March 5, 2022
De parte de Lobo Suelto
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Una biblioteca es una biograf铆a material escrita con palabras de otros

Paul B. Preciado

La escena inaugural

Una noche de septiembre de 1904, Rosa Luxemburgo, prisionera en la c谩rcel de Zwickau por delitos de lesa majestad, le escribe una larga carta a su amiga Luisa Kautsky:

芦Anochece; una brisa suave entra por el tragaluz de mi celda, agita dulcemente mi pantalla verde y hojea delicadamente el tomo abierto de Schiller [鈥 Esta brisa traidora, me llama de nuevo a lo lejos 鈥搉i yo misma s茅 d贸nde鈥. La vida juega conmigo a un eterno escondite. Siempre me parece que no est谩 en m铆, ni donde yo estoy, sino en alg煤n sitio lejano. En otro tiempo, all谩 en casa, me deslizaba al amanecer hasta la ventana 鈥撀h!, nos estaba severamente prohibido levantarnos antes que nuestro padre鈥, la abr铆a despacito y miraba hacia afuera, hacia el gran patio. Seguramente que no hab铆a gran cosa que ver all铆. Todo dorm铆a a煤n; un gato cruzaba el patio con su paso aterciopelado, dos gorriones se peleaban chillando descaradamente, y el corpulento Antoni, metido en su zamarra corta, que usaba lo mismo en verano que en invierno, estaba plantado junto a la bomba, con las dos manos y la barbilla apoyadas en el mango de la escoba, y un profundo aire de meditaci贸n en su cara adormecida y sin lavar. Porque aquel Antoni era hombre de tendencias elevadas. Todas las noches, despu茅s de cerrar la puerta cochera, se acomodaba en el banco del vest铆bulo que le serv铆a de lecho, y deletreaba en voz alta, a la luz incierta del farol, la Gaceta de Polic铆a, publicaci贸n oficial, y su voz resonaba por toda la casa como una letan铆a ininteligible. En aquellas lecturas s贸lo le mov铆a un amor desinteresado por la literatura; no entend铆a ni una jota de lo que le铆a, pero le gustaban las letras como tales letras y nada m谩s. Lo cual no quiere decir que fuera hombre f谩cil de contentar. Cuando un d铆a le prest茅, a su instancia, Los or铆genes de la civilizaci贸n, de Lubbock, que acababa yo de empezar a leer con ardiente fervor, pues era mi primer libro 芦serio禄 鈥搈e lo devolvi贸 al cabo de dos d铆as diciendo que aquel libro 芦no val铆a nada禄鈥. Yo necesit茅 muchos a帽os para comprender cu谩nta raz贸n ten铆a Antoni. [鈥 Era tambi茅n aquel el m谩s hermoso instante del d铆a, antes de despertarse la vida oscura, estrepitosa, ruda, machacona, de la gran casa de vecindad. La augusta calma de la hora matinal se derramaba sobre la vulgaridad del suelo; arriba, en los cristales, chispeaban los primeros oros del sol naciente y, m谩s arriba a煤n, flotaban nubecillas vaporosas, sonrosadas, antes de disolverse en el cielo gris de la ciudad. Por entonces, yo cre铆a firmemente que la 芦vida禄, la 芦verdadera禄 vida estaba en alg煤n sitio muy apartado, no sab铆a d贸nde, lejos, del otro lado de los tejados. Desde entonces, no he cesado de buscarla. Pero no logro darle alcance, pues siempre se esconde detr谩s de alg煤n nuevo tejado. En fin de cuentas, todo fue una burla cruel para conmigo, ya que la verdadera vida se qued贸 precisamente all铆, en aquel patio en que, por vez primera, le铆 con Antoni Los or铆genes de la civilizaci贸n禄.

            La descripci贸n, realizada con minuciosidad fotogr谩fica, reconstruye el recuerdo de su primera 芦lectura seria禄. No es un recuerdo cualquiera. En la vida de toda persona que tiene con los libros una relaci贸n afectiva, y Rosa Luxemburgo es un modelo ejemplar de esa especie, pervive la imagen de una escena inaugural. Ricardo Piglia, otro integrante de aquella familia de lectores, en una conferencia que titul贸 芦Los libros de mi vida. Ensayo de una autobiograf铆a futura禄[1] reflexiona largamente sobre esto.

Mi primer recuerdo 鈥揹ice all铆鈥 es la imagen de mi abuelo Emilio sentado en un sill贸n de cuero, aislado, ausente, con un libro en la mano; parec铆a dormido con los ojos abiertos. Yo estoy parado ah铆, en la zona m谩s secreta de la casa, sin saber qu茅 hacer. Tengo tres a帽os.

Esa tarde, sin que nadie me vea, me trepo a una silla, y bajo de una de las estanter铆as de la biblioteca un libro azul. Despu茅s, salgo a la calle y me siento en el umbral con el libro abierto sobre las rodillas.

Yo estaba ah铆, como si leyera, cuando de pronto una larga sombra se inclin贸 sobre m铆 y me susurr贸 que ten铆a el libro al rev茅s. Pienso que debe haber sido Borges, que sol铆a pasar los veranos en el Hotel Las Delicias de Adrogu茅, porque a qui茅n sino a 茅l, se le puede ocurrir hacerle esa maliciosa advertencia a un chico de 4 a帽os, que no sabe leer.

            Un escritor ya consagrado recuerda sus inicios en la lectura. Una mujer, una revolucionaria encarcelada, realiza el mismo ejercicio. No interesa la veracidad del recuerdo, sino, como agrega Piglia, 芦la intensidad inolvidable de la imagen que se refleja en la memoria como una cicatriz禄. Y una cicatriz, no lo pasemos por alto, es tambi茅n la marca que deja una herida, el recuerdo de una p茅rdida.

            Ciertamente, la p茅rdida es un componente predominante en todo recuerdo. Se recuerda una ausencia. Tambi茅n este elemento ti帽e el recuerdo de la 芦primera lectura禄. Es imposible retornar a esa vida en la que le铆mos por primera vez el libro que se grab贸 en nuestra memoria y aunque volvamos a leerlo, nunca ser谩 igual. 芦La primera lectura 鈥損ara continuar con Piglia鈥 es inolvidable porque es irrepetible y es 煤nica. La vez primera que leemos a Roberto Arlt, la primera vez que leemos Absalom, Absalom de Faulkner, la emoci贸n persiste con el aura del descubrimiento禄.  Para describir la lectura de su primer libro 芦serio禄, Rosa Luxemburgo utiliza la expresi贸n 芦ardiente fervor禄. En su caso, el centro del recuerdo est谩 en la fuerza afectiva del acto de leer m谩s que en el libro. Es la experiencia de leer con 芦ardiente fervor禄 lo que se graba en su memoria. Podemos agregar nosotros que ese modo de leer permanecer谩 hasta convertirse en un rasgo de su personalidad.

            Por otro lado, el cuadro que compone hace aparecer otras p茅rdidas. La memoria de la casa de su infancia incluye la evocaci贸n de sus padres, cuyas muertes, como recordar铆a con pesar en otras cartas, la encontraron ocupada en sus tareas pol铆ticas. El libro de Schiller en la mesa de la celda refuerza la presencia de estas figuras. Schiller era, junto con la Biblia, la lectura preferida de su madre Lina L枚wenstein, una culta mujer jud铆a que la inici贸 en la pr谩ctica de la lectura. Luisa Kausty, la destinataria de la carta que estamos comentando, recuerda esta circunstancia: 芦Rosa ten铆a una extra帽a aversi贸n a Schiller, que ella atribuy贸 al motivo a煤n m谩s extra帽o de que su madre estaba encantada con 茅l y, por lo tanto, ella no pod铆a soportarlo debido a un esp铆ritu infantil de oposici贸n; adem谩s, le resultaba demasiado 芦anticuado禄 para ella禄. De hecho, el libro de Schiller que Rosa ten铆a esa noche en su celda podr铆a haber sido de Luisa, o al menos, Rosa la se帽alaba o como la due帽a material del volumen o como la responsable de empujarla a su lectura. 芦Me traje para leer durante las horas libres 芦tu禄 Schiller, tomos 7 a 9: Historia de la insurrecci贸n de los Pa铆ses Bajos禄, le hab铆a escrito en una carta anterior.

