January 1, 2022
De parte de Nodo50
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Por Carlos M. Beristáin/Especial para A dónde van los desaparecidos*

Mi amigo Roberto Garretón murió la mañana del 27 de diciembre. Un día después de que Desmond Tutu nos dejase también huérfanos. Conocí a Roberto tarde en la vida, hace 21 años. Desde el primer día me dije: cómo no nos conocimos antes si nos habíamos cruzado tantas veces. Después, nos dedicamos a recuperar el tiempo perdido, en México. Fuimos a apoyar las primeras iniciativas de formación de familiares de desaparecidos en esa vieja guerra de siempre contra el narcotráfico que Nixon impuso en el mundo en 1973 y que tan funesto futuro trajo a tantos países. Con el gobierno de Calderón, la iniciativa del movimiento por la paz, los primeros talleres de acogida y acompañamiento con distintas asociaciones y personas que iban llegando, con ese dolor fresco de la desaparición de hacía unas semanas, unos meses, y que tantos nubarrones traían sobre el tiempo por venir. En los talleres hacíamos tres partes. Una estaba orientada a analizar lo que estaba pasando. Empezábamos a hablar de la desaparición social y la política, para tratar de diferenciar cosas que se unían siempre en la impunidad. El caso de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa nos hizo ver eso a todos de manera más nítida.

Roberto era un entusiasta. Cuando nos despertábamos temprano para dar un paseo y desayunar, él ya se había acicalado y puesto la insulina, preparado para lo que viniera después. Los amigos chilenos siempre tienen su referencia en la dictadura de Pinochet, pero él además había sido relator de Naciones Unidas para los Grandes Lagos, y ese era otro de nuestros temas de conversación con mis ráfagas de trabajo en República del Congo, y los casos Lubanga y Katanga ante la Corte Penal Internacional. También había sido responsable para América Latina de la Alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Mary Robinson. Sus ejemplos, siempre desde la perspectiva de cómo el derecho podía ayudar a la gente, parecían a veces lejanos de la realidad de México y la complicidad que tejía un sistema que no era una dictadura pero que funcionaba con una impunidad que llenaba las estanterías de gestiones y papel. Más que lo que uno cuenta, el valor de Roberto era su ejemplo, su chispa. Y sus ganas de aprender. A mí me tocaba siempre hablar después de él. Ahí hablamos del impacto de la desaparición en las familias, del miedo, y de esas lágrimas que no dejaban hablar. De cómo fortalecerse y apoyar a otros. Los familiares de México lo querían, multiplicamos así el cariño, siempre dispuesto para acudir la próxima vez. En medio de tanto dolor, tenía siempre su entusiasmo:

– Cuánto se aprende aquí. Siempre algo nuevo.

Roberto que había sido el encargado jurídico de la Vicaría de la Solidaridad en Chile, había hecho cientos y cientos de recursos de Habeas Corpus para la búsqueda de los desaparecidos. Siempre pensé que su ejemplo era una luz frente a la impotencia. Ninguno de esos recursos de Habeas Corpus sirvió nunca para encontrar un desaparecido. Cuando mucha gente a su alrededor le decía que estaba quemando árboles gastando tanto papel para algo que no servía para nada, no tenía palabras sino acción. Un ejemplo de lo que significa el poder de estar convencido y de que el trabajo de derechos humanos solo tiene una fuerza, que es la coherencia y legitimidad.

– Si se pierde eso, tú estás perdido.

En medio de la devastación que podía respirarse en el trabajo con los familiares en México, él tenía también sus ideas para compartir, en esa fe en que la verdad tiene que encontrar su camino.

Roberto Garretón fue opositor a Allende, siendo parte de la Democracia Cristiana. Se hizo militante contra la dictadura al día siguiente del golpe militar, y ya nunca dejó de serlo. Pinochet llegó a decir que la Vicaría de Solidaridad hacía recursos de Habeas Corpus, antes incluso que la DINA detuviera a la persona. Y Roberto, con su humor socarrón, decía que tenía razón. Las miles de hojas acumuladas en la Vicaría de la Solidaridad y en las gavetas de las familias que guardaron esos recursos, fueron un día la prueba para la detención de Pinochet. Cuando te preguntas qué hubieras hecho tú, siendo abogado en la dictadura de Chile, cuando llegaba una familia a pedir ayuda para buscar a un detenido, no hay nada más digno que se pueda hacer.

El acumulo de impotencias, fue no una prueba de la parálisis sino de la resistencia, un músculo para doblar la impunidad en un pulso que nos regaló a todos un aire más de libertad. Escuchar a Roberto era sentir eso todo el tiempo. Ryszard Kapuscinski, hablando de sus primeras experiencias en Dar es Salam y la región de los Grandes Lagos, dice que hay gente y culturas que crean un tiempo, no el que pasa con el calendario sino uno que nos hace vivir de otra manera. Junto a esa lectura de estos días, con el sentido de la vida que se sentía trabajando con Roberto, su regalo es una ráfaga de ese tiempo.

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Este es un fragmento de una charla que Roberto Garretón dio en el primero de los Talleres de Desaparición Forzada para Defensoras y Defensores de Derechos Humanos, con el apoyo de Serapaz y Diakonie, realizado en febrero de 2011, en Ciudad de México, donde habló del rol que jugaron durante la dictadura pinochetista los recursos Habeas Corpus pidiendo la presentación con vida de las personas detenidas-desaparecidas y la importancia de documentar cada caso.

*Carlos M. Beristáin es médico y psicólogo vasco con amplia experiencia en atención psicosocial de víctimas en el mundo y como asesor de varias comisiones de la verdad en diversos países. Coordinó el informe Recuperación de la Memoria Histórica – REMHI, de Guatemala, forma parte del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) para el Caso Ayotzinapa y actualmente es Comisionado de la Paz en Colombia.

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http://www.adondevanlosdesaparecidos.org es un sitio de investigación y memoria sobre las dinámicas de la desaparición en México. Este material puede ser libremente reproducido, siempre y cuando se respete el crédito del autor y de A dónde van los desaparecidos (@DesaparecerEnMx).

Foto de portada: Twitter de Roberto Garretón.




Fuente: Adondevanlosdesaparecidos.org