February 3, 2022
De parte de SAS Madrid
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“Me retiraron con 6 años y prácticamente estuve toda la vida en tutela y a los 18 la Junta de Andalucía me pone con una maleta en la calle. Nunca se han preocupado por mi hasta que me quedé embarazada de mi primera hija de 16 años. Ahí empezaron a aparecer por primera vez los los trabajadores sociales para retirarme a mi hija”, empieza su relato Sara Casas, hoy con 37 años, 12 de ellos bajo el sistema de protección del menor de la comunidad donde nació, Andalucía. A ella la “retiraron” (como llama al proceso de retirada de tutela de los padres) porque su madre entra en prisión. “Ella tenía problemas recurrentes con las drogas”, y como su padre no podía hacerse cargo ni de Sara ni de sus dos hermanos, desde entonces quedaron separados para siempre durante su infancia y su adolescencia.

 Sara, aquella niña del sistema de protección y tutela es hoy una madre que sufre ahora que sus 4 hijos hayan acabado también bajo el mismo paraguas del área de menores en desamparo de la Junta de Andalucía. Tiene grabado todo el proceso que ella sufrió y que han acabado “heredando” sus hijos.

“Cuando me fui haciendo mayor me iban pasando de centro en centro, la relación con los educadores fue sangrante. Me pegaban, me medicaban a la fuerza, estuve atada durante 4 o 5 días en una silla, me ponían en una habitación de aislamiento me duchaban con agua fría cuando me veían un poco alterada fuera verano o invierno, les daba igual, y la verdad que mal; sobre todo los malos tratos que se sufren en los centros de menores, que nadie lo ve“, asegura que en alguna ocasión le daban “hasta 13 pastillas en un solo día por mi conducta” .

Asegura que nunca se integró en el sistema de educación reglado: “Yo no iba al instituto, no tengo ni graduado escolar, sé leer pero no tengo estudios ni nada”, denuncia e insiste en todo momento en que su paso por estos centros públicos no le ha servido de nada para mejorar y que la han condenado a seguir la misma senda de los problemas que arrancaron en su infancia con sus padres.

“Nos separaron a los tres hermanos en sitios diferentes, tampoco teníamos visitas, era muy rígido todo, no teníamos contacto entre los hermanos ni hacía nada para que los hermanos estuviéramos unidos. No teníamos visitas, yo estaba totalmente aislada del mundo aunque la familia preguntaba por mí la Junta no quería porque no querían que yo contara lo que pasaba dentro. Me llegaron a pinchar, a atarme. Si te llamaba un familiar estaba siempre una trabajadora al lado a ver lo que decías y si no le gustaba luego te la ganabas. Me tuvieron incluso en aislamiento“, recuerda con amargura, y sobre todo a raíz de los 14 años cuando la llevan “al centro Dulce Nombre de María, de Málaga, un centro de correción donde estuve hasta los 18 años, me metieron allí por mis problemas de conducta me dijeron. Me llegué a fugar tres días y ni me buscó la policía”, detalla como ejemplo de la “falta de seguimiento e los menores que están en teoría bajo protección pública”.

“A los 18 años me ponen en la calle y tuve que sobrevivir durmiendo en portales o en salas de espera de hospitales”

“A los 18 me dicen que ya no puedo pertenecer al servicio de protección de menores, no me dan solución, no se preocupan en ningún momento y me ponen en la calle, sin estudios ni saber nada, ni freír un huevo, yo en ese momento estaba perdida, tuve que sobrevivir como pude, les da igual pero cuando te quedas embarazada si se preocupan de ti, antes no. Dormía donde me pillaba, en portales, en salas de espera de hospitales, hoy aquí y mañana allí, sobrevivía como podía“, describe en el despacho de su abogado, al que ha acudido a pedir ayuda, una vez más.

Fue salir de los centros protección y no poder acudir a nadie, como suelen hacer otros muchos “hijos” del sistema, que en la mayoría de los casos vuelven al cumplir la mayoría de adad a los mismos entornos familiares de los que fueron retirados. “Cuando salí, mi madre seguía en la cárcel y mi padre había fallecido cuando éramos pequeños, al poco tiempo de retirarnos. Mi hermano mayor estaba en Barcelona. A nosotros nos retiraron porque mi madre estaba constantemente en prisión por sus problemas con la droga“, añade.

“Era imposible encontrar trabajo. Me quedé embarazada y entonces aparecen los servicios sociales”

De los 18 a los 20 años los pasó casi enteros sobreviviendo en la calle. “Era imposible encontrar trabajo, me pedían estudios, el Graduado, y dónde vas sin formación ninguna”, dice esta madre treintañera, que relata detalle a detalle toda una vía cargada de desafectos.

