April 23, 2021
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1. Introducci贸n

Las teor铆as y las pr谩cticas sociales no tienen un car谩cter intemporal, responden a un determinado momento y circunstancias hist贸ricas. Tampoco el sindicalismo revolucionario ha sido nunca una foto fija, un cuerpo ideol贸gico invariable que responde de manera autom谩tica e inflexible a las necesidades y voluntades de la clase obrera del norte o el sur de Europa o de la Am茅rica austral.

Precisamente por su car谩cter fundamentalmente activo, por su dial茅ctica entre pr谩ctica y teor铆a, por su voluntad de participaci贸n e implicaci贸n, por su apertura y calado entre la clase obrera -en sus momentos de auge- ha sido un movimiento sindical dado a la experimentaci贸n, a la innovaci贸n, al mestizaje,… Todo lo contrario de un estricto conjunto de principios, t谩cticas y finalidades.

2. Ciertas definiciones contrapuestas de sindicalismo revolu颅颅cio颅nario. La propuesta Van der Linden y Thorpe

Historiadores y te贸ricos sociales mantienen definiciones contrapuestas respecto del sindicalismo revolucionario. A parte de la bastante evidente contraposici贸n entre el sindicalismo revolucionario y la socialdemocracia, en sus expresiones pol铆tica y sindical, existen versiones diferentes respecto de la relaci贸n entre sindicalismo revolucionario y anarcosindicalismo, entre sindicalismo revolucionario y anarquismo. Las tensiones por definir un movimiento aut贸nomo, tambi茅n del anarquismo, las podemos encontrar en el sindicalismo revolucionario a lo largo de sus etapas de auge y de decadencia.

Edouard Doll茅ans glosando la figura de 脡mile Pouget, secretario adjunto de la CGT francesa y director de su publicaci贸n La Voix du Peuple en los primeros a帽os del siglo XX, escribe: 鈥…fue uno de los primeros, el primer anarcosindicalista, expresi贸n que parece inexacta, porque el sindicalismo revolucionario es una ruptura tanto con el anarquismo como con el socialismo鈥 1.

Por contra, historiadores actuales opinan que sindicalismo revolucionario y anarcosindicalismo no s贸lo no son antag贸nicos sino que adem谩s suponen una s铆ntesis de marxismo y anarquismo: 鈥淧recisamente el anarcosindicalismo, o sindicalismo revolucionario, quiso ser una s铆ntesis entre la teor铆a marxista del an谩lisis de clase o de su concepci贸n del proceso hist贸rico y la tradici贸n anarquista de lucha sin intermediarios pol铆ticos.鈥2

Sin embargo Victor Griffuelhes, secretario general de la CGT francesa y uno de los art铆fices de la Carta de Amiens, parece m谩s cercano a la primera tesis:

鈥渓os unos se esfuerzan por vincular los or铆genes del movimiento obrero actual a los principios expuestos por la concepci贸n anarquista; los otros se dedican, por el contrario, a hallarlos en la concepci贸n socialista… En mi opini贸n, el movimiento obrero no se remonta a ninguna de esas dos fuentes. No se vincula directamente a ninguna de esas concepciones que quisieran disput谩rselo: es el resultado de una larga pr谩ctica, creada mucho m谩s por los acontecimientos, que por tales o cuales hombres.鈥3

Es m谩s, seg煤n Doll茅ans que conoci贸 personalmente a los autores de la Carta de Amiens, considerada generalmente como el origen program谩tico del sindicalismo revolucionario, la referencia a las sectas en el segundo apartado estaba destinada a los anarcosindicalistas.4


Salvador Segu铆

Por contra, Salvador Segu铆, secretario general de la CNT asesinado por pistoleros de la patronal en 1923, y denostado por ciertos anarquistas puristas, hace una llamada a la integraci贸n y al trabajo de los anarquistas en la CNT: 鈥渉oy no espanta, como en otros tiempos, el Anarquismo… Gracias a la influencia ejercida por los anarquistas, pudo darse el caso de que la organizaci贸n sindicalista aceptase en los Congresos Regional de Catalunya y Nacional de los a帽os 1918 y 1919 respectivamente, la declaraci贸n incluyendo que nos dirig铆amos a la conquista del comunismo libertario, cosa que quiz谩s hubiera sido rechazada el a帽o 1914 por el alejamiento de los anarquistas de las organizaciones鈥.5

Para Segu铆 el anarquismo encuentra su raz贸n de ser en el sindicalismo y 茅ste se convierte en su avanzada, en el elemento que 鈥渟ubstituir谩 los valores burgueses y capitalistas鈥. El Noi del sucre resume perfectamente esta simbiosis con la met谩fora de 鈥淓l genio del anarquismo y el hombre pr谩ctico del sindicalismo鈥, en una conferencia en la prisi贸n de La Mola, en Mah贸n, a finales de 1920.6

Pero es evidente que no todos los anarquistas ten铆an la misma concepci贸n de clase y que ello provoc贸 conflictos con el sindicalismo revolucionario. Para Federico Urales, destacado propagandista anarquista y editor de la Revista Blanca, 鈥渆l comunismo libertario no es un ideal de clase y por tanto no tiene que estar defendido solamente por los trabajadores, sino por cuantos individuos lo sostengan, aunque no dependan de un jornal鈥.7

Hasta aqu铆, algunos ejemplos de la dificultad de establecer una definici贸n monol铆tica o unidireccional del sindicalismo revolucionario. Parece mucho m谩s l贸gico, plural y acertado, tanto desde un punto de vista de an谩lisis hist贸rico como socio-sindical, aceptar como punto de partida la definici贸n de Marcel van der Linden y Wayne Thorpe seg煤n la cual 鈥渓os movimientos revolucionarios de acci贸n directa… pueden etiquetarse alternativamente como industrialismo revolucionario, sindicalismo revolucionario, anarcosindicalismo, concilismo o conciliarismo…鈥8

Tambi茅n tomar茅 prestados del art铆culo de van de Linden y Thorpe las tablas que se refieren las organizaciones sindicalistas revolucionarias y sus n煤meros de afiliados, a帽os de fundaci贸n, per铆odo de m谩xima influencia y desarrollo posterior, aunque mantengo algunas discrepancias sobre este 煤ltimo apartado.

