July 8, 2022
De parte de Valladolor
200 puntos de vista

Cuando iba avanzando la pandemia, y cada día con más fuerza, ciertas voces empezaron a llamar la atención sobre el PROBLEMA DE SALUD MENTAL que se cernía sobre nuestras sociedades después del encierro (confinamiento) y el miedo al virus.

Existe poca estadística sobre la salud mental en el trabajo, pero un estudio elaborado por CC.OO. revela cómo el riesgo ha aumentado de 2020 a 2021 (y 2022). “Los trabajadores con riesgo y salario suficiente para cubrir necesidades del hogar han aumentado del 49% al 52% en un año mientras que los empleados con riesgo y un sueldo insuficiente para vivir han pasado del 67% al 73%. El mayor aumento se ha dado en el grupo que, de entrada, ya estaba peor”, alerta el informe Condiciones de trabajo y salud tras un año de pandemia, a partir de una encuesta realizada a 25.100 personas. Es destacable ver cómo las mujeres tienen un riesgo de padecer algún trastorno del 67%, 12 puntos por encima que los hombres (55%). “Los sectores más vulnerables están feminizados y encima ellas cargan con las tareas familiares”, comenta Mònica Pérez, responsable de salud laboral de CC.OO. en Catalunya. Además, el informe revela que los jóvenes de 16 a 34 años son el colectivo más vulnerable, con un riesgo del 68%.

Estamos en una epidemia de salud mental, con más de una cuarta parte
de los trabajadores europeos que creen que su seguridad o su salud está
en riesgo debido a su trabajo.

 

La ansiedad es la reaccion más natural frente a la sociedad que nos rodea.

El trabajo [asalariado], desde la psiquiatría y la sociedad, se plantea como relación que produce sufrimiento por las relaciones interpersonales, pero no por la explotación en sí que genera. No es tanto que el explotador sea un explotador por su condición, sino porque sea mala persona. Pero la realidad, como todos sabemos no es esta. Para convencernos de eso está la psiquiatría oficial, para no profundizar en la relacion de explotación existente, y que acudas al psiquiatra y su tratamiento como el salvador.

La buena salud mental es una especie de puzzle formado por piezas genéticas pero sobre todo ambientales. Algunas vienen de serie, como predisposición genética a sufrir algún problema mental;  otras, las más, se construyen con el tiempo, a través del entorno en el que vivimos, la familia que nos ha tocado, la relación con los demás, la situación económica, el trabajo o los sucesos traumáticos que puedan surgir. Una amalgama de factores definen la buena o mala salud mental de cada uno, pero no todos juegan el mismo papel. El estrés laboral, por ejemplo, pesa en la depresión y, según un estudio publicado en la revista Molecular Psychiatry, si se minimizase este factor de riesgo, se reduciría casi un 20% los casos de trastornos depresivos.

Celso Arango, jefe de Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y autor del estudio, expone: “El estrés aumenta el cortisol, que es neurotóxico. El estrés crónico, mantenido, acaba produciendo insomnio, ansiedad y cuadros depresivos”, explica el médico, que también es presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría. El estudio, que hace una revisión de la literatura científica disponible sobre el papel de los factores de riesgo modificables, calcula qué porcentaje se podría evitar si un factor de riesgo clave desapareciese. Depende, en cada caso, de la enfermedad y las circunstancias.

La investigación calculó, por ejemplo, que, si se evitaran las “adversidades infantiles”, como los abusos o el maltrato en la infancia, se reduciría un 38% los casos de esquizofrenia. Así vemos cómo en los institutos los casos de ansiedad y depresión han aumentado, y cómo no hay una política real para combatir esto: falta inversión en equipos de orientación, psicólogos y especialistas, y una verdadera atención al problema psicológico y social de nuestros jóvenes.

ES TU TRABAJO LO QUE APESTA…

El estrés daña la salud. De hecho, la Organización Mundial de la Salud ya incorporó el síndrome de desgaste profesional (burnout) en la última actualización de la Clasificación Internacional de Enfermedades como un problema relacionado con el trabajo. Toni Corominas, vocal de la Junta Directiva del Clúster de Salud Mental de Cataluña y director de la Cátedra de Salud Mental de la Universidad de Vic, explica que las bases del burnout son tres: “Por un lado, hay un cansancio emocional y físico, como una sensación de carga y agotamiento ante las exigencias de la tarea; también hay una despersonalización, de manera que los trabajos se hacen de forma fría e impersonal porque esa persona no se siente a gusto con su rol; y, en tercer lugar, existe una falta de realización personal en el trabajo”.

Como en una especie de tobogán, ese burnout incipiente puede desencadenar un trastorno de ansiedad o depresión. Aparte de los factores de vulnerabilidad innata, explica Corominas, hay factores acumulativos: “Estos empiezan por una negación, cuando cuesta hablarlo, porque hay un estigma todavía para decir que uno se siente mal. Y luego entras en esas conductas que complican más la cosa: en vez de hablar, pasas a una actitud pasiva, no valoras las nuevas oportunidades como factor de motivación de cambio y entras en esa pendiente”. Después de un tiempo en esa cuesta abajo, con una sensación de desánimo y falta de placer o capacidad de disfrutar de las cosas que antes generaban un gusto, describe Corominas, el camino se enfila hacia la depresión. “A esto se le acompañan otros síntomas como la alteración del sueño, el apetito o la líbido, el cansancio y alteraciones del rendimiento. Este cuadro, que podría ser inicialmente reactivo [a la situación laboral], puede pasar a convertirse en una depresión mayor: los síntomas se agravan con una sensación de desesperanza e impotencia, no ves arreglo al tema”.

Corominas remarca unas señales de alerta para cuando ese estrés laboral empieza a complicarse. Una de ellas, dice, es “el retraimiento”, cuando una persona se aísla o no se atreve a comunicar o expresar sus sentimientos. También pone el foco en una eventual “alteración del patrón habitual del sueño u otros hábitos cotidianos”. Otro aviso es la “magnificación de los problemas” y, por último, “el sentimiento de culpa, cuando se atribuye todos los males”. “Ojo con la culpa porque, a veces, es otro engaño de la mente cuando estás con el chip depresivo”.

“Desde que se puso en marcha la ley de prevención de riesgos laborales, en los años noventa, menos del 1% de las empresas han implementado planes de prevención psicosocial”. Ya lo hemos dicho otras veces: la salud en el trabajo para las empresas es un gasto, para nosotros es la vida, Y DEBEMOS LUCHAR POR ELLO.

Es evidente que hay otros factores, no ambientales, en las enfermedades pisquiátricas, pero lo que estos estudios y la realidad circundante ponen sobre la mesa es la importancia de combatir la EXPLOTACIÓN LABORAL en todos los sentidos

Los trabajadores asalariados seguiremos condenados a la destrucción física y psíquica, mientras no nos organicemos y luchemos por la única consigna que, de verdad, puede liberarnos de tanto sufrimiento acumulado: la ABOLICIÓN DEL TRABAJO ASALARIADO.

 

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FUENTES:
> https://elpais.com/salud-y-bienestar/2022-07-05/cuanto-pesa-el-estres-laboral-en-tu-salud-mental-del-burnout-a-la-depresion.html
> https://www.lavanguardia.com/economia/20211019/7795109/salud-mental-trabajo-empleo-estres-psicologia.html
> https://twitter.com/EUROCADRES/status/1544273630070292481
> https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2018/03/algunas-notas-sobre-locura-y.html




Fuente: Valladolorentodaspartes.blogspot.com