March 7, 2022
De parte de Proletarios Revolucionarios
217 puntos de vista

“La lucha de clases del proletariado internacional contra el genocidio imperialista internacional
es el mandato socialista de la hora.
¡El enemigo principal de cada uno de los pueblos está en su propio país! […]
¡Que termine el genocidio!
Proletarios de todos los países… ¡únanse a la lucha de clases internacional
contra la conspiración de la diplomacia secreta, contra el imperialismo,
contra la guerra, por la paz, en el espíritu del socialismo!”

−Karl Liebknecht (mayo de 1915). El enemigo principal está en casa

Introducción

Para empezar y dejar claro el terreno en el que se desarrollan los hechos
y el presente artículo, hay que responder la pregunta ¿para qué Rusia invade
Ucrania?
Para apoderarse de su posición geopolíticamente estratégica, sus
recursos naturales, su infraestructura industrial-comercial y su fuerza de
trabajo colectiva. Para expandir su mercado y su poder como potencia
imperialista decadente en el plano del capitalismo mundial, teniendo a
EE.UU./OTAN como principal adversario y a China como principal aliado. (Sí,
Rusia es capitalista e imperialista… desde tiempos de la URSS hasta la fecha.)
Para reactivar su economía en crisis o compensar la caída de su tasa de
ganancia mediante la industria de la guerra, explotando trabajadores o
extrayéndoles plusvalía en el frente de la producción y deshaciéndose
asesinamente de proletarios sobrantes en el frente militar. De hecho, la
repartición del mundo durante una guerra imperialista en el fondo es la
repartición de la plusvalía mundial entre burguesías nacionales y regionales
−en este caso,
euroasiáticas y occidentales
− mediante la explotación y la masacre de la clase trabajadora mundial. (Aunque,
por otro lado, toda guerra es muy costosa y no se puede mantener por mucho
tiempo.) Y, sobre todo, para prevenir nuevas revueltas e insurrecciones de los
explotados y oprimidos en los territorios que domina: junto con la
administración estatal represiva de la crisis sanitaria, esta guerra es una pieza
clave de la contrarrevolución preventiva en curso, sobre todo después de la
revuelta mundial del 2019. En síntesis: no hay capitalismo sin imperialismo,
sin crisis y sin guerra; y toda guerra imperialista es siempre una guerra
contra el proletariado.

Dicho esto, ahora sí se puede aterrizar la anterior cita del compañero
histórico Liebknecht a la actual coyuntura mundial: significa que la manera más
contundente y efectiva de combatir y vencer “desde abajo” la guerra
imperialista entre Rusia y Ucrania/OTAN es la lucha de los proletarios de la
región rusa contra la propia burguesía rusa y la lucha de los proletarios de la
región ucraniana contra la propia burguesía ucraniana. Como dice un compañero
de la región mexicana, “proletarios marchando contra Kiev y Moscú por
igual”.

Lo cual incluye en primera línea a los proletarios con uniforme o soldados
de ambos países en guerra: que dejen de disparar y matar a sus hermanos de
clase “del otro lado” de la frontera nacional impuesta por la clase
capitalista, que desobedezcan las órdenes de sus oficiales y generales
burgueses, y que más bien apunten sus armas contra éstos últimos para defender
sus vidas. Si lo decimos, es porque ya ha acontecido anteriormente en este tipo
de coyunturas históricas (guerras mundiales y guerras civiles).

Yendo más allá todavía, significa que los proletarios con uniforme de
ambos países fraternicen y se unan entre sí, deserten de las filas militares,
entreguen armas a los proletarios sin uniforme en las calles, y participen
juntos en una oleada de protestas y huelgas generales autoorganizadas mediante
asambleas y consejos de trabajadores que ataquen, paralicen y subviertan las
relaciones sociales capitalistas en todos los frentes (desde el frente de la
producción hasta el frente militar); o sea, que hagan una insurrección que,
autoempoderada de esa manera, tienda a la comunización de la vida en esos
territorios.

Considerando las últimas revueltas, huelgas y protestas en dicha región
del planeta (p. ej. Kazajstán en este año, Donbass en el 2021, Bielorrusia en
el 2020, la misma Ucrania en el 2014, etc.), eso es lo que en el fondo temen
los gobernantes burgueses tanto de Rusia como de Ucrania, y por eso hacen la
guerra.

O, en su defecto, significa manifestaciones masivas contra la guerra y el
reclutamiento para la misma, como las que de hecho ya están teniendo lugar y
siendo reprimidas en ambos países. Así como también, las muestras de
solidaridad internacionalista de clase que también han ido apareciendo contra
esta guerra.

Sea como fuere, todo esto es, en la práctica, lo que se conoce como derrotismo
revolucionario
, que es la posición histórica e invariante de los comunistas
y anarquistas internacionalistas frente a la guerra imperialista, como producto
de la dura experiencia de millones de proletarios en las dos Guerras Mundiales. 

El derrotismo
revolucionario en contra y más allá de todo nacionalismo y militarismo. Teoría
y práctica

¿Por qué derrotismo? Porque está a favor de la derrota de ambos Estados
nacionales en guerra
. ¿Por qué revolucionario? Porque está a favor de la revolución
proletaria internacional
. Entonces, ni Rusia ni Ucrania/OTAN: derrotismo
revolucionario.

