January 10, 2022
De parte de SAS Madrid
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Manuel Franco se confiesa asaltado por una “sensación de flashback”. De regreso a una primavera de 2020 que ha pasado del blanco y negro al color en un pispás.

Especialista en salud pública, con estudios en Berlín y doctorado en la Johns Hopkins University de Baltimore, los medios extranjeros veían en Franco al epidemiólogo ideal para informarse sobre los secretos de la fórmula española, que en noviembre aún parecía mantener la pandemia bajo control mientras la sexta ola empapaba media Europa. Hoy los días felices en que su teléfono sonaba en busca de explicaciones sobre el milagro español –que como advertía Franco no era tal milagro– han acabado. Ahora estamos en fase déjà vu.

“Ayer no me lo podía creer. De repente, me oigo diciendo las mismas palabras que hace un año y medio. Que hace falta reforzar el sistema de salud pública y de atención primaria. Que hace falta un sistema de rastreo que funcione. ¡Era algo que parecía que teníamos claro desde el principio! Sin embargo, aquí estamos, en indefensión total, con colas de tres horas y sabiendo que es difícil o imposible que alguien te coja el teléfono, al menos en Madrid, donde la atención primaria está peor que nunca”, lamenta Franco, que se pregunta dónde ha quedado el aprendizaje de las lecciones.

Mascarillas Vs atención primaria

A su juicio, la sexta ola ha hecho evidente la existencia de “un divorcio entre el conocimiento científico/técnico y las decisiones políticas”. “La inteligencia en salud pública nos ha fallado”, añade. El ejemplo más evidente lo ve en la atención primaria. “¿Cómo puede ser –se pregunta– que no hayamos reforzado la atención primaria, cuando hay un consenso absoluto sobre la necesidad de hacerlo? ¿Cómo hemos podido ser tan mezquinos, sabiendo desde el principio que era imprescindible un sistema de vigilancia y monitorización para tener un control de la situación y poder actuar con un mínimo de antelación, saber a quién confinar y a quién no, qué cerrar y qué no? Había ejemplos, que podíamos ver. En Nueva York se gastaron una pasta en formar rastreadores”.

No sólo había ejemplos internacionales. Habían advertido del grave debilitamiento de la atención primaria tanto sociedades médicas como sindicatos y organizaciones de pacientes. Se sucedían las protestas, comunicados y manifiestos. Hace diez meses ya era constatable que España desoía las múltiples advertencias de organismos internacionales. En cambio, lamenta Franco, aquí estamos, hablando de nuevo de mascarillas en exteriores, una medida “barata”, “cosmética”, “paternalista”, cuando “estamos viendo que donde hay brotes y más brotes es precisamente en lugares cerrados”. “Los epidemiólogos llevamos muchos meses insistiendo en todo esto. Mucha gente va a decir ahora: “Me están tomando el pelo'”.

¿Cómo hemos llegado a esto? Franco cree que el éxito de la vacunación ha llevado a los poderes públicos –Gobierno y comunidades– a ignorar la evidencia acumulada, según la cual era evidente que “un fenómeno social como una pandemia no se controla sólo con una herramienta“. Es más, añade, la menor gravedad de la enfermedad gracias a la vacunación indicaba que una ola post-vacunal iba a cebarse con la atención primaria. Franco lamenta que no se haya actuado en consecuencia. Ni siquiera de cara al futuro. Este mismo mes de diciembre el Gobierno y las comunidades aprobaron un plan de refuerzo… sin más fondos ni trabajadores.

Teoría Vs práctica

Claro que reforzar la atención primaria es mucho más fácil de decir que de hacer. Pero el problema no va sólo de tiempo y de presupuesto, ni tampoco del cortocircuito entre expertos y políticos.

