October 18, 2020
De parte de La Haine
134 puntos de vista


Hay un profundo convencimiento de una parte importante de la poblaci贸n de que, con todo y los nefastos efectos del bloqueo, tenemos un margen de maniobra

En esta entrevista con Reinaldo Iturriza, bloguero y autor de ‘El chavismo salvaje’, hablamos sobre algunas de las cuestiones m谩s complejas que enfrenta el chavismo hoy: la desafiliaci贸n pol铆tica de sectores amplios de la sociedad venezolana y los encuentros y desencuentros de Chavez (y su proyecto) con la izquierda.

Cira Pascual Marquina (CPM): T煤 has desarrollado una lectura creativa sobre la identidad de Chavismo. Como ejercicio, 驴podr铆as hacer una s铆ntesis sobre esta lectura?

Reinaldo Iturriza (RI): Est谩 en primer lugar lo planteado en ‘El chavismo salvaje’. Cronol贸gicamente, este libro recoge escritos que van desde 2007 hasta 2012, fundamentalmente. Entre otras cosas, hay all铆 un primer intento de identificar las tensiones a lo interno del chavismo, de explicar a qu茅 l贸gicas responden las distintas l铆neas de fuerza que lo atraviesan, c贸mo 茅stas se expresan en pr谩cticas, etc. Escribir estos textos implic贸, naturalmente, un m铆nimo ejercicio de abstracci贸n, intentando captar el movimiento real, por dem谩s vertiginoso, pero en ning煤n momento tuve la intenci贸n de ubicarme como un observador del chavismo “desde afuera”. Todo lo contrario, son textos enteramente militantes. En ese entonces consideraba que ten铆amos la obligaci贸n de intentar explicar lo que 铆bamos comprendiendo acerca de lo que hab铆amos sido y 茅ramos como movimiento. Hab铆a que hacer un esfuerzo por partida doble: por una parte, dejar registro de lo que significaba para nosotros y nosotras la experiencia de la revoluci贸n bolivariana, y por la otra construir un relato al margen de la propaganda, que no hiciera concesiones a interpretaciones autoindulgentes.

El mismo concepto de “chavismo salvaje” est谩 lejos de ser una simple met谩fora, o una provocaci贸n. Lo que identificaba entonces es que hab铆a un intento de “brutalizar” al chavismo, que es una de las pr谩cticas fundantes del antichavismo, pero igualmente otro orientado a “embrutecerlo”, que ser铆a lo propio de lo que all铆 denomino como “oficialismo”. Con todo, hac铆a la importante salvedad de que el funcionariado, por ejemplo, no era por definici贸n “oficialista”, y precisaba que perfectamente pod铆a reproducirse una l贸gica pol铆tica “oficialista” militando en el movimiento popular. Intentaba, en s铆ntesis, que problematiz谩ramos la cuesti贸n del poder, de su ejercicio, y por su supuesto del Estado, de la institucionalidad.

En ‘El chavismo salvaje’ plante茅 unos cuantos problemas de esta 铆ndole y dej茅 abiertas, como es inevitable, muchas interrogantes. Fue realmente un punto de partida. En adelante he intentado profundizar en algunos de estos asuntos, y en otros que han ido surgiendo.

Luego, en 2017, escrib铆 un peque帽o ensayo a煤n in茅dito: Ch谩vez lector de Nietzsche. Ch谩vez fue un intenso y desprejuiciado lector de Nietzsche durante sus 煤ltimos dos a帽os de vida. Y como cabr铆a esperar de un hombre como Ch谩vez, no se trataba de simples disquisiciones filos贸ficas. Tales lecturas, entre otras, inspiraron algunas decisiones de gran envergadura. El c茅lebre “Comuna o nada” nace, al menos en parte, de esta peculiar y muy heterodoxa lectura que hac铆a Ch谩vez de Nietzsche. En fin, en l铆nea con el an谩lisis iniciado en ‘El chavismo salvaje’, y tomando como referencia la lectura que hac铆a Gilles Deleuze de Nietzsche, suger铆a la existencia de un chavismo activo que se distinguir铆a claramente de un chavismo reactivo.

