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Samuel Ruiz Garc铆a. Primera Carta Pastoral: En esta hora de gracia (resumen)


January 24, 2023
De parte de Radio Zapatista
161 puntos de vista
24 ene 2023

Agosto de 1993

En nuestro compromiso cristiano con los ind铆genas y campesinos de la Regi贸n Pac铆fico Sur, se帽al谩bamos la grave situaci贸n y las condiciones infrahumanas en que viven nuestros hermanos. Esta situaci贸n se ha ido agravando, porque, adem谩s, nuestro sistema ha generado nuevas formas de explotaci贸n pol铆tica, de legalidad injusta, que leg铆tima la opresi贸n y la represi贸n. Se agrede ideol贸gicamente, se despoja a las culturas de sus valores fundamentales. La lista de agravios en contra del pueblo ind铆gena de nuestra di贸cesis, en el horizonte de la historia de estos 500 a帽os, es muy larga.

Frente a los retos de la modernidad y la crudeza del neoliberalismo que hemos constatado, levantamos nuestra voz junto a los profetas, para decir como ellos y junto con ellos, que la pobreza que genera esta situaci贸n de carencia de bienes, es como tal un mal y algo totalmente contrario a la voluntad de Dios.

La Iglesia, con figuras y obras se帽eras, en diversos momentos ha sabido cumplir con su misi贸n prof茅tica. No puede negarse, empero, que en otros se mundaniz贸, sea al legitimar ideol贸gicamente a los 贸rganos del Gobierno Colonial o del Estado Independiente, sea al gozar de privilegios cuando us贸 las formas de los sistemas en boga para allegarse bienes y poder.

La Iglesia local, sellada principalmente con la fidelidad evang茅lica de Fray Bartolom茅 de las Casas, ha optado en las 煤ltimas d茅cadas por ocupar su lugar en los m谩rgenes de la sociedad y con los m谩s pobres.

Dicho en otros t茅rminos: la antigua di贸cesis de Chiapas, cuyo primer obispo fuera Bartolom茅 de las Casas, firme defensor de los ind铆genas e implacable cr铆tico del sistema colonial, ha sido marcada por su l铆nea pastoral; pues la realidad ominosa que 茅l confront贸, sigue teniendo vigencia. M谩s especialmente, despu茅s del Concilio Vaticano II, la inserci贸n de los agentes de pastoral de la di贸cesis (sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos) en una realidad conflictiva nos fue llevando por un largo caminar que ha sido tambi茅n un largo proceso de conversi贸n.

El mundo ind铆gena, mayoritario en porcentaje y m谩s grande en su marginaci贸n, nos exig铆a, (si quer铆amos ser fieles al Evangelio) una respuesta de urgente presencia. Por eso, nuestra di贸cesis est谩 sellada con las caracter铆sticas inherentes a una pastoral ind铆gena, entendida 茅sta no s贸lo como una preocupaci贸n por los nativos, sino como una encarnaci贸n de nuestra presencia en su mundo, lleno de carencias a la vez que de grandes valores; como una experiencia que orienta nuestra reflexi贸n de fe, nuestra actividad pastoral y nuestra aspiraci贸n eclesial de avanzar hasta el surgimiento de una Iglesia aut贸ctona que d茅 cuenta de su historia salv铆fica, que se exprese en su cultura, que se enriquezca con sus valores, que acoja sus sufrimientos, sus luchas y aspiraciones, que con la fuerza del Evangelio transforme y libere su cultura. Pues como dijo un ind铆gena, a帽os hace, ante el delegado Apost贸lico de ese entonces: 鈥渟i la Iglesia no se hace Tzeltal con los indios tzeltales, Ch鈥檕l con los indios ch鈥檕les, Tojolabal con los tojolabales鈥 no entiendo c贸mo puede llamarse Iglesia cat贸lica鈥. Ser铆a, en efecto, una iglesia advenediza, perteneciente a una clase social dominante, extranjera para el indio. La esquizofrenia religiosa que vive el ind铆gena desde la guerra de conquista, no desaparecer谩 sino hasta cuando se viva una tal inculturaci贸n del Evangelio que d茅 sus frutos en sus propios ministros, en la reflexi贸n de su fe con sus propios medios culturales, en la celebraci贸n de los sacramentos manifestados con sus propias expresiones 茅tnicas (Ad Gentes 6).

Por esta opci贸n pastoral, nuestra 鈥溾glesia se une por medio de sus hijos a los hombres de cualquier condici贸n, pero especialmente con los pobres y los afligidos, y a ellos se consagra gozosa. Participa de sus gozos y sus dolores, conoce las aspiraciones y los enigmas de la vida y sufre con ellos en las angustias de la muerte鈥 (Ad Gentes 12; cfr Ad Gentes 11. 2).

