November 7, 2021
De parte de La Haine
337 puntos de vista


Cada cierto tiempo resurge p煤blicamente el tema de la prostituci贸n siempre asociada en el imaginario a la trata, y no de forma inocente. Las m谩s extremas de las posiciones abolicionistas empiezan a describir terrores sexuales con un lenguaje propio de Torquemada y las pol铆ticas y pol铆ticos se erigen como salvadores de estas 鈥減obres mujeres鈥, apostando por nuevas prohibiciones, m谩s polic铆a, m谩s c贸digo penal. A menudo, faltan 鈥搊 son insuficientemente escuchadas鈥 las voces de las prostitutas, de aquellas que efectivamente van a ver alteradas sus vidas por estas nuevas penalizaciones.

La excusa es decir que son voces 鈥減rivilegiadas鈥 o que forman parte de ese peque帽o tanto por cierto que seg煤n estos discursos no se prostituye de manera forzada. Las cifras que se dan por buenas, y muchos medios replican citando fuentes no verificadas, e incluso que han sido impugnadas muchas veces, dicen que un 85 o un 95 % de las mujeres se dedican a la venta de servicios sexuales est谩n atrapadas en redes de trata. Si esto fuese as铆, si casi cualquier mujer que se dedica al comercio sexual lo hiciese contra su voluntad o en situaci贸n de explotaci贸n laboral no se entiende por qu茅 las cifras de detecci贸n de v铆ctimas son tan irrisorias. Amnist铆a Internacional ha denunciado que en 2019, a mitad de a帽o, solo 42 mujeres hab铆an sido identificadas formalmente como v铆ctimas de trata, seg煤n datos de la Polic铆a, y en 2018 solo 128. En realidad, y aunque es complejo obtener cifras certeras de actividades crimales, informes de la ONU o de la UE dicen que un porcentaje m谩s aproximado estar铆a alrededor de un 14%/15% de mujeres tratadas respecto de todo el trabajo sexual.

Esta manera de representar a cualquier prostituta como una v铆ctima 鈥搊 peor, como una voz de la industria sexual鈥 est谩 destinada a negarlas como sujeto pol铆tico con capacidad de organizarse o sindicalizarse para luchar contra su situaci贸n de opresi贸n. Si se les escuchase no se habr铆an incluido art铆culos que penalizan la prostituci贸n en la nueva Ley de Libertad sexual que est谩 a punto de ser aprobada. En ella se recogen dos propuestas que suponen volver a c贸digos penales del pasado: perseguir lo que se conoce como proxenetismo no coactivo 鈥搑ecibir dinero de alguien que se prostituye de manera voluntaria鈥 y castigar a quienes alquilan locales o pisos para ejercer la prostituci贸n, 鈥搕ercer铆a locativa鈥, algo que el propio PSOE retir贸 del C贸digo Penal en 1995. Ambos, dicen las trabajadoras sexuales organizadas, van a complicarles todav铆a m谩s el acceso a la vivienda 鈥como ha sucedido con pol铆ticas similares en Noruega鈥 y van a acabar con muchas m谩s deportadas, multadas o en la c谩rcel. Las prohibiciones, las trabajadoras sexuales se han cansado de decirlo, les empujan a la clandestinidad, es decir, les restan posibilidad de ejercer de manera aut贸noma, capacidad de negociaci贸n y las hace m谩s vulnerables a la violencia, al abuso de cualquier tipo e incluso a las redes de trata.

La mayor铆a de los socios de gobierno 鈥揃ildu, ERC y PNV鈥 as铆 como Junts, la CUP y el propio En Com煤 Podem han pedido que se retiren estos art铆culos de la Ley de Libertad Sexual. Sin embargo, el presidente S谩nchez, en su pugna por quedarse la bandera del feminismo acaba de prometer una ley para abolir la prostituci贸n en esta legislatura, aunque para sacar algunas de las medidas que propone, como penalizar al cliente, no cuenta con apoyos claros. Veremos.

Echarle la culpa a las mafias solo sirve para disfrazar la responsabilidad de los gobiernos en el acoso a unas mujeres que la propia frontera hace vulnerables a las redes de trata

De hecho, no hay una mayor铆a social que apueste por las prohibiciones y la persecuci贸n, como indican las encuestas. Para tratar de cambiar esto, ahora mismo se est谩n dedicando millones de euros 鈥搎ue pertenecen a los presupuestos de la lucha contra la trata o contra la violencia machista鈥 a campa帽as de publicidad destinadas a generar alarma social. La mejor manera de hacerlo es la de confundir trata y prostituci贸n voluntaria, extender el mito del 95%, de manera que estas leyes punitivas puedan venderse como un logro social. Por supuesto para esto hay que acallar a las prostitutas organizadas cuyo discurso no encaja en este marco. Adem谩s, una posible consecuencia negativa de este paradigma es que puede que se acaben destinando los escasos recursos existentes para la lucha contra la trata a perseguir 鈥減uteros鈥 en vez de a desmantelar mafias y proxenetismo, que es lo m谩s complejo y costoso 鈥搚 necesario鈥. Tambi茅n que el esc谩ndalo y la indignaci贸n alrededor de la prostituci贸n forzada haga olvidar a otras v铆ctimas de trata en otros 谩mbitos laborales como el trabajo dom茅stico, o el trabajo esclavo en el campo. 