En 2018 escrib铆 otro libro a煤n in茅dito, La pol铆tica de los comunes, en el que adem谩s re煤no algunos textos ya publicados sobre la cuesti贸n comunal en Venezuela. Entre otras cosas, all铆 intento demostrar que el chavismo signific贸 una ruptura con la cultura pol铆tica adeca. Es decir, si bien hay una clara l铆nea de continuidad entre 茅sta y lo que podr铆a llamarse la cultura pol铆tica chavista, lo que distinguir铆a a esta 煤ltima es, precisamente, lo que tiene de singular. 驴En qu茅 consiste la singularidad del chavismo? 驴En qu茅 punto ocurre esto? Cuando, en plena d茅cada de los 90, se produce lo que el mismo Ch谩vez llamar铆a una verdadera “ruptura epistemol贸gica”, que es lo que sucede cuando los j贸venes militares bolivarianos “descubren” la idea-fuerza de democracia participativa y protag贸nica. De nuevo, aqu铆 estamos en presencia de un acontecimiento te贸rico y pol铆tico en toda la l铆nea, en tanto que, gravitando en torno a esta idea-fuerza, la pol铆tica revolucionaria en Venezuela ya no ser铆a la misma. Hay un antes y un despu茅s de este acontecimiento. Creo no exagerar al afirmar que la misma revoluci贸n bolivariana ser谩 posible a partir de esta ruptura. Ella lo cambia todo, y en particular la manera de relacionarse con el sujeto popular.

M谩s recientemente, en 2019, escrib铆 la Radiograf铆a sentimental del chavismo, y comenc茅 a trabajar en una l铆nea de investigaci贸n a la que intitul茅 Cuarentena, lo que por cierto no tiene que ver con la contingencia derivada de la pandemia por el coronavirus, sino con el hecho de que, en 2017, las l铆neas de fuerza m谩s reaccionarias del antichavismo se hicieron fervorosos promotores del bloqueo econ贸mico total contra Venezuela (una “cuarentena” para contener y erradicar la “enfermedad contagiosa” que es el chavismo).

La Radiograf铆a puede ser le铆da como una actualizaci贸n del an谩lisis iniciado en ‘El chavismo salvaje’. Por ejemplo, lo que identifico en la Radiograf铆a como “chavismo desafiliado” no es m谩s que la expresi贸n m谩s contempor谩nea del mismo chavismo salvaje hastiado, 隆ya en 2010!, de lo que llamo la “pol铆tica boba”, con el agravante de que este fen贸meno de desafiliaci贸n se ha hecho masivo.

En Cuarentena he intentado identificar los condicionantes de este fen贸meno de desafiliaci贸n pol铆tica, comenzando a hurgar a fondo en un campo de an谩lisis al que no prest茅 la suficiente atenci贸n en todos estos a帽os: el econ贸mico. M谩s que un asunto pendiente, se trata, digamos, de una deuda colectiva, mucho m谩s que personal: comprender, por ejemplo, cu谩l es la composici贸n de clases de la sociedad venezolana actual. Pero, m谩s all谩 de la pertinencia de una instant谩nea sobre la actual coyuntura hist贸rica, me parece que debemos ser capaces de saber cu谩l ha sido la evoluci贸n de la estructura de clases en la sociedad venezolana, pongamos, desde la d茅cada de los 70. Hasta tanto no dispongamos de informaci贸n tan b谩sica como crucial, estaremos condenados a repetir las mismas generalidades sobre el “rentismo petrolero”, el “post-rentismo” y cuestiones por el estilo.

