June 10, 2021
De parte de A Las Barricadas
204 puntos de vista


El debate pol铆tico entorno a la seguridad es una de las principales armas de las que disponen las fuerzas reaccionarias para ara帽ar votos y ganar terreno ideol贸gico. En una carrera para ver qui茅n la dice m谩s gorda, las derechas se sienten c贸modas en un debate en el que plantean respuestas simples a problem谩ticas complejas. Centr谩ndose meramente en la respuesta policial y judicial, pretenden verter cada vez m谩s personas a la marginalidad penitenciaria obviando las causas estructurales de la criminalidad.

Se dice que cada texto sin contexto es un pretexto. Cada noticia que habla de seguridad suele ser un voto por la derecha. Cada noticia que asocia colectivos enteros con la generaci贸n de inseguridad, bien podr铆a ser un voto por la extrema derecha. La responsabilidad (o irresponsabilidad) de los grandes medios de comunicaci贸n en generar un clima de paranoia securitaria es digno de resaltar. Muchos de los que actualmente se lamentan de la eclosi贸n de Vox fueron los que avivaron las banderas de una supuesta crisis de inseguridad con el fin de desgastar posiciones pol铆ticas y opciones partidistas inc贸modas para el establishment. Y es que en el mundo neoliberal de la comunicaci贸n lo que importa es la cantidad de clics y la mayor铆a parece apostar por el morbo en lugar de los an谩lisis y reportajes en profundidad que exigir铆an una lectura pausada y reflexiva en la era de la sobreinformaci贸n.

Adem谩s de los discursos pol铆ticos y medi谩ticos, quedamos constantemente avasallados por empresas que se lucran con los miedos de otros. La ofensiva contra la pobreza abocada a la okupaci贸n del pasado verano, es un ejemplo fehaciente de c贸mo se incrementan los temores por el beneficio econ贸mico de bancos, lobbies inmobiliarios y rentistas, que cada vez con m谩s perseverancia han ido construyendo un relato que culpabiliza a aquellas que no se vierten a la neurosis colectiva: de este modo, no poner una alarma en casa significa no preocuparse por la familia. Y cualquier crimen es utilizado para recalcar este terror a ser robada, a ser atracado, a que te ocupa el piso, 鈥

No nos puede vencer el discurso del miedo. Hale estudi贸 el impacto de la delincuencia no s贸lo sobre “la v铆ctima”, sino sobre todas aquellas personas que se podr铆an sentir v铆ctimas potenciales desde su subjetividad, advirtiendo que puede producir un temor que modifica las relaciones sociales y los h谩bitos de las personas con nefastas consecuencias colectivas: (1) fracturando el sentimiento de comunidad y transformando algunos lugares p煤blicos en 谩reas prohibidas (2) promoviendo que los ciudadanos m谩s ricos se trasladen a ciertos barrios y incrementando las brechas sociales entre clases (3) favoreciendo la aparici贸n de actitudes punitivas y excluyentes con determinadas minor铆as (4) llevando a que los ciudadanos legitimen en mayor medida la reducci贸n de sus libertades personales a cambio de mayor seguridad (5) teniendo efectos psicol贸gicos en las personas a las que afecta en mayor medida (6) modificando los h谩bitos de las personas, haci茅ndoles estar m谩s tiempo encerradas en casa, disminuyendo la vida en comunidad y debilitando los v铆nculos sociales.

Ante la imposibilidad de generar nuevas propuestas, desde la izquierda institucional se ha optado por dar una respuesta similar a la ofrecida por la derecha en cuestiones de seguridad. La mano dura contra la delincuencia ha sido bandera tambi茅n de gobiernos progresistas que dej谩ndose llevar por el impacto medi谩tico se han visto arrastradas o han optado por posturas supuestamente antag贸nicas a su filiaci贸n ideol贸gica para mostrarse como garantes de orden. Y es que si por poner algunos ejemplos el derecho al aborto o los derechos para las personas con disidencias sexuales y de g茅nero parecen ser relatos que la izquierda est谩 ganando, en materia de seguridad son las derechas las que marcan tendencia.

Es de vital urgencia seguir articulando discursos y generar pr谩cticas pol铆ticas que desde proyectos y perspectivas revolucionarias vayan planteando alternativas a una concepci贸n conservadora y monol铆tica de la seguridad. Queda mucho por hacer: en la construcci贸n de referentes, otros imaginarios posibles, de relatos consistentes, de ideas-fuerza que vayan agrietando miedos, mitos y modelos que entienden la seguridad como una excusa para mantener los privilegios y las segregaciones y por tanto perpetuar las desigualdades sociales. Con este art铆culo pretendemos seguir contribuyendo a generar un debate tan necesario como inacabado, todo refutando algunos de los mitos preconcebidos extendidos.

