November 23, 2021
De parte de Amor Y Rabia
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Acepto de todo coraz贸n la m谩xima: “El mejor gobierno es el que gobierna menos”, y as铆 tambi茅n lo creo, que “el mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto”; y, cuando los hombres est茅n preparados para 茅l, 茅se ser谩 el tipo de gobierno que tendr谩n. Un gobierno es, en el mejor de los casos, un mal recurso, pero la mayor铆a de los gobiernos son, a menudo, y todos, en cierta medida, un inconveniente. Las objeciones que se le han puesto a un ej茅rcito permanente (que son muchas, de peso, y merecen tenerse en cuenta), pueden imputarse tambi茅n al ej茅rcito como instituci贸n. El ej茅rcito permanente es tan s贸lo un brazo de este gobierno. El gobierno por si mismo, que no es m谩s que el medio elegido por el pueblo para ejecutar su voluntad, es igualmente susceptible de originar abusos y perjuicios antes de que el pueblo pueda intervenir. El ejemplo lo tenemos es la actual guerra de M茅xico, obra de relativamente pocas personas que se valen del gobierno establecido como un instrumento, a pesar de que el pueblo no habr铆a autorizado esta medida.

Este gobierno americano, 驴qu茅 es sino una tradici贸n, aunque muy reciente, que lucha por transmitirse a la posteridad sin deterioro, pese a ir perdiendo parte de su integridad a casa instante? No tiene ni la vitalidad ni la fuerza de un solo hombre, ya que un solo hombre puede plegarlo a su voluntad. Es una especie de fusil de madera para el pueblo mismo. Sin embargo, no es por ello menos necesario; el pueblo ha detener alguna que otra complicada maquinaria y o铆r su sonido para satisfacer as铆 su idea de gobierno. De este modo los gobiernos evidencian cu谩n f谩cilmente se puede instrumentalizar a los hombres, o pueden ellos instrumentalizar el gobierno en beneficio propio. Excelente, debemos reconocerlo. Tal es as铆 que este gobierno por s铆 mismo nunca promovi贸 empresa alguna y en cambio si mostr贸 cierta tendencia a extralimitarse en sus funciones. Esto no hace que el pa铆s sea libre. Esto no consolida el oeste. Esto no educa. El propio temperamento del pueblo americano es el que ha conquista- do sus logros hasta hoy, y hubiera conseguido muchos m谩s, si el gobierno no se hubiera interpuesto en su camino a menudo. Y es que el gobierno es un mero recurso por el cual los hombres intentan vivir en paz; y, como ya hemos dicho, es m谩s ventajoso el que menos interfiere en la vida de los gobernados (1). Si no fuera porque el comercio y los negocios parecen botar como la goma, nunca conseguir铆an saltar los obst谩culos que los legisladores les imponen continuamente, y, si tuvi茅ramos que juzgar a estos hombres 煤nicamente por las repercusiones de sus actos, y no por sus intenciones, merecer铆an que los castigaran y los trataran como a esos delincuentes que ponen obst谩culos en las v铆as del ferrocarril.

Pero, para hablar con sentido pr谩ctico y c贸mo ciudadano, a diferencia de los que se autodenominan contrarios a la idea de un gobierno, solicito, no que desaparezca el gobierno autom谩tica- mente, sino un mayor gobierno de inmediato. Dejemos que cada hombre manifieste qu茅 tipo de gobierno tendr铆a su confianza y 茅se ser铆a un primer paso en su consecuci贸n.

Despu茅s de todo, la aut茅ntica raz贸n de que, cuando el poder est谩 en manos del pueblo, la mayor铆a acceda al gobierno y se mantenga en el por un largo periodo, no es porque posean la verdad ni porque la minor铆a lo considere m谩s justo, sino porque f铆sicamente son los m谩s fuertes. Pero un gobierno en el que la mayor铆a decida en todos los dem谩s no puede funcionar con justi- cia, al menos tal como entienden los hombres la justicia. 驴Acaso no puede existir un gobierno donde la mayor铆a no decida virtualmente lo que est谩 bien o mal, sino que sea la conciencia? 驴Donde la mayor铆a decida solo en aquellos temas en los que sea aplicable la norma de convivencia? 驴Debe el ciudadano someter su conciencia al legislador por un solo instante, aunque sea en la m铆nima medida? Entonces, 驴para qu茅 tiene cada hombre su conciencia? Yo creo que deber铆amos ser hombres primero y ciudadanos despu茅s. Lo deseable no es cultivar el respeto por la ley, sino por la justicia. La 煤nica obligaci贸n que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que crea justo. Se ha dicho y con raz贸n que una sociedad mercantil no tiene conciencia; pero una sociedad formada por hombres con conciencia es una sociedad con conciencia. La ley nunca hizo a los hombres m谩s justos y, debido al respeto que les infunde, incluso los bien- intencionados se convierten a diario en agentes de la injusticia. Una consecuencia natural y muy frecuente del respecto indebido a la ley es que uno puede ver una fila de soldados: coronel, capit谩n, cabo, soldados rasos, artilleros, todos marchando con un orden admirable por colinas y valles hacia el frente en contra de su voluntad, 隆s铆! contra su conciencia y su sentido com煤n, lo que hace que la marcha sea dura y se les sobrecoja el coraz贸n. No dudan en que est谩n involucrados en una empresa condenable; todos ellos son partidarios de la paz. Entonces, 驴qu茅 son: hombres o, por el contrario, peque帽os fuertes y polvorines m贸viles al servicio de cualquier mando militar sin escr煤pulos? Visitad un arsenal y contemplad a un infante de marina: eso es lo que pue- de hacer de un hombre el gobierno americano, o lo que podr铆a hacer un hechicero: una mera sombra y remedo de humanidad; en apariencia es un hombre vivo y erguido pero, sin embargo, mejor dir铆amos que est谩 enterrado bajo las armas con honores funerarios, aunque bien pudiera ser:

No se o铆an tambores ni himnos funerarios

Cuando llevamos su cad谩ver r谩pidamente al baluarte;

ning煤n soldado dispar贸 salvas de despedida

sobre la tumba en que enterramos a nuestro h茅roe.

De este modo la masa sirve al Estado no como hombres sino b谩sicamente como m谩quinas, con sus cuerpos. Ellos forman el ej茅rcito constituido y la milicia, los carceleros, la polic铆a, los ayudantes del sheriff, etc. En la mayor铆a de los casos no ejercitan con libertad la cr铆tica ni el sentido moral sino que se igualan a la madera y a la tierra y a las piedras, e incluso se podr铆an fabricar hombres de madera que hicieran el mismo servicio. Tales individuos no infunden m谩s respeto que los hombres de paja o los terrones de arcilla. No tienen m谩s valor que caballos o perros, y sin embargo se les considera, en general, buenos ciudadanos. Otros, como muchos legisladores, pol铆ticos, abogados, ministros y funcionarios, sirven al estado fundamentalmente con sus cabezas, y c贸mo casi nunca hacen distinciones morales, son capaces de servir tanto al diablo, sin pretenderlo, como a Dios. Unos pocos, como los h茅roes, los patriotas, los m谩rtires en un sentido amplio y los hombres sirven al Estado adem谩s con sus conciencias y, por tanto, las m谩s de las veces se enfrentan a 茅l y, a menudo, se les trata como enemigos. Un hombre prudente s贸lo ser谩 煤til como hombre y no se someter谩 a ser “arcilla” y “tapar un agujero para detener el viento”, sino que dejar谩 esa tarea a otros.