“Me quedo embarazada y en el momento que voy a la primera consulta ya me llaman los servicios sociales y ya me dijeron: ‘Uy, estás en una situación precaria’, y me contaron que me iban a ayudar porque decían que la niña no podía estar allí. No teníamos luz y agua, nosotros vivíamos en unas naves. Ellos prometían ayuda y nunca cumplían, estaban haciendo tiempo para retirarme la niña. Desde que doy a luz viene la trabajadora social y me dice: ‘ya sabes lo que te va a pasar, que la niña va a ser retirada’. Entonces firmé un alta voluntaria y estuve en paradero desconocido. Después nacen los mellizos e igual, salí del hospital, pero ya en 2006 me retiraron a los 3 cuando estaba en la casa de acogida para víctimas de violencia machista, un lugar donde me había refugiado después de denunciar cuando perdí el miedo a mi anterior pareja que me maltrataba”; y fue ahí desde donde se llevaron a sus hijos.

“Al poco tiempo de la niña nacen los mellizos y querían quitármelos desde el hospital, pero pedí el alta voluntaria. Me fui después de una cesárea por miedo a que me quitaran otra vez a mis hijos. Me quedo en paradero desconocido, entonces tenía una pareja que me agredía y no podía denunciar por miedo para que no me retiraran a mis hijos. Pero ya era insoportable y decido denunciar porque ya no aguantaba más la situación. Voy a una casa de víctimas de violencia de género y es cuando la Junta se lleva a mis niños, dos niños de 13 meses entonces y dos años y medio la mayor. Me los retiran y empiezo a luchar por ellos. Esos niños van a una familia de acogimiento permanente y después esa familia los lleva a un centro de menores, cuando se supone que tendrían que haberlos llevado a una familia que les diera calidad de vida”.

Su cuarto hijo, también retirado, con “una enfermedad grave”

“En 2013 nace mi hijo, el último, al parecer bien, pero a los 5 meses le diagnostican una enfermedad grave y le dan una esperanza de vida de 3 años. La Junta dice que para qué iban a tener a un niño si se iba a morir en 3 años en un centro. Me lo dejan y el año pasado, el 28 de agosto por una negligencia médica, a parte del seguimiento que yo tendría, que te informan solo a posteriori cuando te retiran al niño, pues en la actualidad tengo a los 4 niños retirados”, lamenta.

Sus cuatro hijos están ahora separados en cuatro centros diferentes en puntos relativamente alejados de la geografía andaluza. Su calendario de visitas tampoco le facilita tener un contacto cercano. “Me han llegado a poner visitas a distintos hijos el mismo día a la misma hora. Al pequeño lo puedo visitar una hora a la semana, a los dos medianos una hora cada 15 días y a la mayor una vez al mes porque acaba de entrar a un centro y está en período de adaptación,” enumera sentada junto a su abogado, José Antonio Bosc Valero. “Mis muletas“, dice Sara sobre él, que le ha acompañado desde el inicio de su batalla para recuperar a sus hijos desde 2006, el año que se los retiraron. Desde entonces tiene todo documentado en su despacho.

La hija mayor ha sido víctima de dos episodios de abusos sexuales

“Ha sido abusada sexualmente por el padre de acogida, desde los 8 años, ha sido maltratada física y sexualmente por él. Ella tiene 16 años ahora mismo. Después, estando en el centro ha sido también abusada por un hombre que está en prisión, pero lo que yo no entiendo es que si la niña esta tutelada ¿por qué no hay nadie que se de cuenta? Es una menor tutelada ¿Cómo pueden abusar de la niña sin que nadie se de cuenta? Ahí nadie hace nada”, exclama Sara, que explica que su hija estaba en un centro abierto, que en una salida conoció a ese hombre y que no volvió ese día a dormir, que nadie la buscó mientras y que al día siguiente volvió “con ese abuso sexual”.

Sara está muy afectada, no entiende como ha podido suceder: “Falla el seguimiento de las menores tuteladas, un protocolo, ahí nadie hace nada. Con decir que es un centro abierto lo tienen todo arreglado pero falla la Junta, algo para vigilar a estas niñas que son adolescentes, que no sabes por dónde te van a salir y gracias a dios que no ha pasado nada más gordo, porque apareció al otro día y nadie la buscó, la trajo la Guardia Civil”, añade.

“La niña está mal, tiene que tomar hasta tratamiento para dormir, está yendo a salud mental por la ansiedad tan grande que tiene de todo lo que ha vivido”, dice con preocupación y en contacto siempre que puede con las trabajadoras sociales del centro que le cuentan cómo evoluciona. Sus hijos cumplirán este año 17 años, 16 los mellizos y 8 el pequeño. “Voy a seguir peleando para recuperarlos, no voy a parar”, dice con fuerza .

