October 2, 2021
De parte de Lobo Suelto
391 puntos de vista


Traducci贸n: Diego Ortolani

En la contribuci贸n anterior (鈥Bienvenidos al pasado..鈥), el autor asum铆a el an谩lisis de Andreas Malm, a prop贸sito del Capitaloceno y del v铆nculo entre capitalismo y energ铆as f贸siles, a partir de una perspectiva autonomista. En esta contribuci贸n prosigue el di谩logo con las tesis de Malm, y en particular con su 煤ltimo texto publicado recientemente, 鈥淓l murci茅lago y el capital鈥. Vienen discutidas en particular las hip贸tesis estrat茅gicas que el autor sueco presenta en la segunda parte del texto y que sintetiza en la f贸rmula del 鈥渓eninismo ecol贸gico鈥.

Aclar茅moslo desde ahora: el diagn贸stico trazado por Malm de la pandemia en curso es esclarecedor pero, si bien estimulante, la propuesta/provocaci贸n de un 鈥渓eninismo ecol贸gico鈥 que avanza en su entusiasta panfleto sobre la Covid-19, nos parece cuanto menos discutible. Lo parece, tambi茅n, a la luz de los presupuestos epistemol贸gicos y de los an谩lisis hist贸ricos elaborados por el mismo Malm en sus trabajos precedentes, que giran en torno a la centralidad pol铆tica de las luchas sociales. Ello parece, incluso, en contraste con el examen del espacio global que Malm realiza en su ensayo. A tal prop贸sito, las lecturas autonomistas de los cl谩sicos del pensamiento revolucionario y de las geograf铆as contempor谩neas del capital ofrecen, en nuestra mirada, una buena vacuna contra aquel febril 鈥渄eseo de Estado鈥 que emerge de algunas p谩ginas de 鈥淓l murci茅lago y el capital鈥 (1).

Procedamos en orden. Los recorridos de la genealog铆a y de la cr铆tica del Capitaloceno nos llevaron a China 鈥搇ugar de intensa concentraci贸n de m煤ltiples tendencias globales-. Y es justo desde esta regi贸n que se necesita recomenzar si queremos comprender los procesos que trastornan de la cima al fondo nuestro presente. Las l贸gicas temporales en acto tras el cambio clim谩tico nos muestran que m谩s el planeta se sobrecalienta, m谩s otras din谩micas complejas y multiescalares retroact煤an sobre los ecosistemas, sobrecalentando todav铆a m谩s a su vez. De aqu铆 la necesidad vital de intervenir con rapidez para invertir la situaci贸n, antes que esta difumine cualquier posibilidad de control social y pol铆tico 鈥搗ale decir, antes que el dark side de la autonom铆a de la naturaleza despliegue las velas-.

A煤nque en escala menor, una urgencia an谩loga la ponen los factores sociales que han generado y difundido la Covid-19. Si este fen贸meno no tiene el mismo poder que el calentamiento global de socavar los fundamentos de la vida humana (y de muchas otras especies), la espiral mort铆fera que el Sars-Covid-2 ha provocado nos llama a actuar con un grado an谩logo de velocidad y radicalidad. Antes todav铆a de discutir las perspectivas pol铆ticas emanadas de este instant book de Malm, as铆 situado en la coyuntura actual, concentr茅monos primero sobre la fase que estamos atravesando, sometiendo a examen los procesos socioecon贸micos y las coordenadas espacio-temporales que han provocado esta crisis pand茅mica.

Horror vacui, deforestaci贸n y zoonosis

La l贸gica de la acumulaci贸n capitalista impone conquistar y ocupar incesantemente el espacio geogr谩fico. Dejar vac铆o un espacio significa no ponerlo en valor. El ensanchamiento sin fin de los circuitos de la reproducci贸n del capital inserta una tendencia expansiva dirigida a saturar el mundo, a invadir todo lugar y todo ambiente, a colonizarlo ulteriormente y a transformarlo siempre m谩s para sostener la din谩mica de su desarrollo.

A este prop贸sito, las selvas v铆rgenes constituyen un terreno a deforestar, invitan a ser penetradas y sometidas a las duras leyes del mercado. Desde el punto de vista de la cartograf铆a del capital, el vac铆o de ganancias que ellas manifiestan debe ser colmado. Pero, 驴cu谩les son las constricciones sist茅micas que empujan para hacer avanzar las fronteras del capital hasta estos lugares v铆rgenes, y para cancelar de los mapas estos espacios vac铆os insoportables para l贸gica del valor? Al inicio del nuevo milenio, la destrucci贸n de las selvas tropicales est谩 fundamentalmente determinada por la producci贸n de mercanc铆as. M谩s precisamente, cuatro despuntan: en orden decreciente, la carne bovina, la soya, el aceite de palma y la madera.

Considerados en conjunto, estos cuatro circuitos son responsables del 40 % de la deforestaci贸n tropical, la cual ha sufrido una aceleraci贸n sin precedentes entre el 2000 y el 2021, distribuida mayormente entre siete pa铆ses del Sudeste Asi谩tico y la Am茅rica Latina (2). La apropiaci贸n compulsiva de territorios remotos y la extracci贸n brutal de recursos raros no han llevado a la domesticaci贸n de la naturaleza salvaje: antes bien, han puesto a circular micro-organismos pat贸genos, los cuales han sido r谩pidamente absorbidos al interior de los circuitos del capital, tornando necesario el bloqueo o el enlentecimiento de muchos sectores de la econom铆a, y el confinamiento domiciliario por semanas y meses de m谩s de 3 mil millones de personas en el mundo.

Mientras las cosas sigan as铆, debemos esperar la emergencia de otras pandemias en los a帽os por venir. Y en efecto, hace ya dos decenios que asistimos a la comparecencia sobre la escena global de numerosas enfermedades virales. A煤n si sus picos epid茅micos no hab铆an tocado las cotas de la Covid-19, la influenza aviar en muchos pa铆ses del mundo, la SARS prevalentemente en el Sudeste Asi谩tico, la MERS en Medio Oriente o el 脡bola en 脕frica subasahariana, resultan entre las m谩s funestas. M谩s all谩 de las diferentes tasas de contagiosidad, de los grados de mortalidad, del n煤mero absoluto y de la composici贸n social de las muertes, en el origen de estas infecciones opera el as铆 llamado 鈥渟alto de especie鈥.