Soy de estirpe demasiado elevada

para convertirme en un esclavo,

en un subalterno sometido a tutela.

en un servidor d贸cil, en un instrumento

de cualquier Estado soberano del mundo.

Al que se entrega por entero a los dem谩s se le toma por un in煤til y un ego铆sta, pero al que se entrega solamente en parte se le considera un benefactor y un fil谩ntropo.

驴C贸mo corresponde actuar a un hombre ante este gobierno americano hoy? Yo respondo que no nos podemos asociar con 茅l y mantener nuestra propia dignidad. No puedo reconocer ni por un instante que esa organizaci贸n pol铆tica sea mi gobierno y al mismo tiempo el gobierno de los esclavos.

Todos los hombres reconocen el derecho a la revoluci贸n, es decir, el derecho a negar su lealtad y oponerse al gobierno cuan- do su tiran铆a o su ineficacia sean desmesurados e insoportables. Pero la mayor铆a afirma que ese no es el caso actual, aunque si fue el caso, dicen, en la revoluci贸n de 1775. Si alguien me dije- ra que ese fue un mal gobierno porque grav贸 ciertos art铆culos extranjeros llegados a sus puertos, lo m谩s probable es que ni me inmutara porque puedo pasar sin ellos. Toda m谩quina experimenta sus propios roces, pero es posible que se trate de un mal menor y contrarreste otros males. En ese caso ser铆a un gran error mover un dedo por evitarlo. Pero cuando resulta que la fricci贸n se convierte en su propio fin, y la opresi贸n y el robo est谩n organizados, yo digo: 鈥渉agamos desaparecer esa m谩quina鈥. En otras palabras, cuando una sexta parte de la poblaci贸n de un pa铆s que se ha comprometido a ser refugio de la libertad, est谩 esclavizada, y toda una naci贸n es agredida y conquistada injustamente por un ej茅rcito extranjero y sometida a la ley marcial, creo que ha llegado el momento de que los hombres honrados se rebelen y se subleven. Y este deber es tanto m谩s urgente, por cuanto que el pa铆s as铆 ultrajado no es el nuestro, sino que el nuestro es el invasor.

Paley, autoridad reconocida en temas morales, en un cap铆tulo sobre 鈥淒eber de sumisi贸n al gobierno civil鈥, reduce toda obligaci贸n civil al grado de conveniencia, y contin煤a: 鈥渕ientras el inter茅s de la sociedad entera lo requiera, es decir, mientras la instituci贸n del gobierno no se pueda cambiar o rechazar sin inconvenientes pol铆ticos, es voluntad de Dios que se obedezca a este gobierno, pero no m谩s all谩…. Admitido este principio, la justicia de cada caso particular de rebeli贸n se reduce a calcular por un lado la proporci贸n del peligro y del da帽o; y por el otro la posibilidad y coste de corregirlo鈥. A continuaci贸n nos dice que cada hombre debe juzgar por si mismo. Pero nos parece que Paley no ha contemplado casos en los que la regla de conveniencia no se apli- ca; es decir cu谩ndo un pueblo o un solo individuo deben hacer justicia a cualquier precio. Si le he quitado injustamente la tabla al hombre que se ahoga, debo devolv茅rsela aunque me ahoge yo. Esto, seg煤n Paley ser铆a inconveniente. Aquel que salve su vida, en este caso, la perder谩. Este pueblo debe dejar de tener esclavos y de luchar contra M茅xico aunque le cueste la existencia como tal pueblo.

Por experiencia propia, muchas naciones est谩n de acuerdo con Paley, pero 驴acaso alguien cree que Massachusetts est谩 haciendo lo correcto en la crisis actual?

Un estado prostituido: una mujerzuela a cuyo traje plateado se le lleva la cola, pero cuya alma se arrastra por el polvo Descendiendo a lo concreto: los que se oponen a una reforma en Massachusetts no son cien mil pol铆ticos del sur sino cien mil comerciantes y granjeros de aqu铆, que est谩n m谩s interesados en el comercio y la agricultura que en el g茅nero humano y no est谩n de acuerdo en hacer justicia ni a los esclavos ni a M茅xico, costase lo que costase. Yo no me enfrento con enemigos lejanos sino con los que cerca de casa cooperan con ellos y les apoyan, y sin los cuales estos 煤ltimos son inofensivos. Estamos acostumbrados a decir que las masas no est谩n preparadas, pero el progreso es lento porque la minor铆a no es mejor y m谩s prudente que la mayor铆a. Lo m谩s importante no es que una mayor铆a sea tan buena como t煤, sino que exista una cierta bondad absoluta en alg煤n sitio para que fermente a toda la masa. Miles de personas est谩n, en teor铆a, en contra de la esclavitud y la guerra, pero de hecho no hacen nada para acabar con ellas; miles que se consideran hijos de Washington y Francia, se sientan con las manos en los bolsillos y dicen que no saben qu茅 hacer, y no hacen nada; miles incluso que posponen la cuesti贸n de la libertad a la cuesti贸n del mercado libre y leen en silencio las listas de precios y las noticias del frente de M茅xico tras la cena, e incluso caen dormidos sobre ambos. 驴Cu谩l es el valor de un hombre honrado y de un patriota hoy? Dudan y se lamentan y a veces redactan escritos, pero no hacen nada serio y eficaz. Esperan con la mejor disposici贸n a que otros remeden el mal, para poder dejar de lamentarse. Como mucho, depositan un simple voto y hacen un leve signo de aprobaci贸n y una aclamaci贸n a la justicia al pasar por su lado. Por cada hombre virtuoso, hay novecientos noventa y nueve que alardean de serlo, y es m谩s f谩cil tratar con el aut茅ntico poseedor de una cosa que con los que pretenden tenerla.

Las votaciones son una especie de juego, como las damas o el backgammon que incluyesen un suave tinte moral; un jugar con lo justo y lo injusto, con cuestiones morales; y desde luego incluye apuestas. No se apuesta sobre el car谩cter de los votantes. Quiz谩s deposito el voto que creo m谩s adecuado, pero no estoy realmente convencido de que eso deba prevalecer. Estoy dispuesto a dejarlo en manos de la mayor铆a. Su obligaci贸n, por tanto, nunca excede el nivel de lo conveniente. Incluso votar por lo justo es no hacer nada por ello. Es tan s贸lo expresar d茅bilmente el deseo de que la justicia debiera prevalecer. Un hombre prudente no dejar谩 lo justo a merced del azar, ni desear谩 que prevalezca frente al poder de la mayor铆a. Cuando la mayor铆a vote al fin por la abolici贸n de la esclavitud, ser谩 porque les es indiferente la esclavitud o porque sea tan escasa que no merezca la pena mantenerla. Para entonces ellos ser谩n los 煤nicos esclavos. S贸lo puede acelerar la abolici贸n de la esclavitud el voto de aquel que afianza su propia voluntad con ese voto.

