November 1, 2020
De parte de El Miliciano
211 puntos de vista





El
verano
ya
casi
ha
pasado
al
olvido
y
la
vuelta
a
la
 nueva
normalidad
 ha
supuesto
una
hostia
más
grande
de
lo
normal.
Todos
aquellos
que
clamaban
por
un
verano
de
turismo
nacional
y
de
reactivación
económica
ahora
se
echan
las
manos
a
la
cabeza
con
la
situación
de
nueva
expansión
del
COVID-19.


Nos
echarán
en
cara
nuestra
falta
de
responsabilidad
individual,
nuestras
costumbres
ligeras
y
el
hacinamiento
familiar
con
el
que
vivimos,
pero
poco
dirán
de
metros
abarrotados,
de
puestos
de
trabajo
sin
distancia
de
seguridad
o
con
epis
deficientes,
de
cómo
abonas
el
alquiler
si
el
SEPE
te
paga
cuatro
meses
tarde
o
de
las
dificultades
de
teletrabajar
con
tu
hijo
confinado
en
casa
por
el
enésimo
cierre
de
aulas.


Qué
cosas
tiene
esta
 nueva
normalidad
El
confinamiento
va
por
barrios




“Madrid
está
rodeado
de
suburbios,
en
donde
viven
peor
que
en
el
fondo
de
África
un
mundo
de
mendigos,
de
miserables,
de
gente
abandonada”





Pío
Baroja,
1903




Escribo
estas
líneas
tras
dos
semanas
de
nuevo
confinamiento
aquí
en
Puente
de
Vallecas.
Dos
semanas
desde
que
nos
dijeron
que
nos
quedáramos
en
casa,
que
no
saliéramos
al
parque,
pero
eso
sí,
que
fuéramos
a
trabajar.
Que
cogiéramos
el
transporte
público
sin
problema,
pero
con
distancia
de
seguridad.
Qué
cachondos.
Que
podíamos
(o
más
bien
debíamos)
ir
al
trabajo,
al
médico,
si
es
que
te
dan
cita
en
el
centro
de
salud,
al
juzgado
o
a
un
velatorio,
pero
que
nos
abstuviéramos
de
hacer
vida
más
allá
de
estas
obligaciones.
Dos
semanas
de
confinamientos
por
áreas
de
salud,
lo
que
en
mi
caso
implica
que
no
debería
ir
siquiera
a
la
tienda
de
la
esquina,
que
se
sale
de
mi
zona.



Mientras
Madrid
acapara
casi
la
mitad
de
los
nuevos
casos
de
COVID
del
país
y
sus
hospitales
se
empiezan
a
colapsar,
el
gobierno
de
la
región
cree
que
lo
más
sensato
es
cerrar,
a
medias,
parte
de
los
barrios
más
azotados
por
la
enfermedad.

 

 


Mientras
Madrid
acapara
casi
la
mitad
de
los
nuevos
casos
de
COVID
del
país
y
sus
hospitales
se
empiezan
a
colapsar,
el
gobierno
de
la
región
cree
que
lo
más
sensato
es
cerrar,
a
medias,
parte
de
los
barrios
más
azotados
por
la
enfermedad.
Mientras
se
suceden
declaraciones
ridículas
y
estrambóticas
de
Ayuso
en
las
que
culpa
de
la
extensión
del
virus
a
las
costumbres
de
los
inmigrantes
o
asocia
virus,
necesidades
básicas,
delincuencia
menas,
parece
que
al
menos
una
cosa
queda
clara,
que
el
contexto
económico
y
social
de
los
barrios
más
desfavorecidos
de
la
Comunidad
tiene
relación
con
la
extensión
del
virus.
Eso
que
nos
decían
al
principio
de
que
el
COVID
afectaba
a
todos
por
igual
no
es
real.
El
virus
se
contagia
sin
distinciones,
pero
las
probabilidades
de
cogerlo
van
por
barrios.
La
clase
determina
más
de
lo
que
nos
quieren
hacer
ver.
Vivimos
en
barrios
con
alta
densidad
poblacional,
con
mucha
movilidad
en
los
medios
de
transporte
públicos,
donde
las
posibilidades
de
teletrabajo
son
menores
que
en
otros
lugares,
con
unos
servicios
públicos
degradados
y
saturados,
con
importantes
tasas
de
paro
y
de
trabajo
sin
declarar,
y
así
un
largo
etcétera.
Todo
ello
condiciona
nuestras
costumbres,
las
de
los
pobres,
y
por
tanto,
nuestra
forma
de
vida.



