March 30, 2021
De parte de La Haine
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Entrevista con una desaparecida sobreviviente del mayor campo de concentraci贸n que denuncia los delitos sexuales de los represores

Silvia Labayr煤 es una de las tres denunciantes en el primer juicio por violencia sexual en la ESMA. Dice que 鈥渓as violaciones fueron parte de un plan com煤n en muchos de los campos como forma de arrasamiento de la subjetividad de las secuestradas. 脡ramos un bot铆n de guerra鈥. Y detalla: 鈥淓l Tigre Acosta me dijo que la prueba de que yo no los odiaba era que ten铆a que aceptar tener relaciones sexuales con alg煤n oficial鈥.

鈥淐uando naci贸 mi hija, a los pocos d铆as se me acerca el Tigre Acosta y me dice: 鈥榁os ten茅s que adelgazar porque est谩s muy gorda’. Me llev贸 a una salita y me dijo que como yo no hab铆a entregado gente, como prueba de que no los odiaba ten铆a que aceptar tener relaciones sexuales con alg煤n oficial, que eso no iba contra la moral cristiana, ni contra mi matrimonio, que era una prueba de mi recuperaci贸n鈥, cuenta Silvia Labayr煤.

El 29 de diciembre de 1976, con 20 a帽os y embarazada de casi seis meses, fue secuestrada por un grupo de tareas de la ESMA. La liberaron un a帽o y medio despu茅s. Mientras transcurr铆a el Mundial de F煤tbol del 鈥78, Alfredo Astiz la llev贸 al Aeropuerto de Ezeiza para que subiera a un avi贸n con destino a Madrid, donde la esperaba ya en el exilio su esposo. Los dos eran integrantes de la organizaci贸n Montoneros. Ella, ex alumna del Colegio Nacional de Buenos Aires, de familia de militares de alto rango.

Hoy Silvia Labayr煤 tiene 64 a帽os y es una de las tres denunciantes en el primer juicio por los cr铆menes de violencia sexual cometidos contra v铆ctimas que estuvieron privadas ilegalmente de la libertad en el centro clandestino de detenci贸n, tortura y exterminio que funcion贸 durante la 煤ltima dictadura militar en el casino de oficiales de la Escuela de Mec谩nica de la Armada. Es la primera vez que da una entrevista. Habla pausado como eligiendo las palabras. Dice que por mucho tiempo pes贸 sobre ella, como les sucedi贸 a otras sobrevivientes, el estigma de ser traidoras por haber mantenido ese v铆nculo 鈥渄e sometimiento鈥 con oficiales de la ESMA: 鈥淣o se pensaba que en ese contexto era imposible hablar de consentimiento. Consentimiento, cero, si ten铆amos encima la amenaza de la muerte鈥, dice.

Sus ojos son celestes cristalinos. Es delgada y tienen los cabellos de color casta帽o, tirando a un rojizo suave. Viste un jean y una remera de mangas largas azul, con un volado en los pu帽os. Y unas sandalias de lona beige con suela de yute. Lleva una estrella de David peque帽a, colgada de una cadenita de oro.

La charla transcurre en el jard铆n del edificio de departamentos donde vive, en el barrio porte帽o de Palermo. Hay bancos de plaza de madera marr贸n. El pasto es tupido y verde oscuro. El sol brilla amable. Dice que nunca pens贸 que se instalar铆a a vivir de nuevo en la Argentina –adonde solo hab铆a vuelto de visita en las 煤ltimas cuatro d茅cadas– pero el reencuentro con su gran amor de la juventud, a mediados de 2019, le cambi贸 sorpresivamente el rumbo a su vida. Desde que parti贸 al exilio, su hogar fue Madrid.

En el juicio, cuya sentencia se espera para abril, solo son tres las denunciantes, aunque –sabe– fueron muchas m谩s las mujeres que sufrieron violencia sexual en la ESMA. 鈥淟as violaciones fueron parte de un plan com煤n en muchos de los campos como forma de arrasamiento de la subjetividad de las secuestradas. 脡ramos un bot铆n de guerra鈥, se帽ala ella.

Silvia denunci贸 por estos hechos al oficial de inteligencia, entonces teniente de Fragata, Alberto Gonz谩lez, y a Jorge Acosta como instigador. Cuenta –y lo declar贸 en el juicio– que Gonz谩lez la somet铆a sexualmente en distintos lugares, fuera y dentro de la ESMA: en hoteles de alojamiento pero tambi茅n en la casa de su padre –cuando sab铆a que no estaba– y en la de 茅l mismo. Hay algunos detalles de su declaraci贸n que prefiere que no se publiquen hasta que se conozca el fallo, para no entorpecer la investigaci贸n judicial.