He oido decir que se va a celebrar una Convenci贸n en Baltimore o en alg煤n otro sitio, para la elecci贸n del candidato a la presidencia y que est谩 formada fundamentalmente por directores de peri贸dicos y pol铆ticos profesionales, y yo me pregunto: 驴Qu茅 puede importarle al hombre independiente, inteligente y respetable la decisi贸n que tomen? 驴Es que no podemos contar con la ventaja de la prudencia y la honradez de este 煤ltimo? 驴No podemos esperar que haya votos independientes? 驴Acaso no son numeros铆simos los hombres que no asisten a convenciones en este pa铆s? Pero no: yo creo que el hombre respetable como tal se ha escabullido de su puesto y desespera de su pa铆s, cuando es su pa铆s el que tiene m谩s razones para desesperar de 茅l. Inmediatamente acepta a uno de los candidatos elegidos de ese modo, como el 煤nico disponible demostrando que es el quien est谩 disponible para cualquier prop贸sito del demagogo. Su voto no tiene m谩s valor que el de cualquier extranjero sin principios o el de cualquier empleadillo nativo que pueden estar comprados. 隆Loado sea el hombre aut茅ntico que como dice mi vecino, tiene un hueso en la espalda que no le permite doblegarse! Nuestras estad铆sticas son falsas, la poblaci贸n est谩 inflada. 驴Cu谩ntos hombres hay en este pa铆s por cada 250.000 hect谩reas? Apenas uno. 驴No ofrece Am茅rica ning煤n atractivo para que los hombres se asienten aqu铆? El americano ha degenerado en un 鈥淥dd Fellow鈥, un ser que se reconoce por el desarrollo de su sentido gregario y la ausencia manifiesta de inteligencia y una alegre confianza en si mismo, cuyo primer y b谩sico inter茅s en el mundo es ver que los asilos se conservan en buen estado y antes se ha puesto la vestimenta en toda regla y ha ido a recabar fondos para mantener a las viudas y hu茅rfanos que pueda haber; en fin, en alguien que se permite vivir s贸lo con la Compa帽铆a de Seguros Mutuos que se ha comprometido a enterrarlo decentemente. Por supuesto, no es un deber del hombre dedicarse a la erradicaci贸n del mal, por monstruoso que sea. Puede tener, como le es l铆cito, otros asuntos entre manos; pero si es su deber al menos, lavarse las manos de 茅l. Y si no se va a preocupar m谩s de 茅l, que, por lo menos, en la pr谩ctica, no le d茅 su apoyo. Si me entrego a otros fines y consideraciones, antes de dedicarme a ello debo, como m铆nimo, asegurarme de que no estoy pisando a otros hombres. Ante todo, debo permitir que tambi茅n los dem谩s puedan realizar sus prop贸sitos. 隆Fijaos que gran inconsistencia se tolera! He oido decir a conciudadanos m铆os: 鈥渕e gustar铆a que me ordenaran colaborar con la represi贸n de una rebeli贸n de es- clavos o marchar hacia M茅xico; ver铆amos si lo hago鈥; y en cambio esos mismos han facilitado un sustituto indirectamente con su propio dinero. Al soldado que se niega a luchar en una guerra injusta le aplauden aquellos que aceptan mantener al gobierno injusto que la libra: le aplauden aquellos cuyos actos y autoridad 茅l desprecia y desde帽a, como si el Estado fuera un penitente que contratase a uno para que se fustigase por sus pecados, pero que no considerase la posibilidad de pecar ni por un momento. As铆, con el pretexto del orden y del gobierno civil, se nos hace honrar y alabar nuestra propia vileza. Tras la primera verg眉enza por pecar surge la indiferencia y lo inmoral se convierte, como si dij茅ramos, en amoral y no del todo innecesario en la vida que nos hemos forjado.

El mayor error y el mas extendido exige la virtud m谩s desinteresada. El ligero reproche al que es susceptible muy a menudo la virtud de un patriota, es aquel en el que incurren f谩cilmente los hombres honrados. los que, sin estar de acuerdo con la naturaleza y las medidas de un gobierno, le entregan su lealtad y su apoyo son, sin duda, sus seguidores m谩s conscientes y por tanto suelen ser el mayor obst谩culo para su reforma. Algunos est谩n interpelando al Estado de Massachusetts para que disuelva la Uni贸n y olvide los requerimientos del Presidente. 驴Por qu茅 no la disuelven por su cuenta (la uni贸n entre ellos mismos y el estado) y se niegan a pagar impuestos al tesoro? 驴No est谩n en la misma situaci贸n con respecto al Estado que el Estado con respecto a la Uni贸n? 驴Acaso las razones que han evitado que el Estado se enfrentara con la Uni贸n no han sido las mismas que han evitado que ellos mismos se enfrenten con el Estado?

驴C贸mo puede estar satisfecho un hombre por el mero hecho de tener una opini贸n y quedarse tranquilo con ella? 驴Puede haber alguna tranquilidad en ello, si lo que opina es que est谩 ofendido? Si tu vecino te estafa un solo d贸lar no quedas satisfecho con saber que te han estafado o diciendo que te han estafado, ni siquiera exigi茅ndole que te pague lo tuyo, sino que inmediatamente tomas medidas concretas para recuperarlo y te aseguras de que no vuelva a estafarte. La acci贸n que surge de los principios, de la percepci贸n y la realizaci贸n de lo justo, cambia las cosas y las relaciones, es esencialmente revolucionaria y no est谩 del todo de acuerdo con el pasado. No s贸lo divide Estados e iglesias, divide familias e incluso divide al individuo separando en 茅l lo diab贸lico de lo divino.

Hay leyes injustas. 驴Nos contentaremos con obedecerlas o intentaremos corregirlas y las obedeceremos hasta conseguirlo? 驴O las transgrediremos desde ahora mismo? Bajo un gobierno como este nuestro, muchos creen que deben esperar hasta convencer a la mayor铆a de la necesidad de alterarlo. Creen que si opusieran resistencia el remedio ser铆a peor que la enfermedad. pero eso es culpa del propio gobierno. 驴Por qu茅 no est谩 atento para preveer y procurar reformas? 驴Por qu茅 no se aprecia el valor de esa minor铆a prudente? 驴Por qu茅 no anima a sus ciudadanos a estar alerta y a se帽alar sus errores para mejorar en su acci贸n? 驴Por qu茅 tenemos siempre que crucificar a Cristo y a excomulgar a Cop茅rnico y Lutero y luego declarar rebeldes a Washington y Franklin?

Se pensar谩 que una negaci贸n deliberada y pr谩ctica de su autoridad es la 煤nica ofensa que el gobierno no contempla; si no 驴por qu茅 no ha se帽alado el castigo definitivo, adecuado y proporcionado? Si un hombre sin recursos se niega una sola vez a pagar nueve monedas al estado, se le encarcela (sin que ninguna ley de que yo tenga noticia lo limite) por un periodo indeterminado que se fija seg煤n el arbitrio de quienes lo metieron all铆; pero si hubiera robado noventa veces nueve monedas al Estado, en seguida se le dejar铆a en libertad.

Si la injusticia forma parte de la necesaria fricci贸n de la maquinaria del gobierno, dejadla as铆. Quiz谩s desaparezca con el tiempo, lo que si es cierto es que la maquinaria acabar谩 por romperse. Si la injusticia tiene un muelle o una polea o una cuerda o una manivela exclusivamente para ella, entonces tal vez deb谩is considerar si el remedio no ser谩 peor que la enfermedad; pero si es de tal naturaleza que os obliga a ser agentes de la justicia, entonces os digo, quebrantad la ley. Que nuestra vida sea un freno que detenga la m谩quina. Lo que tengo que hacer es asegurarme de que no me presto a hacer el da帽o que yo mismo condeno.

