April 6, 2021
De parte de Amor Y Rabia
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por Juan Manuel Blanco

25 de diciembre de 2020

Como era previsible, la expectativa de que las vacunas contra la covid-19 son inminentes no ha hecho m谩s que鈥 multiplicar el n煤mero y la variedad de restricciones que las autoridades deciden imponer a la poblaci贸n. Sin embargo, transcurridos casi diez meses desde el comienzo del p谩nico, la conclusi贸n es que el confinamiento generalizado, los cierres de fronteras nacionales, provinciales o locales, las prohibiciones de todo tipo, han podido tranquilizar a ciertos segmentos dominados por el miedo, incluso convencer a parte de la opini贸n p煤blica pero, seg煤n los estudios, su eficacia para reducir la mortalidad ha resultado pr谩cticamente nula.

La expresi贸n “teatro pand茅mico” se us贸 por primera vez hace un a帽o para denunciar el sin sentido de cerrar los parques p煤blicos (FUENTE)

En 鈥淎 country level analysis measuring the impact of government actions鈥, R. Chaudhry y sus colaboradores se帽alan que 鈥渓os cierres r谩pidos de fronteras, confinamientos completos y pruebas generalizadas para detectar el Covid-19 no han afectado en absoluto a la tasa de mortalidad por mill贸n de personas鈥. Por su parte, en 鈥淐ovid-19 Mortality: A Matter of Vulnerability Among Nations鈥, Q. Larochelambert y sus coautores sostienen que 鈥渆l rigor de las medidas establecidas para combatir la pandemia, incluido el confinamiento, no parece estar relacionado con la tasa de mortalidad鈥.

No cabe sorpresa. Los planes estrat茅gicos para pandemias, esos que se convirtieron s煤bitamente en papel mojado y fueron barridos en marzo por el viento del p谩nico, ya anticipaban que las autoridades poseen opciones bastante limitadas para detener contagios y muertes en el medio plazo鈥 mientras no se generalice el uso de una vacuna bien experimentada y eficaz. Aplicando indiscriminadas medidas restrictivas, los gobiernos pueden vulnerar derechos y libertades, agravar otras enfermedades, destrozar la econom铆a, generar ruina, pobreza, desempleo, desigualdad鈥 pero dif铆cilmente salvar vidas en el transcurso de una pandemia.

As铆, pa铆ses con confinamientos, totales o parciales, casi eternos, como Panam谩 o Argentina, no difieren sustancialmente en tasa de mortalidad de Brasil, que apenas los ha experimentado. Es f谩cil encontrar multitud de ejemplos y contraejemplos para comprender que la propagaci贸n de la enfermedad depende much铆simo menos de decisiones gubernamentales que de distintos factores como el 谩mbito geogr谩fico (intensa en Europa y Am茅rica, reducida en 脕frica, Asia y Ocean铆a), o de la estaci贸n del a帽o pues las bajas temperaturas impulsan a la gente a permanecer en espacios cerrados, m谩s propicios para la transmisi贸n.

La expansi贸n inicial de los contagios est谩 marcada, en parte, por la suerte, ya que, seg煤n mostraron algunos estudios, la mayor铆a de los enfermos no llega a transmitir la enfermedad mientras que unos pocos, conocidos como supercontagiadores, pueden infectar a much铆simas personas. El azar que implica la aparici贸n, o no, de un supercontagiador, puede determinar el distinto rumbo de una zona respecto a otra, al menos temporalmente. Y la tasa de mortalidad en cada pa铆s depende, en gran medida, del grado de penetraci贸n de la enfermedad en las residencias de ancianos, all铆 donde se concentra la poblaci贸n especialmente vulnerable. Proteger a los grupos de riesgo, mediante una pol铆tica selectiva, es una v铆a capaz de reducir la mortalidad pero resulta poco llamativa en el escaparate de la opini贸n p煤blica.

Ciertos gobiernos europeos, anta帽o se帽alados como modelos de gesti贸n de la pandemia, han contemplado c贸mo la segunda ola arrasaba su imagen, c贸mo su tasa de contagios, y de fallecimientos, comenzaba a converger con aquellos antes tachados de fracasados, seguramente porque la enfermedad avanza m谩s r谩pido all铆 donde no existe inmunidad previa. En general, los gobernantes no pueden ser culpados de las muertes por covid-19; tampoco alabados por su reducido n煤mero pues, salvo casos excepcionales, estos resultados dependen poco de sus pol铆ticas.