Algunas de mis hip贸tesis de trabajo, actualmente, son las siguientes: 1) hay una relaci贸n estrecha, no mec谩nica, pero tampoco casual, entre la emergencia de las primeras c茅lulas revolucionarias en el seno del Ej茅rcito venezolano, en la d茅cada de los 80, y el progresivo aumento de la informalidad y el desempleo; 2) hay evidencia hist贸rica, documental, de la claridad estrat茅gica de los militares bolivarianos respecto de lo que tendr铆a que ser la m茅dula del sujeto popular revolucionario: eso que tan temprano como en 1993 Ch谩vez identificaba como “clase marginal”, conformada, fundamentalmente, por lo que algunos estudiosos llaman “subproletariado”, que es la fracci贸n de clase proletaria m谩s golpeada por la crisis econ贸mica: son los pobres que trabajan, pero cuyo trabajo no les garantiza lo m铆nimo suficiente para la reproducci贸n de la vida; 3) el apoyo de este “subproletariado” ser谩 decisivo en la victoria electoral de Ch谩vez en 1998 y m谩s determinante a煤n en la resistencia contra todas y cada una de las tentativas destituyentes de los primeros a帽os de revoluci贸n bolivariana, incluido el categ贸rico triunfo en el referendo de 2004; 4) la pol铆tica social, econ贸mica y cultural durante las presidencias de Ch谩vez tendr谩 como prop贸sito, fundamentalmente, afectar positivamente las condiciones materiales y espirituales de vida de esta fracci贸n de clase; 5) todo el esfuerzo de construcci贸n de hegemon铆a popular y democr谩tica liderado por Ch谩vez tendr谩 como centro de gravedad esta fracci贸n de clase: sus aspiraciones y demandas, pero tambi茅n su organizaci贸n. Desde esta perspectiva, me parece, puede entenderse una iniciativa como la creaci贸n de los consejos comunales y, m谩s tarde, de las Comunas; 6) la derrota en las parlamentarias de 2015 es un campanazo, en el sentido de que es signo de fractura de esta construcci贸n hegem贸nica democr谩tica.

Pienso que, con informaci贸n suficiente a la mano, es posible demostrar, sin mayores contratiempos, que este “subproletariado” es el correlato econ贸mico (y al mismo tiempo pol铆tico, sin duda alguna) de eso que en alg煤n momento llam茅 “chavismo salvaje”. Y habiendo hecho el correspondiente an谩lisis riguroso, pormenorizado, de la evoluci贸n de la estructura de clases de la sociedad venezolana durante las 煤ltimas d茅cadas, algo que, insisto, est谩 por hacerse, creo que estar铆amos en mejores condiciones para encarar los desaf铆os del tiempo presente.

La pregunta sobre el “chavismo salvaje” hoy, en buena medida desafiliado, es la pregunta sobre el “subproletariado”. Y las respuestas a estas preguntas nos arrojar铆an pistas inestimables sobre c贸mo proceder para retomar la construcci贸n de hegemon铆a popular y democr谩tica.

CPM: Ahora viene algo m谩s complicado… contrastemos la identidad del Chavismo con el ejercicio de la pol铆tica desde el Estado hoy (entendiendo todos los factores externos que condicionan la pol铆tica, pero centr谩ndonos en el ejercicio cotidiano de la misma)

RI: Es que, de entrada, es pr谩cticamente imposible referirse al ejercicio cotidiano de la pol铆tica gubernamental sin tomar en cuenta estos factores externos. Si hay algo que sobredetermina, digamos, nuestra vida cotidiana es el bloqueo econ贸mico que pesa sobre el conjunto de la sociedad venezolana. Los efectos del bloqueo llegan al extremo de lo inenarrable: 茅ste produce sufrimiento, privaciones, angustia, ansiedad, miedo, ira, desconfianza, muerte, a lo que se suman la incertidumbre y el estrechamiento del horizonte que produce una circunstancia como la pandemia. Hablamos de una experiencia que es dif铆cil de transmitir a pueblos que, por una raz贸n u otra, han tenido la fortuna de no padecer un asedio tan criminal.

Adem谩s, all铆 donde tiene eficacia el relato imperialista se produce lo que Walter Benjamin llamar铆a empat铆a con el vencedor, cuya traducci贸n ser铆a m谩s o menos la siguiente: si en Venezuela estamos atravesando por semejante trance hist贸rico es porque nos lo tenemos bien merecido, idea que se expresa de distintas formas, incluido el truculento expediente sobre la existencia de una “dictadura”, un “r茅gimen”, etc.

Hay empat铆a con el vencedor por dos razones, principalmente: porque se es c贸mplice de quienes se arrogan el derecho de hacer el papel de verdugos, que es el caso, por ejemplo, del antichavismo m谩s cipayo, y porque se tiene miedo de padecer un asedio similar, por lo que se elige no levantar cabeza, desviar la mirada o directamente ensa帽arse contra el vencido, para decirlo en t茅rminos del mismo Benjamin.

