June 13, 2021
De parte de Todo Por Hacer
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1. La crisis y la vivienda

La crisis sanitaria que estamos viviendo es la manifestaci贸n m谩s visible de una crisis m谩s profunda, en la que se entrelazan aspectos econ贸micos, institucionales, culturales, etc. Todas ellas tienen efectos sobre nuestras vidas. Las consecuencias negativas de esta crisis desbordan el 谩mbito sanitario, y se extienden hacia un mayor control social, m谩s precariedad laboral, y en general, mayores dificultades para el sostenimiento de vidas dignas. Los problemas de acceso a la vivienda ocupan un sitio importante entre estas dificultades.

La lucha por la vivienda cobr贸 un fuerte impulso durante la crisis de 2008, a ra铆z de los desahucios hipotecarios. Luego las distintas plataformas y asambleas han ido evolucionando, han aparecido nuevos grupos antidesahucios, sindicatos de barrio, de inquilin@s, etc. Ha habido tambi茅n encuentros, congresos y jornadas dedicados a la lucha por la vivienda. Las debilidades del llamado movimiento por la vivienda no son ning煤n secreto, aun as铆 parece que sigue habiendo inter茅s por el tema a nivel social, y la determinaci贸n de sus protagonistas ha conseguido, a veces, incidir en el entorno de manera visible.

Las instituciones y el sector que mercadea con viviendas tambi茅n se han dado cuenta de esta incidencia, y por eso han tomado sus propias medidas. A nivel institucional se han aprobado leyes relacionadas con el aplazamiento de desahucios, contra la ocupaci贸n de casas, para limitar los cortes  de suministros b谩sicos, para recortar la capacidad de protesta, etc. Ha habido iniciativas para canalizar la lucha por la vivienda hacia los cauces institucionales, y asegurar as铆 la paz social. Tambi茅n ha habido intentos de sacar rentabilidad pol铆tica, en forma de votos, de la lucha por la vivienda. El sector inmobiliario (y sus derivados) ha conseguido imponer sus intereses en las nuevas leyes, ha impulsado campa帽as de criminalizaci贸n contra la protesta, ha tratado de estigmatizar la ocupaci贸n de viviendas, y ha vuelto a vender la idea de una recuperaci贸n econ贸mica por la v铆a del ladrillo y del turismo.

La suspensi贸n de algunos desahucios por la crisis sanitaria se acabar谩, el conflicto por la vivienda probablemente se va a intensificar en los pr贸ximos meses. Es un buen momento para hacer inventario de nuestras capacidades y debilidades. Tambi茅n es buen momento para hacer visibles las distintas sensibilidades que participan en la lucha por la vivienda, y tratar de sintonizarlas de cara a lo que pueda venir. Este texto pretende ser una aportaci贸n para avanzar en estas tareas.

2. La diversidad

El movimiento por la vivienda es diverso por la trayectoria de sus participantes, por las diferencias entre barrios y por su manera de afrontar el asunto. En principio esta diversidad le da fuerza, porque al aglutinar gentes de distintos entornos tiene m谩s capacidad de intervenci贸n. Las experiencias variadas de las personas implicadas enriquecen, aportan creatividad y dinamizan la lucha. Adem谩s, esta diversidad hace m谩s dif铆cil la jerarquizaci贸n y la captura del movimiento por intereses institucionales, pol铆ticos o mercantiles. Sin embargo, las diferencias no suelen manifestarse abiertamente, por miedo a generar conflictos internos. Cuando los distintos enfoques y sensibilidades no se hacen expl铆citos, cuesta mucho establecer un di谩logo abierto. Sin este di谩logo, es dif铆cil llegar a acuerdos claros que fortalezcan la coordinaci贸n interna 鈥攜 externa鈥.

Cuando en una colectividad no se tratan abiertamente las diferencias, es m谩s probable que aparezcan divisiones internas, que ser谩n explotadas por la parte contraria, en este caso los beneficiarios del negocio inmobiliario. La ausencia de un di谩logo abierto en 鈥攜 entre鈥 colectivos, puede llevar a luchas de poder soterrado, suspicacias y tejemanejes en la sombra. Pero el efecto m谩s perjudicial de no hacer expl铆citas las diferencias es la desorientaci贸n y la falta de iniciativa.

