October 28, 2020
De parte de La Haine
335 puntos de vista


Estas no son manzanas podridas, es el 谩rbol completo que est谩 irremediablemente descompuesto, por las doctrinas de odio y muerte ‘Made in Usa’

El 21 de octubre se realiz贸 un Conversatorio sobre el tema de Seguridad y Defensa en Colombia. Concepciones y desaf铆os, que convoc贸 la Comisi贸n de la Verdad. Con antelaci贸n se nos enviaron seis preguntas (en realidad eran m谩s, porque algunas de ellas ten铆an otras preguntas incorporadas). Desde el momento en que recib铆 las preguntas consider茅 que eran demasiadas y no habr铆a ocasi贸n de afrontarlas con profundidad por el poco tiempo disponible y por el n煤mero de personas que 铆bamos a participar en el Conversatorio. Y en efecto eso fue lo que aconteci贸, porque adem谩s de los cinco foristas que participamos, intervinieron otras personas (aunque en forma breve y puntual), con lo que el tiempo y las posibilidades de argumentar se redujeron en forma significativa.

De todas formas, yo escrib铆 las respuestas, pensando en la brevedad de tiempo y el p煤blico general que participaba en la convocatoria, por lo que empleo un lenguaje coloquial y directo.

No se alcanzaron a afrontar todos los temas que se propon铆an en las preguntas y solamente se abordaron unos pocos. Dado que pens茅 con cuidado lo que iba a responder, decid铆 escribirlo como texto orientador y eso es lo que hoy ofrezco a los lectores interesados.

Enfatizo en la construcci贸n del enemigo interno como l贸gica contrainsurgente de larga duraci贸n en Colombia, porque ese fue el asunto que se me pidi贸 en forma expresa que resaltara en el Conversatorio mencionado.

驴C贸mo se entiende la seguridad en Colombia y cu谩l es su relaci贸n con la democracia?

La pregunta que habr铆a que hacer a esta pregunta es de 驴qui茅nes se est谩 hablando, cuando se nombra la relaci贸n entre seguridad y democracia? Si estamos hablando desde la l贸gica del bloque de poder contrainsurgente (formado por el Estado, las clases dominantes, las altas jerarqu铆as de la iglesia cat贸lica, los gremios econ贸micos y los medios de desinformaci贸n) que se ha construido en este pa铆s en los 煤ltimos 70 a帽os tenemos un tipo de respuesta, en la cual existe una relaci贸n estrecha entre una forma de entender la seguridad (considerada como seguridad nacional, confeccionada en EEUU) para defender los intereses de ese bloque de poder contrainsurgente y para ellos la democracia se reduce, cuando mucho a unas elecciones peri贸dicas, en las que se escoja al representante de ese bloque de poder que va a ejercer la presidencia de la Rep煤blica.

Si, por el contrario, nos situamos en la perspectiva de las grandes mayor铆as sociales para las cuales la democracia no deber铆a reducirse a un ritual electoral, sino a una forma sustancial de entender la sociedad, en la que la desigualdad no sea lo dominante, haya justicia, empleo, respeto a las libertades individuales y colectivas y no se persiga y mate a la gente por pensar distinto y tener otro proyecto de mundo y de sociedad. En ese caso se tiene otra idea de seguridad, referida a la garant铆a de esos derechos, para que puedan ejercerse realmente y no queden en el papel. De qu茅 sirve, por ejemplo, hablar de Estado social de derecho y de “tradici贸n democr谩tica” si somos uno de los pa铆ses m谩s desiguales del mundo, en donde se asesinaron a 3000 dirigentes sindicales en los 煤ltimos 35 a帽os, se exterminaron movimientos pol铆ticos y mataron a miles de sus militantes (UP, A luchar, Frente Popular, ahora el Partido de la Rosa), si somos el primer pa铆s del mundo en asesinato de ambientalistas, el segundo en asesinato de profesores, durante mucho tiempo el primer pa铆s del planeta en desplazamiento forzado de poblaci贸n. Un pa铆s donde el racismo, el clasismo, el sexismo son pan cotidiano, como se demuestra a diario, para no ir m谩s lejos con el trato dado en estos momentos a la Minga ind铆gena y popular. Y todav铆a se repite la mentira de que somos un pa铆s que una gran tradici贸n democr谩tica, cuando la democracia colombiana, como lo dijo el pol铆tico liberal Dar铆o Echand铆a “es como un orangut谩n en Sacoleva”.