CPM: Ahora bien, y 茅sta es una pregunta clave: 驴el pueblo venezolano ha sido vencido?

RI: Cualquiera podr铆a opinar que estoy equivocado, y seguramente ser铆a capaz de esgrimir razones muy v谩lidas, pero mi respuesta es que no. No creo que el pueblo venezolano haya sido vencido. Y una de las razones que sustentan mi posici贸n es, precisamente, el profundo convencimiento de una parte importante de la poblaci贸n, as铆 lo percibo, de que, con todo y los nefastos efectos del bloqueo, tenemos un margen de maniobra. Es decir, nuestro destino sigue estando en nuestras manos.

Lo que percibo es que, para una parte importante de la poblaci贸n, el bloqueo no es una fatalidad. Es un crimen, y ese crimen produce privaciones y muertes. Pero no es una fatalidad. De ese convencimiento se deriva el hecho de que tanta gente, en todas partes, rechace tan en茅rgicamente el relato, propio del oficialismo, seg煤n el cual todo lo que padecemos es consecuencia del bloqueo. Y lo peor que podemos hacer en este momento es apelar a un hecho tan grave como el bloqueo para convertirlo en un pretexto.

El problema con este relato es que libera de cualquier responsabilidad a quienes, precisamente, tienen responsabilidades de gobierno y, peor a煤n, libera de responsabilidad a todo el mundo: no ser铆amos m谩s que v铆ctimas que habr铆a que proteger o, en todo caso, no tendr铆amos m谩s que la obligaci贸n de “resistir”, preferiblemente sin “quejarnos” tanto. Hay mucho de falsa 茅pica en este relato, y tambi茅n mucho de fatalismo.

驴El gobierno venezolano debe dejar de cumplir con su obligaci贸n de proteger a la poblaci贸n? Por supuesto que no. 驴Todo el que est谩 ejerciendo funciones de gobierno ha hecho suyo este relato? Tampoco lo creo. Pero es sin duda un relato que ha ganado mucho terreno.

De hecho, me parece bastante evidente que hay una crisis del relato bolivariano. 驴C贸mo superarla? Poniendo en la balanza ambas cosas: el bloqueo, los efectos de las medidas coercitivas unilaterales, el asedio imperial, de un lado, y del otro nuestro margen de maniobra, las alternativas que tenemos, lo que podemos hacer. Eso pasa por tener confianza en el genio colectivo, es decir, en el sujeto popular que, en 煤ltima instancia, hizo posible la revoluci贸n bolivariana.

驴Eso quiere decir que todas y cada una de las decisiones gubernamentales deben ser previamente discutidas p煤blicamente, a la manera asamblearia? Est谩 claro que no. Pero no puede seguir siendo una pr谩ctica com煤n tomar tal o cual decisi贸n en determinada materia y que, frente a cualquier manifestaci贸n de inconformidad o incomprensi贸n respecto de lo decidido, la respuesta sea, cuando la hay: no hab铆a ninguna otra alternativa.

Cuando en pol铆tica se parte del principio de que no hay alternativas, es como si decidieras bajar las santamar铆as. Y hay que saber medir las consecuencias de bajarle las santamar铆as en la cara al pueblo que se politiz贸 con Ch谩vez. Por esa raz贸n, entre otras, es que hay tanta gente desafiliada, que ya no espera nada ni del chavismo ni del antichavismo. Eso s铆 deber铆a preocuparnos y ocuparnos, y no el hecho de que todav铆a haya mucha otra gente que expresa de manera abierta su inconformidad, lo que a fin de cuentas es se帽al de vitalidad pol铆tica.

CPM: Durante todo el Proceso Bolivariano siempre hubo una relaci贸n tensionada entre la institucionalidad y el movimiento popular. Durante muchos a帽os, esa tensi贸n fue productiva o virtuosa, pero en este momento estamos viendo que las tensiones se van convirtiendo en grietas. 驴Qu茅 ocurre?

RI: Respecto de este asunto, pienso que lo que conocemos como el movimiento popular est谩 en la obligaci贸n de ser profundamente autocr铆tico. No basta con que constatemos que eso que identificas correctamente como tensi贸n virtuosa haya degenerado, ciertamente, en algo que se asemeja al antagonismo puro y duro.

