January 26, 2021
De parte de El Libertario
1,006 puntos de vista

Antonio P茅rez C.
 
[Nota previa de El Libertario: El siguiente texto fue escrito desde la actual realidad ib茅rica y europea, pero entendemos que tambien tiene amplia vigencia para circunstancias como la venezolana, e igual para otros lugares de Latinoam茅rica- donde el creciente peso opresivo de la zarpa estatal lleva a algun贸s a creer que, de momento, debemos olvidarnos de la Revoluci贸n Social y batirnos esencialmente en defensa de esos ilusorios “beneficios y libertades asociados con la democracia” de los cuales el auge autoritario nos querr铆a despojar.]

Como si se tratara de un remake de 鈥淪alvar al soldado Ryan鈥, la premiada pel铆cula de Steven Spielberg, recibimos en los 煤ltimos tiempos el imperativo que nos llama a olvidar utop铆as y proyectos revolucionarios y a formar pi帽a para salvar el modelo democr谩tico que nos gobierna a la gran mayor铆a de habitantes del planeta. No hay otra opci贸n, nos aseguran, salvo el abismo de la extrema derecha que siempre est谩 esperando su oportunidad para imponer un r茅gimen autoritario, que nos arrebatar铆a todos nuestros derechos y libertades. Planteadas as铆 las cosas, es evidente que las personas con un m铆nimo de conciencia cr铆tica y solidaria preferir谩n cualquier cosa, aunque no les convenza, antes que el fascismo. No es extra帽o, por tanto, que la derecha econ贸mica y pol铆tica agite tan a menudo la amenaza de la ultraderecha para autoproclamarse como la garant铆a y salvaci贸n del sistema democr谩tico, en el que tan bien se desenvuelven los grandes bancos y las empresas transnacionales.

Un buen y reciente ejemplo nos lo ha proporcionado lo sucedido en EE.UU. con la ocupaci贸n del Capitolio por una horda de seguidores de Donald Trump; all铆 (como aqu铆 cuando el golpe de Tejero)  se ha visto c贸mo, tras dejar hacer para asustar un poco m谩s a la poblaci贸n, el propio capitalismo y sus instituciones han cerrado filas para arropar a la vieja democracia americana, y de paso al sistema econ贸mico que permite tan excelentes resultados a las grandes fortunas.

Olvidada qued贸 la vieja idea de coexistencia pac铆fica con el capital, a cambio de la mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora, que tras la II Guerra Mundial permiti贸 a las capas populares alcanzar un cierto nivel de consumo y unos servicios sociales que cubr铆an pr谩cticamente al conjunto de la poblaci贸n. Fue lo que se llam贸 Estado de bienestar, pero en muchos pa铆ses, apenas llegamos a vislumbrarlo. Y es que los gestores del capitalismo, al ver lo bien que partidos y sindicatos hab铆an frenado las ilusiones revolucionarias de los sectores populares decidieron acabar con sus gestos de buen rollo y dejaron al descubierto sus colmillos neoliberales. Pensaron que los derechos de los trabajadores tambi茅n pod铆an ser una porci贸n adicional de sus beneficios y comenzaron a recortarlos para, poco a poco, llegar a la supresi贸n de gran parte de las conquistas obreras.

La izquierda (lo que queda de ella) en lugar de dar alternativas que realmente lo sean, se limita a proponer peque帽os retoques al modelo triunfante que no llegan tan siquiera a lo que en sus mejores tiempos defend铆a la socialdemocracia. La izquierda sindical y pol铆tica, lejos de responder con contundencia, opt贸 por salvar sus privilegios y negociar lo m谩s honrosamente posible su rendici贸n. Privatizaciones de sectores y servicios p煤blicos, reformas laborales, recortes de salarios y pensiones, etc. han sido el resultado de ese viraje al centro de las organizaciones que promet铆an llevar al proletariado a las m谩s altas cotas de bienestar y participaci贸n en las tareas pol铆ticas.

Las clases populares quedaron desorientadas e indefensas, sin ninguna referencia a la que agarrarse. Y sin una cultura de lucha, sin propuestas revolucionarias cre铆bles, el espacio tradicional de la izquierda se lo vienen disputando un populismo reaccionario y xen贸fobo (alimentado por partidos y medios de comunicaci贸n de extrema derecha) y un conservadurismo (centro moderado y centro izquierda) que insiste en la trasnochada fantas铆a de que el mercado la regula todo.

No parece que la pandemia que el mundo sufre como consecuencia del r谩pido avance del Covid-19 ni la crisis ya notoria provocada por el cambio clim谩tico vayan a servir para que quienes nos gobiernan (desde los parlamentos o desde Wall Street) reconozcan que el mundo necesita otro modelo de sociedad y otras relaciones econ贸micas, que no se basen en la explotaci贸n sin l铆mites de los recursos y en la acumulaci贸n de riqueza en cada vez menos manos.

A pesar de los claros s铆ntomas de las cat谩strofes que se avecinan, no vemos propuestas que puedan ilusionar de nuevo a la gente. Hasta en las democracias m谩s consolidadas se sigue dejando a amplios sectores atr谩s: aumentan el paro y la pobreza, se legisla a favor de las grandes empresas y bancos, se cierran los ojos ante tragedias como la de los refugiados e inmigrantes, se esquilma a los pueblos del sur a mayor gloria del consumismo, etc.

Incluso en Espa帽a, con un gobierno que se califica a s铆 mismo como el mejor de los 煤ltimos tiempos, observamos que se sigue apostando por grandes infraestructuras: trenes de alta velocidad, prolongaci贸n de la vida de las centrales nucleares, corredor mediterr谩neo, grandes puertos y terminales de contenedores, industria del turismo y otros proyectos que en nada van a contribuir a detener la despoblaci贸n del interior, a frenar la contaminaci贸n y el cambio clim谩tico, ni mucho menos a repartir el trabajo y la riqueza.

Si de verdad estamos contra el fascismo (nuevo o viejo) lo que habremos de hacer es crear una conciencia solidaria, defender las conquistas sociales, impulsar proyectos autogestionarios y recuperar la fraternidad internacionalista que nos hermana con todas las luchas.

[Tomado de https://www.elsaltodiario.com/alkimia/salvar-al-sistema.]




Fuente: Periodicoellibertario.blogspot.com