February 5, 2023
De parte de Lobo Suelto
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Alguna vez emple茅 la expresi贸n 鈥渟aberes de pasillo鈥. No recuerdo bien. Creo que fue en los pasillos de la Carrera de Sociolog铆a, si mal no recuerdo, cuando est谩bamos en Ciudad Universitaria. Eran pasillos muchos m谩s aireados, mucho m谩s grandes, y uno pod铆a suponer que los saberes de esos pasillos se homologaban al tama帽o de los mismos.  No s茅 si era as铆. Los pasillos de Ciudad Universitaria de N煤帽ez estaban pensados por un arquitecto que efectivamente hab铆a supuesto el placer ampulosos de transitar por ellos. Estaban concebidos como amplias sendas de comunicaci贸n interna de la gran caja. De modo que esos pasillos, de alta resonancia espacial, imped铆an fijar bien los afiches, creo que no se prestaban para el milenario arte del graffiti. 

Recuerdo antes otra Facultad, en la memoria edilicia de las facultades que contuvieron el nombre retintineante de 鈥渟ociolog铆a鈥. Si yo tuviera que decir hoy qu茅 es la sociolog铆a, dir铆a que son tres o cuatro edificios. No son muchas m谩s cosas. Hay un placer en recordar edificios como libros, sobre todo cuando tenemos una memoria habitacional que podemos hojear o leer como si cada estancia arquitect贸nica fuese un cap铆tulo diferente. Recuerdo Viamonte 430, que es el primer edificio de mi memoria universitaria. 隆Esos s铆 que eran pasillos! Efectivamente, eran los pasillos de la Facultad de Filosof铆a y Letras, construidos a principios de siglo. All铆, hace m谩s de treinta a帽os, comenz贸 esta carrera de Sociolog铆a. Hab铆a una vieja escalera de madera; hab铆a un patio andaluz; hab铆a azulejos que sin ninguna dificultad imagino tambi茅n de neto cu帽o hisp谩nico; flores ya marchitas, alguna vez habr谩 habido alg煤n jardinero鈥

La Facultad de Filosof铆a y Letras se hab铆a fundado en 1896. El mismo a帽o en que fue creada la de Agronom铆a, tal como lo recuerda un sarc谩stico escritor argentino, Ezequiel Mart铆nez Estrada, que pensaba con el malhumor. En realidad, una persona as铆 es impagable; uno quisiera tener alg煤n pariente, un t铆o, cuyo pensamiento surja de una especie de 贸rgano interno que fuera algo as铆 como el malhumor pero no convertido en una sensaci贸n sino en un 贸rgano tan consistente como el h铆gado o el coraz贸n. S贸lo un malhumorado pod铆a recordar que el destino de la filosof铆a en este pa铆s iba a ser un destino irreal, paralelo a una vieja ocupaci贸n que la iba a derrotar y que se iba a convertir, por m谩s proyectos que se hicieran, en la ocupaci贸n efectiva para la cual el pa铆s estaba destinado: las artes agropecuarias. La filosof铆a, esa otra cultura, nunca iba a superar a la Facultad de Agronom铆a. Mart铆nez Estrada pens贸 que esta Facultad era in煤til, y que la Facultad de Agronom铆a -que tampoco serv铆a para nada- era 煤til pero en un pa铆s que no serv铆a para nada. 隆Estos pensamientos son terribles! Eso s铆 es ser un malhumorado, pero no serlo ocasionalmente, serlo siempre y hacer del malhumor un 贸rgano pensante. 隆Formidables personas! Uno quisiera conocerlas, quisiera que nunca se hubieran ido de la Argentina. En realidad, son aquellos que est谩n destinados a cargar con toda la incomodidad de que al escucharlos pensemos que son profetas. 隆Por suerte fracasados!

Los pasillos de la vieja Facultad de Filosof铆a y Letras ten铆an dos o tres canales r谩pidos de circulaci贸n cuando apareci贸 Sociolog铆a; uno iba directo al bar Moderno, que estaba en la calle Viamonte, otro iba directo al bar llamado El Coto. El nombre de 鈥淓l Coto鈥 era una abreviatura de su afanoso nombre en franc茅s: 鈥淐么te d鈥橝zur鈥. El otro canal nos llevaba a dar vuelta a la esquina para introducirnos en el edificio que se llamaba -y se sigue llamando- 鈥淐adellada鈥, que estaba en Florida y Viamonte, donde funcionaba el anexo de Sociolog铆a de la Facultad de Filosof铆a y Letras. Porque la sociolog铆a siempre fue el inc贸modo anexo de Filosof铆a y Letras. Hab铆a que construir m谩s pasillos, hab铆a que anexar m谩s oficinas, hab铆a que construir boxes, pero sobre todo hab铆a que aguantar profesores que hablaban un idioma insoportable para los fil贸sofos. El pasillo de sociolog铆a era algo que no pod铆an tolerar los viejos fil贸sofos y los viejos historiadores de la facultad que se tuvieron que acostumbrar a un hecho que ocurri贸 apenas dos veces en el pa铆s, en momentos de afloramiento de la crisis social. Cuando eso ocurri贸 en la Argentina, hubo soci贸logos que fueron rectores. La sociolog铆a, por m谩s mediocre que fuera, tra铆a rumores urbanos, justamente por haber construido pasillos invisibles en la Facultad, que iban a bares, que iban a otros edificios que deb铆an anexarse, que contribu铆an a arruinar un poco m谩s aquel patio andaluz donde se hab铆a sentado Borges. Borges odiaba que hubiera soci贸logos en su Facultad, donde quer铆a ense帽ar Shakespeare y el ingl茅s antiguo, pero al mismo tiempo tan revolucionariamente, dig谩moslo as铆, que se negaba a tomar ex谩menes, se negaba a considerarse un profesor y se negaba a crear cualquier v铆nculo entre profesor y alumno. No s茅 si eso es la c煤spide del pensamiento conservador aliada a la c煤spide del pensamiento revolucionario. Pero lo cierto es que la sociolog铆a s贸lo en dos oportunidades, en ciertas brechas, la de 1973 y la de 1983, dio rectores. No s茅 si esto puede ser el 煤ltimo elogio que se puede hacer de una ciencia que no sabe justificarse a s铆 misma. De una ciencia que ha perdido la capacidad de extra帽amiento y de autoconciencia como para poder pensar en lo que hace.