Uno podr铆a despachar el asunto diciendo que esta situaci贸n no es m谩s que una expresi贸n de la lucha de clases a lo interno del movimiento, aunque tambi茅n es cierto que hay gente que no alcanza a ver siquiera esto, y termina cediendo a la tentaci贸n de pasar cualquier conflicto, tensi贸n o antagonismo por el tamiz de la lealtad y la traici贸n, de manera que ya no hay m谩s conflicto, sino leales y traidores por todas partes.

Intentemos aproximarnos a la ra铆z del conflicto. He dicho m谩s arriba que el esfuerzo de construcci贸n de hegemon铆a popular y democr谩tica liderado por Ch谩vez tuvo como centro de gravedad al subproletariado, buena parte del cual, durante la primera d茅cada de este siglo, pas贸 a engrosar las filas del proletariado, eso que de manera m谩s o menos equ铆voca llamamos “nueva clase media popular”, pero que nunca fue clase media en sentido estricto, sino clase trabajadora que, por primera vez en su historia, pudo vivir dignamente. Lo significativo aqu铆, entre otras cosas, es que estamos hablando de la mayor铆a del pa铆s.

En otras palabras, Ch谩vez se hizo un l铆der con la suficiente auctoritas no solo para gobernar al pa铆s, con amplias libertades democr谩ticas, sino tambi茅n para arbitrar entre las distintas l铆neas de fuerza del chavismo, poniendo en el centro de la pol铆tica chavista, reitero, a una fracci贸n de clase determinada, sin que esto implicara, por cierto, que la peque帽a burgues铆a y la burgues铆a dejaran de beneficiarse, al margen de que est茅n dispuestas a reconocerlo.

Ahora bien, por razones que no da chance de profundizar aqu铆, y en las que hay que seguir escudri帽ando, me parece que qued贸 irresuelto el problema de la organizaci贸n de esa fracci贸n de clase, y en general de la clase trabajadora. No puede ignorarse el hecho de que el chavismo insurge en un contexto de severa crisis de las formas tradicionales de mediaci贸n pol铆tica: partidos, sindicatos, gremios, lo que exig铆a a todo el movimiento ensayar nuevas formas de organizaci贸n, sin que fuera posible, y tampoco deseable, prescindir de las formas m谩s tradicionales. Los consejos comunales y las Comunas vendr铆an a ser las formas m谩s avanzadas de este ejercicio de experimentaci贸n pol铆tica. En ellos el subproletariado se sent铆a, digamos, a sus anchas, con la ventaja de que estos espacios tend铆an a permitirle una interlocuci贸n m谩s directa con el mismo Ch谩vez, sin tener que pasar por el partido, el sindicato, las gobernaciones, las alcald铆as, etc.

Pero sabemos de sobra que esto no siempre ocurr铆a as铆. M谩s bien era todo lo contrario: una y otra vez, el pueblo organizado en estos y otros espacios afines ten铆a que verse obligado a lidiar, naturalmente, con el partido, las gobernaciones, las alcald铆as, etc., y la relaci贸n sol铆a ser muy problem谩tica, por decir lo menos. Y no pod铆a ser de otra forma, porque se trataba de dos l贸gicas, incluso de dos maneras radicalmente distintas de concebir la pol铆tica, que se enfrentaban. Entonces Ch谩vez arbitraba, desempe帽ando, al mismo tiempo, el papel de jefe de Estado y el de subversivo dentro del Estado; el Ch谩vez que est谩 en la obligaci贸n de preservar el statu quo y el que desea transformarlo; todo a pulso, casi siempre con mucha mano zurda, realzando la importancia del partido o de preservar el control de gobernaciones y alcald铆as, por ejemplo, pero al mismo tiempo exhortando a ese pueblo que se politiz贸 al margen de las formas tradicionales de representaci贸n pol铆tica, a no ser ap茅ndice de nada ni de nadie.