Silvia tuvo a su hija en cautiverio y se la entregaron a los pocos d铆as a su familia. Piensa que una serie de 鈥渟uertes peque帽as鈥 –parafraseando el t铆tulo de un libro de Claudia Pi帽eiro– le permitieron salvar la vida en medio de tanto horror. Ser bonita, rubia y de ojos celestes, y pertenecer a una familia de militares de alto rango, entre ellos un t铆o que fue ministro del gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu. Tambi茅n que su padre fuera militar retirado, piloto de Aerol铆neas Argentinas. Pero todas esas 鈥渟uertes peque帽as鈥 no la salvaron de que la convirtieran en 鈥渆sclava sexual鈥.

El juicio

El primer juicio por las violaciones perpetradas contra mujeres secuestradas en la ESMA empez贸 el 27 de octubre. Est谩 a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal Federal 5 de la Ciudad Aut贸noma de Buenos Aires. Son juzgados el ex oficial de inteligencia Gonz谩lez 鈥渁lias 鈥淕ato鈥, 鈥淕onz谩lez Menotti鈥, 鈥淟uis鈥, y Acosta, el jefe de la Secci贸n Inteligencia del Grupo de Tareas 3.3.2 que operaba all铆, alias 鈥淓l Tigre鈥, 鈥淪antiago鈥, 鈥淎n铆bal鈥 o 鈥淐apit谩n Arriaga鈥, por los delitos cometidos contra Silvia Labayr煤, Mabel Lucrecia Luisa Zanta y Mar铆a Rosa Paredes. Las tres prestaron el consentimiento a la fiscal铆a para la difusi贸n p煤blica de sus nombres pero pidieron que las audiencias no sean p煤bicas. Silvia testimoni贸 el lunes 27 de noviembre, durante cuatro horas. Las audiencias por el contexto de pandemia se hacen de manera virtual. Acosta se neg贸 a declarar. Gonz谩lez lo hizo durante varias horas.

El TOCF 5 est谩 integrado por la jueza Adriana Palliotti y los jueces Daniel Horacio Obligado y Adri谩n Federico Grumberg (presidente). El Ministerio P煤blico Fiscal est谩 representado por el fiscal federal Leonardo Filippini y la auxiliar fiscal Marcela Obetko: cuentan con la asistencia de la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM), que encabeza Mariela Labozzetta.

Los imputados Acosta y Gonz谩lez registran condenas a prisi贸n perpetua por delitos de lesa humanidad, dictadas por el mismo tribunal, con distinta conformaci贸n, en las causas 鈥淓SMA II鈥 (2011) y 鈥淓SMA Unificada鈥 (ESMA III, 2017). Esta 煤ltima a煤n no se encuentra firme. Acosta tambi茅n fue condenado a 30 a帽os de prisi贸n en la causa conocida como 鈥淧lan Sistem谩tico鈥, sobre apropiaci贸n de ni帽os y ni帽as.

Era un hecho vergonzante鈥

Silvia cuenta que ha declarado sobre las violaciones a los derechos humanos ocurridas en la ESMA en m煤ltiples oportunidades, la primera en 1979 en ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados. 鈥淢i testimonio ante la CoNaDep fue uno en los que se bas贸 la condena a las Juntas Militares鈥, apunta. Luego, declar贸 en diversos juicios contra represores y genocidas de la ESMA.

— En esos juicios la violaci贸n estaba considerada como parte de los tormentos y las torturas. No ten铆a una entidad jur铆dica aparte. Yo dije que hab铆a sido v铆ctima tambi茅n de esos hechos pero no entr茅 en detalles.

En 2013 se consigui贸 despu茅s de una larga lucha que fueran tipificados como delitos contra la integridad sexual. Entonces, denunci茅 lo que me pas贸. La causa la tuvo el juez Sergio Torres y ese juicio sigui贸 adelante y durante muchos a帽os estuvo鈥 como se dice aqu铆鈥 encarpetado鈥

— Dormido, cajoneado鈥

— Cajoneado durante a帽os. En alg煤n momento me llamaron de la defensa exigiendo que me prestara a tener una pericia m茅dica para demostrar que ten铆a secuelas f铆sicas de esas violaciones despu茅s de casi cuarenta a帽os, lo cual era absurdo. Reclam茅 ante la fiscal铆a. Se plante贸 que eso era inviable y se consider贸 as铆. Y finalmente, en los 煤ltimos a帽os este juicio se reactiv贸. Entramos tres personas que hicimos estas denuncias en firme. Hubo una cuarta que denunci贸 incluso antes que yo, pero por un 鈥渆rror鈥 administrativo no se le permiti贸 ser parte de este juicio. Sigui贸 apelando y su caso est谩 ahora mismo en Casaci贸n.