驴De qu茅 se tratan, y por qu茅 el cambio clim谩tico y los procesos de deforestaci贸n juegan un rol tan decisivo en los fen贸menos de salto de especie? Por salto de especie se entiende el pasaje de un agente pat贸geno de un animal a otro perteneciente a una especie diferente. El nuevo animal puede revelarse hostil a la reproducci贸n del virus o presentarse, por m煤ltiples razones, como un hu茅sped m谩s favorable, un 鈥渉u茅sped amplificador鈥 鈥揻actor que permite el relanzamiento de la difusi贸n del virus en una escala m谩s vasta-. Como se ha dicho, muy frecuentemente 鈥渓as grandes f谩bricas producen las grandes gripes鈥 (3).

El bi贸logo Robert Wallace, en efecto, ha demostrado que la cr铆a industrial de animales destinados al matadero constituye una peligrosa incubadora de contagio. Las cr铆as industriales intensivas, como los recintos de engorde de cerdos o los criaderos de pollos 鈥揹onde los animales sufren procesos de selecci贸n dudosos-, ofrecen un ambiente propicio a la evoluci贸n de los agentes pat贸genos agresivos, a causa de la alta densidad de organismos hu茅spedes cuerpo a cuerpo, de sus d茅biles sistemas inmunitarios dadas las condiciones de cr铆a, y sus breves ciclos de vida. Cuando el salto de especie se efect煤a de un animal a un ser humano 鈥揷on la posibilidad de animales intermediarios que vehiculan el virus de uno al otro haci茅ndolo evolucionar-, se habla entonces de zoonosis, como se sabe masivamente ahora. 鈥淯na palabra del futuro 鈥揺scrib铆a Quammen en el 2012- destinada a devenir m谩s com煤n en el curso de este siglo鈥 (4).

En el caso del Sars-Covid-2, el lugar que ha cumplido la funci贸n de transmisi贸n del virus no ha sido una granja industrial 鈥揷omo sucedi贸 con la gripe aviar al final del siglo XX, y probablemente con la gripe espa帽ola en 1918-, sino un mercado h煤medo, donde decenas de especies animales diferentes coexisten una al lado de la otra (como ya se sabe, los mercados h煤medos son as铆 definidos por tener a los ejemplares vivos a la venta, y por los repetidos enjuagues que se aplican a la carne reci茅n sacrificada).

En cualquier caso, es la penetraci贸n de los intereses capitalistas en los 谩ngulos casi inexplorados de las selvas tropicales la que nos hace entrar en contacto, directa o indirectamente, con los animales salvajes que transportan los virus respecto a los cuales nuestros sistemas inmunes est谩n desarmados, virus que hasta ahora permanec铆an circulando s贸lo en lo profundo de las selvas. A este prop贸sito, Am茅rica Latina, 脕frica Central y el Sudeste Asi谩tico constituyen las regiones m谩s expuestas. Con la puesta a pastoreo de 谩reas boscosas, la expansi贸n de monocultivos del agrobusiness (aceite de palma, soya, ca帽a de az煤car, productos frut铆colas, etc.) representa el frente m谩s avanzado de la infiltraci贸n y devastaci贸n de ambientes naturales, hasta este momento (casi) intactos. Luego, la deforestaci贸n aumenta el riesgo de encuentro, contagio y transmisi贸n de aquellos virus que golpean a los animales y los seres humanos.

Pero eso no es todo. Hay que poner a la cuenta de la deforestaci贸n otras dos cuestiones. En primer lugar, la deforestaci贸n libre y desregulada conlleva la p茅rdida de biodiversidad, lo cual inserta no solamente numerosos efectos en cascada que desestabilizan los ecosistemas, sino que est谩 铆ntimamente relacionado al spillover o derrame. La variedad de especies de hecho aumenta la probabilidad para los virus de terminar en un hu茅sped desfavorable, produciendo un efecto de diluci贸n que obstaculiza el 鈥渟alto鈥: en otros t茅rminos, a mayor biodiversidad, menor es la posibilidad de salto y zoonosis.

En segundo lugar, la deforestaci贸n fragmenta las zonas forestales, y esto implica la aceleraci贸n de la evoluci贸n de los agentes pat贸genos por dos razones: ante todo, porque los animales que hospedan un virus son as铆 recluidos en h谩bitats de dimensiones reducidas, donde los contactos son m谩s frecuentes; y adem谩s porque estas condiciones de estr茅s cr贸nico los empujan a efectuar largas migraciones, favoreciendo as铆 la difusi贸n global del virus. En suma, 鈥渓os puntos calientes para la zoonosis son las zonas de m谩s intensa deforestaci贸n, y ambos se encuentran entre los tr贸picos鈥 (5).

Y bien, entre los candidatos al premio del mejor agente transmisor de virus, el murci茅lago es sin dudas el favorito. O mejor: es el campe贸n de la zoonosis. Con sus 1200 especies en el mundo, el murci茅lago tiene detr谩s suyo m谩s de 65 millones de a帽os de especiaci贸n, que le han permitido modificar su genoma y desarrollar un sistema inmunitario muy potente. Es as铆 que, junto a los roedores, ha devenido un portador sano de una enorme cantidad de virus. Y el hecho de ser un mam铆fero facilita todav铆a m谩s la transmisi贸n 鈥搈uy frecuentemente con el concurso de un hu茅sped amplificador- al ser humano.

Adem谩s de su historia ancestral, su formidable capacidad de adaptaci贸n y de resistencia a los virus derivan de al menos otras dos caracter铆sticas espec铆ficas. El murci茅lago es el 煤nico mam铆fero con la capacidad de volar, y es un animal gregario. El reverso de la medalla del primer factor es una temperatura corporal de alrededor de 40掳, dado que para emprender vuelo y planear en el aire, el murci茅lago es constre帽ido a batir fren茅ticamente las alas. Tal temperatura no parece turbar al mam铆fero, pero torna a los virus m谩s fuertes y capaces de resistir aquel mecanismo de autodefensa que es el estado febril. Adem谩s, viven en colonias que pueden llegar a varios miles de ejemplares, con refugios escondidos entre las grutas y las grietas. Tal concentraci贸n en ambientes as铆 cerrados es una f贸rmula excelente para la inmunidad de reba帽o.