驴A partir de qu茅 modelos se han dise帽ado hist贸ricamente las pol铆ticas de seguridad y defensa en Colombia?

Dos modelos, uno informal, y otro formal, que corresponden a dos 茅pocas diferentes. Y aqu铆 voy a presentar un punto de vista heterodoxo que puede escandalizar a los “expertos en seguridad”.

Un primer modelo, el impuesto durante la Rep煤blica Conservadora (1886-1930), tutelado por un poder extranjero: El Vaticano. Este modelo no ten铆a doctrina militar espec铆fica (que se llamara as铆 de Seguridad), ni instructores militares, ni ej茅rcitos en Italia, a donde se prepararan los polic铆as y militares colombianos. Pero si irradiaba un dominio ideol贸gico, cultural y simb贸lico de gran alcance que se transmit铆a a trav茅s de diversos sectores del Partido Conservador, y principalmente las jerarqu铆as cat贸licas, que ten铆an presencia nacional y controlaban en forma f茅rrea la educaci贸n, los territorios nacionales con la “Reducci贸n de salvajes”, manejaban prensa, y ejerc铆an poder local en las parroquias y veredas. (en virtud del Concordato de 1887).

Los lineamientos ven铆an directamente desde el Vaticano, a trav茅s de las enc铆clicas papales, en las que peri贸dicamente se se帽alaban los enemigos de la iglesia cat贸lica, que se renovaban con relaci贸n a las grandes luchas sociales que se viv铆an en Europa. Las enc铆clicas las asimilan los obispos y las difunden con un mensaje de odio hacia el liberalismo (la revoluci贸n francesa) y lo que fuera considerado comunista o socialista y luego circulan por el pa铆s a trav茅s de los curas de parroquia, y llegan hasta los lugares m谩s distantes y rec贸nditos.

Esta concepci贸n de seguridad reposa en la idea de fundar un orden teocr谩tico, basado en la m谩xima Dios y Patria -que sigue siendo el lema de la Polic铆a colombiana- que en lugar de formar ciudadanos moldea buenos cristianos, sumisos, obedientes, serviles, intolerantes, sectarios, autoritarios, machistas, antiliberales y anticomunistas. Esto hace que la iglesia cat贸lica como cancerbera de dicho orden teocr谩tico imponga una noci贸n clerical de seguridad dentro del pa铆s, que supone el control de lo que hace y piensa la gente. La iglesia cat贸lica controla desde el nacimiento hasta la muerte, tiene el monopolio del bautismo y de los cementerios y logr贸 que durante cincuenta a帽os no existiera otra forma de identificaci贸n que no fuera la Partida de Bautismo. Por eso, se va a oponer con sa帽a a la expedici贸n de la cedula de ciudadan铆a en 1936, y para rechazar ese documento (un reconocimiento elemental de derechos civiles) se al铆a con el partido conservador para que no se toquen sus privilegios de control de los cuerpos y las mentes. La Violencia de las d茅cadas de 1940-1950 de alguna forma est谩 relacionada con la negaci贸n de un derecho civil, que deja de ser un monopolio de la iglesia cat贸lica y los ciudadanos puedan tener un documento de identidad expedido por el Estado y no queden a merced de una corporaci贸n privada, como es la iglesia cat贸lica. Este saboteo al reconocimiento de un elemental derecho civil fue encabezado por Laureano G贸mez, ese promotor de odio y de muerte, que se expresaba en la consigna falaz de que el “liberalismo ten铆a 1,800.000 cedulas falsas”.

De all铆 surge la doctrina de seguridad que el poder conservador y clerical ten铆a que enfrentar a sus numerosos y diab贸licos enemigos, empezando por el Partido Liberal y poco despu茅s a todo lo que se involucraba con el vocablo gaseoso de comunismo. Las implicaciones militares de esa concepci贸n de seguridad se materializaron en las 煤ltimas guerras civiles del siglo XIX que asolaron al pa铆s, principalmente la m谩s sangrienta y prolongada, la de los Mil D铆as (1899-1902), en donde se demostr贸 lo que implicaban las ense帽anzas clericales sobre la seguridad, que era la del partido conservador y la iglesia cat贸lica. Sus palabras de odio y muerte salieron de la boca santificada de Ezequiel Moreno, Obispo de Pasto, nacido en Espa帽a, quien afirm贸 que “matar liberales no era pecado”. Dec铆a este mismo personaje en 1897: “No es posible la conciliaci贸n entre Jesucristo y el diablo, entre la Iglesia y sus enemigos, entre catolicismo y liberalismo. No; seamos firmes: nada de conciliaci贸n; nada de transacci贸n vedada e imposible. O catolicismo, o liberalismo. No es posible la conciliaci贸n”[1].