Hab铆a otros pasillos que eran las organizaciones armadas argentinas. Era el otro pasillo con el que se comunicaba sociolog铆a. Era un pasillo invisible donde se rend铆a un examen muy riguroso. El examen era el examen de las armas. El examen era el examen de la disciplina. Eran todos los ex谩menes que conocemos reconcentrados en poderes que son quiz谩s, a pesar de que los terminamos justificando y nos vemos envueltos en ellos, muy terribles, porque son poderes que nosotros creamos. Creo que hay cosquillas inc贸modas en el poder que creamos cuando fundamos algo; es muy dif铆cil tolerar las situaciones que se producen por nuestro arbitrio, o por lo menos mucho m谩s dif铆cil que si lo encontramos hecho. Cuando el poder lo encontramos hecho y somos convidados ya est谩 naturalizado, y m谩s en lo que era la vieja Argentina de aquella Facultad de Filosof铆a y Letras, una vieja democracia muy rutinaria y que por lo tanto aceptaba en su mecanismo muchos alumnos nuevos. Aceptaba algo absurdo: que los infusos aspirantes a soci贸logos nos hici茅ramos alumnos de esa Facultad, quiz谩s con la secreta confianza de que tambi茅n ley茅ramos una revista como Cuestiones de Filosof铆a, que dirig铆a un joven llamado Eliseo Ver贸n, o que alcanz谩ramos a leer una revista que hab铆a circulado alguna vez pero que algunos a煤n ten铆an en sus manos y revisaban, la revista Contorno, que hac铆an los hermanos Vi帽as. De este modo, los soci贸logos cumpl铆an a la vez un papel revulsivo, democratizador, plebeyo y con muchos m谩s pasillos invisibles, con algunos saberes que desde帽aban o no sab铆a que exist铆an aquellos fil贸sofos. Y sin embargo la sociolog铆a estaba destinada a ser ese saber, cuya mediocridad hab铆a merecido el dictamen desaprobatorio de Mart铆nez Estrada y que con justeza la consideraba tambi茅n un saber menor.

Le贸n Rozitchner y Horacio Gonz谩lez, publicadA por Oscar Ariel Cabezas 

Por alguna raz贸n estamos circulando permanentemente alrededor de un saber menor cuya propia enunciaci贸n, 鈥渟ociolog铆a鈥, es una enunciaci贸n que recuerda todas las farmacopeas, los encasillamientos y anaqueles de las trastiendas de peque帽os gabinetes de insidiosas investigaciones clasificatorias. Muchos a帽os despu茅s, ciertas grillas clasificatorias se siguen llamando 鈥渂oxes鈥, muchos a帽os despu茅s profesores siguen repitiendo ciertos esquemas de clasificaci贸n. 驴Por qu茅 raz贸n seguimos alrededor de un saber cuya enunciaci贸n misma nos recuerda su pasado vinculado a la historia del hospital, a la historia de la clasificaci贸n de las personas, a la historia del mando y de la orden en el ej茅rcito? Por alguna raz贸n que tiene que ver con la cantidad de pasillos que ha sabido recorrer una ciencia, que se dec铆a ciencia y que al mismo tiempo ten铆a esa vertiginosidad. Ernesto Villanueva, muy joven y en esa brecha del a帽o 1973, soci贸logo, fue rector y en la brecha que se correspondi贸 con el a帽o 1983 otro soci贸logo, Francisco Delich, fue rector, esta vez quiz谩s menos ilusionado respecto a la capacidad compulsiva que ten铆a ese conocimiento terminado en 鈥溍璦鈥. En 鈥渓og铆a鈥. No es lo mismo que Medicina, que no termina en 鈥渓og铆a鈥. No es lo mismo que farmacia. S铆 es lo mismo que Odontolog铆a, un saber que termina en log铆a, cercano a los que terminan en nomos, como Agronom铆a. Hay algunos que se conforman con su 鈥渓og铆a鈥, su 鈥渘om铆a鈥 y sin embargo es notable la diferencia, y me da la impresi贸n que es Medicina la que contiene la mayor cantidad de posibilidades de que disponemos para pensar al mismo tiempo un edificio, una profesi贸n, un conjunto de saberes y las incisiones sobre el cuerpo humano. Y su nombre, sin embargo, no alude ni al 鈥渘omos鈥 ni al 鈥渓ogos鈥.