Todas estas razones explican que el murci茅lago sea un prodigioso hu茅sped-reserva de virus (6). Y en efecto, ellos hospedan m谩s de 3000 especies de coronavirus diferentes. Cierto, no todos estos virus tienen la capacidad de saltar de una especie a la otra, de aterrizar sobre los seres humanos y proliferar entre nosotros. Sin embargo, es claro que fen贸menos tan perturbadores para los ambientes naturales como las deforestaciones y el calentamiento clim谩tico, obligar谩n a los murci茅lagos a migrar para buscar h谩bitats m谩s confortables. Y es asimismo claro que el vuelo permite a los enjambres de estos animales atravesar largas distancias y aumentar as铆 las posibilidades de interceptar un alto n煤mero de hu茅spedes potenciales.

Dicho de otra manera, los fundamentos de la vida del murci茅lago infringen las dos principales reglas de las limitaciones pand茅micas del 2020: no trasladarse y no amontonarse (7). He aqu铆 por qu茅 proteger los espacios de la vida natural del cambio clim谩tico y de la deforestaci贸n significa intervenir sobre las causas mismas de la pandemia, y salvaguardar as铆 la habitabilidad del planeta, fen贸menos que implican una inversi贸n dr谩stica e inmediata de los carriles sobre los cu谩les la globalizaci贸n capitalista ha avanzado hasta hoy.

Y la globalizaci贸n va

Las tendencias sist茅micas de la acumulaci贸n capitalista han generado como contra-efecto el desastre de la Covid-19:

鈥淗acinen a los animales salvajes uno junto al otro y la caja de Pandora pand茅mica se abrir谩 tarde o temprano, consecuencia previsible del tratamiento reservado a la vida natural鈥 (8).

Si bien algunos sectores del gran capital, como los GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple), o los gigantes de la seguridad, est谩n acumulando cantidades extraordinarias de riqueza, nos encontramos al centro de una de las m谩s devastadoras crisis econ贸micas de la historia del capitalismo. Pero, 驴c贸mo est谩 estructurada sobre la escala global la compleja red de relaciones financieras, productivas y comerciales que se apropia de los animales y pone en circulaci贸n nuevos virus, conectando entre ellas las diferentes regiones del planeta? 驴Qu茅 nos ense帽a la cronolog铆a global de las v铆ctimas de la Covid-19 y el impacto socialmente diferenciado de la crisis sanitaria y econ贸mica? 驴Cu谩les son las lecciones pol铆ticas que podemos recabar del conjunto de estos procesos?

Para comprender los efectos eco-pand茅micos de la globalizaci贸n desenfrenada, Malm acu帽a la expresi贸n 鈥渋ntercambio ecol贸gicamente desigual y patol贸gico鈥 (9). Esta f贸rmula identifica, en su origen, la ligaz贸n indisoluble que persiste entre los recursos bio-f铆sicos incorporados en los bienes destinados a los mercados occidentales, y la generaci贸n de condiciones favorables al desarrollo de enfermedades virales en /desde el Sur global. La aparente equidad de las transacciones monetarias que regulan el comercio internacional se funda en una asimetr铆a radical: los consumos de los pa铆ses del Norte del mundo absorben, de hecho, la biodiversidad y la tierra de todos los otros continentes. Detr谩s del equivalente universal de la moneda se esconde, por lo tanto, entre varias, la espec铆fica desigualdad en el drenaje de materias primas.

En este sentido, Europa, Am茅rica del Norte y Jap贸n constituyen los epicentros de los flujos globales de mercanc铆as que caracterizan el 鈥渋ntercambio ecol贸gicamente desigual y patol贸gico鈥. Para satisfacer sus necesidades, no solamente las alimentarias, estas regiones dependen como todas las otras de las importaciones. Si fuese contabilizado por consumo de la tierra y p茅rdida de la biodiversidad y no en d贸lares, el balance general de los intercambios internacionales ser铆a profundamente desequilibrado en favor de los pa铆ses del Sur global. Otro modo, por lo dem谩s convincente, de calcular la deuda ecol贸gica del Norte global.

En lo que toca a la Uni贸n Europea, m谩s all谩 de las profundas divergencias internas entre los pa铆ses de su centro y los de su periferia, sus intercambios comerciales totales con los pa铆ses del Sur del mundo registran un surplus monetario m谩s o menos importante, mientras se estima que en 2007 el consumo de suelo y recursos naturales incorporado en los consumos de la UE correspond铆a a la superficie de la India (10). Es sobre la base de una tal desproporci贸n ecol贸gica que se crean las condiciones objetivas para la expansi贸n de las infecciones virales. El intercambio ecol贸gico desigual no es entonces solamente una de las principales razones que mantiene a los pa铆ses y las poblaciones del Sur global en un estado de dependencia y miseria econ贸mica respecto al Norte, sino tambi茅n un potente motor de 鈥渓os procesos de deforestaci贸n, por lo tanto de p茅rdida de la biodiversidad y de saltos zoon贸ticos鈥 (11).

Esta herencia siempre presente desde la 茅poca colonial se est谩 transformando sin embargo en un insidioso Caballo de Troya. En una 茅poca atormentada por el devenir-cr贸nico de las epidemias, ser un centro neur谩lgico de los flujos globales de mercanc铆as constituye un arma de doble filo. En lo que toca a la Covid-19, los lugares de m谩s alta difusi贸n del virus 鈥揳l menos en una primera fase- han sido muchos de los nodos cruciales de la circulaci贸n mundial del capital: Lombard铆a, Isla de Francia-Par铆s, las 谩reas metropolitanas de Londres, Madrid y Bruselas, New York y su hinterland..

Estos nodos, adem谩s de focos de difusi贸n de la Covid-19 y lugares centrales de los intereses del gran capital, est谩n tambi茅n entre los corazones pulsantes de la movilidad de las personas a escala mundial. Esto define el cierre del c铆rculo, vale decir, la coincidencia cuasi perfecta entre la circulaci贸n de las mercanc铆as, la circulaci贸n de los seres humanos y la del virus. La red de los transportes planetarios se ha revelado as铆 no solamente un catalizador de la pandemia, sino como su verdadera y propia condici贸n sine qua non. Sin embargo, la existencia de este fen贸meno no representa una novedad en s铆. Ya durante los episodios pand茅micos precedentes las enfermedades se trasladaban de un centro a otro del mercado global, antes todav铆a de alcanzar los campos.

