October 4, 2021
De parte de Portal Libertario OACA
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S铆, Schopenhauer, aquel sujeto hura帽o, retra铆do, antip谩tico, ce帽udo, fiero, petulante, engre铆do, presuntuoso, belicoso, ir贸nico, resentido, cascarrabias, antisociable, reaccionario y, para terminar de engordar la lista, mis贸gino y mis谩ntropo fue el que, a partir de una intuici贸n, descubri贸 a la voluntad como cosa en s铆; sobre su persona, filosof铆a e influencia es de lo que tratar谩 el siguiente trabajo, pero  antes de ir m谩s a fondo en ello en esta reflexi贸n te贸rica, se revela imperioso decir algo, por m铆nimo e 铆nfimo que sea, acerca de su biograf铆a y obra.

Vida y obra

El nacimiento de Arthur Schopenhauer se produjo en Danzing el 22 de febrero de 1788. Creci贸 en el seno de una pr贸spera familia. Sus dos progenitores se dedicaban, y con 茅xito, al comercio en Danzing. Heinrich Floris Schopenhauer, su padre, era un rico comerciante; cuando Danzing, Gdansk hoy d铆a, que por ese tiempo era una ciudad que gozaba de relativa independencia, fue sitiada y, en consecuencia, cay贸 en manos de los prusianos en 1793, Floris, indignado en grado sumo por dicha intromisi贸n, consider贸 pertinente desplazarse junto con su familia y negocios a Hamburgo, esto, en t茅rminos pecuniarios no represent贸 mayor ganancia, s铆 p茅rdidas. Su padre, que fue un hombre eminentemente pr谩ctico, era bastante culto. Admiraba a Voltaire; ten铆a un concepto muy positivo de Inglaterra, pues consideraba aquel pa铆s como suelo propicio para los que,       como 茅l, buscaban con esp铆ritu 谩vido la libertad y el libre ejercicio de la inteligencia. Hizo todo lo posible para que su hijo aprendiera m谩s de un idioma. Por ello lo puso a estudiar ingl茅s y franc茅s. El hubiera querido, pero las circunstancias adversas no lo permitieron, que Schopenhauer hubiese nacido en Inglaterra.脡l anhelaba que el joven siguiera sus mismos pasos, a saber, que se convirtiera en un exitoso comerciante. Para agradarle, decidi贸 convertirse en un empleado de una casa comercial. Pero siempre le aterr贸 la idea de permanecer por mucho tiempo en un ambiente as铆; su gran anhelo era entregarse por completo, como su madre,  a la vida literaria y acad茅mica. Por lo que la muerte de su padre 鈥攕e especula que por suicidio鈥 aunque dolorosa supuso para 茅l un alivio enorme, ya que debido a ese tr谩gico suceso no se ver铆a obligado a transformarse en un ordinario comerciante. Su madre, Johanna Henrietteera, que a帽os m谩s tarde se convertir铆a en una gran literata de esp铆ritu ind贸mito, era mucho m谩s tolerante que su padre y no se opuso en absoluto a los deseos y sue帽os de su hijo, es m谩s, hasta lo anim贸 para que estudiara lo que a 茅l le pareciera m谩s adecuado y pertinente. Esto quiz谩 puede inducir a pensar que am贸 m谩s a esta que aquel, sin embargo no fue as铆. De su padre, aunque fue un sujeto un poco autoritario y ego铆sta, siempre conserv贸 un hermoso recuerdo, mas no as铆 de su madre con la que tuvo toda su vida una relaci贸n ca贸tica, su aversi贸n a las mujeres seguramente tuvo su origen y g茅nesis en esa relaci贸n poco afortunada con ella.

Schopenhauer en verdad fue un hombre muy culto, pero siempre estuvo muy lejos de ser un buen ser humano. Seg煤n Copleston:

La cultura de Schopenhauer lleg贸 a ser muy extensa y su calidad literaria era indiscutible. Fue una persona de car谩cter y nunca temi贸 expresar su opini贸n, Estaba dotado de buen sentido pr谩ctico, pero era ego铆sta, vanidoso, molesto y, en ocasiones, grosero (Copleston, 2007). 

Y contin煤a diciendo: 

No puede decirse que fuera una persona generosa. Sus relaciones con las mujeres no respondieron exactamente a lo que se espera de un hombre que habl贸 con tanta elocuencia sobre asuntos 茅ticos, asc茅ticos y m铆sticos; sus editores suprimieron varios comentarios suyos sobre el sexo femenino. Por otra parte, su sensibilidad te贸rica frente a los sufrimientos de la humanidad no fue acompa帽ada de esfuerzo pr谩ctico alguno para reducirlos. Como 茅l mismo observ贸, es tan necesario que un fil贸sofo sea santo como que un santo sea fil贸sofo. Mientras que como persona no puede consider谩rsele como uno de los pensadores m谩s simp谩ticos, su talento literario, en mi opini贸n, es innegable (Copleston, 2007).

Un estudiante inconforme y rebelde

En 1811 asisti贸, con la clara intenci贸n de dar mayor amplitud a su saber filos贸fico, a los cursos impartidos por Fichte y Schleiermacher en la Universidad de Berl铆n; esto, en todo caso, en vez de incrementar su amor por el idealismo y el romanticismo alemanes, en boga en aquel tiempo, lo que en realidad hizo fue desarrollar una cierta animadversi贸n y desprecio incre铆bles hacia esas teor铆as y sistemas filos贸ficos. Dado que tales posturas, a pesar de lo populares que eran en los c铆rculos eruditos de su tiempo, no lograron convencerlo ni en lo m谩s m铆nimo, en adelante rechazar谩 las ideas filos贸ficas de sus antiguos profesores, de quienes se expresar谩 de una forma que sobrepasa lo irreverente.

Combati贸 con todas sus fuerzas las ideas del fil贸sofo alem谩n Georg Wilhelm Friedrich Hegel, al que consideraba como su m谩s enconado rival 鈥攏o se sabe si aquel lo haya visto a 茅l del mismo modo鈥 y con el que quiso competir poniendo sus clases a la misma hora, pero sin 茅xito alguno, por considerarlas absurdas y en nada superior a la mera charlataner铆a; la tesis de que 鈥todo lo real es racional鈥 la consideraba como una tonter铆a de proporciones inabarcables. Suscribi贸, en algunos puntos, con la l铆nea de pensamiento del fil贸sofo alem谩n Immanuel Kant, pero le hace cr铆ticas devastadoras, ojal谩 tomaran nota de esto los seguidores de Bueno, para que no s贸lo se dediquen a aplaudir las ideas de su maestro sino a refutarlo, de ep铆gonos est谩 lleno el mundo acad茅mico. De hecho, en su obra magna, El mundo como voluntad y representaci贸n, le dedica un amplio ap茅ndice a la filosof铆a de aquel, de lectura obligatoria si se quiere entender el debate constante que mantiene en su libro con Kant.

Libros

Entre sus principales obras se pueden destacar las siguientes: Sobre la cu谩druple ra铆z del principio de raz贸n suficiente escrita en 1864, Sobre la visi贸n y los colores en 1854. El mundo como voluntad y representaci贸n en 1819, Sobre la voluntad en la naturaleza en 1854, Los dos problemas fundamentales de la 茅tica 1841 y Parerga y paralip贸mena en 1851. De todas estas, s贸lo la 煤ltima le dio renombre y mucha fama mientras viv铆a. Una cosa que se debe resaltar sobre estas obras es lo bien escritas que est谩n, y lo cierto es que las escribi贸 un fil贸sofo no un literato.