Esta opci贸n ha tra铆do hostigamiento y ataques, tanto por parte del Estado, como por parte de diversos grupos o sectores privilegiados en el 谩mbito econ贸mico y sociocultural. As铆 se ha tenido que soportar la calumnia y la mentira propagada por los medios de comunicaci贸n social, oficiales y para-oficiales, y sufrir el encarcelamiento de agentes de pastoral, la muerte de catequistas, la intimidaci贸n y aun las denuncias intraeclesiales con manipulaci贸n y enga帽o de gentes sencillas.

En resumen: el llamado descubrimiento de Am茅rica fue un acontecimiento que condicion贸 la vida y la integraci贸n del Nuevo Continente y cambi贸 la historia de nuestros pueblos, as铆 como la de aquellos que nos miraron con ojos de voracidad dominadora y destructiva, como la de los que nos contemplaron con celo apost贸lico para comunicarnos su experiencia de fe introduci茅ndonos por un camino nuevo.

Los beneficios del llamamiento a la fe de Cristo para formar una Iglesia, que como luz enarbolada convoca a los pueblos, son mejor comprendidos, en toda su extensi贸n, despu茅s de 500 a帽os y deben ser cumplidamente agradecidos. Por ello nuestro Romano Pont铆fice, el Papa Juan Pablo II, lanz贸 la idea de un novenario de a帽os de renovada evangelizaci贸n para conmemorar el V Centenario del encuentro de dos mundos; pues el nacimiento de lo que hoy llamamos Am茅rica Latina estuvo 铆ntimamente ligado a la proclamaci贸n del mensaje evang茅lico en nuestra tierra. Y si es cierto que la evangelizaci贸n a veces tambi茅n fue usada como mecanismo para someter a los pueblos a una injusta colonizaci贸n y a la consiguiente depredaci贸n, 鈥渢ambi茅n se debe reconocer que鈥 ha sido mucho m谩s poderosa que las sombras que, dentro del contexto hist贸rico vivido, lamentablemente le acompa帽aron鈥.

I. El proceso pastoral diocesano (1960-1993)

Samuel Ruiz

1.1. Int茅rpretes y confidentes del pueblo

Como int茅rpretes y confidentes del pueblo, sentimos la dificultad de abrir puertas a la esperanza, cuando vemos que la situaci贸n en que vive la mayor铆a es tan penosa y que las estructuras dominadoras son tan persistentes, que aquellos mismos que empe帽an su vida por el cambio, observan que toda la creaci贸n est谩 desviada por la maldad de los perversos. Los mismos que buscan los caminos de justicia se encuentran a las veces tan perturbados y frustrados, que no saben c贸mo actuar y ni siquiera saben qu茅 cosas pedir. Pero sabemos que el Esp铆ritu gime dentro de nosotros con llantos indescriptibles, pero descifrables para el Padre, ante el cual el Esp铆ritu intercede por nosotros (Rom 8, 18-27).

Precisamente en estos momentos es cuando m谩s se requiere una palabra de aliento, que, al mismo tiempo que sea concreta, explique por qu茅 en los cristianos hay esperanza. Hoy queremos apoyar todo lo que hemos hecho y dicho, en su verdadero y 煤nico fundamento: la Resurrecci贸n. El proceso de la Iglesia diocesana, retomado hace 33 a帽os, tiene como fuente la Resurrecci贸n del Se帽or; porque, si Cristo no resucit贸, vano es nuestro trabajo pastoral y vana la fe de ustedes. Este mensaje de la Resurrecci贸n viene a ser como el centro que, a trav茅s de las diversas etapas, nos ha dado esperanza. Porque la Resurrecci贸n es el misterio central de la fe y todo lo que hemos caminado nos lo ha inspirado la fe.

1.2. Evangelizar

鈥淓vangelizar es hacer lo que hizo Jesucristo, cuando en la sinagoga mostr贸 que vino a 鈥榚vangelizar鈥 a los pobres (Lc 4, 18-19). El, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (2 Cor 8,9). El nos desaf铆a a dar testimonio aut茅ntico de pobreza evang茅lica en nuestro estilo de vida y en nuestras estructuras eclesiales, tal como El lo dio. Esta es la fundamentaci贸n que nos compromete en una opci贸n evang茅lica y preferencial por los pobres, firme e irrevocable pero no exclusiva ni excluyente, tan solemnemente afirmada en las Conferencias de Medell铆n y Puebla鈥 (Santo Domingo, n潞 178, 1-3).

1.3. El sufrimiento de nuestro pueblo es el punto de partida

El sufrimiento de nuestro pueblo es el punto de partida de un caminar largo, de un proceso de conversi贸n, de una apremiante interpelaci贸n que se nos lanza desde la mediaci贸n salv铆fica del mundo ind铆gena, (pobre entre los pobres), esperando una inaplazable respuesta evang茅lica.