Ah铆 est谩 la esencia de esa doctrina de seguridad nacional, la que se corresponde con la defensa de los intereses del partido conservador y la iglesia cat贸lica. Quienes los criticaran y los cuestionaran eran enemigos de la nacionalidad cat贸lica, apost贸lica y romana y deb铆an ser perseguidos, encarcelados o asesinados. Como las fuerzas militares y de polic铆a eran conservadoras en su mayor铆a, a esas fuerzas tambi茅n se trasladaba la l贸gica de que liberales y comunistas eran enemigos que hab铆a que combatir y exterminar como bacilos, enfermedades o plagas.

Se帽alemos un ejemplo. En un documento de 1932, que se encuentra en el AGN de 1932, el gobernador de Caldas transcribe las palabras del cura p谩rroco de Mocat谩n, cuyos dichos llenos de “fraternidad cristiana” son de este tenor: “Es necesario negarles el agua y el pan a los liberales”; “es mejor ser asesino, es menor pecado clavarle un pu帽al a la madre que ser liberal”; “las mujeres de los liberales son iguales a las prostitutas. Es menos pecado ser adultera que ser mujer de un liberal”; “las leyes humanas castigan el robo, pero ante Dios no es pecado robar y si es pecado ser liberal”[2]. Esta l贸gica es trasladada a los comunistas y socialistas, con el mismo tipo de vocabulario, como lo han documentado diversas investigaciones. En esa direcci贸n en 1949, Ernesto Reyes sacerdote de la Di贸cesis de Tunja aseguraba que el comunismo es “una lepra galopante y le declaraba la guerra a muerte”[3].

Y el segundo modelo, el de 1945 en adelante, tutelado por otro poder extranjero, los EEUU, se instaura durante el per铆odo de la hegemon铆a conservadora y la dictadura militar (1946-1957) y traza los lineamientos b谩sicos de la Doctrina de Seguridad Nacional. Esta preserva de la fase anterior por lo menos cuatro aspectos: la contrainsurgencia, el anticomunismo, el miedo al pueblo y el miedo a la democracia. EEUU se convierte en el formador de la mentalidad castrense (militar y policial) desde entonces hasta el d铆a de hoy. Un momento clave de la instauraci贸n de esa doctrina se da en el per铆odo se帽alado, cuando las clases dominantes de este pa铆s se pliegan de manera incondicional a los EEUU, incluyendo el plano militar. Las consecuencias de eso son bien conocidas y tienen que ver con los modelos de represi贸n que se imponen en el pa铆s, entre los cuales est谩n la persecuci贸n a todos los que son catalogados de comunistas y subversivos (trabajadores, campesinos, estudiantes, intelectuales, profesores, defensores de derechos humanos…). El trato militar y represivo a cualquier protesta, por justa y legitima que sea, la oposici贸n a cualquier reforma real de la estructura econ贸mica y pol铆tica del pa铆s, el aprendizaje de m茅todos de tortura que son ense帽ados en los manuales de guerra de EEUU, que son traducidos y adaptados por las fuerzas armadas de Colombia, la creaci贸n de grupos paramilitares para combatir a lo que se denomina el “enemigo comunista”. Todo eso se da durante el Frente Nacional y se proyecta hasta el d铆a de hoy, porque hay que decirlo en Colombia la guerra fr铆a nunca ha terminado.

En resumen, en materia de la seguridad contrainsurgente y la construcci贸n del enemigo interno, se “evolucion贸” sustancialmente: mientras en la primera 茅poca de la seguridad vaticana matar liberales y comunistas no es pecado, en la segunda de estirpe estadounidense matar comunistas no es delito.

驴Qu茅 sujetos han sido considerados como amenazas o enemigos de la seguridad nacional? 驴por qu茅?, 驴De qu茅 manera ha influenciado la vida social, pol铆tica y cultural de la sociedad colombiana la configuraci贸n de enemigos de la seguridad nacional?