Eso es lo que significa concretamente ahora la consigna “ni guerra
entre pueblos ni paz entre clases”
. Aunque en el contexto histórico
actual sea más complejo que en el contexto histórico en el que fue formulada, también
significa “transformar la guerra imperialista en guerra de clases”… para
abolir las clases sociales: dialécticamente hablando, sólo así, mediante la
inevitable violencia revolucionaria contra la violencia capitalista y su
cómplice que es el pacifismo ciudadanista, podrá existir paz real entre los
seres humanos, una vez abolida la violenta sociedad de clases y mundialmente
instaurada la comunidad humana real. Esta es la paz por la que luchamos los
socialistas, comunistas o anarquistas revolucionarios.

¿Contradictorio? Sí, porque la realidad capitalista y de la lucha de
clases es contradictoria. Contradicciones que hay que asumir para resolverlas o
superarlas de modo revolucionario, puesto que el mismo desarrollo capitalista y
la misma lucha de clases producen los elementos y las tendencias de la
abolición de la sociedad de clases y de la gestación de la comunidad humana
real. Elementos y tendencias que permanecen latentes durante la mayoría del
tiempo histórico, pero que se hacen visibles en las excepcionales y
decisivas situaciones revolucionarias.

Ahora bien, de entrada, hay que reconocer la debilidad en la que se
encuentra nuestra clase proletaria como movimiento real autónomo y antagonista
frente al Capital-Estado en todo el mundo y, por tanto, en las regiones rusa y
ucraniana. Debilidad que hace inevitable que los proletarios con uniforme de
las regiones mencionadas se maten entre sí, y que los proletarios sin uniforme
no posean todavía la fuerza social real como para derrotar la guerra desde
adentro. Porque, bajo el efecto de la droga del nacionalismo o patriotismo y,
sobre todo, por su debilidad actual como clase autónoma y antagonista, apoyan a
sus respectivas burguesías nacionales, es decir a sus patrones y verdugos de
clase.

Pero no por esta situación temporal en contra hay que renunciar ni mucho
menos traicionar a nuestras posiciones fundamentales contra la guerra
imperialista, como son el derrotismo revolucionario y el internacionalismo
proletario
−posiciones que, a su vez, son producto de la experiencia histórica e
internacional de lucha de nuestra misma clase
−, en nombre de un falso realismo y
urgencias “tácticas” que en realidad sólo benefician a nuestro enemigo de
clase, la burguesía internacional, aunque éste se disfrace de “aliado contra el
fascismo y el imperialismo”.

Lo que entonces hay que tener claro son, al menos, dos cosas. Una, que en
este este tipo de situaciones adversas dichas posiciones revolucionarias
adoptan un carácter defensivo de las condiciones de vida inmediata de los
proletarios, esto es de sus vidas mismas contra la máquina de muerte que es la
guerra. Y dos, que la historia demuestra que los ataques y las guerras de la
clase capitalista pueden producir inesperados o sorpresivos contrataques de la
clase proletaria, los cuales incluso pueden devenir revolución o, al menos,
revuelta. En ambos casos, se trata de cientos de miles de proletarios defendiendo
y transformando materialmente sus vidas sin intermediarios ni representantes de
ningún tipo.

Dicho de otra forma, por más defensivos que les toque ser en
circunstancias adversas, si el internacionalismo proletario y el derrotismo revolucionario
no se traducen en acciones autónomas de clase con capacidad de alterar la
correlación de fuerzas real, entonces no son nada más que consignas abstractas
e incluso delirantes (como las de cierto personaje izquierdista caribeño que ve
“insurrecciones proletarias” en todas partes y emite “instructivos militares
revolucionarios” a cada rato).

Lo cual, empero, no depende de la voluntad y ni siquiera de la actividad de
las organizaciones y los militantes revolucionarios, sino de las actuales condiciones
materiales de explotación, división, desorganización, represión y alienación capitalista
en las que nos encontramos los proletarios como clase en todo el mundo. Por lo
tanto, sólo el devenir de la misma catástrofe capitalista en curso y de la
lucha de clases real puede alterar la correlación de fuerzas actual o crear las
condiciones objetivas y subjetivas para una situación revolucionaria… o no.  

A pesar de todo ello, a las minorías revolucionarias del proletariado nos
corresponde mantener y agitar nuestras posiciones fundamentales a
contracorriente, en donde y como podamos, a modo de memoria y consciencia viva de
que nuestras necesidades inmediatas como explotados y oprimidos en el fondo son
inseparables de nuestra necesidad de revolución social como especie humana, no
sólo para vivir una vida que merezca ese nombre
−al contrario de la guerra diaria y la muerte
en vida que tenemos bajo el capitalismo
−, sino para salvar el pellejo o dejar
de morir tal como estamos muriendo en esta época. Sí, porque es la vida de
nuestra especie y de nuestro planeta lo que está en juego
. Y esto
aplica tanto para el presente como para futuros conflictos bélicos.

Por consiguiente, sí tienen sentido y utilidad
los llamamientos internacionalistas y derrotistas revolucionarios contra la
guerra. Pero más sentido y utilidad tienen las acciones directas de los
proletarios de las regiones rusa y ucraniana contra la guerra.