Las calles son peligrosas

Hay un consenso dentro de la criminolog铆a en afirmar que el temor de las personas a ser v铆ctimas de un delito muchas veces no se corresponde con las posibilidades reales de padecerlo. O lo que vendr铆a a decir lo mismo: a menudo no hay una correspondencia directa entre el aumento de los delitos y la percepci贸n de inseguridad. 驴Qu茅 factores influir铆an al hacer aumentar o disminuir este temor?

Las teor铆as provenientes de la ecolog铆a urbana de la escuela de Chicago relacionan el miedo al delito con las caracter铆sticas ambientales. De estas elucubraciones beben la teor铆a de las ventanas rotas de Wilson y Kelling que defienden que si un edificio tiene un cristal roto, aumenta la probabilidad de que se produzcan m谩s actos vand谩licos en la zona. O la teor铆a de las incivilidades que afirma que tanto este deterioro f铆sico de los barrios como la presencia de “grupos con comportamientos antisociales” pueden hacer aumentar la sensaci贸n de inseguridad. Cabe decir que cuando se habla de estos grupos se hace referencia a todo un compendio de actitudes y realidades sociales diversas, muchas de ellas no delictivas tales como el alcoholismo en las calles, las bandas urbanas, el trabajo sexual, la mendicidad , …

En otra l铆nea, algunas investigaciones como la teor铆a de la percepci贸n de la vulnerabilidad afirman que aquellas personas con menos recursos para defenderse (sean f铆sicos, socioecon贸micos o que se perciban a s铆 mismas como altamente indefensas) experimentar铆an m谩s miedo que el resto de la poblaci贸n a ser victimizadas.

Subsanando estas perspectivas, autores como Samson constatan que la percepci贸n del desorden es una construcci贸n social que var铆a en funci贸n de las condiciones del barrio. Y que por lo tanto no es ni la presencia del desorden ni la percepci贸n de vulnerabilidad en s铆 misma, sino la existencia de factores que debilitan la comunidad y la cohesi贸n social el que puede incidir m谩s a la hora de explicar el miedo a la delincuencia. As铆 pues aquellas personas que viven en barrios con m谩s lazos comunitarios experimentar铆an menos niveles de miedo. El individualismo y el aislamiento social no favorece a que nos sentimos seguras.

Cada discurso que hable de inseguridad, debe ir acompa帽ado de la necesidad de intensificar el tejido social y la vida en el espacio com煤n.

Si se hubiera quedado en casa esto no habr铆a pasado

La concepci贸n tradicional de la seguridad siempre es enemiga de las libertades. Nerea Barjola ha hablado mucho clarividentemente como el caso Alc脿sser se utiliz贸 ampliamente para generar un estado de terror sexual entre las mujeres con el fin de poner fin a todas las conquistas de libertades que iban alcanzando. En un relato entre patriarcal, moralista y jugoso hubo un discurso hegem贸nico que tergiversan los hechos y se帽al贸 a las ni帽as de Alc脿sser como irresponsables por haber ido de fiesta y hacer autostop. En contraposici贸n a las malas mujeres que viven la vida como ellas quieren ejerciendo la libertad, el relato oficial plantea el 谩mbito privado (la familia) como espacio de seguridad. A pesar de todos los abusos, maltratos y asesinatos patriarcales que se dan entre las 4 paredes de los hogares.

Otro ejemplo concreto de c贸mo los discursos de seguridad suponen el recorte del ejercicio de libertades es con las criaturas. La difusi贸n medi谩tica de cada incidente ha facilitado un sobre proteccionismo que hace que cada vez sea m谩s dif铆cil que vayan solas por la calle. El pedagogo Francesco Tonucci advierte en una entrevista a Cr铆tic que debido al alarmismo, es la 茅poca que los ni帽os de Italia tienen menos tasas de autonom铆a a pesar de que la criminalidad y los accidentes se hayan reducido dr谩sticamente. Se帽ala que los lugares m谩s peligrosos para los ni帽os son la casa debido a la violencia intrafamiliar y el coche de los padres a causa de los accidentes. Y va m谩s all谩, defendiendo que una ciudad con criaturas solas por la calle es una ciudad m谩s segura para todas, porque entonces nos corresponder铆a a todos los adultos estar atentos y hacernos cargo de lo que pueda pasar. “Lo que se deber铆a conseguir”, dice “es m谩s seguridad a trav茅s de la presencia de ni帽os en la calle, y no a trav茅s de su ausencia”.