Algunas conclusiones inmediatas del an谩lisis de las citadas tablas son: la expansi贸n internacional (especialmente en Europa y Am茅rica) frente a las teor铆as de los casos singulares con que se viene adjetivando por parte de la historiograf铆a oficial las experiencias del sindicalismo revolucionario y la coincidencia de las etapas de mayor influencia en torno a la segunda d茅cada del siglo, excepci贸n hecha de la CNT, as铆 como que en la mayor铆a de casos su decadencia est谩 motivada por procesos de represi贸n de los reg铆menes totalitarios que asolaron el mundo occidental en las primeras d茅cadas del siglo.

3. Origen del sindicalismo revolucionario

Tras la divisi贸n y fracaso de la I Internacional, los intentos por reeditar una nueva internacional nacen nuevamente escindidos cuando en 1889, en Paris, con motivo de la Exposici贸n Internacional se re煤nen dos congresos. Uno de car谩cter fundamentalmente pol铆tico (en la rue P茅trelle) y otro esencialmente sindical (en la rue Lancry), aunque es evidente que los dos compart铆an ambos elementos. El congreso de la rue P茅trelle fue considerado el congreso constitutivo de la II Internacional y aunque los partidarios de primar la acci贸n pol铆tica pusieron todo su empe帽o en no marginar a las organizaciones sindicales, por contra ganarlas para su causa, lo cierto es que la fractura entre la socialdemocracia y el incipiente sindicalismo revolucionario fue acrecent谩ndose.

As铆, en el Congreso de Bruselas (1891) se expulsa a los anarquistas y en el de Zurich (1893) se aprueba no admitir m谩s que a los sindicatos que reconozcan 鈥渓a necesidad de la organizaci贸n obrera y de la acci贸n pol铆tica鈥.9

El Cuarto Congreso de la II Internacional, celebrado en Londres en 1896, fue el escenario de la ruptura. A pesar de los esfuerzos de algunos delegados por no volver a escenificar una nueva repetici贸n 鈥渄e la lucha de 1872 entre Marx y Bakunin鈥 o 鈥渄e la lucha entre la autoridad y la libertad鈥 seg煤n las expresiones del holand茅s Domela Nieuwenhuis10, las tesis triunfadoras en el Congreso de Zurich se vuelven a imponer y quedan fuera de la II Internacional todas las tendencias antiautoritarias, federalistas o no vinculadas a la acci贸n pol铆tica y parlamentaria.

Jules Guesde

Fernand Pelloutier

Los testimonios de dos franceses resumen perfectamente el debate y las posturas confrontadas. Para Jules Guesde: 鈥淟a acci贸n corporativa se mantiene en el terreno burgu茅s, no es forzosamente socialista… Es al gobierno, es decir al coraz贸n, al que hay que golpear. La acci贸n parlamentaria es el principio socialista por excelencia. No es de la acci贸n corporativa de la que hay que esperar la toma de posesi贸n de los medios de producci贸n. Es preciso ante todo tomar el gobierno…鈥. Por contra, Fernand Pelloutier considera que 鈥渆l movimiento econ贸mico debe privar sobre el movimiento electoral鈥 y que en el Congreso de Londres se comenz贸 a construir por los defensores de esta tesis 鈥渦n serio movimiento sindicalista, aut贸nomo, no parlamentario, de acci贸n directa鈥.11

Los sindicalistas revolucionarios europeos y, en particular los franceses, trabajaron por la constituci贸n de una Internacional Sindical, que tuvo su primera reuni贸n en Paris en 1900 con delegados de organizaciones obreras francesas, italianas, inglesas y suecas. En los sucesivos a帽os, las organizaciones sindicales m谩s numerosas y de orientaci贸n socialdem贸crata (en especial, desde la entrada de los sindicatos alemanes) acabar铆an imponiendo sus criterios de: reducir la Internacional a un Oficina Sindical Internacional, no realizar congresos obreros internacionales y subordinar sus estrategias a los congresos socialistas.

La desesperaci贸n de los sindicalistas revolucionarios franceses ante la imposibilidad de discutir cuestiones como el antimilitarismo, la jornada laboral de 8 horas o la huelga general les obliga a mantenerse al margen. Posteriormente, encontrar谩n problemas semejantes cuando traten de posicionar a todos los sindicatos contra la I Guerra Mundial.

La CGT francesa creada en 1902, seg煤n su primer secretario general, de la fusi贸n entre el sindicalismo aut贸nomo e independiente y del posibilismo de las Bolsas de Trabajo12, fue quien m谩s claramente contribuy贸 al sustento propositivo del sindicalismo revolucionario. Primero en el Congreso de Bourges (1904), en el que al aprobar la reivindicaci贸n de la jornada de 8 horas se inspiran en el precepto de la AIT por el que la emancipaci贸n debe ser obra del proletariado y dise帽an una estrategia de acci贸n directa para conseguir el citado objetivo. Despu茅s, en el Congreso de Amiens (1906), donde el debate sobre las relaciones de los sindicatos y los partidos pol铆ticos se salda con la denominada Carta de Amiens, que apuntala la posici贸n sobre la autonom铆a sindical:

1陋 En lo que concierne a los individuos, el Congreso afirma la entera libertad de participar, fuera de la agrupaci贸n corporativa, en la forma de lucha que corresponda a su concepci贸n filos贸fica o pol铆tica, limit谩ndose a pedirle, en reciprocidad, que no introduzca en el sindicato las opiniones que profesa fuera de 茅l.

2陋 En lo que concierne a las organizaciones, el Congreso declara que, a fin de que el sindicalismo alcance su m谩ximo efecto, la acci贸n econ贸mica debe ejercerse directamente contra la clase patronal, no teniendo las organizaciones confederadas, en cuanto agrupaciones sindicales, que preocuparse de los partidos o las sectas que, desde afuera y paralelamente pueden perseguir, con total libertad, la transformaci贸n social.13

4. Caracter铆sticas generales del sindicalismo revolucionario

脡mile Pouget

Al margen de las diferentes caracterizaciones que los elementos b谩sicos y generales del sindicalismo revolucionario pudieron tener en funci贸n de determinadas circunstancias sociales, coyunturales, antropol贸gicas, etc., se pueden establecer una serie de elementos fundamentales que conforman su raz贸n de ser y de actuar a nivel general o internacional. Es evidente, que algunos de dichos elementos fueron utilizados tambi茅n por organizaciones esencialmente socialdem贸cratas o reformistas (especialmente, los t谩cticos), de manera circunstancial, o por algunas de sus federaciones de manera m谩s constante.