El fil贸sofo como escritor

Todo fil贸sofo 鈥攕i en realidad quiere que su pensamiento sea consumido no s贸lo por eruditos y fil贸sofos profesionales, sino que adem谩s por el p煤blico general鈥 deber铆a ser un buen escritor. Todo el que haya le铆do la obra de Descartes, padre merecidamente de la filosof铆a moderna, podr谩 f谩cilmente asentir con la oraci贸n que da inicio a este p谩rrafo. Esta virtud, a pesar de lo capital que es a la hora de transmitir y plasmar ideas, es una de las que m谩s le ha hecho falta a varios fil贸sofos, por no decir a la mayor铆a. El motivo principal que ha dado origen a numerosas confusiones, controversias y malentendidos en el mundo de la filosof铆a quiz谩 se deba a la carencia de 茅ste importante talento en un gran n煤mero de sus representantes. Posiblemente haya algunos individuos que crean, tal como lo hac铆a un ex compa帽ero m铆o de la universidad, que ser un buen escritor es sin贸nimo de superficialidad y falta de profundidad. A 茅l lo entiendo, es posmoderno. Sin embargo, despu茅s de muchas lecturas y pr谩cticas ensay铆sticas he llegado a la modesta conclusi贸n de que escribir con claridad resulta mucho m谩s dif铆cil que oscurecer un texto con una verborrea con apariencia de erudici贸n cuando en el fondo quiz谩 no es m谩s que superficialidad superlativa y anfibolog铆a barata. Estoy consciente de la existencia de ciertas tem谩ticas, como la teor铆a de la relatividad o la del caos, que no son tan f谩ciles de transmitir al populacho de una manera simplificada; pero, a pesar de ello, la claridad puede ser de enorme ayuda al lector. Algunos textos cient铆ficos, que no se ven ensombrecidos por la exagerada tecnicidad, son un ejemplo de excelente claridad, precisi贸n y concisi贸n, pues de qu茅 otra manera puede un estudiante normal lograr entender con relativa facilidad las distintas teor铆as e identificar los diferentes problemas que aquellas plantean. Saber escribir con puntualidad, por simple que esto pueda sonar a los posmodernos, es algo clave a la hora de explicar o transmitir una idea.

Algunos creen que Arist贸teles, adem谩s de buen fil贸sofo, fue un magn铆fico escritor. De hecho uno de los profesores de la facultad de filosof铆a de la universidad de St. John鈥檚, que me imparti贸 un curso de 茅tica en los a帽os en que cursaba la universidad, sosten铆a con vehemencia que Arist贸teles fue un gran escritor. Bajo el criterio aqu铆 sostenido, esa opini贸n carece de sustento, no fue en absoluto un buen escritor, al estilo cient铆fico o literario, c贸mo arg眉铆a mi antiguo maestro. Fue sistem谩tico, es cierto. Sin embargo desde un punto de vista literario, Plat贸n fue mucho mejor escritor que 茅l; sus di谩logos est谩n plagados de muy variadas y coloridas met谩foras; hay en sus escritos una cierta belleza que los hace deleitables. Arist贸teles, por el contrario, fue un pensador pedestre; su filosof铆a es muy 谩rida y, como dice Russell, 鈥carece de la claridad fundamental y del fuego tit谩nico鈥.

Schopenhauer como escritor

A Schopenhauer se le puede echar en cara sus muchos defectos morales as铆 como intelectuales, pero menos de que fue un mal escritor; fue un excelente escritor. El talento que 茅ste pose铆a como escritor no creo que alguien lo ponga en duda; prueba de ello es la enorme influencia que ha tenido su obra en el campo de la filosof铆a asimismo en el amplio mundo de la literatura. Este fil贸sofo ha sido quiz谩 m谩s popular en dicho terreno que en el mismo mundo de la filosof铆a. Ahora bien, de si es un fil贸sofo competente y de alt铆simo nivel es otra cuesti贸n, Bertrand Russell no lo considera as铆; eso s铆, fue un fil贸sofo sistem谩tico y muy pedag贸gico. Se suele pensar que un fil贸sofo es escritor de una sola obra a pesar de que durante su vida intelectual produzca cientos de ellas, y ese es el caso de Schopenhauer. Probablemente la mayor铆a de fil贸sofos asienten con la opini贸n de que aquel fue el autor de un s贸lo libro, me refiero por supuesto a El mundo como voluntad y representaci贸n; en 茅l expone de manera sistem谩tica la totalidad de su sistema, all铆 resume y sintetiza su pensamiento de una forma magistral. Si Hegel es un hurac谩n desbordado escribiendo, Schopenhauer, en ese arte, es como el final de aquel, su calma. Por lo menos en la claridad de su escritura y sus ideas, pues su pensamiento es, en esencia, bastante perturbador si se lo entiende tal como 茅l lo quiso exponer.

Schopenhauer: un escritor con hambre y sed de fama

Para entender el sistema filos贸fico de Schopenhauer es crucial acercarse a su obra magna: El mundo como voluntad y representaci贸n. En ese libro, que es sin lugar a dudas una obra maestra de todos los tiempos, se propone un objetivo bastante ambicioso: responder en qu茅 consiste el enigma del mundo. Para lograr tan colosal objetivo, hay que recordar, se coloca desde una postura vitalista que le da un puesto muy elevado a la corporalidad viviente, de ese modo, desplaz贸 a las famosas teor铆as de la consciencia. Seg煤n este fil贸sofo, el mundo sensible, que se ve y se experimenta en la vida cotidiana no es m谩s que una simple apariencia, una ilusi贸n o una representaci贸n, la cual es la manifestaci贸n de un principio fundamental, como realidad 煤ltima, que se encuentra justo detr谩s de los fen贸menos, el cual est谩 situado m谩s all谩 de lo racional, de lo apol铆neo. Este principio lo denomin贸: la voluntad. El mundo est谩 constituido, en su parte externa e interna, de dos elementos: voluntad y representaci贸n. Pero antes de ir m谩s a fondo sobre esos dos conceptos claves en Schopenhauer, pues en ellos descansa toda su teor铆a, ser铆a preciso ver la importancia y la relevancia de aquellos en la historia de la tradici贸n filos贸fica.

Voluntad y representaci贸n en la tradici贸n filos贸fica

Voluntad

Cuando se escucha la palabra voluntad se le suele asociar de una forma bastante somera con el simple acto del desear o querer algo. Sin embargo este t茅rmino tiene bastante historia dentro del mundo de la filosof铆a. Hay que indicar que la voluntad ha sido, desde casi la fundaci贸n del mundo filos贸fico, un asunto de capital importancia en las distintas reflexiones filos贸ficas ofrecidas por los colosos del pensamiento. Ya el gran Arist贸teles lo utiliza, de hecho, se propuso demostrar la relaci贸n directa que existe entre la 茅tica y el acto voluntario, o la virtud con la voluntad; con esto logra trascender y desanudarse del discutible intelectualismo moral de S贸crates y Plat贸n. El propio Plat贸n (c. 427-347 a. C.) en la Antigua Grecia se refer铆a a aquella como el asiento de la responsabilidad individual.Para los escol谩sticos 茅sta debe considerarse como una facultad humana libre. Es muy conocida la doctrina de Agust铆n de Hipona que plantea sobre el tema del libre albedr铆o, la voluntad consiste precisamente en esa libertad de actuar ya sea para realizar actos moralmente aceptables o actos de naturaleza reprobable. En general, en la escol谩stica, se consideraba a la voluntad como una suerte de apetito racional, como una aspiraci贸n subordinada a la racionalidad o al entendimiento y como una capacidad que permite al individuo ejecutar sus decisiones de manera libre. Es preciso se帽alar que sobre lo que es la voluntad y el entendimiento, o el querer y conocer, hab铆a importantes divergencias te贸ricas; y de dichos desacuerdos y controversias, infruct铆feras la mayor parte de veces, se deriv贸 lo que hoy se conoce comovoluntarismo. Se sabe que los partidarios de Juan Duns Escoto consideraban a la libertad como la caracter铆stica formal de la voluntad, para otros escol谩sticos aquella era simplemente 芦un dictamen de la raz贸n禄.

Tambi茅n Descartes, padre del racionalismo y el subjetivismo modernos, habla sobre la voluntad. 脡l la vincula con la conocid铆sima idea del libre albedr铆o, adem谩s piensa que mal gestionada aquella puede contribuir significativamente a incrementar la posibilidad del error y esta voluntad es verdaderamente libre s贸lo si se ve sometida al entendimiento; se debe tener entonces en claro que es la voluntad en su total libertad, y no el entendimiento, la que termina arrastrando finalmente al ser humano al error. Descartes dice: 