Si aumentamos las penas estaremos m谩s seguros

A pesar de que la criminal铆stica ofrece una falta total de evidencias que demuestren que en buena parte de delitos una mayor punitividad suponga una reducci贸n de la criminalidad, el populismo punitivo se ha hecho un hueco decretando a golpe de titular. Avivado por un bombardeo medi谩tico avezado al sensacionalismo, parece que siempre sean “las v铆ctimas” las que dicten sentencia. Y no s贸lo eso: sino que se presupone que el que tienen que querer y lo que deben sentir estas v铆ctimas es sed de venganza enmascarada de justicia. Es as铆 como en Espa帽a hemos llegado a la dram谩tica situaci贸n que a pesar de tener uno de los 铆ndices m谩s bajos de criminalidad de los pa铆ses europeos, sigue teniendo una de las tasas de encarcelamientos m谩s elevada. Un aumento de las penas s贸lo significa un aumento de la cantidad de dolor que generamos.

Dentro de esta din谩mica punitivista y securitaria incluso los movimientos sociales hemos ca铆do en la trampa. Hemos visto como esfuerzos dedicados a exigir nuevos delitos como el de odio supuestamente encaminados a defender vulnerables, nos han vuelto como un boomerang persiguiendo las voces disidentes y contestatarias; como los esfuerzos que se pon铆an a luchar para conseguir que no haya ninguna agresi贸n, violaci贸n o muerte m谩s por culpa de la violencia patriarcal se aprovechaban para pedir el alargamiento de las penas. Hay que ser cuidadosos con el enfoque de algunas luchas teniendo en cuenta la teor铆a del desprendimiento: si se piden medidas punitivas para un caso concreto por su supuesta excepcionalidad, es muy f谩cil que estas mismas medidas se acaben extendiendo y aplicando en otros contextos y sin esta excepcionalidad.

Con m谩s polic铆as en las calles, acabaremos con la inseguridad

La polic铆a es la garante de un orden establecido injusto. Apostar por la v铆a policial es perpetuar un mont贸n de violencias sist茅micas que meramente contemplan la perspectiva del derecho penal de autor: s贸lo se tiene en cuenta el delito sin tener en cuenta las causas que lo han provocado. No se va a la ra铆z del problema. Al contrario, una vez se detiene o encarcela el “delincuente” se crea la falsa idea del restablecimiento como si en la normalidad todo fuera como la seda y el problema fueran personas concretas inadaptadas.

Adem谩s, en demasiadas ocasiones apostar por la v铆a policial en lugar de facilitar la convivencia la dificulta porque rompe con el tejido social.

Que con m谩s polic铆a aumenta la seguridad plantea la duda de: 驴seguridad para qui茅n? En muchos de los barrios populares la aparici贸n de la polic铆a en lugar de generar sensaci贸n de seguridad genera sensaci贸n de peligro. Para aquellas que no tienen papeles, las que viven de la econom铆a informal, las personas racializadas, las que realizan trabajos sexuales, las que reciclan, las que no tienen dinero para pagar el metro, las que piden limosna, las que viven en la calle , las que se manifiestan, las que cortan calles, las que paran desahucios, las que okupan casas o las que optan por vender peque帽as cantidades de droga para poner algunos ejemplos, la llegada de la polic铆a muy posiblemente generar谩 miedo, odio o al menos desconfianza .

Las calles est谩n llenas de ladrones

El historiador Tony Judt advirti贸 que “cuando hayamos vendido todo lo que tenemos en com煤n, s贸lo nos quedar谩 defender nuestras propiedades a tiros”. Hacen falta m谩s an谩lisis que resit煤en la desposesi贸n del neoliberalismo como generador de inseguridades. El problema no es que haya delincuentes, es que haya gente que se vea abocada a delinquir. Y si la gente se ve obligada a delinquir es principalmente porque se les ha negado el acceso a los medios de producci贸n o a alg煤n tipo de renta. Debemos refocalizar quienes son los principales ladrones: los que evaden impuestos, los que privatizan cada vez m谩s servicios p煤blicos, los que se enriquecen con la corrupci贸n, los que explotan a sus trabajadores, los que se enriquecen con la vivienda, … Son los principales generadores de inseguridad. Porque seguridad es saber que no te echar谩n de casa. Seguridad es poder tener un trabajo digno. Seguridad es no sufrir para llegar a fin de mes. Seguridad es el acceso garantizado a la sanidad y la educaci贸n. Seguridad es poder moverte libremente por las fronteras creadas artificialmente.