Sin ley de extranjer铆a no hay tr谩fico de personas

La mayor铆a de mujeres que se dedican a la prostituci贸n en nuestro pa铆s es extranjera 鈥揺ntre un 75 y un 90 %鈥. Aunque el imaginario tradicional de la trata es el de una mujer secuestrada, en realidad esos casos son muy poco habituales. La mayor铆a de las personas que terminan en redes de trata 鈥揳unque no todas鈥 estaba tratando de migrar y se ha quedado atrapada en un sistema brutal porque cuando las personas migran sin papeles tienen pocos o ning煤n derecho. 

El tr谩fico es un medio que utilizan muchas mujeres para migrar, como se explica en este magn铆fico reportaje de Patricia Sim贸n en P铆kara Magazine, donde se profundiza en cu谩l es la relaci贸n entre frontera y trata. El tr谩fico es un delito contra el Estado que hace referencia a las redes ilegales que usan los y las migrantes para atravesar fronteras cerradas. Mientras que la trata es un delito contra las personas cuando estas son explotadas: obligadas a trabajar de manera forzada 鈥揺n el campo, en trabajo dom茅stico, en talleres鈥︹ o a realizar otras actividades contra su voluntad 鈥搈endigar, casarse鈥︹. Muchas mujeres que quieren migrar pero no tienen recursos para pagar a las redes de tr谩fico recurren a un sistema de deuda: se comprometen a trabajar una vez llegadas a Europa para saldar los gastos del viaje. Aqu铆 es cuando el tr谩fico se convierte en trata. Ese es el primer pelda帽o de la explotaci贸n, porque una vez llegadas 鈥揳lgunas s铆 saben que se van a dedicar a la prostituci贸n, otras no鈥 se encuentran con condiciones que no tienen nada que ver con lo que imaginaban: deudas que no se pagan nunca porque se van incrementando, violencia o amenazas, ninguna capacidad de decidir c贸mo se ejerce el trabajo o de negarse a hacer algo, etc. Como no tienen papeles y est谩n amenazadas de deportaci贸n tienen muy poca capacidad de salir de esta situaci贸n. Evidentemente, que muchas de estas mujeres sepan que vienen a ejercer el trabajo sexual no las hace menos v铆ctimas. Tampoco el hecho de que quisieran cruzar la frontera. Pero si se habla de 鈥渟ecuestro鈥 en vez de migraci贸n es m谩s f谩cil evitar las responsabilidades estatales.

鈥淏uena parte del discurso dominante sobre la trata describe el abuso sobre los migrantes y sobre las personas que venden servicios sexuales como la obra de agentes del mal individuales, ajenos e independientes de las acciones del Estado y de las opciones pol铆ticas. A veces este discurso sirve no solamente para ocultar el papel del Estado sino para absolverlo鈥, dicen Juno Mac y Molly Smith, trabajadoras sexuales y autoras de Putas Insolentes. Las pol铆ticas contra la trata con fines de prostituci贸n forzada dan un toque humanitario a los controles migratorios que en vez de ser vistos como lo que son, una m谩quina de muerte destinada a proteger la frontera cueste lo que cueste, se disfrazan como dispositivos de lucha 鈥渃ontra las mafias鈥, 鈥渃ontra el tr谩fico de personas鈥. Como explica Nandita Sharma, canalizan a la opini贸n p煤blica hacia la indignaci贸n contra los traficantes o tratantes en apoyo de una agenda punitiva de endurecimiento penal y de reforzamiento de los propios controles migratorios.

La polic铆a no es feminista

La lucha contra la trata es pol铆tica migratoria. Echarle la culpa a las mafias solo sirve para disfrazar la responsabilidad de los gobiernos en el acoso a unas mujeres que la propia frontera hace vulnerables a las redes de trata. Como se se帽ala en el art铆culo de Sim贸n, es la excusa que usa el Gobierno de Marruecos para desmantelar los campamentos de migrantes en los montes y allanar 鈥渓as viviendas en las que las redes ocultan a las mujeres, que son detenidas y deportadas en autobuses a la frontera argelina, la m谩s violenta de la ruta鈥. As铆 las 鈥渞escatan鈥 en Marruecos. En Espa帽a, las v铆ctimas de trata tampoco reciben siempre un enfoque acorde a los derechos humanos.

Para el Estado, y aunque ahora mismo se las est茅 instrumentalizando para hacer campa帽a pol铆tica, las v铆ctimas de trata son personas 鈥渋legales鈥, sin papeles. El discurso oficial puede decir que es contra las mafias contra las que se act煤a, pero son ellas las que acaban deportadas, en C铆es 鈥incluso encerradas con sus tratantes鈥, o en prisi贸n. As铆 lo se帽ala Amnist铆a Internacional, para la que 鈥渓as autoridades espa帽olas priorizan el control policial y migratorio por encima de la protecci贸n a las v铆ctimas de trata con fines de explotaci贸n sexual鈥. (En ocasiones, cuando s铆 son identificadas como v铆ctimas, tambi茅n pueden acabar en centros de atenci贸n donde tambi茅n son sometidas a situaciones de coacci贸n y control de sus movimientos,como han denunciado trabajadoras de APRAMP.) 