En cuanto a adoptar los medios que el estado aporta para remediar el mal, yo no conozco tales medios. Requieren demasiado tiempo y se invertir铆a toda la vida. Tengo otros asuntos que atender. No vine al mundo para hacer de 茅l un buen lugar para vivir, sino a vivir en 茅l, sea bueno o malo. Un hombre no tiene que hacerlo todo, sino algo, y debido a que no puede hacerlo todo, no es necesario que haga algo mal. No es asunto m铆o interpelar al gobierno o a la Asamblea Legislativa, como tampoco el de ellos interpelarme a m铆, y si no quieren escuchar mis s煤plicas, 驴qu茅 debo hacer yo? Para esta situaci贸n el estado no ha previsto ninguna salida, su Constituci贸n es la culpable. Esto puede parecer duro y obstinado e intransigente, pero a quien se ha de tratar con mayor consideraci贸n y amabilidad es 煤nicamente al esp铆ritu que lo aprecie o lo merezca. Sucede pues que todo cambio es para mejor como el nacer y el morir que producen cambios en nuestro cuerpo.

No vacilo en decir que aquellos que se autodenominan abolicionistas deber铆an inmediatamente retirar su apoyo personal y econ贸mico al gobierno de Massachussets, y no esperar a constituir una mayor铆a, antes que tolerar que la injusticia opere sobre ellos. Yo creo que es suficiente con que tengan a Dios de su parte, sin esperar a m谩s. Un hombre con m谩s raz贸n que sus conciudadanos ya constituye una mayor铆a de uno. Tan s贸lo una vez al a帽o me enfrento directamente cara a cara con este gobierno americano o su representante, el gobierno del Estado en la persona del recaudador de impuestos. Es la 煤nica situaci贸n en que un hombre de mi posici贸n inevitablemente se encuentra con 茅l, y el entonces dice claramente: 鈥淩econ贸ceme鈥. Y el modo m谩s simple y efectivo y hasta el 煤nico posible de tratarlo en el actual estado de cosas, de expresar mi poca satisfacci贸n y mi poco amor por 茅l, es rechazarlo. Mi convecino civil, el recaudador de impuestos, es el 煤nico hombre con el que tengo que tratar, puesto que, despu茅s de todo, yo peleo con personas y no con papeles, y ha elegido voluntaria- mente ser un agente del gobierno. 驴C贸mo va a conocer su identidad y su cometido como funcionario del gobierno o como hombre, si no le obligan a decidir si ha de tratarme a m铆 que soy su vecino y a quien respeta, como a tal vecino y hombre honrado o como a un man铆aco que turba la paz? Despu茅s ver铆amos si puede saltarse ese sentimiento de buena vecindad sin recurrir a pensamientos y palabras m谩s duras e impetuosas de acuerdo con esa actuaci贸n. Estoy seguro de que si mil, si cien, si diez hombres que pudiese nombrar, si solamente diez hombres honrados, incluso un s贸lo hombre de este estado de Massachussets dejase en libertad a sus esclavos y rompiera su asociaci贸n con el gobierno nacional y fuera por ello encerrado en la c谩rcel del condado, eso significar铆a la abolici贸n de la esclavitud en Am茅rica. Lo que importa no es que el comienzo sea peque帽o: lo que se hace bien una vez, queda bien hecho para siempre. Pero nos gusta m谩s hablar de ello: decimos que esa es nuestra misi贸n. La reforma cuenta con docenas de peri贸dicos a su favor, pero ni con un s贸lo hombre. Si mi estimado vecino, el embajador del Estado, que va a dedicar su tiempo a solucionar la cuesti贸n de los derechos humanos en la C谩mara del Consejo, en vez de sentirse amenazado por las prisiones de Carolina, tuviera que ocuparse del prisionero de Massachussets, el prisionero de ese estado que se siente tan ansioso de cargar el pecado de la esclavitud sobre su hermano (aunque, por ahora, s贸lo se ha descubierto un acto de falta de hospitalidad para fundamentar su querella contra 茅l), la legislatura no desestimar铆a el tema por completo el invierno que viene.

Bajo un gobierno que encarcela a alguien injustamente, el lugar que debe ocupar el justo es tambi茅n la prisi贸n. Hoy, el lugar adecuado, el 煤nico que Massachussets ofrece a sus esp铆ritus m谩s libres y menos sumisos, son sus prisiones; se les encarcela y se les aparta del Estado por acci贸n de este, del mismo modo que ellos hab铆an hecho ya por sus principios. Ah铆 es donde el esclavo negro fugitivo y el prisionero mejicano, en libertad condicional y el indio que viene a interceder por los da帽os infringidos a su raza deber铆an encontrarnos: en ese lugar separado, pero m谩s libre y honorable, donde el Estado sit煤a a los que no est谩n con 茅l sino contra 茅l: 茅sta es la 煤nica casa, en un Estado de esclavos, donde el hombre libre puede permanecer con honor. Si alguien piensa que su influencia se perder铆a all铆, que sus voces dejar谩n de afligir el oido del Estado, y que no ser铆an un enemigo dentro de sus murallas, no saben cuanto m谩s fuerte es la verdad que el error, cuanto m谩s elocuente y eficiente puede ser combatir la injusticia cuando se ha sufrido en su propia carne. Deposita todo su voto, no s贸lo una papeleta, sino toda tu influencia. Una minor铆a no tiene ning煤n poder mientras se aviene a la voluntad de la mayor铆a: en ese caso ni siquiera es una minor铆a. Pero cuando se opone con todas sus fuerzas es imparable. Si las alternativas son encerrar a los justos en prisi贸n o renunciar a la guerra y la esclavitud, el Estado no dudar谩 cu谩l elegir. Si mil a帽os dejaran de pagar los impuestos este a帽o, tal medida no ser铆a ni violenta ni cruel, mientras que si los pagan, se capacita al Estado para cometer actos de violencia y derramar la sangre de los inocentes. Esta es la definici贸n de una revoluci贸n pac铆fica, si tal es posible. Si el recaudador de impuestos o cualquier otro funcionario p煤blico me preguntara -como as铆 ha sucedido- 鈥減ero, 驴qu茅 debo hacer?鈥, mi respuesta ser铆a: 鈥淪i de verdad deseas colaborar, renuncia al cargo鈥. Una vez que el s煤bdito ha retirado su lealtad y el funcionario ha renunciado a su cargo, la revoluci贸n est谩 con- seguida incluso aunque haya derramamiento de sangre. 驴Acaso no hay un tipo de derramamiento de sangre cuando se hiere la conciencia? Por esta herida se vierten la aut茅ntica humanidad e inmortalidad del hombre y su hegemon铆a le ocasiona una muerte interminable. Ya veo correr esos r铆os de sangre.