Perspectivas y modelos alternativos a la seguridad ciudadana

Hasta aqu铆 hemos hecho una aproximaci贸n sobre cu谩les son algunas de las caracter铆sticas que podr铆a tener una seguridad desde una perspectiva revolucionaria. Deber铆a apostar por fortalecer el tejido social para que juntas nos sentimos m谩s seguras. Deber铆a preocuparse por conquistar cada vez m谩s espacios de libertad contra el recogimiento del hogar. Deber铆a evitar recurrir al aparato punitivo porque en lugar de solucionar el problema a帽ade m谩s sufrimiento al sufrimiento. Deber铆a rehuir del modelo policial porque perpet煤a las desigualdades y rompe el tejido social. Deber铆a tener una perspectiva de clase se帽alando los principales ladrones.

Para repensar otros modelos de seguridad, pero debemos tener en cuenta el modelo de seguridad preponderante: la seguridad ciudadana. Este modelo es el que ha defendido siempre el liberalismo partiendo de una de sus m谩ximas, el contrato social: los individuos (convertidos en ciudadanos) entregan su libertad a cambio de que el estado se haga cargo de su seguridad. Tal y como se han encargado de analizar m煤ltiples disciplinas y teor铆as pol铆ticas, el estado no es un ente neutro, sino que defiende los intereses de las 茅lites y entiende la seguridad como mantenimiento del statu quo, atentando por acci贸n u omisi贸n contra las vidas de partes sustanciales de la poblaci贸n.

Un concepto que intenta alargar la visi贸n reduccionista de la seguridad ciudadana es el concepto de seguridad humana, que incorpora los abusos por parte del estado a las personas y entiende que universalizar derechos y libertades es una de las mejores maneras de conseguir seguridad para a un mayor n煤mero de gente.

Para agrietar el modelo de seguridad ciudadana del liberalismo tambi茅n podemos contraponer las miradas de la perspectiva feminista, que defiende que en una sociedad patriarcal como la nuestra, las experiencias y vivencias de c贸mo perciben las personas socializadas como mujeres y hombres del espacio p煤blico var铆a, y que hoy en d铆a predomina la visi贸n de seguridad de la masculinidad dominante por encima de todas las dem谩s. O las teor铆as decoloniales (entre otras), que opinan que el sujeto hegem贸nico sobre el que vehicula el actual modelo de seguridad es el de las personas blancas.

Tambi茅n podr铆amos a帽adir las aportaciones de las perspectivas abolicionistas que plantean la despenalizaci贸n de conductas tipificadas como delictivas enmarc谩ndose en nuevos par谩metros de regulaci贸n no punitivos.

Pero quiz谩s los modelos que suponen un verdadero revulsivo son los modelos de seguridad comunitaria, producidos en lugares donde hay un alto grado de autonom铆a hacia el estado y un fuerte sentimiento de comunidad. Aparte del 茅nfasis puesto en la prevenci贸n de la educaci贸n, estos modelos entienden que un conflicto entre dos partes nunca es un asunto s贸lo de estos individuos como si fueran aislables del resto, sino que provienen y afectan a toda la comunidad . Busca por tanto la corresponsabilizaci贸n, la mediaci贸n de conflictos y la b煤squeda de medidas de justicia restitutiva.

驴C贸mo hacemos frente a la inseguridad aqu铆 y ahora?

Por si no he puesto suficiente 茅nfasis, la principal intenci贸n del art铆culo es defender que si la percepci贸n de inseguridad es una de las principales preocupaciones sociales y hegem贸nicamente se asocia inseguridad con criminalidad, debemos plantear tambi茅n alternativas factibles y tangibles m谩s all谩 de ofrecer relatos (necesarios) que sit煤an el crimen y la delincuencia en un producto de las actuales desigualdades econ贸micas y sociales.

Sino, en algunos lugares (y sin ser querer ser alarmistas) puede que el modelo punitivo actual de seguridad ciudadana se a帽adan realidades como la aparici贸n de patrullas ciudadanas de la derecha que de momento aparece t铆midamente, pero empieza a tener 茅xito. O que se extiendan las empresas como Desokupa en otros 谩mbitos.