Juan Manuel Zaragoza, profesor de Filosofía de la Universidad de Murcia, tiene entre sus áreas de especialización la historia de la medicina desde la perspectiva del paciente. Y desde ahí aporta una reflexión amplia: “Más que eso de ‘los políticos no han hecho caso a los expertos’ –que tanto se oye–, me preocupa que no se haya escuchado a la ciudadanía. No ha habido participación ciudadana ni trabajo para implicar a la comunidad en la resolución de los problemas”, explica. Se trata de un factor clave para explicar lo que él considera “errores en el aprendizaje”, que ahora pasan factura en la sexta ola al mismo tiempo que desvelan sesgos en la forma de comprender el fenómeno. “Hemos aprendido la teoría, pero a la hora de demostrarlo en la práctica, se ven carencias. Por supuesto, sabemos mucho más, por ejemplo sobre cómo funciona el virus, o sobre las vacunas, pero repetimos errores. Hay algunos que son comprensibles, porque se trata de un problema muy complejo, pero otros son menos entendibles”, señala.

Como ejemplo de los menos comprensibles, Zaragoza apunta a algo ya comentado: que no se haya reforzado lo suficiente la atención primaria ni la salud pública. “Parece que seguimos sin tener claro que la hospitalización debe ser la última solución”, afirma. Detecta un problema de fondo: la falta de una visión global no sólo de la pandemia, sino de lo que la pandemia nos dice sobre el planeta. “Sabemos ya que problemas como estos van a ser más frecuentes con el cambio climático, porque va a ser más usual la transmisión de virus de animales a humanos. En cambio, parece como que lo ignoramos, que no interesa. Y seguimos sin ver al sistema sanitario como parte de la solución a un problema que no vamos a resolver ni sólo con vacunas ni sólo con hospitales, por muy especializados en pandemias que estén”.

Lo superficial vs lo profundo

“Lo fácil” es el debate sobre la apertura de bares y el uso mascarillas, según Zaragoza. “Ojo, que lo entiendo. Era comprensible en la primera ola. Pero ahora deberíamos mirar más allá”, señala el profesor de Filosofía, que también ve una falta de atención por parte de los gestores políticos a la sociología y las ciencias que del comportamiento. “Es fundamental saber qué nos mueve, no sólo para entender qué hay tras el negacionismo, sino para evitar que la gente acabe cayendo en una desconexión ante las medidas. A lo mejor en la primera ola tenía más sentido la mascarilla y ahora sirve sobre todo para incrementar la tensión psicológica”.

Joan Carles March, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública, también pone el énfasis en la falta de reforzamiento de la atención primaria, a pesar de las múltiples voces de alerta. Otra vez, la teoría va por su lado y la práctica por el suyo. “Se ha quedado en grandes palabras. Todo el mundo piensa que hay que hacer algo con la atención primaria, pero luego la realidad… No ha habido un planteamiento serio para hacer cambios. Partimos de un problema que es conocido. Hay pocos médicos. Hay que contratar más y cuidar a los que hay.. Si no mejoras sus condiciones, se van a Reino Unido, Holanda, Alemania”, afirma March, que se pregunta: “¿Hay voluntad real de una apuesta fuerte a largo plazo?” A su juicio, es más que dudoso. Un dato: España es el tercer país de la UE que menos dinero dedica a la sanidad pública en su plan post-covid.

Déficit de evaluación

March, especialista en medicina preventiva y salud pública, fue uno de los veinte científicos que firmaron en el verano de 2020 un artículo en The Lancet reclamando al Gobierno una “evaluación independiente” sobre la gestión del coronavirus, precisamente para ir aprendiendo lecciones. La iniciativa llegó a propiciar dos reuniones con el anterior ministro de Sanidad, Salvador Illa, y contribuyó a impulsar una evaluación aún no terminada. infoLibre preguntó a Sanidad por la fecha prevista, sin obtener concreción. “Está aún en proceso”, dice el departamento de Carolina Darias. March cree que la evaluación llega tarde. “Lo mejor sería haber evaluado ya lo que se ha hecho para empezar a aplicarlo durante la gestión de la pandemia”, expone el médico, para quien los recelos hacia la realización de evaluaciones independientes han provocado “fallos de aprendizaje”. “La evaluación no sólo hubiera ayudado a tomar decisiones que podrían haber minimizado algunas olas, sino que ahora nos permitiría estar mejor preparados para tomar decisiones”, añade.