Ninguna Facultad logra en todos sus planos reconocer su propia aventura de conocimiento. Para esa Facultad, con tener graduados, basta. Porque los graduados est谩n en laboratorios, hospitales, y al mismo tiempo, originan ciertos saberes muy perdurables. Son de alg煤n modo los que resumen una cierta novel铆stica preservativa de una sociedad que tiene que ver con Medicina, con la forma en que se abren cad谩veres, con la forma en que se considera el cuerpo, contiene esa parte m谩s ancestral del saber que es curar a alguien a trav茅s de ciertas manipulaciones y conjuros. Lo m谩s odioso y lo m谩s esperado por muchas personas que s贸lo tienen esa 煤ltima esperanza: que se les manipule el cuerpo como curaci贸n. Volviendo a los pasillos: Viamonte 430 ten铆a todos sus pasillos invisibles en una Facultad de una arquitectura antigua, neocl谩sica afrancesada. Hoy lo podemos ver claramente. No era un edificio hospitalario, no era como 茅ste de Marcelo T. de Alvear, que era una vieja maternidad, no era un edificio de departamentos, de oficinas de la calle Florida, que en la expansi贸n de las Facultades la gente va ocupando en la ilusi贸n de pertenecer a la misma facultad; esa fue una ilusi贸n que gobern贸 la vida de Sociolog铆a durante bastante tiempo: pertenecer a una Facultad. Esa fue la ilusi贸n del soci贸logo. 驴A qu茅 Facultad?: a una que se llamaba Filosof铆a y Letras, que es un nombre genial. En realidad tiene una 鈥測鈥, junta todo y no junta nada. Est谩n las letras que es como decir literatura, el habla, la escritura y est谩 la filosof铆a, que es decir todo y al mismo tiempo decir muy poco, si escuchamos a los profesores de Filosof铆a y Letras. Toda esa a帽oranza, de tener una Facultad a la cual pertenec铆a sin gustarle, conviv铆a al mismo tiempo con el hecho de Sociolog铆a como una segunda alma, la conciencia pol铆tica de esas facultades, solicitada en los momentos en que aparec铆an las brechas en el terreno hist贸rico. El soci贸logo era aquel que estaba escribiendo la historia, a veces invisible, de las organizaciones pol铆ticas, de las organizaciones sociales y de las formas de dominio en la sociolog铆a argentina. Esta fue la primera gran ocupaci贸n de la sociolog铆a; no es verdad que la sociolog铆a surge en la Argentina pensada en los t茅rminos cient铆ficos que prometi贸 Germani. Surge como la oscura cr贸nica de una revoluci贸n que escurr铆a cualquier definici贸n.

La obra de Gino Germani se hace inevitable e inesperadamente interesante hacia el final: es la obra de un gran pesimista, muy parecido a Martinez Estrada, al cual hab铆a combatido pero junto con el cual, ir贸nicamente podemos afirmarlo ahora, hab铆a fundado la sociolog铆a en Argentina. Germani sufri贸 un gran disgusto, y por eso termina siendo tan pesimista como aquellos textos contra los cuales quiso fundar una carrera. Termin贸 igual, porque la sociolog铆a era la vasta y persistente ansiedad irrealizada por el poder de las personas. Esto no lo podemos ocultar de ning煤n modo. Por eso me da la impresi贸n de que hay una cierta reluctancia a examinar el examen, a pensar el parcial, a pensar la fotocopia, a pensar las fotocopiadoras, a pensar de qu茅 modo leemos. Es una incomprensible incomodidad relacionada con la imposibilidad de aceptar el oscuro y frustrado origen de la sociolog铆a. Una incomodidad que nos obliga a preguntarnos si est谩 bien que construyamos tanto metalenguajes, tantos presuntos conocimientos sobre aquellos conocimientos que queremos encarar, porque nos coloca en la dif铆cil situaci贸n de las personas que continuamente piensan sobre lo que hacen. No es 茅ste el caso de quien prefiere no actuar, del que no quiere la acci贸n directa, del que no quiere comprometerse con lo que el saber tiene de r煤stico, de irreflexivo y por lo tanto de inmediato y productivo. La sociolog铆a que se hizo contra Germani, que a su vez la hab铆a hecho contra Mart铆nez Estrada, es una sociolog铆a que se hizo muy r煤stica: habl贸 los idiomas del poder, los reprodujo, los sigue reproduciendo. Escuchar a los profesores de sociolog铆a hoy resulta realmente interesant铆simo, porque la mayor铆a de ellos produce un espect谩culo conmovedor. Me incluir铆a. Producimos el espect谩culo de que merecer铆amos ser m谩s le铆dos, m谩s atentamente estudiados. En realidad, somos el testimonio muse铆stico de los lenguajes que se usan para ocupar el poder. S贸lo que a muchos de nosotros eso nos obliga a poner en pr谩ctica t茅cnicas que no conocemos, fracasos seguramente escritos a los que no nos queremos arriesgar, a impedimentos que obturar铆an esa otra vocaci贸n que seguramente tenemos: la vocaci贸n de que no hay que impedir ninguna acci贸n. Es la vocaci贸n de examinar lo que hacemos, examinar el examen, pensar que la cr铆tica no tiene fin, fatigar a los alumnos con una larga cadena de observaciones sobre las observaciones, y preguntarnos permanentemente por el presente, de modo tal de desnaturalizarlo o desarmarlo. Un profesor as铆, que puede cuestionar una fotocopia, o un conjunto de fotocopias, nos est谩 quitando las rutinas m谩s obstusas que tiene la universidad, pero al mismo tiempo produce cierta libertad del saber que no corta nuestra vida, no nos imposibilita ser libre, no nos impide establecer todo tipo de v铆nculos y no nos imposibilita acceder a los pasillos invisibles que recorren la Facultad hacia otro destino.

Horacio Gonz谩lez y Christian Ferrer, publicada por Ferrer en redes sociales.

Entonces, los pasillos de esta Facultad que siguieron recorriendo aquellos que no preguntaban qu茅 fotocopias usaban, qu茅 saberes citaban, de qu茅 autores se consideraban el emisario virreinal en un pa铆s como Argentina, que es un pa铆s sin filosof铆a y con ciencias sociales, un pa铆s de lectores agudos y creativos. Pero seguramente desde Jos茅 Ingenieros y el propio Mart铆nez Estrada -quiz谩s Germani, no s茅 si agregar a Jos茅 Aric贸- muy poco es lo que se ha desarrollado en t茅rminos de un pensamiento que podr铆amos decir respira de alg煤n modo la historia de los edificios por los que atravesamos. Lo que estamos haciendo hoy no respira, no s贸lo porque los edificios se tornan cada vez m谩s arquitect贸nicamente irrespirables sino porque los pasillos invisibles est谩n demasiado obturados, no sabemos qu茅 otros pasillo construir con la historia, con la pol铆tica y los compromisos autoexaminadores de la universidad.