            驴Qu茅 efectos pudo provocar la lectura en la biograf铆a de Rosa Luxemburgo? No es dif铆cil imaginarla esa noche pensando en el momento en que su vida tom贸 el giro que la alejar铆a del destino predeterminado para las mujeres de su 茅poca y de su clase: el matrimonio, los hijos, las comodidades de la vida burguesa. Ciertamente, las lecturas tuvieron un papel central en las decisiones que dieron a su vida el rumbo definitivo. Sabemos que en la d茅cada del 80 del siglo xix se produjo un renacimiento de organizaciones pol铆ticas que conspiraban contra el imperio de los zares. Ya se hab铆an producido revueltas, atentados y olas represivas de envergadura. Rosa Luxemburgo, a los diecis茅is a帽os, estaba enrolada en el Partido Socialista Revolucionario Proletariat, heredero de una organizaci贸n previa que hab铆a sido diezmada. En ese espacio, con toda seguridad, tom贸 contacto con la literatura socialista que circulaba entre los militantes revolucionarios del imperio ruso a una velocidad sorprendente 鈥搑ecordemos que la primera traducci贸n de El Capital de Marx se realiz贸 en Rusia en 1872.

            La escena de lectura que Rosa recuerda da cuenta del inicio de sus a帽os de formaci贸n, de su pasaje a la adultez lectora y pol铆tica. La elecci贸n personal de los libros convierte a la lectura en un espacio de autonom铆a, autoformaci贸n y, en definitiva, de libertad. Rosa Luxemburgo evoca un punto de no retorno marcado por la militancia juvenil y por la lectura como parte fundamental de esa militancia. Puede ser visto tambi茅n como una experiencia de conversi贸n. La lectura como pr谩ctica que cambia el rumbo de la vida del lector.

            Al mismo tiempo, la figura idealizada de Antoni, el sirviente iletrado al que esp铆a al amanecer, es otro elemento sugerente del recuerdo. Una joven de familia burguesa es encantada por la fascinaci贸n de un hombre humilde por la lectura. 芦En aquellas lecturas 鈥揷omenta como si todav铆a se sorprendiera鈥 s贸lo le mov铆a un amor desinteresado por la literatura禄. M谩s adelante, cuando comience su militancia en Proletariat, los trabajadores ilustrados ser谩n sus primeros maestros en la cultura socialista. Pero Antoni, que le mostr贸 el amor desinteresado por la literatura, era en cambio un hombre r煤stico y semianalfabeto que se deleitaba con una publicaci贸n oficial.  

            Esta escena inaugural nos abre la puerta para recorrer otros momentos en los que aparecen dimensiones de la intensa relaci贸n de Rosa Luxemburgo con la lectura. Para este ejercicio, sus cartas son un material invaluable. En ellas la vemos comentando largamente obras y autores, pidiendo y recomendando libros y reflexionando sobre los efectos que le provocaba el contacto con la poes铆a y con sus escritores predilectos. Se podr铆a reconstruir su biblioteca personal, sus series de lectura, su canon privado, sus juicios literarios. Se podr铆a escribir una biograf铆a siguiendo el curso de sus lecturas, porque como ha dicho Paul B. Preciado: 芦una biblioteca es una biograf铆a material escrita con palabras de otros, formada por la acumulaci贸n y el orden de los diferentes libros que alguien ha le铆do a lo largo de su vida禄. Ciertamente, nuestro objetivo ac谩 es menos ambicioso. Nos proponemos simplemente visitar algunas escenas de lectura que, como la que acabamos de comentar, nos permitan acercarnos a Rosa Luxemburgo como lectora.

 

Desviaciones literarias

Anota Ricardo Piglia en El 煤ltimo lector que detr谩s de muchas figuras del movimiento revolucionario se esconden escritores frustrados. Se detiene largamente en la figura de Ernesto Guevara, lector voraz, que caminaba con una alforja de libros acuestas por la Sierra Maestra, El Congo y Bolivia y que se defin铆a a s铆 mismo como un poeta frustrado. Le parec铆a a Piglia el ejemplo por antonomasia del pol铆tico que triunfa donde fracasa el escritor.

            No obstante, esta condici贸n no ha sido exclusiva de Guevara. Late en muchos revolucionarios una pulsi贸n literaria que alimenta y que a la vez choca con la acci贸n pol铆tica. Trotsky desde ni帽o hab铆a so帽ado con ser escritor. Marx, de joven, coquete贸 con la poes铆a y, como el Che, fracas贸. Sin embargo, se convirti贸 en una m谩quina de trabajo y de lecturas cuya amplitud resulta apabullante viniendo de alguien que se consagr贸 a la cr铆tica de la econom铆a pol铆tica y a la organizaci贸n de la clase trabajadora con la intensidad que 茅l lo hizo. Una carta que le env铆a a Engels el 3 de mayo de 1854 da una imagen elocuente del tipo de lector que era:

Ahora practico espa帽ol en las horas libres. Comenc茅 con Calder贸n, de cuyo M谩gico prodigioso 鈥揺l Fausto cat贸lico鈥 Goethe no solo us贸 pasajes particulares, sino referencias de escenas completas en su Fausto. Luego, horribile dictu, leo en espa帽ol lo que hubiera sido imposible en franc茅s, Atala y Ren茅 de Chateaubriand y algunas cosas de St. Bernardin de Pierre. Ahora estoy en medio de Don Quijote.

            Podr铆amos oponerlo a Borges, que primero ley贸 El Quijote en ingl茅s y consider贸 al original como una mala traducci贸n. Marx, en cambio, desestim贸 las traducciones y se dio a la tarea de aprender espa帽ol. Hay en ese gesto una particular relaci贸n con la lengua.

            Rosa Luxemburgo pertenece a esta clase de lectores. Maneja varios idiomas. Sus lecturas son amplias. Todo el tiempo est谩 leyendo. Una serie tiene que ver con el material relacionado con sus responsabilidades pol铆ticas de articulista en los medios del movimiento obrero, profesora de la escuela del partido, agitadora y oradora p煤blica. Cotidianamente lee la prensa obrera y 芦burguesa禄, informes econ贸micos, vol煤menes de historia, econom铆a pol铆tica y filosof铆a. Acude a las bibliotecas, encarga los libros que no consigue, se suscribe a peri贸dicos. Cuando narra su d铆a a d铆a, la lectura y la escritura abarcan la mayor parte de sus ocupaciones.

            Sin embargo, existe tambi茅n una serie 芦privada禄, resguardada de todo criterio de utilidad y de correcci贸n pol铆tica. Son sus lecturas literarias y cient铆ficas, porque en el 煤ltimo periodo de su vida la vemos leyendo sobre p谩jaros, geolog铆a y astronom铆a con el entusiasmo de quien descubre un nuevo continente. De sus lecturas 芦libres禄 nos informan sus cartas, as铆 como de los momentos en los que se entregaba a esta desinteresada actividad. Lee en la cama al terminar el d铆a, en sus paseos por los parques o en el campo, en los trayectos del tren, en compa帽铆a de alguno de sus amantes con quienes ten铆a la costumbre de leer en voz alta y, sobre todo, lee constantemente en la c谩rcel, porque, al igual que para otros revolucionarios 鈥損ensemos en Gramsci o, para poner un ejemplo de estas latitudes, en Raquel Guti茅rrez Aguilar鈥, la prisi贸n fue para Rosa Luxemburgo una ventana de tiempo para la lectura y la elaboraci贸n intelectual. En la c谩rcel, adem谩s de leer como posesa, escribe La crisis de la socialdemocracia (m谩s conocida como el Folleto Junius), las Cartas de Espartaco, La revoluci贸n rusa y traduce la autobiograf铆a del escritor ruso Vl谩dimir Korol茅nko.

