July 27, 2021
De parte de Oiradilos
383 puntos de vista


En un conocido debate sobre la existencia de Dios, Bertrand Russell comenz贸 declar谩ndose agn贸stico. Es f谩cil de comprender esa postura, ya que su rival le pidi贸 que se manifestara sobre la creencia en lo que podemos llamar la idea de Dios: un ser personal supremo, distinto del mundo y creador del mismo. Desde un punto de vista estrictamente cient铆fico, la posici贸n de Russell fue la m谩s inteligente, la existencia de Dios no es una hip贸tesis falsable, es decir, no puede demostrarse y, por lo tanto, tampoco su inexistencia.

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Los religiosos se empecinan en referirse a Dios como un ser 鈥渘ecesario鈥, t茅rmino opuesto a 鈥contingente鈥, mientras que Russell se niega a entrar en esa l贸gica que le es extra帽a. La palabra 鈥necesario鈥 solo cobra sentido aplicada a proposiciones anal铆ticas, es decir, aquellas cuyo valor de verdad se desprende del significado de los t茅rminos involucrados. Para entender por qu茅 se considera que la idea de Dios no tiene sentido, solo hay que cotejarla, por ejemplo, con el universo. Un creyente insistir谩 en asociarla a Dios, en reducir la relaci贸n causal a ese ser 鈥渘ecesario鈥 y en buscarla un significado en funci贸n de ello, pero la palabra 鈥渦niverso鈥 solo resulta 煤til en relaci贸n a algo, no es posible buscarle un significado por s铆 misma. La idea de buscar una causa del universo y llamarla Dios es una clara abstracci贸n sin sentido, mientras que todo el conocimiento cient铆fico se deriva de relaciones causales muy concretas.

Lo que se se帽ala como absurdo es buscar una causa a la totalidad, y de ah铆 el conocido argumento de Russell sobre la primera causa de Dios de que, si bien todo hombre existente tiene una madre, resulta evidente que la raza humana no tiene una madre. No existe raz贸n para suponer que el mundo globalmente tenga una causa. Si bien el cient铆fico se esfuerza en encontrar causas explicativas sobre un acontecimiento particular que tenga su inter茅s, no puede partirse de la idea de que el mundo deba tener una explicaci贸n, algo que forma parte del acervo religioso (y que puede ser explicable se帽alando sus causas sociales y sicol贸gicas). El cient铆fico no puede llegar a certezas, en cualquier caso, sino a probabilidades, por lo que hay que insistir en lo ileg铆timo de buscar una explicaci贸n y significado al mundo en funci贸n de una primera causa.

En relaci贸n a la experiencia religiosa m铆stica, nos encontramos con el habitual enfrentamiento entre la subjetividad y la realidad objetiva. En esta cuesti贸n, y sin que Russell sit煤e necesariamente a Dios al mismo nivel que cualquier otro personaje de ficci贸n, s铆 recuerda que las experiencias m铆sticas se han producido con la misma intensidad en personas que dicen haber estado en contacto con demonios. En cualquier caso, el hecho de que la creencia tenga un buen o mal efecto moral sobre una persona no supone ninguna evidencia a favor de su verdad. En todos nosotros existen experiencias que suponen alguna alteraci贸n para bien, pero no suponen la existencia de algo externo; ni siquiera si la persona piensa que es as铆, es demostrable que haya una vinculaci贸n con unos efectos benignos. Los mitos, por ejemplo, nos afectan tantas veces para bien, nuestro car谩cter puede verse alterado, pero eso no cambia que siga siendo un mito (por ejemplo, un personaje de la historia que nunca ha existido). En ese sentido, s铆 hay que hablar de una influencia de los personajes de ficci贸n hasta el punto de influir sobre los valores de las personas. Y es en este punto de los valores donde se producen los problemas del argumento moral sobre la existencia de Dios. El religioso deriva toda bondad de la idea de la divinidad y solo acepta que el hombre pueda distinguirla gracias a ella. Obviamente, se trata de otra excesiva simplificaci贸n, podemos distinguir lo bueno de lo malo de manera emp铆rica y tambi茅n a trav茅s de nuestros sentimientos, aunque sigue siendo necesario el constante estudio del problema. Hablar solo de sentimiento para distinguir el bien del mal sigue sido demasiado simple, para Russell hay que tener en cuenta los efectos de los actos y tambi茅n los sentimientos hacia esos efectos.

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Se plantea la cuesti贸n aqu铆 tambi茅n de los preceptos morales, que Russell acepta a priori a nivel pr谩ctico, pero recuerda que a nivel te贸rico es necesario definir la cuesti贸n muy detalladamente. Desde este punto de vista la palabra 鈥渄eber鈥 u 鈥obligaci贸n鈥 no tiene 煤nicamente una connotaci贸n emocional, es necesario observar los efectos y derivar la buena conducta en funci贸n de todos los factores concurrentes en las circunstancias y tener en cuenta los efectos probables al considerar lo que es bueno. En t茅rminos morales, los religiosos piensan que uno puede acercarse por ese camino a la cuesti贸n de la existencia de Dios al identificarle con valores absolutos. Sin embargo, es rechazable la concepci贸n de algo absoluto a nivel l贸gico y emp铆ricamente demostrable que la ley moral cambia constantemente en las diferentes sociedades.

La idea de obligaci贸n moral, que nunca llega a ser absoluta, tiene la mayor铆a de las veces un eco de lo que hemos recibido por herencia; de hecho, la conciencia de cada persona var铆a extraordinariamente seg煤n el tiempo y el lugar en que se encuentre. Tal y como lo concibe Russell, enfrentado a los preceptos morales categ贸ricos, el sentimiento del deber es la consecuencia de la imaginaria reprobaci贸n de alguien; frente a ello, se insiste en lo necesario de apelar al sentimiento hacia las consecuencias de un acto para emitir un juicio. Russell no niega la obligaci贸n moral, pero la sit煤a en un plano humano oponi茅ndose a todo absolutismo. De ese modo, al estudiar historia o antropolog铆a nos encontramos con deberes morales que nos resultan abominables, por lo que es inimaginable atribuirles un origen divino y s铆 acaba siendo f谩cil de explicar de muchas otras maneras.

Fuente: Cap Vidal (Reflexiones desde Anarres)

Autor: fargov

Interesado en temas sociales y m谩s concretamente en la solidaridad, el apoyo mutuo, los derechos humanos y todo aquello que represente una mejora para la sociedad.




Fuente: Oiradilos.wordpress.com