Y tras esto, viniendo a m铆 propio e indagando cu谩les son mis errores […], hallo que dependen del concurso de dos causas, a saber: de mi facultad de conocer y de mi facultad de elegir -o sea, mi libre albedr铆o-; esto es, de mi entendimiento y de mi voluntad. Pues, por medio del solo entendimiento, yo no afirmo ni niego cosa alguna, sino que s贸lo concibo las ideas de las cosas que puedo afirmar o negar. Pues bien, consider谩ndolo precisamente as铆, puede decirse que en 茅l nunca hay error […] Tampoco puedo quejarme de que Dios no me haya dado un libre arbitrio, o sea, una voluntad lo bastante amplia y perfecta, pues claramente siento que no est谩 circunscrita por l铆mite alguno. […] S贸lo la voluntad o libertad de arbitrio siento ser en m铆 tan grande, que no concibo la idea de ninguna otra que sea mayor: de manera que ella es la que, principalmente, me hace saber que guardo con Dios cierta relaci贸n de imagen y semejanza. […] Pues consiste s贸lo en que podemos hacer o no hacer una cosa (esto es: afirmar o negar: pretender algo o evitarlo); o, por mejor decir, consiste s贸lo en que, al afirmar o negar, y al pretender o evitar las cosas que el entendimiento nos propone, obramos de manera no constre帽ida por ninguna fuerza exterior. Ya que, para ser libre, no es requisito necesario que me sean indiferentes los dos t茅rminos opuestos de mi elecci贸n; ocurre m谩s bien que, cuanto m谩s propendo a uno de ellos -sea porque conozco con certeza que en 茅l est谩n el bien y la verdad, sea porque Dios dispone as铆 el interior de mi pensamiento- tanto m谩s libremente escojo. […] Por todo ello, reconozco que no son causa de mis errores ni el poder de querer por s铆 mismo, que he recibido de Dios y es ampl铆simo y perfect铆simo en su g茅nero, ni tampoco el poder de entender, pues como lo concibo todo mediante esta potencia que Dios me ha dado para entender, sin duda todo cuanto concibo lo concibo rectamente, y no es posible que en esto me enga帽e. 驴De d贸nde nacen pues, mis errores? S贸lo de esto: que, siendo la voluntad m谩s amplia que el entendimiento, no la contengo dentro de los mismos l铆mites que 茅ste, sino que la extiendo tambi茅n a las cosas que no entiendo, y, siendo indiferente a 茅stas, se extrav铆a con facilidad, y escoge el mal en vez del bien, o lo falso en vez de lo verdadero. Y ello hace que me enga帽e y peque. Meditaci贸n cuarta (Alfaguara, Madrid 1977, p. 47-49).

Tanto Spinoza como Kant y Rousseau se suman al grupo de los que analizan este capital concepto. El primero, por su parte, la relaciona con el entendimiento, ya que los actos voluntarios son formas de pensar de modo que las voliciones son maneras de pensar y la posibilidad de una voluntad libre no es factible, esta est谩 sometida como todos los elementos que constituyen la totalidad de la naturaleza. Kant, por otro lado, compara la voluntad con la raz贸n pr谩ctica, teniendo esta como 煤nico telos la responsabilidad de desarrollar una 芦voluntad buena禄, cuya finalidad se limite a cumplir con su deber, regida en todo momento por el ya conocido imperativo categ贸rico. Para Kant, la raz贸n pr谩ctica, independiente y emancipada, adem谩s de ser la creadora del orden moral hace posible el conocimiento (pr谩ctico) del mundo inteligible, al que, aunque quiera, no consigue elevarse la raz贸n te贸rica. Para Kant es preciso reconocer el poder creador de la raz贸n pr谩ctica, transformada en el yo trascendental o la unidad sint茅tica de la conciencia, que se establece como el punto de partida del idealismo alem谩n. Por su lado, el franc茅s Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) expuso en El Contrato Social el concepto de la 鈥渧oluntad general鈥, que a su criterio podr铆a entenderse como la voluntad del pueblo, con esto le rest贸 importancia a la voluntad unilateral del rey, que normalmente se la asociaba con la voluntad de dios.

La representaci贸n en el sentido cl谩sico

En la tradici贸n filos贸fica conocida como aristot茅lica-tomista el conocimiento se constituye por los siguientes cuatro elementos: sujeto, objeto, representaci贸n (sensible e intelectual) y operaci贸n. El primero es b谩sicamente el sujeto que conoce, el sujeto cognoscente en t茅rminos kantianos. Se entiende por objeto a la cosa, animal o elemento conocido. Es decir, este es conocido por el sujeto que, gracias a las operaciones de su pensamiento, logra desvelar a esa realidad externa a 茅l. En lo tocante a la representaci贸n, esta puede ser definida como un fen贸meno interno del conocimiento, que difiere del objeto que se capta por los sentidos, su existencia es de car谩cter intencional, es, finalmente, un contenido intramental que representa a un objeto externo. Estas adem谩s son de dos tipos: sensibles e intelectuales. Las primeras se definen como meras im谩genes y las segundas como ideas. Esto, seg煤n la tradici贸n aristot茅lica-tomista, ha producido muchos errores y confusiones en el universo de la filosof铆a, un ejemplo de ello es el movimiento filos贸fico del empirismo, que no supieron distinguir correctamente entre imagen e idea. Finalmente est谩 la operaci贸n, en palabras simples, se da en el momento que el sujeto conoce al objeto.

Voluntad y representaci贸n en el sentido de Schopenhauer 

Representaci贸n

En palabras de Schopenhauer: 

芦El mundo es mi representaci贸n禄: 茅sta es una verdad aplicable a todo ser que vive y conoce, aunque s贸lo el hombre puede llegar a su conocimiento abstracto y reflexivo; cuando a 茅l llega, ha adquirido al mismo tiempo el criterio filos贸fico Estar谩 entonces claramente demostrado para 茅l que no conoce un sol ni una tierra, sino 煤nicamente un ojo que ve al sol y una mano que siente el contacto de la tierra; que el mundo que le rodea no existe m谩s que como representaci贸n, es decir, 煤nica y enteramente en relaci贸n a otro ser: el ser que percibe, que es 茅l mismo(Schopenhauer, 2004, p谩g. 78). 

En verdad est谩 consciente de que esta es una verdad de naturaleza a priori. A su juicio: 

Si hay alguna verdad que pueda enunciarse a priori es 茅sta, pues es la expresi贸n de aquella forma de toda experiencia posible y concebible, m谩s general que todas las dem谩s, tales como las del tiempo, el espacio y la causalidad, puesto que 茅stas la presuponen. Si cada una de estas formas, que hemos reconocido que son otros tantos modos diversos del principio de raz贸n, es aplicable a una clase diferente de representaciones, no pasa lo mismo con la divisi贸n en sujeto y objeto, que es la forma com煤n         a todas aquellas clases, la forma 煤nica bajo la cual es posible y concebible una representaci贸n de cualquier especie que sea, abstracta o intuitiva, pura o emp铆rica.No hay verdad alguna que sea m谩s cierta, m谩s independiente de cualquiera otra y que necesite menos pruebas que 茅sta; todo lo que existe para el conocimiento, es decir, el mundo entero, no es objeto m谩s que en relaci贸n al sujeto, no es m谩s que percepci贸n de quien percibe; en una palabra: representaci贸n. Esto es naturalmente verdadero respecto de lo presente, como respecto de todo lo pasado y de todo lo por venir, de lo lejano como de lo pr贸ximo, puesto que es verdad respecto del tiempo y del espacio, en los cuales 煤nicamente est谩 separado todo. Cuanto forma o puede formar parte del mundo est谩 ineludiblemente sometido a tener por condici贸n al sujeto, y a no existir m谩s que para el sujeto. El mundo es representaci贸n (Schopenhauer, 2004, p谩g. 78).

Adem谩s reconoce que no es tan novedosa, ya hab铆a sido descubierta o insinuada por otros pensadores. 脡l dice: 

No es nueva, en manera alguna, esta verdad. Exist铆a ya en el fondo de las consideraciones esc茅pticas que Descartes tom贸 como punto de partida, pero Berkeley fue el primero que la enunci贸 resueltamente, con lo cual prest贸 un servicio eminente a la Filosof铆a, aunque el resto de sus doctrinas no merece recordaci贸n. (Schopenhauer, 2004, p谩g. 78).

Por otro lado le echa en cara a Kant el no haber prestado la suficiente atenci贸n a este asunto. A su criterio: 

La primera falta de Kant consisti贸 en haber dado poca importancia a este principio. En cambio, esta verdad capital fue conocida desde los primeros tiempos por los sabios de la India, puesto que es el principio fundamental de la filosof铆a Vedanta atribuida a Vyasa. As铆 lo atestigua W. Jones en la 煤ltima de sus disertaciones titulada: On the philosophy of the Asiatics (Asiatk researches, vol. IV, p谩g. 164): 芦EI dogma fundamental de la escuela Vedanta no consiste en negar la existencia de la materia, es decir, de la solidez, impenetrabilidad y extensi贸n (negar esto ser铆a insensato), sino en rectificar la opini贸n vulgar en este punto y en afirmar que la materia no tiene existencia independiente de la percepci贸n mental, puesto que la existencia y perceptibilidad son t茅rminos convertibles uno en otro.禄 Este pasaje expresa con suficiente claridad la coexistencia de la realidad emp铆rica con la idealidad transcendental.(Schopenhauer, 2003, p谩g. 79).