Lo que es in茅dito es la rapidez del proceso. En el pasado, los virus y los par谩sitos viajaban al ritmo de los veleros y las caravanas, de los trenes y los barcos a vapor. Con la invenci贸n de los aviones y la democratizaci贸n de su uso, los pat贸genos han tenido acceso en poqu铆simo tiempo a territorios y vetas de poblaci贸n muy vastas. La compresi贸n espacio-temporal vuelta posible por el desarrollo de las fuerzas productivas 鈥損ara recuperar un viejo concepto siempre actual-, ha desencadenado un efecto domin贸 paradojal. En efecto, todas las regiones del mundo y todas las capas de la sociedad han sufrido la Covid-19, en el primer momento fueron las zonas y clases ricas las que encajaron el golpe, y s贸lo en un segundo momento las pobres. En paralelo a que las crisis sanitaria y econ贸mica se expand铆an, han sido las clases subalternas las que van pagando el precio m谩s alto. Una vez m谩s, aquellos que han tenido una responsabilidad menor en provocar las causas del desastre sufren sus consecuencias m谩s devastadoras.

Para trazar un diagn贸stico de las cat谩strofes clim谩ticas y pand茅micas en curso, debemos entonces reconocer el car谩cter social e hist贸rico no s贸lo de aquellas condiciones que favorecen la exposici贸n de frente a eventos tr谩gicos, sino tambi茅n de las din谩micas que determinan su emergencia. En la fase actual de la globalizaci贸n, la impronta capitalista permea los procesos mismos que causan los shocks, y no se limita a intervenir post festum. Tradicionalmente la cr铆tica de los desastres naturales atribuye a las relaciones sociales una funci贸n de amplificaci贸n de los da帽os. De la lectura rousseauniana del terremoto de Lisboa a las teor铆as cr铆ticas de la vulnerabilidad, el acento es puesto justamente sobre la dimensi贸n social del desastre m谩s que sobre la natural: si la sociedad no fuera as铆 desigual, entonces el balance de 茅ste o aquel cataclismo habr铆a sido menos dram谩tico.

Al contrario, la epidemiolog铆a cr铆tica y la biolog铆a marxista muestran que no s贸lo las consecuencias, sino tambi茅n las causas profundas y los procesos din谩micos al origen de las cat谩strofes naturales son cada vez m谩s marcadamente sociales. La combusti贸n de fuentes f贸siles, la emisi贸n de CO2 y otros gases de efecto invernadero, en lo que toca al cambio clim谩tico; la deforestaci贸n y la extinci贸n en masa de la biodiversidad, en lo que toca a las epidemias/pandemias: aquello que provoca siempre m谩s sequ铆as, incendios, ondas an贸malas de calor y fr铆o, inundaciones, tempestades y huracanes, de un lado, y siempre m谩s zoonosis del otro. En consecuencia, la cr铆tica de la violencia neoliberal 鈥搃ncluidas sus gobernanzas securitaria y sanitaria-, ya no puede quedar separada de la puesta en discusi贸n radical de las tendencias capitalistas estructurales de la dominaci贸n y mercantilizaci贸n de la naturaleza.

Capitaloceno, contrapoderes y transici贸n socioecol贸gica

El cambio clim谩tico y la pandemia de Covid-19 constituyen dos expresiones heterog茅neas de la crisis ecol贸gica epocal en curso. A diferencia de las crisis sociales, econ贸micas y pol铆ticas que golpean de manera recurrente las sociedades capitalistas, la crisis ecol贸gica no sigue una tendencia c铆clica sino exponencial. La subsunci贸n capitalista desenfrenada de la naturaleza produce siempre m谩s efectos virulentos de retorno, los cuales est谩n comprometiendo los presupuestos mismos sobre los cuales se funda la b煤squeda de la ganancia. El te贸rico eco-marxista James O鈥機onnor define tal proceso como 鈥渟egunda contradicci贸n鈥, vale decir, aquella constricci贸n estructural que empuja a la acumulaci贸n del capital a destruir las condiciones materiales naturales que aseguran su reproducci贸n (13).

Seg煤n Malm, que comparte tal definici贸n, hemos entrado en una 茅poca de emergencia cr贸nica, en la cual los Estados estar谩n obligados a intervenir masivamente para hacerse cargo de la salud de la fuerza de trabajo y los consumidores. A tal prop贸sito, la pandemia ha sido una circunstancia emblem谩tica que muestra qu茅 cosa pueden hacer los gobiernos cuando la supervivencia de las poblaciones est谩 amenazada, llegando incluso a tomar decisiones que han determinado las hiperprofundas crisis tanto de la demanda como de la oferta global. Lamentablemente, las medidas extraordinarias adoptadas para limitar las p茅rdidas 鈥揹e una magnitud jam谩s vista en tiempos de paz-, han intervenido sobre los s铆ntomas de la crisis, distrayendo la atenci贸n de sus causas profundas.

Para salir de la gravedad de la situaci贸n en curso, tenemos necesidad por el contrario de una estrategia opuesta, que asuma como objetivo los factores que alimentan la crisis ecol贸gica, y no la simple gesti贸n m谩s o menos eficaz de sus consecuencias delet茅reas. Para Malm, una intervenci贸n de este tipo y dimensi贸n ser铆a aut茅nticamente revolucionaria y repondr铆a en el orden del d铆a el gesto t铆pico de los bolcheviques, los cuales, bien al medio de la Primera Guerra Mundial, tuvieron la capacidad de transformar la crisis de los s铆ntomas en crisis de las causas, vale decir, la fuerza de invertir la guerra imperialista entre las grandes potencias mundiales en guerra civil revolucionaria.