Me he referido al encarcelamiento del objetor y no a la incautaci贸n de sus bienes, aunque ambos cumplen sus mismos fines, porque aquellos que afirman la justicia m谩s limpia y, por tanto, los m谩s peligrosos para un Estado corrompido, no suelen haber dedicado mucho tiempo a acumular riquezas. A estos ta- les el Estado les presta un servicio relativamente peque帽o, y el m铆nimo impuesto suele parecerles exagerado en especial si se ven obligados a ganarlo con el sudor de su frente. Si hubiera alguien que viviera sin hacer uso del dinero en absoluto, el Estado mismo dudar铆a en reclam谩rselo. Pero los ricos (y no se trata de comparaciones odiosas) est谩n siempre vendidos a la instituci贸n que les hace ricos. Hablando en t茅rminos absolutos, a mayor riqueza, menos virtud; porque el dinero vincula al hombre con sus bienes y le permite conseguirlos y, desde luego, la obtenci贸n de ese dinero en si mismo no constituye ninguna gran virtud. El dinero acalla muchas preguntas que de otra manera tendr铆a que contestar, mientras que la 煤nica nueva que se le plantea es la dif铆cil pero sup茅rflua de c贸mo gastarlo. De ese modo, sus principios morales se derrumban a sus pies. Las oportunidades de una vida plena disminuyen en la misma proporci贸n en que se incrementan lo que se ha dado en llamar los 鈥渕edios de fortuna鈥. Lo mejor que el rico puede hacer en favor de su cultura es procurar llevar a cabo aquellos planes en que pensaba cuando era pobre. Cristo respondi贸 a los fariseos en una situaci贸n semejante: 鈥淢ostradme la moneda del tributo鈥, dijo, y sac贸 un c茅ntimo del bolsillo. Si us谩is moneda que lleva la efigie del Cesar y 茅l la ha valorado y ha hecho circular, y si sois ciudadanos del Estado y disfrut谩is con agrado de las ventajas del gobierno del Cesar, entonces devolvedle algo de lo suyo cuando os lo reclame: 鈥楧ad al C茅sar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios鈥.Y se quedaron como estaban sin saber qu茅 era de qui茅n, porque no quer铆an saberlo.

Cuando hablo con el m谩s independiente de mis conciudadanos, me doy cuenta de que diga lo que diga acerca de la magnitud y seriedad del problema, y su inter茅s por la tranquilidad p煤blica, en 煤ltima instancia no puede prescindir del gobierno actual y teme las consecuencias que la desobediencia pudiera acarrear a sus bienes y a su familia. Por mi parte no me gustar铆a pensar que alg煤n d铆a voy a depender de la protecci贸n del Estado. Si rechazo la autoridad del Estado cuando me presenta la factura de los impuestos pronto se apoderara de lo m铆o y gastar谩 mis bienes y nos hostigar谩 interminablemente a m铆 y a mis hijos. Esto es duro. Esto hace que al hombre le sea imposible vivir con honradez y al mismo tiempo con comodidad en la vida material. No merece la pena acumular bienes: con toda seguridad se los volver谩n a llevar; es mejor emplearse o establecerse en alguna granja y cultivar una peque帽a cosecha y consumirla cuanto antes. Se debe vivir independientemente sin depender m谩s que de uno mismo, siempre dispuesto y preparado para volver a empezar y sin implicarse en muchos negocios. Un hombre puede enriquecerse hasta en Turqu铆a si se comporta en todos los aspectos como un buen s煤bdito del gobierno turco. Dec铆a Confuncio: 鈥淪i un Estado se gobierna siguiendo los dictados de la raz贸n, la miseria y la pobreza provocar谩n la verg眉enza: si un Estado no se gobierna siguiendo la raz贸n, las riquezas y los honores provocan verg眉enza鈥. No: mientras no necesite que Massachussets me socorra en alg煤n lejano puerto del Sur, donde mi libertad se halle en peligro, o mientras me dedique 煤nicamente a adquirir una granja por medios pac铆ficos en mi propio pa铆s, podr茅 permitirme el lujo de negarle lealtad a Massachussets y su derecho sobre mi vida y sobre mis bienes. Adem谩s, me cuesta menos trabajo desobedecer al Estado, que obedecerle. Si hiciera esto 煤ltimo, me sentir铆a menos digno.

Hace algunos a帽os, el Estado me inst贸 en nombre de la Iglesia a que pagara cierta suma para sostener al cl茅rigo a cuyos oficios sol铆a asistir mi padre, aunque no yo. 鈥淧aga鈥 -se me dijo- 鈥渙 ser谩s encarcelado鈥. Me negu茅 a pagar pero lamentablemente otro decidi贸 hacer el pago por mi. No ve铆a por qu茅 el maestro ten铆a que contribuir con sus impuestos al sustento del cl茅rigo y no el cl茅rigo al del maestro; dado que adem谩s yo no era maestro del Estado y me manten铆a gracias a una suscripci贸n popular. No ve铆a por qu茅 la escuela carec铆a del derecho a recibir impuestos del Estado, mientras que la iglesia si lo ten铆a. De todos modos, ante el requerimiento de los concejales, me avine a redactar una declaraci贸n en los siguientes t茅rminos: 鈥淪epan todos por la presente que yo, Henry Thoreau, no deseo ser considerado miembro de ninguna sociedad legalmente constituida en la que no me haya inscrito personalmente鈥. La entregu茅 al alguacil y 茅l la tiene. El Estado sabiendo de este modo que yo no deseaba ser considerado miembro de la iglesia, no ha vuelto a reclamarme aquel impuesto, aunque mantuvo su exigencia inicial por aquella sola vez. Si hubierra sabido entonces c贸mo denominarlas me habr铆a borrado una por una de todas las sociedades de las que jam谩s me hice miembro, pero no sab铆a donde conseguir una lista completa.

No he pagado 鈥渓os impuestos sobre los votantes鈥 desde hace seis a帽os. Por ello me encarcelaron una vez, durante una noche, y mientras contemplaba los muros de piedra s贸lida de 60 u 80 cent铆metros de espesor, la puerta de hierro y de madera de treinta cent铆metros de grosor y la reja de hierro que filtraba la luz, no pude por menos que sentirme impresionado por la estupidez de aquella instituci贸n que me trataba como si fuera mera carne, sangre y huesos que encerrar. Me admiraba que alguien pudiera concluir que ese era el mejor uso que se pod铆a hacer de mi, y no hubieran pensado que si un muro de piedra me separaba de mis conciudadanos, a煤n habr铆a otro m谩s dif铆cil de rebasar o perforar para que ellos consiguieran ser tan libre como yo. No me sent铆 confinado ni un solo instante, y los muros se me antojaban enormes derroches de piedra y cemento. Me sent铆a como si yo hubiera sido el 煤nico ciudadano que hab铆a pagado mis impuestos. Sencillamente no sab铆an como tratarme y se comportaban como personas inadecuadas. Lo mismo cuando alababan que cuando amenazaban comet铆an una estupidez, ya que pensaban que mi deseo era saltar al otro lado del muro. No pod铆a hacer otra cosa que sonre铆r al vez con qu茅 esfuerzo me cerraban la puerta, mientras mis pensamientos les segu铆an fuera de all铆 sin obst谩culo ni impedimento, cuando eran ellos los 煤nicos peligrosos. Como no pod铆an llegar a mi alma, hab铆an decidido castigar mi cuerpo como hacen los ni帽os que, cuando no pueden alcanzar a la persona que les fastidia, maltratan a su perro. Yo ve铆a al Estado como a un necio, como a una mujer solitaria que temiese por sus cubiertos de plata y que no supiese distinguir a sus amigos de sus enemigos. Perd铆 todo el respeto que aun le ten铆a y me compadec铆 de 茅l.