— 驴Varones tambi茅n?

— Ning煤n var贸n denunci贸. Suponemos que debe haber habido casos pero si para una mujer es dif铆cil denunciar el delito de violaci贸n mucho m谩s para un hombre. Hab铆a una pol铆tica por parte de Acosta, de propiciar, de proponer que los oficiales violaran a las mujeres de la ESMA. Fue el precio por sobrevivir. Es verdad que uno podr铆a haber roto una bombilla y haberse suicidado, pero en los campos de concentraci贸n casi nadie se suicida. En los campos alemanes tampoco la gente se suicidaba: uno quer铆a sobrevivir y dar testimonio. Uno ten铆a la idea de que si sal铆a de ah铆, iba a contar todo esto. Y esto fue lo que ocurri贸 mayoritariamente. Algunos sobrevivientes se tomaron m谩s o menos tiempo en declarar. De hecho, la mayor铆a de las mujeres violadas en la ESMA, aun hoy siguen sin poder denunciarlo.

— 驴Pesan los prejuicios?

— Alguna mujer que s铆 denunci贸 violaciones como Sara Solarz de Osatinsky, no caus贸 muy buena impresi贸n entre algunos compa帽eros sobrevivientes porque de alg煤n modo se interpretaba que estaba mancillando el honor de su marido, dirigente guerrillero. Hasta qu茅 punto llegan esos prejuicios, que la gente “de uno”, prefiere que se oculte esto y de alg煤n modo que las violaciones queden acalladas.

— 驴Qu茅 significa este juicio para usted?

— Para m铆 ha sido muy importante. Termin茅 mi alegato diciendo que m谩s all谩 de los a帽os que les den de condena por estos hechos, lo que me motivaba, con lo dif铆cil que me resultaba hacerlo, era alentar a que otras mujeres que pasaron por lo mismo se animen a denunciarlo, que ahora estamos en otro tiempo pol铆tico, jur铆dico y social, en donde por fin este tipo de temas pueden salir a la luz, y podemos tener la garant铆a como yo la tuve en este caso, de ser impecablemente tratada por la fiscal铆a, por todo el personal judicial, donde realmente se nota que hay un cambio de ciclo. Porque yo he declarado muchas veces y los jueces que ten铆as adelante te trataban como si la acusada fueras t煤.

— 驴En qu茅 sentido?

— Te dec铆an: 鈥淧ero bueno鈥 usted dice鈥 pero como lo puede probar鈥︹ La Justicia evolucion贸 en el respeto al testimoniante.

— Durante algunos a帽os otras sobrevivientes de campos de concentraci贸n ten铆an una mirada prejuiciosa sobre quienes hab铆an sido sometidas sexualmente en cautiverio鈥 No se comprend铆a que en ese contexto no hab铆a consentimiento posible.

— El del consentimiento es un tema crucial y muy complejo porque se entiende mal y es algo sobre lo que he hecho mucho hincapi茅. Dentro del juicio han participado la directora del Centro Fernando Ulloa, Laura Sobredo, que es feminista, y tambi茅n In茅s Hercovich, que es soci贸loga y psic贸loga social, feminista, especializada en temas de violaci贸n. Sus testimonios dejaron en claro que habiendo una situaci贸n de secuestro, de amenaza de muerte hacia m铆, mi familia pol铆tica, y mi hija, 茅ramos todos rehenes. Entonces, no hay posibilidad de consentimiento. Cuando Acosta te exig铆a que hicieras esto la idea era que tuvieras una actitud no agresiva frente al violador porque hab铆a que demostrar que no les odi谩bamos. Era un hecho vergonzante, muy dif铆cil de contar.

— En el imaginario social todav铆a persiste la idea equivocada de que no puede haber una violaci贸n sin violencia f铆sica 鈥

— Estas violaciones en su mayor铆a no ocurr铆an –porque si hubo otras violaciones que sucedieron en Capucha City por guardias 鈥渁l uso cl谩sico鈥, digamos– con una violencia f铆sica ni te apuntaban con una pistola en la cabeza. No era as铆 el procedimiento. El hecho de que no te torturaran en la violaci贸n no quita que fueran violaciones porque te est谩n obligando a hacer algo bajo secuestro y bajo amenaza de muerte. Eso no tiene otro nombre que violaci贸n, pero ha sido dif铆cil de entender incluso para las propias secuestradas. Consentimiento cero.