La singularidad de la revoluci贸n del 1917 consisti贸, en efecto, en una intervenci贸n que prob贸 concientemente confrontar la civilizaci贸n as铆 como se hab铆a manifestado hasta aquel momento, poniendo fin de tal manera al imperialismo y a la explotaci贸n de clase. Este es el legado filos贸fico-pol铆tico e hist贸rico-universal todav铆a reactivable del Octubre sovi茅tico. M谩s all谩 de sus conquistas concretas y de su degeneraci贸n estalinista, la toma del Palacio de Invierno insert贸 un proceso de auto-trascendencia inmanente de la modernidad, inaugur贸 una din谩mica de autosuperaci贸n, signada tanto por rupturas como por rescates de su herencia.

El 鈥渓eninismo ecol贸gico鈥 que Malm auspicia debe entonces ser comprendido como un archivo donde buscar fuentes de inspiraci贸n, y no como una 鈥渁filiaci贸n partisana鈥 (14). Esto implica, en primer lugar, un agudo sentido de la coyuntura. En la 茅poca del Capitaloceno realmente desplegado, dice Malm citando al colectivo ingl茅s Salvage, 鈥渓a pol铆tica debe devenir enteramente una pol铆tica del desastre鈥 (15). Si bien sus espirales desastrosas afligen de modo combinado y desigual las diferentes regiones del mundo y las diferentes capas de la sociedad, la crisis actual es ya eminentemente tr谩gica y est谩 destinada a devenir siempre m谩s tr谩gica. Es este sentido de la urgencia el que empuja a Malm a declarar dos necrol贸gicas (16): para la socialdemocracia y para el anarquismo. Y es tal urgencia la que orienta su perspectiva pol铆tica hacia el 鈥渃omunismo ecol贸gico de guerra鈥, antes que a un simple Green New Deal.

 Para el investigador y activista sueco, los a帽os 10 de nuestro siglo han sepultado toda suerte de variante reformista as铆 como toda pretensi贸n de renunciar a la leva estatal, abriendo las puertas a un realismo pol铆tico intransigente que considera el poder del Estado como un instrumento imprescindible para la transformaci贸n social. En cuanto al abandono de los proyectos socialdem贸cratas, el gradualismo y la proyectualidad de largo plazo hacen parte de una 茅poca superada. Nos encontramos ya en el interior de un horizonte temporal que vuelve ingenua y obsoleta la esperanza en un lento mejoramiento de las condiciones de vida sobre la base del di谩logo social y del compromiso entre los polos antagonistas de la sociedad. El agotamiento de los gobiernos progresistas latinoamericanos, la experiencia de Syriza en Grecia y de Podemos en Espa帽a, y lo fallido de las campa帽as electorales de la izquierda socialista en el Reino Unido y en los Estados Unidos son la prueba. Esto no significa que estas fuerzas no tengan m谩s un rol posible; al contrario, ellas deben ir simplemente m谩s all谩 de si mismas si quieren sobrevivir a la agudizaci贸n del enfrentamiento en acto a partir del 2008.

Igualmente condenadas a la irrelevancia est谩n, seg煤n Malm, el horizontalismo y el antiestatalismo maximalista y de las llamadas izquierdas extraparlamentarias, relegadas al olvido de la historia no solo por el reforzamiento y la radicalizaci贸n del enfrentamiento post-crisis del neoliberalismo, sino sobre todo por los desaf铆os puestos por la Covid-19 y todav铆a m谩s por el calentamiento clim谩tico. El balance de las primaveras 谩rabes, de las ocupaciones de las plazas durante el ciclo Occupy, de las huelgas feministas, de los movimientos antirracistas y por la justicia ambiental y clim谩tica, o de las numerosas sublevaciones populares desde el 2018-2019, est谩 hecho de luces y sombras, y nos invita a rever las posiciones que toman firmemente distancia de la m谩quina estatal. Un cierto grado de hard power aparece en los hechos como necesario para parar r谩pidamente la deforestaci贸n salvaje, prohibir la extracci贸n brutal de recursos naturales o reconvertir las multinacionales del capital f贸sil; un grado m铆nimo de centralizaci贸n y verticalidad parece inevitable para atender a las necesidades de sociedades complejas y diferenciadas, partiendo por la salud p煤blica. En otros t茅rminos, lo p煤blico no puede ser inmediata y enteramente sustituido por lo com煤n.

Sin comentar todas estas tomas de posici贸n, que ameritar铆an una discusi贸n m谩s profunda, pero teni茅ndolas siempre en mente sobre el fondo, nos limitaremos en las l铆neas que siguen a analizar las tesis de Malm desde la perspectiva de un confronte constructivo. Queremos dirigirle dos cr铆ticas que intentan concluir sobre una puesta en cuesti贸n dial茅ctica de su leninismo ecol贸gico.

Ante todo, nos parece que su investigaci贸n de una v铆a maestra hacia el realismo pol铆tico, adolece de interrogar aquella forma-Estado que deber铆a poner en juego medidas as铆 radicales. 驴De cu谩l Estado estamos hablando? 驴Del Estado naci贸n como lo hemos conocido en el siglo XIX y XX? 驴Solamente de una gran potencia estatal, o de cualquier Estado en general? Tambi茅n: 驴de un Estado aislado, que procede en un proceso solitario, o quiz谩s 鈥渆l comunismo ecol贸gico de guerra en un solo pa铆s鈥 es una contradicci贸n en los t茅rminos? 驴Se precisa tomar en consideraci贸n una suerte de coalici贸n o alianza interestatal? Si es as铆, 驴sobre cu谩les bases: geogr谩ficas, pol铆ticas, o las dos juntas? 驴Y con cual objetivo, un Green Comintern, un Green Breton Woods? En este caso, 驴qu茅 rol podr铆an jugar las instituciones internacionales, trasnacionales o supranacionales?

El potencial del arsenal de Estado y su autonom铆a relativa respecto a los intereses inmediatos del capital, han estado bajo los reflectores durante la primera fase de la pandemia. Si solamente las esferas estatales detentan el poder de realizar r谩pidamente y sobre la escala planetaria los objetivos macro-econ贸micos y macro-pol铆ticos de una verdadera transici贸n socioecol贸gica, las cuestiones de la gobernanza global, de la soberan铆a en el siglo XXI, de la as铆 llamada violencia leg铆tima en un mundo multipolar, de la planificaci贸n/dislocaci贸n de los recursos en la 茅poca de las plataformas globales digitales, no pueden quedar sin respuesta.