4.1. La lucha de clases y la transformaci贸n social

Los sindicalistas revolucionarios ve铆an los intereses de clase como fundamentalmente irreconciliables, y el conflicto de clases, por tanto, como algo inevitable. En consecuencia, mientras sus asociaciones obreras ten铆an como objetivo las mejoras para los trabajadores a corto plazo en el sistema vigente, tambi茅n adoptaron el objetivo a largo plazo de derrocar al capitalismo e instituir un sistema colectivo de propiedad productiva controlado por los trabajadores.14

En el Congreso de Amiens de la CGT francesa, se afirma: 鈥淟os sindicalistas, antiparlamentarios resueltos, est谩n decididos a suprimir el Estado como organismo social; decididos a hacer desaparecer todo gobierno de las personas, para confiar a los sindicatos, a las federaciones, a las Bolsas de Trabajo, el gobierno de las cosas, la producci贸n, la distribuci贸n, el cambio,…鈥.15

En los congresos estatales de la CNT de 1919, 1931 y 1936 se aprueban resoluciones favorables al comunismo libertario. Las colectivizaciones agrarias e industriales que se llevaron a cabo en Catalunya, Arag贸n, Andaluc铆a o el Pa铆s Valenci脿, entre julio de 1936 y mayo de 1937, respond铆an a estos principios aunque las circunstancias de la guerra deformaran en buena medida sus dimensiones pr谩cticas.

4.2. El papel central de los sindicatos

Juan Peir贸

El instrumento para plantear la lucha de clases y llevar a cabo la transformaci贸n social no es otro que el sindicato. Joan Peir贸 (secretario general de la CNT, director de Solidaridad Obrera y Catalunya, ministro de Industria en la II Rep煤blica, fusilado por el franquismo) asegura: 鈥渆l sindicalismo es un medio para la lucha de clases… el sindicalismo ser谩 la fuerza que derribe a la sociedad capitalista y el medio por el cual se articular谩 el mecanismo de producci贸n鈥16. Para dar mayor referente hist贸rico a sus aseveraciones Peir贸 cita en este art铆culo, publicado en Acci贸n Social Obrera en 1925, a varios de los m谩s destacados sindicalistas revolucionarios franceses como Pelloutier, Griffuelhes, Lagardelle y Pouget.

鈥淐onsideraban a los sindicatos como el instrumento crucial para la lucha, tanto para los objetivos inmediatos como a largo plazo鈥17. Bastantes de las organizaciones sindicales revolucionarias llevaron a los sindicatos a otras esferas como la cultural, organizando paralelamente al Estado y la sociedad capitalista su propio sistema de ense帽anza, sus publicaciones,… As铆 tanto la CGT francesa como la CNT aprueban en sus comicios y ponen en marcha escuelas sindicales, ateneos, universidades populares,…

4.3. La t谩ctica de la acci贸n directa

Para los sindicalistas revolucionarios el modo m谩s eficaz de obtener resultados a corto y largo plazo era 鈥渓a acci贸n directa y colectiva de los trabajadores, movilizados principalmente contra los patrones en el frente de la lucha de clases y m谩s generalmente contra la totalidad del sistema sociopol铆tico sobre el que se erig铆a la econom铆a capitalista鈥18.

Doll茅ans plantea que, a pesar de la oposici贸n en esp铆ritu y t谩ctica entre la Federaci贸n Americana del Trabajo y el sindicalismo revolucionario franc茅s, 茅ste tom贸 de la organizaci贸n sindical norteamericana el m茅todo de la conquista directa. En especial, la propuesta que los trabajadores se diesen a s铆 mismos la jornada de 8 horas generalizando un movimiento que deb铆a culminar el 1潞 de mayo de 1886, mediante la suspensi贸n del trabajo para los patronos que no aceptasen la reducci贸n de jornada. Este modelo de actuaci贸n fue imitado por la CGT francesa en su Congreso de Bourges (1904), marc谩ndose el 1潞 de mayo del 1906 como fecha l铆mite y d铆a en que los trabajadores y trabajadoras abandonar铆an las f谩bricas al acabar su octava hora de trabajo. El resultado final no fue la conquista de la jornada de ocho horas en la fecha programada, pero s铆 2 a帽os de agitaci贸n y lucha por la reducci贸n de la jornada que acab贸 afectando directamente al sector de la miner铆a y de manera parcial a otros.

Victor Griffuelhes

Pero, la acci贸n directa era una t谩ctica a utilizar cotidianamente, que permit铆a mejoras inmediatas y preparaba a la clase trabajadora para las grandes conquistas. En una conferencia en 1904, Griffuelhes define as铆 la acci贸n directa: 鈥… quiere decir acci贸n de los obreros mismos, es decir acci贸n directamente ejercida por los interesados… Por la acci贸n directa el obrero crea el mismo su lucha, es 茅l el que la conduce, decidido a no dejar a otros sino a 茅l mismo la tarea de emanciparle. La lucha debe ser de todos los d铆as… Hay,…, una pr谩ctica cotidiana que va creciendo hasta el momento en que, llegada a un cierto grado de poder superior, se transformar谩 en una conflagraci贸n que nosotros llamamos huelga general y que ser谩 la revoluci贸n social鈥19.