Mientras todo esto ocurr铆a, 驴qu茅 papel desempe帽aba el movimiento popular? Me parece que intentaba, correctamente por dem谩s, abrirse paso y ejercer un liderazgo en estos espacios de organizaci贸n popular, en ocasiones dentro del partido, a veces en funciones de gobierno, pero representando siempre una modesta parte dentro de un todo muy vasto. Muy cualificado pol铆ticamente, pero con limitaciones muy evidentes, apenas disimuladas por la ventaja que implicaba contar con un liderazgo como el de Ch谩vez.

Creo que es bastante obvio, y por eso realmente no tiene m茅rito repetirlo aqu铆, que la ausencia f铆sica de Ch谩vez trastoca profundamente la din谩mica a lo interno del movimiento. Y es igualmente obvio que Maduro no es Ch谩vez. Supongamos que es cierto que el subproletariado, o en general la clase trabajadora, ya no es el centro de gravedad de la pol铆tica chavista, sino la “burgues铆a revolucionaria”, porque as铆 lo determina la nueva correlaci贸n de fuerzas. Pues bien, 驴qu茅 papel le corresponde jugar al movimiento popular? Ciertamente, dejar constancia de las implicaciones pol铆ticas de este trastocamiento, pero eso pasa, necesariamente, por preguntarse qu茅 ha sido de la clase trabajadora, por interrogarse por las tribulaciones que anidan en el alma popular. Y en las actuales circunstancias, creo que eso implica comprender qu茅 pasa por la cabeza del pueblo venezolano todo, pero en particular del chavismo desafiliado, ese vasto sujeto que parece haber quedado sin interlocuci贸n posible, en una suerte de no-lugar de la pol铆tica, como ya lo he planteado en alguno de los textos que forman parte de la Radiograf铆a.

CPM: El pasado y el presente. Para una parte del Chavismo (Misi贸n Verdad, por poner un ejemplo) el Proceso Bolivariano est谩 en su momento m谩s glorioso por su capacidad de resistir los golpes. Para otra parte del Chavismo, el Proceso se est谩 achicando por haberse apartado de la vocaci贸n democr谩tica que lo caracteriz贸 y por haberse desdibujado el horizonte socialista. Sin embargo, hay otro grupo a lo interno que (como Marx en el 18 Brumario) considera que la revoluci贸n debe dejar atr谩s su pasado y hacer su poes铆a en el presente. Entonces, 驴cu谩l debe ser la relaci贸n de la revoluci贸n con su pasado, y hasta cu谩ndo?

RI: El pasado no nos sirve de nada si no nos permite avanzar, o desplazarnos, en el presente. Perm铆teme que insista en este punto de la construcci贸n de hegemon铆a popular y democr谩tica.

Cuando uno lee con detenimiento al Ch谩vez de la d茅cada de los 90, algunos de los pasajes m谩s extraordinarios tienen que ver con la dura pol茅mica que sostiene entonces con el liderazgo de los partidos de izquierda venezolanos, con parte de su militancia, con algunos referentes de la intelectualidad de izquierda. En resumen, Ch谩vez les cuestionaba su profunda desconexi贸n con las mayor铆as populares, su vocaci贸n por las discusiones interminables sin pasaje al acto, su lectura manualesca de los cl谩sicos del marxismo, su escasa vocaci贸n de poder, su cortedad de miras estrat茅gica, su sectarismo, su menosprecio por el pueblo. En la versi贸n del mismo Ch谩vez, esta izquierda consideraba aquellos cuestionamientos como un anatema, como palabrer铆a propia de un advenedizo. He intentado reconstruir parcialmente este episodio en La pol铆tica de los comunes.

Desconozco, y la verdad importa poco, si Ch谩vez hab铆a estudiado para entonces a un autor como Gramsci, pero conoc铆a a profundidad la obra de gente como Alfredo Maneiro, Jos茅 Esteban Ruiz Guevara, Pedro Duno, Jos茅 Rafael N煤帽ez Tenorio, Kl茅ber Ram铆rez, Domingo Alberto Rangel, Al铆 Rodr铆guez Araque, V铆ctor Hugo Morales, Hugo Trejo, entre otros que pudieran mencionarse, y de hecho conoci贸 y dialog贸 personalmente si no con todos, s铆 con la mayor铆a de ellos, antes de llegar a la Presidencia, dicho sea de paso, y en algunos casos incluso antes del 4F de 1992.