Por amor al realismo, el esbozo de una teor铆a del Estado aparece entonces necesario para anclar un tal prop贸sito a una perspectiva que se quiera realmente estrat茅gica. Tanto m谩s que la instauraci贸n de un estado de emergencia cr贸nico puede desembocar en la instituci贸n de un Leviat谩n, o peor a煤n de un Behemoth clim谩tico (17). El Estado no puede ser tratado como una forma dada tal y como es, homog茅nea y transhist贸rica, so riesgo de tropezar con una 鈥渋mpol铆tica鈥 de la transformaci贸n social. Y sobre tal punto, el hilo rojo que atraviesa la tercera parte de 鈥淓l murci茅lago y el capital鈥 muestra algunos fallos en varias ocasiones.

Pese a su gran atenci贸n a y su participaci贸n activa en los movimientos ecologistas (18), el realismo pol铆tico del Malm de esta obra parece oscilar entre dos escollos, opuestos pero especulares. De un lado, este parece apostar teleol贸gicamente sobre un punto de ruptura hist贸rico determinado por la crisis clim谩tica. Como la nube porta consigo la tempestad, el global warming porta consigo la fuerza de impacto necesaria para imprimir un giro radical en el curso de la historia. All铆 donde se esperar铆a un esbozo de una teor铆a del sujeto, Malm delega todo el 鈥渢rabajo sucio鈥 a la autonom铆a de la naturaleza, y no a la de las subjetividades que se oponen al business as usual.

En su culminaci贸n, el avance objetivo del cambio clim谩tico terminar谩 por garantizar la superaci贸n 鈥搈谩s o menos sincronizada en los cuatro 谩ngulos del planeta, como habr谩 sucedido con la pandemia- de aquel l铆mite que amenaza la reproducci贸n de la especie, obligando al Estado a intervenir. El crecimiento inexorable de las externalidades negativas producidas por el dominio feroz de la naturaleza constituir铆a la contradicci贸n 煤ltima, decisiva, de esta particular variante ecol贸gica de la teor铆a del colapso, la cual no abre sin embargo mec谩nicamente (como el autor sabe demasiado bien) a los horizontes rojos (19).

Del otro lado, Malm parece deslizarse hacia el voluntarismo. En ning煤n punto nos dice quienes ser谩n aquellos que maniobrar谩n las levas del comando estatal para conducirnos hacia el lado justo de la historia. Cuando esperar铆amos adentrarnos en una teor铆a de la organizaci贸n, nos reencontramos en vez en las manos de una indeterminada autonom铆a de lo pol铆tico: como un deus ex machina, una vanguardia alimentada por la lecci贸n bolchevique comparecer谩 un buen d铆a para conducir el asalto final al coraz贸n mismo del Estado. Pese a su fuerza evocativa, la referencia a la revoluci贸n rusa permanece aqu铆 limitada al comunismo de guerra, vale decir, a aquella fase bolchevique inmediatamente siguiente a la toma del  poder por parte del partido comunista. Sin embargo, no s贸lo nos encontramos bien distantes de una situaci贸n como aquella, sino que la insurrecci贸n del Octubre 1917 no fue ciertamente un rel谩mpago en un cielo sereno, ella fue preparada por la derrota de 1905, por el antecedente signado por la sublevaci贸n de febrero de 1917, por el crecimiento de la auto-organizaci贸n de masa en las f谩bricas, en los cuarteles, etc.

Lo que sorprende en esta exposici贸n de Malm no es tanto su insistencia anti-idealista sobre el hecho que 鈥渘o puede ser una ruptura limpia鈥, sino la ausencia evidente de una teor铆a pol铆tica de la transformaci贸n social, cuyos g茅rmenes sin embargo han enriquecido sus estudios historiogr谩ficos sobre el capital f贸sil y el Capitaloceno. Paradojalmente, el enfoque ultra-pol矛tico de este brillante panfleto sobre la Covid-19 no aferra los tres pilares de cualquier pol铆tica: una teor铆a del Estado, una teor铆a del sujeto y una teor铆a de la organizaci贸n.

驴Qu茅 hip贸tesis, radicada sobre estos tres puntos, podemos sin embargo rescatar de un diagn贸stico hist贸rico an谩logo a aquel del mismo Malm? Quiz谩s una zoonosis o el cambio clim谩tico terminar谩n por sepultar al capitalismo (y a la humanidad con 茅l); y no obstante la ense帽anza m谩s valiosa de Lenin consiste precisamente en el  no confiar todo el poder a las crisis, y en el no transponer atemporalmente los contenidos de su pol铆tica en otro contexto. Como sugiere el mismo Malm con su revalorizaci贸n de la perspectiva leninista, lo que est谩 todav铆a vivo de Lenin es ante todo su m茅todo.

Lenin como m茅todo, seg煤n la lectura autonomista, significa siempre adaptar la l铆nea pol铆tica a un an谩lisis concreto de la coyuntura concreta, y un estudio minucioso de la composici贸n social y pol铆tica de las clases subalternas. Lenin deviene entonces el nombre de la forma organizativa a trav茅s de la cual las y los sujetos podr谩n interrumpir la continuidad de la explotaci贸n y del dominio capitalista en una situaci贸n espec铆fica. En este sentido, no podemos hacer referencia a Lenin sin un incesante aggiornamento, es decir, sin llevar constantemente 鈥渁 Lenin m谩s all谩 de Lenin鈥 (20).

A este prop贸sito, me parece que la multiplicaci贸n y la consolidaci贸n de contrapoderes permiten declinar la perspectiva pol铆tica del leninismo ecol贸gico de un modo m谩s coherente: 1) con la fase hist贸rica que estamos atravesando, 2) con la forma-Estado hoy dominante, 3) con la composici贸n social y pol铆tica emergida durante la ola de movilizaciones post-2008.

1) La composici贸n espacio-temporal de los procesos de acumulaci贸n del capital es profundamente heterog茅nea. El multiverso capitalista produce, en efecto, una geograf铆a y una temporalidad hist贸rico-social muy variada. Lejos de uniformar los espacios, los per铆odos de grandes crisis, como aquel que ha caracterizado nuestros a帽os 10, determinan efectos centr铆petos que jerarquizan todav铆a m谩s las diferentes regiones del mundo. Si la explosi贸n de la pandemia ha creado un alineamiento parcial de ciertas condiciones objetivas sobre la escala planetaria, ella tambi茅n y sobre todo ha reforzado las asimetr铆as sociales y regionales ya vigentes.