2. Se pueden distinguir varias etapas en lo que llamamos el proceso diocesano

Samuel Ruiz

2.1. Etapa de renovaci贸n pastoral

Etapa de renovaci贸n pastoral surgida en el postconcilio y apoyada en la pastoral de conjunto de la UMAE (Uni贸n de Mutua Ayuda Episcopal) en la que participaban 25 di贸cesis. En esta etapa se buscaba lograr una Pastoral de Conjunto, llevando a cabo una planificaci贸n con el auxilio de la sociolog铆a religiosa y con la animaci贸n del Movimiento por un Mundo Mejor. Varios organismos eclesiales de M茅xico se entusiasmaron con la idea y la seriedad con que se puso en marcha el movimiento, dado el respaldo que el P. Lombardi s.j. y el propio padre de la Sociolog铆a Religiosa, el Cngo. Boulard, brindaron a este movimiento. Numerosas fuerzas vivas que fueron entonces convocadas, contin煤an activas hasta el momento presente.

En la di贸cesis de S. Crist贸bal de las Casas se organiz贸 el trabajo en equipos, delimitados por zonas homog茅neas. Esta configuraci贸n de trabajo por equipos subsiste hoy d铆a con algunas modificaciones. En este camino as铆 emprendido participaron con nosotros en la Zona Pac铆fico sur obispos guatemaltecos de las di贸cesis colindantes, unidos en el deseo de caminar conjuntamente en la pastoral ind铆gena. El nefasto temblor de Guatemala interrumpi贸 las reuniones que con ellos se ten铆an.

El proceso que la UMAE hab铆a puesto en marcha lo recogi贸 la propia Conferencia Episcopal, al pedir que el equipo de servicios que se hab铆a constituido asesorara al Episcopado Mexicano.

2.2. Etapa de revalorizaci贸n pastoral

La etapa de la revalorizaci贸n de las culturas ind铆genas para desarrollar una pastoral adaptada a las situaciones diversas de las etnias, nace a ra铆z de los Encuentros de Misiones Ind铆genas en M茅xico, y del Encuentro Pastoral de las Misiones en Melgar, Colombia, organizado por el Departamento de Misiones del Celam, en preparaci贸n de la reuni贸n de Medell铆n. Del per铆odo de nuestra presidencia en el Departamento del Misiones del Celam y en la Comisi贸n Episcopal de Ind铆genas en M茅xico, data un compartir de enfoques y experiencias, que favorecieron la comprensi贸n de la tarea misionera. As铆 se fue pasando gradualmente de la 鈥減astoral indigenista鈥 (en manos de agentes extra帽os a las comunidades ind铆genas), a una pastoral ind铆gena (en manos de responsables de las mismas comunidades.

2.3. Etapa de captaci贸n de la dimensi贸n socio-pol铆tica

Esta etapa est谩 marcada por la apertura pol铆tica del pa铆s, cuando les fue posible a los movimientos pol铆ticos ser reconocidos como movimientos partidarios, susceptibles de jugar en las contiendas electorales. Los Obispos de la regi贸n pac铆fico Sur (Provincia de Antequera o Oaxaca) emitimos un Documento Pastoral conjunto, para orientaci贸n de los feligreses de la regi贸n. El Documento, fuera de nuestra pretensi贸n, tuvo un eco nacional y aun internacional importante.

Los partidos pol铆ticos (hasta entonces militantes sin ning煤n registro y desconocidos oficialmente en la pr谩ctica), se lanzaron a los cuatro vientos de la Rep煤blica para recabar los afiliados necesarios para su registro. Nuestra Regi贸n recibi贸 el impacto fuerte de los movimientos y partidos pol铆ticos, que se hicieron eficazmente presentes por encima de las barreras ling眉铆sticas, 茅tnicas y geogr谩ficas. La previa elaboraci贸n de la mencionada Carta Pastoral tuvo una oportunidad prof茅tica que, a m谩s de haber sido de gran utilidad, contin煤a vigente como orientaci贸n en la mayor铆a de sus aspectos.

En esta etapa se enmarca el ineludible compromiso de nuestro acompa帽amiento diocesano a las luchas ind铆genas por la recuperaci贸n de sus tierras y a la reacci贸n cr铆tica ante la euforia del 鈥渕ilagro petrolero鈥 que victim贸 ind铆genas, que trajo tensiones y conflictos, que acarre贸 una campa帽a de desprestigio, que implic贸 represi贸n a los dirigentes ind铆genas y agentes de pastoral que los acompa帽aban en sus esfuerzos y luchas en defensa de su identidad cultural, de su patrimonio y de su sobrevivencia.

2.4. Etapa de los procesos econ贸micos y sociales de la modernidad neoliberal

La modernidad neoliberal, con sus procesos econ贸micos y sociales, no toma en cuenta los elementos propios de la diversidad de los pueblos. Parece que la modernidad los quiere eliminar, como si en vez de un aporte y riqueza humana fueran un estorbo. Dentro de las perspectivas de la nueva evangelizaci贸n, se presenta para la responsabilidad evangelizadora la urgencia ineludible de que se constituya la Iglesia aut贸ctona, que ha surgido a partir de sus procesos hist贸ricos, sociales, culturales, religiosos y de fe.

