May 12, 2022
De parte de Lobo Suelto
172 puntos de vista

驴Alguien no est谩 re en una? Con los horizontes desdibujados, buscando sobrevivir a corto plazo, intentando que la normalidad no nos lleve al colapso. La percepci贸n social de que nadie termin贸 de salir de la pandemia 驴es secuela del covid o es resignaci贸n ante una realidad que parece no tener salida? Como si ya de antes la esperanza no escaseara, la pandemia dej贸 impregnado otro s铆ntoma, uno que las vacunas no pudieron prevenir, que la medicina no pudo suavizar: el futuro est谩 cada vez m谩s lejos. Durante las cuarentenas era complicado proyectar a corto plazo, imposible a mediano y directamente inutil a largo. Si el m煤sculo que nos permite futurizar ya ven铆a flojito de papeles, el virus lo ha dejado totalmente atrofiado. 

La experiencia de estos dos a帽os todav铆a est谩 sin entenderse, sin acabar. La pandemia nos sumergi贸 en la noci贸n de que los formatos sociales apocal铆pticos no son inminentes, sino actuales. El miedo al contagio, a la enfermedad, la distancia social, todav铆a son marcas que atraviesan los cuerpos. Y ahora que todo simula volver a la normalidad, el contraste lo evidencia. Nos atraviesa una ineludible anhedonia, una recurrente falta de ganas de volver a intentarlo, de no saber hacia d贸nde ir. Abandonar las viejas formas implica tener que construir nuevas, pero pocas 茅pocas tan hostiles para eso como hoy. A la freelanceada ni cabida y toca doblar la muleada ante la ca铆da de las br煤julas morales de anta帽o.

驴Si no qu茅 queda? 驴Volver a la normalidad es volver a la normatividad? 驴A la resignaci贸n? Al vivir el colapso como un espect谩culo inamovible e inevitable, tan grande en su magnitud, tan abstracto en sus razones, nos aliena de todo tipo de cambio posible. Por m谩s narrativas de colapso o de apocal铆psis, todo seguir谩 de una manera u otra. Y la p茅rdida de los equilibrios no es s贸lo algo que le pasa al clima global o a los ecosistemas locales. Ese peso que deja todo al borde de resquebrajarse se siente en el entramado social, en las grupalidades, en los v铆nculos, en nosotrxs. Nos recluimos cada vez m谩s, sin necesidad de cuarentenas y ASPOs que lo recomienden. 

Ante el advenimiento del apocalipsis, nuestra percepci贸n sobre el tiempo finito se achata, se acorta. Nos deja tan apurados por vivir que nos quedamos sin tiempo. Aparecen las manijeadas para evitar el camino hacia la depresi贸n y nos replegamos en nosotrxs mismxs: en los escapes, en los deseos, en el disfrute, en los cuerpos a nuestro paso. En las ficciones, en la m煤sica, en la joda, en el desborde, en todos esos espacios et茅reos que nos permiten habitar la incertidumbre, que no todo est谩 definido. Surge la capacidad de atravesar el mundo con un hedonismo sin cuidados que destruye todo a su paso; que lastima sin buscarlo, pero sin darle entidad al dolor que puede provocar. Que en nombre del deseo propio rompe afectividades y entramados comunitarios sin medir ni dimensionar las consecuencias. Cada uno arma su propio ranchito y se refugia en su deseo, innegable estrategia de supervivencia ante la falta de esperanza. Antes de sufrir como nunca, gozamos al m谩ximo por 煤ltima vez. 

Dice Horacio Machado Araoz que tal vez una de las mayores estupideces de la Modernidad es el proyecto del hombre como individuo. Que niega no solamente su eco-dependencia en t茅rminos de bienes comunes, de los cuales depende para la vida y el bienestar, sino que tambi茅n niega su interdependencia. Que piensa a la sociedad como un instrumento o herramienta que solamente sirve para facilitarnos la vida y que cobra noci贸n sobre la imposibilidad de pensarse por fuera de una sociedad. El deseo se formatea entonces como la 煤ltima forma de bienestar posible ante el naufragio de cualquier esperanza.

Sin prospectiva de mejores 茅pocas por venir, el formato de deseo que surge en este contexto es el deseo m谩s cercano, m谩s mediatizado. 鈥淓sa fantas铆a de poder vivir eternamente ensimismada en los propios deseos no es m谩s que un sue帽o neoliberal sin realidad alguna: estamos y vivimos en red鈥 dice Brigitte Vasallo. Un ego铆smo consumista que extrae placeres, emociones y experiencias de los cuerpos que deja a su paso. Que deshecha cad谩veres emocionales a su paso, y tiene la habilidad de cambiar de color las banderas para encontrar disfraces dentro las estructuras progres. Si quemamos los puentes de la esperanza, el archipi茅lago de afectividades se convierte en islas en guerra, en vez de flotar sobre una marea de cuidados mutuos. 

驴Ese regreso a la normalidad viene seguro loco? Porque por ac谩 s贸lo parece que a unas cuantas generaciones les inunda m谩s la sensaci贸n de que todo s贸lo puede empeorar, acoplada al desborde hedonista como el mejor lugar para habitar mientras el sueldito lo permita, ser谩 el mejor desborde antes de que todo se vuelva inhabitable. La lenta cancelaci贸n del futuro deja al presente como la mejor etapa del resto de nuestras vidas, El ocio y el goce como 煤nicos lugares para habitar. C贸mo habitar el placer y el 茅xtasis de la ranchada, pero tambi茅n habitar el bienestar de lunes a viernes de 9 a 17. Insertar dentro del automatismo cotidiano nuestras ganas de vivir, de pensar en lo que viene, de cambiarlo todo, de cambiarnos todxs. Nuestras ganas, las tuyas, las m铆as, las de lxs dos. 