El Estado nunca se enfrenta voluntariamente con la conciencia intelectual o moral de un hombre sino con su cuerpo, con sus sentidos. No se arma de honradez o de inteligencia sino que recurre a la simple fuerza f铆sica. Yo no he nacido para ser violentado. Seguir茅 mi propio camino. Veremos qui茅n es el m谩s fuerte. 驴Qu茅 fuerza tiene la multitud? S贸lo pueden obligarme aquellos que obedecen a una ley superior a la m铆a. Me obligan a ser como ellos. Yo no oigo que a los hombres les obliguen a vivir de tal o cual manera las masas, 驴Qu茅 vida ser铆a esa? Cuando veo que un gobierno me dice: 鈥淟a bolsa o la vida鈥, 驴por qu茅 voy a apresurarme a darle mi dinero? Puede que se halle en grandes aprietos y no sepa qu茅 hacer: yo no puedo hacer nada por 茅l: Debe salvarse a s铆 mismo, como hago yo. No merece la pena lloriquear. Yo no soy el responsable del buen funcionamiento de la m谩quina de la sociedad. Yo no soy el hijo del maquinista. Observo que cuando una bellota y una casta帽a caen al lado, una no permanece inerte para dejar espacio a la otra, sino que ambas obedecen sus propias leyes y brotan y crecen y florecen lo mejor que pueden, hasta que una acaso ensombrece y destruye a la otra. Si una planta no puede vivir de acuerdo con su naturaleza muere, y lo mismo le ocurre al hombre.

La noche en prisi贸n fue una novedad interesante. Cuando entr茅, los presos en mangas de camisa disfrutaban charlando y tomando el fresco de la tarde en la puerta. Pero el carcelero dijo: 鈥溌amos, muchachos, es hora de cerrar!鈥, y todos se dispersaron y oi el sonido de sus pasos volviendo a sus oscuros aposentos. El carcelero me present贸 a mi compa帽ero de celda como un 鈥渋ndividuo inteligente y de buena naturaleza鈥. Cuando cerraron la puerta me ense帽贸 donde pod铆a colgar el sombrero y como se las arreglaba uno all铆 dentro. Blanqueaban las celdas una vez al m茅s y 茅sta, si no las dem谩s, era la habitaci贸n m谩s blanca, m谩s sencillamente amueblada y probablemente m谩s limpia de toda la ciudad. Mi compa帽ero se interes贸 inmediatamente por m铆: quer铆a saber de d贸nde era y qu茅 me hab铆a tra铆do aqu铆, y cuando se lo dije le pregunt茅 a su vez c贸mo hab铆a venido 茅l, dando por supuesto que se trataba de un hombre honrado, y tal como est谩 el mundo, creo que lo era. 鈥淧ues鈥 -dijo- 鈥渕e acusan de incendiar un granero, pero no lo hice鈥. Seg煤n pude averiguar, probablemente hab铆a ido a dormir la borrachera a un granero y al fumar all铆 su pipa, el granero se incendi贸. Ten铆a fama de hombre listo, llevaba tres meses esperando el juicio y tendr铆a que esperar otro tanto a煤n; pero se hab铆a adaptado y aceptaba su situaci贸n puesto que le manten铆an gratis y le trataban bien.

El ocupaba una ventana y yo la otra, y me di cuenta de que si uno permanec铆a all铆 mucho tiempo su quehacer principal consist铆a en mirar por la ventana. Muy pronto hab铆a le铆do todos los panfletos que hab铆an ido dejando all铆 y examinando por donde se hab铆an escapado otros presos y d贸nde hab铆an aserrado una reja y tambi茅n conoc铆 an茅cdotas de varios ocupantes de aquella celda. Descubr铆 que incluso hab铆a una historia y unos chismes que jam谩s sal铆an de los muros de la prisi贸n. Probablemente sea 茅sta la 煤nica casa en la ciudad donde se componen versos que luego se copian aunque no lleguen a publicarse. Me ense帽aron una larga lista de versos compuestos por ambos j贸venes a los que hab铆an descubierto en plena huida, y los cantaban para vengarse.

Le saqu茅 a mi compa帽ero de celda toda la informaci贸n que pude temiendo no poder volver a verlo nunca m谩s, pero finalmente me indic贸 cu谩l era mi cama y se alej贸 para apagar la l谩mpara. Pernoctar all铆 esa noche fue como volar a un pa铆s que nunca hubiera imaginado conocer. Me parec铆a que nunca antes hab铆a oido las campanadas del reloj del Ayuntamiento, ni los ruidos de la noche en la ciudad y es que dorm铆amos con las ventanas abiertas por dentro de la reja. Era como contemplar mi ciudad natal a la luz de la Edad Media y nuestro Concord convertido en el Rin, con visiones de caballeros y castillos desfilando ante m铆. Eran las voces de mis vecinos en las calles lo que yo o铆a. Me convert铆 en un espectador y oyente voluntario de lo que sucede en la cocina de la posada contigua, una experiencia totalmente nueva y extra帽a para mi. Me proporcion贸 un conocimiento de primera mano de mi ciudad natal. Estaba absolutamente dentro de ella. Nunca hasta entonces hab铆a visto sus intituciones. Esta es una de sus instituciones m谩s peculiares, pues se trata de una cabeza de partido. Empezaba a comprender de verdad a sus habitantes.

Por la ma帽ana me pasaron el desayuno por una abertura en la puerta en peque帽as latas ovaladas hechas a la medida que conten铆an medio litro de chocolate con pan moreno y una cuchara de hierro. Cuando volvieron para recoger los cacharros ca铆 en la novatada de devolver el pan que me hab铆a sobrado, pero mi compa帽ero lo agarr贸 y me dijo que deb铆a guardarlo para la comida o la cena. Enseguida le dejaron salir para acudir a su trabajo de recogida de heno en un campo cercano al que iba cada d铆a y del que no volv铆a hasta mediod铆a, por tanto se despidi贸 diciendo que no sab铆a si nos volver铆amos a ver.

Cuando sal铆 de la prisi贸n (pues alguien intervino en mis asuntos y pag贸 el impuesto) no observ茅 que se hubieran producido grandes cambios en la gente, como le hubiese sucedido al que marchase de joven y volviese hecho un viejo tembloroso y lleno de canas. Sin embargo si apreci茅 un cierto cambio en la escena: en la ciudad, en el Estado y en el pa铆s; un cambio mayor que el debido al mero paso del tiempo. El Estado en el que viv铆a se me presentaba con mayor nitidez. Vi hasta que punto pod铆a confiar como vecinos o amigos en la gente con la que viv铆a, que su amistad era de poco fiar, que no se propon铆an hacer el bien. Eran de una raza distinta a la m铆a por sus principios y supersticiones, como los chinos y los malayos que, en sus sacrificios a la humanidad, no corren riesgo alguno y tampoco sus bienes. Despu茅s de todo, no eran tan nobles y trataban al ladr贸n como les hab铆a tratado a ellos; y esperaban salvar sus almas mediante la observancia de ciertas costumbres y unas cuantas oraciones y caminando de vez en cuando por senderos rectos pero in煤tiles. Puede que esta cr铆tica a mis vecinos parezca severa, puesto que muchos de ellos no saben que existe una instituci贸n como la c谩rcel en la ciudad.