El Pa铆s (FUENTEy El Mundo (FUENTE) han denunciado que muchas supuestas medidas contra el Coronavirus son “teatro pand茅mico” y no valen para nada (excepto para sembrar el p谩nico, naturalmente)

LAS DECISIONES VOLUNTARIAS SON LAS QUE CUENTAN

Como bien sab铆an nuestros antepasados al enfrentarse a situaciones similares, incluso mucho peores, la ralentizaci贸n de los contagios guarda m谩s relaci贸n con esas medidas voluntarias que los ciudadanos toman libremente para protegerse y cuidar a los dem谩s. En 鈥淰oluntary vs mandated social distancing and economic activity during COVID-19鈥 William Maloney y Temel Taskin concluyen que, en los pa铆ses desarrollados, las medidas coactivas han tenido menos influencia que las decisiones voluntarias consistentes en reducir libremente la movilidad y garantizar la distancia social.

Todav铆a m谩s grave: estas medidas coactivas, punitivas, no refuerzan a las decisiones voluntarias, sino que tienden a desplazarlas. Cuando las personas act煤an movidas por convicci贸n, principios o responsabilidad, la introducci贸n de normas que establecen la obligaci贸n de actuar tal como mucha gente ya hac铆a libre y voluntariamente鈥 puede tener efectos contraproducentes, cambiar la conducta de los individuos en sentido contrario al deseado.

En 2000, se llev贸 a cabo un experimento en varias guarder铆as de Israel: introdujeron una multa de tres d贸lares por cada retraso en la recogida de los ni帽os. Es el tipo de medida recomendada en Econom铆a para desincentivar una conducta pues incrementa el coste del incumplimiento. Sin embargo, contra todo pron贸stico, el n煤mero de impuntualidades… aument贸 de manera muy notable. Todav铆a m谩s, una vez retirada la multa, el nivel de incumplimiento horario no regres贸 a sus niveles iniciales sino que se mantuvo muy elevado.

Se trata de un fen贸meno conocido como expulsi贸n de la motivaci贸n intr铆nseca: la introducci贸n de prohibiciones o sanciones puede impulsar a los individuos a dejar de actuar por principios, conciencia, generosidad o altruismo. Y las agresivas regulaciones relativas a la covid-19 no constituyen una excepci贸n.

DESPLAZANDO LA RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL

Psic贸logos y economistas han buscado explicaciones para este fen贸meno. En Motivation Crowding Theory (2001), Bruno Frey y Reto Jegen se帽alan que la intervenci贸n coactiva transforma la manera en que los sujetos perciben el entorno. Las personas pueden sentirse virtuosas por comportarse de manera generosa y correcta, sea recogiendo puntualmente a los ni帽os o manteniendo precauciones ante la covid-19 para cuidar de sus conciudadanos. Pero la percepci贸n de virtud desaparece cuando ya no se trata de una acci贸n voluntaria, sino obligada, cuando se castiga la transgresi贸n.

La intervenci贸n invasiva tambi茅n socava la autodeterminaci贸n individual, incluso la propia autoestima, pues el sujeto la interpreta como una manifiesta desconfianza de las autoridades en su buen juicio. Y puede generar enojo, irritaci贸n, ante medidas que la gente considera exageradas, injustas o arbitrarias, un impulso para quebrantar las normas mientras se simula su acatamiento. Naturalmente, en esos pa铆ses con confinamientos domiciliarios eternos y abusivos, la gente se las ingenia para vulnerarlos, para salt谩rselos a la torera, algo que conduce a los dirigentes a endurecer todav铆a m谩s las medidas. Al final, los gobernantes y los medios han acabado convenciendo a mucha gente de que los ciudadanos somos unos irresponsables, necesitados de la tutela, del paternalismo de nuestros dirigentes, cuando son ellos quienes impulsan semejantes c铆rculos viciosos.

Las medidas de distancia social requieren voluntad, convicci贸n personal. Resultan mucho m谩s eficaces si se encuentran interiorizadas en los individuos, no simplemente plasmadas en un papel, en una ley que pretende in煤tilmente regular esos peque帽os detalles que conforman el comportamiento cotidiano. Hecha la ley鈥 hecha la trampa. Ni el regreso del Gran Hermano, de George Orwell, podr铆a garantizar que las celebraciones de Nochebuena en domicilios privados queden limitadas a seis personas, tal como absurdamente han decretado algunas autoridades. Tan detalladas e invasivas regulaciones, tan draconianas prohibiciones, desplazan intensamente la responsabilidad individual, contribuyendo a la infantilizaci贸n del p煤blico.

El top de acciones absurdas contra el Coronavirus: de desinfectar calles a cerrar parques -recordemos que el 芦teatro pand茅mico禄 ha enriquecido a m谩s de uno (FUENTE)

En definitiva, las imaginativas medidas que van tomando los gobiernos, como cuarentenas de todos los sanos, limitaci贸n de actividades econ贸micas o cerramientos perimetrales, contribuyen muy poco a combatir una pandemia. Los pol铆ticos no las imponen en favor de los ciudadanos, de los vulnerables o los desfavorecidos. Muy al contrario: lo hacen en beneficio de su propia imagen.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com