July 15, 2021
De parte de Nodo50
260 puntos de vista


Hay una revoluci贸n en marcha, pero no la estamos haciendo nosotros. Hay una revoluci贸n en marcha, porque la revoluci贸n, dec铆a De Maistre (un contrarrevolucionario, pero no hay como leer a los reaccionarios para entender la revoluci贸n, porque, como dec铆a Benjamin, nadie como el ahorcado comprende la soga y la madera), no es un acontecimiento, sino una 茅poca[1]. Hay una revoluci贸n en marcha cuyos revolucionarios hacen an谩lisis concretos de la realidad concreta, cambian de t谩ctica con desparpajo cuando una se revela fallida, dan dos pasos adelante y uno atr谩s, hacen entrismo, saben emitir por igual mensajes complejos y simples, son maestros de la agitprop, copian las a帽agazas exitosas del enemigo, guardan piezas, las sacrifican por un bien mayor, atesoran la paciencia de Mao y la clarividencia de Lenin, leen a Gramsci, tejen solidaridades internacionales muy fluidas, aprovechan el Parlamento como altavoz mientras trabajan contra 茅l, tienen la resuelta insolencia de quienes sienten a su favor el viento de la historia. Los revolucionarios, hoy, son ellos. Su revoluci贸n, un asalto planetario contra el Estado del bienestar, no para superarlo en sentido socialista, sino para abolirlo; un nacional-thatcherismo cuyo ondear furibundo de estandartes nacionalistas camufla el prop贸sito de disolver las instituciones que protegen al procom煤n.

Hay una revoluci贸n en marcha, pero una revoluci贸n siniestra (o, mejor dicho, diestra), que urge detener. Y la izquierda ya enarbola contra ella, espont谩neamente, el lenguaje del orden y la conservaci贸n: la defensa de los servicios p煤blicos amenazados, de conquistas morales en peligro, como el aborto o los derechos LGTB, etc茅tera. Nos hemos vuelto conservadores al tiempo que la derecha se ha hecho revolucionaria y tal vez no haya que avergonzarse de ello, sino abrazarlo con desenvoltura y, contraintuitivo como pueda ser, devolver el golpe volc谩ndose a extraer lecciones (lecciones t谩cticas, no ideol贸gicas), no de la literatura revolucionaria, sino de la contrarrevolucionaria, y no de la progresista, sino de la conservadora; leer desprejuiciadamente a los reaccionarios y conservadores l煤cidos de las 煤ltimas dos centurias y aprender de sus intuiciones. Hacerlo comprendi茅ndolos, en primer lugar, a ellos, frente a la caricatura a la que acostumbramos a reducirlos.

Dos lecciones, tambi茅n contraintuitivas, ser铆an las primeras de ese aprendizaje: contrarrevoluci贸n y conservadurismo 鈥攕er铆a una鈥 no son la voluntad de detener el progreso, sino un progreso alternativo al planteado por la revoluci贸n, e incluso una alternativa revoluci贸n. El conservador tipo 鈥攕er铆a la segunda鈥 no es una persona apegada al pasado, ni es exactamente la revoluci贸n un ansia de futuro, sino todo lo contrario: el conservador celebra el presente y no teme el futuro que se derive de 茅l, y es la revoluci贸n quien se obsesiona con un pasado 谩ureo a recuperar. 芦La tradici贸n de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando estos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas 茅pocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los esp铆ritus del pasado禄, escrib铆a Marx al inicio de El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, pensando en la fascinaci贸n grecorromana de los revolucionarios de 1789 o la veterotestamentaria de las huestes de Cromwell[2].

Vive le Roi, malgr茅 tout

Cuando, hoy, la izquierda abandera un discurso conservador, ello no significa que el orden existente se perciba como ideal, pero nunca quiso decirlo para ning煤n conservador stricto sensu. El conservador es consciente de 鈥攑arafraseando un t铆tulo de Chestertonlo que est谩 mal en el mundo: lo que no acepta es que el orden existente sea radicalmente ignominioso y deba ser dinamitado sin piedad. Abandera un progreso ordenado, prudente. 芦Ser conservador es preferir lo familiar a lo desconocido, preferir lo experimentado a lo no experimentado, el hecho al misterio, lo real a lo posible, lo limitado a lo ilimitado, lo cercano a lo lejano, lo suficiente a lo sobreabundante, lo conveniente a lo perfecto, la risa del presente a la dicha ut贸pica禄, escrib铆a Oakeshott, pero puntualizando que 芦en el coraz贸n de todo modo de vida tradicional existe espacio para la libertad y la creatividad禄 y que el conservadurismo es 芦gratitud por lo que est谩 disponible禄, pero no 芦una mera idolatr铆a de lo que ha pasado y ya no est谩禄, sino 芦tambi茅n una manera de acomodarnos a los cambios禄[3].