            Sin embargo, la lectura desinteresada es siempre una interrupci贸n de otra actividad m谩s 煤til. Para una militante de la estatura de Rosa Luxemburgo, que alcanz贸 un lugar de conducci贸n en el partido obrero m谩s grande de Europa, el tiempo 芦libre禄 era un bien escaso. A trav茅s de sus cartas se puede seguir la tensi贸n permanente entre sus obligaciones y sus deseos personales, la experiencia cotidiana del imposible equilibrio entre lo personal y lo pol铆tico, que inclu铆a, por cierto, sus v铆nculos amorosos. Esta incomodidad la acompa帽ar谩 toda su vida.

            El 25 de marzo de 1894, a los 23 a帽os, le escribe a Leo Jogiches, su compa帽ero sentimental de entonces:

Cuando me sent茅 a descansar por un momento, tan exhausta que estaba lista para abandonar el trabajo constante por la causa, dej茅 que mis pensamientos divagaran y tuve la sensaci贸n de que no ten铆a un rinc贸n propio en ninguna parte, y que en ning煤n lugar existo y vivo por m铆 misma.

            Cuatro a帽os despu茅s, en mayo de 1898 desde en Berl铆n, donde se hab铆a instalado para intensificar su trabajo en la capital de la Segunda Internacional, vuelve a escribirle:

Anoche en la cama, en un apartamento extra帽o, en una ciudad extra帽a, me di el gusto y en el fondo jugu茅 con un pensamiento: 驴No ser铆a mejor acabar con esta vida de huida y vivir, los dos solos, en la tranquilidad y la felicidad, en alg煤n lugar de Suiza, aprovechando nuestra juventud y disfrutando el uno del otro?

            Al a帽o siguiente, en marzo de 1899, agradeci茅ndole la carta enviada por su cumplea帽os, escribe en esta misma direcci贸n:

la mayor alegr铆a que me diste fue cuando escribiste que a煤n somos j贸venes y podremos organizar nuestra vida personal. 隆Oh, mi Dziodzio adorado, si pudieras cumplir esa promesa! Nuestro peque帽o departamento, nuestros peque帽os muebles, nuestra propia biblioteca, trabajo tranquilo y continuo, trabajando juntos, y de vez en cuando, la 贸pera y un c铆rculo muy peque帽o de conocidos a los que uno puede invitar a cenar, ir de viaje al campo durante un mes cada a帽o, pero sin ning煤n tipo de trabajo. (Y tal vez un peque帽o Bobo, uno muy, absolutamente peque帽o). 驴Acaso se nos permitir谩? 驴Nunca?

            El deseo de una vida tranquila, de una familia, de un hijo. Una parte de Rosa Luxemburgo se rebela contra las privaciones que debe enfrentar por la vida militante que ha elegido. Varios a帽os despu茅s, en 1907, carte谩ndose esta vez con Kostia Zetkin, con quien mantuvo una relaci贸n de cinco a帽os, sigue lamentando lo mismo:

驴Por qu茅? 驴Por qu茅 debo sufrir en la vida estas fuertes, penetrantes y lacerantes conmociones, cuando en mi interior siempre llora un anhelo de armon铆a y paz? 驴Por qu茅 vuelvo a sumergirme en peligros, en nuevas y aterradoras situaciones en las que s茅 con seguridad que me perder茅? 驴Por qu茅 no se puede hacer nada para superar el mundo exterior?

            La oposici贸n entre interior y exterior. El anhelo de paz y la realidad vertiginosa de la actividad pol铆tica. Esto fue una tensi贸n permanente y, a pesar de sus quejas, Rosa Luxemburgo siempre decidi贸 por la acci贸n pol铆tica. Sin embargo se esforz贸 por crear ese rinc贸n propio que anhelaba cultivando un conjunto de actividades que le causaban placer y alegr铆a. 芦Tengo un maldito anhelo de felicidad y estoy dispuesta a regatear por mi porci贸n diaria con la terquedad de una mula禄 le hab铆a escrito a Leo desde la prisi贸n de Zwickau en 1904. Y as铆, con la terquedad de una mula, se entreg贸 a la bot谩nica, incursion贸 en la pintura, en la geolog铆a, en la ornitolog铆a y, por supuesto, en la literatura.

            Sus gustos literarios han llamado la atenci贸n de sus bi贸grafos. J. P. Nettl, autor de una de las primeras biograf铆as de Luxemburgo, afirma que 芦sus gustos eran conservadores y cl谩sicos. Le gustaba la misma m煤sica que a cualquier ciudadano culto de fin de siglo de Berl铆n o, mejor, de Viena. No ten铆a ni el desprecio pionero por las convenciones de un arist贸crata ni las certezas autocomplacientes y m谩s bien escuetas del realismo de la clase obrera禄. Dana Mills, autora de un trabajo reciente, opone 芦su visi贸n pol铆tica radical e internacionalista禄 a sus gustos culturales 芦euroc茅ntricos y algo conservadores禄.  

            Ciertamente, las lecturas predilectas de Rosa Luxemburgo eran cl谩sicas. 芦Siento verdadera sed de literatura cl谩sica; verdaderamente es una reacci贸n, despu茅s de tanta econom铆a pol铆tica como he tenido que tragar禄, le escrib铆a a Luisa Kaustky en 1913. Por lo que leemos en las cartas, sus inclinaciones llamaron la atenci贸n de algunos de sus cercanos. La propia Kautsky le hab铆a reclamado su desprecio a Schiller, considerado un 芦poeta revolucionario禄 y su amiga Sonja Leibchnekt le hab铆a hecho notar su desinter茅s por la literatura contempor谩nea, a lo que Rosa respondi贸 de manera ambivalente: 芦Se equivoca usted 鈥搇e contesta en una carta del 24 de noviembre de 1917鈥 al decir que siento prevenci贸n por los poetas modernos. Hace quince a帽os le铆 a Dehmel con entusiasmo 鈥揹e su prosa (una escena sobre el lecho mortuorio de una mujer amada) conservo un recuerdo confuso, aunque admirativo鈥. Todav铆a me s茅 de memoria el Phantasus, de Arno Hotz. La Primavera, de Johann Schlaf, de la misma 茅poca, me transport贸 al entusiasmo禄, pero agrega inmediatamente: 芦Despu茅s dej茅 esos poetas y volv铆 a Goethe y a M枚rike禄.

            Las preferencias literarias de Rosa Luxemburgo son claras. En la cumbre de la lista Goethe y M枚ricke, luego un conjunto que incluye, por mencionar solamente algunos nombres, a S贸focles, Calder贸n, Cervantes, Shakespeare, Mickiewicz, Conrad Ferdinand Meyer, Gerhart Hauptmann, Oscar Wilde, Bernard Shaw, y, por cierto, los rusos: Tolstoi, Dotstoievsky, Gorki y Korol茅nko, de quien, como mencionamos, tradujo su autobiograf铆a mientras estuvo en la c谩rcel.

            El car谩cter conservador de los autores era un tema que la ten铆a sin cuidado. Le importaba la energ铆a que los mov铆a a escribir y lo que su escritura era capaz de despertar. Este fragmento de la introducci贸n que escribi贸 para su traducci贸n de Korol茅nko es una s铆ntesis magistral de sus criterios literarios y est茅ticos.

Nada ser铆a m谩s err贸neo, desde luego, que considerar la literatura rusa un arte tendencioso en un sentido grosero, ni pintar a todos los poetas rusos como revolucionarios, o siquiera progresistas. Los esquemas tales como 芦revolucionario禄 y 芦progresista禄 tienen poco significado en el terreno del arte.