Todos los sectores populares y quienes pudieran presentarse como sus voceros son concebidos como enemigos, siendo el t铆pico miedo al pueblo y miedo a la democracia. Los primeros que entraron en la lista de enemigos fueron, por supuesto, los ind铆genas y la poblaci贸n negra, desde la misma conquista y eso se ampli贸 y se reforz贸 durante todo el per铆odo republicano, y se proyecta hasta el presente (como lo podemos ver con la Minga). La Regeneraci贸n los considero menores de edad, salvajes, y dispuso su reducci贸n por las misiones cat贸licas, que se repartieron el pa铆s como un ponqu茅. En cuanto a la poblaci贸n negra, los esclavistas caucanos se negaron a la abolici贸n de la esclavitud y organizaron una guerra civil en 1851 para oponerse a la misma. Entre esos traficantes de carne humana se encontraba la familia Arboleda que despu茅s seguir铆a explotando a los negros como agregados en las haciendas. Uno de eso prohombres era Sergio Arboleda, cuyo nombre hoy ostenta una universidad, en la misma que se graduaron Iv谩n Duque y otros funcionarios del gobierno actual.

Luego, despu茅s de 1918 los trabajadores, sus movilizaciones, luchas, reivindicaciones. Con ellos se formularon desde el a帽o mencionado afirmaciones de odio, provenientes de diversos sectores (empresarios nacionales y extranjeros, jerarqu铆as cat贸licas, prensa). Ese odio se expres贸 en diversas masacres, entre ellos vale recordar la del 16 de marzo de 1919 (a sastres y artesanos), la de 1928, las bananeras, la del 23 de febrero de 1963, el asesinato de nueve dirigentes sindicales durante el paro nacional estatal de 1998, entre ellos el de Jorge Ortega, vicepresidente de la CUT. En la visi贸n contrainsurgente que domina en Colombia, ninguno de esas eran acciones legitimas, que ten铆an que ver con las reivindicaciones de los trabajadores, con mejorar sus condiciones de vida y de trabajo, sino que eran planes bolcheviques, subversivos, de comunistas enemigos de la patria.

Desde la d茅cada de 1920, con las movilizaciones agrarias, se demoniza a los campesinos y peque帽os propietarios y se coloca como estigma, que pod铆a y puede conducir a la muerte, la lucha por la propiedad de la tierra para quienes la trabajan. Nunca se realiz贸 una reforma agraria de verdad y las veces que se plantearon t铆midos intentos, vino la reacci贸n y revancha terrateniente, aupada por la iglesia, el partido conservador e importantes sectores del partido liberal, con miles de campesinos muertos y expulsados de sus tierras.

Los sectores urbanos pobres fueron considerados como enemigos a liquidar despu茅s del 9 de abril, aunque existieran manifestaciones anteriores. Pero fue ese d铆a cuando se convirtieron en carne de ca帽贸n para las fuerzas represivas del r茅gimen conservador, que dejo solo en las calles de Bogot谩 unos 5000 muertos. De ah铆 surge el ep铆teto despectivo de “chusma nueveabrile帽a”. Un escritor conservador de la 茅poca, Pedro Nel Giraldo, los catalog贸 como “negros, indios, mulatos y mestizos, rencorosos, vengativos, hombres de palo y cuchillos, defraudados, frustrados y ambiciosos”[4].

Los estudiantes fueron convertidos en enemigos desde 1954, con la masacre del 8 y 9 de junio.

Los profesores universitarios despu茅s del 9 de abril, cuando fueron perseguidos intelectuales colombianos y extranjeros en la Universidad Nacional y en La Escuela Normal Superior. Y los profesores de primaria y bachillerado desde la d茅cada de 1960, a ra铆z de importantes luchas y movilizaciones en todo el pa铆s.

Y, en general, desde finales de la d茅cada de 1950 se ampl铆a la noci贸n del “enemigo interno” hasta incluir a la mayor parte de la poblaci贸n civil, a los que empez贸 a denominarse “guerrilleros de civil”, “guerrilleros sin armas”, “c贸mplices de la subversi贸n”, “terroristas sin armas”, “brazo desarmado de la subversi贸n”, “poblaci贸n civil insurgente”, en los que se incluyen a sindicatos, asociaciones agrarias, movimientos reivindicativos de toda 铆ndole. Eso se define en el libro del franc茅s Roger Trinquier (uno de los “grandes torturadores galos”), titulado La Guerra Moderna y la lucha contra las guerrillas, que el ej茅rcito colombiano traduce en 1963 y donde se dice: “En la guerra moderna es dif铆cil de definir el […] l铆mite entre amigos y enemigos [que] est谩 en el seno mismo de la naci贸n, en una misma ciudad, y algunas veces dentro de la misma familia […] Todo individuo que de una u otra manera favorezca las intenciones del enemigo debe ser considerado traidor y tratado como tal”[5]

Esto conduce directamente a las campa帽as c铆vico-militares y a los cr铆menes de Estado, presentados con el eufemismo de “falsos positivos”, como resultado de lo cual han sido asesinados miles de colombianos desde la d茅cada de 1960, aunque esos asesinatos se hayan reforzado en el per铆odo 2002-2010, por una directriz del Ministerio de Defensa, en 2005, cuyo documento est谩 a la vista de todos, en la que se pagaba con dinero y otras prebendas la muerte de los enemigos, en una clara muestra de imposici贸n de la pena de muerte, cotizar la vida humana a un vil precio y medir el 茅xito militar en litros de sangre[6].