Despu茅s de la Facultad de Viamonte 430 me toc贸 ir en el a帽o 1964 a la calle Independencia, donde hoy est谩 Psicolog铆a. Ese fue el segundo paso que yo di, y es el segundo paso de toda la Facultad de Filosof铆a y Letras, porque siempre hab铆a estado en Viamonte 430. Por eso Ernesto Laclau le dedica su 煤ltimo libro a un edificio, donde dice que 鈥渢odo empez贸鈥. Dedicar un libro a un edificio tambi茅n significa dedic谩rselo a ciertos libros, a ciertas revistas, a ciertas personas, a ciertas discusiones y ciertos bares, y a ciertas librer铆as. Quiero mencionar una de ellas: la librer铆a Verbum, que estaba justo enfrente de la Facultad. Era una de esas librer铆as antiguas de Buenos Aires que ten铆a en la pared las fotos dedicadas al due帽o de todos los poetas y escritores de aquel momento. Decir Viamonte al 400, donde hoy est谩 la universidad, era decir la historia de ciertas revistas, de ciertas resistencias, era pronunciar ciertos nombres malditos, era decir Oscar Masotta, era decir -sin duda- los hermanos Vi帽as, y era decir -de alg煤n modo- lo que podr铆a haber sido el terreno de experimentaci贸n de lo que fue el futuro de la Facultad de Ciencias Sociales en la Argentina hasta hoy. En esa Facultad hicimos una primera huelga en contra de todas las metodolog铆as 鈥渆mpiristas鈥 en ciencias sociales. Hay una conocida iron铆a de las personas, por la cual no hacen m谩s que combatirse a s铆 mismas. En esa huelga tuvo un papel preponderante, seg煤n recuerdo, Heriberto Muraro, que hoy emplea justamente todas esas metodolog铆as.

Entrega del pa帽uelo de las Madres de Plaza de Mayo a Horacio Gonz谩lez, noviembre 2019

Ahora bien: 驴Esta Facultad estudia la pol铆tica, estudia la sociedad? No, me parece que no. Hace algo que es interesante tambi茅n: hablar del mismo modo con que habla la pol铆tica en esta sociedad. Eso es interesante. 驴A eso puede llam谩rselo, exclusivamente, construcci贸n del conocimiento, ese concepto pomposo que a veces se usa? No, no creo que se lo pueda llamar exactamente construcci贸n del conocimiento. Parece un conocimiento muy especular, muy atado, reproducci贸n emp铆rica del habla real de la pol铆tica, una peque帽a garant铆a respecto a los poderes circulante en la Argentina, porque al final aqu铆 se habla en ese idioma hom贸logo al del poder real. Entonces, ofrece garant铆as. Hay canales, hay pasillos que son ya invisibles, porque son pasillos de homologaci贸n de redes sociales reales. Puede surgir en esta clase, puede dar la vuelta y entrar en el Instituto de la Facultad. Puede salir del Instituto e ir a otro instituto de investigaci贸n; puede pasar menor por los bares, quiz谩s, donde se tejen las ya escasas utop铆as de la pol铆tica argentina. Finalmente, puede construir aquello que Argentina nunca tuvo: un destino de soci贸logo profesional. En Argentina nunca hubo soci贸logos profesionales. Por eso creo que es crucial esta discusi贸n sobre si esta Facultad da definitivamente el paso hacia la construcci贸n del soci贸logo profesional en la Argentina. Es cierto que hay colegios de graduados, que efectivamente el tema preocupa a muchas personas, que forma parte de la angustia vocacional y pol铆tica de muchos, es una inquietud que no se puede disfrazar de ning煤n modo. Efectivamente, esta es una Facultad muy lacerada por diferenciar irreversibles en el cuerpo profesional, que si bien no impiden armar una lista electoral 煤nica si impedir铆an pensar que habr铆a un monol铆tico cuerpo profesoral, una ciencia unificada, homog茅nea, con una historia enteramente asumida y con realizaciones comprobables. No sucede as铆, lo cual -en mi opini贸n- hace las cosas mucho m谩s interesantes. Porque recuerdo el sabor de los viejos pasillos, de los viejos saberes de pasillo que conducen en Argentina a las formas del conocimiento. Un conocimiento que, sin dejar de autointerrogarse, representa la forma m谩s terrible del conocimiento (aristot茅licamente, dir铆amos 鈥渕谩s ereccionante鈥). Se confunde mucho con la pasividad, por eso es muy s煤til, y al mismo tiempo no s贸lo no impide sino que los paneles corredizos que deja ese saber hacia la real pol铆tica argentina son much铆simos.