Dostoievski, sobre todo en sus escritos posteriores, es un reaccionario confeso, un m铆stico que odia a los socialistas. Sus descripciones de los revolucionarios rusos son mal茅volas caricaturas. Las doctrinas m铆sticas de Tolstoi reflejan tambi茅n tendencias reaccionarias. Pero los escritos de ambos nos despiertan, inspiran y liberan. Y eso es porque su punto de partida no es reaccionario, sus pensamientos y emociones no obedecen al deseo de aferrarse al statu quo, ni los inspiran el resentimiento social, la estrechez mental ni el ego铆smo de casta. Por el contrario, reflejan un gran amor por la humanidad, y una profunda reacci贸n ante la injusticia. As铆 Dostoievski, el reaccionario, se convierte en agente literario de los 芦insultados e injuriados禄, como 茅l los llama en sus trabajos. S贸lo las conclusiones que 茅l y Tolstoi han sacado, cada uno a su manera, s贸lo la salida del laberinto social que ellos creen haber encontrado, los conduce a las sendas del misticismo y el ascetismo. Pero en el verdadero artista la f贸rmula social que propone tiene una importancia secundaria; la fuente de su arte, el esp铆ritu que lo anima: eso es lo decisivo.

Ejercicios espirituales

驴Qu茅 busca Rosa Luxemburgo en sus lecturas literarias? 驴Su inclinaci贸n tan marcada hacia los cl谩sicos responde s贸lo a un concepto elitista de cultura acentuado tal vez por su origen 芦perif茅rico禄 de polaca? 驴Por qu茅 Goethe ocupaba un lugar tan importante en su canon personal?

            El fil贸sofo franc茅s Pierre Hadot en su libro No te olvides de vivir. Goethe y la tradici贸n de los ejercicios espirituales, ofrece elementos para pensar en la predilecci贸n de Rosa Luxemburgo por este cl谩sico alem谩n m谩s all谩 de la absorci贸n acr铆tica de la alta cultura burguesa o de cierta pose ilustrada.

            Hadot se aproxima a Goethe como un cultor moderno de lo que en varios trabajos ha llamado 芦ejercicios espirituales禄, expresi贸n con la que se refiere a aquellos 芦actos del intelecto, o de la imaginaci贸n, o de la voluntad禄 por medio de los cuales 芦el individuo se esfuerza en transformar su manera de ver el mundo, con el fin de transformarse a s铆 mismo禄. 芦No se trata 鈥揳grega鈥 de informarse, sino de formarse禄. Estos ejercicios, como va mostrando Hadot en sus investigaciones, tienen su origen en la antig眉edad, pero son retomados largamente en la filosof铆a occidental.

            En Goethe, particularmente, resalta tres modalidades de esta pr谩ctica: la concentraci贸n en el instante presente, el ejercicio de 芦mirar desde lo alto禄 buscando una perspectiva de conjunto ante las vicisitudes y el constante maravillamiento ante la vida.

            Podr铆amos decir que todas estas disposiciones an铆micas fueron practicadas Rosa Luxemburgo. Quiz谩s haya encontrado en Goethe un modelo de estas actitudes. Lo que es claro es que el poeta alem谩n fue un fundamento que eligi贸 para construir su visi贸n de mundo y su actitud ante la vida. El 10 de octubre de 1905 le escrib铆a a Leo Jogiches en estos t茅rminos:

Por cierto, en general, Goethe tiene un efecto inusualmente tranquilizador: es un verdadero 芦ol铆mpico禄, y me siento muy unida a su cosmovisi贸n. Por desgracia, carezco de la f茅rrea capacidad de trabajo [Arbeitsamkeit] que ten铆a Goethe, a pesar de [compartir su] cosmovisi贸n (aunque no su genio, por supuesto). 隆Son bastante sorprendentes los intereses intelectuales universales que ten铆a este hombre! Y eso que era 芦suabo禄. Alguien me tiene que explicar esto [Das soll mir einer erkl盲ren].

            Doce a帽os despu茅s, el 20 de julio de julio de 1917 desde la c谩rcel, le escribe a su amiga Sonja Liebknecht acerca de este mismo efecto a prop贸sito de una poes铆a:

Hoy, mientras paseaba, observando y meditando sobre todo esto, un verso de Goethe danzaba, obstinado, en mi memoria: El anciano Merl铆n en su tumba luminosa, donde le habl茅 cuando era joven鈥 Ya conoce usted los versos que siguen. Huelga decir que el poema no tiene relaci贸n alguna con lo que yo sent铆a y pensaba en aquel momento; era la cadencia de las palabras y el encanto misterioso del poema lo que me seduc铆a, envolviendo en calma mi esp铆ritu. No sabr铆a explicar por qu茅 una bella poes铆a, de Goethe sobre todo, obra tan poderosamente sobre m铆 cuando me siento agitada o estremecida. La sensaci贸n que experimento en tales ocasiones es casi fisiol贸gica, algo as铆 como si, teniendo los labios resecos, bebiera un delicioso licor que refrescara todo mi ser, devolviendo la salud a mi alma y a mi cuerpo.

            La lectura como elemento reconstituyente del 谩nimo es una de las figuras recurrentes en las confesiones que Rosa hace a su c铆rculo 铆ntimo de amigas y de amantes. Leer como acto reconfortante, placentero y consolador. 芦隆Lee algo bonito! 鈥搇e insist铆a a Luisa Kautsky desde la prisi贸n鈥 驴Tienes buenos libros? Dime, te lo ruego, qu茅 lees; quiz谩 me fuera posible mandarte, o por lo menos aconsejarte, algo bello que te confortase禄.

            La lectura de Goethe la consolaba al tiempo que se convert铆a en un ejemplo para trabajar sobre su propia disposici贸n ante la vida y construir su 茅tica personal. Nuevamente a Luisa Kautsky le propone mirar a Goethe como modelo para hacer frente a la adversidad en una carta del 26 de enero de 1917.

cuando el mundo entero se sale de quicio, lo 煤nico que me preocupa es saber el qu茅 y el por qu茅 de lo que ocurre, y desde el momento en que s茅 que he hecho lo que ten铆a que hacer, recobro la tranquilidad y el buen humor. Ultra posse nemo obligatur [nadie est谩 obligado a m谩s de lo que puede]. Adem谩s, todav铆a me queda todo cuanto hasta hace poco era para m铆 motivo de satisfacci贸n: la m煤sica y la pintura, las nubes, y la herborizaci贸n en primavera, y los buenos libros, y Mim铆, y t煤, y muchas otras cosas m谩s; en fin, que soy tan rica como Creso y conf铆o serlo hasta el 煤ltimo instante de mi vida. Este hundimiento total en medio de la miseria cotidiana es incomprensible e insoportable para m铆. Observa, por ejemplo, la fr铆a serenidad con que un Goethe se sobrepon铆a a los acontecimientos. Y piensa por todo lo que hubo de pasar durante su vida: la gran Revoluci贸n francesa, que, vista de cerca, deb铆a de producir el efecto de una mascarada sangrienta y sin finalidad alguna; luego, de 1793 a 1815, una serie de guerras que se suceden sin interrupci贸n y que vuelven a dar al mundo la apariencia de un manicomio suelto. 隆Y con qu茅 tranquilidad, con qu茅 equilibrio intelectual prosegu铆a 茅l, entretanto, sus estudios sobre la metamorfosis de las plantas, sobre la teor铆a de los colores, sobre mil cosas diversas! Yo no te pido que hagas versos, como Goethe, pero su modo de concebir la vida 鈥揺l universalismo de los intereses, la armon铆a interior鈥 est谩 al alcance de cualquiera, o, por lo menos, todos pueden pugnar por alcanzarla. Y si me dices que Goethe no era un pol铆tico militante, te replicar茅 que el pol铆tico de acci贸n es quien debe sobreponerse a los acontecimientos, si no quiere naufragar, estrell谩ndose contra el primer escollo que se presente.

            La 1iteratura como escuela 茅tica y est茅tica al alcance de todos quienes est茅n dispuestos a trabajar sobre su propia existencia. La vida como una materia moldeable, como resultado un trabajo conciente, como una obra de arte, son t贸picos de un ideario del que Goethe era uno de los representantes mayores. En 茅l, y en otros poetas, escritores y artistas, Rosa Luxemburgo encontr贸 los elementos para trabajar su concepci贸n del mundo, su universo sensible y su modelo humano.