Por otro lado aclara que abordar谩 en su primer libro ese concepto de representaci贸n:      

Bajo este aspecto 煤nicamente, es decir, s贸lo como representaci贸n, vamos a considerar al mundo en este primer libro. Pero este punto de vista, sin que por ello pierda nada de su verdad, es unilateral, es decir, producido por un trabajo voluntario de abstracci贸n. Esto es lo que explica la repugnancia que siente cualquiera a admitir que el mundo no es m谩s que su representaci贸n, aunque por otra parte nadie puede negarlo.(Schopenhauer, 2003, p谩g. 79).

En el segundo libro analizar谩 en lo que consiste la voluntad. As铆 lo manifiesta en sus propias palabras: 

El libro siguiente vendr谩 a completar este aspecto unilateral con una verdad que no es tan inmediatamente cierta como 茅sta de que aqu铆 partimos, y que exige investigaciones m谩s profundas, una abstracci贸n m谩s dif铆cil, la separaci贸n de los elementos diferentes y la reuni贸n de los que son id茅nticos; una verdad, en suma, grave y propia para hacer reflexionar, si no temblar, a cualquier hombre: a saber, que al mismo tiempo que dice: 芦El mundo es mi representaci贸n禄, puede y debe decir: 芦El mundo es mi voluntad禄(Schopenhauer, 2003, p谩g. 79).

Esto aunque no est谩 tan enredado necesita un poco de aclaraci贸n, por lo que parece deseable explicar con m谩s detalle y en palabras m谩s did谩cticas en lo que consiste representaci贸n y voluntad.

Kant, la condici贸n de posibilidad para el pensamiento de Schopenhauer

El pensamiento de Kant fue determinante para que el sistema filos贸fico schopenhaueriano viera la luz en el mundo filos贸fico. Tal como lo sostuvo Kant, para Schopenhauer el mundo, en su apariencia externa y fenom茅nica, es una representaci贸n de car谩cter subjetiva; a saber, todo el mundo que lo rodea no existe m谩s que como pura representaci贸n, en el sentido de que esta surge del querer de la voluntad. 脡l suscribe con la postura gnoseol贸gica de Kant, pero desecha y excluye, por considerarlas innecesarias, las doce categor铆as de aquel, para este s贸lo existen como formas de la intuici贸n: el espacio y el tiempo. Sustituye las categor铆as         por el principio de raz贸n suficiente como nuevo modo de uni贸n de las representaciones. Sabido por todos es la distinci贸n que hizo Kant de fen贸meno y cosa en s铆, asienta en dicha distinci贸n pero corrige a Kant en lo que respecta al mundo, no s贸lo lo conocemos en su forma externa tambi茅n vivimos en 茅l. Junto con el mundo est谩 la voluntad. Johannes Hirschberger considera que Schopenhauer fue determinista (Hirschberger, 1967, p谩g. 296), y fue 茅l uno de los m谩ximos impugnadores de la libertad humana. Cre铆a en la determinaci贸n causal. Fue debido a 茅l que del orden f铆sico este determinismo se extendi贸 a todo lo humano. Schopenhauer cree haber le铆do a Kant y se siente seguro de haberlo entendido a la perfecci贸n, pues no s贸lo se limita a lo mero hermen茅utico sino que a criticarlo abiertamente; sin embargo, existe, en verdad, una contradicci贸n en su pensamiento, pues interpreta a Kant desde una perspectiva psicolog铆stica y no en un sentido l贸gico trascendental (Hirschberger, 1967); cay贸, aunque cree que por primera vez lo refut贸 de manera definitiva, en los mismos errores de Hume. Esa cosa en s铆 es la voluntad. Nosotros nos conocemos a nosotros mismos como voluntad. Nuestra vida entera es voluntad. Nuestro cuerpo, con la ilusi贸n de su individualidad, es una objetivaci贸n de la voluntad. Podemos ver esta voluntad de muchas maneras. Nuestra voluntad de caminar se manifiesta como pie; la de agarrar, como mano; la de comer y digerir, como boca y est贸mago; la de pensar, como cerebro. La voluntad es el sustrato 煤ltimo de la realidad. Esto se manifiesta desde la fuerza de la gravedad hasta la consciencia humana; la gravitaci贸n, la fuerza centr铆fuga y centr铆peta, la polaridad, el magnetismo, la afinidad qu铆mica, el crecimiento de las plantas, el instinto de conservaci贸n y el instinto total de la vida es una manifestaci贸n clara de la voluntad, es la         voluntad (Hirschberger, 1967). 

驴Un continuador de Kant?

Se sabe, como ya se dijo, que la filosof铆a de Schopenhauer es, en cierto modo, una continuaci贸n de la ya legada por Kant, 鈥攕u fil贸sofo favorito y al que admiraba de sobremanera鈥, al menos 茅l as铆 lo cre铆a; lleg贸 incluso a considerarse como el verdadero heredero y 煤nico continuador de su filosof铆a. Sobre si forz贸 al m谩ximo el pensamiento de aquel con el 煤nico prop贸sito de vigorizar sus propias ideas es otro debate en el cual no quiero entrar en esta breve reflexi贸n filos贸fica. Lo cierto es que Schopenhauer, dada su importancia en la historia de la filosof铆a occidental, merece, porque aunque no haya sido un gran fil贸sofo hizo los m茅ritos necesarios para quedar entre los grosos del pensamiento, que se le preste atenci贸n a su revolucionaria obra. Como ya se expuso, Kant hizo aquella famosa distinci贸n entre fen贸meno y cosa en s铆, el punto de arranque de la filosof铆a de Schopenhauer se basa precisamente en esta l煤cida distinci贸n kantiana entre fen贸meno y cosa en s铆. Kant lleg贸 a la conclusi贸n de que existe una diferencia marcada entre el no煤meno, la realidad tal como es, en su puridad, en s铆 misma, y, por otro lado, el fen贸meno, lo que se puede conocer acerca de la realidad, aquello que se ve y se presenta a la experiencia cotidiana.Para Kant, es imposible acceder a la cosa en s铆 ya que el conocimiento del sujeto cognoscente se ve limitado por las estructuras a priori de su subjetividad; es posible conocer, s铆, pero s贸lo aquello que la mente puede ordenar y que pertenece al mundo fenom茅nico. Nuestro conocimiento es de naturaleza limitada y no puede ir, aunque as铆 lo desee y sea su mayor anhelo, m谩s all谩 del fen贸meno; y es precisamente en esta forma como la realidad se le presenta al sujeto cognoscente. Un conocimiento serio, que busca un status de ciencia, no puede, por ejemplo, pretender ir m谩s all谩 de los fen贸menos. Por esta raz贸n, no podemos, es una actitud de evidente rendici贸n ante el absoluto, cuanta incomodidad ha de haber generado esta actitud relativista por parte de Kant ante el absoluto en el maduro Hegel creador de La fenomenolog铆a del esp铆ritu, acceder al n煤cleo o sustrato 煤ltimo de la realidad. Lo que es la realidad en s铆 misma, aun disponiendo de las categor铆as, no podemos saber.

La voluntad se puede conocer

Schopenhauer asume esta distinci贸n, pero debido al fuerte influjo que tuvo en 茅l el pensamiento indio le da un toque bastante diferente. De este modo, para 茅l el fen贸meno ya no se debe considerar como conocimiento sino como mera apariencia, ilusi贸n, sue帽o; la cosa en s铆 ser谩 por tanto aquello que se ubica por detr谩s de la ilusi贸n de la representaci贸n. Otro dato a tomar en consideraci贸n a la hora de acercarse a leer a Schopenhauer es el hecho de que esta cosa en s铆, tal como lo expuso Kant, era inaccesible, estaba fuera de las regiones del         conocimiento emp铆rico; pero en su nuevo sistema filos贸fico 茅sta s铆 se puede llegar a conocer y no est谩 completamente alejada y divorciada del mundo. Y esto es, sin duda, uno de los motivos cardinales por lo que se vio obligado a tener que escribir su obra maestra: cre铆a haber descubierto la puerta y la llave que permitir铆a finalmente a la especie humana ingresar, de par en par, a lo real y, como muestra de su buena voluntad, decidi贸 compartir con todos sus lectores, que no eran muchos al principio, sus enormes hallazgos te贸ricos. En primer t茅rmino, el mundo es b谩sicamente la representaci贸n, aquello que se manifiesta positivamente, que se hace un sujeto de 茅l. Ahora bien, el mundo no se agota en la mera representaci贸n subjetiva, aquella es solo la parte externa, lo aparencial, lo fenom茅nico, lo simple ilusorio.