3. Las sensibilidades

Hacer un mapa del movimiento de lucha por la vivienda es dif铆cil por su diversidad. Aun as铆, algo hay que usar como referencia para orientarse; a continuaci贸n va un intento. Las corrientes de las que se nutre esta lucha son variadas. He elegido tres que me parecen las principales, pero se deber铆an interpretar como puntos de referencia y no como fronteras. La mayor铆a de personas y colectivos implicados en esta lucha, se mueven por el espacio que hay entre ellas; unas veces m谩s cerca de unas y otras veces m谩s cerca de otras. Cada una tiene sus potencialidades y sus carencias. Tenerlas en cuenta facilitar铆a la elecci贸n de las estrategias que sean m谩s transformadoras, y que mejor se adapten al contexto.

El movimiento de lucha por la vivienda se nutre de, al menos, tres tradiciones: las luchas laborales, las comunitarias y la anticapitalista. Las tres coexisten de manera m谩s o menos fluida dentro de plataformas, sindicatos de barrio y de inquilin@s, y asambleas variadas. Ninguno de estos colectivos adopta una sola tradici贸n, en todos hay de todo, aunque en distintas proporciones. A continuaci贸n van algunos apuntes, provisionales, sobre cada una de ellas:

鈥 Las luchas laborales

La historia de las luchas que se desarrollan en torno a las condiciones de trabajo es larga; en ella hay logros y traiciones, avances y retrocesos. Las formas de organizaci贸n han sido tambi茅n variadas, hay muchos tipos de sindicalismo; y ademas est谩n las experiencias de la autonom铆a obrera en los a帽os 70 (en Catalunya, Euskadi o Madrid). Esta tradici贸n ha sido capaz de impulsar y sostener luchas para mejorar las condiciones de trabajo 鈥攜 de vida鈥. El principal aporte de las luchas laborales es poner en cuesti贸n la supuesta naturalidad de las formas de relaci贸n que se dan en el Capitalismo, porque las desigualdades y la explotaci贸n no son algo natural. Al reunir a gente en condiciones de explotaci贸n parecidas, las luchas laborales evitan la autoculpabilizaci贸n individual que promueven los medios de comunicaci贸n. Adem谩s estas luchas han servido para experimentar formas de autoorganizaci贸n y movilizaci贸n, que pueden servir de referencia para la lucha por la vivienda.

El impulso inicial de las luchas laborales surge del apoyo mutuo entre personas que comparten condiciones de trabajo. En ocasiones, esta solidaridad se ha extendido mas all谩 de la empresa o el gremio. Ha habido conflictos laborales en los que incluso se ha conseguido romper la separaci贸n entre el mundo del trabajo y su entorno, estableciendo complicidades con otras luchas (de usuarios de servicios, vecinales, etc.). En sus momentos m谩s intensos, las luchas laborales han sido capaces de imponer sus propios ritmos a los de la econom铆a capitalista. La huelga ha sido la herramienta principal en conflictos laborales, pero no la 煤nica: las asambleas, los boicots, la paralizaci贸n de la circulaci贸n, las cajas de resistencia, los sabotajes, los label, la ocupaci贸n de edificios empresariales鈥, son otros instrumentos que se han usado en este tipo de luchas. La tradici贸n de luchas en torno al trabajo, aporta a la lucha por la vivienda un repertorio amplio de pr谩cticas que la enriquecen.

A pesar de esto, las luchas laborales ya no son lo que eran. Los cambios en el modelo productivo y la deriva del sindicalismo en los 煤ltimos tiempos, aportan otro tipo de experiencias que conviene no olvidar. El sindicalismo m谩s combativo, ha tendido a idealizar la figura del obrero manual e industrial que vive en entornos urbanos. El obrerismo t铆pico del sindicalismo ha discriminado las tareas de reproducci贸n generalmente llevadas a cabo por mujeres, tambi茅n ha solido ignorar a quienes trabajaban en condiciones precarias o en la econom铆a informal, a las personas migrantes, al mundo rural, etc. Hoy, en nuestro entorno, el obrero industrial es minor铆a, pero el sindicalismo sigue sin ser capaz de adaptarse al nuevo contexto. La sustituci贸n de la figura del obrero por la del ciudadano no soluciona el problema, m谩s bien lo agrava. Un ciudadano es el s煤bdito (con papeles) de un Estado. El concepto de ciudadan铆a es elitista, y fomenta la idea de que el di谩logo con las instituciones es la 煤nica forma 鈥渞ealista鈥 de transformar nuestro entorno. El monopolio de las relaciones sociales por parte de las instituciones, debilita la capacidad de organizaci贸n e intervenci贸n aut贸noma del vecindario. El ciudadano se relaciona con la instituci贸n como un cliente con su gestor铆a: le pide soluciones, pone reclamaciones, y si no le satisfacen, busca otro gestor (cada cuatro a帽os). El ciudadano, que acepta las reglas del juego, debe aceptar tambi茅n que el negocio inmobiliario se imponga sobre la necesidad de vivienda. Asumir la identidad ciudadana implica aceptar como razonable que la vivienda sea una mercanc铆a.