Bueno, ya pas茅 a Independencia, Independencia al 3000, 3065, las direcciones se pueden recordar como uno recuerda las de su casa y de los lugares donde estuvo m谩s tiempo: Viamonte 430, Independencia 3065鈥 Era un viejo convento, no hab铆a sido construido como una Facultad. La Facultad de Filosof铆a y Letras, y Sociolog铆a, que se entromete en ella en los a帽os 鈥60, estaba en un edificio que hab铆a sido construido en 1903. Y ahora 鈥 estamos en los fines de la d茅cada de 1960- la carrera de Sociolog铆a estaba en un convento. Cuando entr谩bamos nos re铆amos, porque todav铆a estaba en la puerta el nombre de las Hermanas del Sagrado Coraz贸n de Jes煤s. Y estuvo mucho tiempo, hasta que al final alguien lo sac贸. No s茅 qu茅 celador, qu茅 bedel prudente lim贸 el nombre grabado en cemento de relieve, que por mucho tiempo sigui贸 declarando la presencia del orden mon谩stico en ese reducto de los revolucionarios. Ese edificio hab铆a perdido su destino. En los a帽os 鈥60 ten铆a la carga de ser la Facultad de Filosof铆a y Letras, donde todos fuimos, con Borges. Borges fue con su Swedenborg o su Shakespeare, e insisti贸 en no tomar examen a sus alumnos, y nosotros -que 茅ramos los que tom谩bamos examen- invent谩bamos formas de tomar examen en las que se notaba inmediatamente el af谩n pol铆tico que nos mov铆a. No s茅 si hoy lo deber铆amos hacer as铆; creo que ya no lo hacemos as铆. Y tampoco s茅 si hoy, pens谩ndolo retrospectivamente, habr铆a que suponer que eso estuvo bien. Pero nos llevaba a convertir el examen tomado en una Facultad en un acto pol铆tico, y a la ciencia en un lugar en el que se daban cita todas las contradicciones de una sociedad. 驴Ten铆amos derecho a hacer tal cosa? Yo, que lo recuerdo con nostalgia pero tambi茅n con angustia, recuerdo los ex谩menes que tom谩bamos. Eran actos panfletarios, de deliberaci贸n y compromiso pol铆tico. Eran actos por los que rondaban las estampas de Mao Tse Tung, de Per贸n, del Che Guevara, de Lenin, de las organizaciones guerrilleras. 驴Ten铆amos derecho a hacerlo? Ignoro si lo ten铆amos鈥 yo lo hice; otras personas no lo hicieron. Los que no lo hac铆an percib铆an con mucha claridad; una claridad que no les debo envidiar, porque esa claridad de alguna manera los privaba del arrebatamiento de la 茅poca. Habr铆a que diferenciar los motivos epistemol贸gicos de los motivos pol铆ticos, los compromisos acad茅micos de los compromisos pol铆ticos. Extendida hasta las 煤ltimas consecuencias, esa diferenciaci贸n da como resultado esta ambigua Facultad de Ciencias Sociales. 

Creo que resulta muy dif铆cil recordarnos all谩 por los a帽os 鈥60. Los que pasamos esos a帽os y que en aquel momento pensamos la alegr铆a de escribir art铆culos en revistas pol铆ticas, creo que hoy los considerar铆amos 贸rdenes de captura contra nuestro propio presente. En realidad, uno no sabe realmente si el pasado de los que tuvimos alguna actividad en los a帽os 鈥60 nos impedir铆a este presente tan distinto, o si este presente es tan bals谩mico que nos impide preocuparnos por aquel pasado que ya todos nos disculparon. Yo no s茅 bien cu谩l es el pasado biogr谩fico que podr铆a adjudicarme, pero tampoco s茅 si colectivamente se lo puede adjudicar a la Facultad y a sus pasillos. La Facultad, en Independencia 3065, era un gran hall, muchos de ustedes lo conocen, en el barrio de Boedo. En los a帽os 鈥20 hab铆a habido una gran pol茅mica: Boedo y Florida. Bueno, la Facultad no la record贸, porque la Facultad ten铆a otros pasillos, ya hab铆a mucha guerrilla. Ya los ex谩menes estaban muy politizados. Hab铆a una escalera muy angosta que provocaba aglomeraciones. Esa escalera todav铆a no se ha modificado, es una escalera que serv铆a para las monjitas; pero bien usaban esa escalera. Y lo hac铆an de una manera espectacularmente 鈥渉ablativa鈥, digamos. Muy narrativa, como sucede en las escaleras de esta misma Facultad: hay mucha narraci贸n pol铆tica. Del primero al quinto piso se pueden leer, aqu铆, historias alucinantes. Historias de este pa铆s y de otros pa铆ses verdaderamente remotos.

Aquella Facultad ten铆a dos entradas, una por la calle Urquiza y otra por Independencia. Esto era muy 煤til en momentos de ocupaci贸n de la Facultad, cuando la cercaba la polic铆a. Hab铆a tambi茅n muchos bares antiguos, la vieja Uni贸n Ferroviaria, el cine Uni贸n, el bar Uni贸n. El barrio se manten铆a tal cual como en los a帽os 鈥30, cuando la Uni贸n Ferroviaria hab铆a construido un magn铆fico edificio, un artdec贸, revolucionario para el movimiento sindical de aquel entonces. Ese viejo edificio de la Uni贸n Ferroviaria, que a煤n se conserva, aloj贸 a la primera gran CGT que hubo en la Argentina antes de que el peronismo construyera la actual, con el edificio de l铆neas racionalistas de la calle Azopardo en esquina con Independencia. El gran edificio sindical de la Uni贸n Ferroviaria marcaba el ritmo del barrio: el gran cine del barrio se llamaba Uni贸n, y estaba en el mismo edificio que la Uni贸n Ferroviaria, y el 煤nico bar importante del barrio tambi茅n se llamaba Uni贸n. En el otro bar, que se llamaba Buenos Aires, recuerdo que una de sus mesitas era una m谩quina de coser que la due帽a del bar modific贸 y puso ah铆. Los 5000 alumnos de Sociolog铆a y Psicolog铆a, hordas fan谩ticas y fam茅licas, que buscaban a sus padres primitivos, Freud y Durkheim, arrasaron con todo eso. Arrasaron con la memoria ferroviaria del barrio y con el bar Buenos Aires, y crearon los bares S贸crates, Plat贸n, Prospectiva, Perspectiva, Proyecci贸n, Introyecci贸n, Retroversi贸n. Apreci贸 un bar Boliche y otro Bowling. Los nombres se iban mezclando; el bar Buenos Aires se sigui贸 llamando as铆, pero inmediatamente todas sus mesas se modificaron. Bueno, no tan inmediatamente; me 鈥榩arece que sus due帽os conservadores quer铆an aprovechar la oportunidad pero sin embargo la m谩quina de coser segu铆a all铆. Ahora quien vea el bar Buenos Aires puede  percibir el impacto que caus贸 la Facultad. Fue un impacto con pasillos aeroespaciales. La Facultad estaba comunicada con el pasado y con el presente del pa铆s: los pasillos eran muchos m谩s que aquellos grandes cartelones que se colgaban en el hall de la Facultad. Los carteles eran enormes porque as铆 lo permit铆an las grandes dimensiones del patio central. Se hac铆an carteles tan pero tan grandes que tapaban la visi贸n. Hasta tal punto que, si me disculpan, puedo contar una an茅cdota.

