January 27, 2021
De parte de Amor Y Rabia
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12 de enero de 2021

El individualismo es algo muy codiciado en la cultura occidental. Industrias enteras existen exclusivamente para sacar provecho de nuestra preocupaci贸n cada vez m谩s malsana por nosotros mismos. Y con la llegada de Internet, surgieron muchas m谩s oportunidades para que las personas expresaran su individualidad.

La discusi贸n sobre el individualismo creci贸 en medio de la pandemia, y las cuestiones de identidad se convirtieron en el centro de muchos debates. La cuesti贸n de la identidad y las muchas insatisfacciones con ella se convirtieron en un eje de las discusiones p煤blicas.

Estos problemas no comenzaron con la pandemia, ni surgieron con el auge del pensamiento posmoderno, que se ha gestando durante a帽os. De hecho, la preocupaci贸n actual por la identidad tiene una larga historia, y su popularidad se debe en buena medida a los cambios transformadores sufridos en siglos pasados, aunque entonces ten铆a un nombre diferente.

LOS OR脥GENES DE LA IDENTIDAD

A partir del siglo XIX, “alienaci贸n” era un t茅rmino que serv铆a de caj贸n de sastre para describir una serie de dolencias basadas en el descontento individual. La alienaci贸n es un tema recurrente en Crimen y castigo de Dostoievski, El infierno de Henri Barbusse, La n谩usea de Jean-Paul Sartre, entre otras obras destacadas. Otros pensadores tambi茅n escribieron de manera extensa sobre ese concepto: Erich Fromm examin贸 c贸mo era la alienaci贸n bajo el capitalismo; Karl Marx explor贸 la alienaci贸n dentro de las limitaciones de la econom铆a pol铆tica; Hegel relacion贸 la alienaci贸n con una deficiencia en la vida social, mientras que Kierkegaard se preocup贸 por la alienaci贸n en la sociedad moderna.

Despu茅s de la Segunda Guerra Mundial, la alienaci贸n como concepto pas贸 de moda. Todo fue borrado de la conciencia colectiva, a pesar de las monta帽as de literatura sobre el tema. Desde entonces, se le ha dado un nuevo envoltorio y ha sido rebautizado como ‘individualismo’. Se crearon industrias enteras con el objetivo de satisfacer nuestros deseos y gustos subconscientes. En EEUU, la revoluci贸n tecnol贸gica estaba en marcha, hab铆a trabajo en abundancia, los salarios ten铆an tend铆an a crecer, y la clase media estaba prosperando: era la Edad de Oro econ贸mica. Pero con el repentino aumento de la suburbanizaci贸n (el traslado de la poblaci贸n urbana del centro de la ciudad a los suburbios, AyR), surgieron r谩pidamente cuestiones de identidad.

El movimiento de la psiquiatr铆a vio esta nueva obsesi贸n con el yo como una condici贸n patol贸gica que necesita tratamiento, como un contagio que infecta los suburbios r谩pidamente.

ACOSADOS POR EL EGO

En 1961, un psicoanalista relativamente desconocido, el Dr. Ernest G. Schachtel, escribi贸 un ensayo, On Alienated Concepts of Identity (Sobre conceptos alienados de identidad), explicando de manera detallada la forma en que sus pacientes experimentan la alienaci贸n, o como 茅l lo llam贸 “la falta de sentido de identidad”.

Seg煤n Schachtel, los pacientes estaban tan obsesionados por su ego que su identidad se convirti贸 en “el centro de sus inquietudes, ambiciones y preocupaci贸n, dejando de lado cualquier preocupaci贸n real por ellos mismos y por los dem谩s”. Su ego contribuy贸 a este sentimiento de falta de algo, como posesiones materiales, prestigio, ciertas cualidades personales o un estilo de vida diferente. Estaban tan preocupados por su yo impulsado por el ego que se retiraban por completo o ca铆an en un estado depresivo profundo.

Algunos pacientes intentaban convencer al terapeuta de que no se pod铆a hacer nada por ellos, que no pod铆an cambiar qui茅nes eran, pero tras una inspecci贸n m谩s cercana, se descubri贸 que los pacientes estaban en un estado de negaci贸n, evitando o teniendo miedo de profundizar en la ra铆z de su descontento.

El paciente entraba r谩pidamente en un ciclo perpetuo de crisis, en el que llegaba a sentirse como un agente pasivo en su vida. En lugar de tener una identidad fija, buscaron una identidad que pudieran moldear y moldear constantemente como quisieran.

Esta fijaci贸n con la propia identidad fue vista y tratada como algo patol贸gico.

Pero pronto eso cambiar铆a.