A diferencia de lo que se espera, judicial y socialmente, y es que la violada ejerza una fuerza y se resista y tenga secuelas f铆sicas y heridas, en la inmensa mayor铆a de los casos, la mujer se deja violar precisamente para salvar la vida y que aquello acabe lo m谩s r谩pido posible. La pasividad responde a que el tipo acabe lo antes posible, para que no te pegue ni te mate. Esto que ocurre en la inmensa mayor铆a de las violaciones no cursadas con un secuestro, tambi茅n ocurr铆a en las violaciones donde estaba la amenaza de muerte y la pistola simb贸lica puesta en la cabeza, porque a la semana siguiente pod铆as estar en la lista de los mi茅rcoles para que te tiraran al mar.

-驴Le ped铆a que se arregle en la forma de vestir en esas circunstancias?

–S铆, pero no solo en esas situaciones. Ellos robaban ropa en todas las casas donde secuestraban gente. Entonces hab铆a un lugar llamado Pa帽ol donde hab铆a ropa y todo tipo de cosas y nos exig铆an al grupo de mujeres que est谩bamos en ese proceso de 鈥渞ecuperaci贸n鈥 que nos visti茅ramos de un modo femenino, digamos, porque esa era otra muestra de que no 茅ramos marimachos montoneras. Ten铆an esa idea de que las mujeres dej谩ramos de ser guerrilleras para volver a ser 鈥渕ujeres鈥.

— 驴Alfredo Astiz la llevaba como hermana cuando se infiltr贸 en las reuniones que hac铆an familiares de desaparecidos en la Iglesia de la Santa Cruz junto a las monjas francesas?

— Pasados los meses, despu茅s de que hab铆an secuestrado o asesinado a la mayor parte de la organizaci贸n, ya empez贸 a haber un flujo de secuestros mucho menor. Entonces empezaron como a inventarse otras actividades para justificar tener toda esa mano de obra expectante. El tema de las Madres de Plaza de Mayo los volv铆a locos y pensaban que detr谩s de ese movimiento ten铆a que estar Montoneros. Lo mandaron a Astiz a infiltrarse. Estuvo varios meses metido en organismos de derechos humanos, hablando con gente y dem谩s. Y en un momento dado decidieron que fuera alguna secuestrada con 茅l para reforzar la idea de que era familiar de un desaparecido. Buscaron a alguien que podr铆a ser la hermanita menor, alguien rubia y de ojos azules y me eligieron a m铆. Eso ya fue en el final del proceso de infiltraci贸n. Me obligaron a asistir a cuatro o cinco reuniones, algunas en la iglesia de la Santa Cruz, otras en una casa en La Boca, donde estaba la monja francesa Alice Domon. Me afect贸 much铆simo personalmente que terminara ese hecho como termin贸.

— A la distancia, 驴Qu茅 opini贸n tiene ahora de la lucha armada?

— Para hacer la revoluci贸n hay que estar vivos. Soy muy cr铆tica de la conducci贸n montonera, de c贸mo se nos expuso, c贸mo no se nos cuid贸. Por supuesto creo que todo lo que se ha hecho en relaci贸n a Memoria, Verdad y Justicia es fundamental. Me he sumado a eso. A los compa帽eros se los debe honrar, recordar, se debe profundizar en que se haga justicia, castigo a los culpables, pero eso no me impide tener una visi贸n cr铆tica de lo que fue esa organizaci贸n y de lo poco que esas muertes consiguieron, en relaci贸n al extraordinario coste.

— 驴C贸mo fue su vida en el exilio en Espa帽a?

— Tuve mucha ayuda de mis padres, econ贸mica y de todo tipo. Y de mis amigos m谩s cercanos. Una ayuda crucial, determinante. Pero cuando llegu茅 a Espa帽a hab铆a mucha gente que no me quer铆a escuchar, que me condenaba, porque hab铆amos sobrevivido ten铆amos que ser traidores: 驴qu茅 hab铆amos hecho para sobrevivir? Esa pregunta sobrevolaba. Entonces no quer铆an ni escucharte. No quer铆an hablar, me cerraban las puertas de bares, me imped铆an la entrada a reuniones de exiliados porque dec铆an que yo ten铆a que ser una traidora.

