December 3, 2022
De parte de Indymedia Argentina
21 puntos de vista

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Elogio del cuerpo que baila

Silvia Federici

Un fragmento de 鈥Ir m谩s all谩 de la piel. Repensar, rehacer y reivindicar el cuerpo en el capitalismo contempor谩neo鈥, nuevo libro de Silvia Federici

鈥淣uestra lucha tiene que empezar por reapropiarnos de nuestro cuerpo, por revaluar y redescubrir su capacidad de resistencia y por expandir y celebrar sus poderes, individual y colectivamente鈥, dice la autora.

La historia del cuerpo es la de los seres humanos: no hay pr谩ctica cultural que no se aplique en primer lugar al cuerpo. Aunque nos limitemos a hablar de la historia del cuerpo en el capitalismo, nos enfrentamos a una tarea abrumadora, ya que se han empleado muy diversas t茅cnicas para disciplinarlo y estas han cambiado constantemente en funci贸n de las variaciones de los distintos reg铆menes laborales a los que ha estado sometido.

Se puede reconstruir la historia del cuerpo describiendo las distintas formas de represi贸n que el capitalismo ha activado en su contra. Pero he decidido, en cambio, escribir sobre el cuerpo como un territorio de resistencia, es decir, sobre el cuerpo y sus poderes 鈥揺l poder de actuar y de transformarse鈥 y sobre el cuerpo como un l铆mite a la explotaci贸n.

Hay algo que hemos perdido al insistir en hablar del cuerpo como una construcci贸n social y performativa. La visi贸n del cuerpo como una producci贸n social (discursiva) ha ocultado el hecho de que nuestro cuerpo es un recept谩culo de poderes, facultades y resistencias, que se han desarrollado durante un largo proceso de coevoluci贸n con nuestro entorno natural, y tambi茅n de pr谩cticas intergeneracionales que han hecho de 茅l un l铆mite natural a la explotaci贸n.

Cuando hablo del cuerpo como un 鈥渓铆mite natural鈥, me refiero a la estructura de necesidades y deseos que se ha creado dentro de nosotros no solo a trav茅s de nuestras decisiones conscientes o nuestras pr谩cticas colectivas, sino tambi茅n a trav茅s de millones de a帽os de evoluci贸n material: la necesidad de sol, de cielo azul, del verde de los 谩rboles, de olor a bosque y a oc茅ano, la necesidad de tocar, oler, dormir y hacer el amor.

Esta estructura acumulada de necesidades y deseos, que durante miles de a帽os ha sido la condici贸n de nuestra reproducci贸n social, ha puesto l铆mites a nuestra explotaci贸n. El capitalismo ha luchado sin descanso para superar esa estructura.

El capitalismo no fue el primer sistema basado en la explotaci贸n del trabajo humano, pero ha intentado, m谩s que cualquier otro sistema en la historia, crear un mundo econ贸mico donde el trabajo sea el principio de acumulaci贸n m谩s esencial. Fue el primero en tener como premisas clave de la acumulaci贸n de riqueza la reglamentaci贸n y la mecanizaci贸n del cuerpo. De hecho, una de las principales tareas sociales del capitalismo, desde sus comienzos hasta la actualidad, ha sido transformar nuestra energ铆a y nuestras facultades corporales en fuerza de trabajo.

Una de las principales tareas sociales del capitalismo ha sido transformar nuestra energ铆a y nuestras facultades corporales en fuerza de trabajo.

En Calib谩n y la bruja, estudiaba las estrategias que ha empleado el capitalismo para cumplir esta tarea y modificar la naturaleza humana del mismo modo que ha intentado hacerlo con la tierra para que el suelo fuera m谩s productivo y convertir a los animales en f谩bricas vivientes. En el libro tambi茅n hablaba de la batalla hist贸rica que el capital ha librado contra el cuerpo, contra nuestra materialidad, y las numerosas instituciones que ha creado con este fin: la ley, el l谩tigo, la regulaci贸n de la sexualidad y una mir铆ada de pr谩cticas sociales que han redefinido nuestra relaci贸n con el espacio, con la naturaleza y con los dem谩s.

El capitalismo naci贸 con el fin de apartar a la gente de la tierra y su primera tarea fue independizar el trabajo de las estaciones y prolongar la jornada laboral m谩s all谩 del l铆mite de nuestras fuerzas. Por lo general, destacamos el aspecto econ贸mico de este proceso, la dependencia econ贸mica de las relaciones monetarias que ha creado el capitalismo y su papel en la formaci贸n del proletariado asalariado. Sin embargo, no siempre hemos visto lo que ha implicado para nuestro cuerpo estar apartado de la tierra, c贸mo se lo ha pauperizado y c贸mo se le han arrebatado los poderes que los pueblos precapitalistas le atribu铆an.