Antes era costumbre en nuestra ciudad que, cuando un deudor pobre sal铆a de la c谩rcel, sus conocidos le saludaran mirando a trav茅s de los dedos cruzados, para representar las rejas de la c谩rcel: 鈥溌縌u茅 tal?鈥. Mis vecinos no hicieron eso sino que primero me miraron a m铆 y luego se miraron unos a otros, c贸mo si hubiera vuelto de un largo viaje. Me prendieron cuando iba al zapatero a recoger un zapato que me hab铆an arreglado. Cuando me soltaron, a la ma帽ana siguiente, proced铆 a finalizar mi recado y tras ponerme el zapato arreglado, me un铆 al grupo que iban a recoger bayas y que me esperaban para que les hiciera de gu铆a, y en media hora (pues aparej茅 el caballo con rapidez) estaba en medio del campo de bayas, en una de nuestras colinas m谩s latas, a 3 km de distancia, y all铆 no se ve铆a al Estado por ning煤n sitio. Esta es la historia completa de 鈥淢is prisiones鈥.

Nunca me he negado a pagar el impuesto de carreteras porque tan deseoso estoy de ser un buen vecino como de ser un mal s煤bdito; y respecto del mantenimiento de las escuelas, estoy contribuyendo ahora a la educaci贸n de mis compatriotas. No me niego a pagar los impuestos por ninguna raz贸n en concreto; simplemente deseo negarle mi lealtad al Estado, retirarme y mantenerme al margen. Aunque pudiera saberlo, no me importar铆a conocer el destino de mi dinero, hasta que se comprara con 茅l a un hombre o a un mosquet贸n para matar -el dinero es inocente- pero me interesar铆a conocer las consecuencias que tendr铆a mi lealtad. A mi modo, en silencio, declaro la guerra al Estado, aunque todav铆a har茅 todo el uso de 茅l y le sacar茅 todo el provecho que puedo, como suele hacerse en otros casos.

Si otros, por simpat铆a con el Estado, pagan los impuestos que yo me niego a pagar, est谩n haciendo lo que antes hicieron por si mismos, o por mejor decir, est谩n llevando la injusticia m谩s all谩 todav铆a de lo que exige el Estado. Si los pagan por un equivocado inter茅s en la persona afectada, para preservar sus bienes o evitar que vaya a la c谩rcel, es porque no han considerado con sensatez hasta qu茅 punto sus sentimientos personales interfieren con el bien p煤blico.

Esta, pues, es mi postura en estos momentos. Pero en tales casos hay que estar muy en guardia para evitar actuar llevado por la obstinaci贸n o por un indebido respeto por la opini贸n del pr贸jimo. Lo que hay que comprender es que actuando as铆 se est谩 haciendo lo que uno debe y lo que corresponde a ese momento.

A veces pienso que estas gentes tienen buenas intenciones pero son ignorantes; ser铆an mejores si entendieran todo esto. 驴Por qu茅 obligar a tu vecino al esfuerzo de tratarte en contra de sus propias inclinaciones? Sin embargo, yo creo que 茅sta no es raz贸n suficiente para que yo les imite o para que permita que otros sufran calamidades mucho mayores. A veces me digo a mi mismo, cuando muchos millones de hombres sin odio, sin mala voluntad, sin sentimientos personales de ning煤n tipo, os piden unas pocas monedas y no existe la posibilidad -seg煤n su propia constituci贸n- de retirar o de alterar tal demanda, ni la posibilidad por tu parte de ayudar a otros millones, 驴por qu茅 te tendr铆as que exponer a esta aplastante fuerza bruta? T煤 no te resistes con esa obstinaci贸n al fr铆o y al hambre, al viento y a las olas, sino que te sometes resignadamente a esas y a otras muchas penalidades similares. No metes la cabeza en el fuego innecesariamente. pero exactamente en la misma proporci贸n en que considero que esta no es completamente una fuerza bruta, sino que es en parte una fuerza humana, y creo que tengo relaciones con esos millones, que son relaciones con millones de hombres, y no con simples animales o cosas animadas, veo que la apelaci贸n es posible, en primer lugar, y de modo inmediato, de ellos hacia su Creador; y en segundo lugar de ellos hacia si mismos. Pero si deliberadamente meto la cabeza en el fuego, no hay apelaci贸n posible ni al fuego ni al Creador del fuego, y yo s贸lo ser铆a responsable de las consecuencias. Si me pudiese convencer a mi mismo de que tengo el m谩s m铆nimo derecho a sentirme satisfecho de los hombres tal como son, y tratarlos en consecuencia y no, en cierto modo, seg煤n mi convicci贸n y mi esperanza de c贸mo ellos y yo deber铆amos ser, entonces, como un buen Musulm谩n y fatalista me las arreglar铆a para quedarme tranquilo con las cosas tal y como son, y dir铆a que se trataba de la voluntad de Dios. Y, sobre todo, hay una diferencia entre resistir a esto y a una mera fuerza animal o natural: al resistir a esto consigui贸 alg煤n efecto: pero no puedo esperar cambiar, como Orfeo, la naturaleza de las rocas, los 谩rboles y las bestias.

No tengo inter茅s en discutir con ning煤n hombre o naci贸n. No deseo ser puntilloso y establecer distinciones sutiles; ni tampoco quiero presentarme como el mejor de mis conciudadanos. Lo que yo busco, en cambio, es una excusa para dar mi conformidad a las leyes de este pa铆s. Estoy totalmente dispuesto a someterme a ellas. De hecho, cuando pasa el recaudador de impuestos, me dispongo a revisar las leyes y la situaci贸n de ambos gobiernos, el federal y el del Estado, as铆 como la opini贸n del pueblo en busca de un pretexto para dar su conformidad.

Debemos interesarnos por nuestro pa铆s como si fuera nuestro padre y si en alg煤n momento nos negamos a honrarle con nuestro amor o nuestro esfuerzo, debemos, sin embargo, respetarle y educar el alma en cuestiones de conceptos y de religi贸n, y no en deseos de poder ni de beneficio propio.

Creo que el estado podr谩 evitarme pronto toda esa preocupaci贸n, y entonces no ser茅 m谩s patriota que mis convecinos. Desde cierto punto de vista, la Constituci贸n, con todos sus fallos, es muy buena; las leyes y los tribunales son muy respetables, incluso el gobierno federal y el de este Estado son, en algunos sentidos, admirables y originales; algo por lo que debemos estar agradecidos, tal como mucha gente lo ha descrito. Pero si elevamos un poco nuestro punto de vista, en realidad no ser铆an m谩s que como los he descrito yo, y si nos elevamos a煤n m谩s, 驴qui茅n sabe lo que son o si merece la pena observarlos o pensar en ellos?

De todos modos, el gobierno no es algo que me preocupe demasiado, y voy a pensar muy poco en 茅l. No son muchas las ocasiones en que me afecta directamente ni siquiera en este mundo en el que vivimos. Si un hombre piensa con libertad, sue帽a con libertad, e imagina con libertad, nunca le va a parecer que es aquello que no es, y ni los gobernantes ni los reformadores ineptos podr谩n en realidad coaccionarle.

