June 5, 2022
De parte de Acracia
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No es f谩cil dar una definici贸n de fascismo, al menos como fen贸meno general, y sin embargo es una palabra de uso com煤n en los movimientos sociales (no tanto en el mundo pol铆tico, seguramente por la herencia que sigue existiendo en Espa帽a). Como a m铆 me gusta mucho concretar, sin 谩nimo de ser demasiado riguroso y aceptando la dificultad de hilar muy fino al respecto, veamos si podemos lanzar unas cuantas reflexiones.

Con la palabra en cuesti贸n, se alude a los fascismos europeos de la primera mitad del siglo XX, pero tambi茅n a todo movimiento de ultraderecha y, tantas veces, descubrimos el fascismo en otros movimientos. A nivel personal, la indudable predisposici贸n sicol贸gica de algunos individuos al autoritarismo hace que le cataloguemos r谩pidamente con la palabreja. Determinados intereses pol铆ticos llevan a que se reduzca el fen贸meno a otra manifestaci贸n totalitaria, cosa que conduce a equipararlo con cualquier otro r茅gimen de esas caracter铆sticas, como es el caso de los pa铆ses llamados socialistas (pueden encontrarse puntos en com煤n en un primer vistazo, pero no es posible meterlo todo en el mismo saco de manera simplista). Los fascismos supusieron un retorno a la tiran铆a en Europa despu茅s de los movimientos democr谩ticos del siglo XIX, y de alguna manera beben en parte de esa misma democracia al igual que de los movimientos obreros de izquierda (recordemos que, a pesar de que se reduce el nombre a nazismo, en Alemania adopt贸 el nombre de nacional-socialismo).

Pero, por otra parte y sin que apenas se insista en ello, hay que recordar que el fascismo es una utilizaci贸n, de la derecha y de las clases privilegiadas, de elementos revolucionarios precisamente para actuar en sentido contrario y frenar todo movimiento aut茅nticamente socialista y transformador. Otro asunto es que la situaci贸n se les escapara de las manos y que en algunos momentos hist贸ricos esa propia derecha haya tenido que enfrentarse al fascismo y aliarse con la izquierda. Creo que es importante se帽alar esa condici贸n seudorrevolucionaria e instrumentalizadora del fascismo, que encubre una intenci贸n acaparadora de la militancia obrera para acabar con toda consciencia y organizaci贸n, hasta el punto de que haya usado un lenguaje propio de la izquierda radical (anticapitalismo, a veces laicismo鈥) e incluso mencionando a ciertos pensadores socialistas no marxistas.

No obstante, el fascismo no ha solido esconder su fuerte nacionalismo y ha recabado la m谩s fuerte tradici贸n de la patria: el fascismo italiano hund铆a sus ra铆ces en la Antigua Roma tomando prestados sus emblemas, la Alemania nazi invocaba la grandeza de raza y adopt贸 la esv谩stica de un s铆mbolo indoeuropeo. En este aspecto, que puede extenderse a toda forma de nacionalismo, se contrarresta el internacionalismo proletario propio de los or铆genes. El nacionalismo es claro en el fascismo, pero como ocurre con el mismo concepto pol铆tico de naci贸n, se produce cierta confusi贸n, ya que se apodera de rasgos y arquetipos muy diferentes seg煤n el pa铆s que se trate.

El fascismo es profundamente antidemocr谩tico, ya que considera la democracia como un mero disfraz, pero puede aludir a los rasgos plutocr谩ticos, olig谩rquicos o capitalistas de la propia democracia. Para substituirla, adopta formas propias de ella como es el caso del Parlamento, pero sin miembros elegidos directamente, sino a trav茅s de instituciones que se consideran org谩nicas e inmanentes: agrupaciones familiares o profesionales, n煤cleos municipales, gremios o sindicatos (el conocido corporativismo del fascismo italiano). En la c煤spide de esa corporaci贸n siempre hay un jefe carism谩tico con los m谩ximos poderes y se practica un fuerte culto a la personalidad. El r茅gimen fascista es tremendamente duro, con una fuerte polic铆a pol铆tica, con censura de la prensa, tribunales pol铆ticos (no existe separaci贸n de poderes) y duras puniciones gubernativas y administrativas; asimismo, y en la medida que su condici贸n de lo permite, suele tender a la expansi贸n territorial y la conquista, al racismo y exalta la guerra como un valor absoluto.

