February 14, 2022
De parte de Proletarios Revolucionarios
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Tela desplegada por unos proletarios comunistas anónimos
durante la marcha del 26 de Octubre de 2021 en Quito

«Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un
ideal al que haya de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al
movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual. Las condiciones
de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente. Por lo
demás, la masa de los simples obreros −de la fuerza de trabajo excluida en masa
del capital o de cualquier satisfacción, por limitada que ella sea− y, por
tanto, la pérdida no puramente temporal de este mismo trabajo como fuente
segura de vida, presupone, a través de la competencia, el mercado mundial. Por
tanto, el proletariado sólo puede existir en un plano histórico-mundial, lo
mismo que el comunismo, su acción, sólo puede llegar a cobrar realidad como
existencia histórico-universal. Existencia histórico-universal de los
individuos, es decir, existencia de los individuos directamente vinculada a la
historia universal. […]

El comunismo se distingue de todos los movimientos anteriores en que
echa por tierra la base de todas las relaciones de producción y de intercambio
que hasta ahora han existido y por primera vez aborda de un modo consciente
todas las premisas naturales como creación de los hombres anteriores,
despojándolas de su carácter natural y sometiéndolas al poder de los individuos
asociados. […]

La transformación de los poderes (relaciones) personales en materiales
por obra de la división del trabajo no puede revocarse quitándose de la cabeza
la idea general acerca de ella, sino haciendo que los individuos sometan de
nuevo a su mando estos poderes materiales y supriman la división del trabajo. Y
esto no es posible hacerlo sin la comunidad. Solamente dentro de la comunidad
con otros tiene todo individuo los medios necesarios para desarrollar sus dotes
en todos los sentidos; solamente dentro de la comunidad es posible, por tanto,
la libertad personal. […] Dentro de la comunidad real y verdadera, los
individuos adquieren, al mismo tiempo, su libertad al asociarse y por medio de
la asociación. […]

Con la comunidad de los proletarios revolucionarios, que toman bajo su
control sus condiciones de existencia y las de todos los miembros de la
sociedad […] en ella toman parte los individuos en cuanto tales individuos.
Esta comunidad no es otra cosa, precisamente, que la asociación de los
individuos (partiendo, naturalmente, de la premisa de las fuerzas productivas
tal y como hasta ahora se han desarrollado) que entrega a su control las
condiciones del libre desarrollo y movimiento de los individuos. […]

Tratándose de los proletarios, por el contrario, su propia condición de
vida, el trabajo, y con ella todas las condiciones de existencia de la sociedad
actual, se convirtieron para ellos en algo fortuito, sobre lo que cada
proletario de por sí no tenía el menor control y sobre lo que no podía darles
tampoco el control ninguna organización social, y la contradicción entre la
personalidad del proletario individual y su condición de vida, tal como le
viene impuesta, es decir, el trabajo, se revela ante él mismo, sobre todo
porque se ve sacrificado ya desde su infancia y porque no tiene la menor
posibilidad de llegar a obtener, dentro de su clase, las condiciones que le
coloquen en la otra.

Así, pues, mientras que los siervos fugitivos sólo querían desarrollar
libremente y hacer valer sus condiciones de vida ya existentes, razón por la
cual sólo llegaron, en fin de cuentas, al trabajo libre, los proletarios, para
hacerse valer personalmente, necesitan acabar con su propia condición de
existencia anterior, que es al mismo tiempo la de toda la anterior sociedad,
con el trabajo. Se hallan también, por tanto, en contraposición directa con la
forma que los individuos han venido considerando, hasta ahora, como sinónimo de
la sociedad en su conjunto, con el Estado, y necesitan derrocar al Estado, para
imponer su personalidad.»

Karl Marx y
Friedrich Engels
(1845-1846), La Ideología Alemana

 

«Hablamos de fracciones comunistas en el
sentido de que no es, de entrada, el conjunto de la clase estructurada por esta
contradicción [entre proletariado y capital] la que se encuentra en una
relación revolucionaria con el capital. Sin embargo, su acción crea la
generalización de la situación revolucionaria que le es propia, al mismo tiempo
que la contrarrevolución extrae su fuerza de este carácter todavía limitado de
la práctica de las fracciones comunistas (la limitación geográfica es una
limitación del propio contenido en la medida en que se trata de producir la
inmediatez social del individuo). […]

La aparición de fracciones comunistas
caracteriza el período revolucionario. Este período es aquel en el que, en
ambos lados, se generaliza el choque entre revolución y contrarrevolución. Es
aquél en el que la universalidad del capital, su significado histórico, es su
relación contradictoria con el proletariado; es el movimiento de reproducción
del capital en su unificación, la exacerbación de la valorización intensiva;
es, simultáneamente, en tanto que contradicción que plantea la abolición del
capital, la generalización de la práctica revolucionaria. Solo aboliendo el
capital se generaliza la práctica revolucionaria, y no al revés; de ahí que
podamos hablar de fracciones comunistas. […]

La persistencia de las contradicciones del
programatismo y, por tanto, de los límites de la revolución, surge del hecho de
que el proletariado no lucha contra la contrarrevolución más que comunizando la
sociedad, y de que, por otro lado, esta comunización, al efectuarse contra el capital,
no es un desarrollo libre del individuo, sino un movimiento determinado
precisamente por esta lucha y esta contradicción. Sólo el triunfo de la
revolución supone la desaparición de estas contradicciones.

El movimiento de generalización de la práctica
revolucionaria de las fracciones comunistas, por tanto, sólo puede ser el de la
abolición del capital y la autonegación del proletariado. No se generaliza esta
práctica para abolir el capital, no es una unificación con miras a una acción
común; esta generalización no se puede llevar a cabo, y no se produce, sino en
tanto parte interesada de la práctica de abolición del capital por parte del
proletariado que se niega a sí mismo. […]

Las contradicciones del programatismo
superadas por la práctica revolucionaria y convertidas, en tanto límites de la
revolución, en las bases mismas de la contrarrevolución, derivan todas de la
imposibilidad de afirmación del proletariado. De hecho, cualquier intento de
liberación del proletariado, que haga del comunismo un desbordamiento de la
situación de clase, sólo puede ser, en las condiciones actuales de la
revolución, una tentativa de reproducción de la condición proletaria, lo que
implica necesariamente la de la relación capitalista. […]

La especificidad de la revolución es que
estas medidas comunistas son tomadas contra el capital. No se puede abolir el
capital para llegar al comunismo, sino a través del comunismo; en su lucha
contra el capital, el proletariado produce el comunismo. La noción de medidas
comunistas debe distinguirse del comunismo: éstas no son embriones de
comunismo, sino su producción por parte del proletariado. […]

Producción de la inmediatez social del
individuo, esto significa que la revolución suprime las clases, es decir, toda
posición social específica, en relación con la producción de la vida; es, a la
vez, la abolición del trabajo. Esta abolición de la distribución de la
producción según diferentes sectores que es inherente a la ley del valor y a la
igualación de la tasa de ganancia, se la lleva a cabo en el transcurso de la
revolución […]»

Théorie
Communiste n° 3
(1980), Sobre la Revolución



Fuente: Proletariosrevolucionarios.blogspot.com