            Solo como ejemplo, el ejercicio de mirar desde lo alto que Hadot resalta en Goethe, parece ser una de las actitudes m谩s recurrentes de Rosa Luxemburgo ante la adversidad. A la referencia que acabamos de citar, que puede leerse tambi茅n en esta clave, queremos a帽adir el fragmento de una carta que le escribe a Hans Diefenbach 鈥搒u 煤ltimo compa帽ero sentimental y con quien tuvo una relaci贸n b谩sicamente epistolar鈥, una vez que la guerra se hab铆a desatado con el apoyo de los parlamentarios de la Socialdemocracia alemana:

 Antes que todo, te dejo el peque帽o informe que quer铆as sobre m铆. Bueno, mi estado inicial de desesperaci贸n ya se ha vuelto bastante diferente. No es que juzgue la situaci贸n con mayor optimismo o que tenga alguna raz贸n para alegrarme, para nada. Pero la severidad del primer golpe se ha desvanecido, y desde entonces los golpes se han convertido en algo cotidiano. Que el Partido y la Internacional se hayan quebrado, completamente quebrado, no est谩 abierto a ninguna duda. Las dimensiones crecientes del desastre, sin embargo, lo han convertido en un drama hist贸rico mundial, y en este sentido el significado hist贸rico objetivo se vuelve evidente y la sensaci贸n personal de querer arrancarse el pelo se ha desvanecido. Por supuesto que el  dolor a veces sigue ah铆, apenas soportable, porque los antiguos amigos cometen nuevas viller铆as y fechor铆as, y adem谩s la prensa pasa por un proceso de inaudita degradaci贸n. Sin embargo, y para contrarrestar esto, hoy m谩s que nunca tengo la convicci贸n de que, si el hecho es que las cosas no pueden ir de otra manera, puedo encontrar todav铆a un encantador consuelo para mis modestas necesidades personales: un buen libro, un paseo por los prados de S眉dende en el hermoso clima oto帽al, como en alg煤n momento camin茅 contigo, Hannesle, por el rastrojo. 隆Y, por 煤ltimo, hay m煤sica tambi茅n! 隆Ah, la m煤sica! 隆C贸mo la anhelo, y qu茅 doloroso es que nos la priven! Hasta ahora no he podido proporcionarme de ella.

            La conciencia de la envergadura mundial en la que se ubican las desgracias personales, las rupturas con amigos, el quiebre pol铆tico de la organizaci贸n m谩s importante del proletariado en Europa, le ayuda a Rosa Luxemburgo a recobrar la calma y continuar. Busca consuelo en las actividades que le brindan placer y recompone sus fuerzas para proseguir su tarea.

            Ahora bien, cuando hablamos de la formaci贸n de una 茅tica personal, conviene aclarar que no se halla en Rosa Luxemburgo ninguna apolog铆a del ascetismo, de las privaciones materiales, ni nada en esa direcci贸n en que puede ser entendido el concepto de 芦茅tica禄. Al contrario, una de las mejores conocedoras de su correspondencia amorosa, Elzbieta Ettinger, destaca que la persistente disposici贸n de Rosa Luxemburgo a la b煤squeda de la felicidad personal y al placer fue uno de los puntos de discordia con Leo Jogiches que consideraba esos deseos como desviaciones peque帽o burguesas. Jogiches pertenec铆a a una familia rica de la burgues铆a lituana y debi贸 ser como esos rebeldes que para romper con sus or铆genes de clase exageran al punto de convertirse en moralistas laicos de una radicalidad rayana en la enfermedad. En esta carta del 4 de septiembre de 1904, desde la prisi贸n de Zwickau, Rosa Luxemburgo le reclama:

Que lleves una vida tan solitaria es una locura y una anormalidad, y lo veo con muy malos ojos. Mi estado de 谩nimo actual me hace odiar m谩s que nunca ese 芦ascetismo禄. Aqu铆 sigo agarrando con avidez cada chispa de vida, cada rayo de luz, cada matiz en los feuilletons [folletines] y las cr铆ticas de teatro del Berliner Tageblatt. Me prometo vivir la vida al m谩ximo en cuanto sea libre, y t煤, t煤 te sientas ah铆 desbordado de riquezas y, como San Antonio en el desierto, vives de miel silvestre y langostas. Te convertir谩s en una b谩rbara, mi querida ni帽a, y cuando salga de la c谩rcel tu incontinencia nazarena chocar谩 violentamente con mi sangre hel茅nica.

            En varios pasajes de su correspondencia la leemos recordando momentos de diversi贸n junto a sus amigos que pueden darnos una idea de c贸mo era su inclinaci贸n a 芦gozar la vida禄. Una carta del 26 de enero de 1917 enviada a Luisa Kautsky desde la c谩rcel, ofrece la magn铆fica escena de una 芦org铆a de champange socialdemocr谩tico禄 que Rosa Luxemburgo evoca con alegr铆a, a pesar de que uno de los amigos mencionados, el pianista Hugo Fassist, ya hab铆a muerto en la guerra.

Conservo el recuerdo muy agradable de nuestra 煤ltima 芦org铆a禄. Fue en el verano pasado, cuando estaba yo en la Selva Negra. Un d铆a se present贸 [Hugo Fassist] trepando desde Wildbad con Costia[Zetkin]; era un d铆a espl茅ndido; despu茅s de comer, nos sentamos al aire libre, en torno a una peque帽a bater铆a de botellas de Mumm, gozando del sol y muy contentos. El que m谩s beb铆a era, naturalmente, 芦el generoso donante禄 en persona. Volv铆a a vivir, un vez m谩s, 芦una hora inolvidable禄, re铆a, gesticulaba, gritaba y uno tras otro iba vaciando en su robusto gaznate de suabo los vasos espumeantes. [鈥 los filisteos, como puede suponerse, se sent铆an muy edificados ante aquella 芦org铆a de champagne socialdemocr谩tico禄.

            Este gozar la vida, adem谩s de ser una disposici贸n 芦natural禄 de Rosa Luxemburgo, tambi茅n es parte de la visi贸n de mundo que subyace la obra de Goethe. Pierre Hadot destaca 芦el extraordinario amor a la vida禄 que se puede observar en su obra y que se condensa en la traducci贸n que hace del precepto Memento vivire [acu茅rdate de vivir] en el pasaje de Los a帽os de aprendizaje de Wilhelm Meister en que el joven h茅roe recibe este mensaje de la historia:

Frente a la puerta, en un espl茅ndido sarc贸fago, se ve铆a la estatua en m谩rmol de un hombre venerable apoyado sobre un almohad贸n. En la mano ten铆a un rollo que parec铆a contemplar con serena atenci贸n. El rollo estaba colocado en forma que pudieran leerse f谩cilmente las palabras grabadas en 茅l: 芦Acu茅rdate de que tienes que vivir禄.

            芦Acu茅rdate de que tienes que vivir禄, una m谩xima opuesta al precepto cristiano Memento mori [recuerda que morir谩s] y que ha sido interpretada como el centro de la filosof铆a de Goethe. Para Hadot es el llamado a una existencia conciente, a 芦gozar plenamente de los placeres de la vida禄 y a 芦descubrir el gozo en la existencia misma, en lo que tiene de maravilloso en la actividad del cuerpo y del esp铆ritu禄.

            Todo esto nos parece acorde con el concepto de vida que podemos hallar en Rosa Luxemburgo. Su inclinaci贸n a los placeres sensibles y, tambi茅n, su permanente maravillamiento ante la vida, sobre todo ante la naturaleza, pueden leerse en esa clave. Los pasajes para ofrecer una muestra de esta dimensi贸n de su visi贸n de mundo son numerosos, porque sus cartas est谩n repletas de apolog铆as a la existencia. 芦Como quiera que sea, la vida es buena禄 hab铆a escrito Goethe en su poema 芦El novio禄 y de muchas formas Rosa Luxemburgo exclama lo mismo en reiteradas ocasiones hablando de los p谩jaros que la visitan en la c谩rcel, de las flores que descubre en los jardines, de la primavera y de sus experiencias felices con amigos y amantes. El fragmento que reproducimos a continuaci贸n, escrito a mediados de diciembre de 1917 desde la c谩rcel de Breslau a Sonja Liebchnekt, nos pareci贸, de todos modos, el m谩s expresivo de ese aspecto de su sensibilidad.