En su dimensi贸n m谩s profunda, el mundo es Voluntad. Lo que en Kant era fen贸meno y cosa en s铆, en Schopenhauer viene a ser 鈥渞epresentaci贸n鈥 y 鈥渧oluntad鈥. De este modo, la voluntad irracional se constituye como el coraz贸n mismo de la realidad, es el principio al que todo lo que existe se remite, lo que subyace a todo fen贸meno. La representaci贸n es apariencia, ilusi贸n, es la forma por excelencia en la que la voluntad se materializa y adquiere forma. A pesar de ello, al final, lo 煤nico que existe es voluntad.

Las tres objetivaciones de la voluntad

Aunque Schopenhauer no lo dijo as铆, pero la voluntad, como el ser de Hegel, es indeterminada por eso se objetiva en la materia desde lo m谩s simple hasta llegar al grado m谩s complejo en el que logra su plena autoconsciencia no como de naturaleza racional sino irracional. En primer lugar, se objetiva como materia simple, a saber, en lo subat贸mico, lo at贸mico y molecular. Segundo, se objetiva como materia compleja simple, es decir, como c茅lulas, tejidos y 贸rganos. Finalmente, se objetiva en la materia compleja, a saber, en el organismo humano constituido por c茅lulas, tejidos, 贸rganos y sistemas y aparatos. Es desde la corporalidad viviente que se auto-conoce la voluntad como realmente m谩s all谩 de la raz贸n, como algo ca贸tico y monstruoso.

La introspecci贸n

El cuerpo del ser humano, por ser el recipiente donde la voluntad m谩s complejamente se objetiva y se auto-conoce, sirve como el enlace primordial entre estos dos aspectos del mundo. El cuerpo, es preciso hacer hincapi茅 en ello, es el primer objeto que se intuye y es el 煤nico medio por el que se consigue representar al mundo. Gracias a la introspecci贸n, a saber, cuando un sujeto observa dentro de s铆 mismo, el cuerpo se manifiesta del siguiente modo: por un lado, como fen贸meno o materia compleja y por otro de una manera m谩s profunda e inmediata, como voluntad. La voluntad es lo que est谩 detr谩s de un determinado cuerpo, es lo que le permite moverse, es su substancia. El cuerpo, a juicio de Schopenhauer, no es m谩s que voluntad objetivada, visible, transformada en representaci贸n.

La visi贸n que se tiene sobre alg煤n determinado cuerpo permite advertir como la voluntad se revela a la consciencia. El cuerpo humano, la tercera objetivaci贸n de la voluntad, es voluntad objetivada, detr谩s de la acci贸n de este hay en general un acto de volici贸n; la voluntad, como ya se mencion贸, est谩 detr谩s de la representaci贸n. El ingreso a la profundidad de la cosa en s铆 est谩 lejos de ser una intuici贸n predilecta y fundamental del n煤cleo de la realidad, sino que forma parte de una suerte de percepci贸n intuitiva de la propia volici贸n. Al detenerse y contemplar en su interior, el sujeto logra intuir su propio cuerpo, pero de manera m谩s profunda se descubre como voluntad.

Si Cristo le hubiera preguntado a Schopenhauer: 驴Qui茅n dices t煤 que soy yo? 茅l le hubiera contestado sin titubear: 鈥渆res voluntad鈥. Despu茅s de descubrir que el ser humano no es estrictamente hablando intelecto sino que voluntad, el intelecto es una simple herramienta de la voluntad, Schopenhauer concluye que no s贸lo el ser humano es voluntad sino que adem谩s todo lo que existe no es m谩s que eso, voluntad. Y es que si se investiga con diligencia, se concluir谩 que detr谩s de todo fen贸meno, la apariencia, es voluntad. As铆 como el cuerpo es voluntad determinada y visible, de la misma manera el mundo y todo lo que lo constituye no es m谩s que apariencia, representaci贸n, de la voluntad universal y absoluta que reside por debajo de todo fen贸meno.

El problema de la individualidad

Schopenhauer llega hasta un punto tal, que termina negando por completo la individualidad, esto porque aquella, a su juicio, carece de realidad ontol贸gica. La individualidad, sea de una naturaleza simple o una compleja, es mera ilusi贸n, el ser humano no es m谩s que una de las tantas formas que utiliza la voluntad absoluta, Brahma, para manifestarse de manera positiva. En esto se asemeja a Spinoza. Una         persona ajena al mundo de la filosof铆a que escuche a un sujeto argumentando que la individualidad es una simple ilusi贸n y que, en un plano m谩s profundo, la existencia individual humana no es una realidad concreta le resultar谩 un poco chocante y quiz谩 hasta un delirio. En todo caso, la voluntad es irracional.

M谩s all谩 de la raz贸n est谩 la voluntad

Pero como cosa en s铆, la voluntad no se ve afectada por las formas de la representaci贸n y, principalmente, 茅sta no est谩 condicionada, como toda objetivaci贸n compleja, por el espacio y el tiempo, que son los que permiten y hacen posible el principio de individuaci贸n. Son 茅stas formas las que permiten diferenciar el individuo A del sujeto B, pues ambos est谩n en el espacio y el tiempo y no unidos en el mismo lugar. (Una cosa es este individuo y no otro por estar en este punto del espacio y en este punto del tiempo).

La voluntad de vivir

Sin estas formas de la representaci贸n ser铆a pr谩cticamente imposible poder observar a esta voluntad 煤nica como plural y m煤ltiple. La cosa en s铆 se halla fuera de los dominios del espacio y el tiempo, asimismo no se ve afectada por la individuaci贸n y la pluralidad. Por tal raz贸n es la misma voluntad la que se haya presente y diseminada en la totalidad de los seres que componen el mundo, siendo 茅sta la esencia 煤ltima o la condici贸n de posibilidad de todos aquellos. Esta se manifiesta como una fuerza inconsciente y un af谩n sin l铆mites por saciar toda suerte de deseos, pero en el fondo es por mantenerse con vida y sobrevivir. Cada ser es una objetivaci贸n de aquella y se puede advertir su realidad en los impulsos que rigen. Es as铆 como se puede entender m谩s claramente el significado de que la voluntad es voluntad de vivir.

Spinoza, Plat贸n y Hegel resuenan en el sistema de Schopenhauer

Queda claro que el conatus de Spinoza, ese deseo colosal inherente a toda forma de vida por persistir y permanecer lo m谩s que se pueda en la existencia, es an谩logo a la voluntad de vivir de Schopenhauer. Este considera que la voluntad se manifiesta en el mundo de la representaci贸n en diversos niveles y grados siguiendo ciertos modelos: las eternas formas de las individualidades. Aqu铆 evidentemente est谩 evocando al divino Plat贸n. Estos niveles posibilitan la existencia de una suerte de jerarqu铆a de los seres que empieza en el mundo inorg谩nico, la objetivaci贸n simple, a saber, el nivel m谩s bajo de representaci贸n de la voluntad, hasta llegar al nivel m谩s alto, al de la objetivaci贸n compleja, que es el ser humano, qui茅n en virtud de su naturaleza tiene el grado m谩s elevado de individualidad: es decir: la personalidad. La voluntad, pues, intenta manifestarse en formas cada vez m谩s superiores de vida hasta que, despu茅s de tantas objetivaciones, en el hombre logra alcanzar conciencia de s铆 misma. Es cierto que aqu铆 se encuentra cierta similitud con la doctrina del desenvolvimiento del Esp铆ritu Absoluto de Hegel; sin embargo, guarda considerables diferencias en su conclusi贸n: una positiva y la otra negativa.Ahora bien, la peque帽a diferencia que le da un nuevo matiz al argumento del fil贸sofo malhumorado radica en que, para 茅l, el principio absoluto que se revela no es para nada el Esp铆ritu Absoluto o la Raz贸n, sino m谩s bien la desbordada Voluntad irracional de vivir y, por ese motivo, la manera como se manifiesta no es propiamente hablando una suerte de auto desenvolvimiento lineal, ordenado y racional, sino una realidad ca贸tica y, en definitiva, absurda. Sin embargo la respuesta de esto no la da Schopenhauer ya que los porqu茅s son razones y la voluntad est谩 m谩s allende de las regiones de la raz贸n. Hay que tener en mente que la intenci贸n de este fil贸sofo no es responder el porqu茅 este mundo, absurdo y ca贸tico, est谩 constituido de esta manera y no de otra, sino a compartir con sus lectores su descubrimiento de lo que es el mundo. No hay un motivo 煤nico por el que esta voluntad quiera vivir, no queda otra que aceptar que es as铆.