LA LLEGADA DE LA SGUNDA REVOLUCI脫N INDIVIDUALISTA

El establishment pronto se dio cuenta de que esta preocupaci贸n obsesiva por la propia identidad era un regalo para el capitalismo. Podr铆a ser explotado y mercantilizado a trav茅s de una serie de industrias en crecimiento: tecnolog铆a moderna, publicidad, marketing para las masas, producci贸n a gran escala y otras instituciones, que abastecieron y se beneficiaron de esta obsesi贸n del yo.

Margaret Thatcher, primera ministra de Gran Breta帽a de 1979 a 1990, y el ex presidente de EEUU, Ronald Reagan, defendieron el individualismo y realizaron esfuerzos concertados para romper el tejido social y econ贸mico de Gran Breta帽a y EEUU. Ambos l铆deres, en gran parte influenciados por el enfoque del economista F.A. Hayek sobre el capitalismo de libre mercado, lucharon dogm谩ticamente por el proyecto de la econom铆a libre.

En 1983, el fil贸sofo franc茅s Gilles Lipovetsky abord贸 este punto de inflexi贸n ideol贸gico en su libro L’猫re du vide. En 茅l, anunci贸 la llegada del posmodernismo, en el que reinaba un individualismo extremo. Seg煤n Lipovetsky, eso marcaba el comienzo de la “segunda revoluci贸n individualista”.

Resulta que el astuto an谩lisis de Lipovetsky sigue valiendo para  dar forma al discurso en la cultura occidental de hoy d铆a.

El individualismo tal como lo conocemos hoy en d铆a ya no se ve como una patolog铆a, sino como una necesidad para el crecimiento econ贸mico. Y desde la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento econ贸mico se sigue considerando como el elemento vital de una naci贸n, para el cual el consumo de masas es una actividad vital. El consumo de masas depende del hiperindividuo para convertir en algo normal y celebrar la adquisici贸n de productos no por necesidad, sino por deseo y ego. Es una forma de poner de manifiesto que pertenecemos a un determinado grupo, y el hiperindividualismo requiere la alimentaci贸n constante del ego. La industria del yo es una fuerza poderosa y seductora.

Anteriormente, este fen贸meno se ve铆a como una desviaci贸n de la norma, algo que debe arreglarse y corregirse. Hoy se ha convertido en algo normal, se celebra incluso, y nosotros, los consumidores, lo exigimos. No se desv铆a del sistema capitalista ni lo desaf铆a, sino que es una continuaci贸n de ellos.

EL INDIVIDUALISMO SE VUELVE DIGITAL

Gracias a la ubicuidad de los dispositivos digitales e Internet, surgieron muchas m谩s oportunidades para que las personas expresaran su individualidad. La llegada de la era digital marc贸 el comienzo de la “tercera revoluci贸n individualista”.

En los primeros d铆as de Internet, el anonimato era algo habitual. Las grandes empresas tecnol贸gicas a煤n no hab铆a encontrado formas de sacar provecho de nuestros datos personales. Pero r谩pidamente la divulgaci贸n de informaci贸n personal se convirti贸 en un requisito necesario para acceder a plataformas, buscar comunidades, comprar en l铆nea, jugar, participar en foros, etc. Compartir m谩s de uno mismo se acepta m谩s f谩cilmente que no compartir nada. Aquellos que optan por permanecer en el anonimato a menudo son tildados de paranoicos, resistentes, luditas (el Ludismo fue un movimiento contrario a la introducci贸n de las m谩quinas en el mundo agr铆cola brit谩nico a comienzos del siglo XIX, AyR) o incompetentes tecnol贸gicamente.

En cuesti贸n de segundos, podemos crear nuevas personas brillantes online, muchas de las cuales no reflejan necesariamente qui茅nes somos, sino qui茅nes queremos ser. Pasamos mucho tiempo pensando en lo que queremos compartir, o no compartir: 驴A favor de qu茅 quiero estar p煤blicamente? 驴C贸mo quiero ser percibido? 驴Qu茅 tipo de persona quiero ser? 驴Qu茅 quiero que la gente sepa sobre m铆? Y, dependiendo de en qu茅 plataforma estemos, la informaci贸n de identificaci贸n que compartimos la elaboraremos con m谩s cuidado para calmar a esa audiencia espec铆fica.

REIMAGINAR EL YO DIGITAL

Este intercambio de informaci贸n recompensa a aquellas personas dispuestas a cumplir las reglas y, en particular, a aquellas que crean identidades cuidadosamente dise帽adas. Como resultado, la verdad se basa en la falsedad y las personalidades que seleccionamos tienen prioridad sobre su contenido. Estas divulgaciones no se limitan a influencers o a usuarios que tienen seguidores fijos. Ninguno de nosotros es inmune a la tentaci贸n de cultivar un tipo de personalidad. Las revelaciones sobre nosotros se realizan estrat茅gicamente sobre la base de una identidad online previamente seleccionada que atraer谩 a la mayor铆a de los espectadores, porque, como sabemos: la identidad es la moneda de internet.

