January 21, 2021
De parte de Briega
239 puntos de vista


* Nota de Primera Vocal: Este breve texto fue publicado hace poco m谩s de tres a帽os por Ajoblanco. Lo rescatamos de la velocidad del mundo en el que vivimos.

En los 煤ltimos a帽os hemos asistido a la m谩gica transmutaci贸n de 鈥淟a Psiquiatr铆a鈥 en 鈥淪alud Mental鈥. La versi贸n oficial de la historia, esa que escriben los vencedores, nos cuenta que los procesos de Reforma Psiqui谩trica consiguieron cerrar los manicomios y crear modernos servicios de salud mental m谩s cercanos y eficaces para atender el sufrimiento ps铆quico. Tambi茅n nos dice que el desarrollo de los psicof谩rmacos -ahora con muchos menos efectos secundarios que los antiguos- es el responsable de que personas que en otras 茅pocas hubiesen tenido que ser recluidas de por vida, hoy puedan tener una existencia normalizada. Incluso pueden conseguir empleos precarios e insertarse en el mercado laboral. Y se帽ala que el principal obst谩culo para la total integraci贸n social estriba en que la 鈥渆nfermedad mental鈥 tiene mala prensa y es necesario emprender campa帽as de sensibilizaci贸n con el objetivo de que la sociedad comprenda que la depresi贸n, la esquizofrenia o el trastorno bipolar son enfermedades como cualquier otra, como el asma o la diabetes, por ejemplo.

Esta versi贸n oficial de la historia, sumada a la ilusi贸n del Estado de Bienestar en la que hemos vivido hasta hace poco menos de una d茅cada, ha logrado que la 煤nica reivindicaci贸n durante todos estos a帽os haya sido cuantitativa. Se exigen m谩s centros, m谩s servicios, m谩s profesionales, m谩s f谩rmacos, m谩s campa帽as, m谩s recursos para la Salud Mental. Como resultado, tenemos una ampl铆sima red de servicios, un batall贸n de profesionales destinados a diagnosticar a cualquier persona que manifieste malestar o que se comporte de un modo no funcional para el sistema, campa帽as anti-estigma en las marquesinas de las ciudades m谩s pobladas del pa铆s y reportajes en los medios de comunicaci贸n generalistas relatando las bondades y avances de la disciplina. Sin embargo, la realidad objetiva nos muestra que este desarrollo no ha ofrecido un escenario m谩s positivo que el que ten铆amos a finales de los a帽os 80. A pesar de la multiplicaci贸n de recursos y la aparici贸n de nuevos y mejorados psicof谩rmacos no se ha evitado que el n煤mero de personas que viven con un diagn贸stico psiqui谩trico haya aumentado de forma alarmante.

Los ciudadanos que usan los servicios de salud mental se convierten, gracias al toque m谩gico del diagn贸stico, en personas cuya capacidad de entendimiento, decisi贸n y acci贸n autom谩ticamente se pone en duda y rechaza, como ocurr铆a con los enajenados hace un par de siglos. Cuestionar el orden social sigue siendo peligroso. Revelar -a trav茅s del sufrimiento- los da帽os que producen sobre nuestra existencia la desigualdad social, la exigencia de normalidad, el mandato de ser siempre productivos, la precariedad o la soledad, exige un golpe de efecto para acallarlos. Recibir un diagn贸stico de trastorno mental se ha convertido en la camisa de fuerza de nuestros d铆as.

El avance de la ciencia m茅dica ha sustituido -con otro truco de magia- los muros del manicomio por elevadas dosis de drogas psiqui谩tricas que provocan sobre las personas heridas parecidas a las que causaba la reclusi贸n. El encierro es ahora un encierro qu铆mico: la dependencia indefinida de sustancias que modifican los afectos, las sensaciones, la capacidad de pensar y el propio cuerpo. Contando adem谩s con la generosa ayuda de la industria farmac茅utica, hoy ya tenemos el psicof谩rmaco adecuado para cada estado emocional perturbador. Porque todo se diagnostica. Porque parece no ser posible sufrir sin ser diagnosticado y medicado.