Veinte a帽os despu茅s Peir贸 profundiza a煤n m谩s en la definici贸n de acci贸n directa, para darle un contenido a煤n m谩s decididamente pol铆tico. En un art铆culo en Solidaridad Obrera titulado 鈥淣uestra acci贸n pol铆tica es la acci贸n directa鈥 se帽ala: 鈥淟a acci贸n directa utilizada s贸lo para resolver los litigios entre el capital y el trabajo de t煤 a t煤 patronos y obreros … y para disputarles a los gobernantes alguna presa, es una pobre acci贸n directa,… es acci贸n directa toda acci贸n popular que, echando de lado a los pol铆ticos profesionales y al sistema parlamentario,…, se oponga a todos los vicios, corrupciones e injusticias… y destruya todos los obst谩culos puestos por el Estado a las iniciativas liberadoras del pueblo. Y repitamos una vez m谩s que esta acci贸n, concebida en los medios proletarios, no ha de ser s贸lo practicada por y para el proletariado, sino tambi茅n por el pueblo y para el pueblo鈥.20

En esta concepci贸n de la acci贸n directa debemos enmarcar p谩ginas tan ilustres como la transformaci贸n de un conflicto contractual en La Canadiense en una huelga general organizada por la CNT catalana de m谩s de 40 d铆as para, al mismo tiempo que se romp铆a cualquier pretensi贸n patronal de doble escala salarial, conseguir la jornada laboral de 8 horas en todos los sectores.21

En resumen, estos cuatro elementos definir铆an sustancialmente el sindicalismo revolucionario: 鈥渓a clase obrera constitu铆a la fuerza para el cambio; el 谩mbito econ贸mico, su campo de batalla natural; la acci贸n directa, su arma natural, y las asociaciones obreras autogestionadas, los agentes naturales para unir, ordenar y aplicar el poder colectivo y transformador de los obreros鈥22

5. Algunos aspectos divergentes en el sindicalismo internacional

5.1. La estructuraci贸n de las organizaciones

La estructuraci贸n interna de las organizaciones del sindicalismo revolucionario fue diversa: las rusas y alemanas fueron profundamente anticentralistas mientras la Industrial Workers of de World estadounidense era esencialmente centralista y conectaba directamente a los sindicatos industriales.

Con las reservas de la dimensi贸n de este estudio y del hecho constatado de que en muchas organizaciones convivieron posiciones enfrentadas en cuanto a la estructuraci贸n organizativa, se puede afirmar que las organizaciones europeas tuvieron una estructuraci贸n de tipo federal; en primer lugar, sobre la base territorial y, posteriormente y adem谩s, sobre la base de los diferentes sectores.

Quien primero, prueba este doble modelo de estructuraci贸n organizativa (territorial y sectorial) es la CGT francesa. Tras un per铆odo de fusiones de sindicatos de oficios en federaciones de industria, en el Congreso de Le Havre, de 1912, se establecer谩 la obligaci贸n a las diferentes asociaciones (residuos de modelos organizativos del siglo pasado) a incorporarse paralelamente a una uni贸n departamental (territorio) y a una federaci贸n de industria (sector). Al a帽o siguiente, el Primer Congreso Internacional Sindicalista Revolucionario, celebrado en Londres, adopt贸 el sindicalismo industrial como forma de dar una mejor respuesta a las agrupaciones patronales y a la complejidad de la organizaci贸n industrial derivada de la llamada Segunda Revoluci贸n Industrial.

No obstante, la OBU canadiense mayoritariamente consider贸 el sindicalismo industrial como un elemento ajeno al sindicalismo revolucionario e inferior a su estructuraci贸n por oficios y territorios. Y la CNT, tard贸 varios a帽os en aceptar los sindicatos 煤nicos como marco organizativo de los anteriores sindicatos de oficios: en 1918, en Catalunya (Congreso de Sants) y en 1919, a nivel estatal (Congreso de La Comedia). Pero, a煤n se dilatar铆a mucho m谩s la aprobaci贸n de las federaciones de industria que no lleg贸 hasta el Congreso Extraordinario de 1931 en Madrid (por 302.343 votos a favor, 90.671 en contra y 10.957 abstenciones).

El dictamen elaborado por Peir贸 seg煤n el cual las federaciones nacionales de industria servir铆an para 鈥渃oncentrar las iniciativas y la acci贸n del proletariado… sobre un plano nacional de oposici贸n al capitalismo鈥 y para preparar 鈥渓a estructuraci贸n del aparato econ贸mico del ma帽ana鈥 fue contestado por Garc铆a Oliver porque 鈥渓levan en si la disgregaci贸n, matan la masa que nosotros tenemos siempre dispuesta para poder echarla contra el Estado鈥.23

A pesar de la claridad de la votaci贸n en el Congreso, el proceso de constituci贸n y expansi贸n de las federaciones de industria de la CNT fue lento aunque no estuvo motivado por el mantenimiento de la pol茅mica.

5.2.- Apoliticismo y/o rechazo de la pol铆tica

Van der Linden y Thorpe consideran que los fines 煤ltimos del sindicalismo revolucionario eran indudablemente pol铆ticos, en definitiva se trataba de suprimir el sistema pol铆tico y econ贸mico capitalista y el Estado para establecer una nueva sociedad colectivista o comunista donde el poder de decisi贸n y de administraci贸n quedase en manos de las clases populares.

De lo cual, podemos deducir que no exist铆a un rechazo de lo pol铆tico en cuanto a los fines. En cuanto a los medios pol铆ticos para conseguir esos fines, parece evidente que la preponderancia que los sindicalistas revolucionarios dan a los sindicatos, a la lucha econ贸mica y la preeminencia de la acci贸n directa los situaban fuera de o frente a los medios pol铆ticos utilizados tanto por la burgues铆a como por la socialdemocracia.

L茅on Jouhaux

L茅on Jouhaux, secretario general de la CGT desde julio de 1909, resume en dos frases las posiciones del primer sindicalismo revolucionario. Ante los delegados socialdem贸cratas en un congreso internacional en Par铆s, dice: 鈥淨uiz谩 para ustedes la organizaci贸n pol铆tica es un gran barco y la organizaci贸n econ贸mica una barquita remolcada por 茅ste. Para nosotros, el gran barco es la organizaci贸n sindical: es necesario subordinar la acci贸n pol铆tica a la acci贸n sindical鈥24. En el Congreso de Le Havre de la CGT, para defender su autonom铆a frente al Partido Socialista franc茅s, proclama: 鈥..Si el crecimiento, la extensi贸n de la CGT no fuesen de tal naturaleza como para acrecentar, para fortificar al Partido Socialista, no cabe duda que … no tratar铆a de abrazarnos…somos amados, demasiado amados, seg煤n mi opini贸n, pero no… con suficiente desinter茅s. Y he aqu铆 lo que me espanta, y he aqu铆 lo que me inquieta; y he aqu铆 por qu茅 soy de aquellos que piensan que es preciso permanecer en la posici贸n que es la nuestra desde hace muchos a帽os…25

Jouhaux se refer铆a a la Carta de Amiens, inspiradora de la autonom铆a sindical com煤n a todas las organizaciones sindicalistas revolucionarias. De hecho, esta voluntad de tener una estrategia sindical y pol铆tica propia, de no dejarse envolver en las redes de la II Internacional, primero, ni en las de la III Internacional, despu茅s (a pesar del respaldo inicial a la revoluci贸n rusa) es la que llevar谩 a las organizaciones sindicalistas revolucionarias a buscar f贸rmulas que combinaran la posibilidad de afiliaci贸n de aquellos trabajadores y trabajadoras integrados en otras organizaciones de dimensi贸n m谩s acusadamente pol铆tica (o por expresarlo mejor, que primaran la pol铆tica), con la autonom铆a plena de los sindicatos.

