza a generar instancias donde empieza a operarse de modos ajenos a la sociedad jer谩rquica, se constituye una cultura nueva, una cultura revolucionaria, que genera h谩bitos, costumbres, ideas y modos de vida nuevos, que son el resultado de la vida de individuos que han decidido ser, en cada momento, racionales, reflexivos, cr铆ticos, es decir, aut贸nomos. Pero obs茅rvese m谩s de cerca: esos individuos ya est谩n vinculados entre s铆 de la mano de las actividades que ellos realizan, tanto entre s铆 como con otros individuos en camino a ser aut贸nomos y, por consiguiente, esa red de individuos, unidos por el ideal de un mundo aut贸nomo, son, propiamente, la comunidad anarquista. La comunidad anarquista es movimiento, y el movimiento anarquista es comunidad. Y como comunidad, con una cultura propia, puede aspirar a infiltrarse en cada uno de los recovecos de la sociedad jer谩rquica, apropiarse de todas las grietas (para usar la expresi贸n de Holloway), de formas violentas y no violentas. Ser como termitas que derribar谩n la casa del capitalismo, el Estado, el patriarcado, etc., de la mano de peque帽os mordiscos; ser como la placa bacteriana que, siendo invisible a los ojos del jerarca, corroe el diente con su 谩cido l谩ctico hasta destruir su estructura[13]. La revoluci贸n es el gran proceso donde la l贸gica de la autonom铆a se impone sobre la l贸gica de la heteronom铆a, resultado de la acci贸n del movimiento promotor de la autonom铆a en contra del c谩ncer promotor de la heteronom铆a.

El hecho de ser una comunidad que est谩 compuesta por una serie de sujetos cr铆ticos hace posible poner sobre la mesa la cuesti贸n de los estilos de vida. Al darse cuenta de los elementos totalmente insostenibles de nuestros h谩bitos de consumo, se comienzan a dar pasos en la modificaci贸n de 茅stos, junto con todas las dem谩s pr谩cticas[14]. Es aqu铆 donde la cuesti贸n de la democracia se torna relevante. En conjunto, los individuos ponemos sobre la mesa nuestras necesidades[15], nuestros recursos, saberes, limitaciones, etc., y colectivamente imaginamos y construimos el mundo que queremos. En esto, ante recursos escasos, tanto materiales como humanos, valdr铆a la pena que cada voz sea escuchada, que cada argumento sea discutido, que cada sensibilidad sea tenida en cuenta, con el fin de poder generar decisiones, de asumir compromisos, de priorizar ciertos senderos sobre otros, etc.[16]. El hecho de que en el presente un movimiento tal no pueda permitir que todas las actividades en el tiempo de los sujetos que lo componen tengan un car谩cter horizontal y desmercantilizado es muestra de la necesidad de seguir en la lucha. En efecto, como nos recuerda Dominick en relaci贸n a la adopci贸n del veganismo: 鈥淎quellos de nosotros quienes hemos sido criados para ser consumidores ciegos, ciudadanos obedientes, esposos, esposas y dem谩s, debemos de alterar radicalmente nuestras actividades diarias, o de otra forma seremos incapaces de dirigir una sociedad liberada en el futuro. En efecto, ni siquiera buscaremos cambiar radicalmente al mundo que nos rodea hasta que aprendamos a dejar de valorar los efectos y elementos superficiales y espectaculares del presente鈥[17].

Lo dicho hasta ahora es, en esencia, el fundamento conceptual del nuevo concepto de revoluci贸n que actualmente se promueve desde el anarcocomunismo. Hay, sin embargo, conexiones te贸ricas y emp铆ricas que han de ser profundizadas en otros trabajos para que la imagen de esta sea, no solo completa, sino que convincente. Las formulo a modo de preguntas: 驴Por qu茅 quien asuma la autonom铆a como ideal para su vida ha de concluir la necesidad de la eliminaci贸n de toda forma de jerarqu铆a?, 驴de qu茅 manera pr谩cticas no jer谩rquicas 鈥搇as que se promueven en las instituciones revolucionarias鈥 son, adem谩s de promotoras de la anarqu铆a y el comunismo, promotoras de la autonom铆a?

Madelyyna Zicqua

Notas:

[1] V茅ase Jappe, 鈥溌縇ibres para la liberaci贸n?鈥 en Jappe, Masio y Rojo, Criticar el valor, superar el capitalismo.

[2] V茅ase Lazzarato. El capital odia a todo el mundo. Fascismo o revoluci贸n. Acerca de c贸mo el imperio espa帽ol impuso la l贸gica del trabajo a las poblaciones ind铆genas en Am茅rica, v茅ase el caso de las mitas toledanas, Noejovich, y Salles, 鈥淟a deconstrucci贸n y reconstrucci贸n de un discurso hist贸rico: a prop贸sito de la mita toledana鈥.

[3] V茅ase Azaryan y Piragibe, 鈥淎narquismo, por la autonom铆a y contra las costumbres鈥, disponible en este portal: https://www.portaloaca.com/pensamientolibertario/textosanarquismo/anarquismopor-la-autonomia-y-contra-las-costumbres/.

