December 4, 2021
De parte de Acracia
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Leyendo los textos de una figura marxista como Rosa Luxemburgo (1871-1919) se puede apreciar en qu茅 medida se oponen al esp铆ritu totalitario que caracteriz贸 el comunismo nacido en la Revoluci贸n rusa de 1917. Una cr铆tica l煤cida al desarrollo del socialismo de Estado no puede limitarse a Stalin, como tantas veces se hace, sino comenzar con Lenin y Trotski. El militarismo prusiano asesin贸 de forma canalla, en la noche del 15 de enero de 1919, tanto a Luxemburgo como a su compa帽ero Karl Liebknecht, dos destacadas figuras del movimiento socialista alem谩n de comienzos del siglo XX.

Rosa Luxemburgo naci贸 en 1871 en la regi贸n de Galitzia (entonces Imperio ruso), en el seno de una rica familia jud铆a, y a los 18 a帽os ya tiene que abandonar el pa铆s por su actividad revolucionaria. A partir de 1896, Alemania se convierte en el centro de su militancia; en 1905, participar谩 en el intento revolucionario ruso de aquel a帽o, por lo que estuvo cautiva en una fortaleza en Varsovia. Si milit贸 durante cierto tiempo en el Partido Socialdem贸crata Alem谩n, en 1914 se desenga帽ar铆a por la traici贸n cometida a la causa obrera y fund贸 el 芦Grupo Internacional禄, que se transformar铆a luego en la Liga Espartaquista y m谩s tarde, a finales de 1918, en el Partido Comunista de Alemania.

Muchos han visto en Rosa Luxemburgo una figura, adem谩s de muy importante para el socialismo revolucionario, 铆ntegra y exenta del autoritarismo de Lenin y otros marxistas. Tal y como se ha expresado, el comunismo deseado por esta mujer es la ant铆tesis del desarrollado a nivel internacional a lo largo del siglo XX. Por un lado, Luxemburgo vivi贸 en una 茅poca en que la socialdemocracia alemana estaba empezando a convertir la doctrina de Marx en un foco de revisionismo y reformismo; esta autora se distanci贸 de esas corrientes oportunistas en infinidad de art铆culos, plasmados luego en la obra Reforma social o revoluci贸n. No obstante, hay que decir que en esos textos Luxemburgo hace gala de cierta ortodoxia marxista que redundaba en el sectarismo, lo cual le conduc铆a a no reconocer otro socialismo que no fuera el de su maestro. En ese momento, todav铆a se quiere ver la revoluci贸n proletaria como una necesidad dependiente de las condiciones econ贸micas, tal y como formul贸 Marx en El Capital; si m谩s tarde reivindicar谩, de forma m谩s l煤cida, la lucha sindical y la espontaneidad obrera, en ese momento para ella son asuntos menores. Seg煤n esta visi贸n, se subordinaba la clase trabajadora al partido, algo que Lenin luego llevar铆a hasta las 煤ltimas consecuencias; insistimos en que m谩s tarde Luxemburgo se apartar谩 de esta postura elitista.

La experiencia revolucionaria de 1905 le har谩 cambiar de opini贸n y redacta un a帽o m谩s tarde el folleto Huelga de masas, partido y sindicatos; ella misma reconocer谩 que su opini贸n sobre la huelga general se hab铆a convertido en obsoleta (recordemos que Engels ya trat贸 de ridiculizar, en un panfleto contra Bakunin de 1873, la huelga general como m茅todo revolucionario). Luxemburgo reivindica ahora lo que ya estaba haciendo el sindicalismo revolucionario de influencia anarquista, en Francia y en general en los pa铆ses latinos, desde finales del siglo XIX. No obstante, la autora sigue depositando en 煤ltima instancia en el Partido Socialdem贸crata los intereses del proletariado; a pesar de ello, existe una fuerte reivindicaci贸n del car谩cter popular y espont谩neo de toda situaci贸n revolucionaria y una cr铆tica a toda organizaci贸n 芦desde arriba禄. En definitiva, Luxemburgo, en una fase de maduraci贸n de su pensamiento, concede a la masa trabajadora una gran capacidad creadora y revolucionaria, y de manera impl铆cita se niegan algunas concepciones de Marx y Engels en cuestiones de estrategia y se realiza una cr铆tica anticipada a la visi贸n leninista de la revoluci贸n como una f茅rrea disciplina organizada en el partido.

Ya en 1904, Luxemburgo criticar铆a el ultrancentrismo de Lenin, que consideraba animado por un esp铆ritu policial, y le acusaba de introducir los esquemas conspirativos heredados de Blanqui en la socialdemocracia rusa; la autora hace ver aqu铆, ya de manera inequ铆voca, su repugnancia por la excesiva centralizaci贸n y por la hegemon铆a de una 茅lite profesional de revolucionarios. Con la revoluci贸n bolchequive, denunciar谩 con fuerza el cesarismo impuesto por Lenin y Trotski a las masas rusas; los tres puntos b谩sicos que critic贸 fueron la supresi贸n de la democracia, la reforma agraria y el problema de las nacionalidades, por supuesto desde una 贸ptica revolucionaria. El programa de la Liga Espartaquista dir谩 lo siguiente:

El car谩cter de la sociedad socialista consiste en el hecho de que la masa obrera deja de ser un masa dirigida y se convierte en el propio protagonista de la vida pol铆tico-econ贸mica, que pasa a dirigir ella misma en consciente y libre autodeterminaci贸n.

Seg煤n este programa, el Estado en todos sus niveles es sustituido por los 贸rganos de los trabajadores. Frente al centralismo y jerarquizaci贸n bolcheviques, Luxemburgo aboga por una socialismo descentralizado, proletario y radicalmente horizontal; los puntos en com煤n con el anarquismo son innegables, a pesar de que se manejan todav铆a ciertos conceptos marxistas discutibles. Otro aspecto loable de Luxemburgo es su rechazo del terror revolucionario, su desprecio absoluto del crimen como medio para alcanzar objetivos revolucionarios.

Rosa Luxemburgo es tal vez la primera figura revolucionaria, dentro del campo marxista, que puso en cuesti贸n las tesis del maestro desde posiciones netamente socialistas y con intenciones cient铆ficas; as铆 ocurre en la obra La acumulaci贸n del capital, escrita en 1912. La ortodoxia marxista recibi贸 con hostilidad un libro que refutaba algunas de las tesis expuestas en El Capital; as铆, si Marx cre铆a que el capitalismo estaba abocado a una cat谩strofe final, por la imposibilidad del proletariado de absorber la producci贸n, Luxemburgo piensa que la crisis se producir谩 porque las posibilidades de expansi贸n y de explotaci贸n de las zonas subdesarrolladas ser谩n cada vez menores y la lucha entre los pa铆ses capitalistas ir谩 a peor. Aunque las tesis de Luxemburgo, como es l贸gico, tengan que ser puestas al d铆a, suponen un avance respecto a lo predicho por Marx y anticipan l煤cidamente la expansi贸n imperialista del capitalismo moderno. Dos a帽os despu茅s de haberse escrito la obra de Luxemburgo, estallaba la Primera Guerra Mundial y se confirmaban algunas de sus tesis, la lucha de intereses de las grandes potencias europeas por las colonias y por los mercados.

J. F. Paniagua




Fuente: Acracia.org