En el Pleno de Zaragoza (1922), Peir贸, Pesta帽a, Segu铆 y Viadiu elaboran el Dictamen sobre la posici贸n de la CNT ante la pol铆tica nacional, en el que se propone: 鈥淨ue la CNT declare que siendo un organismo netamente pol铆tico, que rechaza franca y expresamente la acci贸n parlamentaria y de colaboraci贸n con los partidos pol铆ticos, es al mismo tiempo integral y absolutamente pol铆tica, porque su misi贸n es conquistar sus derechos de revisi贸n y fiscalizaci贸n de todos los valores de evoluci贸n de la vida nacional y por eso su deber es ejercer la acci贸n determinante mediante manifestaciones de fuerza y de dispositivos de la CNT鈥.26

No obstante en circunstancias conflictivas, destacados y destacadas sindicalistas revolucionarios participaron en gobiernos populares e, incluso, interclasistas. As铆, Peir贸 junto a Federica Montseny, Garc铆a Oliver y Juan L贸pez fueron ministros del gobierno republicano de Largo Caballero, desde noviembre de 1936 a mayo de 1937, dos meses antes otros 3 cenetistas se hab铆an integrado en el nuevo gobierno de la Generalitat de Catalunya y L茅on Jouhaux form贸 parte del Comit茅 de Socorro Nacional, al entrar Francia en la I Guerra Mundial.

En situaciones menos dram谩ticas, se produjeron alianzas entre sindicalistas revolucionarios y partidos pol铆ticos que rechazaban el parlamentarismo o miembros de partidos socialistas antiparlamentarios (Canad谩, Alemania) y en las primeras d茅cadas del siglo tampoco fue extra帽o que afiliados a organizaciones sindicalistas revolucionarias fueran diputados parlamentarios o tuvieran responsabilidades en ayuntamientos (Francia).

Rosendo Salazar, Rafael Quintero y otros l铆deres de la Casa del Obrero mundial, organizadores de la primera celebraci贸n del 1 de mayo de 1913. Fotograf铆a de Agust铆n V铆ctor Casasola. 1 de mayo de 1913. SECRETAR脥A DE CULTURA/SINAFO/INAH/MEX.

6. Causas del auge del sindicalismo revolucionario

Como se puede observar las tablas elaboradas por Van der Linden y Thorpe, y al margen de la fiabilidad de algunas cifras debido a los propios registros de las organizaciones, nos sit煤an ante un panorama del sindicalismo revolucionario en el que su 鈥渧ida significativa鈥 transcurre entre 1900 y 1940, su etapa de m谩ximo esplendor (excepci贸n hecha de Suecia y Espa帽a) se sit煤a entre 1910 y 1920, aunque las etapas m谩s destacadas de dos de las organizaciones m谩s significativas se sit煤an en per铆odos diferentes: la CGT francesa en la primera d茅cada del siglo y la CNT en los a帽os treinta.

Son tambi茅n dignas de menci贸n la relevancia n煤merica y el peso en sus respectivas historias estatales que consiguieron la Casa del Obrero Mundial de M茅xico y la FORA argentina y la importancia, no tanto num茅rica, sino en t茅rminos de influencia de la IWW norteamericana y de la USI y la UIL italianas.

En las tablas no aparecen contabilizados los y las sindicalistas revolucionarias que se incorporaron como corrientes a los sindicatos ya existentes, como en Inglaterra o Noruega.27

6.1. Coincidencia con la Segunda Revoluci贸n Industrial

Los mismos autores opinan que hay un hecho hist贸rico fundamental: el sindicalismo revolucionario surge y se desarrolla de manera significativa durante el per铆odo dominado por la Segunda Revoluci贸n Industrial.

La aplicaci贸n de nuevas fuentes de energ铆a (electricidad y petr贸leo) y de nuevos medios de transporte (motor de explosi贸n en autom贸viles y aviones) pero especialmente las innovaciones tecnol贸gicas, la fabricaci贸n en serie, la automatizaci贸n e intensificaci贸n de la producci贸n, el taylorismo como sistema de producci贸n, los nuevos sectores industriales y la crisis de los anteriores influyeron de manera decisiva en las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera, en una etapa hist贸rica compleja y difusa que se suele iniciar en 1890 y cuya duraci贸n depende de las diferentes coyunturas estatales.

La gestaci贸n y auge del sindicalismo revolucionario en coincidencia con el desarrollo de la Segunda Revoluci贸n Industrial tiene para Van der Linden y Thorpe cinco factores interdependientes: 鈥渓a transformaci贸n de los procesos y las relaciones laborales; la insatisfacci贸n de los trabajadores respecto de la estrategia laboral dominante; la posibilidad pr谩ctica de huelgas generales; las influencias espaciales o geogr谩ficas y el desarrollo de una actitud radical en la clase trabajadora鈥.28

6.2. Aplicaci贸n de la acci贸n directa

Durante las dos o tres d茅cadas anteriores a la Primera Guerra Mundial, se fue gestando una explosi贸n obrera potencial que tuvo como factores el estancamiento o disminuci贸n relativa de los salarios frente a una cada vez m谩s acentuada acumulaci贸n de beneficios del capital y el descontento tanto entre los trabajadores eventuales como en los fijos ante los cambios tecnol贸gicos y de producci贸n. A lo que contribuy贸, sin duda, el creciente proceso de urbanizaci贸n segregada de la clase trabajadora creando las condiciones id贸neas para auspiciar la solidaridad y fomentar la conciencia de clase.