Lo que quiero decir es que Ch谩vez era todo lo contrario de un advenedizo: era, sin duda alguna, un militar de izquierda que, precisamente por conocerla lo suficiente, aunque no hubiera militado en ella, y en buena medida inspirado en el acervo cr铆tico de quienes ten铆a como sus m谩s l煤cidos referentes, pronto comprendi贸 que, para que la revoluci贸n bolivariana fuera posible, era imprescindible ir “m谩s all谩 de la izquierda”, como lo planteara Maneiro en su c茅lebre texto de 1980.

De nuevo, aqu铆 el “descubrimiento” de la idea-fuerza de democracia participativa y protag贸nica result贸 decisivo: ella implicaba, en los hechos, someter a cuestionamiento radical, inclemente, lo que podr铆amos denominar la tradicional cultura pol铆tica de izquierdas, comenzando porque el liderazgo pol铆tico deb铆a abandonar cualquier pretensi贸n de “vanguardia esclarecida” y ten铆a que aprender a desplazarse por las catacumbas populares como pez en el agua, llevando la palabra, s铆, pero sobre todo escuchando, sintiendo el padecimiento de las mayor铆as, acompa帽ando sus luchas. Me parece que Ch谩vez, al que tanto se ha acusado de l铆der mesi谩nico, vertical, autoritario, comprendi贸 que al ciudadano com煤n hab铆a que tratarlo como un igual, con respeto, con dignidad, y no estoy seguro de que hayamos asimilado todav铆a el profundo impacto que esto tuvo en el campo de la cultura pol铆tica.

Es a partir de la centralidad de esta idea de que el pueblo venezolano no solo est谩 cualificado para participar activamente en los asuntos pol铆ticos, sino adem谩s para ser protagonista, que Ch谩vez y el chavismo incipiente van conformando un poderoso bloque de poder, que termina alz谩ndose con la victoria electoral de 1998. Hablamos de un momento hist贸rico en que los r贸tulos importaban muy poco: no importaba si usted se autodefin铆a como una persona de izquierdas, lo que importaba era si usted consideraba necesario derrotar a la clase pol铆tica que representaba a la democracia burguesa, al pacto de 茅lites, y si cre铆a posible construir una democracia genuina, popular, participativa y protag贸nica.

Cualquiera que revise los estudios de opini贸n de la 茅poca puede constatar que la mayor铆a de la gente que vot贸 por Ch谩vez no se identificaba con la izquierda. Pero, adem谩s, 驴qu茅 cosa era la izquierda? Porque lo cierto es que, definitivamente, no hay una izquierda, sino muchas. No lo ten铆a claro el movimiento, que reun铆a en su seno distintas expresiones de la izquierda, desde la m谩s tradicional hasta la m谩s radical, pero tambi茅n a gente de la derecha. No lo ten铆a claro la gente, y tampoco Ch谩vez, que incluso coquete贸 durante breve tiempo con la “tercera v铆a”, como seguramente recordaremos.

Pero sucede que, en 2006, la mayor铆a de la gente que vota por Ch谩vez se autodefine de izquierdas. 驴Qu茅 significaba entonces ser de izquierdas? No es una pregunta cualquiera. Por simple deducci贸n l贸gica podemos concluir que no significaba lo mismo que a comienzos del gobierno de Ch谩vez, y mucho menos lo que significaba a mediados de la d茅cada de los 90, cuando el mismo Ch谩vez entablaba aquella pol茅mica con el liderazgo pol铆tico de la izquierda tradicional. Habiendo superado ya varias pruebas de fuego, se hab铆a producido una suerte de decantaci贸n ideol贸gica, program谩tica, que no dejaba de expresarse en la gram谩tica pol铆tica, y por supuesto en la acci贸n de gobierno.

Hablando de gram谩tica pol铆tica, cuando en 2004 Ch谩vez comienza a hablar de socialismo, lo hace planteando expresamente la necesidad de revisar e ir m谩s all谩 de la vieja cultura pol铆tica de izquierdas. En el fondo, no hac铆a m谩s que reiterar, en otros t茅rminos y en circunstancias hist贸ricas muy distintas, con un acumulado pol铆tico inestimable, lo que ya hab铆a planteado a mediados de los a帽os 90.