Nuestra gran motivaci贸n en este proceso es el reclamo de amor y de servicio que Cristo nos hace desde el pueblo sufriente con el cual se identifica. Confesamos que nuestro camino es en la fe, en el seno de nuestra Iglesia, de esa Iglesia que no obstante sus tensiones y limitaciones y a煤n las humanas fallas de muchos de sus miembros, sabe responder al Esp铆ritu que la gu铆a, en las encrucijadas hist贸ricas, trascendi茅ndolas como en el Concilio, en Medell铆n, en Puebla y en Santo Domingo. En ning煤n momento se ha pretendido quedar, ante las situaciones, ni en un reduccionismo espiritualista (evasivo de la historia), ni en un reduccionismo sociologizante sin afirmaci贸n de nuestra trascendencia.

3. Tres aspectos que han acompa帽ado nuestro caminar

Samuel Ruiz

Tres han sido los aspectos que en sus inicios percibimos como paralelos, pero que, al correr del tiempo, la pr谩ctica pastoral los fue conjuntando, hasta llegar a verse como una unidad b谩sica, y que han acompa帽ado nuestro caminar diocesano.

3.1. Encarnaci贸n

Nuestra Iglesia s贸lo puede ser verdaderamente cat贸lica en la medida en que se haga 鈥渢oda para todos鈥 y sea capaz de anunciar la salvaci贸n desde el fondo mismo de la humanidad, como existe en sus formas concretas -las culturas- dinamiz谩ndolas, purific谩ndolas, ilumin谩ndolas y contextualizando en el horizonte de la fe los dones dados por Dios a los hombres, en vistas a la construcci贸n del reino que, haci茅ndose en la historia, se encamina ansiosamente a la realizaci贸n del proyecto divino, sembrado en el coraz贸n del hombre y cuya plenitud se realizar谩 plenamente en la 鈥淧arus铆a鈥.

3.2. Liberaci贸n

Descubrir que la redenci贸n operada en Cristo es una redenci贸n integral que se realiza incoativamente en la historia o con la participaci贸n de los hombres. Este descubrimiento no se llev贸 a cabo como fruto de abstractas reflexiones, sino como resultado del convivir con nuestra gente y constatar su pobreza, su aflicci贸n y la injusticia de que son v铆ctimas. Sentimos el llamado urgente a ser una Iglesia con credibilidad y que anuncia a los pobres la buena nueva.

3.3. Servicio al mundo

Si sabemos que la Iglesia no es fin en s铆 ni se construye para s铆, sino que es enviada al mundo como servidora de 茅l y como humilde pero necesario fermento para la construcci贸n del Reino de Dios, que es justicia, amor y paz; sabemos igualmente que el Reino se inicia aqu铆, aunque su consumaci贸n no es de este mundo. Esto nos impulsa, en el presente, a la tarea evang茅lica de aprender a dialogar con todo aquel que tenga buena voluntad, y a dilucidar tambi茅n evang茅licamente los tiempos de caminar con otros hermanos.

4. Momentos m谩s importantes del proceso diocesano

Samuel Ruiz

4.1. Congreso ind铆gena

En el a帽o 1974 fue invitada la di贸cesis a participar en la realizaci贸n de un Congreso Ind铆gena, realizado el 14 de octubre de 1974 en la ciudad de S. Crist贸bal de las Casas, con motivo de la festividad de Fray Bartolom茅 de Las Casas, 鈥淒efensor de los Indios鈥. Al aceptar la di贸cesis sencillamente pretendi贸 posibilitar que los mismos ind铆genas hicieran p煤blica su voz de tantos a帽os de silencio. Los ind铆genas aceptaron con lucidez la coyuntura y asumieron el reto de responsabilizarse del Congreso e imprimirle el sello de su personalidad. Mil comunidades, que representaban a 400.000 personas, participaron durante un a帽o, durante el cual reunieron las denuncias y los problemas de las cuatro zonas ling眉铆sticas (Ch鈥檕l, Tzeltal. Tzotsil, Tojolabal) en los rubros de tierra, comercio, educaci贸n y salud.

En estas asambleas se fueron eligiendo a los representantes, 鈥渉ombres de buena palabra鈥, es decir, los que son congruentes entre 鈥渓o que dicen y lo que hacen鈥, y que llevar铆an sus proposiciones ante los dem谩s hermanos ind铆genas asistentes.

A lo largo de los tres d铆as que dur贸 el Congreso, fueron exponiendo paso a paso la postraci贸n en que viv铆an, ejemplificando concretamente lo que sufr铆an: abuso en el comercio, explotaci贸n en el trabajo, despojo de sus tierras, destrucci贸n de su cultura, aplastamiento y asesinatos impunes, etc. Su voz fue anal铆tica y denunciante, con datos lacerantes e innegables, al citarse fechas, lugares, personas, hechos. Planteaban l铆neas de justicia y un plan program谩tico y org谩nico. Pidieron que la Iglesia (de la cual saben que no es un partido pol铆tico, ni alternativa pol铆tica, pero que tiene una fuerza social), preste su apoyo y su voz prof茅tica que el Se帽or encarnado en los pobres de Yahv茅 le pide.