A la espera de los resultados de la auditoría sobre la gestión del covid-19 y de la Ley Evaluación de Políticas Públicas, que Hacienda prevé llevar al Consejo de Ministros “en el primer trimestre de 2022”, Carles Ramió, catedrático de Ciencias Políticas en la Pompeu Fabra, cree que quedan muchos deberes por hacer en este terreno. “Seguimos teniendo una escasa cultura de la evaluación de políticas“, señala. A su juicio, sí ha habido aprendizaje de las administraciones durante la pandemia, especialmente en “cogobernanza”, pero sin superar un marco de “rigidez y lentitud”. Como disculpa, Ramió señala que “cada ola es distinta”, lo cual dificulta su gestión.

Falta de intercambio de experiencias

Aquí toma la palabra Santiago Lago Peñas, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Vigo, con un largo historial de colaboración con las administraciones públicas para la mejora de sus políticas. Su visión de la evaluación en España tiene claroscuros. “La Airef [Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal] es lo mejor que nos ha pasado en los últimos años, pero necesitamos que la Administración central y las comunidades hagan análisis sistemáticos de la rentabilidad social del gasto, evalúen pruebas pilotos, revisen inercias… Las intervenciones generales, el Tribunal de Cuentas y los organismos de control externo podrían aportar mucho más. Pero contar con agencias independientes de evaluación y con directores nombrados por mayorías reforzadas en el Parlamento nos ayudaría mucho. Merece la pena gastarse unos millones de euros para gastar mucho mejor miles de ellos”.

Lago Peñas defiende que los espacios compartidos entre el Gobierno y las comunidades “deberían ser” el lugar para poner en común “experiencias exitosas”. “La pandemia ha servido para demostrarnos la inexistencia de las instituciones de cogobernanza que necesita un país tan descentralizado como es España. Pendientes de una (dificilísima) reforma constitucional que cambie instituciones como el Senado, lo inteligente sería reforzar, con recursos y contenidos, las conferencias sectoriales, el Consejo de Política Fiscal y Financiera y la Conferencia de Presidentes”. Inteligente, quizás. ¿Verosímil en este escenario político?

Deberes jurídicos pendientes

“Lo que sorprende –o, bueno, a estas alturas ya no sé si sorprende tanto– es que en casi dos años no haya habido una evaluación”. La abogada del Estado Elisa de la Nuez, secretaria general de la Fundación Hay Derecho, no se refiere en este caso a una evaluación de la gestión sanitaria, sino jurídica. “Todo se politiza. El PP dice que hace falta una ley de pandemias, el PSOE dice que lo que tenemos es suficiente… Esto se debería haber mirado desde el punto de vista técnico. Pero hay mucha resistencia a evaluar, porque parece que es para echarse la culpa a una mismo o dar la razón al adversario. Y no es eso. Es para aprender y hacer las cosas mejor la siguiente vez”, señala De la Nuez.

“En esencia, seguimos con las mismas herramientas que hace dos años, aunque ahora ya sabemos que, según el Constitucional, el estado de alarma no es suficiente para medidas como un confinamiento. Si fuera necesario, esperamos que no, ¿qué haríamos? Ahí tenemos un problema”, señala De la Nuez, que defiende cambios legales para ganar en certidumbre. A su juicio, el actual esquema legal obliga a los tribunales superiores de las comunidades a meterse en un terreno impropio, como valorar la situación sanitaria para decidir sobre la proporcionalidad. “Eso es meter a los tribunales en camisa de once varas”, dice. En cuanto al Supremo, “sus plazos se compaginan mal con la urgencia de una pandemia”, añade. La jurista cree que, hasta cierto punto, puede ser comprensible el retraso en extraer lecciones en el ámbito sanitario –”un sistema de salud no se cambia de un día para otro”– pero no lo es en el jurídico. “Aprobar una ley debería ser más sencillo y hoy estaríamos mejor preparados”, concluye.

Enlace relacionado InfoLibre.es (09/01/2022).




Fuente: Sasmadrid.org