Las l贸gicas de control social y exclusi贸n que combati贸 la antipsiquiatr铆a siguen estando vivas en la patologizaci贸n del sufrimiento (esa tendencia a diagnosticar cualquier malestar y convertirlo en 鈥渆nfermedad mental鈥) y su consiguiente medicalizaci贸n. Tambi茅n est谩n presentes en los internamientos hospitalarios involuntarios, en la toma de medicaci贸n forzosa, en las exigencias de sometimiento cotidianas (鈥渢ienes que venir a las citas鈥, 鈥渢ienes que perder peso鈥, 鈥渘o puedes vivir sola鈥, 鈥渘o puedes tener novia鈥, etc.) y en la coerci贸n de cada d铆a. La ilusi贸n de que se est谩 haciendo algo sustancialmente distinto, m谩s humanitario a la vez que cient铆fico, que se est谩 cuidando a la ciudadan铆a desde los recursos que pone a su disposici贸n un estado de derecho, puede mantenerse intacta con una buena operaci贸n cosm茅tica y el ilusionismo llevado a cabo por el Estado de Bienestar. Pero los centros de salud mental, los centros de atenci贸n psicosocial, las asociaciones y los equipos de atenci贸n no son m谩s que un psiqui谩trico troceado (un poco m谩s de magia), un laberinto del que no ser谩 posible salir a partir del momento en que se atraviesa la puerta de entrada al sistema de salud mental. El poder otorgado al saber psiqui谩trico -al saber 鈥渟alud mental鈥 hoy-, que permite que siga desplegando su artiller铆a para llevar a cualquier ciudadano desviado a la normalidad moral, siempre por nuestro bien, sigue siendo el monstruo a combatir. Hoy, exactamente igual que ayer.

Nos encontramos en un momento en el que la propia psiquiatr铆a hegem贸nica naufraga. El m茅rito es solo suyo: se trata de una disciplina con cada vez m谩s pacientes y un sufrimiento que no cesa de aumentar. Desde un punto de vista cient铆fico, m茅dico, el paradigma es insostenible. Ni cuida, ni ofrece alternativas. Simplemente ha definido los confines de un callej贸n sin salida donde la falta de luz y aire fresco no puede ser justificada bajo ninguna premisa. Las contradicciones del mundo de la salud mental se agudizan por momentos鈥 驴c贸mo puede ser que la formaci贸n de los profesionales est茅 en manos de las empresas farmac茅uticas?, 驴c贸mo se puede justificar el crecimiento exponencial del gasto en psicof谩rmacos?, 驴qu茅 garant铆as ofrece el actual sistema de patrocinios y financiaci贸n de la investigaci贸n psiqui谩trica?, 驴qu茅 sucede con el uso generalizado de correas e ingresos forzosos en los hospitales y dispositivos?, 驴por qu茅 la atenci贸n psiqui谩trica sigue siendo un 谩mbito de excepci贸n donde no se ofrecen datos (por ejemplo sobre las contenciones con correas) ni explicaciones (por ejemplo cuando un psiquiatra director de un recurso es acusado de tres agresiones sexuales, tal y como ha pasado recientemente en Madrid)?

Ante este panorama, defendemos la necesidad de un pensamiento a contramano, de un movimiento que trabaje por la superaci贸n de las condiciones de vida que impone la psiquiatr铆a tal y como la conocemos y sufrimos. Por eso nos enlazamos con la historia de la antipsiquiatr铆a y abogamos por su pertinencia. La antipsiquiatr铆a sigue siendo necesaria porque no podemos tolerar la intromisi贸n en nuestros cuerpos y mentes de la industria farmac茅utica y la vulneraci贸n sistem谩tica de los derechos humanos sin ejercer una frontal oposici贸n.

No nos queda otro remedio que estar ah铆, tirando de la cuerda cuanto sea necesario. Siendo uno m谩s de los muchos agentes que trabajan por construir paso a paso un contrapoder que ofrezca resistencia y comunidad. No es una opci贸n estrat茅gica, es la 煤nica salida posible.




Fuente: Briega.org