Hasta
ahí
parece
que
estamos
de
acuerdo
con
Ayuso,
pero
es
a
la
hora
de
ofrecer
soluciones
a
esta
situación
cuando
surgen
las
enormes
divergencias.
Tras
aclarar
cual
es
el
problema,
la
solución
de
las
administraciones
pasa
por
taparlo.
Echarle
arena
encima,
para
que
no
se
vea.
Cerramos
esos
barrios,
que
no
salgan
más
que
para
currar.
Y
alé,
a
tirar
millas.
Que
ello
perpetua
la
degradación
de
los
barrios,
su
estigmatización
y
encima
no
soluciona
el
problema,
eso
es
secundario.
Toques
de
queda
para
el
gueto,
y
si
funciona,
pues
ya
los
dejamos
para
el
futuro.
Pero
pasamos
por
encima
de
temas
como
la
falta
de
opciones
de
ocio,
la
precariedad
laboral
y
la
pobreza
que
siguen
ampliándose
a
base
de
ERTEs,
despidos
e
inacción
sindical,
o
el
anticuado
y
arcaico
sistema
educativo.



Así
están
las
cosas
a
falta
de
que
gobierno
central
y
autonómico
acaben
de
dirimir
sus
discrepancias
y
veamos
si
las
medidas
se
extienden
a
todo
Madrid
o
seguimos
como
hasta
ahora.
La
segunda
ola
de
COVID
les
ha
pillado
a
todos
con
los
deberes
sin
hacer,
con
poca
planificación
y
menos
aprendizaje
de
los
errores
pasados.
Y
mientras
la
situación
se
va
de
madre
y
nadie
quiere
quedar
como
el
responsable
de
medidas
restrictivas,
unos
y
otros
desvían
la
atención
tirándose
los
trastos
a
la
cabeza.


“Las
autoridades
afirmaban
que
se
debía
respetar
escrupulosamente
el
aseo
personal
y
las
condiciones
de
la
vivienda,
pero
no
hacían
nada
para
que
los
barrios
bajos,
los
más
golpeados,
estuvieran
en
mejores
condiciones”




Servando
Rocha,
recordando
las
epidemias
de
cólera
que
hace
más
de
un
siglo
azotaron
Madrid
en
su
artículo 
«La
cólera
de
Ayuso»


Responsabilidad
individual,
esa
es
la
palabra
clave.
Está
en
boca
de
todos.
Mientras
que
por
acción
u
omisión
poco
se
ha
hecho
desde
las
administraciones
por
gestionar
de
forma
más
eficaz
una
segunda
ola
del
virus
que
todos
sabían
que
llegaría,
resulta
que
todo
lo
fiamos
a
la
responsabilidad
individual.
Es
el
individuo
aislado
sobre
el
que
cae
la
culpa,
el
que
desbarra
en
sus
momentos
de
ocio
y
el
que
debe
hacer
el
esfuerzo
por
cuidar
y
cuidarse.
Queremos
individuos
responsables,
pero
perpetuamos
una
sociedad
que
nos
trata
como
seres
estúpidos
y
sin
capacidad
para
gestionar
nuestras
vidas.
Se
nos
niega
diariamente
nuestra
capacidad
para
tomar
decisiones
en
torno
a
nuestro
trabajo,
a
la
vida
y
necesidades
de
nuestros
barrios
o
nuestras
inquietudes
educacionales.
Somos
pastoreados
por
expertos,
jefes
o
administraciones,
parece
que
nuestro
único
nicho
de
responsabilidad
es
votar
cada
cuatro
años
y
poner
una
reclamación
de
cuando
en
cuando
en
la
OCU.
Hasta
ahí
llega
nuestra
libertad,
individual
y
colectiva.
Pero
luego,
pidámosle
peras
al
olmo.