2) A partir de los a帽os 鈥70, el desarrollo de la acumulaci贸n del capital ha desposesionado ampliamente a la forma-Estado de su poder de regulaci贸n. La internacionalizaci贸n de los procesos econ贸micos (deslocalizaci贸n de la producci贸n, globalizaci贸n de los intercambios, digitalizaci贸n, intensificaci贸n y extensi贸n de las cadenas log铆sticas); la emergencia intensificada de potencias multinacionales no estatales; el papel y extensi贸n de los tratados de libre comercio y del derecho privado transnacional;  las presiones ejercidas por los dispositivos financieros transnacionales, etc., han roto la unidad del Estado: de su territorio f铆sico, de su aparato institucional, de su modalidad de funcionamiento. Es s贸lo sobre el fondo de este cuadro socio-geogr谩fico y econ贸mico-pol铆tico real, que una teor铆a y una pr谩ctica del doble poder pueden hacerse un camino, entrecruzando una pol铆tica de la autonom铆a y una pol铆tica institucional. Dentro y contra los aparatos de Estado, fuera y en alternativa respecto a ellos, o fuera y contra.

3) La radicaci贸n, la difusi贸n y la reproducci贸n de centros de contrapoder en todos los nodos vitales del sistema hacen implosionar las oposiciones r铆gidas entre t谩ctica y estrategia, o entre reforma y revoluci贸n, que caracterizaron al movimiento obrero. Doble poder, entonces, como cuadro de auto-organizaci贸n permanente de los movimientos y de auto-gobierno de la sociedad, que se ramifica a trav茅s de una densa red de contrapoderes (21).

Un enfoque tal renuncia al Estado como terreno prioritario de una pol铆tica de la emancipaci贸n, pero no invita de ninguna manera a desertar de este campo de batalla. Al contrario: tal enfoque mira a articular en conjunto horizontalidad y verticalidad, enraizamiento social/territorial y esferas institucionales, en la perspectiva de retomar y aggiornar la teor铆a y la pr谩ctica del doble poder. A煤n en una forma embrionaria, es cuanto creemos haber visto a la obra con el estallido de la pandemia, y cuanto nos parece haya caracterizado, con sus puntos de fortaleza y debilidad, a los reci茅n terminados a帽os 10.

Pero es tambi茅n la lectura que hacemos de otra obra reciente de Malm, 鈥淐贸mo sabotear un gasoducto鈥, en la cu谩l el autor reflexiona bajo la 贸ptica de una pluralizaci贸n de las pr谩cticas, entretejiendo de un lado luchas ecologistas, luchas sociales y luchas decoloniales en el Norte y el Sur global, y del otro las diferentes formas de acci贸n directa: manifestaciones, acampadas, ocupaciones, bloqueos, sublevaciones, huelgas (proletarias y precarias), sabotajes, etc. Es solamente partir de este cuadro que la cuesti贸n del doble poder puede ser repuesta.

Consideraciones finales

La potencia de la naturaleza ha pasado al contrataque. La violenta perturbaci贸n de su autonom铆a ha terminado por desencadenar una pandemia que ha insertado, a su vez, una crisis sanitaria, social, econ贸mica y pol铆tica extremadamente violenta. De frente a esta tr谩gica situaci贸n, los Estados han proclamado su entrada en guerra: ret贸rica b茅lica, leyes marciales y uso desplegado de las prerrogativas soberanas. El despliegue militar del poder soberano ha aparecido a la mayor铆a como una p铆ldora amarga pero necesaria para enfrentar la emergencia en la que nos hab铆amos hundido. Sin embargo, 鈥渓as pandemias no deben ser consideradas, en analog铆a con la guerra, como argumentos biol贸gicos a favor de la centralizaci贸n del poder鈥.

Desde el inicio de la pandemia, los Estados no han sido capaces de pensar y de actuar 鈥渃omo un epidemi贸logo鈥. Un enfoque en t茅rminos de doble biopoder, para retomar la bella expresi贸n de Alberto Toscano y Panagiotis Sotiris, nos parece proporcionar una alternativa preferible al 鈥渄eseo de Estado鈥 que ha emergido en cierta parte de la izquierda radical de todo el mundo. En sus contribuciones, Toscano y Sotiris han expuesto muy bien el potencial pol铆tico de una perspectiva radicada en la esfera de la reproducci贸n (salud, educaci贸n, cuidados), que contiene en s铆 las trazas de una contra-estrategia antagonista a la soberan铆a estatal y a la gobernanza neoliberal, y enteramente fundada en las luchas sociales y en sus saberes democr谩ticos (22). 驴En qu茅 medida tal orientaci贸n ser铆a transcribible en el plano de la lucha contra el cambio clim谩tico y m谩s en general contra la crisis ecol贸gica? O, para poner de modo lapidario una cuesti贸n decisiva a modo de conclusi贸n: 驴c贸mo declinar una teor铆a y una pr谩ctica del doble poder ecol贸gico a la altura de la cat谩strofe que viene?

(*) Davide Gallo Lassere participa en redes de investigaci贸n militante y es Doctor en Filosof铆a por la Universidad de Par铆s/Nanterre y la Universidad de Tur铆n.

 

Notas

[1]   A. Malm, La chauve-souris et le capital, La Fabrique, 2020, en particular el cap铆tulo sobre el 芦comunismo de guerra ecol贸gico禄, pp. 133-201 (ed en espa帽ol: El murci茅lago y el capital. Coronavirus, cambio clim谩tico y guerra social, Errata Naturae, 2021). Sobre la Covid-19 y el 鈥渄eseo de Estado鈥, cfr. A. Toscano, http://www.historicalmaterialism.org/blog/beyond-plague-state.

[2]   A. Malm, La chauve-souris et le capital, op. cit., p. 64.