Entonces, hay que estar atentos a las acciones de esta naturaleza y su
devenir por parte de los proletarios que habitan ambos países. Acciones que ya
se están dando (protestas contra la guerra) y que probablemente se darán (deserciones
de filas militares, fraternización y lucha conjunta de proletarios con y sin
uniforme, etc.), no sólo por la agitación contra la guerra imperialista por
parte de las minorías comunistas y anarquistas activas en esas regiones, sino
principalmente para salvar sus vidas y las de los suyos, es decir por sus
necesidades materiales inmediatas, ya que cada día que pasa la guerra los está
masacrando sin piedad alguna (las noticias e imágenes al respecto son de terror
gore).

Como revolucionarios de otros países, insistimos, hay que estar atentos y
solidarizarse con tales acciones en caso de que se den, no sólo traduciéndolas,
difundiéndolas y visibilizándolas,
sino también luchando contra las burguesías de “nuestros
propios” países; es decir, internacionalizando la lucha proletaria contra
la guerra imperialista, porque el aislamiento de tales acciones las va a llevar
inevitablemente a la derrota, y porque las burguesías de todos los países
siempre toman partido a favor de uno u otro bloque imperialista en guerra, no
sólo mediante declaraciones públicas, sino enviando soldados de sus países a
ese gran matadero, tal como ha ocurrido durante este siglo en Irak, Siria, Haití,
etc. En ese caso, también habría que luchar contra el apoyo de “nuestros
propios” Estados a esta guerra, denunciándolo, boicoteándolo y saboteándolo
como sea posible. Esto es lo que implicaría, en la práctica, el
internacionalismo proletario y el derrotismo revolucionario en la actual
coyuntura mundial por parte de los anticapitalistas de otros países.

Y si no es por ese lado, será por el lado de la inflación mundial o del
aumento de precios de los productos básicos que produce la guerra, el cual
afectará inmediata y directamente a los bolsillos y los estómagos de los
proletarios de todas partes. Así pues, “si globalizan la miseria,
globalizamos la resistencia”
: si globalizan el hambre, globalizamos la
protesta. Sólo la lucha del proletariado internacional puede derrotar el
genocidio imperialista internacional.

En pocas palabras: esta es una lucha de clases mundial y no de naciones;
por lo tanto, desde la perspectiva anticapitalista e internacionalista, contra
la barbarie de las guerras del capitalismo la clave está en practicar la
solidaridad de clase en todas partes y en todos los frentes o, dicho de otra
forma, en autoconstituir comunidades proletarias de lucha al calor de la misma
contra todos los Estados, los mercados, las patrias y las otras falsas
comunidades (nacionales, étnicas, culturales, identitarias, políticas,
religiosas, etc.) del Capital mundial, no por tal o cual ideología izquierdista
o ultraizquierdista, sino por necesidad vital concreta.


El internacionalismo proletario en contra
y más allá de los falsos antagonismos del antifascismo y del antiimperialismo.
Teoría y práctica

“Democracia y fascismo no se oponen, sino que se complementan, ya sea de forma alternativa o al unísono. […] 
se trata de someter al proletariado a la alternativa entre fascismo o antifascismo, obstruyendo cualquier vía revolucionaria y anticapitalista. […]
La función de la socialdemocracia… es la de desviar las luchas del proletariado de su objetivo revolucionario y anticapitalista, 
para llevarlas a la defensa de la democracia burguesa.
Es necesario preparar el altar de la sagrada unidad [nacional] antifascista, para proceder a efectuar todos los sacrificios necesarios […]
El antifascismo es la consecuencia más grave del fascismo. Sustituye la ALTERNATIVA revolucionaria CAPITALISMO/COMUNISMO, 
por la opción (siempre burguesa) DEMOCRACIA/FASCISMO. […]
Socialdemócratas, reformistas, populistas, nacionalistas de todas las patrias y estatistas de todo pelaje vendrán a implorarnos y defender 
que abandonemos nuestras luchas, que hagamos dejación de principios, que olvidemos nuestras reivindicaciones, 
que aceptemos nuestra derrota antes de que empiece el combate. 
E intentarán ponerse a la cabeza de cualquier movimiento que pueda surgir, para desviarlo, desnaturalizarlo y derrotarlo. […]
La alternativa no es fascismo o antifascismo, porque ambos defienden el sistema capitalista, mientras nos engañan con un falso enfrentamiento.”

−Agustín Guillamón (diciembre de 2018). Fascismo y antifascismo

Otra implicación del internacionalismo proletario en la práctica es no
entramparse en el falso antagonismo “democracia vs. fascismo” que, a
su vez, es parte del falso antagonismo “Rusia antifascista vs. imperialismo
yanqui”, y que es propio de la burguesía progresista y la socialdemocracia
histórica, es decir propio de la izquierda del Capital. Falso antagonismo que,
por cierto, es el que está manipulando discursivamente el capitalista-imperialista-belicista
Putin y con el que están delirando los estalinistas e incluso algunos “anarquistas”
pro-rusos contra “el nazifascismo ucraniano” y “el imperialismo
yanqui”, desde las “Repúblicas Populares” de Donetsk y Lugansk
(Donbass) hasta las organizaciones marxistas-leninistas y antifascistas de
Chile y Ecuador.