La naturaleza, como reconoc铆a Marx,[1] es nuestro 鈥渃uerpo inorg谩nico鈥; hubo una 茅poca en la que pod铆amos interpretar los vientos, las nubes y los cambios de corriente de los r铆os y los mares. En las sociedades precapitalistas, las personas pensaban que ten铆an el poder de volar, de tener experiencias extracorporales, de comunicarse y hablar con los animales y adquirir sus poderes, o incluso de cambiar de forma. Tambi茅n pensaban que pod铆an estar en m谩s de un lugar al mismo tiempo y, dado el caso, que podr铆an volver de la tumba para vengarse de sus enemigos.

No todos esos poderes eran imaginarios. El contacto cotidiano con la naturaleza era la fuente de un enorme conocimiento, que se reflej贸 en la revoluci贸n alimentaria que tuvo lugar especialmente en las Am茅ricas antes de la colonizaci贸n o en la revoluci贸n de las t茅cnicas de navegaci贸n. Sabemos, por ejemplo, que los pueblos polinesios sol铆an navegar por la noche en alta mar empleando solamente su cuerpo como br煤jula, pues sab铆an interpretar en la vibraci贸n de las olas lo que ten铆an que hacer para dirigir sus embarcaciones hacia la costa.

Atarnos al espacio y al tiempo ha sido una de las t茅cnicas m谩s elementales y persistentes a las que ha recurrido el capitalismo para apropiarse del cuerpo. Solo hay que ver los ataques a los vagabundos, los migrantes y los indigentes que se han producido a lo largo de la historia. La movilidad es una amenaza si no se produce por trabajo, porque hace circular conocimientos, experiencias y luchas. Antiguamente, los instrumentos de coerci贸n eran el l谩tigo, las cadenas, el cepo, la mutilaci贸n y la esclavizaci贸n. Ahora, adem谩s del l谩tigo y los centros de detenci贸n, tenemos la vigilancia informatizada y la recurrente amenaza de epidemias, como la gripe aviar, como medios de control del nomadismo.

La movilidad es una amenaza si no se produce por trabajo.

La mecanizaci贸n, la conversi贸n del cuerpo (masculino y femenino) en una m谩quina, ha sido una de las metas que el capitalismo ha perseguido de forma m谩s incansable. Tambi茅n ha convertido a los animales en m谩quinas de tal modo que las cerdas dupliquen su camada, las gallinas produzcan huevos sin interrupci贸n 鈥搈ientras se tritura a las improductivas鈥 y los terneros no llegan a ponerse en pie antes de que los lleven al matadero. No puedo evocar en este texto todas las formas de mecanizaci贸n del cuerpo que se han producido. Baste decir que las t茅cnicas de captura y dominaci贸n han cambiado en funci贸n del r茅gimen laboral dominante y de las m谩quinas que se han instituido en modelo para el cuerpo.

As铆 pues, nos encontramos con que en los siglos XVI y XVII (la 茅poca de la manufactura) se imaginaba y se disciplinaba el cuerpo seg煤n el modelo de m谩quinas simples, como la bomba o la palanca. Este r茅gimen culmin贸 en el taylorismo y el estudio de tiempos y movimientos, en el que se calculaba cada movimiento y se canalizaban todas las energ铆as en la realizaci贸n de la tarea.

En este caso, la resistencia se imaginaba como una inercia: se representaba al cuerpo como un animal necio, un monstruo que se resist铆a a obedecer 贸rdenes.

En cambio, en el siglo XIX vemos que la concepci贸n del cuerpo y las t茅cnicas disciplinarias se inspiraban en la m谩quina de vapor y su productividad se calculaba en t茅rminos de insumos y producci贸n; la eficiencia se convirti贸 en la palabra clave. Bajo este r茅gimen, el disciplinamiento del cuerpo se lograba mediante las restricciones alimentarias y el c谩lculo de las calor铆as que necesitaba un cuerpo para trabajar. En estas circunstancias, el cl铆max se alcanz贸 con la tabla de calor铆as necesarias por tipo de trabajador que elaboraron los nazis. El enemigo era la dispersi贸n de energ铆a, la entrop铆a, el malgasto, el desorden. En Estados Unidos, la historia de esta nueva econom铆a pol铆tica se inici贸 en la d茅cada de 1880, con el ataque a las tabernas y la remodelaci贸n de la vida familiar, cuyo centro era el ama de casa a tiempo completo, concebida como un dispositivo antientr贸pico, siempre en guardia, preparada para reponer la comida consumida, reconfortar y lavar los cuerpos ajados o coser la ropa cuando se volv铆a a rasgar.