驴Pante铆sta o pan-vitalista?

Es suficiente con lo ya mencionado hasta este momento para afirmar que en Schopenhauer existe una suerte de panvitalismo: es un hecho que para este fil贸sofo el mundo o la naturaleza es entendido como una especie 煤nica de organismo viviente. Pues bien, Schopenhauer nos advierte: no es adecuado llamar a esta voluntad universal “Dios” puesto que la forma c贸mo est谩 se va desenvolviendo y objetivando no sugiere para nada signo alguno de divinidad. Por lo tanto, se podr谩 decir si as铆 se quiere que su pensamiento es un panvitalismo monstruoso, m谩s no cabe decir que se trate de un pante铆smo. Schopenhauer fue un ateo siempre.

El dolor como problema filos贸fico

Este mundo est谩 plagado de seres indignos y miserables que, en vez de reconocer colectivamente la finitud y la miseria de sus existencias, se aniquilan por afirmar su individualidad unas a otras, en la lucha por la supervivencia. Lo 煤nico que queda despu茅s del resultado de este conflicto absurdo, es el hecho de que lo que hay en lo profundo de la existencia es dolor y mucha pena; su pesimismo, aunque insincero la mayor parte de veces, es tal que llega hasta el punto de que, dice Schopenhauer, toda vida es dolor. 驴Cu谩l es la raz贸n para tener una visi贸n tan sombr铆a de la especie humana? Su respuesta es sencilla: la vida, como voluntad, es un deseo ininterrumpido, y el fundamento de todo deseo es la privaci贸n, la carencia de algo.

Como seres irracionales los hombres y mujeres anhelan todo aquello de lo que no disponen y esto los hace sufrir innecesariamente. Paliar un deseo no es suficiente, saciar alg煤n determinado deseo no brinda soluci贸n alguna, nada, esto porque el desear de esta voluntad no parece tener fin. Es que el d铆a que no se desee se dejar铆a de querer y no es factible dejar de querer ya que se est谩 vivo y la vida es, como ya se dijo, mera voluntad. Por este motivo, concluye Schopenhauer, vivir es un sentido estricto sufrir y en los pocos momentos en los que se tiene la sensaci贸n de haber dejado de sufrir, porque se tienen por fin todas las necesidades b谩sicas y complejas cubiertas, irrumpen sin permiso el         amargo hast铆o y el aburrimiento teologal. La vida, tal como la concibe Schopenhauer, es una tragicomedia ramplona en la que, nos parezca o no, vamos, como marionetas, del dolor al aburrimiento y de 茅ste al otro sin esperanza alguna en el horizonte.

Algo de raz贸n hay en lo que dice este autor: suele suceder bastante a menudo de que en general se est谩 en busca, teniendo siempre poco 茅xito en tal empresa, de algo que permita encontrar la aut茅ntica felicidad que llene todos los vac铆os en la vida. Parad贸jicamente cuando al fin un sujeto logra tener 茅xito en la mayor铆a de los 谩mbitos te贸ricos y pr谩cticos en los que se mueve deber铆a naturalmente experimentar cierta paz y alegr铆a por tener todas sus necesidades cubiertas, mas ese no es el caso, ya que lo asalta el aburrimiento.

El ego铆smo

Otra cosa que hace a煤n m谩s miserable la existencia es que es el ego铆smo la nota fundamental de la voluntad. Es por esa raz贸n que cada individuo se siente como si fuera el centro de este universo, se considera a s铆 mismo la 煤nica y completa representaci贸n de la voluntad; eso explica el motivo por el que la mayor铆a de sujetos que pueblan la faz de la tierra 煤nicamente se preocupan de su propio beneficio sin importar el ajeno.

La individuaci贸n

El problema fundamental estriba en el principio de individuaci贸n, sostiene Schopenhauer, este es como una especie de velo de Maya que se tiene puesto sobre los ojos, la cual impide ver la realidad en cuanto a tal, este velo genera cierta incapacidad de enterarse que, al final, todos somos lo mismo, la individualidad es una ilusi贸n, es esta ceguera la que lleva a los humanos a la guerra de todos contra todos, esto hace a煤n m谩s pesada e insoportable la vida. La voluntad de vivir es indiferente al acontecer mundano: es cierto que ella es eterna e inmortal, pero aquella no le importa en absoluto la poca fortuna de los distintos individuos que son 煤nicamente sus marionetas. Aunque mueran por millones de seres humanos, esta voluntad sabe que ella permanece y al margen de las tragedias humanas. Este c铆rculo constante de muerte y nacimiento es en alguna medida beneficioso para la voluntad, pues es esto lo que le permite que se manifieste la representaci贸n de la voluntad. Es evidente que a pesar de que Schopenhauer hable de esta voluntad como de un principio inmortal y eterno, el sujeto no puede hallar en ella alg煤n tipo de alivio.

Es bastante claro que el individuo quiere su inmortalidad, m谩s la perpetuidad de la voluntad no es la suya. Lo que ocurre con la muerte de un sujeto es la disoluci贸n completa de su individualidad y de su yo, que, en definitiva, se reducen a apariencia e ilusi贸n, su muerte es insignificante es como verter una gota de agua salada en el mar. Siendo honestos, este fil贸sofo no ofrece ning煤n consuelo a sus lectores. La verdad es que el sujeto no la tiene nada f谩cil: vivir谩 en una vida miserable desde todo punto de vista, morir谩 y, para colmo de males, desaparecer谩 como algo irrelevante en la totalidad de la realidad. Su pensamiento es un pesimismo metaf铆sico absoluto. Hay que dejar esto bien en claro: la causa que origina todo el mal que existe en el mundo de la representaci贸n es la esclavitud del sujeto a la voluntad, mientras el ser humano siga siendo esclavo de esta voluntad monstruosa, seguir谩 sufriendo.

El suicidio: 驴una soluci贸n?

Poner fin a los tormentos de la memoria, como dice don Gabo, podr铆a ser la soluci贸n para liberarse de esta cruel voluntad, pero no es la sugerencia ni soluci贸n que propone Schopenhauer. Este, el suicida, ama la vida, adem谩s el suicidio s贸lo niega al individuo no a la voluntad, asimismo con violencia no se puede vencer a la voluntad. Si la negaci贸n no alcanza a la cosa en s铆, entonces no es factible. Para librarse de la voluntad propone dos v铆as: la contemplaci贸n art铆stica, que es la m谩s fugaz, en ella el sujeto nos se pierde en la contemplaci贸n est茅tica, esta lo saca de la contemplaci贸n de lo mutable y lo eleva a la contemplaci贸n de lo inmutable, de las eternas ideas de Plat贸n. En el momento que se contempla la belleza se alcanza la libertad porque la criatura se olvida de s铆 misma y de su asquerosa voluntad y s贸lo est谩 ante ella el objeto, as铆 se alcanza la paz y la emancipaci贸n. Pero esta v铆a es perecedera. La segunda v铆a es la 茅tica. La cual consiste en alcanzar la resignaci贸n, es el que ha renunciado a todo deseo de vivir. Esta es duradera y es la mejor opci贸n para herir a la voluntad en su propio coraz贸n. Los tres grados del progreso 茅tico son: el derecho, se permanece en la voluntad y se est谩 muy lejos de liberarse;  moral, all铆 se rasga un poco el velo;  el ascetismo, aqu铆 se da el autoconocimiento definitivo de la voluntad y el velo de maya queda hecho trizas. El individuo ve la 铆ntima individualidad de todos los seres humanos.

Schopenhauer, un machista ilustrado

La mujer 鈥渆st谩 enfocada hacia objetos materiales, es decir, hacia la belleza de su propia persona y, por ende, hacia el lujo, los adornos y la magnificencia. Todo ello aunado a su escasa inteligencia hace que sea m谩s propensa al despilfarro鈥. Adem谩s aquella 鈥渄esde todo punto de vista es inferior al sexo masculino鈥. As铆 que 鈥渃uando las leyes otorgaron a las mujeres los mismos derechos que a los hombres, habr谩n debido concederles tambi茅n una inteligencia masculina鈥. No hay que ser prestos a juzgar a la ligera, esto no es la redacci贸n de un te贸logo cristiano fan谩tico, tampoco fue Laje. Es el fruto literario de un fil贸sofo profesional de una cultura y erudici贸n asombrosas. S铆, por chocante que parezca, esto lo escribi贸 el mismo personaje que compuso la obra maestra conocida como El mundo como voluntad y representaci贸n. La opini贸n que Schopenhauer ten铆a acerca de las mujeres no era la m谩s afortunada, fue una aut茅ntica barbaridad. Quien haya tenido la poca fortuna, como es el caso del que redacta este art铆culo, de leer el Arte de tratar a las mujeres se sorprender谩 como un hombre tan inteligente y capaz de exponer un tratado filos贸fico tan imponente como el suyo haya podido albergar en su consciencia prejuicios de naturaleza tan fr铆vola.