La evidencia m谩s clara es el considerable aumento de la frecuencia de las huelgas, del n煤mero de huelguistas y de los d铆as de trabajo perdido en la etapa 1910-20. Dichas huelgas conllevaban seg煤n Ernesto Screpanti, en su estudio sobre los 鈥淟argos ciclos de actividad huelgu铆stica鈥, 鈥渦n debilitamiento de la atracci贸n pol铆tica que las instituciones tradicionales tienen para el comportamiento de los obreros. En el aspecto social, el rechazo de los obreros a aceptar cualquier mediaci贸n o filtraci贸n institucional en sus propios intereses y metas lleva a la aparici贸n de los militantes de base como protagonistas pol铆ticos, de tal modo que los grupos establecidos de l铆deres de sindicatos y partidos son superados por los propios trabajadores y sus organizaciones de masas a la hora de tomar decisiones鈥29. Situaci贸n que favorec铆a la estrategia y el desarrollo del sindicalismo revolucionario, a partir de la acci贸n directa.

A la aplicaci贸n de la acci贸n directa contribuy贸 tambi茅n la propia estructuraci贸n de la clase obrera, compuesta fundamentalmente por dos categor铆as de trabajadores/as. Por una lado, estaban los trabajadores y trabajadoras sometidos a contratos laborales discontinuos con alternancia de per铆odos de trabajo y de paro, cambios de patr贸n y de sector e incluso cambios temporales de residencia. A este grupo pertenec铆an los obreros y obreras del campo (jornaleros/as sin tierra del sur de Europa), de la construcci贸n (que con el proceso de urbanizaci贸n, son contratados para cada nueva obra), de los puertos o del gas. Y era bastante com煤n, especialmente en el centro y norte de Europa, que un mismo trabajador o trabajadora desempe帽ar谩 dos o m谩s de estos oficios a lo largo de un a帽o y seg煤n las 茅pocas de mayor demanda.

Este tipo de trabajadores no se pod铆a permitir el lujo de esperar a mejores circunstancias (planes de resistencia a largo plazo, fondos de huelgas, arbitrios o mediaciones) para conseguir sus reivindicaciones, deb铆an actuar con rapidez y contundencia antes de la finalizaci贸n de su contrato eventual. 鈥淟a atracci贸n del programa de acci贸n directa del sindicalismo revolucionario para tales trabajadores eventuales o temporeros resulta obvia鈥.30

La segunda categor铆a estaba formada por aquellos trabajadores fijos cuyas condiciones laborales y salariales estaban siendo sustancialmente reformadas por la aplicaci贸n de los cambios tecnol贸gicos y de producci贸n de la revoluci贸n industrial. Trabajadores y trabajadoras que hasta entonces hab铆an disfrutado de una cierta cualificaci贸n se ve铆an rebajados y, en muchos casos igualados a la baja, con los trabajadores y trabajadoras eventuales o con los integrantes de la nueva mano de obra inmigrante de las zonas rurales. La mecanizaci贸n y los nuevos procesos eliminaban, en muchos casos, la necesaria destreza o la experiencia. Seg煤n Paul H. Douglas, 鈥渆l propio proceso de mecanizaci贸n que hizo el trabajo m谩s especializado hizo al trabajador menos especializado鈥.31

Junto a una cierta descualificaci贸n se introducen en las empresas mecanismos de supervisi贸n directa de los empresarios, con lo que la ratio entre trabajadores y capataces o encargados fue descendiendo para los primeros (en los Estados Unidos se pasa de una ratio 16:1, en 1900; a 10:1 en 1920. La supervisi贸n directa lo que persigue es el control, la docilidad y la mayor productividad de los trabajadores y trabajadoras mediante los trabajos a destajo, las bonificaciones, la promoci贸n interna,… Esta situaci贸n llev贸 a los obreros/as cualificados/as (hasta entonces) a buscar f贸rmulas de resistencia conjuntas que los acercaron a las posiciones del sindicalismo revolucionario.

Adem谩s, esta situaci贸n de movilidad (funcional y geogr谩fica) facilit贸 una visi贸n unitaria de los intereses de la clase trabajadora32 y contribuy贸 a la superaci贸n de la organizaci贸n por oficios y una visi贸n m谩s confederal de las organizaciones sindicales, en especial del sindicalismo revolucionario.

Tambi茅n la nueva posici贸n del proletariado industrial hace de la vieja idea de la suspensi贸n colectiva del trabajo por parte de los obreros, una posibilidad pr谩ctica. La econom铆a era lo suficientemente dependiente del trabajo asalariado y la clase obrera ten铆a un grado de organizaci贸n y solidaridad suficiente como para abordar la huelga general. Con 茅xito variable y renovados br铆os tras la experiencia rusa de 1905, la huelga general se ensayar谩 en B茅lgica, Suecia, Holanda, Italia y Espa帽a.

Huelguistas marchando en Lowell, Massachussets, 1912 (aprox) con William Dudley (Big Bill) Haywood (IWW)


6.3. Oposici贸n a la estrategia laboral reformista

Tras una primera etapa de la Segunda Revoluci贸n Industrial (que tendr谩 fechas diferentes en funci贸n de su desarrollo en cada espacio geogr谩fico), en la que a los patronos les interesa la desregulaci贸n para llevar a cabo el profundo cambio en las relaciones laborales y la aplicaci贸n de nuevos m茅todos y modos de producci贸n, existi贸 una segunda etapa en la que se va fraguando una reglamentaci贸n o institucionalizaci贸n de las relaciones laborales. Se introducen formas de negociaci贸n colectiva y de arbitraje y mediaci贸n y, fundamentalmente, las organizaciones sindicales corporativas y socialdem贸cratas aceptan el papel de 鈥渄isciplinar鈥 a los trabajadores/as.

En cualquier caso, diferentes circunstancias (acumulaci贸n de capital, concentraci贸n empresarial, aislamiento o ineficacia de los partidos socialdem贸cratas,…) hacen que lo que los sindicatos libres o socialdem贸cratas puedan ofrecer, durante estos a帽os, sea tan poco considerable como para crear amplias capas de afiliados y afiliadas descontentos, cr铆ticos con la moderaci贸n y la burocratizaci贸n de sus organizaciones sindicales.