Los animales salvajes en las ciudades, el silencio, la restauraci贸n de los ecosistemas 驴d贸nde quedaron? No cancelar la experiencia de la pandemia, sino cosechar los frutos de sus revelaciones. Cuando nos refugiamos en escribir y cocinar, el pan y la poes铆a, como h谩bitos que pod铆an desestabilizar al colapso alrededor. Entrenar la esperanza por elecci贸n, m谩s all谩 de esperar la victoria. Mi respuesta personal est谩 en la esperanza. En militar un volantazo posible en nuestra aventura por la tierra, para horizontes m谩s justos y liberados. 

Volver siempre a nuestras viejas utop铆as, tan rotas y resquebrajadas por nuestra capacidad de enterarnos de todo. Derruidas y abandonadas por el espect谩culo del colapso que nos ofrecen las plataformas digitales y la ventana al caos que la indignaci贸n colectiva no para de abrir y viralizar. Sin congelarlas en sus futuros, ni idolatrarlas en sus altares, pero mantendi茅ndolas cerca para que compongan esa constelaci贸n narrativa que nos vuelve a orientar en la noche. Dice Ezequiel Gatto sobre la inventiva posut贸pica: 鈥淔igurar y refigurar y desfigurar una y otra vez porque, en definitiva, no es una cierta imagen de mundo lo que buscamos sino un principio de acci贸n en 茅l que, no obstante, requiere de im谩genes.鈥 Ante eventos tan inmanejables como los que estamos expuestos, nuestro m煤sculo de imaginaci贸n debe estar cada vez m谩s fuerte, y con m谩s capacidad de exceder por fuera de nuestra peque帽a isla. Revertir el achicamiento de los sue帽os y de los devenires que imaginamos, para recrear los panteones de futuro que necesitamos.

Precisamos entrenar nuestras subjetividades, sin ser giles, manteni茅ndonos pillxs. Porque la extrema derecha tambi茅n desea, tambi茅n tiene esperanza, y no anda con verg眉enza ni desaz贸n. Prefiero que banquemos la parada donde haga falta; con cari帽o, garra y sensibilidad. Sin llevarnos puestos a lxs compas para saltar cuando aparece el gil que viene a bardear. Codo a codo, cerca, y pegaditxs para cuidar que no se nos zarpen, que no nos lleven puestxs. Que no nos aniquilen ni la esperanza ni el presente por descuidar el plantarse como forma de habitar espacios, de defenderlos, de cuidarlos. 

Por eso, una de las cuestiones m谩s fundamentales es c贸mo reformatear el deseo, c贸mo resignificarlo, c贸mo volver a ajustarlo por fuera del deseo neoliberal y consumista. C贸mo el deseo puede volver a formar parte de los proyectos e im谩genes de futuro que queremos seguir construyendo para poder hacer frente al espect谩culo colapsista. La necesidad de habitar y fundar un deseo que no se manifieste alineado y subyugado a la l贸gica neoliberal, sino que est茅 directamente creado para las din谩micas del cuidado y la regeneraci贸n afectiva. Que el deseo en la masificaci贸n de los nuevos formatos de amores no est茅 basada en la ausencia de cuidados, para que los nuevos amores sean siempre libres, nunca libertarios. Dice tambi茅n Vasallo que en el intento de desmontar lo que hoy llamamos monogamia se crean 鈥渕onogamias seriadas con aires de poliamor que dejan tras de s铆 incluso m谩s cad谩veres emocionales que la infidelidad tradicional鈥. Si los cuidados reales y las sensibilidades no se ponen m谩s al palo terminamos m谩s progres, pero peor que antes. Policornudos antes que comunitarios. Activar donde se pueda, compartir lo que haya, cuidarnos entre todxs. Volver a focalizar y al hacer cosas ah铆 donde encontremos las hendijas por las cuales puede asomarse el futuro. La filosof铆a de las abuelas: ejercer el cari帽o cotidiano como forma de cuidados, en las cosas b谩sicas, all铆 donde llega la injerencia y capacidad de cada unx. Enfrentar la violencia para prolongar las potencias que se vislumbraron en el momento de la pandemia donde todo pod铆a cambiar. El cambio raramente llega cuando lo consideramos necesario, pero a veces ni llega.

El tiempo como nuestro principal amigo y enemigo. Nuestro gran aliado y nuestro mayor desaf铆o. Si nos dijeron que pod铆amos cambiarlo todo y todav铆a estamos duelando esa mentira 驴podemos al menos cambiarnos a nosotrxs? 驴cu谩nto se puede cambiar cada unx? No creo que se pueda dejar de intentar. Que cada vez sean m谩s, m煤ltiples y posibles nuestros sue帽os, que le puedan hacer frente a la distop铆a colapsista hacia la cual la anhedonia nos va a llevar si nos quedamos inmovilizados ante el espect谩culo del derrumbe. Recuperar el volante, esgrimir las ganas de cuidar nuestras redes cercanas, de acercarlas, de agitarlas. Dimensionar nuestra potencia puede ser un ejercicio que multiplique las ramificaciones esperanzadoras. Las personales, las colectivas, las barriales. Recorrer los 谩mbitos, sentires, sentidos y personas que pueden reforestar nuestros sue帽os; restaurar colectivamente la esperanza y, as铆 liberar el potencial del futuro.




Fuente: Lobosuelto.com