Jos茅 Luis Romero (1909-1977)

El decano de aquel momento era Jos茅 Luis Romero, que para m铆 fue el 煤ltimo gran decano que tuvo esta universidad, es decir, el 煤ltimo gran profesor que se anim贸 a cunplir tareas administrativas. As铆 que yo lo recuerdo con mucho cari帽o. Un buen d铆a Romero amenaz贸 con renunciar si no se sacaban los cartelones que imped铆an caminar por los pasillos de la Facultad.  Aquellos eran a帽os en los que no se pod铆a hacer otra cosa m谩s que pegar grandes cartelones. Y efectivamente renunci贸. Nadie crey贸 que fuera a renunciar de verdad, pero renunci贸. Recuerdo una noche terrible, en que hicimos un viaje arltiano a Adrogu茅, 茅l viv铆a en Adrogu茅, para pedirle a Jos茅 Luis Romero que por favor no renunciara, que no 铆bamos a pegar m谩s carteles hasta determinada altura, que 铆bamos a dejar veinte cent铆metros para la comunicaci贸n de Bedel铆a, en fin鈥 La cuesti贸n es que Jos茅 Luis Romero dijo que no, 鈥渘o vuelvo m谩s a esa facultad鈥, y efectivamente no volvi贸 m谩s. Cuando volv铆amos en el viejo tren, a las dos de la ma帽ana, despu茅s que nos endilg贸 una fil铆pica moralista-laica y una especie de historia social de la Argentina que terminaba en el peronismo, pero que comenzaba muy lejos (por eso salimos a las dos de la ma帽ana), Daniel Hopen, que era el delegado estudiantil de la Facultad, y que hab铆a sucedido a Marcos Schlaster en esa entidad que se llamaba Delegaci贸n Estudiantil, coment贸 algo, con esa especie de desesperaci贸n que ten铆a 茅l: 鈥渜ue le vamos a hacer, es un viejo socialista鈥. Porque Daniel Hopen fue un gran dirigente pol铆tico, un gran orador, quiz谩s el 煤ltimo gran orador de la vida universitaria argentina, uno de los grandes oradores trotskistas, uno de los cad谩veres argentinos sin memoria, porque no veo que salga nunca en los recordatorios de P谩gina/12, en fin, por eso esta noche lo quiero recordar ac谩, por lo menos como un gran orador, era tambi茅n un gran trotskista, aunque hoy no sabr铆a definir muy bien qu茅 es un gran trotskista. Pero algo cierto es que un gran trotskista es un gran orador: siempre que hablaba lo hac铆a por veinte minutos, media hora, y pon铆a el mundo en sus manos. Efectivamente, antes de la televisi贸n hab铆a una escuela de la oratoria, que tambi茅n pas贸 por esta Facultad y se perdi贸 con estos nombres, con estos grandes nombres, que hac铆an pol铆tica -creo- para poder hablar, para poder subirse a una escalera y endilgar un gran discurso. Me parece que all铆 se hac铆a notorio el gran placer de la oratoria, donde se un铆a cierta vocaci贸n universalista y c贸smica del trotskismo. Pero hab铆a algo que Daniel Hopen no entendi贸 de Romero en esa noche terrible, cuando Romero -el viejo socialista laico- dijo que no. Hopen, el gran orador trotskista, que le fue a pedir 鈥渢谩cticamente鈥 que no renunciara, sali贸 diciendo aquello de que era un viejo socialista. Muchas veces tuvimos que decir eso de nuestros viejos profesores: 鈥渧iejos socialistas鈥. Si hoy Jos茅 Luis Romero dirigiera esta Facultad, ser铆a un ultraizquierdista. 

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Daniel Sa煤l Hopen (1939-1976). La foto pertenece al archivo disponible online de Roberto Baschetti

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Daniel Sa煤l Hopen (1939-1976). La foto pertenece al archivo disponible online de Roberto Baschetti