Frente al revolucionario, el conservador puede llegar a abanderar una insurrecci贸n propia, muy furibunda y violenta, imitativa de las formas y fraseolog铆as de su adversario: la contrarrevoluci贸n es ella misma una revoluci贸n, y no la mera preservaci贸n de un edificio en ruinas, sino la combinaci贸n de la lucha contra quienes quieren arrasarlo y una reforma ambiciosa que conjure los problemas que desencadenaron la revoluci贸n para empezar. De Maistre defend铆a el Antiguo R茅gimen y el orden aristocr谩tico no acusando de su demolici贸n a los protestantes o los masones, como sus correligionarios m谩s obtusos, sino a la degradaci贸n de la aristocracia: 芦La nobleza francesa 鈥攅scrib铆a鈥 no debe culpar de sus desgracias m谩s que a s铆 misma; y cuando se convenza de esto, habr谩 dado un gran paso禄[4]. M谩s a煤n, alababa a la revoluci贸n como un agente involuntario de regeneraci贸n, y lo hac铆a por tal motivo: los estragos del asalto obligan a reconstruir el edificio, que resurge m谩s fuerte de lo que era antes. Los peones de la Revoluci贸n lo han sido en realidad, sin saberlo ni quererlo, de la Restauraci贸n, para la que han cumplido la misi贸n de 芦fundir los metales para vaciar despu茅s la estatua禄[5].

El Nuevo Antiguo R茅gimen es distinto del revolucionario tanto como de aquel contra el que los jacobinos se alzaron. Los soldados de la contrarrevoluci贸n 鈥攎uchas veces proletarios que rechazan a los liberales porque quieren arrasar usos y costumbres arcaicos que representan derechos valiosos (como, por ejemplo, los pastos comunales amenazados por la desamortizaci贸n)鈥 se alzan en defensa del Rey, no porque lo veneren de manera acr铆tica, sino porque encarna un orden que, aunque imperfecto, prefieren a su alternativa; y tambi茅n exigen que su sacrificio no sea gratuito y se traduzca en una renegociaci贸n a su favor del pacto tradicional. Exclaman, como Cheateaubriand: 芦隆Salvad al Rey, a pesar de todo!禄[6]. Hoy nos sucede, debe sucedernos, lo mismo con la democracia socioliberal: bien sabemos cu谩n imperfecta es, cu谩ntas leguas dista de ser arc谩dica, el alt铆simo n煤mero de sus fallos, carencias e ignominias; pero tambi茅n que, con todo, es mejor que la alternativa de la revoluci贸n lepenista. Frente a ella, reivindicamos, debemos reivindicar, las virtudes que el statu quo encarna pese a todo y la posibilidad de una mejora progresiva; ello sin dejar de estar dispuestos para una insurrecci贸n defensiva si esa revoluci贸n adversaria se lanza finalmente al asalto de los pastos comunales de nuestro tiempo, ni para exigir, si vencemos, que nuestro sacrificio no sea gratuito y la victoria d茅 paso 鈥攃omo lo dio en 1945鈥 a una democracia mejorada.

Papeles invertidos

La revoluci贸n 鈥攔ecordemos鈥 no es un acontecimiento, sino una 茅poca. Y nuestra era revolucionaria comienza en realidad en 1989, exactamente dos centurias despu茅s del estallido de la Revoluci贸n francesa, con la toma de la Bastilla del derribo del Muro de Berl铆n y su, al caer, aplastar a sus dos lados: el sovi茅tico, pero tambi茅n el del consenso socialdem贸crata de la Europa occidental posb茅lica, que alumbr贸 el Estado del bienestar a fin de conjurar la posibilidad de una revoluci贸n sovietizante. La ultraderecha de nuestros d铆as es a aquella revoluci贸n neoliberal lo que el bonapartismo fuera a la revoluci贸n liberal: una renovaci贸n y expansi贸n de aquella insurrecci贸n tras su fracaso parcial debido al Termidor representado por los socialismos del siglo XXI, el movimiento antiglobalizaci贸n o los tipo Occupy o 15-M. La alt-right, cada uno de sus caudillos, es un Bonaparte que renuncia a las dimensiones m谩s subversivas de la revoluci贸n original y asume formas y ceremoniales del Antiguo R茅gimen a fin de reanudarla: si Napole贸n las mon谩rquicas y cat贸licas, la ultraderecha de hoy un recio discurso comunitarista que, sin embargo, no se hace incompatible con el capitalismo neoliberal, sino que aun lo acelera, cual Bolsonaro las motosierras que deforestan la Amazon铆a.