Ch谩vez no se deslinda de la izquierda, la izquierda se resignifica con Ch谩vez y el chavismo, se cualifica, se hace m谩s potente, m谩s nacional y popular, intentando consolidar una nueva cultura pol铆tica, una forma distinta de concebir el ejercicio de la pol铆tica, m谩s radicalmente democr谩tica.

Con la ventaja que implica hacer cualquier lectura retrospectiva, hoy puede evaluarse qu茅 tan lejos llegaron Ch谩vez y el chavismo, o qu茅 tan lejos llegamos, en este intento de refundar el ejercicio de la pol铆tica revolucionaria. Podemos se帽alar, aqu铆 y all谩, d贸nde hubo avances m谩s lentos, retrocesos incluso; cu谩nto sigui贸 pesando la vieja cultura pol铆tica, no solo de la izquierda m谩s tradicional, sino incluso de la adeca; podemos y debemos identificar cu谩les siguen siendo los problemas irresueltos.

Pero lo que no puede desconocerse es que la tentativa de construir hegemon铆a democr谩tica y popular, eso que Ch谩vez llamaba el socialismo venezolano, bolivariano, del siglo XXI, fue apuntalado, en buena medida, por un liderazgo de izquierda revolucionaria, que logr贸 aglutinar en torno suyo a las mayor铆as populares.

Por todo lo anterior, hay que ser extremadamente cautos, dir铆a incluso que muy escrupulosos y manejarse con mucha honestidad pol铆tica e intelectual, cuando se discute, hoy en d铆a, sobre la izquierda. M谩s espec铆ficamente, percibo una cierta inclinaci贸n por distinguir entre izquierda y chavismo, o por erigirse como el “leg铆timo” representante de aquella o de este 煤ltimo. En los casos m谩s extremos, hay una cierta propensi贸n a identificar a la “izquierda”, as铆, entre comillas, como una amenaza o algo por el estilo, como el ep铆tome de lo que est谩 extraviado en pol铆tica.

El asunto, por supuesto, est谩 muy lejos de ser puramente nominal. Aqu铆 no se trata tanto de c贸mo usted se autodenomine. La historia nos ha brindado unos cuantos ejemplos, y lo seguir谩 haciendo, lamentablemente, de muchos “legatarios” de Ch谩vez que terminaron en farsa. Aqu铆 de lo que se trata es de a cu谩l cultura pol铆tica se tributa: c贸mo concebimos el ejercicio de la pol铆tica, c贸mo procedemos (por ejemplo, cuando se est谩 cerca del “poder” o lejos de 茅l), c贸mo dirimimos las diferencias, c贸mo nos relacionamos con la gente, que es quiz谩 lo m谩s importante.

Ir贸nicamente, en muchas de las invectivas contra la “izquierda” pueden identificarse exactamente las mismas pr谩cticas, los mismos malos h谩bitos, de la izquierda m谩s tradicional: soberbia, autoritarismo, verticalismo, sectarismo, menosprecio por la gente; el convencimiento de que se forma parte de una vanguardia preclara que s铆 est谩 informada, s铆 entiende, s铆 es capaz de ver lo que la mayor铆a no puede ver, s铆 sabe lo que hay que decir en el momento correcto y conoce perfectamente cu谩les cosas no deben ser discutidas. En suma, la misma cultura pol铆tica que hizo de la izquierda m谩s tradicional un conjunto de fuerzas sencillamente incapaz de construir hegemon铆a popular y democr谩tica.

Dejar atr谩s el pasado y hacer poes铆a en el presente, dec铆as en tu pregunta, siguiendo a Marx. Me parece que al poeta le hace falta un buen ba帽o de humildad. No olvidar que la poes铆a popular fue hecha todos estos a帽os, y sigue haci茅ndose, en buena medida, contra la vieja cultura pol铆tica de izquierdas. Nos hace falta asumir que si a tanta gente no le gusta la poes铆a que recitamos hoy, no es tanto porque est谩 hastiada del presente, sino porque sabe, despu茅s de Ch谩vez, que no es posible lidiar con el presente repitiendo los mismos errores del pasado.

Venezuelanalysis.com / La Haine




Fuente: Lahaine.org