Los sindicatos tienden a convertirse en instituciones de mediaci贸n para los conflictos laborales. Esta mediaci贸n ha contribuido a integrar a las trabajadoras, y los trabajadores, en la l贸gica capitalista,  y a menudo se ha convertido en una herramienta de disciplinamiento laboral, imponiendo la paz social y perfeccionando la explotaci贸n laboral. El papel mediador que ha adoptado el sindicalismo, facilita la cooptaci贸n de su discurso y de sus caras m谩s visibles por parte de las instituciones. 

La especializaci贸n sindical en lo laboral, es complementaria con la especializaci贸n de los partidos en lo pol铆tico. Los sindicatos han sido, casi siempre, correas de transmisi贸n (y caladero de votos) de  partidos pol铆ticos.  Sus din谩micas han estado sometidas a los intereses electorales, y esta falta de autonom铆a ha limitado su capacidad de transformaci贸n social. Por eso, a pesar del discurso combativo de muchos sindicatos, el horizonte de sus iniciativas no suele ir mas all谩 de conseguir una mesa de negociaci贸n, y un pacto medianamente digno. La l贸gica sindical suele quedar atrapada en la l贸gica capitalista, no apunta mas all谩; se adapta a sus ritmos y tiende a canalizar las luchas laborales hacia cauces institucionales, que les restan capacidad de incidencia.

La l贸gica sindical tiende a homogeneizar a su afiliaci贸n seg煤n oficios, convenios, etc. Esta din谩mica ayuda a reunir a gentes que tienen problemas compartidos, pero en cambio las desconecta del territorio en el que se dan estos conflictos. Las estrategias uniformes dif铆cilmente se adaptan a  las realidades concretas, y adem谩s no contribuyen a crear alianzas en el barrio, que es el territorio en disputa. El centro de atenci贸n de los sindicatos son las instituciones y las empresas, por eso normalmente acaban reproduciendo sus formas de organizaci贸n (jer谩rquicas), y sus maneras de relacionarse con la afiliaci贸n (sindicato-instituci贸n y sindicato-empresa de servicios).

鈥 La luchas comunitarias de barrio

Las luchas vecinales y barriales, tienen tambi茅n una larga tradici贸n de experiencias de las que se puede aprender. A diferencia del sindicalismo, estas s铆 que se arraigan en el territorio, en la vida cotidiana del vecindario. Cuando estas luchas se centran en defender los medios para el sostenimiento de vidas dignas (vivienda, suministros b谩sicos, etc.), tienen mucha capacidad para influir en la vida del barrio.  En estos casos, pueden transformar la desconfianza entre vecin@s y la sumisi贸n al Poder, en formas de relaci贸n solidarias y una mayor capacidad de resistencia frente a los abusos institucionales o del mercado.

El 谩mbito vecinal permite un mayor protagonismo de sectores tradicionalmente ignorados por el sindicalismo, como el de los cuidados o la poblaci贸n gitana o la migrante. Las luchas basadas en el territorio abren la posibilidad de crear 鈥攜 reforzar鈥 relaciones de apoyo mutuo entre gentes diversas que coexisten a diario. A veces, estas luchas, ayudan a ganar cierta autonom铆a respecto a las imposiciones capitalistas, sea esta material o de pensamiento colectivo. En algunos momentos, las luchas vecinales han conseguido imponer sus ritmos a las instituciones y a los sectores empresariales. En esos momentos es posible frenar agresiones concretas como los planes urban铆sticos, los procesos de elitizaci贸n y turistificaci贸n, los desahucios, etc.  