Es la tercera Navidad que paso entre rejas. Pero no se preocupe usted demasiado. Estoy m谩s tranquila y alegre que nunca. Esta noche estuve largo rato despierta 鈥搉o acierto a quedarme nunca dormida antes de la una de la madrugada, y, como nos obligan a acostarnos a las diez, hay tiempo para pensar en la oscuridad en muchas cosas. He aqu铆 mis pensamientos: 隆qu茅 extra帽a es, me dec铆a, esta especie de alegre embriaguez en que constantemente me hallo, sin raz贸n alguna! Estoy tendida en una celda oscura, sobre un colch贸n duro como una piedra. A mi alrededor reina en toda la casa un mortal silencio, que hace pensar que se halla una en un sepulcro. La luz del farol que arde toda la noche frente a la c谩rcel se refleja en el techo. De vez en cuando se oye pasar un tren lejano, y de rato en rato, muy cerca, al pie de la ventana, al centinela que tose y da algunos pasos lentos y pesados para desentumecer sus piernas. La arena cruje tan desesperadamente bajo sus botas que parece que en ella clama en la oscuridad sombr铆a y h煤meda toda la desolaci贸n y toda la desesperanza que hay en la existencia. Aqu铆 estoy tendida, sola, envuelta en los pliegues oscuros de la noche, del hast铆o, del cautiverio, del invierno, y no obstante, mi coraz贸n palpita con un incomprensible gozo interior, con una alegr铆a nueva para m铆, como si me paseara por una pradera florida bajo un sol radiante. Y, en las tinieblas de mi calabozo, sonr铆o a la vida, como si poseyera alg煤n m谩gico talism谩n cuya virtud transformara todo lo feo y triste en claridad y dicha. Yo misma busco el por qu茅 de esta alegr铆a, pero no doy con 茅l y no tengo m谩s remedio que re铆rme otra vez de m铆 misma. El secreto no est谩 seguramente m谩s que en la vida, tal como es; las tinieblas espesas de la noche, bellas y suaves como el terciopelo, si una sabe mirarlas. Y en el crujir de la arena h煤meda, bajo los pasos lentos y pesados del centinela, canta la vida, para quien sepa escucharla. En esos momentos pienso en usted, y 隆con cu谩nto gusto le prestar铆a este talism谩n, para que tambi茅n usted pudiera exprimir de todas las situaciones lo que la vida tiene de hermoso y alegre, para que tambi茅n usted viviese fuera bajo su encanto, y marchara por la vida como por una pradera toda llena de flores. Pero no crea que pretendo brindarle goces num茅ricos, cantando las ventajas del ascetismo. No, yo deseo para usted gozos reales y sensibles. 脷nicamente quer铆a hacerle compartir mi inagotable alegr铆a interna para poder sentirme tranquila en lo que a usted respecta, y para que usted pudiera cruzar la vida envuelta en un manto bordado de estrellas, que la protegiera contra todo lo mezquino, todo lo vulgar y angustioso.

Goethe v/s Lenin

La lectura como desv铆o, la lectura como ejercicio espiritual, la lectura como gozo, son algunos de los modos de leer de Rosa Luxemburgo. Pero hay otro uso de la lectura que podr铆amos seguir. La intromisi贸n de la literatura en sus textos pol铆ticos. En esto hay tambi茅n una larga tradici贸n en el campo revolucionario. El pr贸logo a la primera edici贸n de El Capital se cierra con el 芦Segui il tuo corso, e lascia dir le genti!禄 de Dante. Los ejemplos podr铆an multiplicarse. En la escritura de Rosa Luxemburgo hay un caso que resulta particularmente interesante, porque revela algo m谩s que una muestra de cultura literaria.

            Desde temprano fue considerada una experta en cuestiones rusas y polacas al interior de la Segunda Internacional. En ese rol fue invitada por la revista Iskra escribir un an谩lisis acerca de la ruptura entre mencheviques y bolcheviques que se hab铆a producido en el seno del partido socialdem贸crata ruso en 1903. La revista, por cierto, era de tendencia menchevique.

            En el centro de la pol茅mica entre uno y otro sector, se escond铆an distintas concepciones del partido. Lenin, l铆der del bolchevismo, defend铆a un partido centralizado mientras que Martov, de los mencheviques, uno que permitiera mayor autonom铆a a los 贸rganos locales. La disputa motiv贸 que Lenin escribiera Un paso adelante, dos pasos atr谩s. (Una crisis en nuestro partido), para defender sus tesis. El art铆culo de Rosa plantear谩 una cr铆tica frontal a las posiciones de Lenin. Se public贸 en Iskra con el t铆tulo 芦Centralismo y democracia禄 y en alem谩n con el de 芦Problemas de organizaci贸n de la socialdemocracia rusa禄 en la Die Neue Zeit, principal 贸rgano de la Segunda Internacional, dirigido por Karl Kautsky.

            Sintetizando exageradamente, Rosa Luxemburgo critica el excesivo centralismo de la concepci贸n del partido que propone Lenin. Lo hace con argumentos que se apoyan en su lectura del proceso hist贸rico y en el lugar que le otorga a la acci贸n espont谩nea de los trabajadores como fuerza motriz de los procesos sociales y elemento determinante de las decisiones t谩cticas de los destacamentos concientes de la clase organizados en el partido. La polaridad espontaneidad de las masas y direcci贸n conciente que recorre el texto, se sustenta en lo que podr铆amos llamar, al menos tentativamente, un vitalismo de la acci贸n que pareciera organizar el sistema con el que Rosa Luxemburgo lee los acontecimientos que le son contempor谩neos.

Qu茅 observamos, sin embargo 鈥揳rgumenta Luxemburgo鈥, en la evoluci贸n que ha tenido hasta ahora el movimiento ruso? Sus transformaciones t谩cticas m谩s pronunciadas, durante los 煤ltimos diez a帽os no son 芦descubrimientos禄 de dirigentes concretos del movimiento y mucho menos de organizaciones directrices, sino que, en cada momento, fueron el producto espont谩neo del propio movimiento en marcha. As铆 fue la primera etapa del movimiento proletario en Rusia, que se abri贸 con la huelga gigante de San Petersburgo [鈥 El siguiente cambio esencial en la t谩ctica, que abri贸 a esta horizontes nuevos, fue la huelga de masas que se declar贸 芦sola禄 en Rostov del Don, con su agitaci贸n callejera improvisada, las asambleas populares al aire libre y las arengas p煤blicas, con todo lo cual no se hubiera atrevido a so帽ar algunos a帽os antes el m谩s esforzado de los luchadores socialdem贸cratas, consider谩ndolo como una fantas铆a. En todos estos casos, al comienzo fue la 芦acci贸n禄. La iniciativa y la direcci贸n consciente de las organizaciones socialdem贸cratas tuvieron una funci贸n muy reducida. (Las cursivas son nuestras)

            As铆, en medio de su pol茅mica con Lenin, echa mano al emblem谩tico lema que corona la escena, igual de emblem谩tica, del Fausto:

Pues bien escrito est谩: 芦En el principio era la 鈥榩alabra鈥櫬 / 隆Ya aqu铆 tropiezo! 驴Qui茅n me ayudar谩 a seguir? /Me resulta imposible darle un valor tan alto a la 芦palabra禄, / he de traducirlo de otro modo, /
si es que por el esp铆ritu estoy bien iluminado. / Escrito est谩: 芦En el principio era la 鈥榠dea鈥櫬. / Piensa muy bien este primer rengl贸n, / 隆no vaya a precipitarse tu pluma! / 驴Es la idea lo que todo ocasiona y crea? / Debiera, pues, decir: 芦隆En el principio era la 鈥榝uerza鈥!禄 / Empero, tambi茅n mientras esto transcribo, / algo me advierte que no restar茅 en ello. / 隆El esp铆ritu me ayuda!, de repente veo el consejo / y sin miedo escribo: 芦隆En el principio era la 鈥榓cci贸n鈥!禄.