Mas no es el único bloque internacional de poder que lo hace. Tal como en
ese meme de varios Spidermans acusándose entre sí, la prensa burguesa
estadounidense y sus corifeos internacionales, en consonancia con los
separatistas-populistas del Donbass y algunos “anarquistas” ucranianos, como
buenos demócratas que son también acusan al régimen de Putin de “fascista”, lo
asocian con Hitler y hasta le están llamando “Putler”.

En suma, tanto uno como otro bloque capitalista-imperialista actualmente
en guerra presume ser “el salvador de la democracia” y acusa a su contrincante
de ser “un monstruo fascista”. Justificando así su guerrerismo y delirando con
repetir sus “glorias” de la Segunda Guerra Mundial. Suficiente como para darse
cuenta de que “democracia vs. fascismo” es un falso antagonismo o, mejor dicho,
una guerra interburguesa e interimperialista donde los proletarios no son más
que carne de cañón.

¿Por qué es −y siempre ha sido− un falso antagonismo? Porque fascismo y democracia son las dos caras de
la misma moneda: el capitalismo. Por un lado, en tanto sistema sociopolítico basado
en la libertad y la igualdad mercantiles entre propietarios-ciudadanos, la
democracia es y sólo puede ser capitalista (decir “democracia obrera,
socialista, directa, etc.” es como decir abuelita virgen o café descafeinado),
la sociedad capitalista es la sociedad mercantil generalizada y, por tanto,
democrática. Además, en democracia el Estado burgués persigue, reprime,
encarcela, tortura y asesina a los proletarios rebeldes. Por otro lado, el
fascismo también es y sólo puede ser capitalista, porque es la forma histórico-política
más autoritaria, brutal y despiadada de defender el Capital-Estado o cuando la
dictadura de clase de la burguesía simplemente se quita la máscara y se muestra
como lo que realmente es.

Históricamente, cuando a la burguesía le dejó de funcionar la democracia para
combatir el avance de la lucha del proletariado, entonces recurrió al fascismo…
y viceversa. Lógicamente, si bien no son iguales en la forma ni en la
intensidad de la violencia ejercida por el Estado de los ricos y poderosos sobre
los explotados y oprimidos, en esencia sí son lo mismo o, para usar una
expresión gráfica, democracia y fascismo son dos tentáculos del mismo pulpo: la
dictadura social del Capital sobre la humanidad proletarizada en todo el mundo.
Por eso, al igual que izquierda y derecha, democracia y fascismo no son
contrarias, son complementarias.

Cabe mencionar además que el fascismo sólo existió como régimen político
específico, financiado por el capital industrial y bancario, durante la primera
mitad del siglo XX en Europa; mientras que hoy en día, aunque sobrevive internacionalmente
como corriente de ultraderecha del Capital, dicho término es usado a la ligera
y hasta como fetiche político por los izquierdistas de todas partes, en
especial por los antifascistas. Cosa que lo banaliza, pero que no es nada
inocente: la izquierda del Capital se opone al fascismo y no a la democracia
porque defiende a ésta última, es demócrata; mejor dicho, porque es
social-demócrata o reformista, incluso si se autodenomina “marxista” (leninistas
varios) o “anarquista” (anarquistas liberales).

Muy por el contrario, los comunistas y anarquistas revolucionarios siempre
hemos denunciado y combatido a la dictadura de la burguesía llamada democracia
(ser anticapitalista implica, pues, ser antidemocrático), así como también a su
otra cara que es el fascismo. Teniendo siempre claro que el enemigo es el
capitalismo en cualesquiera de sus formas o variantes, no el fascismo.
Combatimos con intransigencia tanto a los fascistas como a los demócratas
porque ambos son capitalistas. Por eso sólo los socialdemócratas de cualquier
pelaje nos rebuznan “le hacen el juego al fascismo” o de plano nos calumnian de
“fascistas” a los comunistas y anarquistas radicales. Y por eso mismo son
falsos críticos del capitalismo, a los cuales también hay que denunciarlos y
combatirlos como tales.

Lo mismo aplica para el antiimperialismo que,
generalmente, es sólo contra el imperialismo de EE.UU.
−su fetiche político−, pero no contra el imperialismo de otras
potencias como Rusia o China, a las que termina subordinándose, so pretexto de
que éstas son “socialistas”, lo cual es completamente falso porque fueron y son
capitalistas. Otro falso antagonismo. El punto es que el antiimperialismo en
cuanto tal sólo lucha contra el imperialismo yanqui, por la “liberación
nacional” y la “autodeterminación de los pueblos oprimidos” del “Tercer Mundo”;
es decir, lucha por un nuevo Estado-nación capitalista con máscara
“socialista”, para así explotar y dominar “en mejores condiciones” al
proletariado puertas adentro y competir “en mejores condiciones” con otros
Estados-nación igual de capitalistas. Por tal razón, el antiimperialismo y el
liberacionismo nacional no sólo son reformistas, sino contrarrevolucionarios.