“En
1885,
mientras
los
burgueses
abandonaban
a
toda
prisa
la
ciudad,
las
verduleras
del
mercado
de
la
Cebada
protestaban
contra
la
política
antibajos
fondos,
el
acaparamiento,
el
boicot
a
sus
productos
o
la
subida
de
los
precios”




Servando
Rocha,
recordando
las
epidemias
de
cólera
que
hace
más
de
un
siglo
azotaron
Madrid
en
su
artículo 
«La
cólera
de
Ayuso»
.




Mientras
el
confinamiento
sigue
extendiéndose
a
otras
zonas
sanitarias,
eso
sí,
siempre
de
pobres,
los
ánimos
en
los
barrios
cerrados
andan
algo
revueltos.
Demasiada
arbitrariedad
y
demasiados
insultos.
Este
malestar
se
manifiesta
de
muchas
formas,
ya
sea
en
simples
actos
de
sabotaje
cotidiano
a
las
medidas
de
confinamiento,
pasando
al
barrio
de
al
lado
a
que
los
niños
jueguen
en
el
parque
o
compartiendo
por
las
redes
donde
están
los
controles
policiales
para
salir
del
barrio;
o
en
manifestaciones
y
concentraciones
ante
las
puertas
de
unos
desbordados
centros
de
salud.
Pero
si
bien
estas
manifestaciones
arrojan
un
poco
de
aire
sobre
la
parálisis
de
luchas
actuales,
también
ponen
sobre
la
mesa
una
cuestión
innegable,
que
los
problemas
y
las
necesidades
de
la
clase
trabajadora
quedan
en
gran
medida
supeditadas
a
las
trifulcas
parlamentarias.



Pues
Madrid,
o
más
concretamente,
la
situación
de
los
barrios
del
sur,
se
ha
convertido
en
campo
de
batalla
abonado
para
la
izquierda
institucional.
Mientras
que
casos
muy
similares,
como
los
confinamientos
selectivos
de
zonas
de
bajas
rentas
en
Palma
de
Mallorca,
han
pasado
casi
inadvertidos,
Madrid
ha
encendido
la
llama.
Será
que
el
gobierno
balear
es
un gobierno
de
progreso
 o
será
que
la
estrategia
de
la
izquierda
parlamentaria
madrileña
pasa
por
tensar
al
gobierno
regional
y
forzar
una
moción
de
censura
apoyada
por
Ciudadanos.
La
nefasta
gestión
de
la
crisis
sanitaria
del
ejecutivo
de
Ayuso
es
innegable,
pero
ello
no
puede
servir
para
tapar
errores
propios
del
gobierno
central.
Además,
como
se
diría,
no
se
puede
estar
en
misa
y
repicando,
y
las
hostias
recibidas
en
Vallecas
las
dio
la
policía
nacional
que
manda
el
secretario
general
del
PSOE
en
Madrid,
que
a
la
vez
es
delegado
del
gobierno.
Más
allá
del
y
tu
más,
nuestras
condiciones
de
vida
como
pobres
y
trabajadores
están
y
van
a
estar
en
entredicho
en
los
próximos
meses.
Una
nueva
crisis
económica
degenerará
en
un
nuevo
intento
de
superarla
a
través
de
apretarnos
un
poco
más
las
tuercas,
de
subvertir
las
posibles
bajadas
en
las
ganancias
empresariales
con
una
mayor
presión
sobre
el
trabajo.
Y
para
evitarlo,
nos
tocará
pelearlo,
pelearlo
en
nuestros
trabajos
y
en
nuestros
barrios,
y
hacerlo
contra
quien
sea,
contra gobiernos
de
progreso
o
de
retroceso
.



Artículo
de
“Todo
por
hacer”.
Octubre
2020


Imágenes
extraídas
de Vallekas
se
Defiende




Fuente: Elmilicianocnt-aitchiclana.blogspot.com