[4] Bookchin 鈥淟as formas de la libertad鈥 en Anarquismo en la sociedad de consumo.

[5] Por ejemplo, Bourdieu y Passeron en Los herederos o Coleman en 鈥淪ocial Capital in the creation of Human Capital鈥

[6] V茅ase Bastani, Fully Automated Luxury Communism.

[7] Cuando en Lenin en su panfleto El Estado y la revoluci贸n piensa el comunismo, recurriendo a esa concepci贸n que bastardiza a Marx y lo hace sostener una falsa teor铆a que distingue socialismo de comunismo, se le piensa precisamente como un flujo ilimitado de bienes donde los individuos no deben operar con ninguna reserva respecto de su consumo personal.

[8] V茅ase, Landauer, Llamamiento al socialismo.

[9] Biehl, 鈥淏ookchin鈥檚 Revolutionary Program鈥, disponible en: https://roarmag.org/magazine/biehl-bookchins-revolutionary-program/.

[10] Sobre esto v茅ase Kuhn, Soccer vs. State y Fern谩ndez Ubir铆a, Anarquismo y f煤tbol.

[11] Bookchin, 鈥淟as ciudades: el florecimiento de la raz贸n en la historia鈥 en La pr贸xima revoluci贸n.

[12] Mart铆n Luengo, La escuela de la anarqu铆a.

[13] Pese a la creencia popular, no existen bacterias que consuman nuestros dientes. Lo que realmente ocurre es que la placa bacteriana metaboliza las az煤cares de la comida que consumimos, y ello da por resultado la producci贸n de 谩cido l谩ctico, que es lo que genera la caries. Me tomo este espacio para recordar, enf谩ticamente, que el uso diario de hilo dental, como el cepillado, son parte de la higiene m铆nima de nuestros dientes; no es ni un capricho, ni un instrumento burgu茅s.

[14] Por ejemplo, las pr谩cticas que son conducentes a la abolici贸n del patriarcado, v茅ase mi texto 鈥淧raxis prefigurativa anarquista queer鈥, disponible en este portal: https://www.portaloaca.com/pensamientolibertario/textosanarquismo/praxis-prefigurativa-anarquista-queer/.

[15] El anarquismo, con sensatez, ha rechazo asumir con ligereza la idea de que haya 鈥渘ecesidades falsas鈥. Malatesta (en 鈥淐omunismo鈥 en P谩ginas de lucha cotidiana) comentaba 鈥溌緾贸mo  ser铆a posible, imaginable, una regla aplicable a todos? 驴Y qui茅n ser铆a el genio, el dios, que podr铆a dictar esa regla?鈥. En efecto, ser铆a absurdo decir que el hecho de que nuestras necesidades provengan de la cultura ello la falsifica. La idea de que hay 鈥渘ecesidades naturales, biol贸gicas鈥 carece de sentido, a la luz de que un individuo que come puede vivir 30 a帽os si lo hace aliment谩ndose con pan u  80 si lo hace con una dieta saludable, libre de carne, con nutrientes esenciales, etc. Las necesidades est谩n vinculadas directamente con el tipo de vida que se quiera tener (y eso incluye una vida m谩s corta o m谩s larga). Sin embargo, para volver con Marcuse, hay necesidades que hemos recibido de la sociedad cuya satisfacci贸n es insostenible para un mundo sin jerarqu铆as. De este modo, no hemos de cuestionar el hecho de que los individuos tengamos necesidades tales o cuales, sino en qu茅 medida estar铆amos dispuestos a no satisfacerlas, a trabajar en 鈥渄ejar de necesitarlas鈥, como quien siendo adicto deja el cigarrillo, precisamente por nuestra convicci贸n en esa sociedad que queremos construir para todos. En este sentido, la actividad colectiva de pensar un mundo diferente tiene una dimensi贸n terap茅utica que no ha sido profundamente atendida por una psicolog铆a anarquista.

[16] Shantz comenta c贸mo pr谩cticas como el bricolaje son una 鈥渁lternativa a la valorizaci贸n del mercado y la producci贸n con fines de lucro incorporada en las empresas corporativas, los aficionados al bricolaje anarquistas recurren a la producci贸n autovalorante enraizada en las necesidades, experiencias y deseos de comunidades espec铆ficas. En lugar de un esp铆ritu consumista que fomenta el consumo de art铆culos prefabricados, los anarquistas adoptan un esp铆ritu productivista que intenta una reintegraci贸n de la producci贸n y el consumo鈥. V茅ase Shantz, 鈥淔uturos anarquistas en el presente鈥, disponible en este portal: https://www.portaloaca.com/pensamientolibertario/textosanarquismo/jeff-shantz-futuros-anarquistas-en-el-presente/.

[17] Dominick, 鈥淟iberaci贸n animal y revoluci贸n social. Una perspectiva vegan del anarquismo o una perspectiva anarquista del veganismo鈥

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Fuente: Portaloaca.com