Bueno, los pasillos obligaron nuevamente. Voy a recorrer m谩s r谩pidamente los pasillos que faltan, del convento al hospital, al Hospital de Cl铆nica demolido. Otra vez un edificio que no nos pertenec铆a. En el Hospital de Cl铆nicas hubo tiroteos, esa parte de la historia se me pierde, porque yo ya no estaba, pero escuchaba los tiroteos. Yo estaba en la Facultad de enfrente, la de Ciencias Econ贸micas, en esos momentos. Para m铆 era mi vieja Facultad, la facultad donde me hab铆a recibido, donde hab铆a desarrollado mis compromisos pol铆ticos, esa facultad donde entonces escuchaba tiroteos. Los tiroteos sonaban en el lugar donde estaba el viejo Hospital de Cl铆nicas,  que no podemos considerar que no fuera fruto de un gran momento edilicio y pol铆tico de la Argentina. Ah铆 est谩n los viejos bustos que hoy podemos ver en esa plaza. Los bustos no los tiraron abajo, son de los prohombres de la medicina, que pon铆an audaces inyecciones o descubr铆an el veneno de las v铆boras. La iglesia tambi茅n qued贸. Y al mismo tiempo, es una parte de la memoria de la sociolog铆a argentina la que transcurr铆a ah铆 sin saber que secretamente enlazaba con los verdaderos fundadores m茅dicos de esta disciplina, sin duda, un Ramos Mej铆a. Luego hubo que ir a Derecho, y luego al edificio que se compart铆a con Arquitectura. Visitantes, trashumantes, expulsados, marginales, errantes鈥 Es una historia de edificios, de viajes, de trenes nocturnos, de grandes figuras de la pol铆tica,  de la oratoria, de grandes dramas pol铆ticos, de grandes guerrilleros argentinos. Una gran historia en un lugar donde no hay un gran saber. Eso, de alg煤n modo, no deja de ser interesante. El saber es pobre, pero las historias calcan como esos instrumentos que se venden en las calles, con un espejito, que sirven para calcar de un lado a otro, el dibujo de la historia pol铆tica argentina. Me parece que eso no debe desde帽arse en el momento de contar la historia pol铆tica, pedag贸gica y acad茅mica de la Facultad, o de la carrera.

Porque adem谩s no se sabe bien qu茅 es. Es un producto inoportuno, que nace maldito, que no tiene clara conciencia de sus potencialidades,  que no sabe estrictamente cu谩les son sus dimensiones cient铆ficas, que origina un profesionalismo que no est谩 en condiciones de atender todos los compromisos de vida que esta facultad origin贸. Entonces, cuando en este edificio que recorremos los pasillos de la Facultad, efectivamente podemos festejar los saberes de pasillo que son rebeldes, ese lugar donde se pegan carteles, aunque las agrupaciones estudiantiles ahora pegan muchos carteles en las aulas. Ese es un indicio de debilidad. Es un indicio de debilidad porque creo que es en los pasillos donde se construyen las verdaderas alternativas. Las agrupaciones estudiantiles que antes entraban raudas y pod铆an sentirse disputando el poder al profesor, que intimidado conced铆a que hablaran, hoy son mucho m谩s cautelosas para pedirle la palabra cuando entran con sus volantes. Y de alg煤n modo suponen que el pasillo es de nadie, es un lugar inh贸spito, neutro, donde se camina r谩pidamente por las escaleras. Incluso ahora no proh铆ben tomar el ascensor, de modo que puede perderse la fabulosa narraci贸n pol铆tica que cuentan los pasillos, este mercado de propaganda electoral,  pero tambi茅n estos pasillos donde cualquier mercachifle hace su publicidad porque hay un p煤blico y hay un mercado, hay publicidad de revistas, de viajes a Miami con descuento, no hay ninguna publicidad microsc贸pica ni microsc贸pica que se deje hacer en los pasillos de esta Facultad. Cuando la publicidad pol铆tica entra en el aula se帽ala una debilidad del movimiento estudiantil. He ah铆 el lugar donde el movimiento estudiantil dice: 隆pero no leen los carteles! Este estudiante que pasa sin leerlos es el que tenemos que descubrir, interceptar, en el lugar donde est谩 recogido, o en el lugar donde finalmente encuentra su realizaci贸n: en el misterio del aula. Porque el aula es misteriosa. Me parece que es el lugar donde se reproduce la m谩s vieja escena del drama del conocimiento: el hablar, el refutar, el neutralizar, el salir puteando en silencio. Son todas figuras del conocimiento que dudosamente vayan a desaparecer nunca, por m谩s grabadores que haya en las aulas. A煤n cuando las aulas terminen siendo como los bancos, con c谩maras filmadoras que comuniquen con su terminal en el despacho del decano, quien -como en los aeropuertos- vea simult谩neamente todo lo que se est谩 diciendo en cincuenta clases al mismo tiempo. Un m茅todo muy recomendable para volver loco a cualquiera, no solamente a los decanos. Aunque se hiciera ese pan贸ptico de la facultad, creo que la vieja de un escritorio, de una clase y de los profesores que hablan es casi indestructible. Digamos que tienen el mismo valor que las de la Cr铆tica de la raz贸n pura, de Kant, del 18 de Brumario de Marx o de Operaci贸n Masacre de Walsh. A煤n seguimos pensando en esos t茅rminos. No s茅 si decir que mientras haya profesores dispuestos a invocar esos nombres, aunque sea mal, la vieja comedia del conocimiento se va a seguir realizando. En ese lugar es, entonces, donde la relaci贸n de la clase con el pasillo es no s贸lo indispensable sino que es una guerra permanente. El estudiante que entra鈥 lo imagino as铆 porque yo entr茅 as铆 a interrumpir clases de profesores. Alguna vez me atrev铆 a interrumpirsela a Borges, y sal铆 mal parado, porque Borges -el cuchillero- sali贸 a enfrentan lo que en aquel momento t铆midamente representabamos: el movimiento estudiantil. Hoy los profesores no enfrentan un movimiento estudiantil, porque no lo ven hostil. El movimiento estudiantil debe tener hostilidades, dir铆a, conceptuales. Ser铆a preciso un movimiento estudiantil que reflexionara sobre s铆 mismo, que se cuidara de renovar el lenguaje, porque as铆 se convertir铆a en el lugar efectivo de la reflexi贸n pol铆tica en la universidad. Pero finalmente esta como todos, a la espera de que ocurra lo peor y sin azuzar su autorreflexi贸n. Es el movimiento estudiantil que ve s贸lo territorial y t谩cticamente, que la percibe como lugar de acumulaci贸n de poder, como ocupaci贸n de espacios, de territorios, etc. Ahora el movimiento estudiantil habla como los profesores que habla como los pol铆ticos, que hablan en t茅rminos de un silenciamiento de los estudiantes que ellos fueron en los a帽os 鈥60, obligados a rechazarlos como aquel secreto que de alg煤n modo pod铆an contener o rememorar. O incluso lo digo mal: muchos recuerdan aquel tesoro porque al final es una forma de destacar muy galanamente que no est谩 mal que las 茅pocas cambien a las personas; yo pienso lo mismo. Y finalmente, con mayor o menor elegancia podemos recordar a los estudiantes que fuimos en aquellos a帽os, que a su vez reproducen como reflejo de un espejo muy fiel, a los del movimiento estudiantil de hoy, que est谩n anunciando a los futuros diputados y senadores, a los futuros ocupadores de espacios, a futuros acumuladores de poder. 