Ya sabemos que tenemos que cambiar la realidad material de la mayor铆a de la poblaci贸n porque es primordial y ayuda a resolver muchos dramas, s铆. Pero esto no es suficiente para acabar con todos los problemas que genera el capitalismo. Y mientras no se produce este cambio tan anhelado contin煤an muchos miedos y odios incrementados a conciencia por las 茅lites.

Y es en el terreno pantanoso de las propuestas concretas donde surgen muchas preguntas sin respuesta:

驴En lugares donde haya noticias y problemas recurrentes de seguridad ciudadana hay que plantearse intervenir de alg煤n modo?驴O simplemente debemos contrarrestar los discursos alegando que tenemos problemas m谩s graves? 驴Debemos acabar con las actividades delincuenciales que creemos que perjudican gravemente a la poblaci贸n? 驴O las debemos situar pol铆ticamente y mirar que se dirijan contra las 茅lites? 驴C贸mo se consigue esto? 驴Qu茅 hacemos con las mafias que se enriquecen con las okupaciones de los pisos abandonados, por poner un ejemplo? 驴Cambiamos el urbanismo de algunos lugares para hacerlo espacios m谩s seguros para todas? 驴C贸mo construimos narrativas que nos permitan vivir con seguridad y libertad sin reforzar el aparato represivo? 驴Queremos que se robe en los barrios populares? 驴Qu茅 alternativas podemos ofrecer para aquellas que quieren dejar las actividades delictivas? 驴Podemos crear bolsas de trabajo desde los sindicatos? 驴Escuelas Populares para aprender oficios? 驴O debemos exigir m谩s formaci贸n gratuita a la administraci贸n? 驴Y crear comit茅s de resoluci贸n de conflictos desde el apoyo mutuo en nuestros barrios? 驴Podemos hacer alg煤n tipo de acompa帽amiento psicol贸gico o social a las v铆ctimas de delitos que lo necesiten? 驴Y a los colectivos estructuralmente m谩s vulnerables o a la poblaci贸n que tenga una autopercepci贸n de vulnerabilidad? 驴Se pueden potenciar de alguna manera medidas restitutivas?

Desviar la mirada sobre una cuesti贸n tan primordial como la seguridad o ofrecer una mirada estr谩bica sobre la actual concepci贸n monol铆tica conservadora. Esta es la cuesti贸n.

Experiencias y casos

Tanto dentro de los espacios alternativos como dentro del tejido asociativo es digno de resaltar la cantidad de ejemplos que encontramos que han representado un paliativo para frenar los discursos securitarios, centr谩ndose sobre todo en la prevenci贸n, la mediaci贸n, pero tambi茅n en la confrontaci贸n. Hemos seleccionado algunos de ellos que para nosotros son territorialmente m谩s cercanos y / o plantean alg煤n punto de vista original, interesante o controvertido.

Para empezar a Manresa tenemos el ejemplo del barrio de las Escodines donde debido a la violaci贸n m煤ltiple en un piso de la calle Aiguader surgieron voces racistas alarmistas y apor贸fobas. Con el fin de frenarlas, algunas vecinas optaron por realizar un conjunto de actividades en el espacio p煤blico encaminadas a reforzar el conocimiento rec铆proco. Tambi茅n en Manresa podr铆amos hablar de los esfuerzos de mediaci贸n de la Escola Popular de Joves Al Qowa o la Asociaci贸n de Mujeres Al-Nour en el barrio de Valldaura que el Ayuntamiento dificult贸 con un desalojo expr茅s de una vivienda ocupada.

Siguiendo y por proximidad geogr谩fica, en el barrio del Raval de Barcelona, 鈥嬧媋l problema de la gentrificaci贸n se le ha sumado el problema de los narcopisos que aparte de generar adicciones, tambi茅n producen mal ambiente y conflictos. Aunque en un primer momento la respuesta vecinal exig铆a m谩s presencia policial como opci贸n, hubo la capacidad de revertir la situaci贸n. Desde los colectivos del barrio, se opt贸 por okupar pisos abandonados por los fondos buitres que hab铆an servido de narco-pisos y fueron a vivir familias necesitadas de alternativa habitacional. Una inteligente forma de cambiar una mirada que primeramente se帽alaba los peque帽os traficantes (que al fin y al cabo son los responsables m谩s vulnerables de la degradaci贸n del barrio) para aquellos que realmente est谩n destruyendo el tejido social haciendo negocio con la vivienda.