Comentario cr铆tico sobre la filosof铆a y praxis schopenhaueriana

Se puede decir, sin temor a equivocarse, que Arist贸teles fue el primer fil贸sofo propiamente hablando, es el m谩s grande de la antig眉edad; la verdad es que:

Arist贸teles, como fil贸sofo, es distinto en muchos aspectos de todos sus predecesores. Es el primero que escribe como un profesor; sus tratados son sistem谩ticos, sus discusiones divididas en cap铆tulos; es un maestro profesional, no un profeta inspirado. Su obra es cr铆tica, esmerada, pedestre, sin huella del entusiasmo b谩quico (Russell, 1946,p.185).

Seguramente el fil贸sofo m谩s importante e influyente en la historia de este campo despu茅s de Arist贸teles sea Descartes. La idea de proponer un nuevo edificio filos贸fico dice mucho de la autoconfianza que este pensador franc茅s ten铆a en s铆 mismo. Ahora bien, si, por pura curiosidad, se le preguntara a un profesor de filosof铆a sobre qui茅n considera que podr铆a ser el fil贸sofo m谩s influyente e importante despu茅s de Descartes lo m谩s seguro es que responder铆a a tal cuesti贸n diciendo: Hegel, Marx, Nietzsche, Heidegger, etc., pero Schopenhauer es poco probable que se le venga a la mente en ese momento; es bastante inusual, al menos desde la experiencia del que redacta este art铆culo, encontrar profesores, estudiantes o simples aficionados de esta disciplina que lo estimen como importante y menos como comparable al mism铆simo Descartes. Y, s铆, la importancia de Schopenhauer, aunque esto pueda parecer exagerado a ciertos individuos, es s贸lo comparable con la de Descartes. En primera instancia, siendo esta la m谩s superficial, ambos rompen con los moldes y dispositivos tradicionales de filosofar y proponen los suyos propios. De hecho Schopenhauer, hablando acerca de su obra m谩s importante, que se ha analizado a vista de avi贸n arriba, dice lo siguiente: 

鈥淢i obra es, pues, un nuevo sistema filos贸fico: pero nuevo en el pleno sentido de la palabra: no una nueva exposici贸n de lo ya existente sino una serie de pensamientos con un grado m谩ximo de coherencia, que hasta ahora no se le han venido a la mente a ning煤n hombre. Estoy firmemente convencido de que el libro  en el que he realizado el arduo trabajo de comunicarlos a los dem谩s ser谩 uno de aquellos que luego se convierten en fuente y ocasi贸n de un centenar de otros libros [1](Schopenhauer, 2004, p谩g. 15).

Si, por un lado, Descartes es el padre del racionalismo moderno, que acent煤a la primac铆a de la raz贸n para alcanzar la verdad, cosa que no es com煤n escuchar que se objete, Schopenhauer, por el otro, es el padre merecidamente de la filosof铆a irracional, la que da primac铆a a la voluntad. 脡l, hay que decirlo, fue un fil贸sofo-dinamita, puso en crisis la mayor铆a de los supuestos filos贸ficos fundamentales de la modernidad, y con ello dio un zarpazo mortal al racionalismo y al optimismo modernos, del que a煤n hoy d铆a no han podido recuperarse.           Arremeti贸 en contra de las ideas de Descartes, quien cre铆a ingenuamente que tan s贸lo con un buen m茅todo bastaba para obtener un conocimiento claro y distinto; tambi茅n la idea, popularizada por la Ilustraci贸n, de que con el progreso de la ciencia y la eliminaci贸n de la superstici贸n presente en las masas dar铆a como corolario final un progreso indefinido en el g茅nero humano. Pilar L贸pez de Santa Mar铆a, traductora del libro El mundo como voluntad y representaci贸n, y que adem谩s escribi贸 el pr贸logo de este, sostiene que 鈥as铆 como el racionalismo moderno tuvo su origen en la intuici贸n cartesiana del m茅todo, el irracionalismo contempor谩neo nace del descubrimiento de la voluntad como cosa en s铆” (Schopenhauer, 2004, p谩g. 15); este descubrimiento, en el terreno de las ideas, el de la filosof铆a, es sin duda el m谩s grande que se ha hecho despu茅s de Descartes. Hay que ser honestos, el mundo de la filosof铆a ha sido ampliamente dominado por el irracionalismo desde que Schopenhauer descubri贸 a la voluntad como la cosa en s铆. Esto es claro, desde Nietzsche, Kierkegaard, Bergson, Unamuno, Heidegger y Sartre; y, como se sabe, todos los fil贸sofos posmodernos han seguido, de alguna u otra forma, las l铆neas trazadas por Schopenhauer. Su trabajo ha sido objeto de varios elogios por parte de eminentes hombres tales como Nietzsche, Simmel y Einstein. Pues bien, seg煤n Nietzsche 鈥que un hombre como 茅l haya escrito es algo que aumenta el gozo de vivir en este mundo鈥 (颅Nietzsche, 1874) (Gallego, 2016); adem谩s, a juicio de Simmel Schopenhauer 鈥posee esa relaci贸n misteriosa con el absoluto que el fil贸sofo s贸lo comparte con el artista鈥 (Simmel, 1907) (Gallego, 2016), 鈥淟a frase de Schopenhauer 鈥楿n hombre puede hacer lo que quiere, pero no elegir lo que quiere鈥 ha sido desde mi juventud una fuente de inspiraci贸n y un manantial de tolerancia鈥 (Einstein, 1934) (Gallego, 2016).

La influencia y la importancia que ha tenido la filosof铆a de Schopenhauer dentro de la historia de esta disciplina es, en verdad, extraordinaria, y, parad贸jicamente, no se le ha prestado la debida atenci贸n o se ignora tal cosa. Como obviar que 茅l es, en cierta medida, el precursor del psicoan谩lisis y de las teor铆as posteriores de Freud. El existencialismo y todas las formas de filosof铆a irracional deben m谩s de lo que pueden imaginar a Schopenhauer. Pues bien, la tesis de la primac铆a de la voluntad sobre la raz贸n es, sin duda, el aporte m谩s significativo de Schopenhauer al mundo de la filosof铆a, no su pesimismo y ascetismo hip贸critas. El motivo por el que no se le ha dado mayor atenci贸n quiz谩 radique en que, dado que este no era un fil贸sofo de exagerada inteligencia y brillantez, aunado a una cierta superficialidad en su pensamiento, se lo ha visto como a un mero ap茅ndice innecesario y fastidioso de la filosof铆a kantiana y un estorbo indeseable en los zapatos de Hegel y, de tal manera, se ha pasado por alto lo verdaderamente fundamental, a saber, que este hombre, con todos sus defectos y virtudes, ha sido m谩s influyente de lo que en realidad se cree. Es crucial resaltar que “la doctrina de que la voluntad es superior ha sido mantenida por muchos fil贸sofos modernos, especialmente Nietzsche, Bergson, James y Dewey. Su influencia ha desbordado el campo de la filosof铆a pues adem谩s, ha alcanzado cierta boga fuera de los c铆rculos filos贸ficos profesionales”(Russell, 1946, p谩g. 447). Lo peor del caso es que “en la proporci贸n en la que la voluntad ha ascendido en la escala, ha descendido el conocimiento“.(Russell, 1946, p谩g. 447).