            Rosa Luxemburgo, despu茅s los ejemplos de la historia reciente del movimiento obrero en Rusia que demuestran la primac铆a de la iniciativa espont谩nea de la clase, remata con una invocaci贸n a esta escena. La fuerza 芦que todo ocasiona y crea禄, no es la palabra, no es la idea, es la 芦acci贸n禄. La oposici贸n palabra / acci贸n generalmente alude la rencilla entre intelectuales y pol铆ticos pr谩cticos. Sin embargo, dif铆cilmente se podr铆a encasillar a Lenin como un intelectual. En esta 茅poca, adem谩s, las grandes figuras intelectuales del movimiento obrero eran a la vez pol铆ticos pr谩cticos. Rosa Luxemburgo y Lenin son en esto dos casos ejemplares. La 芦palabra禄 que Rosa Luxemburgo opone a la 芦acci贸n禄 puede ser entendida aqu铆 como el esquema preconcebido por el revolucionario profesional acerca c贸mo las cosas deben realizarse desatendiendo el movimiento real de la historia. Rosa Luxemburgo opone a la rigidez de la 芦palabra禄 de Lenin, la plasticidad de su criterio apoyado en la 芦acci贸n禄. Eterno debate en las izquierdas.

            No es el lugar para discutir la justeza de las cr铆ticas de Rosa Luxemburgo a Lenin. 脡l mismo se vio compelido a responder en un texto que titul贸 芦Un paso adelante, dos pasos atr谩s. Respuesta a Rosa Luxemburgo禄. Lo que nos interesa aqu铆 es la intromisi贸n de la literatura en la pol铆tica, no como estrategia de estilo, sino como marca de una visi贸n de mundo. La 芦acci贸n禄 de la clase trabajadora, imprevisible, espont谩nea, muchas veces ca贸tica y contradictoria, era el centro gravitatorio de la concepci贸n pol铆tica de Rosa Luxemburgo. Era, en su concepto, la 煤nica fuerza capaz de abrir la historia. Para afirmarlo, no se apoy贸 en Marx [que hab铆a escrito las 芦Tesis sobre Feuerbach禄], sino en Goethe.

                       

La escena final

Entre 1949 y 1950 el novelista alem谩n Alfred D枚blin, ya c茅lebre por su Berlin Alexanderplatz, public贸 Noviembre 1918, una obra monumental sobre la revoluci贸n alemana en cuatro tomos. El 煤ltimo, titulado Karl y Rosa, est谩 dedicado a los revolucionarios espartaquistas asesinados el 15 de enero de 1919 por los paramilitares que le hac铆an el trabajo sucio al gobierno socialdem贸crata de Friedrich Ebert. En m谩s de quinientas p谩ginas, D枚blin compone una narraci贸n que transita entre la novela hist贸rica rigurosamente documentada y el m谩s puro expresionismo: se ve, por ejemplo, a Rosa Luxemburgo conversando frecuentemente con el fantasma de Hans Diefenbach, con el que, adem谩s, contrae matrimonio y tiene una suerte de encuentro sexual.

            Nos interesa el momento en que el novelista narra extensamente la escena previa a la detenci贸n de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, que se encontraban en la misma casa de seguridad. Es, sorprendentemente, una escena de lectura en la que Liebknecht ocupa el rol del sujeto que, asediado y perseguido, se aferra a un libro significativo y lee con la sensibilidad exaltada de quien se sabe en peligro de muerte. Rosa, en cambio, aparece ir贸nica y burlona ante los arranques literarios de su amigo.

En el sal贸n [de la casa en la que se encontraban escondidos], Rosa encontr贸 pensativo a Karl. Miraba a menudo al oscuro patio que hab铆a debajo. Estaba furioso por su encierro, y por las noches siempre empeoraba. Esper贸 a que se tranquilizara. Y as铆 fue, como siempre le ocurr铆a, de golpe. Se dio la vuelta y se detuvo junto a la c贸moda, cogi贸 un libro y se dirigi贸 con 茅l a Rosa:

鈥擬e lo envi贸 Sonja ayer. 驴Lo conoces? Es uno de los primeros regalos que le hice al salir de la c谩rcel. Se lo hab铆a prometido desde la celda. El para铆so perdido, de Milton.

Rosa estaba sorprendida:

鈥擟onozco el t铆tulo, pero no he le铆do el libro.

[鈥

Karl pase贸 por la estancia con el libro abierto en la mano:

鈥擴na obra espl茅ndida, Rosa, una de las piezas fundamentales de la literatura inglesa. El centro de la obra lo ocupa Sat谩n. Es una obra de fantas铆a. Pero, al fin y al cabo鈥 驴qu茅 significa la palabra fantas铆a para un verdadero poeta? Lo que un verdadero poeta inventa no son invenciones, sino revelaciones, lo quiera o no.

鈥斅縌u茅 revela? 驴A qui茅n lo revela? 驴A s铆 mismo?

鈥擭aturalmente tambi茅n a s铆 mismo, de alguna manera, pero no se trata de eso. Revela algo que est谩 dentro de todos los humanos, al transformarlo en personajes que pueden tomarse como s铆mbolos. Milton presenta aqu铆 a Sat谩n de forma que entusiasma, que enamora. Podemos aprender de 茅l c贸mo hay que comportarse en la derrota.

[鈥

Rosa segu铆a mostr谩ndose monosil谩bica, y estaba claro que no compart铆a su arrobo. 脡l describ铆a con dramatismo la magia y la belleza y la fuerza de Sat谩n.

[鈥

鈥擠i mejor, Karl: 驴qu茅 te gusta a ti en 茅l?

Karl:

鈥擲u constante protesta. Nada conmueve a Sat谩n. No lo ablanda que le priven de participar de las maravillas de este mundo. Ning煤n castigo lo hace cambiar. La ira del Se帽or contra 茅l no cesa. Pero tampoco el No de Sat谩n termina.

Rosa:

鈥擴n destructor.

Karl:

鈥擜 pesar de toda la violencia, mantenerse y jam谩s doblegarse. El Se帽or mismo est谩 de alg煤n modo enamorado de 茅l, a pesar de todo. Podr铆a erradicarlo de la Creaci贸n, pero no lo hace, 驴por qu茅 no? Le deja, lo mira y constata: la Creaci贸n entera es buena, y tambi茅n Sat谩n es obra de su mano. Me recuerda, Rosa, al Espartaco de la antigua Roma. Las hordas de esclavos se hab铆an sacudido sus cadenas y avanzaban incontenibles, Roma tuvo que defenderse, fue un enfrentamiento de poder a poder.

Entonces Rosa no pudo contenerse y rompi贸 en una estruendosa carcajada:

鈥擡ntonces, dejemos de llamarnos espartaquistas y pasemos a llamarnos satanistas.

脡l, tranquilo:

鈥斅縋or qu茅 no? Con eso le dar铆amos un susto a esa chusma burguesa. Me gustar铆a. Quiz谩 al pueblo le gustase menos.

Rosa segu铆a ri茅ndose (茅l pensaba que hist茅ricamente):

鈥擳ambi茅n yo, Karl, creo que es mejor que nos quedemos con 芦espartaquistas禄.

脡l agit贸, ligeramente ofendido, su libro (su reencuentro con Sonja se hab铆a visto perturbado):

鈥擲iempre hay algo que arrastra en este Sat谩n, se le puede tomar como ejemplo.

Aquello hab铆a superado la capacidad de atenci贸n de ella. Se retorc铆a de risa. 脡l tuvo miedo. 驴Iba a volver a pasarle algo? Entre golpe y golpe de risa, ella logr贸 decir:

鈥擲铆, Karl, as铆 es. Podemos tomar ejemplo de 茅l.

Y abri贸 los brazos, ech贸 la cabeza hacia atr谩s (histeria grave, pens贸 茅l preocupado) y exclam贸, feliz:

鈥擲e lo dir茅 cuando lo vea鈥 Karl, el satanista.