En nuestra 茅poca, los modelos del cuerpo son la computadora y el c贸digo gen茅tico, que componen un cuerpo desmaterializado y desagregado, imaginado como un conglomerado de c茅lulas y genes, cada uno de ellos con su propio programa, indiferentes a los dem谩s y al bien del cuerpo en su conjunto. Es lo que afirma la teor铆a del 鈥済en ego铆sta鈥: la idea de que el cuerpo se compone de genes y c茅lulas individualistas que persiguen la realizaci贸n de su propio programa, una met谩fora perfecta de la concepci贸n neoliberal de la vida, en la que el dominio del mercado se vuelve en contra no solo de la solidaridad grupal, sino de la solidaridad con nosotros mismos. Invariablemente, el cuerpo se desintegra en un ensamblaje de genes ego铆stas y cada uno busca cumplir con sus objetivos ego铆stas, indiferentes al inter茅s de los dem谩s.

En la medida en que interiorizamos esta visi贸n, interiorizamos la experiencia m谩s profunda de autoalienaci贸n, ya que nos enfrentamos no solo a un gran monstruo que no obedece nuestras 贸rdenes, sino a una horda de microenemigos infiltrados en nuestro propio cuerpo, listos para atacarnos en cualquier momento. Se han desarrollado sectores industriales a partir de los miedos que genera esta concepci贸n del cuerpo, que nos ponen a merced de las fuerzas que est谩n fuera de nuestro control. Inevitablemente, si interiorizamos esta visi贸n, no nos sentimos a gusto con nosotros mismos: nuestro cuerpo nos asusta y no lo escuchamos. No atendemos a lo que quiere, y en cambio lo asaltamos con todas las armas que nos puede ofrecer la medicina: radiaciones, colonoscop铆as, mamograf铆as, armas todas ellas de una larga batalla contra el cuerpo, en la que participamos en lugar de apartar nuestro cuerpo de la l铆nea de fuego. De este modo, estamos preparados para aceptar un mundo que transforma partes del cuerpo en mercanc铆as y percibimos nuestro cuerpo como un repositorio de enfermedades: el cuerpo como plaga, el cuerpo como fuente de epidemias, el cuerpo sin raz贸n.

Por lo tanto, nuestra lucha tiene que empezar por reapropiarnos de nuestro cuerpo, por revaluar y redescubrir su capacidad de resistencia y por expandir y celebrar sus poderes, individual y colectivamente.

Nuestra lucha tiene que empezar por reapropiarnos de nuestro cuerpo

El baile es esencial para esta reapropiaci贸n. En esencia, el acto de bailar es una exploraci贸n y una invenci贸n de lo que puede hacer el cuerpo: de sus capacidades, sus lenguajes, sus formas de articular los afanes de nuestro ser. He llegado a la conclusi贸n de que existe una filosof铆a en el baile, puesto que la danza imita los procesos a trav茅s de los cuales nos relacionamos con el mundo, nos conectamos con otros cuerpos, nos transformamos a nosotros mismos y al espacio que nos rodea.

Del baile aprendemos que la materia no es est煤pida, ni ciega, ni mec谩nica, sino que tiene sus ritmos, su lenguaje, se autoactiva y se autoorganiza. Nuestro cuerpo tiene motivos que necesitamos conocer, redescubrir y reinventar. Necesitamos escuchar su lenguaje para que nos conduzca a nuestra salud y a nuestra sanaci贸n, as铆 como necesitamos escuchar el lenguaje y los ritmos del mundo natural para que nos conduzcan a la salud y a la sanaci贸n de la Tierra. Dado que el poder de afectar y ser afectado, de mover y ser movido (una capacidad indestructible que solo se agota al morir) es constitutivo del cuerpo, en este reside una cualidad pol铆tica inmanente: la capacidad de transformarse a s铆 mismo y a los dem谩s, y la de cambiar el mundo.

[1] Karl Marx, Manuscritos de econom铆a y filosof铆a, Madrid, Alianza Editorial, 2013 [1844], pp. 112-114.
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Fuente: Argentina.indymedia.org