Muy por el contrario, los comunistas y
anarquistas revolucionarios entendemos que el imperialismo no es la “fase
superior del capitalismo”, sino una de sus características inherentes y permanentes
en tanto sistema histórico-mundial; que todo Estado-nación es imperialista,
pero que existen jerarquías o diferentes niveles de poder imperialista entre
los Estados; que la guerra imperialista es una competencia bélica entre Estados
capitalistas con mayor nivel de poder imperialista y, sobre todo, una guerra de
la burguesía internacional contra el proletariado internacional; que el enemigo
no es el imperialismo, sino el capitalismo mundial; y, que la posición de los
comunistas y anarquistas revolucionarios frente a toda guerra imperialista no
es el antiimperialismo y la “liberación nacional”, sino el derrotismo
revolucionario, el internacionalismo proletario y la revolución social
mundial.  

Por lo tanto, luchar “contra el fascismo” y “por la
democracia” de una u otra potencia/bloque imperialista en competencia
bélica, así como también luchar por “la liberación nacional” y
“la autodeterminación de los pueblos oprimidos”, no sólo es luchar
por “el mal menor”, sino que en realidad es luchar por los intereses
materiales de una burguesía nacional o regional contra otra (acumulación de más
territorio, recursos naturales y población trabajadora que explotar para así
acumular más capital y poder mundial); y, sobre todo, es luchar contra el
proletariado que no tiene patria, sí, porque los proletarios no tenemos patria:
gane el Estado-nación que gane en esta guerra, sea por la vía militar sea por
la vía diplomática, los proletarios de ambos países seguirán siendo oprimidos y
explotados si no hacen la revolución social internacional.

En síntesis: la guerra “democracia vs. fascismo” es −y siempre ha sido− una pieza clave de la guerra
imperialista y, por tanto, una guerra interburguesa que usa a proletarios
combativos como carne de cañón, a fin de conservar y desarrollar las relaciones
sociales capitalistas en todo el mundo, incluso con membretes no capitalistas o
“socialistas”. Esto es lo que pasó en la “guerra civil española” y es
lo que está pasando en la guerra entre Rusia y Ucrania en este momento: una vez
más en la historia, el antifascismo está demostrando su naturaleza
social-demócrata, nacionalista, militarista y contrarrevolucionaria.

Muy por el contrario, mientras en el largo plazo y en última instancia el
internacionalismo proletario significa luchar por la revolución comunista
mundial, en coyunturas desfavorables como la actual el internacionalismo
proletario significa luchar de manera autónoma o directa, es decir sin
intermediarios ni representantes, por defender los intereses materiales de
nuestra clase (salvar la vida, alimentación, vivienda o al menos refugio, salud
−física y mental−, educación, paz real, libertad real)
en contra y más allá de cualquier interés nacional-estatal, por más democrático
y antifascista que diga ser, como en este caso concreto lo son las “Repúblicas
Populares” de Lugansk y Donetsk.

“Repúblicas Populares” que en realidad son patrocinadas y
anexionadas por el capitalismo-imperialismo ruso a través de bandas armadas
separatistas, en las cuales participan como compañeros de armas desde grupos
ultraderechistas o nazis, eurasianistas y nacional-bolcheviques hasta, lastimosamente,
combatientes proletarios de ideología antifascista. Decimos lastimosamente
porque, por más que estos hermanos de clase crean y digan lo contrario, en
realidad terminan siendo carne de cañón de esta guerra interburguesa e interimperialista.
(La misma película con otros actores pasa en Kurdistán, porque éste también
forma parte de las telarañas imperialistas del capitalismo histórico-mundial
hoy en día, bajo la mistificación del antifascismo democrático y
antiimperialista.)

Guerra que, además y hoy por hoy, es una “guerra híbrida”, es decir una
guerra que usa ejércitos estatales regulares y ejércitos no estatales
irregulares
−como lo son estas milicias
policlasistas y populistas donde participan los antifascistas
−, así como también presiones económicas (sanciones, especulaciones
financieras, etc.) y ataques informáticos, mediáticos y psicológicos, no sólo
contra el otro Estado, sino contra la población civil desarmada.

El colmo de esta enfermedad militarista es decir
que el asesinato de civiles desarmados es un “daño colateral” o un “sacrificio
necesario” de “la guerra popular contra el fascismo y el imperialismo”. Cosa
que rebuznan, no sólo los militares de ambos ejércitos, sino también algunos
milicianos antifascistas, y no sólo en este momento, sino desde tiempos de la
URSS y la 2da Guerra Mundial. Una constante nefasta del nacionalismo y el
militarismo capitalistas, ya sea de derecha o de izquierda.

A modo de
conclusión. Algunas claridades revolucionarias en contra y más allá del
confusionismo izquierdista frente a la guerra

Aquí, pues, cabe recordar ¿para qué Rusia invade Ucrania? Para
apoderarse de su posición geopolíticamente estratégica, sus recursos naturales,
su infraestructura industrial-comercial y su fuerza de trabajo colectiva. Para expandir
su mercado y su poder como potencia imperialista decadente en el plano del
capitalismo mundial, teniendo a EE.UU./OTAN como principal adversario y a China
como principal aliado. (Sí, Rusia es capitalista e imperialista… desde tiempos
de la URSS hasta la fecha.) Para reactivar su economía en crisis o compensar la
caída de su tasa de ganancia mediante la industria de la guerra, explotando
trabajadores o extrayéndoles plusvalía en el frente de la producción y
deshaciéndose asesinamente de proletarios sobrantes en el frente militar. De
hecho, la repartición del mundo durante una guerra imperialista en el fondo es
la repartición de la plusvalía mundial entre burguesías nacionales y regionales
−en este caso, euroasiáticas y occidentales− mediante la
explotación y la masacre de la clase trabajadora mundial. (Aunque, por otro
lado, toda guerra es muy costosa y no se puede mantener por mucho tiempo.) Y,
sobre todo, para prevenir nuevas revueltas e insurrecciones de los explotados y
oprimidos en los territorios que domina: junto con la administración estatal
represiva de la crisis sanitaria, esta guerra es una pieza clave de la
contrarrevolución preventiva en curso, sobre todo después de la revuelta
mundial del 2019. En síntesis: no hay capitalismo sin imperialismo, sin crisis
y sin guerra; y toda guerra imperialista es siempre una guerra contra el
proletariado.