脡l se sent贸 a la mesa y dijo, encogi茅ndose de hombros, mientras volv铆a a ensimismarse en su querido libro:

鈥擭o tienes ning煤n sentido de la literatura, Rosa.

Karl estaba en su punto culminante. Cuando se levant贸, dobl贸 el brazo derecho como para mostrar el b铆ceps y volvi贸 a recitar:

鈥擜 pesar de toda la violencia, mantenerse.

            Es la escena de la 煤ltima lectura de Karl Liebknecht. Una lectura apasionada, febril, cargada de significados que trenzaban lo pol铆tico y lo m谩s 铆ntimo: Espartaco, el esclavo tracio l铆der de una sublevaci贸n contra los romanos de quien hab铆an tomado el nombre para bautizar la organizaci贸n que 茅l y Rosa conduc铆an; la evocaci贸n de Sonja, su esposa a quien a penas hab铆a podido ver en el mes y medio que llevaba libre; la mujer a la que le hab铆a prometido el libro que ten铆a ahora entre sus manos y estaba leyendo, sin saberlo, por 煤ltima vez. Karl Liebknecht, l铆der espartaquista, es retratado como un hombre de una sensibilidad exquisita. Sin embargo, la escena que imagina D枚blin no hace justicia ni a la relaci贸n vital que Rosa Luxemburgo ten铆a con la literatura, ni a los hechos que se conocieron varios a帽os despu茅s de la publicaci贸n de esta novela.

            El relato viene esta vez de la boca del enemigo. En 1966 Waldemar Pabst, jefe de los paramilitares que asesinaron a Rosa Luxemburgo y a Karl Liebkchnet la noche del 15 de enero de 1919, fue entrevistado por el periodista alem谩n Dieter Ertel. En la ocasi贸n, Pabst entrega detalles del doble asesinato, sus m贸viles y la cadena de encubrimientos e impunidad en que grandes empresarios, grupos armados ultraderechistas y la direcci贸n de la Socialdemocracia en el poder, se tramaron sin aspavientos. El entrevistado reafirma que los asesinatos fueron correctos. No muestra compasi贸n ni arrepentimiento. Sin embargo, un fragmento de su narraci贸n nos descubre una escena desconocida, ocurrida en el momento en que Rosa Luxemburgo es interrogada por 茅l en una habitaci贸n del Hotel Ed茅n, a la saz贸n cuartel general de un comando de freikorps, como se llamaban esos grupos paramilitares. El fragmento a continuaci贸n corresponde a una memoria de la conversaci贸n que sostuvo con Ertel el 28 de enero de 1966.

Cuando se le pidi贸 una caracterizaci贸n de sus prisioneros, Pabst dijo: 鈥楲iebknecht era un cobarde鈥. Como 鈥榩rueba鈥 cit贸 el hecho de que el l铆der comunista hab铆a negado ser Liebknecht. Un oficial de la marina [鈥 abri贸 su abrigo y lo identific贸 por el monograma de su camisa. En cambio, la descripci贸n que hace de Rosa Luxemburgo es muy distinta: 驴Es usted Frau Luxemburg? Ella respondi贸: Por favor, decida usted mismo. Entonces le dije que, seg煤n esta foto, debe ser usted. A lo que ella contest贸: 隆Si usted lo dice! [鈥 Delante de Pabst, en su oficina, se arregl贸 el dobladillo de la falda que se hab铆a estropeado durante el viaje y ley贸 un poco del Fausto de Goethe.

            El enemigo victorioso, frente a su trofeo de guerra 鈥搑ecordemos que Rosa Luxemburgo era una figura de primer orden鈥, la observa leer. Una interrupci贸n, que quiz谩s dur贸 s贸lo unos minutos, se produjo en esa oficina. Mirar a alguien leer tiene un dejo de indiscreci贸n, de transgresi贸n de cierto l铆mite, de intromisi贸n en la intimidad del otro que lee. Pero en esta escena las fronteras de la transgresi贸n ya est谩n trastocadas. Una prisionera no dispone libremente de nada, es propiedad de sus captores y est谩 a merced de los l铆mites que ellos impongan a su propia crueldad. Sin embargo, Rosa Luxemburgo lee y Pabst la mira, no sabemos cu谩nto, pero la mira lo suficiente como para percatarse de que se trataba del Fausto de Goethe. Quiz谩s la impresi贸n que le caus贸 la entereza de Rosa Luxemburgo le provoc贸 un respeto fugaz o a lo mejor la dej贸 leer como quien le concede un 煤ltimo deseo a una condenada muerte. Como sea, esa escena se grab贸 en su memoria y gracias a 茅l -responsable de su asesinato-, lleg贸 hasta nosotros.

            La sola imagen de Rosa Luxemburgo leyendo a minutos de ser asesinada es sobrecogedora, pero que su 煤ltima lectura haya sido el Fausto de Goethe es todav铆a m谩s conmovedor conociendo la relaci贸n vital que mantuvo con el poeta alem谩n durante toda su vida.

            Volviendo a El 煤ltimo lector, Ricardo Piglia narra una de las escenas de mayor dramatismo en la vida del Che. En diciembre de 1956 se produce el desembarco del Granma y Guevara es herido. Ante la inminencia de la muerte busca en la literatura un modelo para afrontar su final. Piglia transcribe sus palabras: 芦Inmediatamente 鈥揳nota en Pasajes de la guerra revolucionaria鈥 me puse a pensar en la mejor manera de morir en ese minuto en el que parec铆a todo perdido. Record茅 un viejo cuento de Jack London, donde el protagonista apoyado en el tronco de un 谩rbol se dispone a acabar con dignidad su vida, al saberse condenado a muerte, por congelaci贸n, en las zonas heladas de Alaska禄. El recuerdo lo visita como una lecci贸n de entereza y soberan铆a ante una muerte inevitable. La literatura, que le hab铆a servido de modelo para vivir, ahora le prestaba las herramientas morales para morir con templanza. Pero, como sabemos, no muri贸 all铆, sino once a帽os despu茅s en Bolivia, donde transcurre otra de las escenas que recuenta Piglia. Ya capturado y mantenido como prisionero en la escuelita de La Higuera, Guevara es visitado por una profesora del pueblo que le lleva algo de comer. Con las pocas fuerzas que le quedan, el Che le indica que falta un acento en la oraci贸n que est谩 escrita en la pizarra. La oraci贸n es: Yo s茅 leer. 芦Que sea esa la frase, que al final de su vida lo 煤ltimo que registre sea una frase que tiene que ver con la lectura, es como un or谩culo, como una cristalizaci贸n casi perfecta禄.

            Para Piglia, Guevara es una figura bisagra entre dos formas de vida que colisionan: la lectura y la pol铆tica; por eso lo llama 芦el 煤ltimo lector禄. 芦Es el 煤ltimo lector porque ya estamos frente al hombre pr谩ctico en estado puro, frente al hombre de acci贸n禄 y porque a la vez 芦la relaci贸n que mantiene con la lectura lo acompa帽a toda su vida禄. Rosa Luxemburgo puede ser considerada tambi茅n como una 芦煤ltima lectora禄, como una mujer que encarna una forma extrema de leer y de vivir, condensada en esa escena final en que la vemos digna, desafiando a sus captores y leyendo.

            Nunca sabremos qu茅 fue exactamente lo que ley贸 antes de que un culatazo la dejara inconciente, un disparo le atravesara la sien y su cuerpo fuera arrojado a un canal. Solo nos queda imaginar que los versos de Goethe, que tantas veces invoc贸 en la adversidad, la sostuvieron esa noche en su 煤ltimo gesto libertario.

鈥斺

Una primera versi贸n de este texto se public贸 en la revista Hoja Filos贸fica de la Escuela de Filosof铆a de la Universidad Nacional de Costa Rica

[1]      La conferencia se encuentra en https://www.youtube.com/watch?v=TChFlheKBl4




Fuente: Lobosuelto.com