S茅 que la mayor铆a de los hombres piensan de distinto modo, pero son aquellos que se dedican profesionalmente al estudio de estos temas u otros semejantes, los que m谩s me preocupan; los estadistas y legisladores, que se hallan tan plenamente integrados en las instituciones que jam谩s las pueden contemplar con actitud clara y cr铆tica. Hablan de cambiar la sociedad, pero no se sienten c贸modos fuera de ella. Puede que se trate de hombres de cierta experiencia y criterio, y, sin lugar a dudas, han inventado soluciones ingeniosas en incluso 煤tiles, por lo que sinceramente les damos las gracias; pero todo su talento y su utilidad se encuentran dentro de l铆mites muy reducidos. Suelen olvidar que el mundo no lo gobiernan ni la pol铆tica ni la convivencia. Webster jam谩s ve m谩s all谩 del gobierno y por tanto no puede hablar de 茅l con autoridad. Sus palabras las consideran v谩lidas aquellos legisladores que no contemplan la necesidad de una reforma social en el gobierno actual, pero a los inteligentes y a los que legislan con idea de futuro les parece que ni siquiera vislumbra el problema.

Conozco unos cuantos que con sus serenos y sabios argumentos sobre este tema pondr铆an de manifiesto cu谩n limitada es la capacidad de Webster para la reflexi贸n y la apertura a nuevas ideas. Y, sin embargo, si lo comparamos con el pobre quehacer de los reformistas y el a煤n m谩s pobre ingenio y elocuencia de los pol铆ticos en general, sus palabras resultar铆an m谩s sensatas y v谩lidas, y damos las gracias al cielo porque existen. En comparaci贸n con los otros, 茅l es siempre fuerte, original y sobre todo pr谩ctico. Con todo, su mayor cualidad no es su sabidur铆a sino su prudencia. Lo que el abogado llama verdad no es la aut茅ntica Verdad sino la coherencia o una conveniencia coherente. La Verdad est谩 siempre en armon铆a consigo misma y no se preocupa, al menos b谩sicamente, en poner de relieve la justicia que pueda ser consistente con el mal. Bien merece que le llamen, como ha ocurrido, el Defensor de la Constituci贸n. Los 煤nicos golpes que ha dado, han sido siempre defensivos. No es un l铆der sino un seguidor. Sus l铆deres son los hombres del 87. 鈥淣unca me he esforzado鈥 -dice 鈥測 nunca pienso esforzarme; jam谩s he aprobado un esfuerzo, y no pienso hacerlo ahora, para alterar el acuerdo original por el cual los diferentes Estados llegaron a constituirse en Uni贸n鈥. Respecto al hecho de que la Constituci贸n sancione la existencia de la esclavitud, dice: 鈥淒ado que forma parte del contrato original, dej茅moslo como est谩鈥. Pese a su especial agudeza y habilidad es incapaz de extraer un hecho y sacarlo de sus meras implicaciones pol铆ticas, para contemplarlo de una manera exclusivamente intelectual (por ejemplo, como le tocar铆a hacer a un hombre hoy en Am茅rica, en relaci贸n con el problema de la esclavitud) sino que m谩s bien se aventura o se ve llevado a dar una respuesta tan descabellada como la siguiente, mientras anuncia que habla en t茅rminos absolutos y a t铆tulo personal (y, 驴qu茅 nuevo sistema de valores sociales podr铆amos deducir de ah铆?): 鈥淓l modo鈥 -dice- 鈥渆n que el gobierno de estos Estados donde existe la esclavitud hayan de regularla, es responsabilidad suya ante sus electores, antes las leyes generales de lo que es apropiado, de la humanidad y de la justicia ante dios. Las asociaciones que puedan formarse en otros lugares surgidas de un sentimiento de humanidad o de otras causas, no tienen nada que ver con la cuesti贸n. Nunca han recibido mi apoyo y nunca lo tendr谩n鈥.

Quienes no conocen otras fuentes de verdad m谩s puras, quienes no han seguido su curso hasta sus or铆genes, est谩n, y con raz贸n, del lado de la Biblia y la Constituci贸n y beben de ellas con reverencia y humildad. Pero aquellos que van m谩s all谩 y buscan el origen del agua que gotea sobre el lago o la charca, se ci帽en los lomos una vez m谩s y siguen su peregrinaci贸n en busca del manantial.

No ha habido en Am茅rica ni un solo hombre con genio para legislar. Son escasos en la historia del mundo. Hay centenares de oradores, pol铆ticos y hombres elocuentes, pero el orador capaz de resolver los acuciantes problemas de hoy, a煤n no ha abierto la boca. Nos gusta la elocuencia por s铆 misma y no porque sea portadora de ninguna verdad o porque aspire a cierto hero铆smo. Nuestros legisladores a煤n no han aprendido el valor relativo que encierran el libre comercio y la libertad, la uni贸n y la rectitud, para una naci贸n. Carecen de genio o talento para las cuestiones relativamente sencillas, como son los impuestos y las finanzas, el comercio, la industria y la agricultura. Si nos dej谩ramos guiar por la ingeniosa verborrea de los legisladores del Congreso, sin que la oportuna experiencia del pueblo y sus propuestas concretas les corrigieran, Am茅rica pronto dejar铆a de conservar su rango entre las naciones. El Nuevo Testamento se escribi贸 hace mil ochocientos a帽os -aunque tal vez no deber铆a referirme a ello- y, sin embargo, 驴donde est谩 el legislador con sabidur铆a y talento suficiente como para aprovechar la luz que de 茅l dimana y aplicarla sobre la ciencia legislativa?

La autoridad del gobierno, aun aquella a la que estoy dispuesto a someterme -pues obedecer茅 a los que saben y pueden hacer las cosas mejor que yo, y en ciertos casos, hasta a los que ni saben ni pueden- es todav铆a muy impura. Para ser estrictamente justa habr谩 de contar con la aprobaci贸n y consenso de los gobernados. No puede ejercer m谩s derecho sobre mi persona y propiedad que el que yo le conceda. El progreso desde una monarqu铆a absoluta a otra limitada en su poder, y desde esta 煤ltima hasta una democracia, es un progreso hacia el verdadero respeto por el individuo. Incluso el fil贸sofo chino fue lo suficientemente sabio como para considerar que el individuo es la base del imperio. 驴Una democracia, tal como la entendemos, es el 煤ltimo logro posible en materia de gobierno? 驴No es posible dar un paso adelante tendente a reconocer y organizar los derechos del hombre? Jam谩s habr谩 un Estado realmente libre y culto hasta que no reconozca al individuo como un poder superior e independiente, del que se deriven su propio poder y autoridad y le trate en consecuencia. Me complazco imagin谩ndome un Estado que por fin sea justo con todos los hombres y trate a cada individuo con el respeto de un amigo. Que no juzgue contrario a su propia estabilidad el que hayan personas que vivan fuera de 茅l, sin interferir ni acogerse a 茅l, tan s贸lo cumpliendo con sus deberes de vecino y amigo. Un Estado que diera este fruto y permitiera a sus ciudadanos desligarse de 茅l al lograr la madurez, preparar铆a el camino para otro Estado m谩s perfecto y glorioso a煤n, el cual tambi茅n imagino a veces, pero todav铆a no he vislumbrado por ninguna parte.

NOTAS

(1) No cabe aqu铆 ninguna comparaci贸n entre las tesis de Thoreau y las de los popes del neoliberalismo contempor谩neo. Thoreau escribi贸 este op煤sculo en una etapa del liberalismo cl谩sico previa al periodo capitalista en que el Capital privado se constituye en grandes imperios econ贸micos nacionales y transnacionales que controlan el mercado, dejando 茅ste de ser 鈥渓ibre鈥 en el sentido en que lo entend铆an los pensadores liberales (y protolibertarios cl谩sicos como Thoreau o Wilhelm von Humbold.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com