Por su parte, el Estado ucraniano no es “mejor”, “menos
malo”, ni más ni menos “fascista” o democrático que el Estado
ruso, ya que no se diferencia cualitativamente sino sólo cuantitativamente de
éste último, al ser más pequeño y con menos poder imperialista, pero igual de
burgués y antiproletario; y ya que los mercenarios “nazifascistas”, financiados
y armados tanto por el régimen de Putin como por la OTAN, están de ambos lados
de la frontera ruso-ucraniana. Lo mismo aplica para las “Repúblicas Populares” o
los mini-Estados burgueses emergentes de Donetsk y Lugansk.

Tanto el Estado burgués ruso como el Estado burgués ucraniano explotan y
masacran brutalmente a los proletarios de ambos territorios bajo su dominio
como si fuesen ganado que hoy llevan al matadero de la guerra, para luego
imponer “la paz de los cementerios”. Por consiguiente, defender a uno u otro
Estado en competencia bélica, incluso bajo las banderas del antiimperialismo y del
antifascismo, es defender a sus verdugos de clase. En la guerra, los
proletarios no tienen nada que ganar: por el contrario, van a morir por
millares y su sangre sólo alimentará al Capital mundial. “El enemigo
principal está en el propio país”
, es de clase, y esta realidad es común a todas
las naciones del planeta, porque el capitalismo es un sistema mundial
y una
relación social impersonal que nos aliena, explota, oprime y asesina a los
proletarios de todas partes día tras día.

Entonces, una vez más: ni Rusia ni Ucrania/OTAN: internacionalismo
proletario y derrotismo revolucionario contra la guerra imperialista. Ni
fascismo ni democracia: autonomía proletaria contra todo tipo de Estado
capitalista. Para acabar con la guerra hay que acabar con el capitalismo y la
sociedad de clases, haciendo la revolución comunista mundial, no la “guerra
antifascista y antiimperialista”. Contra todas las falsas comunidades del
Capital mundial, autoconstituir comunidades de lucha, apoyo mutuo y solidaridad de clase en
todas partes.
Aunque parezcan abstractas y lejanas, por todo lo expuesto
anteriormente estas son claridades revolucionarias concretas e inmediatas en la
actual coyuntura mundial, puesto que las guerras simplifican y clarifican en
los hechos los antagonismos sociales reales. “La lucha de clases del proletariado
internacional contra el genocidio imperialista internacional es el mandato
socialista de la hora.”

El confusionismo que reina actualmente en las izquierdas frente a la
guerra en Ucrania es consecuencia, entre otras razones, de la falta de tales claridades,
no sólo por falta de formación en teoría revolucionaria o como consecuencia de
una deformación ideológica izquierdista (leninista, antifascista, anarquista-liberal
y/o postmoderna), sino principalmente por falta de experiencia de lucha en
situaciones de guerra y revolución o, en su defecto, de revuelta. Y esto se
debe, a su vez, a que las condiciones materiales del desarrollo capitalista y
de la lucha de clases todavía no las han hecho situaciones fácticas y
aleccionadoras para tales organizaciones e individuos de izquierdas. En
resumen, el confusionismo izquierdista frente a esta guerra es consecuencia y
síntoma del actual periodo histórico contrarrevolucionario.

El punto es que en tales coyunturas o situaciones-límite es cuando lo
abstracto deviene nuevamente concreto y cuando se clarifican en los hechos las
posiciones de clase que, en esta sociedad capitalista y de clases, son y sólo
pueden ser dos: del lado de la burguesía internacional o del lado del
proletariado internacional, del lado del capitalismo o del lado del comunismo y
la anarquía, del lado de la contrarrevolución o del lado de la revolución. No
hay ni puede haber medias tintas ni relativismos al respecto. Por lo tanto, así
como el pacifismo ciudadanista termina siendo cómplice del guerrerismo
capitalista, así también el negacionismo postmoderno de la lucha de clases termina
siendo cómplice de la dominación de clase burguesa y, en esta coyuntura, de la
guerra imperialista. Lo mismo aplica para el anti-imperialismo (ruso y yanqui) y
el anti-fascismo (ucraniano y ruso).