El futuro recordar谩 tal vez a Bernie Sanders, Jeremy Corbyn, Jean-Luc M茅lenchon o Pablo Iglesias como los 煤ltimos estertores de un alzamiento de izquierda cl谩sico, tras el cual advino un ciclo marcado ya claramente por la inversi贸n de papeles hasta aqu铆 esbozada, y de la que llega a ser entretenido buscar manifestaciones macro y micro. Los sans culottes se llamaban as铆 porque llevaban pantalones largos en lugar de los cortos que portaba la nobleza, a la que los revolucionarios, present谩ndose como hombres de acci贸n que llamaban pan al pan y vino al vino, despreciaban como amanerada y decadente de un modo no muy distinto a como, hoy, la ultraderecha se recrea en demonizar el libertinaje sexual del establishment globalista, sus simpat铆as hacia el movimiento LGTB o los melindres de la cortes铆a woke y el lenguaje inclusivo. La derecha era en tiempos conservacionista, el Palacio Vald茅s de La aldea perdida o el Tolkien que env铆a a sus ents a devastar la industrial Isengard, frente a una izquierda entusiasta de la industria y que, cuando hizo su revoluci贸n, llen贸 de chimeneas, embalses y torres de alta tensi贸n los emblemas de sus rep煤blicas populares; pero tambi茅n aqu铆 se han invertido hoy los papeles y es la izquierda ecologista frente al drill, baby, drill y las trovas al autom贸vil que se vocean en la trinchera de enfrente. Incluso la masoner铆a de hoy son ellos: creyentes en un pensamiento 鈥攁fortunadamente鈥 impopular o perseguido y que lo comparte discretamente o en un secreto de logias digitales y saludos codificados; la dogwhistle politics de los nazis[7].

Los revolucionarios liberales abanderaban, y los revolucionarios neoliberales abanderan hoy, un sistema simplificado frente a la tortuosa mara帽a de regulaciones del Antiguo R茅gimen. Y ese sistema simplificado era entonces, como lo es es hoy, un atroz libremercado que precarizar铆a a capas populares protegidas por los viejos usos, pero part铆a de un diagn贸stico certero: ciertamente la legislaci贸n del Antiguo R茅gimen era tortuosa y a menudo arbitraria, y necesitaba una reforma que los ilustrados ya hab铆an intentado iniciar, pero pod铆a ser la que se hizo u otra distinta, m谩s justa. Los reaccionarios entender铆an despu茅s de la Revoluci贸n que no pod铆an restaurar aquella legislaci贸n tal cual, sino que deb铆an racionalizarla. En nuestros d铆as, el neoliberalismo alzado contra el consenso socialdem贸crata abandera un proyecto perverso, horr铆fico, pero parte de un diagn贸stico certero sobre las mara帽osidades y arbitrariedades del r茅gimen actual, ante el cual las fuerzas del bien debi茅ramos ofrecer nuestra propia alternativa justa.

La revoluci贸n de hoy mira al pasado, como Marx dec铆a que lo han hecho todas. Vetera instauramus, nova non produimus,dec铆an los erasmistas[8]. Jacobo Berm煤dez de Castro se burlaba as铆 en 1869 de la infatuaci贸n grecorromana de los jacobinos:

No pod铆an inspirarse de las sagradas p谩ginas esos revolucionarios franceses, ateos en general y materialistas; pero, acosados por un fanatismo cl谩sico y un pedantismo excusable cuando m谩s en colegiales, estaban prontos 谩 remedar 谩 los Griegos y Romanos, cuyos nombres impon铆an 谩 sus hijos, en vez de los consignados en el calendario. As铆, objetos eran de su entusiasmo los homicidas Harmodio y Aristogiton, Timoleon el fratricida, Bruto y Manlio, verdugos de sus propios hijos, la madre feroz de Paus谩nias, en una palabra, cuantos cr铆menes rechaza la conciencia humana, con tal que estos cr铆menes fuesen narrados en griego 贸 en lat铆n[9].