Cuando los agentes de Pastoral de la Di贸cesis vimos y o铆mos lo que contaban de su propia situaci贸n los ind铆genas, qued贸 muy claro que nuestro Plan de Pastoral estaba elaborado sin tener en cuenta las aspiraciones, necesidades y esperanzas de las comunidades. Como respuesta a esta interpelaci贸n, se hizo un Plan que tratara de responder en alguna forma desde la fe a las necesidades descritas.

4.2. Opci贸n preferencial por el pobre

El panorama que se descubre en Am茅rica Latina, de pobreza y marginaci贸n, prevalece fuertemente en la Di贸cesis. Recordamos con gran sentido de responsabilidad y fidelidad al Evangelio, la Carta pastoral del 17 de octubre de 1985, donde se hace denuncia a nombre de los cristianos de la Di贸cesis, de la situaci贸n de injusticia que constantemente sufre el pueblo.

Vivimos en Chiapas un gran pesar y preocupaci贸n por la multiplicaci贸n de atentados contra la vida, por el atropello de los m谩s elementales derechos humanos y por la represi贸n de los procesos populares. Como Iglesia diocesana, nos empe帽amos en ser fieles a nuestra vocaci贸n de construir el Reino de Dios, aportando los valores evang茅licos para la humanizaci贸n de la tierra y sirviendo preferentemente a los m谩s pobres. No podemos mantenernos al margen de lo que est谩 sucediendo entre nosotros. Los acontecimientos nos hacen exclamar: 鈥淵ahv茅 ha visto la humillaci贸n del pueblo en Egipto y ha escuchado sus gritos cuando los maltrataban sus mayordomos; yo conozco sus sufrimientos鈥 (Ex 3,7).

Conociendo la realidad dolorosa de nuestros hermanos, los m谩s pobres entre los pobres, optamos por acompa帽arlos, como el buen samaritano, en su b煤squeda eficaz por una nueva sociedad, estructurada sobre la justicia y la fraternidad.

La misma tarea evangelizadora de Jes煤s est谩 marcada por el signo del compromiso con el pobre. El realiz贸 su acci贸n mesi谩nica como 鈥渆l Siervo de Yahv茅鈥 (Cfr Is 41,9; 42; 49,3; 50,3). Es el que ha de venir y no hay que esperar a otro; porque los ciegos ven los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y A LOS POBRES se les anuncia la Buena Nueva (Mt 11, 2-7; Lc 4, 16-22).

S贸lo podremos comprender las bienaventuranzas de Cristo si no ponemos nuestro coraz贸n en las riquezas y estamos dispuestos a compartir fraternalmente los bienes econ贸micos, sociales y culturales con los que carecen de ellos (Lc 6, 20-26). Los hombres son bienaventurados cuando, llevados por el Esp铆ritu de Dios, se solidarizan con los pobres (Mt 5, 11-19).

En un principio, nuestros planes pastorales contemplaban prioritariamente al m谩s necesitado. Pero al ir descubriendo, en la convivencia con los 鈥減obres de Yahv茅鈥, su gran sufrimiento, al vernos obligados por las circunstancias a denunciar los despojos, hubo que hacer, a la luz de una reflexi贸n evang茅lica, una m谩s clara opci贸n por el pobre. No se trat贸 de ning煤n decreto, ni de una mera elucubraci贸n teol贸gica sino de una simple lectura de lo que eran nuestras intenciones y la tendencia de nuestra actividad pastoral ante una realidad lacerante. Fue una decisi贸n evang茅lica apremiante. Sab铆amos tambi茅n que entr谩bamos a vivir el conflicto de la caridad: anunciar desde el pobre un mensaje de conversi贸n al opresor y anunciar al oprimido, con quien Cristo se identifica, un evangelio esperanzador (Santo Domingo 279; 179; 178). A la luz de esta opci贸n diocesana, se revisa la formaci贸n de los futuros sacerdotes, nuestras acciones y actitudes y, en fin, todo nuestro caminar.

Nuestra estructuraci贸n diocesana ha sido cambiante a lo largo de estos a帽os, no 煤nicamente para responder a las demandas del Concilio, sino por el contacto con las comunidades, por la contemplaci贸n de sus situaciones permanentemente conflictivas, y para responder a acontecimientos imprevistos que exig铆an un r谩pido discernimiento.

La reflexi贸n teol贸gico-pastoral que acompa帽贸 a este proceso evolutivo, tuvo tambi茅n coyunturas hist贸ricas favorables para nuestra di贸cesis, pues habiendo participado en todas las sesiones conciliares, tambi茅n estuvimos en la reuni贸n misionera de Melgar, preparatoria de la reuni贸n episcopal de Medell铆n en la que adem谩s tuvimos una ponencia (鈥淟a evangelizaci贸n en Am茅rica latina鈥). Al ped铆rsenos el servicio de la Presidencia del Departamento de Misiones del Celam y, despu茅s, tambi茅n de la Comisi贸n Episcopal de Ind铆genas de la Conferencia Episcopal Mexicana; estas circunstancias nos dieron la posibilidad de enriquecer el caminar diocesano con la reflexi贸n teol贸gica misionera latinoamericana postconciliar, que entonces estaba urgiendo.