El problema es que, dentro de este confusionismo izquierdista, el falso
antagonismo “democracia vs. fascismo”, que a su vez es parte del falso
antagonismo “Rusia antifascista vs. imperialismo yanqui”, funciona
efectivamente como chantaje ideológico-político y emocional (“si apoyas a
Ucrania, facho”, “si apoyas a Rusia, facho”, “si estás contra las dos, intelectual
purista… ni chicha ni limonada”, etc.) para muchos proletarios de todas partes
que se oponen a la guerra imperialista por sentido común o por instinto de
clase, pero sin posiciones revolucionarias claras y firmes como son el
internacionalismo proletario y el derrotismo revolucionario. De tal suerte que estos
hermanos de clase terminan siendo repetidores acríticos de la opinión pública o,
en el peor de los casos, carne de cañón en los campos de guerra. Otra
consecuencia y síntoma del actual periodo histórico contrarrevolucionario.

Finalmente, decir que la guerra Rusia vs. Ucrania/OTAN no es la Tercera
Guerra Mundial como tal, pero se podría decir que sí es el preludio de la misma
o, como dice la prensa burguesa alemana, “el comienzo de una nueva y
peligrosa época en la política mundial” en la que “si los europeos
quieren sobrevivir en él, tienen que contraatacar”: no olvidemos, entre
otras cosas, que Alemania,
Francia e Italia le compran combustible a
Rusia, y que el combustible es la sangre de la economía. Por su parte, EE.UU. y
China, las dos superpotencias mundiales, miran, opinan y hacen
“lobby” desde la ventana para cuando les toque bajarse de ahí y ser
los protagonistas de un nuevo y más grande enfrentamiento militar. Además, no
es la única región del planeta que está en guerra: también lo están Siria,
Palestina, Yemen, Mozambique, Camerún. Países en los cuales es sabido que
EE.UU. y la OTAN tienen injerencia, pero nada o muy poco dice la opinión
pública al respecto. Y, sobre todo, no olvidemos que EE.UU. enfrenta una fuerte
lucha de clases interna o una guerra social puertas adentro durante los últimos
años. Igual que China.

El punto es que no hay capitalismo sin guerra, más aún en tiempos de
crisis, con lo cual este sistema desenmascara una vez más su naturaleza
violenta y catastrófica. Y que, en el contexto de la crisis capitalista actual,
es posible una Tercera Guerra Mundial. La que, por cierto, no sería la guerra de
tipo clásico, sino una guerra de nuevo tipo: “híbrida”, fragmentada, escalonada
y, lo peor de todo, nuclear y devastadora. A lo que se suma la crisis
ecológica global en curso. Poniendo así en serio riesgo de extinción a nuestra
especie.

Por tales razones de tremendo peso, las
consignas transformar la guerra imperialista en guerra de clases y comunismo
o extinción
ya no serían abstractas, sino concretas y urgentes para
defender y regenerar la vida de la humanidad proletarizada que habita el
planeta Tierra.

Decir también y sobre todo que, debido a la desfavorable correlación de
fuerzas para nuestra clase en este momento o debido a su derrota después de la
revuelta mundial del 2019 hasta la fecha, actualmente las posiciones de
internacionalismo proletario y de derrotismo revolucionario no pueden ser
ofensivas, esto es capaces de plantear como alternativa real y llevar a cabo la
revolución proletaria mundial, pero sí defensivas. ¿Defensivas de qué? No de
principios abstractos, sino de las vidas de carne y hueso de cientos de miles
de proletarios de esas regiones en guerra. Vidas a ser defendidas por esos
mismos proletarios, sin intermediarios ni representantes de ningún tipo.

Sin embargo, la historia contemporánea de la lucha de clases demuestra que
la guerra imperialista puede ser un detonante de la revolución proletaria
mundial, y que ésta es la única fuerza capaz de derrotar a aquélla. Los
látigos de la contrarrevolución pueden hacer levantar y andar a los corceles de
la revolución…

El capitalismo produce su propio sepulturero, porque la mayoría de la
gente no quiere morir como ganado en el matadero de la guerra y porque, tarde o
temprano, cuando hay explotación hay conflicto y cuando hay miseria hay
rebelión, allá y en todas partes
.

Lo cual obviamente es un proceso y no un suceso. Un proceso de desarrollo
desigual
, contradictorio, conflictivo e incierto. Sólo el devenir de la lucha de
clases real, allá “donde las papas queman” y en todo el mundo, tiene
la última palabra.
La misma naturaleza de la guerra le hace imposible
sostenerse por mucho tiempo antes de que el descontento social y la revuelta
comiencen a hervir dentro de los países en conflicto. Y la globalización de la
inflación y el hambre producida por la guerra, también globalizará la protesta
social en su contra.

Pase lo que pase, hay que estar atentos y preparados como proletarios
revolucionarios de todos los países frente a este contexto de catástrofe
generalizada y descomposición acelerada del capitalismo que nos ha tocado vivir
en el siglo XXI. Asimismo, la lucha de clases es y será la encargada de
realizar dicha preparación revolucionaria, donde nuestras mejores armas, como
siempre, son y serán el apoyo mutuo y la solidaridad de clase: en una palabra,
la comunidad real. Aunque, siendo crudamente realistas, todavía faltan más
guerras, catástrofes, revueltas e insurrecciones para ello.