Un ejemplo m谩s lejano, y de forma m谩s diferenciada, en el Barrio de Exarchia de Grecia, la droga se ha extendido de forma inconmensurable aprovech谩ndose de la autonom铆a relativa generada por la constelaci贸n de colectivos libertarios y alternativos. La crisis matrioshka ha hecho estragos en el pa铆s heleno y cada vez m谩s personas encuentra en las drogas una forma de refugiarse, convirti茅ndose en un verdadero problema social. Adem谩s, algunos de los traficantes del barrio, ejercen al mismo tiempo de confidentes de la polic铆a generando sospechas de la posible connivencia estatal con el tr谩fico. La apuesta de los colectivos de los 煤ltimos a帽os ha sido la confrontativa, optando por realizar campa帽as espec铆ficas contra el tr谩fico de drogas recurriendo incluso a la violencia contra algunos de los camellos. A pesar de las reservas que nos puede plantear esta opci贸n, deber铆amos tener en cuenta precedentes pol铆ticos con similitudes como el barrio Christania de Copenhague que acabaron perdiendo mucha de su esencia por culpa del aprovechamiento de los traficantes de su autonom铆a.

Por otra parte, en Estados Unidos han emergido con fuerza campa帽as abolicionistas impulsadas por desfinanciar la polic铆a e invertir ese dinero en sanidad, educaci贸n o vivienda, lleg谩ndose a aprobar leyes expresas en ciudades como Los 脕ngeles que ir铆an en esta l铆nea.

Por 煤ltimo, quer铆amos exponer brevemente c贸mo gestionan la seguridad en lugares donde se han producido procesos revolucionarios que han conseguido el control territorial de facto con altos grados de autonom铆a.

En el Kurdist谩n sirio, al norte y este de Siria, se vive desde el a帽o 2011 un proceso revolucionario que detr谩s de la denominaci贸n de Confederalismo Democr谩tico tiene como ejes fundamentales la liberaci贸n de la mujer, la ecolog铆a y el comunalismo. En el Kurdist谩n sirio tambi茅n hay polic铆a, aunque tiene unas intenciones diametralmente opuestas a las de reprimir al pueblo y defender los intereses de los poderosos: son las encargadas de defender la poblaci贸n. Se entiende que la polic铆a no debe estar separada de la sociedad y por ello est谩 conformada por gente de todas las edades. Adem谩s, existe el cuerpo formado s贸lo por mujeres Asayish Jin que aparte de llevar a cabo tareas de protecci贸n en general, se encarga de desarrollar las funciones y las actuaciones en los casos de violencia de g茅nero. Otra cosa que diferencia enormemente el modelo policial de Kurdist谩n sirio del modelo policial hegem贸nico es que tiene como objetivo 煤ltimo desaparecer apostando por la formaci贸n de la poblaci贸n para que ellos mismos se puedan defender. Otro factor a destacar, es que en cada comuna hay una comisi贸n encargada de resolver los conflictos que puedan surgir entre la sociedad. Gracias a esta comisi贸n, se calcula que 2/3 partes de los conflictos que antes pasaban por el sistema ordinario de justicia se pueden resolver sin necesidad de recurrir al sistema judicial.

Cambiando de continente, M茅xico es el ejemplo perfecto de c贸mo la ausencia de estado puede suponer un cambio social hacia un modelo mucho m谩s fratricida o hacia un mucho m谩s autogestionario y horizontal en funci贸n de los actores que est茅n m谩s organizados. El municipio de 20.000 habitantes de Cher谩n es un rara avis de c贸mo la problem谩tica de la inseguridad acaba cristalizando en un cambio social hacia la izquierda. En este municipio mexicano, hab铆a antes del 2011 mucha presencia de un narcotr谩fico que relacionado con la industria maderera, robaba, asesinaba y violaba con total impunidad. Habiendo convivencia de algunos actores estatales con esta mafia, las mujeres del municipio se plantaron conduciendo a una insurrecci贸n que acab贸 con el control del municipio por parte de sus habitantes. Optaron por un modelo organizativo de acuerdo con los usos y costumbres, conectando con su pasado ind铆gena y crearon la Ronda Comunitaria como modo de autoprotecci贸n para velar por su seguridad. Los miembros de esta Ronda son elegidos por el resto de vecinas teniendo en cuenta su honestidad y compromiso con el pueblo por un per铆odo de 3 a帽os.




Fuente: Alasbarricadas.org