Sin embargo, el concepto de comunidad barrial dice poco, solo describe una colectividad con alg煤n tipo de compromiso acordado. Puede referirse tambi茅n a una zona geogr谩fica, a una cultura o identidad, a una forma de relacionarse, etc. A menudo tiende a asociarse la comunidad con una imagen idealizada de la convivencia, sin embargo hay comunidades jer谩rquicas, elitistas, racistas y, en general, poco deseables. Esta jerarquizaci贸n puede dar pie a la cooptaci贸n institucional de los miembros m谩s activos de la comunidad. La idealizaci贸n de locomunitario, lleva a veces a una forma de voluntarismo m谩gico que pretende construir comunidad ignorando las relaciones de poder y explotaci贸n que se dan a nivel de barrio. Para aglutinar a gente diversa, a veces se recurre a la idea homogeneizadora de ciudadan铆a. Esta etiqueta, aparentemente neutra, debilita lo comunitario, porque asigna todo el protagonismo a las instituciones, de las cuales el ciudadano es solo un s煤bdito. 

Normalmente lo comunitario coexiste pac铆ficamente con la explotaci贸n y la dominaci贸n capitalista. El riesgo de fomentar v铆nculos comunitarios sin poner en cuesti贸n las formas de relaci贸n capitalista, hace que muchos proyectos de barrio acaben convertidos en prolongaciones de las concejal铆as de servicios sociales. Si se asume el papel de mediaci贸n en el barrio, se suele acabar trabajando al servicio de la pacificaci贸n y del control social, y se acaba contribuyendo a la privatizaci贸n de los malestares. Si se aspira realmente a transformar la vida en un barrio, conviene que ser parte implicada y no mediadores, tratar de desestabilizar la normalidad y politizar los agobios compartidos.

鈥 El anticapitalismo

Hay sindicatos y organizaciones de barrio que en su pr谩ctica rompen con la l贸gica capitalista, tambi茅n los hay que no. Hay tambi茅n sectores anticapitalistas que son cr铆ticos con las din谩micas  sindicales, y con las asociaciones de barrio, incluso participando en ellas. Por eso el anticapitalismo es otro punto de referencia necesario en este mapa.

Los planteamientos anticapitalistas tratan de conectar los malestares de la poblaci贸n con razones estructurales, con el sistema Capitalista. Para ello se enfrentan a las din谩micas del mercado y a las institucionales. La perspectiva anticapitalista en la lucha por la vivienda, ayuda a entenderla como una parte importante de una lucha mas amplia, una que implica todos los 谩mbitos de la vida; individuales y colectivos. Por eso la tradici贸n anticapitalista puede servir para sintonizar luchas aparentemente desconectadas, y para proponer otras formas de hacer y pensar.

La experiencia acumulada de la lucha contra el Capitalismo sirve para ver m谩s all谩 de las reivindicaciones y concesiones concretas. Adem谩s, ayuda a contextualizar las realidades de cada barrio en una perspectiva m谩s amplia, que incluye la ciudad, la regi贸n, etc. Esta tradici贸n ense帽a que solo desestabilizando el modelo social vigente, e impulsando formas de relaci贸n solidarias entre la poblaci贸n m谩s perjudicada por el Capitalismo, es posible transformar realmente nuestro entorno.

Sin embargo, los sectores que se reclaman del anticapitalismo no viven en un mundo aparte. En estos entornos a menudo se reproducen din谩micas propias del Capitalismo (relaciones de poder, elitismo, instrumentalizaci贸n de la poblaci贸n, etc.). La etiqueta de anticapitalista a veces oculta un vac铆o que solo se rellena con esl贸ganes huecos, o con una ideolog铆a desconectada de lo cotidiano. Otras veces esta etiqueta se convierte en un elemento identitario, que fomenta el sectarismo y la competencia entre colectivos por apropiarse en exclusiva de lo anticapitalista. Estas din谩micas pueden desembocar en un repliegue de estos colectivos sobre s铆 mismos, y en pr谩cticas exclusivamente autoreferenciales.