Estudi茅 Psicolog铆a y me fue pr谩cticamente imposible ejercer la profesi贸n porque en el entorno de los psic贸logos y psicoanalistas argentinos hab铆a una creencia de que si yo hab铆a sobrevivido y hab铆a salido de la ESMA ten铆a que estar loca y no pod铆a ejercer la profesi贸n. Lo intent茅. Me form茅 despu茅s de hacer la carrera, en la Escuela de Psicolog铆a Pich贸n Riviere, estudi茅 Psicoan谩lisis, pero me di cuenta de que hab铆a un impedimento con lo cual con muchas compa帽eras sobrevivientes decimos: Cuando salimos de la ESMA cre铆mos que el infierno se hab铆a terminado pero no se hab铆a terminado. Porque una cosa es que te machacara el enemigo y otra que te hicieran el vac铆o los tuyos.

Silvia vivi贸 43 a帽os en Espa帽a. Se separ贸 del padre de Vera, tuvo otra pareja, y luego se cas贸 con un espa帽ol, con quien tuvo un hijo. Vera, su hija es cardi贸loga y vive en Escocia. Su hijo menor, tiene 26 a帽os, es m煤sico y estudia en Boston. Al no poder ejercer la Psicolog铆a, cuenta que se dedic贸 a hacer estudios cualitativos, de opini贸n y de mercado, hizo algunas materias de Sociolog铆a y finalmente se dedic贸 a la Publicidad. Tiene en la actualidad una empresa vinculada al rubro editorial.

Hace algunos a帽os regres贸 al Espacio de Memoria la ex ESMA con su hija. Despu茅s lo hizo con su hijo, y volvi贸 algunas veces m谩s.

— La impresi贸n m谩s clara que me produjo cuando entr茅 por primera vez fue que me pareci贸 un lugar muy peque帽o, cuando yo lo recordaba muy grande. Y pens茅: qu茅 lugar tan peque帽o para un infierno tan grande.

***

La llegada a la ESMA y el parto en cautiverio

鈥淓l 29 de diciembre de 1976. Con 20 a帽os, embarazada de cinco meses. Me llevaron descapuchada a la ESMA, hasta casi entrar, lo que me dio una impresi贸n negativa, desde ese momento pens茅 que no iba a salir con vida. Me llevaron, como a todo secuestrado all铆, al s贸tano, donde torturaban en una salita que hab铆a ah铆, en un lugar famoso que llamaban 鈥淟a avenida de la felicidad鈥. Ah铆 fui interrogada, torturada, durante un tiempo. Como otra forma de tortura me tuvieron catorce d铆as en esa salita donde escuchaba d铆a y noche sin parar los alaridos de los compa帽eros que pasaban por las otra salitas de tortura鈥, recuerda Silvia Labayr煤, ex integrante de Montoneros, sobreviviente de ese centro clandestino de detenci贸n.

Luego, apunta, la subieron a lo que se llam贸 鈥淐apucha City鈥, un lugar donde ten铆an 鈥渁lojadas鈥 a las personas secuestradas, tiradas en colchonetas, encapuchadas, engrilletadas, con esposas.

— Pas贸 el tiempo y tuve la suerte de que enfrente de m铆 estuviera secuestrada Mercedes In茅s Carazo, que era una jefa montonera. Me vio ah铆 embarazada y pregunt贸 qui茅n era. En esos tiempos se empez贸 a ver lo que ellos llamaban 鈥減roceso de recuperaci贸n鈥 de algunos secuestrados, a quienes se los empez贸 a 鈥渂ajar鈥 para obligarlos a hacer trabajo esclavo, que consist铆a en informes pol铆ticos, de pol铆tica internacional, documentos falsos, y otras tareas. Esa mujer no me conoc铆a, pero me adopt贸, y pasado un tiempo pidi贸 que me bajaran. Me pregunt贸 que pod铆a hacer. Yo era egresada del Nacional Buenos Aires, pod铆a traducir del ingl茅s y del franc茅s. Y accedieron a que me bajaran con ella a traducir de peri贸dicos, revistas, informes.

Gracias a ella dej茅 de ser un n煤mero, la 765: los militares me ve铆an ah铆, aunque el capit谩n Acosta que era el jefe de todo en la ESMA, no me miraba, como si yo fuera trasparente, lo cual me hac铆a pensar que me iban a matar, que me ten铆an ah铆 porque estaba embarazada y porque quer铆an mi beb茅 que iba a nacer, que luego se lo iban a apropiar, como luego fuimos descubriendo.