“José Antonio, el abogado, ha sido mis muletas desde el principio para seguir luchando desde 2006. Mi idea es que a nivel legal paguen lo que han hecho con mis hijos, el daño emocional, el maltrato, estar informada a nivel legal de todo lo que se puede hacer. Pido justicia para mi hija que ha sido abusada, también para los otros, pero más por ella. He venido porque quiero poder una denuncia contra la Junta, quiero acabar con esto lo antes posible. Denunciar a la Junta y a los padres de acogida, porque si eso a mi hija le pasa conmigo el Ministerio Fiscal iría contra mí, pero pasa en un centro de acogida y nadie hace nada, que paguen lo que han hecho con mis hijos“. Por eso acude de nuevo al despacho en el que la conocemos, esta vez movida por el último abuso a su hija, para a estudiar la posibilidad de emprender medidas legales.

Aunque su abogado apostilla de vez en cuando que “no se los van a entregar hasta que no cumplan los 18 años”, ella lleva 16 intentando recuperar a sus hijos. “Me animan ellos, los niños tienen derecho de vivir ya conmigo. La fuerza que yo tengo ahora mismo me la da mi pasado, de saber lo que se vive ahí, lo que no quiero es que mis hijos vivan lo que he vivido, que no vivan el infierno que yo he vivido, es lo que me mantiene en pie . Como yo conozco los centros y se lo que se vive de puertas para adentro, porque de puertas para fuera lo puedes ver muy bonito. Eso es lo que me impulsa a seguir esta batalla, y voy a seguir”.

“Si se vienen conmigo, yo intentaría darles estudio y lo mejor que pueda para ellos“, afirma.

También está estudiando con su abogado denunciar un presunto maltrato a su hijo mellizo en otro centro, en el que hace un mes afirma que fue testigo de esos hechos. “El mellizo de 16 años está internado en Córdoba y queremos denunciar porque ha sufrido maltrato. Es un centro psicopedagógico, porque es un niño con trastorno psicológico. Le han maltratado, le han pegado y le han pisado la cabeza, eso lo he visto yo, llegué antes del ahora y vi a mi hijo tirado en el suelo y vi a los educadores pisándole la cabeza, hemos pedido las cámaras y todo”, eleva el tono Sara.

La entidad de tutela niega que los hechos se produjeran de esta manera y en declaraciones a la SER asegura que “se produjo una contención emocional por parte de un educador, se revisaron las cámaras y la Junta no vio ninguna irregularidad, de hecho felicitaron al educador por la intervención”, afirman desde la ONG cordobesa.

“Ellos van a salir igual que yo, estamos repitiendo la historia”

“Ahora mismo no tienen estudios, ninguno. Han ido al colegio a ratos, ellos me dicen que iban y hacían los que les daba la gana, no había un tutor que les obligara a ir al cole o al instituto. Ellos van a salir igual que yo, lo que estoy viendo es que están igual que yo, porque si no tienen estudios, formación ni nada estamos repitiendo la historia. Esos niños cuando salgan van a salir igual que yo”, repite preocupada ante la falta de una programación educativa para sus hijos en estos centros designados por la Junta de Andalucía y con el temor en el horizonte de que sus hijos sigan la cadena de tutela si en el futuro tienen también descendencia.

“Yo quiero a mis hijos, quiero recuperar a los cuatro, tengan el problema que tengan, yo no voy a parar de luchar, sé que va a ser complicado y difícil pero no me importa, no quiero tener a mis hijos en centros de protección o pisos de tutela, estoy intentando recuperar a los 4 y que no sufran lo que ya han sufrido, que ya está bien“, reclama Sara mientras se ajusta la mascarilla de color negro. Ahora mismo no tiene trabajo. “Limpio escaleras o voy a alguna casa que me conocen a ayudar o me hacen contratos cortos porque la cosa esta fatal, pero eso no impide que pueda atender a mis hijos tanto económicamente como físicamente. Tengo casa”, añade.

Tantos años de batalla contra el sistema le hace tener un discurso muy sólido para cuestionar su funcionamiento desde que se ponen en marcha los procesos de retirada de un menor a sus padres. “Lo que no veo bien es que cuando te retiran al niño te lo puede quitar una trabajadora social, sin pasar por juez o fiscal, eso es solo a posteriori”, lamenta.