Enemigos son todos los j贸venes humildes y pobres, y a ellos se les persigue y mata y para justificar su muerte se afirma que no son mansas palomas que estaban recogiendo caf茅, como lo dijo el principal responsable de esos cr铆menes de Estado, bautizados con el eufemismo benigno de Falsos Positivos.

La idea de incluir como enemigos a gran parte de la poblaci贸n civil, la plante贸 sin eufemismos el general Rafael Samudio Molina, Ministro de Defensa, en su informe al congreso del per铆odo 1987-1988: “La subversi贸n act煤a en los campos pol铆ticos, econ贸micos, educativos, sindical y armado, con prop贸sitos bien definidos […] los grupos subversivos act煤an simult谩neamente en zonas urbanas y rurales, desarrollan actividad militar paralela a la acci贸n pol铆tica y utilizan la estrategia de convergencia en los campos pol铆tico, social, laboral, educativo, judicial y armado”[7].

En el Manual de instrucciones generales para operaciones guerrilleras del Ej茅rcito, de 1979, se clasific贸 a la poblaci贸n civil en tres categor铆as: la que apoya al ej茅rcito (listas blancas), la que apoya a los grupos subversivos (listas negras), y la que tiene una imposici贸n indefinida respecto a los dos bandos en conflictos (listas grises). A partir de all铆 se planteaba este procedimiento: una acci贸n primordial con boletos (amenazas de muerte) al personal de la lista gris y de la lista negra, para obligarlos a abandonar la regi贸n o el pa铆s, o abandonar sus posiciones pol铆ticas. Y se agrega en ese Manual que la guerra revolucionaria se expresa en “paros y huelgas” y en “la motivaci贸n y organizaci贸n de grupos humanos por la lucha revolucionaria, estudiantado, obrerismo, empleados de servicios p煤blicos, etc.”[8].

Otro elemento, directamente relacionado con los EEUU, en la construcci贸n de un enemigo interno, es el de la supuesta “guerra contra las drogas”, en la cual se califica como peligrosos terroristas a los miles de campesinos cocaleros, a los que el estado ha declarado como enemigos, y contra los cuales viene librando desde hace varias d茅cadas una campa帽a de criminalizaci贸n, persecuci贸n y exterminio, como se pone de presente con el uso de glifosato, que se quiere volver a usar de acuerdo a los mandatos de Donald Trump.

Entre quienes han contribuido a construir esta imagen del enemigo interno se pueden se帽alar: las jerarqu铆as de la iglesia cat贸lica, los empresarios del campo y la ciudad (grandes propietarios, ganaderos, industriales, comerciantes y sus gremios econ贸micos), la prensa (escrita, radial y televisiva), EEUU, importantes pol铆ticos liberales y conservadores o sus derivados y, por supuesto, el Estado colombiano y sus diversos 贸rganos (ejecutivo, legislativo y judicial). Por eso, cuando se habla de la doctrina de seguridad nacional hay que remitirse al bloque de poder contrainsurgente, en el que est谩n involucrados los sectores mencionados, todos funcionales y entrelazados. Al respecto, solo un ejemplo. En 1976 el Comit茅 Permanente de la Conferencia Episcopal dec铆a: “No es l铆cito para ning煤n cat贸lico o simple ciudadano de buena fe y voluntad votar por las listas de quienes por principio, objetivos, formas de lucha o alianzas, sostienen doctrinas o pol铆ticas marxistas de cualquier tendencia o grado que sea”[9].

Y en cuanto a la otra parte de la pregunta. 驴Por qu茅 se construye un enemigo interno? La respuesta no es dif铆cil de encontrar, y est谩 en la configuraci贸n de una sociedad desigual, injusta y antidemocr谩tica y para mantenerla se requiere generar la idea de que la propiedad y la riqueza se deben defender a sangre y fuego y quienes las cuestionen son enemigos que deben ser eliminados, porque son antipatriotas y representan intereses for谩neos que conspiran contra la supuesta colombianidad que los due帽os del pa铆s encarnar铆an.