Hoy una sublevaci贸n antiprogresista, no pudiendo inspirarse en la fraseolog铆a revolucionaria de la que es atea, pero acosada por un fanatismo hisp谩nico, remeda a los conquistadores y los Tercios; se entusiasma con cr铆menes que la conciencia humana rechaza, pero son narrados en el castellano viejo de los cronistas de Indias; llama a sus hijos Pelayo, Covadonga, Guzm谩n, Menc铆a, Rodrigo, Jimena, Beltr谩n, Hern谩n u otras onom谩sticas de h茅roes venerados o 谩spero sabor medieval o siglodorino. Y frente a ella, se impone una vindicaci贸n adversaria del pret茅rito como la que Miguel Mart铆nez propone en Comuneros: el rayo y la semilla (1520-1521): un historicismo emancipador que convoque a los 芦colosos antediluvianos禄 sobre los que Marx tambi茅n escrib铆a a librar una comuner铆a nueva; un nuevo Villalar en el que en esta ocasi贸n venzan los buenos. Los comuneros, demuestra Mart铆nez, ofrecen otro ejemplo de c贸mo son parad贸jicas las revoluciones y las contrarrevoluciones; y en aquel caso, de c贸mo una insurrecci贸n popular e incluso republicana con todas las de la ley puede arroparse del lenguaje de la obediencia y la conservaci贸n del pasado: los comuneros, de cuyos miembros m谩s radicales 鈥攑orque siempre hay varias revoluciones dentro de la Revoluci贸n鈥 Mart铆nez enumera trazos documentales de una imaginaci贸n rebelde que fabula expl铆citamente el fin de la Monarqu铆a y la aristocracia, vindicaban al Rey para debilitarlo o incluso destronarlo tal como, en nuestros d铆as, los revolucionarios de la Ilustraci贸n oscura vindican la democracia mientras laboran por disolverla, y alumbran democracias iliberales con elecciones y parlamentos meramente decorativos[10].

Reivindicarnos abiertamente como conservadores, abanderar el lenguaje de la moderaci贸n y la reforma prudente, podr铆a devolver el golpe que para nosotros es que, adoptando a su vez el lenguaje del v茅rtigo y la aventura, el enemigo est茅 sustray茅ndonos efectivos: izquierdistas derechizados, no en la forma de sus t谩cticas, sino en su contenido ideol贸gico; reaccionarios con p谩tina ret贸rica bolchevique, jacobina o socialdem贸crata ante los que bien har铆amos en asimilar cierta advertencia de Challemel-Lacour, otro conservador l煤cido, que se burlaba de 芦estas personas siempre dispuestas a enrolar bajo su bandera al primer llegado que casualmente pronuncie su santo y se帽a禄[11].

Pablo Batalla Cueto (@pbcueto) es licenciado en historia y m谩ster en gesti贸n del patrimonio hist贸rico-art铆stico por la Universidad de Salamanca. Dirige desde 2013 A Quemarropa, peri贸dico oficial de la Semana Negra de Gij贸n, y desde 2018 es coordinador de El Cuaderno. En 2017 public贸 su primer libro, Si cantara el gallo rojo: biograf铆a social de Jes煤s Montes Estrada, 鈥楥hurruca鈥, y en 2019 el segundo: La virtud en la monta帽a: vindicaci贸n de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista.

Notas

[1] Compagnonm Antoine. (2007). Los antimodernos. Barcelona: Acantilado, p. 119; Benjamin, Walter. (2021). Calle de sentido 煤nico. C谩ceres: Perif茅rica.

[2] Karl Marx: El dieciocho brumario de Luis Bonaparte (ed. Juan R. Fajardo), en Archivo Marx Engels, 2000. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm

[3] Oakeshott, Michael. (2017). Ser conservador y otros ensayos. Madrid: Alianza, pp. 27, 99, 164, 167.

[4] Compagnon: o. cit., p. 119.

[5] Dawson, Christopher. (2015). Los dioses de la Revoluci贸n. Madrid: Encuentro, p. 179.

[6] Cit. en Compagnon: o. cit., p. 97.

[7] Cf. Ragland, Cason. (27 de abril de 2018). 芦How to recognize the rhetorical dog whistles of the modern fascist禄, StudyBreak. Disponible en: https://studybreaks.com/thoughts/fascist-dog-whistles/

[8] Rodr铆guez de la Flor, Fernando. (2012). Mundo simb贸lico: po茅tica, pol铆tica y te煤rgia en el Barroco hispano. Madrid: Akal, p. 68.

[9] Berm煤dez de Castro, Jacobo. (15 de marzo de 1869). 芦Del fanatismo religioso y pol铆tico禄, Revista de Espa帽a, tomo 7, n煤m. 25, p. 28.

[10] Una entrevista a Mart铆nez en El Cuaderno, 17 de junio de 2021. Disponible en: https://elcuadernodigital.com/2021/06/17/vertigo-y-luz-en-las-arterias-del-relampago-entrevista-a-miguel-martinez-autor-de-comuneros-el-rayo-y-la-semilla-1520-1521/

[11] Compagnon: o. cit., pp. 100-101.

Fotograf铆a de 脕lvaro Minguito.




Fuente: La-u.org