October 13, 2020
De parte de CNT Elche
345 puntos de vista


Ante otro clamor en demanda de responsabilidades, el irresponsable mayor del reino lo ha vuelto a hacer: pedir disculpas con la boca peque帽a y largarse por la puerta de atr谩s. Es indudable que ser rey de Espa帽a y capit谩n general de las Fuerzas Armadas no le ha dado aptitudes para someterse al escrutinio del p煤blico, de sus s煤bditos: ni el miedo se supera con t铆tulos ni la valent铆a viene en los genes. Dicen que ha hecho esto como un gesto hacia su hijo, cuyo trono parece volverse insostenible por momentos; pero con su marcha es el propio Em茅rito quien se libra de un apuro.

Para entender esta situaci贸n, conviene hacer un breve repaso biogr谩fico de su figura, bendecida por los laureles de la cuna y la fortuna. Nacido en Roma en plena guerra civil, a diferencia de otras muchas familias, la suya no hab铆a tenido que marchar al extranjero como consecuencia del fragor de los combates. Juan Carlos pertenece a la estirpe de Alfonso XIII, el monarca que se autoexili贸 en 1931 con el advenimiento de la Rep煤blica, evitando as铆 la posibilidad de rendir cuentas sobre su azaroso reinado.

Juan Carlos reh铆zo el camino inverso al recorrido por su abuelo, aunque eso le oblig贸 a padecer una larga servidumbre en la Espa帽a de Franco, convertido en un reh茅n con el que extorsionar a su padre. Conviene recordar que Juan de Borb贸n se hab铆a convertido entonces desde su refugio de Estoril en una fuente continua de preocupaciones para la dictadura, aunque su eterna cantinela sobre las libertades que precisar铆a el pa铆s encubr铆a un mensaje mucho m谩s escabroso: que la sublevaci贸n de los militares deb铆a haber conducido a una restauraci贸n mon谩rquica.

Si Juan Carlos convino a Franco fue porque, a diferencia de su progenitor, demostr贸 mayor inclinaci贸n a la buena vida que a las intrigas palaciegas. Un personaje de esta pasta es sumamente manejable, y por ello, hablando de su sucesi贸n, Franco dijo aquello de que dejaba todo atado y bien atado. No es f谩cil creer por tanto que Juan Carlos fuera ese piloto del cambio en las procelosas aguas de la transici贸n que nos han vendido. M谩s bien parece que entre fiestas, partidas caza, regatas y otros actos de car谩cter l煤dico, se dejaba aconsejar mientras que su cabeza se encontraba muy lejos de lo que demandaban las calles.

Resumiendo, podemos decir que dos fueron las grandes preocupaciones de Juan Carlos en aquellos a帽os que alumbraron su leyenda. La primera, una vez desaparecido su padre espiritual y anulado el biol贸gico, fue, por supuesto, disfrutar de un fastuoso tren de vida, m谩s acorde a un multimillonario que a un jefe de Estado. La segunda, marcada por la historia familiar reciente, se materializaba en la amenaza siempre presente de tener que salir del pa铆s por patas. Para sacar partido de una y conjurar las peores penurias de la otra, el remedio era el mismo: amasar dinero.

No es cuesti贸n ahora de hacer un aburrido repaso de las noticias vertidas sobre los beneficios obtenidos y no declarados por Juan Carlos el Comisionista, ni de otras trapisondas cometidas por 茅l. No nos interesan las historias de alcoba, ni tampoco hablaremos de su cuestionable papel en el 23F, precedido de numerosas conversaciones con su amigo el golpista Alfonso Armada.

Lo importante es recalcar que noticias como estas 鈥攓ue salen, dig谩moslo bien claro, porque a diferencia de lo sucedido en d茅cadas anteriores, hoy en d铆a existen redes sociales que no son tan controlables como los medios de comunicaci贸n convencionales- corroboran el actual car谩cter parasitario de la jefatura de Estado, cuyo titular realiza actividades opacas, sobre las que no debe rendir responsabilidades y que son sostenidas por fondos procedentes del erario p煤blico. Dichas actividades no solo han posibilitado crear un cuantioso patrimonio, sino que adem谩s han tenido como una de las consecuencias m谩s visibles 鈥攓uiz谩s porque Juan Carlos se habituara con Franco a tratar con asesinos- dar un respaldo diplom谩tico a teocracias manchadas de sangre.

Estos d铆as se va a hablar mucho de la rep煤blica, una alternativa que, aunque traer铆a algo de aire fresco a las instituciones, no se trata de ninguna panacea; entre otras cuestiones, porque no supone per se ninguna mejora para las clases trabajadoras. Por eso, mientras otros se preocupan por el cambio de r茅gimen, hacemos un nuevo llamamiento a la organizaci贸n para la defensa de nuestros derechos, tanto ante monarcas como presidentes de la rep煤blica.




Fuente: Elche.cnt.es