Aunque no es directamente trasladable el descontento a la creaci贸n o ampliaci贸n de las organizaciones del sindicalismo revolucionario, a pesar de los llamamientos de la CGT francesa a revolucionar las organizaciones reformistas, s铆 se puede concluir que contribuy贸 y que en determinadas circunstancias oblig贸 a las direcciones de otros sindicatos a 鈥渁doptar principios sindicalistas revolucionarios鈥33

6.4. Creaci贸n de una contracultura popular

En otro apartado he se帽alado la preocupaci贸n del sindicalismo revolucionario por establecer sus propios organismos de ense帽anza y cultura (ateneos, escuelas sindicales, universidades populares). Esta actuaci贸n ten铆a un doble objetivo, o un doble punto de mira. Como la propia funcionalidad del sindicato, se dirig铆a en primera instancia a lo inmediato, a dar instrucci贸n, a preparar a sus afiliados/as; para, en segunda instancia y con un objetivo m谩s elevado, procurar la suficiente capacidad para asumir una revoluci贸n total, tambi茅n en lo personal.

La preocupaci贸n de Pelloutier o de Pouget por la cultura y la capacidad intelectual de los trabajadores y de los afiliados que se traslada a las resoluciones y actuaciones de la CGT francesa, tendr谩 una especial importancia en el Estado espa帽ol. En su conferencia en el castillo-prisi贸n de La Mola, Segu铆 plantea: 鈥渢enemos un problema important铆simo que el proletariado debe resolver. El de la cultura. 驴Qu茅 har谩n los trabajadores al d铆a siguiente de la revoluci贸n en referencia a este problema?. 驴Qu茅 har谩n de los ateneos, de las bibliotecas, de las escuelas, de los institutos profesionales…?. Hemos de crear nuestras Universidades y nuestros Ateneos…Si no tuvi茅semos tiempo…utilizar铆amos las cosas utilizables de la burgues铆a y, mientras tanto, realizar铆amos definitivamente nuestra tarea鈥.34

Juan Puig i Elias visitando una escuela del CENU

La tarea ingente que desarrollaron en la cultura y la ense帽anza las organizaciones sindicalistas revolucionarias m谩s numerosas permitieron, a parte de la alfabetizaci贸n y culturizaci贸n de centenares de miles de trabajadores y trabajadoras, asumir tareas como la estructuraci贸n del sistema p煤blico en Catalunya durante la II Rep煤blica (Puig i Elias y el Comit茅 de la Escuela Nueva Unificada).

Pero tambi茅n crear una contracultura. Una contracultura que daba al obrero un sentimiento de seguridad, de capacidad, de autorrespeto, que le afirmaba frente a la clase dominante. 鈥淟a cultura burguesa, que se extiende a todos los aspectos de la experiencia humana, tiene que ser contestada igualmente por un desaf铆o revolucionario total鈥35.

7. Declive del sindicalismo revolucionario

A pesar de su importante peso espec铆fico, influencia social y pol铆tica e importancia hist贸rica, a煤n en los momentos de auge el sindicalismo revolucionario es minoritario respecto del conjunto de las organizaciones sindicales, con las excepciones de la CGT, la Casa del Obrero Mundial y la CNT en sus respectivos territorios y en determinadas 茅pocas (generalmente, prerrevolucionarias).

Si esto suced铆a en los per铆odos m谩s reivindicativos o radicales, en los que como hemos visto el sindicalismo revolucionario ten铆a mayor predicamento, en las etapas hist贸ricas de relativa estabilidad su peso cuantitativo fue a煤n menor.

7.1. Represi贸n

Una de las causas fundamentales del declinar del sindicalismo revolucionario es la represi贸n, fundamentalmente estatal, que se ejerce sobre sus organizaciones. La oposici贸n del sindicalismo revolucionario a la guerra, a los fascismos y a las f贸rmulas laborales de control o atenuaci贸n del conflicto de clases hizo de 茅ste un invitado inc贸modo y objetivo prioritario de la represi贸n.

La transformaci贸n de la CGT francesa en un sindicato cada vez m谩s reformista, aunque hay historiadores (Doll茅ans, Julliard) que consideran que se estaba larvando desde algunos a帽os antes, tiene que ver con las diferentes posturas ante la Gran Guerra. En Italia, Portugal, Alemania, Holanda y Espa帽a son los diferentes reg铆menes fascistas los que descabezan y reprimen hasta la pr谩ctica desaparici贸n a las organizaciones sindicalistas revolucionarias.

Un totalitarismo de otro matiz ideol贸gico reprimi贸 a los sindicalistas revolucionarios rusos. La contrarrevoluci贸n mejicana se ensa帽贸 con la Casa del Obrero Mundial y estructuras policiales especiales y la mafia dieron el golpe de gracia a la IWW en Estados Unidos.

7.2. Inadecuaci贸n a la evoluci贸n del Estado y el capital

Pero, es importante situar tambi茅n las dificultades del sindicalismo revolucionario para adaptarse a la evoluci贸n del sistema capitalista, especialmente en los estados m谩s desarrollados.

La capacidad de integraci贸n, de la clase trabajadora, de las relaciones capitalistas m谩s avanzadas de producci贸n y de consumo (sistema fordista) es muy superior a la que se produc铆a en las primeras d茅cadas del siglo. El acceso a un consumo masivo de los trabajadores y trabajadoras es un freno para las reivindicaciones, porque permite extenderse al capital y al mismo tiempo mejorar el nivel de vida de los productores/as y reproductores/as de mano de obra.

Este proceso de Estado del bienestar, m谩s o menos incipiente, y la integraci贸n de los trabajadores/as a largo plazo son adem谩s avalados por los partidos socialdem贸cratas y sus organizaciones sindicales, lo que presion贸 a煤n m谩s a las organizaciones sindicalistas revolucionarias que tuvieron la suerte de no sufrir duras represiones. Fue el caso de la SAC sueca y los subsidios de desempleo.36

7.3. La m铆stica de las revoluciones

Otro elemento que considero clave en el declive del sindicalismo revolucionario es la falta de un referente internacional cercano y positivo, despu茅s de 1939. Con la victoria militar de Franco se acaba la 煤ltima oportunidad (aunque hay que matizar que lo que se produjo en Espa帽a fue un levantamiento militar que 鈥渙casion贸, all铆 donde fracas贸 , el inicio de la transformaci贸n de los valores dominantes, de las estructuras sociales, as铆 como una quiebra fundamental de los mecanismos de control del Estado y de sus instituciones鈥37) de oponer a la Revoluci贸n rusa otra experiencia revolucionaria que marcase las diferencias, donde 鈥渆l igualitarismo econ贸mico se ten铆a que armonizar con la libertad individual de expresi贸n鈥38

La sensaci贸n de derrota, pero fundamentalmente el vac铆o que se produce en el movimiento sindical revolucionario, en el anarcosindicalismo y en el anarquismo en el 39 ha sido uno de los factores fundamentales de su declive posterior.