Es necesario dejar bien en claro que la filosof铆a de Schopenhauer, aunque haya sido (y lo siga siendo) de enorme influencia en el campo de las ideas, no es profunda ni s贸lida, es bastante corriente y vulgar si se la lee con atenci贸n y se entiende el mensaje que el autor intenta transmitir de una manera tan desesperada. Pero eso no ha impedido ni ha mermado su potencia y capacidad de influir entre los pensadores de este tiempo. Por eso se piensa que se debe leer a este fil贸sofo, porque sus ideas a煤n siguen vivas y, como un vino costoso, contin煤a en silencio , aun despu茅s de mucho tiempo, estimulando las neuronas de sus consumidores. En todo caso, quiz谩 la verdadera intenci贸n de Schopenhauer nunca haya sido el legar, como es el caso de otros fil贸sofos de la talla de Plat贸n, Arist贸teles, Hegel, Kant o Marx, un pensamiento rico y profundo a la humanidad, sino m谩s bien el reforzar una marca personal, un logotipo; su verdadera intenci贸n probablemente fue la de alcanzar fama y reconocimiento mundanos, pues de otro modo no se puede explicar la radical diferencia que existi贸 entre el hombre fil贸sofo, el te贸rico que escribi贸 sobre tantos y diversos temas, y el hombre pr谩ctico, que oper贸 en el mundo. Sin quererlo, de forma an谩loga a Descartes, compuso un sistema de pensamiento realmente revolucionario. Lo que de 茅l se dice es una cosa, pero lo que realmente fue es otra. La mayor铆a de fil贸sofos suelen ser bastante vanidosos as铆 como embusteros y no tienen el coraje y la valent铆a suficientes para expresar sus m谩s arraigados prejuicios, acaso esto no recuerda a Arist贸teles, de la manera que lo hace la gente com煤n y corriente, el populacho, sino que, para justificar muchas de sus afirmaciones gratuitas e hip贸tesis infundadas, tienen que montar todo un sistema de pensamiento, un dispositivo, de una rigurosidad l贸gica y una belleza est茅tica           incre铆bles. Eso es precisamente el caso de este fil贸sofo. A veces cuando se lee a Schopenhauer da la sensaci贸n de que se est谩 ante uno de esos fan谩ticos cristianos conocidos como pro-vida, sobre todo cuando escribe sus profundas reflexiones acerca de las mujeres. Seguramente Agust铆n Laje y sus ep铆gonos han de disfrutar de su machismo ilustrado, del que carece 茅l y toda la sarta de neoconservadores de Hispanoam茅rica que lo alaba, aquellos exquisitos pensamientos acerca del sexo femenino los han de saborear como el mejor manjar que han probado, si es que lo han degustado, pues de fr铆volos as铆 no se puede esperar mayor cosa.

Fue un aut茅ntico mis贸gino. Habl贸 en mal de las mujeres. Las odiaba. Las ve铆a como seres demasiado superficiales. Odiaba a su madre porque ella ten铆a pretensiones literarias, era amiga de personas intelectuales, le hac铆a sombra. La envidiaba seguramente de manera inconsciente por su esp铆ritu libre y seguro. El quer铆a, como lo hacen los ni帽os caprichosos, toda la atenci贸n para s铆 mismo. Era un hombre parad贸jico, odiaba a la mayor铆a de persona incluida su madre, pero amaba a los animales. Su odio por la mujer trascendi贸 su propio sistema de ideas formal. Bertrand Russell en su historia de la filosof铆a afirma lo siguiente:

[En una] ocasi贸n se sinti贸 molesto con una vieja costurera que estaba hablando con una amiga por fuera de la puerta de su departamento. La arroj贸 escaleras abajo, caus谩ndole una lesi贸n perpetua. 脡sta obtuvo una sentencia que lo condenaba a pagarle cierta suma (15 t谩leros) cada trimestre, mientras viviera. Cuando, al cabo muri贸, despu茅s de veinte a帽os de cobrar la indemnizaci贸n, el fil贸sofo anot贸 en su cuaderno: Obit anus, abit onus(Russell, 1946, p谩g. 446).

Era inconsecuente con su doctrina. Un fil贸sofo que no practica sus doctrinas no se le puede considerar como un fil贸sofo propiamente hablando. Hegel, Marx y muchos otros, a pesar de las posibles contradicciones en sus sistemas, cre铆an sinceramente en sus ideas y viv铆an acorde a lo que pensaban, pero Schopenhauer, no. Siempre vivi贸 de espaldas a sus principios. El predicaba ideales 茅ticos y asestas pero nunca los puso en pr谩ctica en su vida. Casi todos los fil贸sofos son, por definici贸n, vanidosos y mendaces, pero la mayor铆a de ellos creen en sus propias ideas; 茅l nunca crey贸 en sus propias doctrinas, viv铆a, como Rousseau, contrariamente a sus postulados. Pero siempre sobrevalor贸 su propio pensamiento.

Seg煤n Bertrand Russell fue un sujeto carente de virtud. El dice que: 

Es dif铆cil encontrar en su vida muestras de ninguna virtud, excepto la benevolencia para los animales, que llevaba hasta el extremo de oponerse a la vivisecci贸n con fines cient铆ficos. En todos los dem谩s aspectos era completamente ego铆sta. Es dif铆cil de creer que un hombre que estuviera profundamente convencido de la virtud del ascetismo y de la resignaci贸n no hubiera hecho ning煤n intento para llevar sus convicciones a la pr谩ctica. (Russell, 1946, p谩g. 446).

La idea que se tiene de Schopenhauer como el fil贸sofo m谩s pesimista quiz谩 no sea la m谩s adecuada. En la mayor铆a de art铆culos que hablan de Schopenhauer lo describen como un sujeto sumamente pesimista, infeliz, resentido y lleno de toda clase de emociones represivas. Sin embargo su biograf铆a:

se帽ala que, lejos de llevar una vida de amargado pesimista, era muy apegado a la buena comida en refinados restaurantes, vest铆a trajes elegantes, fumaba selectos puros y asist铆a regularmente a conciertos (le gustaba Rossini y Mozart), 贸peras y espect谩culos teatrales. Adem谩s, era flautista desde ni帽o y ten铆a el h谩bito de tocar la flauta una hora por d铆a. En la juventud y madurez tuvo varios amor铆os y romances. (R铆os, 2021)

Seg煤n R眉diger Safranski, ensayista y bi贸grafo alem谩n: 

Schopenhauer ha descrito penetrante e inolvidablemente tal superaci贸n de la voluntad como instantes de desasimiento, por no decir de redenci贸n. 驴Los experiment贸 realmente? Ah铆 est谩 su tal贸n de Aquiles. 脡l no fue ni santo ni asceta. Y tampoco se convirti贸 en el Buda de Frankfurt. Entend铆a brillantemente la negaci贸n de la voluntad siempre que no afectara a su voluntad. Y a 茅sta supo abrirle paso, a veces incluso con rudeza. Lo hizo contra su madre, a la que pretend铆a dar 贸rdenes, como sustituto del patriarca tras la muerte del padre; contra casi todos los profesores de filosof铆a coet谩neos, a los que insultaba como 芦emborronadores de absurdos禄; contra los editores, por los que se sent铆a enga帽ado, y contra las 芦mujeres禄, una especialidad suya (lleg贸 a lanzar por la escalera a una vecina que merodeaba tras 茅l con excesiva curiosidad; por lo menos eso es lo que ella afirmaba). En elcaf茅 Greco de Roma los artistas que all铆 se congregaban trataron de impedirle la entrada porque ya no soportaban m谩s su constante rega帽ar y sus aires de sabiondo. En su habitaci贸n de Berl铆n, desenga帽ado y agriado, golpeaba los muebles con el bast贸n de paseo. Al pedirle explicaciones, refunfu帽aba: 芦Doy cita a mis esp铆ritus禄. Pero este duendecillo ten铆a sus momentos de 芦mejor conciencia禄, tal como 茅l se expresaba; con todo, quedaba siempre en 茅l una espina cuando no viv铆a a la altura de su inteligencia. (R眉diger Safranski, 2010).

Han pasado 161 a帽os desde su muerte y el mundo que el describi贸, cruel, inhumano y repleto de toda clase sufrimiento,  se asemeja mucho m谩s al que conocemos que al que nos proponen los racionalistas y los optimistas. No se puede juzgar a Schopenhauer por ser tan inconsecuente con su doctrina, no es el primero, hay que recordar a  Rousseau, que ha sido el fil贸sofo m谩s incoherente de la historia. Una cosa queda bastante clara de todo lo dicho: no han sido siempre, tal como fue el caso de Schopenhauer y Descartes, los m谩s grandes fil贸sofos los que han revolucionado el mundo de las ideas, sino los esp铆ritus ordinarios que, inspirados con la idea de revolucionar un campo, terminan descubriendo semillas de transformaci贸n  y con ello proponiendo algo que rompe en definitiva el horizonte de comprensi贸n  o sentido com煤n de sus respectivas 茅pocas. Con respecto a Schopenhauer, es justo reconocerle el m茅rito de haber sido el fil贸sofo m谩s racional de lo irracional.

V铆ctor Salmer贸n

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Referencias

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Fuente: Portaloaca.com