Fotograf铆a de Santiago Chichero. Fuente: Anfibia

Bueno, pero es deber del movimiento estudiantil, es deber de los profesores y de una facultad neutralizar esa historia por lo menos en un punto: en el punto donde de vez en cuando -no s茅 si siempre- debe declarar como lugar absolutamente indispensable el lugar de la autoreflexi贸n, el del autorreconocimiento, de la gratuidad del conocimiento y del hecho de que debe cesar el intercambio para que haya saber. Pero ese nada es por algo tambi茅n, como dec铆a Marcel Mauss. Ese algo viene con la historia, viene con otro tipo de recompensas, con ciertas f贸rmulas de la amistad, con ciertos huecos que se recrean en lo social cuando hacemos 茅sto, que se retribuyen, ya sea cuando los de arriba nos dicen que somos unos boludos, ya sea suponiendo que 茅sto puede ser un recuerdo interesant铆simo en la memoria de quienes hayamos participado en un encuentro como 茅ste, por ejemplo, el de hoy. Entonces, la posibilidad de suponer que el pasillo, que nos molesta, puesto que el aula est谩 sonoramente encapsulada a las nueve de la noche entre los que pasan con su murmullo inacabable -son los que vienen de re铆rse del profesor de la hora anterior- y los colectivos de las l铆neas 39, 152, 12鈥 Tendr铆amos que enorgullecernos, son las l铆neas de colectivos m谩s importantes del pa铆s las que pasan por ac谩, cargando miles y miles de pasajeros a los que no les interesan para nada nuestras historias y que por supuesto tampoco querr铆an ser responsables -ni a煤n involuntarios- del ruido vital que causan superponi茅ndose con nuestros conceptos fundamentales.

Bien, tambi茅n yo veo esto como parte de una lucha que por supuesto me molesta, pero no ser铆a un ecologista m谩s de nuestra Facultad. De todos estos itinerarios, de esta historia edilicia, de la vieja facultad de Filosof铆a y Letras, con su patio andaluz, conventos, hospitales, de esos inenarrables edificios del desarrollismo de los a帽os 50鈥 y 60鈥 como la Ciudad Universaria, de esta Carrera a la que nadie quiere, quiz谩s nosotros seamos los 煤nicos enamorados equ铆vocos de esta Facultad. Porque la maltratamos, decimos que la sociolog铆a as铆 como est谩 es un saber que tiene muy poco que ofrecer y que ofrecernos, y a pesar de todo, la persistencia con la cual seguimos viniendo acaso se debe a que querr铆amos leer una historia en los cinco pisos que atravesamos, una gran narraci贸n pol铆tica en el pasillo. Creo que es por eso que seguimos viniendo, a煤n los m谩s j贸venes, y por eso quisiera evitar hablar como un viejo conocedor de pasillos y festejador de las inscripciones y graffitis en los ba帽os, que son como verdades ocultas pero secreto a voces. Venimos porque alguien cre贸 esos vac铆os, esos apellidos de la extra帽a inmigraci贸n argentina que pasaron por esta Facultad y que formaron parte de un largo encadenamiento de pensamientos irrealizados, como 茅stos que estamos haciendo ahora. Quiz谩s lo que nos convoque, lo que nos mueve a seguir en esta facultad y en esta carrera que tanto criticamos es que -impropia como es, incapacitada de pensarse a s铆 misma- de alg煤n modo nos recuerda todo aquello que involuntariamente pas贸 por ella, como si fuera un papel vegetal, algo que imprime involuntariamente todo lo que se le pega. Y eso s铆 lo hizo bien. Esta Facultad coleccion贸 grandes vidas y grandes pensamientos y lo sigue haciendo. Es un lugar que cuando clasifica lo hace mal, pero cuando colecciona lo hace con partes muy vitales de la historia pol铆tica y de la historia del conocimiento en la Argentina. Sigue siendo un compromiso que nos gusta, a pesar de que para decir que nos gusta tengamos que hacer todos estos malabares de pasillo y creer todas estas alternativas tan fatigosas, que suponen decir que no nos gusta. As铆, si se entiende esta paradoja, creo que puede entenderse el secreto fundamental de lo que hacemos. 

*鈥漇aberes de pasillo鈥 son las palabras de inauguraci贸n de la Facultas de Ciencias Afines, dichas en un pasillo de la Facultad de Ciencias Sociales de la calle Marceto T. de Alvear 2230 el 16 de noviembre de 1993. Fue publicado en la revista  Artefacto n掳7 en el a帽o 2012.

Para su publicaci贸n en Lobo Suelto fue transcrito de Saberes de pasillo. Universidad y conocimiento libre, de Horacio Gonz谩lez, compilado y prologado por Juan Laxagueborde. Editado por Paradiso Ediciones en 2018.




Fuente: Lobosuelto.com