7.4. Sobre las 3 opciones de Van der Linden y Thorpe

Van der Linden y Thorpe dan tres salidas al sindicalismo revolucionario, en la nueva situaci贸n de Estado del bienestar e integraci贸n a largo plazo de los trabajadores. Seg煤n ellos, las organizaciones sindicalistas revolucionarias o bien se marginan al mantener sus principios, o bien se integran por adaptaci贸n y cambio de rumbo en lo fundamental o se disgregan o fusionan en una organizaci贸n sindical no revolucionaria, con lo cual tambi茅n se integran.

La trampa de esta posici贸n est谩 en situar cualquier proceso de adaptaci贸n como renuncia. El error te贸rico, desde mi punto de vista es el de establecer una foto fija como paradigma del sindicalismo revolucionario e incluso de la evoluci贸n de la sociedad capitalista (c贸mo se situar铆a la actual fase de neoliberalismo).

Veamos, si el sindicalismo revolucionario es algo m谩s que una respuesta radical a una determinada situaci贸n del proletariado -aunque tambi茅n eso, como creo que ellos mismos demuestran y queda reflejado tambi茅n en este trabajo- es evidente que su situaci贸n actual es relativamente significativa, aunque en fase de recuperaci贸n.

Si el sindicalismo revolucionario responde 煤nicamente a una etapa hist贸rica es tambi茅n evidente que su tiempo ha pasado. Pero esto se convertir铆a en una discusi贸n acad茅mica y poco o nada aportar铆a al debate social y pol铆tico actual, a la posibilidad o no de crear una alternativa sindical revolucionaria.

鈥淓sto quiere decir que los documentos cl谩sicos de una doctrina social no pueden ser m谩s que una tentativa de formular y resumir 鈥渓a verdad鈥, y que estos documentos se basan menos en descubrimientos v谩lidos cuanto m谩s viejos son… El marxismo como religi贸n social, con sus dogmas, su infalibilidad, su inquisici贸n, es un fen贸meno que nos asusta. Si tratamos de imitarlo como anarcosindicalistas, ser铆a fatal para nosotros mismos y nuestros ideales libertarios. La investigaci贸n libre es la condici贸n primordial de toda actividad libertaria鈥.39

Emilio CORTAVITARTE CARRAL
Escuela de militantes de la CGT
M谩laga, 7 de julio de 1999

1.Edouard DOLL脡ANS, Historia del movimiento obrero (1871-1920), Ediciones ZERO, Madrid, 1973, p谩gina 110.

2.Javier PANIAGUA, Una gran pregunta y varias respuestas. El anarquismo espa帽ol: desde la pol铆tica a la historiograf铆a, Historia Social n陋 12, invierno 1992, p. 50.

3.Victor GRIFFUELHES, Voyage d鈥檜n r茅volutionnnaire, folleto, Rivi猫re. 1908

4.Edouard DOLL脡ANS, op. cit., p. 125.

5.Isidre MOLAS, Salvador Segu铆, escrits, Edicions 62, Barcelona, 1975, p. 75.

6.Ibid., pp. 74, 78 y 79.

7.Javier PANIAGUA, op. cit., p. 47.

8.Marcel VAN DER LINDEN y Wayne THORPE, Auge y decadencia del sindicalismo revolucionario, Historia Social n陋 12, invierno 1992, p. 3.

9.Edouard DOLL脡ANS, op. cit., p. 94.

10.Ibid., p. 95.

11.Ibid., pp.95 y 96.

12.Ibid., p 116.

13.Ibid., p 125.

14.VAN DER LINDEN y THORPE, op. cit., p. 4.

15.Edouard DOLL脡ANS, op. cit., p. 128.

16.Pere GABRIEL, Joan Peir贸, escrits (1917-1939), Edicions 62, Barcelona, 1975, p. 92.

17.VAN DER LINDEN y THORPE, op. cit., p. 4.

18.Ibid., p. 4.

19.Edouard DOLL脡ANS, op. cit., p. 118.

20.Pere GABRIEL, op. cit., p. 73.

21.Manuel CRUELLS, Salvador Segu铆, el Noi del sucre, Ariel, Esplugues de Llobregat, 1974, pp. 114-126

22.VAN DER LINDEN y THORPE, op. cit., p. 4.

23.Juli谩n CASANOVA, De la calle al frente. El anarcosindicalismo en Espa帽a (1931-1939), Cr铆tica, Barcelona, 1997, pp. 24 y 25.

24.VAN DER LINDEN y THORPE, op. cit., pp. 5 y 6.

25.Edouard DOLL脡ANS, op. cit., p. 183.

26.Isidre MOLAS, op. cit., pp. 82 y 83.

27.VAN DER LINDEN y THORPE, op. cit., pp. 6-10.

28.Ibid., p. 11.

29.Ibid., p. 12.

30.Ibid., p. 15.

31.Ibid., p. 17.

32.Ibid., pp. 18 y 19

33.Ibid., pp. 20-22

34.Isidre MOLAS, op. cit., p. 77.

35. Margaret TORRES RYAN, La relevancia del anarquismo en la sociedad contempor谩nea, Memoria de las I Jornadas de Debate Libertario, FSS y CGT, Madrid, 1989, p. 19.

36.Evert ARVIDSSON, El anarcosindicalismo en la sociedad del bienestar, Ediciones CNT, M茅xico D.F., 1961, pp. 23-30.

37.Juli谩n CASANOVA, Las colectivizaciones, colecci贸n La Guerra Civil Espa帽ola n潞 16, Folio, Barcelona, 1996.

38.Margaret TORRES RYAN, Op. Cit., p. 19.

39.Evert ARVIDSSON, Op. Cit., p. 14.




Fuente: Grupopensamientocritico2014.blogspot.com