Y, por 煤ltimo, 驴de qu茅 manera ha influenciado la vida social, pol铆tica y cultural de la sociedad colombiana la configuraci贸n de enemigos de la seguridad nacional?

Los impactos en el largo plazo son amplios. Se genera un ambiente de violencia generalizada, de persecuci贸n a quienes son se帽alados como enemigos, se entroniza la intolerancia, el odio como patrones de la vida cotidiana, que busca resolver los problemas mediante la fuerza f铆sica directa.

Se generaliza el fanatismo que se basa en la ignorancia y el odio, y lleva a que se considere la eliminaci贸n del que es diferente como normal, puesto que es mostrado como un virus que debe erradicarse.

Se justifica la formaci贸n de los grupos paramilitares, que hacen justicia por sus propios medios, a nombre de la defensa de los supuestos valores de patria y libertad que encarnar铆an ellos mismos y sus patrocinadores. Cuando se mata a un sindicalista, a un campesino, a un ambientalista… de labios para afuera muchos dicen en Colombia: “por algo ser谩”, “algo habr谩 hecho”, “se lo merec铆a”, “quien lo manda…pensar, criticar, oponerse a los ricos” … Esta es la generalizaci贸n de la impunidad, que se convierte en un nuevo sentido com煤n, que justifica los supuestos valores de grandeza de los colombianos, que tenemos algo especial, un no s茅 qu茅, que nos diferencia de los otros pa铆ses. Que el colombiano se distingue por su viveza, que si se da papaya hay que aprovecharla. Es una mezcla entre neoliberalismo y la l贸gica traqueta que se ha impuesto en la vida colombiana. Que se difunde adem谩s como un gran logro a trav茅s de los medios de comunicaci贸n, que ensalzan el enriquecimiento f谩cil, el todo vale, con tal de ser exitosos y triunfadores. Los exitosos pueden ser violentos y criminales pero el 茅xito y la riqueza ocultan y justifican ese ascenso, y eso es lo que representan Pablo Escobar y los uribe帽os.

No otra cosa se puede pedir, si desde las altas instancias del poder se exalta la violencia y el crimen, se premian a los que delinquen y se llama a la poblaci贸n a que repliquen esa conducta. Eso se comprueba en momentos cr铆ticos, tal como sucedi贸 durante la masacre del 9 y 10 de septiembre, cuando el subpresidente se fue a un CAI (Centro de Asesinato Inmediato) y se disfraz贸 de polic铆a, lo cual quer铆a decir que legitimaba los lugares, las armas y, sobre todo, a la instituci贸n que perpetr贸 una acci贸n criminal contra colombianos humildes e indefensos, por el solo hecho de que se atrevieron a protestar con indignaci贸n por el asesinato de un colombiano, Javier Ord贸帽ez, en el interior de un CAI.

驴Por qu茅 desde la perspectiva de seguridad nacional se ha privilegiado la militarizaci贸n de algunos territorios y procedimientos relacionados con la seguridad ciudadana?

Porque esa doctrina se basa en la l贸gica de la militarizaci贸n de la vida interna de una sociedad y supone que cualquier problema que se presente no responde a causas que se origen en el malestar que genera la desigualdad y la injusticia sino a acciones del “comunismo internacional”. Y a ese enemigo hay que enfrentarlo con instrumentos militares y paramilitares, como lo ense帽aron sus maestros estadounidenses y en menor medida franceses. Esa una contrainsurgencia que abarca muchos aspectos, pero que refuerza el poder de lo militar y de la represi贸n. El resultado est谩 a la vista, Colombia es uno de los pa铆ses m谩s militarizados del mundo en su vida cotidiana. Tiene unas fuerzas armadas hipertrofiadas, con unos 450 mil miembros directos (sumando ej茅rcito y polic铆a), sin contar los indirectos, que devora buena parte del presupuesto nacional. Se gasta m谩s dinero en formar soldados que en preparar profesores, m茅dicos o enfermeros.

No es que se militaricen solo unos territorios, son todos en el plano geogr谩fico, pero peor a煤n es la militarizaci贸n en el plano mental y cultural. De ver militares y polic铆as a granel y a diario, nos han acostumbrado a su presencia permanente como si fueran parte natural del paisaje social. Se militarizan universidades, huelgas, movilizaciones, protestas y acciones populares.