Los sectores que se reclaman anticapitalistas, a menudo abusan de los discursos 茅picos, condimentados con un marketing como de videojuegos y un ciberactivismo compulsivo. Esta inflaci贸n comunicativa contrasta, muchas veces, con un pr谩ctica escasa, dependiente de la prensa y e incapaz de incomodar a sus adversarios.

Resumiendo, la lucha por la vivienda hereda de las luchas laborales, comunitarias y anticapitalistas, recursos muy ricos que se deben aprovechar. Al mismo tiempo, convendr铆a descartar todo aquello que suponga un obst谩culo para la intervenci贸n y la transformaci贸n social. Para aprender de estas experiencias hay que hacer una revisi贸n cr铆tica de las mismas, no tiene sentido idealizarlas sin m谩s. Si queremos aprovechar todos nuestros recursos hay que exponer abiertamente las diferencias, dialogar de forma sincera y, hasta donde sea posible, llegar a acuerdos claros.

4. Las comunidades de lucha

La puesta en com煤n de las distintas sensibilidades que habitan el movimiento de lucha por la vivienda, puede ayudar a crear y fortalecer comunidades de lucha, entendidas estas como: conjuntos de personas y grupos mas o menos definidos que, en relaci贸n con una lucha, comparten en lo esencial un relato com煤n sobre la misma; sus estrategias y m茅todos son iguales, complementarios o al menos compatibles, y mantienen ciertos lazos de solidaridad y apoyo mutuo, que act煤an bajo las premisas del apoyo mutuo, la solidaridad, la acci贸n directa y la horizontalidad.

Una comunidad de lucha ser铆a entonces un espacio de encuentro colectivo, que trata de defender los medios para el sostenimiento de la vida, y en el que aunque haya diferencias y tensiones, se trata de impulsar la cooperaci贸n y la movilizaci贸n. Este tipo de comunidad tendr铆a como objetivo principal oponerse a las agresiones e imposiciones que vienen de parte del Capital 鈥攜 de las instituciones鈥. Otro objetivo importante ser铆a impulsar din谩micas de apoyo mutuo, que ayudasen a ganar autonom铆a material junto a la creaci贸n de una perspectiva propia.

Orriols en Bloc (Val猫ncia)

5. La relaci贸n con las instituciones

El movimiento de lucha por la vivienda dedica muchas energ铆as a reivindicar y hacer peticiones a las instituciones. A veces parece que esa sea su actividad principal. Esto parece comprensible si tenemos en cuenta que son ellas las que crean las leyes que rigen el negocio inmobiliario, y tambi茅n, las que luego las aplican en forma de desahucios, subvenciones, etc. Pero las instituciones no son estructuras neutras. Por muchas razones, su principal dedicaci贸n es asegurar la paz social y la estabilidad, para garantizar la continuidad del negocio capitalista. Las instituciones como estructura, independientemente de quien las gestione, tienen como prioridad mantener el estado de las cosas tal y como est谩. La forma en que lo hacen var铆a de unos gestores a otros, pero su funci贸n esencial es esa.

Hay varias razones por las cuales una instituci贸n puede ceder ante una movilizaci贸n. Normalmente suele hacerlo para evitar perder legitimidad como ente mediador; tratar de pacificar una situaci贸n que se ha vuelto inestable; o reducir la presi贸n que se ejerce sobre quienes la gestionan. El problema es que cuando prestamos demasiada atenci贸n a las instituciones, acabamos teniendo que adaptarnos a sus ritmos, y esto debilita nuestra capacidad para fortalecer las comunidades de lucha, que necesitan tiempos diferentes. As铆 que, aunque se pretenda influir sobre las leyes y su aplicaci贸n, lo m谩s importante es ser capaces de crear comunidades de lucha fuertes y plurales.

La 煤nica fuerza real del movimiento por la vivienda es la lucha a pie de calle, sea contra los desahucios o la turistificaci贸n, tomando edificios o creando redes de solidaridad. Cuando los esfuerzos se dirigen a crear mesas de negociaci贸n o v铆nculos estables con la administraci贸n, la calle se vac铆a y la comunidad de lucha se debilita.