Teniendo siempre claro que, en una situación de guerra como la presente,
la verdadera lucha es de clases y no de naciones, por lo tanto, se trata de luchar
de manera autónoma por defender nuestros intereses materiales de clase en
contra y más allá de cualquier interés nacional; que, tanto para la ofensiva
como para la resistencia proletaria, la clave está en autoconstituir
comunidades de lucha al calor de la misma contra todos los Estados, los
mercados, las patrias y las otras falsas comunidades del Capital mundial; que,
en última instancia, para acabar con la guerra hay que acabar con el
capitalismo y la sociedad de clases, haciendo la revolución social mundial, no
“la guerra popular contra el fascismo y el imperialismo, por la liberación
nacional y la autodeterminación de los pueblos”, ya que ésta no es más que otra
guerra interburguesa e interimperialista; y, que la revolución social no radica
en “coger los fierros y matar a todos los burgueses, los policías y los
fascistas”, sino en un proceso de comunización de la vida que consiste en destruir
y superar las relaciones sociales capitalistas (propiedad privada, mercancía,
valor, trabajo asalariado, división del trabajo, clases sociales, Estados, mercados,
naciones, “razas”, géneros…) por completo y desde la raíz, sustituyéndolas por
relaciones de solidaridad y libertad reales entre los individuos de todas partes…
sí, de todas partes, porque la revolución comunista y anárquica será mundial o
no será.

Unos proletarios internacionalistas de
la región ecuatoriana

Quito, 6 de marzo de 2022

|Versión PDF|

*Agradecemos su lectura, discusión, difusión
y traducción*

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Otros análisis y posicionamientos anticapitalistas e internacionalistas sobre esta guerra en curso, que sirvieron como insumos para la elaboración de este artículo (aparte de las noticias oficiales y no oficiales al respecto):

La guerra de descomposición del capitalismo ruso − Pablo Jiménez

Invasión a Ucrania, opiniones sueltas − Pablo Jiménez

Guerra en Ucrania. Informe de telereunión del 1 de marzo de 2022 − n +1

Guerra híbrida en Ucrania. Informe de telereunión del 22 de febrero de 2022 − n +1

¡Proletarios en Rusia y en Ucrania! En el frente de producción y en el frente militar… ¡Camaradas! − Grupo Guerra de Clases / Tridni Valka

¡El enemigo principal está en el propio país! − Esclavo Asalariado Internacionalista

Ucrania, Rusia y la importancia de las preguntas − Barbaria 

Guerra en Ucrania: el ratón y el gato − Barbaria

Algunas posiciones fundamentales del internacionalismo proletario − Barbaria 

La guerra económica, la guerra que ya es − Barbaria

Ucrania: ¡Ni la OTAN ni Putin! ¡Ninguna guerra salvo la guerra de clases! − Tendencia Comunista Internacionalista 

Guerra en Ucrania: Rivalidad imperialista en una crisis económica mundial − Tendencia Comunista Internacionalista

La guerra capitalista es siempre contra el proletariado − Materiales Críticos 

El imperialismo ruso, en el choque con el imperialismo estadounidense y los imperialismos europeos, mueve sus tropas a la reconquista territorial de las áreas estratégicas de Ucrania: ¿después de Crimea, Donbass y luego Odessa? − Partido Comunista Internacionalista (El Proletario)

Comunicado ante la guerra de Ucrania − La Antorcha / Communia

¿Socialismo o Barbarie? Contra la guerra del capital, organización de la clase trabajadora − Editorial Ande

La guerra ha comenzado − KRAS-AIT (Sección de la Asociación Internacional de Trabajadores de la Región de Rusia)   

Declaración contra la guerra − Food Not Bombs Moscú

Contra el Militarismo y la Guerra. Por las Luchas Autogestionadas y la Revolución Social − Declaración Anarco-Comunista Internacional 

Antifascismo y extrema derecha, compañeros de armas en el Donbass − Xavier Casals

“Anarquistas” ucranianos apoyan la guerra interburguesa-interimperialista bajo la bandera del antifascismo − Proletarios Cabreados

Ucrania y Rusia: ¿Nazis contra el fascismo? − Julio Cortés

Sobre la utilidad (o inultidad) no de los llamamientos internacionalistas contra la guerra en Ucrania − Anónimo

Otros panfletos, comunicados y contrainformaciones sobre la guerra de Ucrania en Panfletos Subversivos, Valladolor y Materiales X La Emancipación


[Actualización 16/3/2022] Nuevos textos (y audios) compañeros sobre la guerra en Ucrania que han salido después de nuestro texto:

Reflexiones a propósito de la carnicería capitalista en curso (Rusia-Ucrania) − Vamos hacia la vida

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¡Contra la guerra capitalista! − Boletín La Oveja Negra nro. 81 

[Audio] Guerra capitalista en Ucrania − Temperamento Radio nro. 58

[Audio] Ucrania, Rusia y la importancia de las preguntas − Grupo Barbaria

Escenarios y modelos de guerra. Informe de telereunión del 8 de marzo de 2022 − n +1

No hay ningún “nosotros” − Des Nouvelles Du Front

Tesis sobre el significado y las consecuencias de la guerra imperialista en Ucrania − Grupo Internacional de la Izquierda Comunista 

Guerra y derrotismo revolucionario (textos históricos del Fomento Obrero Revolucionario-FOR de Munis) − Emancipación/Communia

[Entrevista] KRAS AIT sobre la guerra en Ucrania − Grupo Moiras 

¡NI GUERRA ENTRE PUEBLOS NI PAZ ENTRE CLASES!




Fuente: Proletariosrevolucionarios.blogspot.com