Todo asunto o problema social se pretende solucionar con militarizaci贸n, e incluso la presencia del Estado se reduce a ese componente militar, pero se dejan de lado las soluciones a las cuestiones de fondo de injusticia, desigualdad, pobreza, distribuci贸n de la propiedad territorial…

驴C贸mo se relacionan las pol铆ticas de seguridad y defensa con el impulso estatal de proyectos agroindustriales y minero energ茅ticos en algunos territorios?

Dentro de la guerra mundial por los recursos que est谩 en marcha, Colombia ha vuelto a ser una econom铆a minero-exportadora (una buena parte de sus ingresos en el comercio exterior provienen de la venta de carb贸n, petr贸leo, n铆quel, oro) y se anuncia con gran bombo nuestra conversi贸n en un “pa铆s minero” (como Per煤 o Chile). En este contexto extractivista (recordemos que Colombia ya no es un pa铆s cafetero, y han existido momentos recientes en que incluso se ha tenido que comprar caf茅 en el exterior para abastecer el mercado interno). El Plan Colombia, entre otras cosas ha estado ligado a ese proyecto de limpiar el territorio para dejarlo libre a multinacionales y a algunos capitales nacionales (entrelazados y subordinados a esas multinacionales y a EEUU) y como parte de esa limpieza del territorio, habitado por ind铆genas, campesinos, comunidades raizales, se ha extendido la militarizaci贸n por el territorio nacional. Los batallones minero-energ茅ticos son una expresi贸n de ese hecho. Y hablamos de unos batallones que protegen los enclaves mineros y petroleros con una gran cantidad de personal militar destinado a ello: 70 mil soldados (algo as铆 como un tercio de la fuerza militar). Para que ese proyecto extractivista sea posible se necesita ocupar militarmente el territorio (y despejarlo) a nombre de la seguridad inversionista. Eso se encubre con el sofisma de la “guerra contra las drogas”. Quienes se opongan van a ser sacados a las buenas o a las malas, porque no pueden ser enemigos del progreso, que beneficia a sectores minoritarios de la poblaci贸n. Presentar esa estrategia de control territorial como un asunto de la “guerra contra las drogas” permite que siga fluyendo la ayuda econ贸mica y militar de los EEUU y que se use justamente en algo que beneficia a sus empresas: la inversi贸n minero- energ茅tica. Y al mismo ritmo siguen fluyendo armas, asistencia militar, glifosato, odio y muerte. Todo eso para mantener lo que Germ谩n Castro Caycedo denomina en un libro Nuestra guerra ajena.

驴Es necesaria una transformaci贸n de la doctrina militar en Colombia?, 驴Por qu茅? 驴Qu茅 deber铆a cambiar?

Por supuesto, si se quiere democratizar de verdad a la sociedad colombiana, hay que abandonar la doctrina contrainsurgente y anticomunista presente en las fuerzas armadas, debe reducirse su pie de fuerza, debe eliminarse el servicio militar obligatorio (que es de clase, excluyente), cesar los pactos con los EEUU, dejar de enviar militares a la Escuela de las Am茅ricas (all铆 se instruyeron los responsables militares de los falsos positivos, por ejemplo). Que cese la presencia de tropas de EEUU en nuestro territorio, y se revele la documentaci贸n interna y externa sobre esos v铆nculos. Que se desclasifiquen los archivos de las fuerzas armadas y de las agencias de inteligencia del Estado.

La polic铆a debe dejar de ser una fuerza militar y convertirse en una fuerza civil y abandone su lema de Dios y Patria. Tarde o temprano tendr谩 que asumirse el asunto de la legalizaci贸n de las llamadas drogas il铆citas (coca铆na, marihuana), por lo que representa en t茅rminos militares y represivos para este pa铆s, as铆 como por sus elevados costos econ贸micos y destrucci贸n ambiental.

Para terminar, c贸mo no va a ser necesaria una transformaci贸n de la doctrina militar y de las fuerzas armadas, luego de conocer lo sucedido los d铆as 9 y 10 de septiembre con la masacre perpetrada por la polic铆a en Bogot谩 y Soacha, con un saldo tr谩gico de 14 colombianos asesinados y decenas de heridos y detenidos. Como no se a requerir de una modificaci贸n de esa doctrina militar, luego de conocer la denuncia de la periodista Adriana Villegas Botero en La Patria del domingo anterior (18 de octubre de 2020), en el art铆culo “No es Broma, es violencia”. Ella presenci贸 y escuch贸 lo que describe a continuaci贸n:

Hacia las 7:30 p.m. del lunes festivo un grupo del Batall贸n Ayacucho trot贸 60 vueltas en una calle cerrada. S茅 la cantidad porque al cruzar por un punto gritaban: “van 25, faltan 35”, y luego “van 26, faltan 34”. El espacio entre cada conteo lo llenaron con cantos en los que los reclutas repet铆an en coro lo que gritaba su jefe: su dragoneante, su cabo, su sargento, su teniente, su capit谩n, su mayor, su coronel, su general. Da igual.