Otro riesgo de orientarse demasiado hacia las instituciones, es acabar convirtiendo a quienes participan en la lucha por la vivienda en agentes mediadores. Cuando esto ocurre, la lucha se transforma en una especie de voluntariado social. Entonces, aquel movimiento que pretend铆a desestabilizar un modelo social injusto, para as铆 poder transformarlo, se convierte en un agente estabilizador, que ayuda a gestionar los aspectos medi谩ticamente mas escandalosos de un problema que se mantiene, pero individualiz谩ndolos e invisibiliz谩ndolos. Esta es una din谩mica autodestructiva.

En general, las instituciones son m谩s fuertes y est谩n m谩s legitimadas, cuanto m谩s d茅biles son los v铆nculos entre las personas. Esto no es casual, porque las administraciones son sustitutos y suced谩neos de los v铆nculos sociales reales. En el mismo sentido, la l贸gica institucional tiende a favorecer el aislamiento, porque se relaciona con la poblaci贸n de manera individualizada. Tener a la administraci贸n como centro de nuestra actividad es contraproducente, sobretodo si lo que queremos es fortalecer los v铆nculos comunitarios, la solidaridad y la capacidad de movilizaci贸n. Nuestra fuerza est谩 en transformar las relaciones entre las personas, no en fortalecer la dependencia respecto a la administraci贸n.

Cuando el centro de la atenci贸n de un movimiento son las instituciones o las empresas, y sus objetivos no van mas all谩, suele pasar que acaba por adoptar algunas de sus din谩micas. Estas din谩micas no son neutras, y por eso tienden a reproducir dentro del movimiento las l贸gicas de dominaci贸n estatal y capitalista.

6. La verticalizaci贸n

Cualquier movimiento de protesta, por muy horizontal que se pretenda, reproduce en su interior relaciones de poder, pero hay elementos que contribuyen claramente a reforzar esta jerarquizaci贸n.

Uno de estos elementos es la adopci贸n de los ritmos propios de la administraci贸n o de los medios de comunicaci贸n. Cuando pasa esto, los espacios de coordinaci贸n viven en un estado de urgencia permanente para responder a las demandas de politic@s y periodistas. Entonces, en nombre de la eficacia se justifica la toma de decisiones que no pasan por la base. Una organizaci贸n horizontal,  para ser realmente aut贸noma en su funcionamiento y decisiones, necesita sus propios tiempos. Adoptar ritmos alienantes convierte los espacios de coordinaci贸n en espacios de poder y control.

Otro de estos elementos es la incorporaci贸n de formas de organizaci贸n que vienen de la empresa o la administraci贸n. Algunas de las m谩s habituales son: las t茅cnicas de gesti贸n de procesos y de calidad, y los modelos de democracia participativa basados en tecnolog铆as de la comunicaci贸n. Estas t茅cnicas no son neutras, y por eso tienden a sustituir el debate real por una serie de preguntas cerradas en un marco delimitado de antemano. En general, adoptar estas din谩micas reduce la deliberaci贸n colectiva a un suced谩neo, fomenta el conformismo y el acaparamiento de poder por militantes centrales y especialistas.

Cuando la separaci贸n entre participantes perif茅ricos y militantes centrales se enquista, el movimiento que se pretend铆a horizontal acaba reproduciendo en su interior relaciones propias del Capitalismo. As铆 la persona que participa en el nivel de la base puede acabar convirti茅ndose en una especie de usuaria, cliente o voluntaria, de una organizaci贸n gestionada por un grupo de militantes centrales, que son quienes realmente deciden. Esta verticalizaci贸n facilita el control de la lucha por parte de las instituciones.

La crisis del 2008 dio un nuevo impulso al espacio de lucha por la vivienda, pero al poco se hicieron visibles tambi茅n otras iniciativas que trataban de contener la movilizaci贸n. Hay muchos sectores pol铆ticos, econ贸micos y medi谩ticos, interesados en debilitar las movilizaciones en defensa de la vivienda digna. Las iniciativas de contenci贸n son variadas; hay algunas de las que se habla m谩s y otras menos. Las que impulsa la administraci贸n son especialmente destructivas y conviene tenerlas presentes.

7. La gobernanza

La gobernanza son una serie de pr谩cticas desplegadas por las instituciones para contener la conflictividad social y debilitar las din谩micas propias de las comunidades de lucha. La gobernanza es tambi茅n un escudo institucional que se despliega en formas variadas. En su versi贸n blanda, incluye iniciativas que van de la seducci贸n a la cooptaci贸n, pasando por la participaci贸n ciudadana en su versi贸n dura, estas van de la marginaci贸n a la criminalizaci贸n.