Se tiende en esos reg铆menes al proteccionismo por un lado, ya que el Estado vela por todos, y por otro se pretende el constante adoctrinamiento haciendo que cada persona forme parte de una organizaci贸n desde corta edad. La renuncia suele ser otro de los rasgos del fascismo, una cierta m铆stica y un ascetismo que seguramente encubren el deseo de que el obrero no aspire a una vida mejor y m谩s plena en todos los 谩mbitos. Los placeres de los que deber铆a disfrutar cada ser humano son sustituidos por la alegr铆a del servicio, las grandes reuniones colectivas, los desfiles, los c谩nticos y cierto culto a la destrucci贸n. Aunque estrictamente la dictadura de Franco puede que no deba calificarse de fascista (el verdadero fascismo era en realidad el de Falange, copiado del italiano), debido a su tradici贸n cat贸lica, tambi茅n puede verse como uno de los rasgos nacionalistas que hunden sus ra铆ces en la historia de la patria; en cualquier caso, vemos que muchos rasgos son propios de esa dictadura conservadora. Hay quien ha calificado de esa manera al fascismo: dictadura de derechas creada en un momento muy concreto para anular la lucha de clases. No es una mala definici贸n. Por otra parte, y desgraciadamente, muchos de esos rasgos totalitarios (culto a la personalidad, nacionalismo, jerarquizaci贸n, adoctrinamiento鈥) son compartidos por unos reg铆menes socialistas supuestamente fundados en la igualdad de clases. El fascismo es hijo de la derecha, y as铆 hay que recordarlo, aunque sus rasgos se muestren en otros movimientos autoritarios.

Despu茅s de este peque帽o an谩lisis, susceptible por supuesto de todos los matices que se quieran, es importante encontrar la herencia fascista en nuestras sociedades industrializadas. Lanzo una cuesti贸n, que me parece importante para una cultura pol铆tica de amplio horizonte, y es indagar en el sistema de ideas que, verdaderamente, se opone al fascismo (entendido de manera plena, no con simples vaguedades para legitimar una d茅bil democracia sucumbida al poder econ贸mico). Otras veces se ha querido definir al fascismo simplemente como la ant铆tesis de la democracia liberal; precisamente, hay que preguntarse por el verdadero sentido, tanto de la democracia (solo entiendo esta palabra como emancipaci贸n pol铆tica y econ贸mica, por lo que no voy a coincidir con todo el mundo), como del liberalismo (aunque habr铆a mucho que hablar al respecto, muchos anarquistas cl谩sicos se consideraban los aut茅nticos portadores de ese concepto); un tercer opositor ser铆a el socialismo, aunque haya sido demonizado debido a su acaparaci贸n por el propio fascismo y por el autoritarismo de izquierda.

Todo este an谩lisis pol铆tico me vale tambi茅n para lanzar otra reflexi贸n de naturaleza m谩s social y sicol贸gica. Se trata de la llamada 芦doctrina del liderazgo禄, que est谩 detr谩s de todo movimiento autoritario (el ansia de poder tiene su concreci贸n m谩s evidente en el fascista), y que hoy se muestra tal vez m谩s canalizada por la cultura empresarial (y de forma menos evidente, ya que la coerci贸n adopta formas m谩s o menos sutiles). Por supuesto que existen causas econ贸micas e hist贸ricas que dieron lugar al fen贸meno fascista (y a cualquier otra circunstancia pol铆tica), pero hay que recordar a Fromm y su insistencia en las causas sicol贸gicas para que el ser humano entregue su libertad a fuerzas que le superan. En un r茅gimen totalitario, las ansias de libertad son grotescamente anuladas, pero en otros sistemas menos autoritarios, los mecanismos de control se muestran m谩s dispersos y encuentran su acomodo tal vez en las condiciones sicol贸gicas individuales. Si reflexionamos, rara vez se ha sentido de manera plena esas ganas de conquistar la libertad en la historia, y cuando ocurre, no tarda demasiado en caerse en alg煤n otro sistema de control. El miedo a la libertad de Fromm contin煤a, latente o patente, aunque siempre existan individuos que se rebelan contra toda forma autoritaria invocando una nueva energ铆a libertaria que tenga como cimiento social la fraternidad universal. Esa energ铆a es tan poderosa que puede arrastrar cualquier tentaci贸n totalitaria y autoritaria. Ese es el camino.

Capi Vidal




Fuente: Acracia.org