5. Logros y formas de trabajo

Samuel Ruiz

5.1. Logros

Es dif铆cil hacer un recuento de los logros alcanzados, porque varios de ellos son resultado de otras instituciones, instancias o personas, que inciden tambi茅n en la vida de las comunidades.

Lo que podr铆amos calificar cono un logro del trabajo diocesano es el paso que las comunidades ind铆genas y campesinas han ido dando para dejar de ser objeto de decisiones de otros y comenzar a ser sujetos de su propia historia. Vale decir que crece en los ind铆genas y campesinos la conciencia de su dignidad alimentada por los valores evang茅licos. Han ido tomando el espacio que les corresponde en la Iglesia y, consiguientemente, tambi茅n en la historia. Gradualmente sienten y viven su propia responsabilidad en la Iglesia a que pertenecen y que les pertenece.

Han ido adquiriendo las comunidades una conciencia cr铆tica, signo de madurez en la fe. Descubren que unidos tienen capacidad para resolver problemas que les afectan. Ha crecido el aprecio a su propia lengua, a sus leg铆timas costumbres y a su identidad cultural. Se han iniciado y llevado a t茅rmino traducciones de la Sagrada Escritura a varias lenguas ind铆genas, hechas por traductores escogidos por las comunidades y con la asesor铆a y responsabilidad 煤ltima de la di贸cesis.

El movimiento de cooperativas y de salud lo han asumido corresponsablemente, iluminados por la reflexi贸n de la Palabra de Dios; se han organizado numerosas comunidades en uniones para el mejoramiento de varios aspectos de su vida: transportaci贸n, cr茅ditos, acciones de salud, etc.

5.2. Formas de trabajo

Todas las formas de trabajo fueron teniendo un proceso evolutivo que fue m谩s notorio o m谩s constante en una de las zonas, y de la cual en forma natural pas贸 a las dem谩s. Fue 茅ste un m茅todo de trabajo en la catequesis que pas贸 del adoctrinamiento (鈥淣opteswanej鈥) a la participaci贸n comunitaria (鈥淭ijwanej鈥). Con este m茅todo se hacen cursos, o para un grupo determinado que los transmite luego a la comunidad, o para comunidades enteras que van agregando su palabra y comentarios, con lo cual se va enriqueciendo para transmitir ese caudal a otras comunidades. Son estos cursos, seg煤n las necesidades y coyunturas: de iniciaci贸n o de profundizaci贸n para la catequesis, de Sagrada Escritura, de animadores, de formaci贸n diaconal, de Derechos Humanos, de an谩lisis de la realidad, de fe y pol铆tica, de salud; se desarrollan a nivel de una comunidad, de una zona o de una regi贸n m谩s amplia.

Sea con una iluminaci贸n de fe, sea con infraestructura de apoyo, se establecen mecanismos para acompa帽ar, de acuerdo a nuestro papel, los procesos, las decisiones o las acciones: peregrinaciones, apoyo a la ley seca, apoyo a grupos de mujeres, orientaci贸n y apoyo en el caso de violaciones a sus derechos humanos. En las giras pastorales, en las visitas y las reuniones, se acompa帽a en las manifestaciones de alegr铆a: en la celebraci贸n de la fe, en las fiestas patronales, en reuniones con representantes de comunidades, sean 茅stas por asuntos especiales, sean para evaluar, organizar o programar encuentros. Con ellos se buscan modestamente alternativas econ贸micas o ecol贸gicas, tratando de que descubran sus propias capacidades y vean los resultados de sus propias acciones.

5.3. Criterios

A la ra铆z de toda nuestra orientaci贸n pastoral est谩 un criterio evang茅lico: anunciar y vivir una fe que conduce a la vida y 茅sta en abundancia (Jn 10, 10); iluminar la articulaci贸n entre la fe y la vida. Es preciso, por ende, discernir a cada paso, si una acci贸n favorece o no la realizaci贸n del Reino de Dios en la justicia, en la verdad, en el amor, en la paz.

Por tanto, toda acci贸n pastoral tendr谩 legitimidad si es liberadora, si respeta las leg铆timas decisiones del pueblo de Dios, si acompa帽a su caminar y favorece al m谩s d茅bil, si se toman en cuenta su cultura, su religiosidad, sus necesidades.

Una labor de acompa帽amiento del agente de pastoral tiene en cuenta los momentos necesarios de su presencia, para no desplazar a la gente del lugar que le corresponde, ayud谩ndolos en su maduraci贸n, para que ellos mismos sean los que decidan, se cuestionen y se eval煤en. Que sean ellos los gestores de su historia. Frecuentemente el pueblo mismo nos se帽ala con sabidur铆a d贸nde est谩 nuestro lugar. La manipulaci贸n, el paternalismo, el suplantamiento, son actitudes antievang茅licas en el fondo.