El vecindario entero oy贸 al pelot贸n. Cantaron sobre los bigotes de Lucifer, matar delincuentes, la sed de sangre subversiva, la guerra, el bet煤n de las botas, “sube sube guerrillero, que en la cima yo te espero con granadas y morteros”, “los hombres cuando ven un buen trasero” y “taca t ca taca taca taca taca ta”. Izquier, 2, 3, 4.

Un minuto antes de morir / Escuch茅 la voz de mi novia / Que con voz de perra me dec铆a /Si te mueres se lo doy al polic铆a. Porque yo soy, ja, soy, ja, el vampiro negro / Yo nunca tuve madre, ni nunca la tendr茅 / Si alguna vez yo tuve con mis manos la ahorqu茅. / Yo nunca tuve novia, ni nunca la tendr茅, / Si alguna vez yo tuve, los ojos le saqu茅[10].

Estas no son manzanas podridas, es el 谩rbol completo que est谩 irremediablemente descompuesto, por las doctrinas de odio y muerte Made in Usa y remarcadas por la contrainsurgencia nativa. Si eso no requiere ser cambiado, en qu茅 tipo de pa铆s queremos que vivan nuestros hijos y con qu茅 noci贸n de seguridad, acaso la seguridad de las fosas comunes, de los asesinatos de Estado, del genocidio permanente, de la violaci贸n de ni帽as ind铆genas, en una palabra, una seguridad simbolizada por los huesos y las calaveras que convoca a la poblaci贸n a honrar la muerte fratricida y el odio perpetuo.

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Notas

[1]. Ezequiel Moreno, O catolicismo o liberalismo. No es posible la conciliaci贸n, Contra la segunda carta del se帽or presb铆tero Baltasar V茅lez, Imprenta de La Verdad, 1898.

[2]. Archivo General de la Naci贸n, Fondo Ministerio de Gobierno, Secci贸n Primera, Tomo 1024, f. 371.

[3].Bolet铆n diocesano, mayo – junio de 1948, Tunja, citado por Andr茅s Felipe Manosalva, Los obispos colombianos en la 茅poca de la violencia: paz, guerra y anticomunismo (1945-1965), Tesis de Maestr铆a en Historia, Universidad Nacional de Colombia, Bogot谩, 2013, p. 47.

[4]. Pedro Nel Giraldo, Don Fernando. Juicio sobre un hombre y una 茅poca, Gran谩merica, Medell铆n, 1963, p. 217.

[5]. Roger Trinquier, La guerra moderna, Librer铆a del Ej茅rcito, Bogot谩, 1963, pp. 32-33.

[6]. El documento con el t铆tulo de “Circular del Ministerio de Defensa sobre recompensas (Falsos Positivos)” lleva la firma de Camilo Ospina Bernal. Lo hemos publicado como anexo en nuestro libro Injerencia de los EEUU, contrainsurgencia y terrorismo de Estado. Informe presentado a la Comisi贸n Hist贸rica del Conflicto Armado y sus V铆ctimas (CHCAV), Ocean Sur, Bogot谩, 2016, pp. 280-297.

[7]. Ministerio de Defensa, (Rafael Samudio), Memoria al Congreso, 1987-1988, Imprenta Nacional, Bogot谩, 1988, pp. 14 y 15.

[8]. Comando General de las Fuerzas Militares, Instrucciones generales para las operaciones de contraguerrilla, Bogot谩, 1979, p. 188. Citado en Movice, Paz sin cr铆menes de Estado. Memoria y propuestas de las v铆ctimas, Bogot谩, 2013, p. 111.

[9]. Citado en “El ideario com煤n. Los intereses del hampa”, Alternativa No. 77, abril 5-12 de 1976, p. 7.

[10]. Adriana Villegas Botero, “No es broma, es violencia”, La Patria, octubre 18 de 2020. Disponible en: https://www.lapatria.com/opinion/columnas/adriana-villegas-botero/no-es-broma-es-violencia

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Fuente: Lahaine.org