鈥 La trampa de la participaci贸n ciudadana

La participaci贸n ciudadana surge como un mecanismo de defensa de las instituciones, ante su crisis de legitimidad. Estas iniciativas toman impulso en los a帽os 80, en el momento en que el desprecio por las instituciones deja de ser algo pasajero, para hacerse estructural. La participaci贸n ciudadana se desarrolla sobretodo a nivel local; su objetivo es debilitar la autonom铆a de las protestas y canalizar el descontento por v铆as institucionales, donde se vuelve manejable por la administraci贸n.

En lo social, la participaci贸n ciudadana trata de reforzar la figura del ciudadano individual, disolviendo lo colectivo. Al mismo tiempo pretende legitimar pol铆ticamente a las administraciones y sus gestores. Adem谩s, la participaci贸n ciudadana busca modernizar la administraci贸n y afinar el control social, usando para ello elementos externos 鈥攁 un precio barato鈥.

Cuando la lucha por la vivienda toma fuerza, suelen aparecer invitaciones a mesas de di谩logo, foros permanentes, encuestas deliberativas, presupuestos participativos, etc. Estos procesos son variados, unos m谩s transparentes que otros, pero todos tienen el objetivo de convertir a la administraci贸n en el centro de toda forma de colectividad. La administraci贸n usa la participaci贸n ciudadana para tratar de tutelar lo social. Esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de definir qu茅 tipo de relaci贸n queremos tener con las instituciones.

鈥 La cooptaci贸n

La cooptaci贸n es otro mecanismo de defensa institucional. Consiste en captar para la administraci贸n a personas, grupos, o sectores de la poblaci贸n que participan en protestas, con la intenci贸n de lavar su imagen para volver a legitimar las instituciones. Hay muchas formas de cooptaci贸n: las hay m谩s sutiles (como el reconocimiento de la labor social, dotar de protagonismo en medios oficiales o la creaci贸n de comisiones conjuntas); tambi茅n est谩n las formales (como fichar a las caras mas visibles para alg煤n cargo); y est谩n las informales (con subvenciones, enchufes o colocaci贸n en puestos oficiales).

Al igual que la participaci贸n ciudadana, la cooptaci贸n busca contener la conflictividad. Tambi茅n pretende reducir la autonom铆a de la protesta, o si esto no es posible, dividirla. La mejor manera de contrarrestar los efectos de la cooptaci贸n es hacerla visible, estar alerta y hablar sobre sus efectos.

鈥 La criminalizaci贸n

Si la protesta se vuelve inc贸moda y no se consigue reconducir a los cauces institucionales, la administraci贸n recurre a la criminalizaci贸n. Esta tiene sus grados tambi茅n: se pueden usar los medios de comunicaci贸n para tratar de dividir a quienes participan entre razonables y exaltad@s; a veces se acusa a quienes ocupan una vivienda o protestan en la calle de ser privilegiados o ego铆stas; y a menudo se recurre a la intimidaci贸n o la  represi贸n policial directa.

El principal objetivo de la criminalizaci贸n es dividir y dispersar la protesta. Tambi茅n busca desconectar unas protestas de otras, para evitar los gestos de solidaridad. Un posible recrudecimiento del conflicto por la vivienda, seguramente haga aumentar los casos de criminalizaci贸n. Conviene tener esto en cuenta a la hora de debatir estrategias y mecanismos de autodefensa.

8. La invitaci贸n

Reflexionar sobre el escenario de la lucha por la vivienda, y se帽alar los obst谩culos a los que se enfrenta, es solo un primer paso. Si queremos que nuestra pr谩ctica se adapte a los cambios que se dan a nuestro alrededor, y pretendemos afinar nuestra pr谩ctica diaria, deber铆amos impulsar procesos de debate respetuosos pero claros. En ellos es importante hablar de m茅todos y estrategias, pero tambi茅n de horizontes de lucha, porque hay caminos que inevitablemente nos llevan a callejones sin salida y otros que, en cambio, fortalecen nuestra autonom铆a.

Daniel, de Orriols en Bloc (Valencia)

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Fuente: Todoporhacer.org