Importante es reconocer y respetar el lugar que corresponde a la gente en sus decisiones c铆vico-pol铆ticas. Bien sea que, iluminados por la fe, tomen los cristianos sus decisiones pol铆ticas, no debemos como agentes de pastoral ni encabezar sus organizaciones, ni inducir nuestra direcci贸n. Un acompa帽amiento informativo, iluminativo o de apoyo a las acciones justas que se emprendan, es conforme a nuestro papel.

5.4. Desaciertos

Son muchos aquellos desaciertos que hemos cometido en nuestro peregrinar pastoral.

Nuestras primeras acciones, a帽os antes del Concilio Vaticano II, fueron destructivas de la cultura. Ten铆amos 煤nicamente nuestro criterio para juzgar de las costumbres, encajonando nuestro juicio desde un etnocentrismo y un moralismo, actitudes lamentablemente generalizadas en esa 茅poca. Suplieron nuestras deficiencias nuestras actitudes de compasi贸n y amor hacia el ind铆gena, y el haber estado en medio de ellos.

No pudimos a tiempo dilucidar, detr谩s de la bondad del ind铆gena y de su religiosidad multitudinaria, la dominaci贸n que sobre 茅l ejerc铆a el mestizo en lo econ贸mico, en lo pol铆tico, y a煤n manipulando lo religioso para facilitar su despojo. Sin haberlo descubierto, ni menos analizado, estuvimos del lado de quienes lo oprim铆an juzgando que a trav茅s de ellos y de una ficticia buena voluntad podr铆amos lograr algunos cambios.

No hemos logrado encontrar (si lo hay) un m茅todo pedag贸gico para llegar al coraz贸n de quienes geogr谩ficamente cercanos al ind铆gena y al campesino, le est谩n lejos en el coraz贸n. Numerosas formas y actividades experimentadas en diferentes latitudes de la di贸cesis, tienen ef铆meros efectos. La conversi贸n del llamado 鈥渃axlan鈥 o mestizo, tiene que pasar, en algunos casos, por una restituci贸n que supone la salida de todos ellos de la comunidad, por haberse adue帽ado de casas y terrenos indebidamente. Vemos que en no pocos mestizos se va haciendo claridad en sus corazones, como tambi茅n vemos en otros un endurecimiento. La presencia del pobre, su captaci贸n profunda de los misterios de Dios que se revela a ellos, m谩s que a los letrados (Lc 10, 21), ha provocado el celo y la sensaci贸n de que est谩n quedando fuera de la Iglesia, a la cual conocieron y en la cual vivieron como un lugar de culto, sin ning煤n compromiso en el seguimiento de Jes煤s y sin preocupaci贸n por el hermano (Lc 16, 19-31).

No hemos aprovechado suficientemente la religiosidad popular para captar su escondido y profundo sentido liberador.

Los frecuentes cambios de personal por parte de las Congregaciones Religiosas afectan el seguimiento de los procesos evangelizadores y la participaci贸n en un trabajo de equipo.

Los acontecimientos se suceden a veces vertiginosamente, sintiendo la incapacidad de responder a las consecuencias que acarrear谩n sobre el pueblo. Las leyes agrarias recientemente reformadas a prop贸sito del Tratado de Libre Comercio, afectan muy negativamente a las comunidades campesinas; pero no alcanzamos a atisbar alternativas que puedan serles propuestas.

En esta hora de gracia,

Mensaje de la Di贸cesis de San Crist贸bal de las Casas

SALUDO FRATERNO

鈥淏endito sea Dios, Padre de Cristo Jes煤s nuestro Se帽or, el Padre siempre misericordioso el Dios del que viene todo consuelo, el que nos conforta en todas las pruebas por las que ahora pasamos, de manera que tambi茅n podamos confortar a los que est谩n en cualquier prueba, comunic谩ndoles el mismo consuelo que nos comunica Dios a nosotros鈥.

鈥淧orque as铆 como tenemos una parte grande en los sufrimientos de Cristo, por medio de Cristo recibimos tambi茅n un gran consuelo. As铆, cuando nos encontramos en alguna prueba, es para que ustedes tengan el consuelo al soportar pacientemente los mismos sufrimientos que padecemos nosotros鈥 (II Cor. 1, 3-6).

2. ACONTECIMIENTOS 脷LTIMOS

A primeras horas de este d铆a 19 de diciembre de 1994, cuarta semana de adviento, (tiempo en que en esp铆ritu de penitencia la vez que de alegr铆a, celebramos el nacimiento de Cristo Jes煤s en la historia), tuvimos conocimiento por los diferentes medios de comunicaci贸n masiva, de acontecimientos extremadamente preocupantes: Municipios que se declararon como territorio en rebeld铆a; Presidencias Municipales ocupadas sin derramamiento de sangre ; tomas e irrupciones de carreteras en distintas partes del estado, aparici贸n de gente armada, declaraciones, banderas y s铆mbolos que los identifican como pertenecientes al EZLN.