Silvia Labayr煤 cuenta que ten铆a fecha de parto para el 5 o 6 de abril de 1977. Su hija naci贸 el 28 de abril sobre una mesa, en uno de los 鈥渃uartitos鈥 del centro clandestino de detenci贸n.

— Trajeron del Hospital Naval al m茅dico (Jorge Luis) Magnacco, que era nada menos que el Jefe de Ginecolog铆a del Hospital Naval (y trabaj贸 como obstetra con otras secuestradas en la ESMA). En otro caso de una compa帽era que tuvo dificultades en el parto, la llevaron al Hospital Naval, pero en mi caso fue ah铆, sobre una mesa. Para dar a luz me sacaron los grilletes.

Estuvo este tipo que vino con una valijita y ah铆 se desarroll贸 el parto, que dur贸 toda una noche. Estaba ese m茅dico, un enfermero, tambi茅n Mercedes In茅s Carazo y yo ped铆 que estuviera un oficial presente, porque era una forma, cre铆a yo, de controlar lo que estaba ocurriendo. Tuve la suerte, en un parto as铆, sin ning煤n control previo, ni ning煤n tipo de ayuda, sin episiotom铆a, que la beb茅 naciera bien.

La hija se la entregaron a la madre de Silvia en una cita que hicieron los represores en una iglesia.

— Fueron tres coches. Yo estaba en uno con Mercedes Carazo. La hicieron subir a mi madre. Ella me miraba a ver si estaba entera, me miraba los grilletes.

— 驴Por qu茅 cree que le entregaron su hija a su familia?

— Acosta cuando me cruzaba en alg煤n pasillo me dec铆a: 鈥淎 tu padre lo vamos a chupar por traidor porque sab铆a que eras montonera y no te entreg贸鈥. Mi padre era militar retirado de la Fuerza A茅rea, y trabajaba como piloto en Aerol铆neas Argentinas. El 14 de marzo me sent贸 delante de 茅l y me dijo: 鈥淎hora vas a hablar con tu padre. Por supuesto no puedes decir ni d贸nde est谩s ni c贸mo est谩s鈥. Al principio habl贸 Acosta y le dijo: 鈥淟lamo para hablarle de su hija鈥. Mi padre pens贸 que eran compa帽eros montoneros y empez贸 a gritar como loco: 鈥淰engan que yo soy anticomunista, antiperonista y antimontonero, vengan que los voy a matar a tiros鈥. Vi que Acosta se puso p谩lido. Colg贸 y me dijo: 鈥淎h, entonces tu padre es uno de los nuestros鈥. Eso produjo un cambio en mi situaci贸n bastante evidente. Ah铆 el tipo decidi贸 que iba a entregar a la beb茅.

Despu茅s me pas贸 el tel茅fono a m铆. Mi padre ten铆a la voz completamente entrecortada. Fue mi primer contacto telef贸nico. A otros secuestrados les dejaban hablar por tel茅fono con su familia. A m铆 no me hab铆an dejado. Con lo cual yo ratificaba la idea de que era 鈥渕ujer muerta鈥. Ocho d铆as despu茅s de que naciera mi hija llamaron por tel茅fono a mis padres y se hizo la cita para entregarles a Vera. Eran tan perversos que la mandaron con un ajuar para beb茅 que compraron especialmente.

Silvia pidi贸 a su madre que a su hija la criaran sus suegros.

— Mi suegro era un alto ejecutivo de una multinacional alemana, no ten铆a nada que ver con la pol铆tica, igual lo secuestraron junto a su esposa y su hija menor. Buscaban a la hija mayor, que era oficial montonera. La buscaban por su militancia y porque hab铆a sido pareja de Roberto Quieto (que lleg贸 a ser n煤mero 2 en la conducci贸n de Montoneros). Los secuestr贸 el Ej茅rcito en Citybell y los llevaron a la ESMA. Los tuvieron un mes y pico y los largaron por presi贸n del mundo empresarial. Yo ped铆 que mi beba fuera cuidada por ellos porque mi madre estaba muy alterada. Soy hija 煤nica y hab铆a quedado destrozada por toda esta situaci贸n.

Su cu帽ada, Cristina Lennie, fue secuestrada por un grupo de tareas de la ESMA el 18 de mayo de 1977. En el momento, se tom贸 una pastilla de cianuro y lleg贸 muerta.

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Fuente: Lahaine.org