[3]   Cfr. R. Wallace, Big Farms make Big Flu: Dispatches on Influenza, Agrobusiness, and the Nature of Science, Monthly Press, 2016 (ed. en espa帽ol: Grandes granjas, grandes gripes. Agroindustria y enfermedades infecciosas, Capit谩n Swing, 2020). En Italia han sido publicados dos importantes textos de Wallace en simult谩neo al estallido de la pandemia: https://www.infoaut.org/approfondimenti/da-dove-e-arrivato-il-coronavirus-e-dove-ci-portera y sobre todo https://www.infoaut.org/global-crisis/covid-19-e-i-circuiti-del-capitale (en espa帽ol, ver distintas entrevistas a Wallace en medios alternativos, durante el transcurso de la pandemia, como https://www.sinpermiso.info/textos/el-negocio-agroalimentario-pondria-en-riesgo-millones-de-vidas-entrevista-a-rob-wallace, y https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/entrevista-rob-wallace-grandes-granjas-grandes-gripes?fbclid=IwAR34RVNoJj6vXZQTz6E5IF217l-iheNqKhgwNQ9WCVTpBaUXPpbB2XWPnuI ).

 [4]   D. Quammen, Spillover. Animal Infections and the Next Human Pandemic, W. W. Norton & Company, 2012, p. 21. La probabilidad de eventos pand茅micos al inicio del siglo XXI era tan elevada que los epidemi贸logos y y vir贸logos hablaban de NBO, the Next Big One. Quammen a帽ad铆a en la 茅poca que 鈥渓a diferencia entre HIV-1 y NBO podr铆a ser, por ejemplo, la rapidez de acci贸n: NBO podr铆a ser r谩pido en matar cuanto el otro ha sido relativamente lento. La mayor parte de los nuevos virus trabajan a gran velocidad鈥 (p.45). Y poco despu茅s aconsejaba prosaicamente: 鈥渢engamos bajo control a los animales salvajes, porque mientras nosotros los asediamos, cercamos, abatimos y exterminamos, ellos nos pasan las enfermedades鈥 (p.48).

[5) A. Malm, La chauve-souris et le capital, op. cit., p. 61.

[6]   ibid, pp. 51- 54.

[7]   ibid, pp 54.

[8]   ibid, p. 91.

[9]   ibid, pp. 71- 78.

[10] Con ello se entiende la superficie necesaria a extraer, cultivar y ensamblar las partes que componen el producto terminado. En lo que hace a las asimetr铆as de poder, podemos extender esta consideraci贸n a las relaciones de clase: 鈥渟er muy rico significa tener los medios para pagarse las tierras y forestas tropicales鈥, ibid. pp.76

[11] Ibid. Como escribe Malm a prop贸sito de la malaria, 鈥渆s la deforestaci贸n la que propicia al vector de la malaria, el mosquito: la luz del sol alcanza m谩s f谩cilmente el suelo donde las larvas de mosquito se desarrollan; adem谩s, cuando la biodiversidad disminuye, los mosquitos encuentran menos predadores. Nigeria es el pa铆s que m谩s sufre la difusi贸n de la malaria a causa de la deforestaci贸n. Deforestaci贸n que est谩 ligada principalmente a la exportaci贸n de madera y cacao. Estas mercanc铆as son destinadas a los pa铆ses del Norte: los consumidores que tienen el impacto m谩s fuerte sobre la malaria son entonces los m谩s grandes consumidores de cacao, los holandeses, los belgas, los suizos y los alemanes. En suma, los europeos tienen el chocolate y las ganancias, los africanos la malaria鈥.

[12] Ibid, pp. 124- 132.

[13] Cfr. J. O鈥機onnor, http://www.columbia.edu/~lnp3/second_contradiction.htm

[14] Ibid, pp. 174-175.

[15] Ibid, p 189.

[16] Ibid, pp. 135- 140.

[17] Cfr. J. Wainwright, G. Mann, Climate Leviathan, Verso, 2018, un excelente texto de filosof铆a pol铆tica que interroga las transformaciones de la gobernanza global bajo la lente de la emergencia clim谩tica.

[18] Cfr. A. Malm, Comment saboter une pipeline, La Fabrique, 2020, un ensayo accesible y muy 煤til, que desde un punto de vista interno a los movimientos ecologistas propone una cr铆tica de la fetichizaci贸n de la no violencia.

[19] Cf. Zetkin Collective (del cual Malm es miembro), Fascisme fossile, La Fabrique, 2020. Cfr. tambi茅n la espl茅ndida conferencia pronunciada (en ingl茅s) por Malm en SOAS poco despu茅s de la elecci贸n de Trump, Violent Past, Hot Present, Extreme Futurehttps://www.youtube.com/watch?v=AcYMnVHzVWc

[20] Sobre la lectura autonomista de Lenin, ver Mario Tronti, Obreros y Capital, Akal, 2001, particularmente el cap铆tulo 鈥淟enin en Inglaterra鈥; Antonio Negri, La f谩brica de la estrategia. 33 lecciones sobre Lenin (en Los libros de la autonom铆a obrera, Akal, 2004).  De Negri sobre Lenin, ver en Euronomade (en italiano) algunas intervenciones preciosas:  Lenin dalla teoria alla pratica http://www.euronomade.info/?p=9675, y La questione Lenin in Italia anni 鈥70 http://www.euronomade.info/?p=9656

[21] Sobre estos tres puntos, aqu铆 apenas esbozados, retomamos los argumentos desarrollados m谩s ampliamente en mi art铆culo Penser le capitalisme global: multiplication du travail, op茅rations du capital et contre-pouvoirs, Actuel Marx, https://www.cairn.info/revue-actuel-marx-2021-1-page-185.html

[22] De Sotiris v茅ase https://criticallegalthinking.com/author/panagiotis-sotiris/ ; de Toscano http://www.historicalmaterialism.org/blog/beyond-plague-state . Sobre la teor铆a del doble poder, v茅ase la estimulante cartograf铆a de Toscano, After October, Before February: Figures of Dual Power, en F. Jameson, An American Utopia, Verso, 2016, pp. 211- 241; y tambi茅n S. Mezzadra, B. Nielson, The politics of operations, Duke University Press, 2019, en particular pp. 209- 252.

Imagen: Ecologie della trasformazione, rubrica a cura di Emanuele Leonardi

FUENTE: http://www.leparoleelecose.it/?p=40711#_ftn22




Fuente: Lobosuelto.com