La lucha contra la trata es pol铆tica migratoria. En lugar de disponer mecanismos de ayuda y asistencia lo que se prioriza es el control de la inmigraci贸n irregular y el sometimiento a aceptar condiciones de explotaci贸n en el 谩mbito dom茅stico, agr铆cola o textil. La verdadera soluci贸n a su situaci贸n es permitirles migrar legalmente y con derechos, no la criminalizaci贸n del trabajo sexual. Esta no solo empeora la vida de las prostitutas que ejercen voluntariamente 鈥搉o coaccionadas m谩s que por la necesidad de obtener dinero para vivir鈥, sino que dificulta todav铆a m谩s la identificaci贸n de las v铆ctimas de trata. El feminismo abolicionista del PSOE, de Podemos o no partidario deber铆a centrarse en responder a estas preguntas si realmente est谩 preocupado por la trata: 驴van a abrir las fronteras? 驴Van a dejar migrar por v铆as seguras para que las mujeres no caigan en redes mafiosas? Y como dice Maria Jos茅 Barrera del Colectivo de Prostitutas de Sevilla, 驴van a dar una alternativa real, no un curro feminizado e hiperexplotado a las miles de mujeres que hoy se prostituyen? 驴D贸nde est谩 el presupuesto?

En lugar de disponer mecanismos de ayuda lo que se prioriza es el control de la inmigraci贸n irregular y el sometimiento a aceptar condiciones de explotaci贸n 

鈥淟a industria del sexo es tan sexista como mis贸gina. No decimos que nadie sufra dentro del trabajo sexual o que esos da帽os sean m铆nimos y no deban tenerse en cuenta鈥, dicen Mac y Smith. Pero, se帽alan, 鈥渟e gasta mucha energ铆a pol铆tica en obstruir el trabajo sexual, una energ铆a que no se emplea en lo que realmente es necesario, como ayudar a las trabajadoras sexuales a esquivar las condenas, o asegurar modos de vida alternativos y viables que sean algo m谩s que empleos miserables pero respetables鈥. El trabajo femenino, sobre todo el que se ejerce sin t铆tulos educativos, en general est谩 precarizado y tiene mayores 铆ndices de explotaci贸n. As铆 que aquellas migrantes que optan por el trabajo sexual, porque de esta manera obtienen m谩s recursos y condiciones m谩s aceptables, son criminalizadas y expulsadas, explica la penalista Agustina Iglesias Skulj. Mejor que opten por trabajos de limpieza o de cuidados que se necesitan para que las espa帽olas de clase media puedan participar en el mercado laboral. Las trabajadoras dom茅sticas lo cuentan, si est谩s paseando un beb茅 o a un anciano, nunca te piden los papeles. Si est谩s en una esquina, s铆.

Es evidente que si se quiere acabar con la trata 鈥揺 incluso con la prostituci贸n鈥 se necesitan actuaciones complejas, pol铆ticas que combatan las desigualdades de g茅nero, pol铆ticas econ贸micas, sociales, educativas que den opciones reales a las mujeres. Pero estas actuaciones son mucho m谩s complejas. Es m谩s f谩cil modificar el C贸digo Penal y prohibir m谩s cosas, no cuesta ni un euro y al fin y al cabo las que sufrir谩n las consecuencias negativas son pobres, son migrantes o son mujeres trans y est谩n silenciadas. Pero si la industria sexual es evidentemente una instituci贸n patriarcal, la polic铆a, tambi茅n. En realidad, las soluciones posibles tienen que pasar por dar poder a las propias trabajadoras sexuales, no a la polic铆a. Esto pasa por despenalizar la prostituci贸n como estrategia de reducci贸n de da帽os. Aunque no sea una soluci贸n m谩gica, y se tenga que combinar con muchas otras pol铆ticas, de momento sacar谩 a la polic铆a y el sistema penal del cuello de las trabajadoras sexuales y har谩 que la prostituci贸n sea un trabajo m谩s seguro y con menos violencia, o con m谩s posibilidades de hacerle frente. Como dicen Mac y Smith, 鈥渓a abolici贸n humana del trabajo sexual solamente puede ocurrir cuando las personas marginadas ya no tengan que mantenerse a s铆 mismas mediante la industria del sexo; cuando ya no sea necesaria para su supervivencia鈥. 

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Kenia Garc铆a es miembro del Colectivo de Prostitutas de Sevilla.

https://www.ctxt.es/es/20211101/Firmas/37768/?fbclid=IwAR2EEp84oAKE13Bdd8rjrjI41HYdyqOhplAC4pRbzFdYNpIbz-AunjGUbZk#.YYZ3rsHW9Rc.facebook




Fuente: Lahaine.org