Ahora, todos formamos parte de una competencia que se da por supuesta para presentar lo mejor de nosotros mismos online, y cada personaje iterativo es m谩s nebuloso que el anterior.

脷ltimamente hemos hecho todo lo posible para crear nuestros propios personajes: algunos alquilan casas de vacaciones para usarlos como telones de fondo, otros han elegido el camino de divulgar informaci贸n m谩s personal y, a veces, perversa. En las redes sociales, los usuarios suelen insertar en sus biograf铆as las identidades que han seleccionado, que incluyen enfermedades mentales, sexualidad, afiliaciones pol铆ticas, estado civil, raza, etnia, fetiches, religi贸n y una serie de otros identificadores que probablemente sea mejor responder en un censo y no en una biograf铆a de Twitter, que se comparte p煤blicamente. Las limitaciones de tama帽o de esas biograf铆as obligan a los usuarios a crear descripciones m谩s cortas y contundentes de s铆 mismos. Con ese fin, los usuarios pasan m谩s tiempo contemplando su identidad; algunos incluso seleccionan cuidadosamente el emoji correcto que significa para cierto grupo de personas que son ‘uno de ellos’ o que se mantengan alejados.

La exploraci贸n obsesiva de la identidad est谩 creando m谩s fracturas en el mundo real (offline). Opresores vs oprimidos. Derecha vs izquierda. Creyentes vs no creyentes. Trabajadores contra propietarios. Trabajadores de cuello blanco contra trabajadores de cuello azul. Personas con formaci贸n contra quienes carecen de ella. Lo rural contra lo urbano. Negros contra blancos. Y la lista continua. Dentro de estas divisiones, surgen y chocan a煤n m谩s identidades. Esta obsesi贸n t贸xica con la identidad tambi茅n es favorecida desde el establishment. Los pol铆ticos son recompensados 鈥嬧媝or considerar a la oposici贸n como enemiga. Los medios de comunicaci贸n de masas obtienen m谩s clics por perpetuar la ret贸rica de un partidismo divisivo. Las empresas ganan m谩s dinero cuando explotan las inseguridades individuales. Los lugares de trabajo instan a los empleados a realizar pruebas de personalidad y autoevaluaciones como una soluci贸n New Age para una “mejor colaboraci贸n”.

Las obsesiones del yo han evolucionado de algo que necesitaba ser tratado a algo que debe ser reafirmado y celebrado.

PACIFICAR LO QUE ES COM脷N

Como vemos, las identidades se comparten no solo para aferrarse a un sentido de s铆 mismo y diferenciarse unas de otras, sino tambi茅n como una forma de ser validadas por otros. Y cuando esas identidades no se validan, la persona que busca la validaci贸n sufre un colapso alimentado por el ego. Si no participa en la revoluci贸n individualista, corre el riesgo de ser perseguido.

Estas nuevas formas de buscar identidades nos alejan m谩s unos de otros y nos impiden salvar las diferencias. Se nos anima a diferenciarnos unos de otros, creando m谩s fisuras en una sociedad ya dividida. Cuantas m谩s identidades nos ponemos, m谩s separados nos volvemos.

Desafortunadamente, nuestras identidades elegidas por nosotros mismos no pueden solucionar la disparidad de riqueza, la pobreza, la falta de vivienda, las econom铆as fallidas, la guerra, el militarismo y una serie de otros problemas creados y perpetuados por la 茅lite gobernante en las naciones occidentales.

El prop贸sito de la identidad es crear un estado constante de ansiedad e inseguridad. Es el estado supremo de pacificaci贸n, en el que los participantes est谩n dispuestos a participar con entusiasmo, aunque las recompensas sean de corta duraci贸n. Es un concepto inmaterial que no tiene influencia en otros temas, pero que ha dividido de manera efectiva todav铆a m谩s al 99% (concepto anglosaj贸n que se refiere a la inmensa mayor铆a de la sociedad, contraponi茅ndola a las 茅lites superricas, AyR.

Dentro de los l铆mites del neoliberalismo, y, m谩s concretamente, online, generaciones enteras de personas se exigen m谩s entre s铆 y a s铆 mismas, pero no exigen lo suficiente a los poderes que las controlan.

Nuestros l铆deres apenas tuvieron que mover un dedo para dividirnos: lo hemos hecho todo nosotros mismos. Solo otra distracci贸n que solo sirve a los poderes f谩cticos que se benefician de nuestro ego y nuestras inseguridades. Es una mentalidad de ‘yo contra el mundo’ donde la identidad reemplaza a todo. 




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com