Bosch Valero, un abogado con más de 50 casos de experiencia en defensa de la infancia tutelada y de sus familias

“En esos procedimientos de menores te pueden retirar a tu hijo sin pasar por el juzgado. Una vez que te los retiran es cuando la madre o el padre puede acudir a que se revise, cuando acude Sara aquí es porque le quitan los menores con una resolución administrativa. Como abogago le pides al juez que revise esa decisión, vas al juzgado con una pobre de solemnidad y demostrarle al juez que están en desacuerdo con lo que dicen los servicios sociales, pero casi nunca suelen devolver a los niños a sus padres, en menos del 5% de los casos”, alerta José Antonio Bosch Valero, jurista sevillano del despacho Bolonia Abogados.

El letrado de Sara no solo cuestiona el procedimiento, sino el propio sentido del sistema actual de tutela. “Cuando llegamos con Sara al procedimiento, sé que no es una mujer perfecta pero le quitan los niños porque no hay garantías suficientes para hacer de ellos ciudadanos de pro, a una madre que la retiraron por lo mismo y habiendo estado desde los 6 a los 18 en el sistema sale sin oficio ni beneficio, me arriesgo a aventurar que a ellos, a los hijos de Sara, les pasará lo mismo”, alerta Bosch Valero.

A medida que empieza a detallar cronológicamente el caso de Sara va cuestionando la finalidad y sobre todo el resultado que este sistema de protección de menores está generando en estos niños que pasan por él. ”¿De qué estamos hablando? ¿Los aparcamos en centros? Sara es la muestra de que el sistema no funciona. Me pueden decir que soy un demagogo, que es un caso excepcional, pero no pueden decir que funciona de maravilla porque no nos facilitan los datos de qué pasa con esos niños una vez que salen del sistema. ¿Han estudiado? ¿Trabajan? ¿Han vuelto ellos o sus hijos a los servicios sociales? Hasta que no tengamos esto no podemos decir que el sistema funciona y nunca nadie da datos de esto“, remata.

A los 18 años a la calle

“Eso de poner a los niños en la calle a buscarse la vida al cumplir la mayoría de edad es otro fallo del sistema. Mientras no nos digan lo que ha pasado con ellos durante su tutela y con los 1.000 niños que solo en Andalucía se pueden poner en el mercado al cumplir los 18 años. La cuestión es, ¿alguien hace el seguimiento?”, denuncia este veterano en la protección de la infancia en desamparo.

Bosh Valero recuerda tanto la normativa española como la internacional que prioriza el derecho fundamental de los niños de crecer “en el calor de sus padres , no soy naif , pero inténtelo usted administración , intervenga usted en el seno de la familia . No se lo que le costó al sistema Sara y sus hermanos pero si se hubiese intervenido en la familia seguramente se habría invertido menos y no la tendrían que haber retirado de su familia “ cuestiona.

La ONU dice en sus informes anuales que en nuestro país hay un exceso de niños internados en centros de menores. “¿Cuántos? No hay datos. Habría que leer el boletín de cada comunidad autónoma para intentar averiguarlo“, denuncia Bosch Valero, aunque la estimación referente es que en España hay 40.000 niños tutelados por las comunidades autónomas, que son las competentes en materia de protección de menores . De ellos, 23.000 están en centros y 17.000 en acogimiento familiar.

La reacción de la Junta de Andalucía

Después de escuchar el testimonio de Sara en la Cadena SER, la Junta de Andalucía se ha pronunciado en un primer momento sobre el caso en tono más dudoso sobre los hechos de lo que lo hecho después. Así, la consejera Rocío Ruiz argumentó que es un caso poco común: “Es un caso aislado, es la versión de esta señora, que tendrá que demostrarlo porque tengo que decir que los casos que ella comenta de sus hijos no se han producido, no es cierto”. Ruiz también defendió la labor “excelente” de los profesionales del sistema de protección de menores y que el sistema de protección de Andalucía “es uno de los mejores de España”.

Posteriormente, fuentes de la Consejería de Políticas Sociales de la Junta de Andalucía sí confirmaron a la SER “que una vez que la niña verbalizó los presuntos abusos la Junta puso en conocimiento los hechos en manos de la Fiscalía, como marca el protocolo se retiró a la menor de esa familia de acogida y se están investigando los hechos”, afirman estas fuentes oficiales en referencia al presunto abuso del que fue victima la hija mayor de Sara por parte de su padre de acogida .

Estas fuentes afirman que hasta ese momento los informes técnicos de seguimiento ”no habían reflejado reflejado” esos presuntos abusos . Añaden estas fuentes que “ha sido recientemente, en enero, cuando saltaron los hechos” y por eso la Junta se puso en contacto con la Fiscalía.

Sobre la segunda presunta agresión que Sara denuncia sobre su hija, la de otro hombre, en una salida de la menor del centro de protección donde se encuentra, la Junta “no tiene información de momento”, aseguran .

Enlace relacionado CadenaSer.com (02/02/2022).




Fuente: Sasmadrid.org