Los comunicados del EZLN de este d铆a 19, emitidos como partes de guerras, no dejan lugar a duda sobre el sentido del 鈥減osicionamiento鈥 en 38 municipios del estado.

3. GRAVE APRECIACI脫N

La lectura de estos acontecimientos a la luz del m谩s sencillo an谩lisis, dentro del marco de la explosividad que se vive en el Estado y sumados a los preparativos b茅licos que se registran, nos hace ver ya un deslizamiento de nuestra entidad y del pa铆s por el plano inclinado de una guerra y de una violencia irreversibles.

Queremos que no se haga inevitable una guerra etnocida, a la vez que fraticida. Y la guerra no se evita 煤nicamente con la proclamaci贸n de que optamos por el di谩logo y por la paz, sino manifestando la disposici贸n para el intercambio y la escucha, m谩s all谩 de posiciones de fuerza. Se debe actuar desde las razones, sin que se les de viabilidad hist贸rica porque s pudieron imponer por el camino de los hechos consumados.

4. UN SIGNO CONVOCADOR

Reflexionando ante el Se帽or COMO HOMBRE DE FE Y COMO PASTOR DE UNA GREY, en la que puede graficarse la geograf铆a de la marginaci贸n en grados extremos ya conocidos; sabedor y testigo de la interpelaci贸n que se hace al sistema y que proviene de los procesos en marcha, donde hay actores conscientes de su corresponsabilidad hist贸rica y habiendo percibido en unas y otras instancias, afirmaciones y actitudes pacificadoras junto a una incongruencia entre dichos y hechos, entre afirmaciones y errores no rectificados, as铆 como tambi茅n convergencia entre los diferentes actores interesados en la paz,

EN PLENO DOMINIO DE MIS FACULTADES Y CON ENTERA LIBERTAD, DECIDO RECURRIR A LA FUERZA DE LA PENITENCIA Y DE LA ORACI脫N, INICIANDO EL D脥A DE HOY UN AYUNO DE CAR脕CTER PERMANENTE EN LA CATEDRAL EN LA CATEDRAL DE LA DI脫CESIS DE SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS, CATEDRAL DE LA PAZ, INVITANDO A MIS HERMANOS OBISPOS A SUS IGLESIAS, Y A TODOS LOS CREYENTES A SUMARSE EN ESTE ACTO PENITENCIAL, PARA PEDIRLE A DIOS QUE MUEVA A TODOS LOS ACTORES IMPLICADOS EN ESTE CONFLICTO, A BUSCAR CAMINOS DE ENTENDIMINETO QUE CONDUZCAN A PACTAR UN BIEN CIMENTADO CESE AL FUEGO A FIN DE QUE SE LLEGUE, DE COM脷N ACUERDO, AL ESTABLECIMIENTO DE CONDICIONES Y CONTENIDOS QUE PERMITAN LA PARTICIPACI脫N Y LA ESCUCHA MUTUA EN LOS PR脫XIMOS DI脕LOGOS POR LA PAZ Y LA RECONCILIACI脫N CON JUSTICIA Y DINGIDAD.

El ayuno lo queremos asumir en su significado radical: como penitencia y purificaci贸n; como protesta por el hambre obligada de nuestros hermanos; como oraci贸n a Dios para que purifique nuestros corazones; como instrumento de lucha contra el mal; como reclamo de justicia y encaminamiento hacia una sociedad fraterna; como un llamamiento para desencadenar el m谩s amplio nivel una serie de acciones que apremien principalmente a los actores mayoritariamente responsables de generar la justicia; como recordatorio de la causa de la justicia; como signo de que la paz no podr谩 alcanzarse jam谩s por los caminos de la violencia, si no por aquella donaci贸n de s铆 que construye la justicia y hace hist贸ricas las exigencias de fraternidad.

5. CONSUELO Y ESPERANZA

Recurrimos a la intercesi贸n valiosa de Mar铆a para que acuda presurosa a la monta帽a (Lc.1, 39) y escuche, como lo prometi贸 a Juan Diego en el Tepeyac, las penas y sufrimientos nuestros.

Si la navidad nos trae a帽o con a帽o un mensaje de verdadera paz, 驴ser铆a esta Navidad para nosotros, en Chiapas y en el Pa铆s, portadora de realidades y acciones contundentes a la guerra? 驴Se ver谩 nuevamente ensangrentado nuestro territorio?

Esperamos, muy por el contrario, que esta oportunidad hist贸rica de continuar por los senderos del entendimiento y de la concordia, haga en Chiapas el modelo visible de un Estado y de un Pa铆s donde todos los corazones en concordia sean la fundamental inversi贸n para que recojamos frutos de paz.

Lanzamos un apremiante llamado a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para que con su solidaridad logremos que se conjure la guerra y se establezca una paz verdadera.

Obispo de S. Crist贸bal de L.C., Chiapas

19 diciembre 1994

Samuel Ruiz. Carta Pastoral: En esta hora de gracia (PDF)




Fuente: Radiozapatista.org
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